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La globalización de la complejidad. ¿En qué lugar del ranking conviene estar?

El mundo globalizado ha traído una nueva complejidad financiera por varias razones.

Existe el miedo legítimo de los Estados nacionales a perder sus jurisdicciones en un mundo donde es fácil mover personas y capitales de una jurisdicción nacional a la otra. Esto facilita tanto ciertos delitos, como la competencia fiscal entre las jurisdicciones.

Los Estados han creado un sistema en el cual la complejidad financiera es cada vez mayor para evitarlos: desde el cumplimento de regulaciones contra el lavado de dinero, a reportes cada vez más complejos de contabilidad. Usualmente se presentan a las jurisdicciones más complejas, como los buenos e ideales ciudadanos globales, pero, ¿esto es cierto? Hay un balance entre una jurisdicción y otra. Si son demasiado exigentes, la gente va a usarlas solo para hacer negocios locales; si no tienen otras opciones, se convierten en generadoras de miseria en otros índices. Si son demasiado laxas se convierte en una especie de isla pirata internacional, y se aparece en cuanta lista negra haya.

¡Ojo! que las más complejas tienen la mala costumbre de usar temas como el lavado de dinero y la evasión fiscal como excusas para castigar a las jurisdicciones menos complejas que son sus rivales de negocios. Hay que tomarse con algo de malicia eso de ser un buen ciudadano global. Porque, muchas veces, lo que quieren los Estados que reclaman la buena ciudadanía global a otros, es eliminar competidores. Por eso es bueno ver un análisis de dónde están posicionados los países en temas de cumplimento, trámites fiscales versus cómo se compara esto con los índices de libertad económica, los índices del ‘doing business’, los índices de miseria y los índices anticorrupción. Esto nos da una medida de los costos y beneficios que trae ser un buen ciudadano global o no.

Mientras más complejas sean las normas de cumplimiento de una economía, más tiempo se ha de gastar en cumplir trámites burocráticos y menos en producir bienes y servicios, y esto afecta a la solvencia de una empresa a largo plazo. Por eso la compañía TMF Group ha presentado un índice de complejidad financiera, para ayudar a los ejecutivos a saber qué esperar cuando hacen negocios en un país.

Por ejemplo, el país financieramente más complejo es China, pero China atrae inversiones porque es China; mano de obra barata y productiva y pocas regulaciones laborales y ambientales. China es el taller del mundo, pero fuera de paraísos fiscales como Hong Kong, tiene muchos problemas para ser un centro financiero, y deja mucho que decir que los países latinoamericanos tengan varios puestos entre los países más complejos globalmente, mientras que los Estados Unidos está en el puesto 75. No en vano, son los latinos los que emigran a los Estados Unidos en busca de trabajo. También Francia se encuentra en el top 10, eso nos debe decir bastante.

Los diez países más complejos desde el punto de vista del cumplimiento (conoce tu cliente) y cumplimiento fiscal en orden descendente desde el primer puesto son:

Fuente: Financial Complexity Index. TMF Group

Llama la atención que varios de estos países tienen serios problemas económicos, y que nuestros némesis de la OCDE como Francia y Colombia estén allí, en el club de las supuestas buenas prácticas económicas. Panamá está en el puesto 37, Chile en el puesto 35. Es una lista donde no conviene estar demasiado elevado.

Fuente: Financial Complexity Index. TMF Group

Suecia (la supuestamente socialdemócrata Suecia) en el puesto 60, Canadá en el puesto 70, Costa Rica en el puesto 71, Estados Unidos en el puesto 75, Irlanda en el 77, Holanda en el 78, Noruega en el 87 y los verdaderos paraísos fiscales como Hong Kong, Jersey, British Virgin Islands y Gran Caimán en la cola, en los puestos del 91 a 94 respectivamente. Panamá está en la lista de bestias negras de la OCDE, pero dista mucho de ser competitiva con los verdaderos paraísos fiscales.

Ahora veamos a América Latina. Los cinco países más complejos en orden descendente son: Brasil, Argentina, Bolivia, Colombia y México. Y todos estos están en el top ten mundial. Dos de estos países son OCDE.

En América Latina podemos destacar que la tendencia a la digitalización de las facturas electrónicas e impresoras fiscales ha añadido complejidad. Las reformas fiscales han tendido a aumentar y no  disminuir los gastos administrativos, y la carga fiscal. Todos estos países salvo México están también entre los más altos del mundo. Brasil, Argentina y Bolivia son verdaderos infiernos en el tema de regulación fiscal. Bolivia se salva porque tiene un gobierno fiscalmente conservador y una commodity muy deseada, pero Brasil y Argentina son economías de pronóstico reservado. Colombia y México saben que tienen que cambiar, pero son países que creen en las mantras de la OCDE: están haciendo esfuerzos tímidos por simplificar pero no son suficientes. Panamá y Chile están mucho mejor que estos países, pero muy por debajo de Costa Rica y los países de habla inglesa del hemisferio occidental, tanto Estados Unidos como Canadá, y por supuesto de los países menos complejos del mundo, British Virgin Islands y Gran Caimán.

Por tanto, las lecciones de todo esto para Panamá son las siguientes:

  1. La complejidad fiscal es hostil al crecimiento económico. Los países económicamente más complejos hacen a la gente gastar tiempo y dinero en cumplir con regulaciones en lugar de producir bienes y servicios.
  2. Si bien hay países OCDE, como Canadá, Estados Unidos, Holanda, Suecia, y Noruega que no tienen regulaciones financieras y fiscales complejas, está claro que los países financieramente más complejos de la OCDE como Francia, son los que llevan la voz cantante contra los paraísos fiscales. Panamá debe estudiar cómo hacen los países OCDE que cumplen sus regulaciones para mantener la simplicidad en el sistema financiero y fiscal. Lo que está haciendo el gobierno actual no es deseable, que es añadir las regulaciones OCDE a las ya existentes, o sea, metiendo más cargas regulatorias a la actividad económica en lugar de buscar la manera de modificar las regulaciones ya existentes para que el peso de las nuevas regulaciones OCDE no se sientan tanto.
  3. El conocer su cliente, los acuerdos de intercambio de información fiscal y el más complejo de todos, BEPS, con sus controles de precios de transferencia, tienen un peso notorio en la complejidad fiscal, y por lo tanto, deben ser compensados de otra manera.
  4. Un mal sistema financiero es un generador de miseria, salvo China y Bolivia, el resto de las economías que están el top 10, tienen pronósticos económicos reservados o ya están en coma.
  5. Las facturas electrónicas y la facturación electrónica han añadido complejidad a la regulación del sistema económico sin tener efectos positivos en la economía. Argentina y Brasil siguen teniendo pronósticos reservados. En un mundo globalizado, el menos complejo es el que tiene las de ganar.

¿Entenderán esto nuestros políticos y los charlatanes vendedores de aceite de consultorías contables?

 

 

About the author

Ricardo Soto

Ricardo Soto

Ricardo Soto Barrios, abogado, especialista en políticas públicas, egresado de la Universidad Santa María la Antigua. Políticamente liberal, ha participado en muchos proyectos donde se analizan las políticas públicas de Panamá desde un punto de vista liberal y se proponen alternativas. Ha trabajado en la Policía Nacional de Panamá, el Ministerio de Gobierno, y AMPYME, además de ejercer la práctica privada.

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