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  • Al covid se lo vence sin pánico ni violencia, con la naturaleza

    Cuenta el ex senador Ron Paul -de centro derecha, por ubicarlo en algún lugar- que el presidente de Ucrania firmó casi una declaración de guerra y, respaldado por Washington, dijo que la política de Ucrania es recuperar Crimea de Rusia.

    El secretario de Defensa de EE.UU., ex director del fabricante de misiles Raytheon, prometió “apoyo inquebrantable a la soberanía de Ucrania”.  Washington está enviando armas y ya van más de 300 toneladas. Moscú ha respondido reubicando tropas en su frontera con Ucrania.

    Por cierto, bastaría con un plebiscito entre los ciudadanos para que decidieran qué gobierno quieren tener, si es que quieren uno. Tiene razón Ron Paul al afirmar que “Estamos viendo la política exterior hecha por Raytheon y los otros contratistas militares… los irresponsables “expertos” en política exterior… están a punto de llevarnos a la guerra”.

    Eso son los Estados, estas son las “autoridades”, y los “expertos”: traficantes de armas, literalmente, que marcan fronteras y por ellas crean guerras donde mueren millones (60 millones solo en la Segunda Guerra Mundial).

    Y estas son las “autoridades sanitarias” que aseguran que vivimos una “pandemia” que lleva muertos a menos de 3 millones de personas -suponiendo que la cifra no esté inflada- en año y medio en todo el mundo, el 0,04% de la población global, la misma cantidad que los fallecidos en accidentes viales y domésticos. Por cierto, en una temporada de gripe normal se contagian alrededor del 60%, es decir, unas 4000 millones de personas globalmente.

    Como dice el juez, y destacado jurista, Ricardo Manuel Rojas, “la única epidemia que existe es la del miedo infundido por el gobierno y sus aliados periodistas”, los “miedos” de comunicación, como dice un amigo, que replican, sin un análisis sensato, lo que dicen los “organismos oficiales” como si éstos no fueran ineficientes sino corruptos.

    El presidente mexicano se resiste a vacunarse, justificándose en la opinión del médico que lo atendió cuando dio positivo en coronavirus. Y se niega a llevar cubrebocas. Después de todo, el presidente argentino se inyecto las dos dosis de la vacuna Sputnik -que no está aprobada por la Unión Europea- y, sin embargo, se contagió de covid. Entretanto, se ha encontrado un vínculo entre la vacuna de AstraZeneca y las trombosis, dijo el jefe de estrategia de vacunas de la Agencia Europea del Medicamento.

    Pero lo importante, en todo caso, no es si el covid es grave o no, sino que las “autoridades” acepten, y las personas y sobre todo los medios comprendan, que la violencia y el pánico -que dispara a la violencia- no solo son inútiles, sino que destruyen a la naturaleza, a la vida.

    Son las personas en libertad -sin la coacción del monopolio estatal de la violencia- las que deben cuidarse a sí mismas. Porque la violencia es inmoral, desde que va contra la vida, contra la naturaleza, como ya lo decía Aristóteles, así siempre destruye. Así, los confinamientos y otras restricciones al desarrollo de la vida han provocado muchas más víctimas que el covid.

    Ya el año pasado -ahora ha empeorado-, sin contar el enorme daño sicológico y los suicidios, según Oxfam solo el desempleo, las interrupciones en el suministro de alimentos y la disminución de las ayudas a causa de los confinamientos podrían causar 12.000 muertos por hambre al día en el mundo.

  • Las embajadas del diablo: los Estados

    El Instituto de Investigación para la Paz Internacional de Estocolmo (SIPRI) acaba de publicar su informe sobre el comercio mundial de armas. Por primera vez desde 2005, en los últimos cinco años (2016-2020) se compró menos armamento que en el lustro precedente (-0.5 %), por algo más de 95.000 millones de dólares al año. La caída de las exportaciones rusas y chinas contrasta con el aumento de las ventas de EE.UU., Francia y Alemania.

    EE.UU. elevó sus ventas un 15 % y se consolida como el principal exportador global con el 37 % del total, Rusia 20 %, Francia 8 %, Alemania casi lo mismo que China un 5.5 % y Gran Bretaña 3 % lo mismo que España. Arabia Saudí, gobernada por una violenta tiranía oscurantista, se afianzó como el primer importador global, al elevar sus adquisiciones un 61 %. En tanto que Qatar multiplicó casi por cinco sus compras de material militar.

    Por caso, los roces de Turquía con Grecia y Egipto por los hidrocarburos en el Mediterráneo han provocado que Atenas y El Cairo refuercen su capacidad naval. El régimen egipcio, tercer receptor mundial, compró un 136 % más de armamento que en los cinco años anteriores. Y, por cierto, hay muchas dudas sobre la transparencia en el manejo de los fondos, por no decir que resulta obvia la corrupción que suele acompañar al tráfico de armas.

    Los mayores importadores son Arabia Saudí con el 11 % del total global, India 10 %, Egipto 6 % y Australia 5 % al igual que China. Por otro lado, el Gobierno británico decidió ampliar su arsenal de armas nucleares por primera vez desde la caída de la URSS y elevará el arsenal de ojivas de 180 a 260, un aumento de casi 45 %, citando a Rusia, y en menor medida a China, como las principales amenazas.

    En fin, si algo queda claro de este informe es que los compradores de armas son los Estados, los “ilegales” -por fuera del Estado- ni siquiera son tomados en las estadísticas ya que son completamente marginales. Otra cosa que queda muy clara es que las razones “defensivas” son, precisamente, a partir de las imposiciones estatales. Por caso, “la defensa” de las fronteras y límites impuestos por los políticos, ya que los ciudadanos comunes no tienen problema en cruzar las líneas divisorias, diseñadas por los burócratas, para comerciar o simplemente visitar amigos y lugares.

    Por supuesto que la excusa de los Estados “pacíficos” es que quieren las armas para “disuadir” cualquier ataque. Mas allá de que la defensa es algo arbitrario, ya que todos los atacantes dicen defenderse de algo, si las armas fueran disuasivas no existiría el terrorismo, que tiene una capacidad militar muy inferior, ni a la guerra de Vietnam la hubieran ganado los guerrilleros.

    La verdad inconfesable de todo esto es que los Estados son el monopolio de la violencia, son la violencia, con la que imponen desde sus fronteras, y pasando por la necesaria exigencia coactiva de tributos sin la cual no podrían existir, hasta “leyes” de todo tipo que, precisamente, son imposiciones coactivas en contraposición con las leyes de la naturaleza como la de la gravedad o la necesidad de un hombre y una mujer para la procreación.

    Corolario: sería utópico pensar que los Estados desaparezcan, pero si queremos menos armas y más producción para la vida, si queremos paz, debemos trabajar para que se vayan achicando, para que recurran cada vez menos a la violencia y a sus imposiciones coactivas.