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  • Carta abierta al nuevo presidente y su Administración.

    ¡Felicidades por tu victoria en las elecciones! Ahora que has asumido el liderazgo de nuestro país, ya eres nuestro nuevo presidente, te encuentras frente a una tarea crucial: llevar a cabo reformas estructurales para impulsar el crecimiento económico, reducir la deuda y crear empleo genuino. En el contexto panameño, estas medidas son aún más importantes dada nuestra posición estratégica como país de tránsito para el comercio mundial, gracias al Canal de Panamá.

    1. Estabilidad económica y el Canal de Panamá: Panamá ha sido históricamente un centro logístico clave debido a la presencia del Canal, que conecta los océanos Atlántico y Pacífico y facilita el comercio internacional. Para mantener la estabilidad económica, es crucial optimizar la gestión del Canal, garantizando su eficiencia operativa y su competitividad frente a otras rutas marítimas.

    a) Priorizar la estabilidad económica: Implementa medidas inmediatas para controlar el déficit fiscal y estabilizar nuestra economía. Esto podría incluir recortes de gastos no esenciales y la optimización del tamaño del estado. Urge una gran discusión sobre el tamaño adecuado para cumplir las funciones que se le adjudiquen.

    b) Promover políticas pro-mercado: Adopta políticas que fomenten la competencia, la innovación y la eficiencia en todos los sectores de la economía. Esto exige la eliminación de barreras regulatorias y la promoción de la libre empresa.

    c) Invertir en infraestructura: Trabaja en nuevas formas inteligentes de colaboración con el sector privado para proyectos de infraestructura que mejoren nuestra competitividad.

    d) Apoyar a las pequeñas y medianas empresas (PYMEs): Reconoce el papel vital que desempeñan las PYMEs en la generación de empleo y el crecimiento económico. Implementa políticas desregulatorias que faciliten su creación, puesta en marcha y promuevan su desarrollo.

    e) Establecer un clima de negocios favorable: Trabaja para mejorar el clima de negocios, garantizando la transparencia, la seguridad jurídica y el respeto a los derechos de propiedad. Esto ayudará a atraer inversiones y a estimular el emprendimiento. Debemos recuperar y mejorar los puestos que ostentábamos en el Doing Business, que eran atractivos para captar inversión.

    2. Reforma fiscal pro-mercado y liberal: Reconociendo la importancia de un sistema tributario que fomente el crecimiento económico y la inversión, aboga por una reforma fiscal pro-mercado y liberal. Esto implica la simplificación del código tributario, la reducción de las tasas impositivas y la eliminación de exenciones y privilegios fiscales que distorsionan la competencia y benefician a unos pocos en detrimento del resto.

    Una menor carga impositiva no solo estimulará la inversión y la creación de empleo, sino que también promoverá la competitividad de nuestras empresas en el mercado global. Además, aliviará la carga fiscal sobre los ciudadanos, permitiéndoles disponer de más recursos para invertir, consumir y generar riqueza.

    Además, es fundamental promover la transparencia y la eficiencia en la gestión de los ingresos fiscales, asegurando que los recursos recaudados se utilicen de manera responsable y en beneficio del desarrollo económico y social del país. Esto implica una mayor supervisión y rendición de cuentas en el uso de los fondos públicos, así como la implementación de medidas para prevenir el despilfarro y la corrupción en el gobierno.

    3. Atracción de inversiones para el desarrollo infraestructural: El desarrollo de infraestructura es vital para el crecimiento económico sostenible. El Canal de Panamá ha sido un motor de desarrollo para el país, pero también se requieren inversiones adicionales en carreteras, puertos, aeropuertos y telecomunicaciones para mejorar la conectividad interna y fortalecer nuestra posición como centro logístico regional.

    4. Diversificación económica y oportunidades de empleo: Si bien el Canal de Panamá es una fuente importante de ingresos y empleo, no podemos depender exclusivamente de esta industria. Es fundamental diversificar nuestra economía, fomentando a través de la desregulación y apertura a la competencia, sectores como el turismo, la tecnología, la agricultura y la manufactura o los que el mercado decida. Esto no solo reducirá nuestra vulnerabilidad a los shocks externos, sino que también creará empleo en áreas no relacionadas con el transporte marítimo. A partir del cierre de la actividad minera, estas tareas se hacen cruciales. Una reforma laboral es necesaria, pero deberás marcar las prioridades entre aquellos cambios que pueden ejecutarse más rápidamente que otros.

    5. Fomentar la adopción de tecnologías financieras innovadoras: Reconoce el potencial de Bitcoin y otras criptomonedas como herramientas para mejorar la eficiencia y la inclusión financiera. Considera la implementación de políticas que fomenten su adopción y regulación responsable.

    a) Modernizar el sistema bancario: Trabaja para modernizar nuestro sistema bancario, promoviendo la competencia y la innovación. Esto podría incluir la simplificación de los procedimientos de apertura de cuentas y la promoción de servicios bancarios accesibles para todos los ciudadanos.

    b) Promover la simplificación del mercado financiero: Identifica y elimina barreras innecesarias que dificultan la participación en el mercado financiero. Esto podría incluir la simplificación de regulaciones y procedimientos administrativos, facilitando así el acceso de las empresas y los individuos a servicios financieros.

    6. Negociaciones estratégicas sobre la deuda: Dada nuestra importancia geopolítica y económica, Panamá está en una posición favorable para negociar términos favorables en la reestructuración de la deuda. Esto nos permitirá reducir la carga financiera y liberar recursos para inversiones prioritarias en infraestructura, educación y salud. A partir de la rebajas calificatorias, es crucial atender este punto.

    7. Fortalecimiento institucional y calidad de la justicia: La confianza en nuestras instituciones y en la calidad de nuestra justicia es fundamental para el desarrollo económico y social de Panamá. Trabaja en la consolidación de un sistema judicial independiente, transparente y eficiente que garantice el Estado de derecho y proteja los derechos de todos los ciudadanos, independientemente de su origen o estatus socioeconómico. Esto no solo fortalecerá nuestra democracia, sino que también generará un ambiente propicio para la inversión y el crecimiento económico a largo plazo.

    8. Promoción de una democracia participativa y transparente: La participación ciudadana es esencial para una democracia vibrante y funcional. Fomenta la participación activa de la sociedad civil en los procesos de toma de decisiones y promueve la transparencia y la rendición de cuentas en todas las instancias del gobierno. A futuro, garantiza elecciones libres y justas, con un sistema electoral confiable y procesos de votación accesibles para todos los ciudadanos. Además, fortalece los mecanismos de control y fiscalización para prevenir la corrupción y garantizar la integridad en la gestión pública.

    Las reformas estructurales son esenciales para el futuro de Panamá. Al aprovechar nuestra posición estratégica, diversificar nuestra economía y promover la modernización financiera, sumado al fortalecimiento institucional, tributario y la calidad de la justicia, se cimentarán los pilares fundamentales para el desarrollo sostenible de Panamá. Al garantizar la independencia judicial, promover la participación ciudadana y combatir la corrupción, podemos construir desde ahora y entre todos un país más justo, equitativo y próspero para todos los panameños.

    Recuerda que tienes el respaldo del pueblo y la confianza de aquellos que te eligieron. ¡Adelante y mucho éxito en esta importante tarea!

  • El peligro inmenso de los empresarios prebendarios

    En una sociedad abierta, el empresario es un benefactor de la comunidad: lleva a cabo sus operaciones con el fin de mejorar su propio patrimonio, pero para lograr ese propósito está obligado a servir a su prójimo.

    Adam Smith en su obra cumbre de 1776 se refiere a las propuestas de comerciantes contrarios a la competencia y aliados al poder de turno de este modo: “Es preciso siempre escuchar con los mayores recelos cualquier proyecto de ley o de ordenanza nuevas que proponga esta clase de personas […] cuyo interés no coincide jamás con el del público, de una clase de personas que tiene generalmente interés en engañar e incluso en oprimir al público y que por ello han engañado y oprimido, efectivamente, en muchas ocasiones”.

    Los problemas apuntados se redoblan para la comunidad cuando cámaras empresarias adhieren a las prebendas.,…

    …Es que el empresario se caracteriza por desarrollar un sentido de oportunidad para detectar cuando los costos están subvaluados en términos de los precios finales y, por ende, sacar partida del arbitraje correspondiente. En un mercado libre cuando el comerciante da en la tecla con los gustos y preferencias de su prójimo obtiene ganancias y cuando yerra incurre en quebrantos. Pero el empresario como tal no está preparado en temas de filosofía política ni en los fundamentos de la economía por lo que si el monopolio de la fuerza que denominamos gobierno le ofrece prebendas, en general las aceptará pues aparentemente resulta más cómodo y menos oneroso que esforzarse por competir en el mercado, aunque como veremos más abajo sus empresas quedan colonizadas por el poder político. Claro que además estos procedimientos tienen su contrapartida en el derroche de capital que implican cuando la gente se ve obligada a comprar más caro, de peor calidad o las dos cosas al mismo tiempo. Y, a su turno, el consecuente despilfarro inexorablemente conduce a la reducción de salarios e ingresos en términos reales puesto que estos dependen exclusivamente de las tasas de capitalización. Esto desde luego que no va para todos los empresarios, los hay que no solo comprenden los efectos negativos para la comunidad de las políticas de la prebenda sino que mantienen un sentido de la dignidad y de independencia.

    Pero existe el riesgo de la tentación autoritaria y estatista, por lo que la actividad empresaria en una sociedad libre debe limitarse a operar en el mercado lejos de las redes políticas. Es común que los susodichos empresarios prebendarios argumenten que, por ejemplo, no debe abrirse la competencia internacional eliminando aranceles puesto que necesitan tiempo para ajustar sus actividades a la experiencia del exterior, sin percatarse de que no hay derecho a endosar sus costos sobre las espaldas de los consumidores. Si necesitan ese tiempo deben absorber los costos que demandan los primeros períodos con la idea de más que compensarse en las etapas subsiguientes y si mantienen que no tienen los recursos para afrontar semejante situación deben vender la idea a otros para lograr el objetivo. Y si nadie les compra la idea es porque el proyecto está mal evaluado, o estando bien presentado el negocio en cuestión si otros empresarios no aceptan el ofrecimiento, es debido a que hay otros reglones que son aun más atractivos y como todo no puede llevarse a cabo al unísono puesto que los recursos son limitados, el proyecto de marras debe esperar a una mejor ocasión.

    A veces el discurso se pone grandilocuente al referirse al comercio internacional, pero el concepto es exactamente el mismo si un vecino descubre un procedimiento más eficiente de producir un bien o prestar un servicio. Nadie en su sano juicio a esta altura del partido propondrá aduanas interiores para “protegerse” de la eficiencia. Los ríos, las montañas y los mares no modifican los nexos causales de las leyes económicas. Como hemos destacado antes, desde la perspectiva liberal la única razón por la que el globo terráqueo está dividido en naciones es para defenderse del riesgo fenomenal de la concentración de poder en un gobierno universal, pero tomarse en serio las fronteras constituye una sandez mayúscula. Las culturas alambradas son una muestra de regresión a la edad de piedra.

    El empresario en una sociedad abierta es un benefactor de la comunidad, no porque haga las cosas por filantropía. Lleva a cabo sus operaciones con el fin de mejorar su propio patrimonio; pero para lograr ese propósito en un mercado libre está obligado a servir a su prójimo. En este sentido, hay autores que han sostenido que debieran sustituirse en las plazas públicas los monumentos de militares y políticos y colocar monumentos a empresarios puesto que los primeros muchas veces ponen palos en la rueda, mientras que los segundos son los que resuelven los problemas de los transportes, comunicaciones, alimentación, vestimenta, fármacos y todo cuanto se nos ocurra. Pero reiteramos que esto ocurre cuando el empresario opera en el terreno que le es propio sin politizarse y mucho menos combinarse en aquella cópula hedionda con el gobierno del momento, para explotar miserablemente a la gente en cuyo contexto actúan como aplaudidores oficiales, es decir, agentes rastreros y serviles del aparato estatal.

    El premio Nobel en economía George Stigler señala en Placeres y dolores del capitalismo que “han sido ellos, los empresarios, quienes han convencido a los gobiernos que iniciaran controles sobre las instituciones financieras, los sistemas de transportes, las comunicaciones, las industrias extractivas, etc.” y a continuación subraya que es ingenuo pensar que solo ellos serán los beneficiarios y no otros sectores pero “el Estado no es una concubina, sino una ramera”. Robert Nozick coincide en esta conclusión en su obra más divulgada: “Gran parte de la regulación gubernamental de la industria está originada y está dirigida a la protección contra la competencia que promueven las empresas establecidas”. Y Richard McKenzie en su libro que lleva el sugestivo título de Usando el poder gubernamental: los empresarios contra la libre empresa afirma que “cuando no hay límites en la acción gubernamental, los empresarios compiten por el uso del poder gubernamental». También el prominente empresario estadounidense Charles Koch declara: “¿Qué está pasando aquí? ¿Los dirigentes empresarios se han vuelto locos? ¿Por qué están autoaniquilándose debido a la voluntaria y sistemática entrega de ellos mismos y sus empresas a reglamentaciones gubernamentales? La contestación desde el luego es simple. No, los empresarios ejecutivos no comparten el deseo del suicidio colectivo. Ellos piensan que obtienen ventajas especiales para sus empresas, pero se están engañando. En realidad están vendiendo su futuro”.

    Exactamente esta es la explicación: los empresarios prebendarios están rematando sus empresas, su familia y su futuro al entregar el sistema a las fauces del Leviatán. Como ha escrito el antes mencionado profesor McKenzie, “los empresarios necesitan la libre empresa porque es un sistema que los protege contra ellos mismos”, además de beneficiar a toda la comunidad, muy especialmente a los que menos tienen.

    Dejando de lado las donaciones, solo hay dos formas de enriquecerse: sirviendo al prójimo o expoliándolo. En la sociedad libre, los arreglos contractuales voluntarios hacen posible obtener ventajas recíprocas, mientras que el robo al fruto del trabajo ajeno es característica medular del estatismo donde los gobiernos abandonan su misión de proteger las autonomías individuales y los consecuentes derechos de las personas que son anteriores y superiores a la existencia de los aparatos estatales. En la antigüedad, los reyes y emperadores otorgaban permisos y licencias para todas las actividades de sus súbitos, mientras que los mercados libres abolieron esos privilegios y barreras, una situación que los empresarios prebendarios apuntan a revertir al efecto de volver a las edades de las cavernas.

    Resulta en verdad paradójico que muchos de los burócratas modernos la emprenden contra los genuinos empresarios mientras cobijan a los prebendarios, esto es, atacan a los benefactores de la humanidad y defienden a los explotadores. Esto es así en gran medida porque buena parte de los políticos nunca han tenido nada que ver con el trabajo honesto en una empresa y no tienen la más pálida idea de que significa. Esta es una razón adicional para adoptar sugerencias en cuanto a que, por ejemplo, los miembros del Poder Legislativo trabajen en ese campo tiempo parcial y de manera muy limitada para no solo poner coto al absurdo y contraproducente ímpetu legislativo sino para que los legisladores se ganen el sustento en el mercado y no vivan solamente a costa de los que trabajan en faenas legítimas y todavía se burlan de sus ocupaciones que consideran subalternas a sus designios imperiales.

  • Índice de Atractivo Global de Inversiones 2020 (GAI): malos resultados para Panamá.

    En la 46a edición del Foro «El escenario de hoy y mañana para las estrategias competitivas», se presentaron los resultados de la quinta edición del proyecto de investigación Índice de atractivo global 2020 (GAI), de The European House – Ambrosetti.

    El GAI mapea 144 economías del mundo y busca medir y comparar cuánto potencial tienen en términos de inversión y desarrollo productivo, desde una perspectiva más amplia que el mero atractivo económico. “El atractivo de un país es, de hecho, un concepto que depende de una pluralidad de factores económicos, pero también sociales, culturales, de innovación, eficiencia, apertura y diálogo con países extranjeros y el talento de cada uno”, afirma el informe. Además, puntúa a medida que cambia la velocidad de cada país con respecto a los demás, no solo con respecto a ellos mismos. En este sentido, el GAI es un índice relativo, ya que somete a cada economía a la comparación con «la mejor» (en 2020 Alemania nuevamente).

    El Informe 2020 también presenta una mirada hacia el futuro, tratando de captar los posibles efectos de la pandemia Covid-19 en el rediseño del mapa de atractivo, pero el principal elemento de incertidumbre sigue siendo la capacidad de recuperación en el mediano y largo plazo.

    ¿Quién pierde y quién gana en GAI 2020?

    Según el informe, el Índice de Atracción Global destaca por su estabilidad. Solo 15 países (10,4% del total) tienen una variación de más de 10 lugares, entre los que se encuentra Panamá, que ha pasado del puesto 59º en 2019, al 70º en 2020, al igual que Argentina, Trinidad y Tobago, Argelia, República Dominicana, Macedonia, Costa Rica, Cabo Verde, Ghana, Mauritania, Mozambique, Libia, Tanzania, Myanmar y Tayikistán. Todos estos países están clasificados por debajo del puesto 65.

    Para la Unión Europea (UE) hay un proceso de atractivo decreciente, de hecho, en los últimos 5 años el 75% de los países europeos ha ido bajando o estabilizándose en el ranking y en los últimos 10 años, el porcentaje europeo de IED sobre el total global disminuyó de un 43,7% a un 30,7%.

    Sin embargo, como años anteriores, Alemania destaca en el ranking  GAI y ha logrado consolidar su posición como número 1, tanto en términos de ranking como de puntuación. EE.UU., que fue el líder hasta 2017, se trasladó a un 2º puesto, pero muy cerca del 1º, con 99,61 puntos. El último en el pódium es Singapur, algo más alejado con una puntuación de 90,51.

    En el grupo de «Alta atracción» sólo clasifican 6 economías más: Japón (90,06), Reino Unido (89,17), Hong Kong (87,89), China (82,13), Canadá (80,75) y Corea del Sur (80,06). El top 10 del ranking lo completa Holanda, que con 79,86 puntos (más de 20 por debajo de Alemania), y que pertenecería a la categoría inferior de “Buena Atracción”.


    En cuanto a América Latina, que se encuentra muy lejos de estas posiciones, sólo 3 de los 19 países evaluados se encuentran entre los 50 más atractivos del mundo: destaca Brasil, con el puesto 41, con 44,74 puntos; México, puesto 43, con 43,46 puntos; y Chile, que tiene el 46, con una puntuación de 39,80, más de 60 puntos alejado de Alemania. Estos 3 países están dentro de la categoría de “Atracción Media”.

    Dentro del grupo “baja atracción” entre las posiciones 50 y 100 (lo que significa que pocas empresas están interesadas en invertir su dinero en ellos), se encuentran : Uruguay (66º, 27,56 puntos), Panamá (70º, 26,87), República Dominicana (74º, 26,46), Perú (82º, 24,87), Ecuador (84º, 24,42), Costa Rica (88º, 23,17), Colombia (91º, 22,51), Argentina (92º, 22,15) y Paraguay (95º, 20,32).

    Los peor ‘rankeados’ y que también se encuentran en las últimas posiciones a nivel mundial son: Guatemala (104º, 16,87 puntos), Bolivia (116º, 12,36), Honduras (120º, 11,13), El Salvador (122º, 10,88), Nicaragua (130º, 9,34), Venezuela (137º , 5,74) y Haití (141º, 4,35).

    Cabe destacar además, que solo hay tres economías menos atractivas que Haití: Guinea Ecuatorial (3,22), Burundi (2,05) y Sierra Leona (0,14). Y además de esos cuatro, solo hay otros tres en peores condiciones que Venezuela: Gambia (5,61), Malawi (5,29) y Yemen (4,41), países históricamente pobres e inestables y que han atravesado conflictos políticos y armados desde su independencia.

    Después de estos resultados, el informe concluye que, será clave considerar el crecimiento de las desigualdades sociales, el aumento del desempleo y los impactos en las finanzas públicas y sobre salarios. También será importante enfocarse en elementos como la contracción del comercio internacional y el reequilibrio de las Cadenas Globales de Valor (lo que podría conducir a un replanteamiento de las cadenas de suministro y la expansión de nodos logísticos a nivel regional.).

    Finalmente, con respecto a los impactos de la pandemia en el Índice, es posible adelantar algunas consideraciones preliminares, útiles para el establecimiento de políticas económicas: Covid-19 afectará negativamente a todos los Indicadores Clave de Desempeño (KPI) del GAI vinculados al movimiento de bienes y personas , los KPI vinculados al ámbito económico (PIB, PNB per cápita, …) se contraerán, pero algunos indicadores también pueden estar sujetos a variaciones positivas: el lockdown, por ejemplo, ha incentivado el uso de herramientas digitales y contribuido para reducir las emisiones y el consumo de materias primas. Sin embargo, se trata de variaciones destinadas a permanecer contenidas en el corto plazo, si no se activan reformas transformadoras y de largo plazo.

    Por último, un resultado muy malo para Panamá, cuando más necesaria es la necesidad de atraer inversión: en un año ha caído 11 puntos, ha pasado del puesto 59º en 2019, al 70º en 2020. Eso significa que rankeaba muy cerca de la atracción media. Con esta pérdida de puntaje, deja de ser una jurisdicción interesante o apetecible para la inversión.  Se necesitan urgentes reformas para regresar al camino de ser atractivos para el inversor, única forma posible de generar crecimiento y empleos genuinos en la sociedad.

  • Los gremios y el mercado

    Ahora hay un revuelo porque los empresarios, en una rara demostración de valor o más bien de desesperación, dijeron lo que nadie se atreve a decir, que la herencia maldita de los militares, donde 27 profesiones sólo pueden ser ejercidas por panameños, perjudica el desarrollo a corto, mediano y largo plazo del país.

    Predeciblemente los gremios profesionales salieron a defender su “derecho”, o más bien privilegio, (porque un derecho para serlo debe ser universal), de que el estado use la coacción para evitar que tengan que competir con los extranjeros. Si dedicaran la mitad de la energía que dedican al proteccionismo laboral a mejorar la calidad y competitividad de la educación panameña, no estaríamos en este problema. Porque no es cierto que las empresas panameñas discriminen a los panameños; la empresa Goethals Consulting hizo un estudio, donde se descubrió que el problema era el origen del título, no el pasaporte de la persona que figura en el diploma. En otras palabras, un profesional panameño educado en una universidad o instituto técnico de prestigio era lo más valioso, luego venia un extranjero educado de la misma manera, y al final, el panameño educado localmente. Ante la mediocridad educativa instaurada de manera populista por los militares, los militares tuvieron que poner leyes para proteger a los panameños de la competencia. Este es el origen de este problema.

    Los gremios no son muy amigos del mercado; de hecho, su origen es medieval y precede al capitalismo liberal. Usan el derecho liberal a la libre asociación, para garantizarse idealmente estándares mínimos adecuados que mantengan el buen nombre de la profesión o darse apoyo mutuo. Lo que no está mal. Los médicos panameños por ejemplo, mantienen una cooperativa ejemplar. El problema es que este apoyo mutuo a veces va contra los estándares profesionales que deben defender. En Panamá es muy difícil que un médico declare contra otro. O que a un abogado maleante lo sancionen. Y ese proteccionismo mutuo los hace trabajar como cárteles, limitando la oferta de servicios y la competencia, de profesionales extranjeros o la cantidad de graduandos de las universidades, para mantener los precios de sus servicios altos. Todo eso a expensas de sus clientes , claro está.

    Pero aparte del proteccionismo laboral, hay otro método que usan los gremios profesionales para elevar el costo al público de sus servicios; y es la asimetría de información en los precios.

    Imagínate que quieras comprar algo. Bueno, cotizas en varios lugares y comparas precios, si es comida en un restaurante, miras la carta, y sabes cuánto cuestan las cosas y qué puedes pagarte.

    Los gremios evitan esta información para los clientes de dos maneras. Primero, fijan precios mínimos, que hacen valer contra la ética el cobrar más abajo del precio mínimo. Y segundo, impiden que los profesionales liberales publiquen cartas de servicios con precios fijos, lo cual hace más costoso, en tiempo y dinero, para el posible cliente averiguar cuánto le saldrían los honorarios por servicio, recurriendo a la consulta personal de boca en boca. Ésta situación sale mucho más cara que simplemente ver catálogos de precios. Es una asimetría de información en perjuicio del consumidor o cliente.

    En los Estados Unidos, el senador Ted Cruz se está cansado de este sistema. Correctamente dice que esta práctica, de médicos y aseguradoras, impide un verdadero libre mercado en el sistema de salud. Y está promoviendo un proyecto de ley que obliga a las empresas proveedoras de servicios de salud a hacer público sus precios por los servicios médicos que no sean de urgencia. De esa manera, los clientes y las aseguradoras, podrán saber a qué servicios médicos acudir. Y se crea competencia de precios en las mismas. Algo similar existe en Suecia, donde el estado lleva un catálogo de servicios médicos con sus precios. El sistema público de seguro de salud sueco, tiene una carta de precios como seguro público, y que está puesto a consideración de las aseguradoras privadas. De esta manera, los médicos, pacientes y aseguradoras tienen claro cuánto cuestan los servicios médicos y cuánto están dispuestos a pagar. La información sobre los costos de salud deja de ser asimétrica. Así, el paciente puede calcular qué servicios médicos que no sean de urgencia se puede costear y los aseguradores a qué hospitales, clínicas o médicos privados acudir. Es como ir a un restaurante y saber los precios de antemano versus que te sorprendan con la cuenta, como es común en la medicina privada.

    Según Ted Cruz, uno de los problemas de la medicina norteamericana es que no hay verdadera competencia de precios y por lo tanto no hay libre mercado. Y tiene algo de razón. Veamos en qué queda esta iniciativa, pero es claro que los gremios, al actuar como carteles o sea, para limitar la oferta y mantener precios, no ayudan a un mercado público eficiente.