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  • ¿Los Panameños logramos la Independencia en 1903?

    ¿Los Panameños logramos la Independencia en 1903?

    ¿Será cierto que Panamá, desde Pedraria, luego con la Gran Colombia, la Fiebre de Oro a través del Istmo y el período que desembocó la Guerra de los Mil días, logró una verdadera independencia en 1903? ¿De qué o de quienes nos independizamos? O… ¿no sería que hemos ido saltando de una a otra dependencia; antes exógenas y hoy endógenas? ¿Y, qué es una verdadera independencia? Analicemos el asunto lo más desapasionadamente posible.

    Existe verdadera independencia cuando los ciudadanos pueden ejercer libremente sus actividades económicas sin trabas ni tutelaje permanente de los gobiernos del Estado, es decir, de las autoridades gubernamentales que reciben el poder solo por delegación popular. Y, esto no lo invento yo; lo establece nuestra Constitución en su Artículo 282, al menos en su inicio, al declarar que el ejercicio de las actividades económicas corresponde primordialmente a los particulares. Lastimosamente, luego del punto y coma, nuestra Constitución comete el disparate contradecir por completo lo dicho en la primera parte del Artículo al dictaminar que el Estado podrá:

    orientarla, dirigirla, reglamentarla, reemplazarla o crearla» según considere necesario.”

    De esta manera, lo que comienza como una declaración de libertad económica se transforma, en la práctica, en una amplia habilitación para la intervención estatal.

    Pero, la pregunta que aflora de semejante dislate o desvarío es inevitable: ¿Acaso se trató de un simple error o fue el reflejo de una tendencia socialista deliberada por parte del o los constitucionalistas que la redactaron? Muchos creen que el sesgo socialista fue de la Dictadura Militar pero no lo creo; ya la Constitución del 47 tomaba esa inclinación. Nuestros “militares” no eran socialistas sino fascistas; muchos que terminaron ricachones.

    De lo anterior se deduce que nuestra realidad se ha caracterizado por una gobernanza grotesca, que ha mantenido sumidos en la pobreza: a gran parte de los rabiprietos; a buena parte de la clase media; y a no pocos rabiblancos. El arte del pillaje está en la intervención en gobiernos del Estado metidos hasta las coronillas en todo aquello que debería ser exclusivo de los actores del mercado. Nuestros “gobiernos” montaron monopolios en actividades mercantiles como educación, el transporte, la energía, la recolección de basura el agua potable y más.

    Y, aunque muchos panameños no pagan impuestos directos, ¡vaya si no los pagan indirectos! Gran parte de los fondos que genera toda esa actividad mercantil monopolizada, en lugar de usarse para promover un verdadero mercado libre gestionado por la comunidad, terminan financiando la rapiña de los piratas que supuestamente nos han gobernado.

    Existe una verdadera independencia cuando los ciudadanos pueden ejercer libremente sus derechos humanos en actividades económicas y demás, sin trabas excesivas. Los gobiernos, la gobernanza, debe respetar el principio de subsidiaridad; de no regalar pescado sino de enseñar o permitir la buena pesca. Así lo parece reconocer en su primera parte, el Artículo 282 de nuestra Constitución, al establecer que:

    El ejercicio de las actividades económicas corresponde primordialmente a los particulares;”

    Hasta ahí, el texto respeta a la población. Sin embargo, después del punto y coma, el mismo artículo da un giro que diluye esa primacía:

    El Estado podrá «orientarla, dirigirla, reglamentarla, reemplazarla o crearla» según considere necesario.”

    De esta manera, lo que comienza como una declaración de libertad económica se transforma en norma que consagra la discrecionalidad interventora y empobrecedora. En este artículo queda patente la naturaleza de élites cuyos intereses personales superan por mucho los del pueblo; ese que permanece maniatado a través de estrategias de pillaje.

    ¿De verás sigues creyendo que en 1903 nos independizamos? Tal vez de Colombia, pero… llamar independencia a lo que tenemos es autoengaño.

  • Los impuestos y la Independencia americana

    La independencia de Estados Unidos se refiere al proceso mediante el cual las trece colonias británicas en América del Norte se separaron del dominio británico y se convirtieron en una nación soberana e independiente. Fue declarada el 4 de julio de 1776 con la aprobación de la Declaración de Independencia, en la cual se proclamaron los derechos inalienables y se afirmó la autonomía política de Estados Unidos. La independencia marcó el inicio de la guerra de Independencia de Estados Unidos contra Gran Bretaña y sentó las bases para el establecimiento de una república democrática en América del Norte.

    La independencia de Estados Unidos tuvo varias implicancias en relación a los impuestos y los derechos individuales. Uno de los principales desencadenantes de la Revolución Americana fue el descontento de las colonias por las políticas fiscales impuestas por el gobierno británico.

    Durante el período colonial, Gran Bretaña impuso una serie de impuestos a las colonias americanas para financiar sus costosas guerras y mantener el control sobre ellas. Algunos de los impuestos más conocidos fueron el Acta del Azúcar (Sugar Act), el Acta del Timbre (Stamp Act) y el Acta del Té (Tea Act).

    Estos impuestos fueron percibidos por los colonos como injustos y abusivos, ya que eran impuestos sin su consentimiento y sin tener representación en el Parlamento británico. Esta falta de representación fue resumida en el famoso lema «No taxation without representation» (No hay impuestos sin representación), que se convirtió en uno de los pilares de la lucha por la independencia.

    Los colonos consideraban que el derecho a la propiedad y a la libre disposición de sus ingresos estaban siendo violados por los impuestos británicos, lo que socavaba sus derechos individuales. Esta creencia fue reforzada por el lema revolucionario «No taxation without representation», que argumentaba que solo un gobierno en el que los ciudadanos tuvieran voz y voto sobre los impuestos podría ser considerado legítimo y respetar los derechos individuales.

    La lucha por la independencia se centró en gran medida en la defensa de los derechos individuales y la libertad frente a la opresión y la interferencia del gobierno británico. Los colonos argumentaron que tenían derecho a gobernarse a sí mismos y decidir sobre sus asuntos internos, incluyendo la imposición de impuestos.

    La Declaración de Independencia, redactada por Thomas Jefferson y adoptada el 4 de julio de 1776, estableció los principios fundamentales de la nueva nación, basados en la idea de que todos los individuos poseen derechos inalienables, incluyendo la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Además, afirmó que el gobierno debe derivar su poder del consentimiento de los gobernados, y que si un gobierno viola los derechos del pueblo, este tiene el derecho de alterarlo o abolirlo.

    En resumen, la independencia de Estados Unidos estuvo estrechamente vinculada a la lucha por los derechos individuales en relación a los impuestos. Los colonos se opusieron a los impuestos impuestos por Gran Bretaña sin su consentimiento y argumentaron que solo un gobierno con representación legítima y respeto por los derechos individuales podría imponer impuestos de manera justa. La independencia marcó el inicio de una nación que buscaba garantizar la protección de los derechos individuales y el autogobierno.