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  • “Cómo dispararse en el pie”: la lección liberal de Guy Sorman

    En su artículo “Cómo dispararse en el pie”, publicado originalmente en el ABC español, el economista y ensayista Guy Sorman ofrece una advertencia urgente, una lección liberal para distraídos: las naciones que levantan barreras proteccionistas sin medir consecuencias solo cosechan miseria y estancamiento. El autor recurre a la larga tradición liberal —desde la Escuela de Salamanca hasta Adam Smith— para recordar los fundamentos del crecimiento sostenible: leyes estables, Estado modesto y eficiente, moneda confiable, libertad empresarial y comercio sin restricciones.

    1. Orden decretado frente a orden espontáneo

    Sorman contrapone el orden decretado —resultado de utopías económicas forzadas por el poder político— con el orden espontáneo, surgido del genio creativo de la sociedad y la interacción libre. El primero deriva en declive económico y represión (comunismo, fascismo); el segundo, en prosperidad compartida —el verdadero legado del capitalismo real.

    2. Proteccionismo como autolesión

    El corazón del ensayo reflexiona sobre el proteccionismo contemporáneo, ejemplificado en decisiones recientes de Estados Unidos (Trump). Sorman lo compara con pegarse un tiro en el pie: el cierre de fronteras no solo encarece productos e infla precios para consumidores, sino que erosiona las relaciones comerciales y la estabilidad institucional.

    3. Reglas impredecibles: el enemigo del desarrollo

    Sorman retoma la idea del economista francés Raymond Barre: es preferible una política económica mala pero duradera, que una buena pero efímera. La imprevisibilidad —como cambios arbitrarios en aranceles o instituciones— destruye confianza e inversiones. Según Sorman, esto está ocurriendo hoy en EE.UU., con efectos globales.

    4. Negar la realidad: autodestrucción institucional

    La crítica de Sorman se torna aún más mordaz cuando describe la negación de realidades objetivas: desempleo creciente, encuestas independientes, políticas insostenibles, o el intento de destituir autoridades estadísticas o monetarias para ocultar la realidad. Romper “el termómetro” no cura la fiebre: solo adormece la percepción del dolor, lo cual es peligroso en lo político .

    5. ¿Quién detendrá el suicidio nacional?

    Cierra su artículo con una apelación: ante la auto-aniquilación de una gran nación, ¿habrá rescate liberal? Sorman cree que no vendrá de EE.UU., sino de Europa: una Europa unida, coherente y valiente capaz de imponer valores liberales frente a la deriva suicida.


    Perspectiva complementaria: más allá de Sorman

    Reglas claras y Estado limitado: El énfasis en reglas claras y permanentes no es nuevo: Friedrich Hayek argumentaba que solo un Estado neutral y limitado puede proteger la libertad y el orden espontáneo.

    Costos ocultos del proteccionismo: No solo afecta precios; crea mercados cerrados, innovación retrasada y clientelismos locales que se perpetúan sin competencia.

    La ilusión de la soberanía económica: La idea de «independencia productiva» ignora que pocos países tienen todos los recursos y capacidades tecnológicas en su territorio. El intercambio permite especialización y acceso a bienes superiores.

    Europa como baluarte liberal: La propuesta de Sorman gana fuerza si consideramos el proyecto europeo histórico: construcción de instituciones supranacionales (UE), acuerdos de libre comercio y defensa del régimen liberal como contrapeso al populismo y al autoritarismo.

    Guy Sorman, con lúcido análisis, nos advierte contra la ineptitud moderna de olvidar los fundamentos liberales: mercados abiertos, reglas duraderas y reconocimiento de la realidad. Su metáfora del tiro en el pie es desafiante: la economía moderna requiere humildad, prudencia y confianza institucional. Sin ese andamiaje, incluso las democracias más sólidas corren el riesgo de dispararse, lenta pero inexorablemente, hacia su propia implosión.

  • La Servidumbre Voluntaria: El Poder de la Opresión y el Mecanismo de la Sumisión

    En el discurso de «La Servidumbre Voluntaria» de Étienne de La Boétie, se plantea una pregunta fundamental: ¿por qué la gente elige la servidumbre en lugar de la libertad? La respuesta reside en un complejo entramado de factores psicológicos, sociales y políticos que La Boétie desentraña magistralmente.

    El autor comienza destacando cómo los tiranos manipulan a sus súbditos, creando divisiones y aprovechándose de la complicidad de unos con otros. Señala que incluso aquellos que padecen la opresión del tirano pueden convertirse en sus cómplices, contribuyendo así a su propio sometimiento. Este fenómeno se observa claramente en la formación de lo que La Boétie denomina «ejércitos de mansedumbre», donde los súbditos se someten unos a otros por miedo y conveniencia.

    Para comprender mejor este proceso, es crucial analizar cómo se estructura el poder alrededor del tirano. La Boétie argumenta que no son las fuerzas armadas o las armas las que sostienen al tirano, sino un pequeño grupo de colaboradores cercanos. Estos individuos ejercen una influencia desproporcionada sobre el tirano y, a su vez, sobre toda la nación. Utilizan el soborno, la corrupción y la promesa de beneficios personales para reclutar seguidores y mantenerse en el poder.

    Este esquema de dominación, basado en la complicidad y el soborno, perpetúa un ciclo de servidumbre voluntaria. La Boétie critica la pasividad de aquellos que, en lugar de resistir al tirano, se benefician de su régimen opresivo. Señala que incluso aquellos que aparentemente prosperan bajo la tiranía están en realidad atrapados en una red de manipulación y coerción.

    La Boétie también aborda el papel de la propaganda y la manipulación en la perpetuación de la servidumbre voluntaria. Destaca cómo los tiranos utilizan la retórica persuasiva y la desinformación para mantener a la población bajo su control. Además, señala que la falta de educación y conciencia política puede hacer que las personas sean más susceptibles a la manipulación y menos propensas a cuestionar la autoridad.

    La propagación de la servidumbre voluntaria también se ve facilitada por la apatía y la indiferencia de las masas. La Boétie señala que muchos ciudadanos, atrapados en la rutina diaria y distraídos por sus preocupaciones personales, pasan por alto las injusticias y abusos del poder. Esta apatía política permite que el poder se consolide sin enfrentar una oposición significativa.

    Sin embargo, la Boétie no se limita a describir el fenómeno de la servidumbre voluntaria; también ofrece una hoja de ruta para la resistencia. Argumenta que la tiranía puede ser derrocada si las personas se niegan a consentir «solo hay que dejar de sostenerlo». La desobediencia civil, la resistencia pacífica y la solidaridad colectiva son armas poderosas contra la opresión. Al rechazar la sumisión y reclamar su autonomía, los individuos pueden desafiar la autoridad y restaurar la libertad perdida.

    Al examinar estas ideas, es evidente que la servidumbre voluntaria es un fenómeno complejo y multifacético. La Boétie nos insta a reflexionar sobre nuestra propia relación con el poder y la autoridad. Nos recuerda que la libertad no es solo un derecho, sino también una responsabilidad. Solo desafiando el status quo y cuestionando la legitimidad del poder podemos aspirar a una sociedad más justa y equitativa. «La Servidumbre Voluntaria» de Étienne de La Boétie es un tratado perspicaz sobre la naturaleza del poder y la sumisión. A través de su análisis penetrante, La Boétie nos brinda una visión profunda de los mecanismos de opresión y nos desafía a resistir la servidumbre voluntaria en todas sus formas. Su mensaje perdura a lo largo del tiempo, recordándonos que la verdadera libertad solo se alcanza cuando nos negamos a someternos al yugo del tirano y al soborno institucionalizado.

  • Sobre grietas varias y el sentido de la libertad

    Con un diálogo imaginario entre un economista y un jurista buscaremos establecer un puente entre el significado de libertad, las grietas en el contexto de la generalizada incomprensión de la economía y el derecho.

    Se han escrito muchos ensayos sobre el significado de estas dos palabras: liberty y freedom. Tienen connotaciones diferentes, una sutileza idiomática que no existe en castellano. Tal vez sea por lo que escribe Borges en cuanto a que “el inglés tiene la ventaja de no contar con una academia de la lengua” lo cual hace que el Webster’s cuente con muchos más vocablos que el Diccionario de la Real Academia Española. Como es sabido, el lenguaje surge de un proceso evolutivo y espontáneo que viene desde abajo y no de una construcción, diseño o ingeniería social (salvo el Esperanto que resulta en un esperpento).

    “Freedom” remite a la condición natural del ser humano, a su libre albedrío. Trata de su naturaleza interna. Incluso como destaca Viktor Frankl, en un campo de concentración la persona mantiene su capacidad de libre albedrío, así puede pensar o no pensar, comer o no comer etc. “Liberty”, en cambio, se refiere a las relaciones interpersonales, que como apunta Friedrich Hayek alude a “la ausencia de coacción por parte de otras personas”. Una persona encarcelada no tiene `liberty’ pero mantiene su condición de `freedom’. La primera expresión se refiere a una condición social, en cambio la segunda apunta a una condición psicológica.

    Buttler Shaffer resume la idea “Freedom es la condición que existe en la mente del ser humano. Es su estado de integridad”, no así Liberty que, como queda dicho, se refiere a la naturaleza de las relaciones sociales en un sistema abierto con marcos institucionales civilizados. Dicho sea de paso, en no pocas oportunidades se confunde la libertad en el sentido de las ciencias sociales para aplicarlo a territorios del todo impropios. Por ejemplo, no tiene sentido decir que no somos libres porque no podemos bajarnos de un avión en pleno vuelo o no somos libres porque no podemos ingerir arsénico sin sufrir las consecuencias. Estas dos acepciones proceden una de la física y la otra de la biología que nada tiene que ver con las relaciones sociales.

    También se ha dicho que los pobres no son libres pues ven restringidos sus consumos, lo cual también confunde aspectos cruciales. Ser muy pobre es una desgracia pero no tiene que ver con la libertad, de lo contrario deberíamos decir que todos nuestros ancestros no eran libres debido a su pobreza ya que todos provenimos de las cuevas, o también, debido a que todos somos pobres o ricos según con quién nos comparemos, en última instancia no habría tal cosa como la libertad. En este contexto, Thomas Sowell señala que la constipación es una desgracia pero tampoco tiene nada que ver con la libertad.

    La palabra “freedom” tiene origen germánico (“vridom”), mientras que “liberty” tiene raíz normanda de allí que en francés es “liberté” y también origen latino (“libérateme”). El tema es de gran interés puesto que permite distinguir dos planos bien distintos del análisis: por una parte la condición humana del libre albedrío y por otra el indispensable oxígeno para vivir en sociedad y permitir no solo el respeto recíproco sino liberar las energías creativas al efecto del mayor progreso moral y material que las circunstancias permitan.

    El asunto no es sencillo y no está exento de controversias puesto que en la parla convencional “to be free” es proceder en concordancia con “liberty” lo cual confunde y superpone planos, de allí es que muchas veces se emplean los términos como si fueran sinónimos. De todos modos, la distinción gramatical es pertinente puesto que ayuda a mirar el tema desde distintos ángulos lo cual complementa el estudio en estos campos tan vitales para nuestra supervivencia y tan poco comprendidos por megalómanos que pretenden imponer el manejo de vidas y haciendas ajenas.

    En este contexto vamos al tema de las grietas sobre lo que he escrito antes pero dado que se machaca con el asunto es pertinente volver sobre el tema aunque más no sea parcialmente. Según el diccionario una grieta en sentido específico significa “hendidura alargada que se hace en la tierra o en cualquier cuerpo sólido” y como uso más extendido alude al “desacuerdo”. Dejando a un lado la interpretación original de la geología, en aquella última acepción podemos decir que hay grietas intrascendentes, las hay que constituyen inútiles trifulcas donde se esgrimen cuestiones personales ajenas a las ideas, pero también surgen las indispensables para avanzar en el conocimiento.

    Si hubiera uniformidad no habría progreso, como ha explicado Karl Popper una y otra vez el conocimiento tiene la característica de la provisionalidad siempre abierto a refutaciones. Cuando se produce una refutación en cualquier terreno del conocimiento tiene lugar un salto cuántico hacia el progreso. De allí la importancia trascendental de la libertad de expresión: no es solo para adentrarse en los sucesos diarios sino principalmente para mejorar en el conocimiento vía grietas entre distintas teorías y maneras de mirar lo que ocurre. Bienvenidas entonces estas grietas puesto que sin ellas nos hubiéramos quedado estancados en el garrote y la cueva. Los desacuerdos resultan vitales y como bien ha apuntado Morris Cohen, quien sostiene que la verdad debe ser verificada empíricamente, por una parte no se percata que esa misma aseveración no puede verificarse empíricamente y, por otro lado, nada en la ciencia es verificado empíricamente puesto que todo es corroborable y transitoriamente al estilo popperiano.

    Entonces, debe ser recibida con aplausos la grieta que irrumpe cuando hay quienes adhieren al robo legal mientras que otros se oponen a semejante manotazo y suscriben el respeto recíproco. Mantener que en este ejemplo hay que acordar para ser verdaderamente democrático es no entender qué es la democracia tal como ha sido definida por los Giovanni Sartori de nuestra época, a saber, la consideración por las autonomías individuales en abierta oposición a los estragos del Leviatán que la convierten en mera cleptocracia: gobiernos de ladrones de propiedades, de libertades y sueños de vida.

    Hay temas vitales que se hace necesario insistir puliendo argumentos para lograr los cometidos. En nuestro medio uno de los ejemplos del determinismo -tal vez el más resonante- puede ilustrarse con lo que equivocadamente se ha dado en llamar “garantismo” que en verdad es “abolicionismo” donde se insiste en que el delincuente no es responsable de sus actos por lo que no debe penarse. Lo contrario trata de quienes explican la importancia de comprender que los humanos no somos solo una masa de carne y hueso sino que tenemos psique, estados de consciencia o mente que nos permiten salir de los nexos causales de la materia para elegir, preferir y optar, esto es contar con libre albedrío, es decir, con libertad, un atributo único de todas las especies hasta ahora conocidas. De lo contrario no podríamos distinguir entre proposiciones verdaderas y falsas, no podríamos revisar nuestras conclusiones, no habría tal cosa como ideas autogeneradas, responsabilidad individual, moral y la libertad sería solo una ficción.

    En el plano de las consabidas grietas, resumo un diálogo imaginario muy telegráfico pero estimo ilustrativo entre un economista (E) y un jurista (J) “modernos” que intentan poner algo de luz en el camino para la concreción de políticas a los efectos de aplicarlas a los sufridos pueblos de la acuciante realidad del momento. Sin embargo, a pesar de que el diálogo que sigue puesto en su versión más cruda es cada vez más frecuente (aunque habitualmente con un léxico que disimula en algo el fondo del asunto), las recomendaciones que surgen del intercambio que a continuación se expone, insiste en recetas y consideraciones absolutamente contrarias al bienestar general que surgen de la fenomenal incomprensión de la libertad (freedom) con que abrimos esta nota. De más está decir que lo que sigue no cubre ni remotamente todo el territorio de las iniciativas “modernas”. Son apenas una muestra.

    E: Sugiero que al efecto de este diálogo dejemos de lado por completo toda expresión técnica para que tenga la mayor difusión posible. Mi primer punto es que la compleja actualidad inexorablemente requiere la eliminación de cuajo del espíritu egoísta de los agentes económicos que solo se interesan en su bienestar personal sin importarles la situación de los necesitados. En este sentido, propongo la completa sustitución de la idea de comercio privado por la administración desinteresada de los gobiernos.

    J: Me parece institucionalmente sensato y muy claro lo que dice, pero es de interés agregar que la tradicional división de poderes como si se tratara de una competencia en el contexto de una independencia suicida debe verse, en cambio, como un equipo que, en forma conjunta, se dedique a suplir los intereses mezquinos y contradictorios del liberalismo, de este modo desaparecerá la nefasta especulación y se estimulará la solidaridad entre las personas.

    E: Naturalmente, la economía y las instituciones deben operar en tándem para que no quede vestigio del interés privado siempre disociado de la comunidad. En esta dirección y para lograr tan noble propósito debe sustituirse todo el cuadro de precios establecidos en base a la anarquía del mercado por indicadores fieles que obedezcan a las necesidades reales y no a fuerzas hegemónicas desarticuladas.

    J: Interesante y valiosa propuesta pero no puede llevarse a cabo sin una aceptación por parte de los medios de comunicación, puesto que con una prensa basada en el negocio la dirección del tratamiento de las noticias irá a contracorriente de lo genuinamente popular. En este sentido, comparto las políticas que han clausurado medios orales y escritos que no son afines a lo que le hace bien a la gente.

    E: No solo eso, sino que las empresas estatales se apartan por completo de las fuerzas irracionales y ciegas del mercado para abocarse a lo que es prioritario según planificadores debidamente entrenados. Más aun, la publicidad debe reemplazarse por consejos de las distintas ramas gubernamentales para que puedan abastecer necesidades reales y no las impuestas por la publicidad.

    J: También en línea con la sana institucionalidad y para hacer de apoyo logístico a lo que usted recomienda respecto a planificadores capacitados, las cátedras de leyes deberían unificarse en una universidad estatal, de lo contrario los reiterados debates y opiniones dispares conducen a la dispersión de esfuerzos y desperdicio de recursos.

    E: Así es, idéntico proceso debería aplicarse a las cátedras de economía para reducir costos de transacción y para no caer en los problemas que usted destaca. La educación es un bien público que nunca debió cederse a los particulares ya que con ello se cae en el escepticismo, se entroniza al rey dinero y el descrédito de los programas de gobierno.

    J: Retomo mi elaboración sobre el daño de la división de poderes y propongo que el Legislativo se convierta en el Comité del Partido con lo que también se evitará la competencia malsana entre legisladores para trabajar al unísono en pos del bienestar general sin palos en la rueda y así facilitar el diseño adecuado de las normas.

    E: Sin duda que todo el esquema en el que estamos pensando debe tener muy presente la redistribución de ingresos, no en base a criterios individualistas sino fundamentados en la justicia social. Un canal muy productivo para tal fin consiste en la utilización de las valiosas herramientas fiscales progresivas para mantener en brete a los acaparadores y abrir cauce a la eficiente asignación de los recursos disponibles al tiempo que se fortalece el igualitarismo que es el basamento de la armonía comunitaria y de los estímulos más potentes para trabajar, todo lo cual solo puede llevarse a cabo recurriendo al instrumental y la visión de largo plazo macroeconómicas que proporcionan las políticas solventes de Estado.

    J: En esta misma línea argumental, debe modificarse de raíz la noción liberal del derecho y reemplazarla por el derecho colectivista al efecto de dar cabida a los más necesitados hoy explotados por el capitalismo salvaje. Es indispensable ampliar derechos a los de la vivienda digna pero no meramente para pernoctar sino con los adecuados espacios con dormitorios amplios y bien iluminados y refrigerados, la alimentación nutrida con los suficientes hidratos de carbono, vitaminas y minerales presentados en forma de platos con cierta sofisticación en concordancia con la mejor gastronomía del momento, la recreación y el deporte en grandes estadios con todas las instalaciones más modernas, salarios al nivel de los mejores del mundo con jornadas cortas y gratificantes a lo que debe agregarse bonus trimestrales sustanciosos, música funcional de alta calidad, refrescos disponibles y así sucesivamente.

    Nota: este diálogo no es entre sordos porque los interlocutores no se escuchen, sino porque nos da la impresión que no prestan la más mínima atención al estudio de nexos causales y sobreimprimen fantasías que desembocan en curiosas y contradictorias conclusiones y porque las presentan como si fueran originales. No tienen idea del significado de la sociedad libre, lo cual desafortunadamente es corriente en nuestro atribulado mundo.

    Queda pues establecido el puente entre el significado de libertad, las grietas en el contexto de la generalizada incomprensión de la economía y el derecho.

  • Instituciones y pragmatismo: atención al gato.

    Las discusiones que se están generando estos días «son pragmáticas» me dice un analista, casi despreciando en su respuesta al planteamiento de las ideas; es decir, se plantea lo que se quiere y se deciden herramientas para obtenerlo. El problema con ésto es que siguen sin atenderse a las instituciones violentadas que generan estos pésimos resultados que padece la población en su conjunto. Entre oligopolios, privilegios, precios, inflación, corrupción y educación pasan desapercibidos los diseños que han dado origen a tal situación. Y si no se presta atención a las causas generadoras de la enfermedad, mal diagnóstico y peores resultados. Como los que estamos viendo.

    El problema es de diseño institucional y ello requiere mucho más que una mesa: por empezar, una República descansa sobre tres poderes y ellos deben o deberían ser entre sí un freno y contrapeso, por lo que a malas leyes violentadoras de los principios fundamentales, el Poder Judicial debería declararlas inconstitucionales; lo mismo debería hacer la Asamblea frenando al Ejecutivo ante extralimitaciones del poder y el Ejecutivo debería poder administrar la cosa pública sin demasiada intervención en los asuntos privados, que para ello está la sociedad que produce.

    Entonces, qué hacer?

    Ante todo, discutir los problemas donde reside el poder, que hasta donde rige la Constitución hoy día, es la Asamblea. A quien legitime otra situación, sería bueno refrescar lo que hiciera Fujimori en Perú en 1992, cuando disolvió la Asamblea y dicha medida fue aplaudida por el 80 % de la población, respaldándose así en una suerte de «legitimidad social» que tanto gusta al populismo. Pregúntense cómo terminó Fujimori y cómo transcurren sus días hoy. El apoyo de las masas cambia tan rápidamente como sus pretensiones e intereses;  y justamente para ello están las instituciones y su importancia.

    Pero atención, cuando hablamos de instituciones no nos referimos a edificios de ladrillos u oficinas gubernamentales. Las instituciones son los mecanismos que limitan al poder: división de poderes, el «rule of law», independencia judicial, libertad de prensa que funcionando, se limitan a garantizar el ejercicio de los derechos individuales (vida, libertad, propiedad) y miden con la misma vara al conjunto de la sociedad. A ello nos referimos con la igualdad de todos ante la ley.

    Por lo tanto, si un grupo de personas decide e impone reglas que deberá afrontar un grupo de la población para satisfacer al grupo que decide en forma circunstancial, estamos de facto violentando las instituciones y ello nos convierte en un grupo tribal, una sociedad cerrada y oscura como denominaba Karl Popper a este tipo de sociedades cavernarias. La aspiración debe ser a una Sociedad Abierta, donde la libertad y la propiedad sean los rectores de una sociedad de individuos que en el mercado realizan permanentemente acuerdos libres y voluntarios entre sí.

    Cómo hacerlo?

    El primer paso es no sonreír y pensar que ésto es academia, que «esto es en los papeles, pero que la realidad es otra». Son las ideas las que mueven el mundo, son el faro que ilumina el camino. No hay caminos medios: o se está con la libertad o se está contra ella. Aún cuando pequeñas intervenciones aparentemente sin importancia se imponen, se deben desestimar. A nadie parecía importarle mucho el control de precios hasta que le tocó; a nadie parecía importarle mucho los subsidios hasta que le tocó pagarlos; a nadie parecía importarle mucho la educación estatal hasta que le tocó padecerla; a nadie le importó mucho que el gobierno cerrara toda acción humana, hasta que le tocó sufrir sus consecuencias; a nadie le importó mucho el sistema de gestión estatal de salud y pensiones hasta que lo sufrió y así podrían enumerarse casi todas las actividades que deberían manejarse en el ámbito privado y el gobierno lo hace público. Y la lista es enorme y continúa.

    Sin embargo, con todo a la vista, se siguen cometiendo los mismos errores una y otra vez. Se debe terminar de una buena vez por todas con la idea del pragmatismo;  las políticas se deben decidir en razón de las ideas. Si no se tiene clara la Visión, nos puede pasar lo que a Alicia, la del país de las maravillas del famoso cuento de Lewis Carroll, cuando le pregunta al gato de Cheshire en un cierto punto qué camino debía tomar. Cheshire le contesta: “Eso depende mucho del lugar adonde quieras ir. Si no sabes adónde quieres ir, no importa qué camino sigas”.

  • Cuando los bomberos incendian

    Como es bien sabido una de las novelas más conocidas de Ray Bradbury titulada Farenheit 451 se ocupa de una sociedad del futuro donde los libros estarán prohibidos y los bomberos -los comisarios del conocimiento- tienen a su cargo la misión criminal de quemar a su paso todas las obras que estén a su alcance, es decir la bestialidad contracultural llevada al extremo.

    La novela de marras relata lo ocurrido con un bombero arrepentido que se une a las fuerzas de la resistencia, pero en el mundo real se piensa que solo en el régimen nazi y en el comunista del pasado han sucedido estos hechos aberrantes de la censura más brutal. No es así, no solo en los regímenes totalitarios de hoy se sucede con más o menos desparpajo la acción de la policía de pensamiento sino en lugares que se dicen parte del mundo libre se llevan a cabo episodios de muy diversas maneras de censura encubierta y no tan encubierta vía restricciones a la libertad de prensa.

    Pero en esta nota periodística quisiera mantenerme en el eje central de la trama que nos presenta Bradbury: bomberos que incendian. Eso es precisamente lo que tiene lugar cuando asumen gobiernos cuya misión consiste en garantizar y proteger derechos de los gobernados pero henos aquí que los conculcan, los atropellan, los barren aunque pretendan disfrazar las medidas con cosméticas varias para engañar a incautos. Pero falsos bomberos que en verdad incendian, vaya paradoja macabra.

    Como se ha dicho una y otra vez los pronosticadores que más han acertado con los sucesos del futuro son los Julio Verne de antes y de ahora. Aldous Huxley en su memorable Mundo feliz revisitado constituye otro caso sobresaliente donde el autor reexamina su obra original de 1932 y corrige algunos conceptos clave y publica en 1958 esta nueva versión que resulta extraordinaria excepto su preocupación sobre el exceso de población planetaria con que abre su libro.

    Me detengo un minuto en este aspecto inicial para luego zambullirme en otros de sus lados muy fértiles por cierto. Ya Malthus había escarbado y advertido sobre el asunto de la llamada sobrepoblación lo cual fue actualizado por el Club de Roma. Ambas posiciones erradas son refutadas por la experiencia de crecimientos vegetativos inmensos y simultáneamente mejoras notables en el nivel de vida, lo cual ilustra del mejor modo Thomas Sowell. Este último autor invita a considerar un ejercicio muy ilustrativo que llevó a cabo en los 70: tomar toda la población del orbe y dividirla por cuatro para acercarse a una familia tipo y colocarla en la imaginación en el estado de Texas lo cual daba como resultado 650 metros cuadrados por familia que es el equivalente del espacio habitacional de una familia tipo en Estados Unidos. También muestra que Somalía y Estados Unidos tienen la misma densidad poblacional, igual que ocurre con Calcuta y Manhattan. Esta gimnasia la realiza Sowell para demostrar que el problema no es de sobrepoblación sino de marcos institucionales que en unos casos conducen a la pobreza y en otros a la prosperidad. Agregamos nosotros al margen que las características en general de las estadísticas poblacionales ponen de manifiesto una caída en el crecimiento con lo que aparece un envejecimiento con los consiguientes problemas agudos que ponen aun más al descubierto la trampa de los sistemas de inseguridad antisocial basados en procedimientos que no se necesita ser un actuario para descubrir la encerrona y la necesidad de abandonar los sistemas de reparto quebrados para recostarse en los de capitalización.

    Pero dejemos estas disquisiciones respecto a los andamiajes poblacionales para ir a las reflexiones de Huxley en línea con la trama de Bradbury. En primer lugar, el espanto que se traduce en los consejos de “ajustarse a los demás” lo cual destruye la individualidad que es lo más preciado y característico del ser humano. En lugar de estimular lo distinto, lo creativo, lo diferente se aplasta al ser humano insistiendo que la nivelación es constructiva, repitiendo como loros que la uniformidad y la igualación es la meta con lo que se convierte a lo humano en animalismo. Escribe Huxley que “cuando se subordina los fines a los medios aparecen los Hitler y Stalin” y concluye en este apartado que debe estarse muy alerta y prevenidos con los ingenieros sociales que pretenden imponer desde el poder sus esquemas.

    Mantiene este pensador que las muchedumbres son peligrosas ya que “son caóticas puesto que no tienen propósitos propios y son incapaces de nada excepto de acciones inteligentes y pensamiento realista. Reunidas en asambleas la gente pierde su capacidad de razonar de elección moral. Se sugestionan fácilmente a un punto que dejan de lado juicios personales y voluntad propia. Son sensibles a la propaganda, a los slogans vacíos y alas sobresimplificaciones.” Es por ello que destaca la importancia decisiva de la lectura que es una faena privada y no colectiva que requiere silencio y concentración.

    Este es el cuadro de situación que permite que afloren los demagogos, es decir “la imbecilidad moral” que convierten a los súbditos en cosas que hay que manipular a costa de ellos mismos. Los cánticos, las marchas y los gritos sofocan todo indicio de razonabilidad.

    Todos nosotros, dice Huxley, decimos que “queremos la paz y la libertad pero muy pocos de nosotros mostramos entusiasmo por los pensamientos, los sentimientos y las acciones que conducen a la paz y la libertad. También se dice que se rechaza la guerra y la tiranía pero son muchos los que se regocijan con las ideas, sentimientos y acciones que conducen a la guerra y a la tiranía. Las mayores tonteras que avergonzarían a cualquiera que las escribiera o dicha puede ser cantada y coreada” en grupos vociferantes puesto que “el propio gobierno está en relación inversa a los números” en cuyo contexto “los grandes temas del día deben ser tratados a lo más en cinco minutos” ya que “el método para vender a los candidatos políticos como si fueran desodorantes”.

    Y viene luego el clímax del libro con el adoctrinamiento en lugar de la educación y en última instancia la invención de químicos que haga dóciles a la gente. En este sentido el Gran Hermano de Orwell -Eric Blair pues lo orwelliano era un pseudónimo- muestra el horror de la bota totalitaria pero la trama de Huxley va más allá y sugiere la ayuda de químicos que darán la sensación de felicidad como cobertura para imponer los caprichos del aparato estatal. En otros términos si bien es horrendo el cuadro orwelliano de los abusos del poder político esto que sugiere Huxley es mucho peor pues son las personas las que pedirían ser esclavizadas no solo vía los químicos sino a través del uso desaprensivo y temerario de herramientas tecnológicas para el control y el vaciamiento de todo vestigio humano.

    Para dejar de lado a Huxley no puedo resistir la tentación de reiterar una vez más una de las conclusiones vitales de este pensador de fuste. Escribe en Ends and Means que “En mayor o menor medida, entonces, todas las comunidades civilizadas del mundo moderno están formadas por un pequeño grupo de de gobernantes corruptos por demasiado poder y por una cantidad grande de gobernados corruptos por demasiada obediencia pasiva e irresponsable.”

    Entonces el asunto radica en fortalecer la educación que remite a la trasmisión del valor central del respeto recíproco y en el plano político debemos abrir debates al efecto de introducir nuevos límites al poder porque lo que viene ocurriendo es que se naturalizan avasallamientos a las libertades que conducen a los peores resultados, especialmente para los más vulnerables. Tenemos que repensar las salvaguardas del sistema para no ser ahogados en mares embravecidos que no nos darán tregua a menos que encontremos los botes salvavidas.

    Es muy pertinente referirnos a cuatro opiniones de muy distintas épocas para ilustrar el tema del abuso del poder en el contexto de la falsificación de la democracia. En primer lugar en la antigüedad el tribuno Cicerón: “El imperio de la multitud no es menos tiránico que el de un hombre solo y esta tiranía es tanto más cruel cuanto que no hay monstruo más terrible que esa fiera que toma la forma y nombre de pueblo”. En segundo lugar el padre de la Constitución estadounidense James Madison que diferencia una facción de un partido político: “Por una facción entiendo un número de ciudadanos, sea mayoría no minoría, a los que guía el impulso, la pasión o los intereses comunes en dirección al conculcamiento de los derechos de otros ciudadanos”. En tercer lugar el decimonónico Herbert Spencer: “La gran superstición política del pasado era el derecho divino de los reyes. La gran superstición política del presente es el derecho divino de los parlamentos”, Y por último el contemporáneo Bertrand de Jouvenel: “Para proclamar la soberanía de cada uno sobre sí mismo es preciso que cada miembro de la sociedad tenga un dominio propio en donde sea su propio señor […] La soberanía del pueblo no es, pues, más que una ficción y es una ficción que a la larga no puede ser más que destructora de las libertades individuales.”

    Los bomberos que incendian no debieran ser tolerados, de lo contrario terminamos como vaticinó Algernon Sidney -el precursor de John Locke- ”unos pocos tienen coronas sobre sus cabezas mientras que todos los demás tienen monturas sobre sus espaldas”.

    Antes he apuntado que Leonard E. Read subrayaba su admiración a los Padres Fundadores en Estados Unidos pero escribió que se equivocaron al recurrir a una expresión que venía de larga data y es “gobierno” ya que significa mandar y dirigir y concluía que cada uno debe hacer eso con su persona, “lo contrario es el mismo desacierto que llamarlo gerente general al guardián de una empresa”. Efectivamente, “gobierno” deriva del verbo latino “gubernare” que es “controlar” que remite al sustantivo “mens” que aplica en última instancia al control de la mente. En base a eso es que uno de mis libros lleva el título Hacia el autogobierno publicado en Buenos Aires, por EMECÉ en 1993 con prólogo del premio Nobel en economía, James M. Buchanan. En realidad para ser precisos el monopolio de la fuerza debiera denominarse Agencia de Seguridad, Agencia de Justicia o equivalentes, precisamente dos responsabilidades que en gran medida se eluden para encarar otras actividades que son impropias de un sistema republicano. Sin duda que mucho más importante que la cuestión semántica es la dimensión deformada y sobredimensionada del aparato estatal cualquiera sea la denominación que adopte.

    Cierro este texto con una referencia autobiográfica que remite a cinco pensamientos que me resultan decisivos para calibrar una buena vida y para defenderse de los falsos bomberos que pretenden incendiar. El primero es de William Faulkner: “Nunca hay que estar satisfecho con lo que se hace. Nunca es tan bueno como podría serlo. Siempre hay que soñar y apuntar más alto de lo que es posible hacer. No hay que preocuparse simplemente por ser mejores que los contemporáneos o que los predecesores. Hay que tratar de ser mejor que uno mismo”. Segundo Kim Bassinger para eliminar la soberbia: “Si lo quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes”, que se vincula con la reflexión de Viktor Frankl que puede aparecer como contrapuesta pero que bien mirada es complementaria para alimentar proyectos sin cerrazones mentales y consecuentes dogmatismos: “No dejes que lo que es alcance a lo que debe ser”. Cuarto, Rosa Montero como proyecto de epitafio: “Nunca se conformó con lo que sabía”. Y por último una autodefinición que me recuerda a una producción cinematográfica en la que Jack Nicholson era su protagonista que hacía de psicólogo que reunía a un grupo y les pedía a cada uno que se defina a sí mismo. Cuando habló el primero comenzó a recitar su curriculum a lo que Nicholson interrumpe para aclararle que no pidió saber qué hace cada uno sino quien es, lo cual es un ejercicio muy fértil. En esta línea argumental, Inés Berton transmitió una autodefinición con la que me siento identificado: “Soy una persona-esponja puesto que absorbo mucho y pretendo entregar mucho”.