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  • El gasto de planilla gubernamental necesita los aportes de tres canales para pagarse

    Es desconcertante ver que tantos critiquen el gasto gubernamental excedido y desviado, y la crítica no llega ni a primera base. Pero hoy, como ya parece ser todos los días, me encuentro que, de lo desconcertante hemos pasado a lo delirante, tanto en Panamá como allende. En particular me llamó la atención un artículo de James Bovard publicado por el Instituto Mises, en el cual el autor señala que a pesar de que la gran mayoría reconoce que el gasto desmedido es inmensamente perjudicial; ¡de pronto!, para el gobierno de Biden en USA, lo considera como el camino al progreso y la salvación. ¿De veras?

    Creer que derramando papelitos verdes podemos prosperar es clara señal de demencia o, de algo peor. En el caso de Biden, Bovard nos dice que este presidente declaro: “Tenemos que gastar estos dineros para asegurar el crecimiento económico, sin entrar en consideraciones de cuanto esto ayudara a la gente.” ¿Entendiste? Yo no. Allá lo llaman, “estímulo federal”; acá en nuestro patio una funcionaria de alto rango me dijo que era “welfare”, que traduce a bienestar social. Curioso que en tantos casos el bienestar lleva nombre y apellido.

    Uno de los problemas grandotes es lo difícil que es repartir tanto dinero o lo que sea a través de un aparato gubernamental que no es bueno ni para tapar baches en las calles. En Venezuela vimos el caso de buques llenos de comida, la cual se pudrió en los muelles porque Chávez no lograba repartirlo. Pero seguro que sus amiguitos sí lograron llenar alacenas.

    Tanto en USA como en nuestro patio, las autoridades jamás aceptarán que esos “estimulos” se deben al fracaso de los encierros que han destruido la economía y empobrecido a media humanidad; a punto que ya el COVID dejó de ser el problema principal. Ni hablar que en el proceso pisotearon las libertades ciudadanas y convencieron a medio país de que ellos, “las autoridades” eran la salvación; cuando en realidad son la perdición. En Panamá el sector informal, que antes andaba por el 40%, ahora anda por el 65% o más. Lo único bueno es que muchos están comenzando a copiarse de los asiáticos, que hace mucho estaban claritos en cuanto a eso de ser “empresarios”; o, mejor dicho, “emprendedores”. Y, a todo esto, ni entremos a ver lo de la educación; que, si antes andaba mal, ahora, simplemente, ¡no anda!

    Por otro lado, muchos se volvieron adictos a los “estímulos”; aunque nadie alertó acerca de lo que se estaba “estimulando”. Y, a todo ello, olvidado quedaron las advertencias de ilustres antepasados; tal como el economista Warren Nutter quien advirtió: “Mientras más se toma el gobierno, menos sobrevive la democracia.” Jefferson: “La dependencia es buena herramienta para los designios de ambiciones políticas. Plutarco, en los últimos días del Imperio Romano: “En esos tiempos los subsidios habían corrompido al pueblo, y la mayoría aprendió a comerciar con sus votos.” Montesquieu: “No se puede ser magnánimo sin una gran extorsión: para lo cual hace falta subvertir al estado. Hayek: “El concepto de que el estado debe ser guiado por la opinión de la mayoría tiene sentido solamente si esas opiniones fuesen independientes del gobierno.” En fin, todo cuanto anima al pueblo a ver a los políticos como salvadores, hace peligrar la libertad.

    A fin del día, el “regalierno” (gobierno regalón) nos llevará al desastre. La ley no sólo ha sido prostituida, sino que es tan extensa que ni los conocedores la conocen. El gasto gubernamental es cada vez más insostenible. La Prensa de hoy por Roberto González – 5/8/2021 nos informa que se contemplan $6,233 millones para la planilla estatal del 2022. Y ¡es sólo la planilla!, esa que se está pagando con préstamos. El Canal aportó $1800 al gobierno. Quiere decir que para el año 2022 necesitaremos un poco más de 3 «Canales de Panamá» para pagar solamente la planilla. No sé si el loco soy yo o si hay otros “locos” por allí.

  • La planilla como botín político

    Panamá no tiene estado de derecho y eso, definitivamente, perjudica nuestra institucionalidad; sin embargo, ello tiene ciertas ventajas, porque es mejor una institucionalidad incierta como la que tenemos que una mala institucionalidad. Tener una planilla de mandarines inamovibles que cobran sin trabajar como en ciertos países o en ciertas instituciones de nuestro país como la Caja del Seguro Social, no es bueno para la sociedad.

    En Panamá la planilla es vista descaradamente como un botín político. Se pagan las campañas nombrado a los activistas de los partidos en el Estado, independientemente de su competencia. Los salarios en el Estado para muchos profesionales son mucho mejores de los que ganarían en la empresa privada, trabajando mucho menos. Eso ha creado toda una clase media aspiracional que vive de ver a quien conocen y a quien se pegan para estar en el gobierno. Y a un gobierno en el cual hay un exceso de funcionarios con salarios muy elevados para sus calificaciones y utilidad real. Esto ha hecho que pese a la supuesta austeridad, la planilla siga y siga aumentando de nuevo gobierno en nuevo gobierno.

    Por otro lado, esta falta de vincular el salario a la capacidad y liberar a las personas de cualquier responsabilidad por su desempeño en el cargo, ya que lo que importa es su desempeño en la campaña, también hace que los funcionarios sean incompetentes en sus cargos o peor, corruptos; y esto afecta a todos los ciudadanos que dependen del buen desempeño de la administración pública.

    Por otro lado, tenemos ciertas ventajas. Una sociedad con una administración pública demasiado estable, con funcionarios nombrados por exámenes de oposiciones, como el la China de los Emperadores con sus mandarines confucianos o países como España o Francia donde se debe superar las oposiciones para entrar en la administración pública o graduarse en las Altas Escuelas, trae también sus problemas. Una sociedad en la cual los trabajos mejores pagados no son los más productivos, sino los trabajos en la administración pública, que se financian de los impuestos y tasas que pagan las personas productivas, no es una sociedad sana. Porque significa que las personas van a dedicar sus mejores esfuerzos no para emprender, no a producir bienes y servicios, sino para colocarse en un puesto donde se vive de lo que otros producen. Y es una mentira que un grupo cada vez más pequeño y sobrecargado de personas que pagan impuestos va a poder mantener una mayoría de funcionarios.

    Sencillamente como notó Bastiat, el Estado es la ficción de que todo el mundo puede vivir de los demás. No sé si todo el mundo puede vivir de los demás, pero los funcionarios, brinden servicios necesarios como la seguridad, justica, salubridad o no, viven de los impuestos que paga la gente productiva. Por lo tanto, su número debe ser limitado.

    En ese aspecto el buen gobierno debería seriamente pensar en revivir el programa de retiro voluntario de funcionarios del gobierno de Guillermo Endara. Porque tras las dos administraciones pasadas, el gasto público y la planilla se ha disparado. En su lugar, parece que primero tiene que seguir la tendencia a seguir nombrando y nombrando, para pagar deudas políticas a un partido que ha estado 10 años fuera de la planilla, con el riesgo de que llegue un momento en que el presupuesto del estado sea solo planilla y las inversiones tengan que financiarse con deuda. La tendencia parece ser ésa, austeridad solo en inversiones y servicios, en planilla no tanto. Esperamos que sea una tendencia pasajera.