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  • El Corredor Bioceánico que reescribe el mapa: la sombra que se cierne sobre el Canal de Panamá

    El Corredor Bioceánico que reescribe el mapa: la sombra que se cierne sobre el Canal de Panamá


    Hay obras de infraestructura que son simplemente carreteras. Y hay otras que son, en realidad, declaraciones geopolíticas. El Corredor Bioceánico de Capricornio pertenece firmemente al segundo grupo. Con 3.250 kilómetros de extensión, atravesando cuatro países y uniendo los puertos atlánticos del Brasil con los puertos chilenos del Pacífico a lo largo del trópico de Capricornio, este corredor es uno de los proyectos de infraestructura más ambiciosos del continente americano. Y su cuenta regresiva ya arrancó.

    La pieza que faltaba: el puente sobre el Paraguay

    Durante años, el eslabón más débil del corredor fue el cruce del río Paraguay. La pieza que cierra el sistema es el puente atirantado «Bioceánica», de más de 1.300 metros, que conectará Brasil con la orilla paraguaya entre Porto Murtinho y Carmelo Peralta. Mientras no existía ese puente, el cruce se hacía en barcaza, añadiendo horas de espera y limitando el tonelaje. Hoy eso está a punto de cambiar. La obra ha alcanzado aproximadamente el 90% de ejecución, con una previsión de conclusión para agosto de 2026, y está financiada con 93 millones de dólares aportados por la Itaipu Binacional.

    El trazado completo es una geografía de ambición: entra en suelo brasileño por Campo Grande y Porto Murtinho, cruza a Paraguay por Carmelo Peralta y Mariscal Estigarribia, atraviesa el norte argentino por Tartagal, Jujuy y Salta, y sale al Pacífico por los puertos chilenos de Antofagasta y Tarapacá. Por primera vez, estas regiones quedan unidas por una autovía continua diseñada con estándares logísticos modernos.

    La lógica de la Ruta de la Seda en versión sudamericana

    No es casual que analistas comparen el corredor con la gran estrategia china del Cinturón y la Ruta de la Seda. Sudamérica replica la lógica de las grandes rutas terrestres del modelo chino, donde Pekín lleva una década construyendo corredores asfaltados y ferroviarios que conectan provincias interiores con puertos. La diferencia es que aquí el motor no es un Estado único, sino un acuerdo entre cuatro gobiernos que, no sin fricciones, han logrado avanzar.

    El argumento económico es poderoso. Un barco que sale desde Brasil puede tardar más de 60 días en llegar a Japón. Gracias al Corredor Bioceánico, esa cifra podría reducirse a la mitad si las exportaciones se redirigen por los puertos del norte de Chile. Las autoridades paraguayas estiman que se recortarán hasta 8.000 kilómetros de navegación hacia China, y que los tiempos logísticos del comercio internacional se reducirán hasta 14 días.

    El eslabón que cruje: Argentina

    El cuadro, sin embargo, tiene una grieta notable. Mientras Brasil, Paraguay y Chile avanzan con determinación, Argentina aparece como el eslabón más débil. El ajuste de la administración Milei paralizó las obras del tramo argentino del Corredor: el gasto en infraestructura cayó un 82,3% en términos reales durante los primeros meses de 2024, y más de 2.000 obras dejaron de financiarse en el país. Salta y Jujuy, el corazón del tramo argentino, esperan inversiones que la Nación no termina de confirmar. El corredor puede operar sin Argentina —técnicamente hay rutas alternativas— pero la ausencia argentina achica sus ambiciones y su velocidad.

    La gran conjetura: ¿y el Canal de Panamá?

    Aquí llegan las preguntas más interesantes. ¿Puede el Corredor Bioceánico hacerle sombra al Canal de Panamá? La respuesta honesta es: no de forma inmediata, pero sí de forma progresiva y en combinación con otras piezas del tablero.

    El tránsito de un buque por el Canal de Panamá puede costar entre 500.000 y 800.000 dólares, una suma considerable que se traslada al flete y afecta a las tarifas comerciales. A eso se suman las sequías que en los últimos años han restringido el número de tránsitos diarios y generado colas de barcos que esperaban durante días. La vulnerabilidad climática del Canal es, paradójicamente, uno de los mejores argumentos de venta del Corredor.

    La verdadera amenaza no viene solo del Corredor de Capricornio, sino de un ecosistema de rutas alternativas que están tomando forma simultáneamente. La logística marítima de China ya ha bajado a Sudamérica con el puerto de Chancay, inaugurado en Perú en noviembre de 2024, diseñado específicamente para recibir los grandes portacontenedores que conectan Asia con el continente. Y Brasil y China trabajan en estudios para un ferrocarril bioceánico desde Bahía hasta Chancay. El mapa se complica para Panamá.

    La conjetura más razonable es esta: el Corredor Bioceánico no reemplazará al Canal —ese no es su objetivo inmediato ni su escala—, pero contribuirá a un reequilibrio del poder logístico en el hemisferio occidental. Cada tonelada de soja brasileña, cada cargamento de mineral chileno o de carne argentina que empiece a fluir por Antofagasta en lugar de Santos-Panamá-Asia, es un argumento financiero que debilita lentamente el monopolio panameño. Y en geopolítica, como en economía, los monopolios raramente sobreviven indefinidamente a la competencia.

    Sudamérica lleva un siglo siendo el patio trasero de las rutas ajenas. El Corredor Bioceánico es, entre otras cosas, la primera señal seria de que el continente empieza a diseñar las propias.

  • Una noticia que no debe pasar desapercibida: Maerks va a probar la ruta por el Ártico.

    Mientras en Panamá sigue el sainete de la Corte y la Procuradora, y se calientan las primarias, una noticia que debería tener primera plana ha pasado sin comentarios.

    Maerks va a probar la ruta por el Ártico.

    Esto significa varias cosas, y ninguna es buena, la primera es que el calentamiento climático global es cierto y la segunda es que le sale un competidor gratuito al Canal de Panamá y al Canal de Suez.

    Maerks piensa enviar un barco, el Venta Maerks, un híbrido de rompehielos y porta-contenedores de 200 metros de eslora capaz de transportar 3200 TEUs, desde Vladivostok, Siberia Rusa, a Busan, Corea del Sur a Bremerhaven Alemania y finalmente a San Petersburgo. Se espera que el buque cruce el estrecho de Bering el 1 de septiembre y llegue a su destino a fin de ese mes durando el viaje 40 días en lugar de los tradicionales 52 que le tomaría vía Suez. El viaje resultará en 7,500 kilómetros menos que si se realizara por la ruta tradicional por el Estrecho de Malasia, Suez, Gibraltar, Canal de la Mancha. La misión es demostrar si la ruta ártica es viable para un porta-contenedores. Los mismos tendrán temperatura artificial para evitar que las cargas se congelen. Para hacer el viaje se usarán estos barcos híbridos de rompehielos y porta-contenedores, los llamados clase ICE 1A. Actualmente la ruta polar de la seda, o sea, moverse del Atlántico al Pacífico por el Ártico solo se puede hacer 3 o 4 veces al año.

    Estos barcos híbridos están construidos por COSCO en la China. Y es que COSCO está interesada en abrir esta ruta desde hace tiempo y ya han hecho 14 viajes. Maerks lo está haciendo para poder competir con COSCO y con los japoneses de MOL que también están interesados.

    Se estima que el calentamiento global ha suprimido 40% de la capa de hielo en las últimas décadas. Esta tendencia de seguir hace la ruta del Ártico viable aunque con ciertos problemas, como la dependencia de buques más pequeños que un Panamax y construidos especialmente con capacidad rompehielos y para calentar la carga si ésta lo requiere, La principal competencia es Suez, que pasa barcos PostPanamax y aún más grandes, y pasa 17,500 buques al año, mientras que por ahora desde el 2016 solo han pasado 19 buques por la ruta de la Seda Ártica, 14 de ellos de COSCO.

    Pero esto es un aviso de en qué andan los Chinos y cómo las rutas marítimas van a cambiar en las próximas décadas. Y la gente de la industria lo sabe; países como Finlandia se preocupan por el cambio ecológico que significa esto, mientras que Putin crea brigadas especiales para la lucha en el Ártico. Todos quieren un pedazo del pastel; ya sea pesca, minería, petróleo, gas, turismo y/o rutas comerciales. La negativa de Trump a aceptar el cambio climático y los acuerdos de París es vista como algo cínica cuando su país se prepara para actuar bajo las condiciones nuevas que ese cambio climático parece traer. O la supuestamente progresista Noruega, ecologista hasta que vea que puede explorar por mas petróleo.

    Bajo el Ártico se encuentran un cuarto del petróleo y gas por descubrir en el mundo. Y se ha formado una carrera por explotarlo con Noruega, Rusia y los Estados Unidos a la cabeza, Rusia ha creado un mando militar y revivido la política de la Unión Soviética en temas militares e industriales del ártico. Sobre todo buscando el control del Mar de Barents, lugar desde donde un submarino misilístico puede atacar cualquier blanco importante en el mundo.

    Para Panamá el mensaje es claro, el mundo está cambiando y va a cambiar aún más. No sabemos qué tanto, pero sí sabemos que el Canal de Panamá va a tener competidores en las próximas décadas.

    Por lo tanto, la postura miope de los políticos de que podemos tener políticas públicas retrógradas en los temas agrarios, industriales, laborales, migratorios y de que podemos alegremente sacrificar nuestro sector servicios porque el Canal lo paga todo, tienen que cambiar. No podemos darnos el lujo de ser un país pegado a un canal .

    COSCO y Maerks ya están explorando el futuro, y ese futuro, para ciertas rutas ya no va a pasar por Suez ni por Panamá. Debemos estar preparados, ¿lo estaremos?