Etiqueta: biotecnología

  • Médicos trasplantan una oreja impresa en 3D hecha de las propias células de un paciente

    La impresión 3D se está volviendo común como herramienta para la fabricación, la construcción e incluso la preparación de alimentos, por lo cual, el avance de esta tecnología en el campo de la medicina tampoco iba a quedarse atrás. Esta última semana marcó un nuevo hito ya que el primer oído humano, mejor dicho, una oreja impresa en 3D se trasplantó con éxito al cuerpo de un paciente.

    El anuncio provino de 3DBio Therapeutics, una compañía de medicina regenerativa con sede en Nueva York. La empresa se fundó en 2014 y crea implantes vivos diseñados a medida para los pacientes. Hay empresas similares, como EpiBone, que fabrican partes del cuerpo personalizadas utilizando las propias células madre del paciente, pero el trabajo de 3DBio se centra en el tejido y el cartílago. Eso significa que podrían crear partes externas del cuerpo, como orejas o narices, pero también material para la columna vertebral y las articulaciones.

    Necesitar un nuevo oído no es un problema médico muy común, pero un trastorno congénito llamado microtia hace que uno o ambos oídos externos de una persona sean pequeños y subdesarrollados, o que falten por completo (eso se llama anotia). La condición afecta a alrededor de 1500 bebés nacidos en los EE. UU. anualmente, según el comunicado de prensa.

    Tener microtia no significa necesariamente que una persona sea sorda, ya que el oído interno a menudo no se ve afectado por la afección; es principalmente un problema estético, y los niños con la afección a menudo se someten a una cirugía para reconstruir la oreja cuando tienen entre 4 y 10 años, pero este puede ser un procedimiento costoso e invasivo, que usa injertos de cartílago de costilla y materiales sintéticos, y al final el resultado puede no ser simétrico al oído no afectado.

    La paciente que recibió la oreja impresa en 3D no había tenido una cirugía reconstructiva cuando era niña, le dijo al New York Times; y que la apariencia de su oreja no le molestó mucho hasta que fue una adolescente. Ahora tiene 20 años y es la primera paciente trasplantada en un ensayo clínico que inscribió a otras 11 personas. Su trasplante se completó en marzo y, más de dos meses después, la oreja parece estar integrándose perfectamente en su cuerpo.

    Los médicos tomaron un escaneo 3D de su oreja no afectada para que la oreja impresa en 3D coincidiera en forma y tamaño. Usaron un andamio de hidrogel de colágeno sembrado con las células de cartílago de la oreja. El comunicado de prensa no profundiza en detalles específicos, ya que la tecnología es patentada, pero es probable que la metodología de ‘impresión’ utilizada fuera similar a la descrita en un artículo de 2016 en Nature Biotechnology. Allí, una impresora integrada de tejidos y órganos entrelazó un hidrogel compatible con las células con una sustancia más rígida para el soporte estructural, dejando pequeños canales para que ingrese el oxígeno para que las células vivas en el centro de la estructura no mueran.

    De manera similar, 3DBio dice que su plataforma incluye una biotinta de grado terapéutico, procesos que expanden rápidamente la cantidad de células vivas y una tecnología que brinda soporte estructural temporal hasta que el cartílago vivo de la oreja crece lo suficientemente fuerte como para sostenerse por sí mismo. La compañía dijo que la oreja implantada continuará regenerando el tejido del cartílago con el tiempo, dándole la apariencia de una oreja natural.

    “Creo que mi autoestima aumentará”, dijo la paciente. Mientras tanto, para 3DBio, el exitoso trasplante de orejas es solo el comienzo. ‘Creemos que el ensayo clínico de microtia puede… demostrar el potencial de la tecnología para proporcionar implantes de tejido vivo en otras áreas terapéuticas en el futuro’, dijo Daniel Cohen, cofundador y director ejecutivo de 3DBio. “Esperamos aprovechar nuestra plataforma para resolver otras necesidades médicas insatisfechas de alto impacto, como la reconstrucción de lumpectomía y, finalmente, expandirnos a los órganos”.

    Fuente: Comunicado de prensa, Businesswire, New York Times.

  • Cómo la modesta BioNtech dio un salto de gigante tras su alianza con Pfizer

    Para desarrollar y comercializar su vacuna contra el coronavirus, la biotecnológica alemana BioNtech decidió aliarse con el gigante farmacéutico Pfizer. Los resultados fueron buenos y no se hicieron esperar. Veamos los motivos del éxito de esta decisión.

    Las pequeñas empresas tecnológicas, cuando dan con una innovación muy prometedora, se encuentran frente a una encrucijada: ¿vender la patente, vender la empresa o vender ambas?, ¿intentar desarrollar la innovación ellas mismas?, ¿aliarse con otra empresa?

    Si vende no podrá participar de su potencial crecimiento. Sin las capacidades ni el tamaño necesarios, desarrollarla de manera autónoma puede resultar complicado. Y la colaboración entre empresas siempre es difícil.

    Las grandes compran capacidades estratégicas

    Un gran desarrollo tecnológico no tendrá impacto si no se introduce en el mercado. A menudo, las empresas jóvenes y pequeñas generan innovación pero carecen de las capacidades necesarias para desarrollarla. Les falta músculo financiero para invertir en crecimiento. No tienen recursos comerciales, ni una marca reputada, ni contactos, ni presencia en el mercado, ni red comercial… Eso las hace muy vulnerables frente a competidores más fuertes que, si consiguen replicar la innovación, la escalarán rápidamente.

    En cambio, las grandes empresas pueden utilizar toda su potencia para crecer a toda velocidad y ocupar un sitio en el mercado del que será muy difícil desplazarles. Pero, a veces, ni para los gigantes es tan fácil. Por ejemplo, cuando la innovación está protegida por una patente o no es fácilmente replicable o mejorable. En ese caso, la innovación se convierte en una capacidad estratégica a alcanzar. Y la compra suele ser la manera más rápida de hacerlo.

    Se puede comprar la empresa o su capacidad (por ejemplo, la patente). Muchas veces, una cosa y la otra son lo mismo. Es el caso en empresas pequeñas que no tienen mucho más que esa patente o innovación. La llegada de una buena oferta de compra es una gran tentación, en la que muchos caen. Pero, con ello, podrían estar muriendo de éxito.

    ¿Es la venta el final del proyecto?

    A diferencia de las grandes empresas, donde hay muchos accionistas anónimos, las pequeñas suelen estar en pocas manos. No es raro que la opción de vender resuelva el futuro económico de los promotores. No es una mala decisión si ese es el propósito de los propietarios.

    Pero muchos emprendedores no buscan ganar dinero con su empresa. De hecho, marcar una diferencia en el mundo aparece como la segunda motivación en el colectivo de empresas nacientes o nuevas en la edición 2019-2020 del informe GEM España.

    Sea cual sea el objetivo de los fundadores, no hay que olvidar que obtener beneficios es imprescindible para garantizar el futuro de cualquier organización privada. Sin un colchón de recursos cualquier imprevisto se la llevaría por delante (incluida la competencia).

    Vender puede significar el fin de la participación de los promotores en su proyecto. Y, en todo caso, el cambio en las condiciones: al perder la propiedad se pierde autonomía y capacidad de decisión. Además, esto tendrá impacto sobre otras personas que con su implicación pueden haber contribuido al éxito del proyecto.

    La venta abre un futuro de incertidumbre para los empleados. ¿Y si los compradores solo quieren la patente y no les interesan las personas? También los proveedores podrían verse desplazados por los suministradores habituales del nuevo dueño. Y la comunidad local podría perder una oportunidad crecimiento económico y empleo si se desviase la producción hacia otros lugares.

    La alianza como vía para complementar capacidades

    Si no puede sola y no quiere vender, la empresa tendrá que buscar apoyos en otras que sí dispongan de las capacidades de las que carece. Esto puede lograrse a través de la colaboración.

    Las alianzas estratégicas generan un crecimiento más flexible porque exigen menos recursos a cada socio y permiten mantener la independencia jurídica en el resto de sus actividades. Pero requiere unas sólidas bases estratégica, jurídica y relacional.

    Tener que compartir la capacidad de decisión hace que las alianzas estratégicas sean inestables y difíciles de gestionar. Cuanto más se comparte, más oportunidades hay de que surjan conflictos y ganas de romper el acuerdo.

    Una de las causas de conflicto son las diferencias culturales y organizativas. La diversidad genera creatividad y complementariedad pero también dificulta la comunicación y el entendimiento.

    Si además los colaboradores son potenciales competidores, la susceptibilidad está servida. La coopetición (la suma de cooperar y competir) es complicada en la práctica. El temor al oportunismo sobrevuela la relación.

    Pfizer-BioNtech, una alianza ganadora

    En su presentación, BioNtech, empresa de investigación farmacéutica pionera en el desarrollo de inmunoterapias individualizadas, declara: “Aspiramos a utilizar todo el potencial del sistema inmunitario para combatir el cáncer y las enfermedades infecciosas”. Desde su fundación en 2008, tiene como meta convertirse en la empresa biotecnológica líder a nivel mundial en medicina individualizada contra el cáncer.

    Pero la innovación disruptiva es costosa y arriesgada. Y, aunque BioNtech ha conseguido avances tecnológicos importantes, hasta hace muy poco no tenía sus cuentas saneadas. Este problema es habitual en las pequeñas empresas: no tienen una cartera de proyectos ya rentables que les permita financiar los nuevos productos.

    En la actualidad, la empresa dispone de una potente cartera de más de 20 productos con potencial de mercado a 5 años vista. Pero de momento solo hay uno: la vacuna contra la covid-19, fruto de su alianza estratégica con Pfizer.

    La oportunidad surgió en 2020, cuando BioNtech trabajaba en el desarrollo de una vacuna contra el Sars-CoV-2 (la BNT162), basada en la técnica del ARN mensajero que ya estaba aplicando en sus terapias contra el cáncer.

    Pero todavía no había entrado aún en fase de pruebas clínicas. Necesitaba grandes capacidades y gran velocidad. Para su aprobación, había que probarla en decenas de miles de participantes.

    Después de la aprobación, serían necesarios importantes recursos financieros, industriales y logísticos, para la producción y entrega de millones de dosis de vacunas en todo el mundo. Y las condiciones específicas para su conservación, a menos de -70ºC, hacían aún más difícil el reto.

    Pfizer era un buen pretendiente

    El gigante farmacéutico global Pfizer disponía de las capacidades complementarias. Y, además, tenía ya una alianza previa con BioNtech para desarrollar una vacuna de la gripe, también basada en el ARNm. La gran diferencia de tamaño entre empresas no es la situación ideal para una alianza. Pero la experiencia previa de colaboración les permitió acelerar el proceso y disminuir los riesgos.

    Seguramente Pfizer hubiera preferido comprar la patente (o la empresa). Así podría desarrollarla de manera autónoma. Pero la propuesta de BioNtech era atractiva para otros pretendientes poderosos, lo que disminuía el poder de negociación de Pfizer. Y, además, BioNtech tenía un propósito claro: desarrollar tratamientos innovadores contra enfermedades graves basados en la inmunoterapia.

    No cabe duda de la capacidad de Pfizer para desarrollar tratamientos farmacológicos. Pero la diversidad es creatividad. Y la alianza ha permitido a BioNtech mantener su independencia.

    Una palanca para el desarrollo

    En septiembre de 2021 los beneficios de BioNtech habían superado los 7 000 millones de euros (frente a las pérdidas de más de 350 millones del año anterior).

    Con este colchón, podrá impulsar sus numerosos proyectos contra el cáncer y las enfermedades infecciosas. Y además, estará en mejor posición para contribuir al acceso equitativo a la salud.

    Pfizer y BioNtech se han comprometido a proporcionar a precio sin margen millones de dosis de sus vacunas contra la covid-19 para unos 100 países con rentas bajas, aunque algunas organizaciones no gubernamentales han puesto en entredicho este propósito.The Conversation

    Inmaculada Freije, Catedrática del Departamento de Management, Universidad de Deusto

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.