Etiqueta: BlackRock

  • La Gran Convergencia: cuando Wall Street se pone el disfraz de Satoshi

    La Gran Convergencia: cuando Wall Street se pone el disfraz de Satoshi

    Jay Jacobs, jefe de ETF de renta variable de BlackRock, lo dijo sin sonrojarse en el podcast Chain Reaction: tres cuartas partes de los compradores del IBIT nunca habían tenido un ETF antes. La frase suena a victoria para el bitcoiner casual. Léase de nuevo. No dice que TradFi entró en Bitcoin. Dice que Bitcoin está metiendo gente nueva en TradFi, y que una vez dentro, esos inversores acaban comprando el S&P 500 de BlackRock, el oro de BlackRock y, por qué no, el ETF de inteligencia artificial de BlackRock. En la gestora más grande del planeta a esto lo llaman, sin ironía, la «Gran Convergencia».

    Conviene tomarse en serio el nombre, porque describe con precisión lo que está ocurriendo: la disolución deliberada de la frontera entre cripto y el sistema que cripto nació para esquivar. Jacobs lo resume con una frase que cualquier minarquista debería subrayar en rojo: cada vez se va a hablar menos de TradFi contra DeFi y mucho más de TradFi y DeFi. No es una predicción neutral. Es un programa corporativo. Y como todo programa corporativo bien diseñado, no necesita prohibir nada: solo necesita volverse indispensable.

    El embudo, no la puerta

    El relato oficial desde 2024 era que el ETF al contado abriría las puertas de Bitcoin a los inversores tradicionales, demasiado prudentes o demasiado regulados para tocar una wallet. Jacobs admite ahora que el flujo es bidireccional, pero la dirección que a BlackRock le interesa de verdad es la otra: usar el imán de Bitcoin para atraer capital hacia su catálogo completo de productos indexados. El IBIT no es un servicio que BlackRock presta a los bitcoiners. Es un anzuelo con el que BlackRock pesca clientes nuevos para sí misma. Con 48.000 millones de dólares en activos y más de 765.000 BTC bajo su paraguas, ya no hablamos de un experimento de nicho: hablamos de la mayor operación de captura narrativa que ha sufrido el dinero digital desde su nacimiento.

    El cypherpunk original quería eliminar al intermediario de confianza. La Gran Convergencia hace exactamente lo contrario: instala al intermediario de confianza en el centro de la ecuación y le pone un wrapper de ETF para que parezca progreso. El propio Larry Fink llamó una vez a Bitcoin un «índice de lavado de dinero»; hoy lo vende como cobertura frente a la inestabilidad de la deuda soberana que sus propios fondos ayudan a sostener. La conversión no es ideológica. Es comercial. Y eso, para quien crea en la coherencia de los principios, debería ser motivo de alarma, no de celebración.

    La paradoja que nadie quiere nombrar

    Aquí está la trampa que el optimismo institucional prefiere no mirar de frente: para que Bitcoin alcance la escala que sus defensores siempre soñaron, tiene que pasar por las manos de las mismas estructuras centralizadas que estaba diseñado para volver irrelevantes. Cuantas más acciones de IBIT se venden, menos claves privadas se generan. Cuanto más cómodo resulta el ETF, menos gente aprende a custodiar lo propio. El bitcoiner que compra IBIT no posee Bitcoin: posee un derecho contractual sobre Bitcoin que custodia un tercero, sujeto a las mismas reglas, los mismos reguladores y los mismos riesgos de contraparte que el sistema bancario que Satoshi quiso esquivar en 2008. Es la diferencia exacta entre tener la llave y tener el recibo de quien tiene la llave.

    El ejemplo de la OPI de SpaceX, citado por el propio Jacobs, ilustra hacia dónde apunta todo esto: futuros perpetuos pre-OPI y acciones tokenizadas que llevan el volumen de operaciones de mil millones a veintidós mil millones de dólares en semanas. No es democratización del capital privado. Es la tokenización de los privilegios de Wall Street, envuelta en jerga blockchain para que la absorba sin resistencia una generación que asocia «cripto» con libertad. Convergencia, en efecto. Pero convergencia hacia el centro, no hacia los márgenes.

    Lo que está realmente en juego

    Nada de esto significa que el precio no vaya a subir, ni que la adopción institucional carezca de mérito como hecho de mercado. Significa que el éxito medido en dólares bajo gestión y el éxito medido en soberanía individual son, cada vez más, dos métricas que avanzan en direcciones opuestas. BlackRock no necesita destruir el ideal cypherpunk para neutralizarlo: le basta con financiarlo, empaquetarlo y cotizarlo en bolsa. Es la vieja lección minarquista aplicada a la era digital: el Estado y sus grandes operadores financieros rara vez prohíben aquello que pueden absorber y rentabilizar.

    La autocustodia sigue siendo, hoy como en 2009, el único acto que distingue a un propietario de Bitcoin de un accionista de BlackRock con extra de marketing. Todo lo demás —el ETF, el podcast, la «Gran Convergencia»— es Wall Street aprendiendo a hablar cypherpunk para vender, una vez más, la misma dependencia de siempre.

  •  Larry Fink habla sobre los “activos del miedo” y por qué importa

    En la reciente conferencia Future Investment Initiative (FII) en Arabia Saudita, Larry Fink, CEO de BlackRock, señaló que tanto el oro como las criptomonedas están dejando de ser meros instrumentos de inversión para convertirse en “activos del miedo”. La afirmación, lejos de ser un simple capricho, aporta luz sobre cómo las grandes instituciones ven el actual entorno financiero global: con incertidumbre monetaria, deuda creciente y un sistema fiduciario bajo presión.

    El oro y su caída simbólica

    Tradicionalmente, el oro ha sido considerado el refugio por excelencia: una reserva de valor cuando las divisas se debilitan, cuando los gobiernos imprimen o cuando los mercados tiemblan. Pero Fink observa una señal inquietante: el precio del oro ha experimentado una caída por debajo del umbral simbólico (por ejemplo, por debajo de USD 4.000 la onza). Esa caída pone en evidencia que incluso los activos “seguros” no lo son tanto cuando el miedo sistémico se filtra en los mercados. Fink explica que los flujos hacia oro y criptomonedas se comportan más como indicadores de ansiedad institucional que como simples refugios.

    Criptomonedas: de especulación a diversificación institucional

    En paralelo, Fink ha hablado de las criptomonedas —especialmente de Bitcoin— como algo más que activos de alto riesgo: las describe como “no malos activos”, y les concede un lugar similar al del oro.  Según él, el hecho de que grandes actores ahora contemplen las criptos refleja un cambio: la diversificación ya no es solo hacia más oro o más bonos seguros, sino hacia nuevas clases de activos que podrían responder al debilitamiento de los sistemas fiduciarios tradicionales.

    ¿Por qué importa para el panorama global?

    Tres consideraciones clave emergen de lo que Fink plantea:

    1. Deuda y riesgo soberano: En un mundo donde los gobiernos acumulan deuda, imprimen moneda o recurren a políticas expansivas, los activos tradicionales pierden parte de su atractivo relativo. Fink lo resume como una “moneda del miedo” en que muchos buscan refugio fuera de lo tradicional.
    2. Monedas fiduciarias cuestionadas: Si el dólar, el euro o el yen sufren depreciaciones o intervenciones masivas, los inversores institucionales comienzan a explorar opciones más allá de lo estatal. El oro y las cripto emergen en ese contexto.
    3. Cambio estructural en inversión institucional: Que BlackRock —gestora de más de 10 billones de dólares en activos— declare que las criptomonedas “tienen un lugar” y que el oro está recibiendo flujos por “miedo”, marca una transición en la forma en que entiende el riesgo global.

    Qué debemos observar

    Para quienes siguen los mercados globales, las declaraciones de Fink sugieren lo siguiente:

    • Cuidado con la idea de que existe un “refugio seguro absoluto”. Los entornos de alta incertidumbre pueden afectar hasta los activos considerados más sólidos.
    • Observar la entrada de capital institucional en criptomonedas: más allá del precio, el hecho de que actores tradicionales cambien de mentalidad es relevante.
    • Atender las señales macro-económicas: inflación, déficits fiscales, política monetaria y geopolítica tienen un papel directo en por qué los inversores buscan “alternativas”.

    Larry Fink nos pone frente a un mensaje claro: los hábitos de inversión tradicionales están cambiando porque el sistema financiero global está bajo tensión. El oro ya no brilla con luz propia como antes, y las criptomonedas están dejando de ser solo apuestas para convertirse en parte del debate serio sobre diversificación institucional. En un mundo donde “refugio” ya no significa lo mismo, estará en manos de inversores e instituciones adaptar sus estrategias al nuevo paisaje que Fink describe.

  • Las 5 ballenas con más tenencias de Bitcoin: Un vistazo al poder detrás de la criptomoneda

    Bitcoin, la criptomoneda insigne, no solo es un símbolo de independencia financiera para los entusiastas y pequeños inversores, sino también el objetivo de grandes instituciones que acumulan cantidades masivas de esta moneda digital. En 2024, mientras los usuarios de a pie sueñan con poseer al menos un Bitcoin completo, hay gigantes que controlan miles de ellos. A continuación, exploramos quiénes son estas entidades, las 5 ballenas que acaparan una parte significativa del suministro de BTC, y por qué su acumulación importa.

     1. Coinbase – 986.133 BTC (USD $62,6 mil millones)
    El intercambio de criptomonedas más grande de EE. UU., Coinbase, encabeza la lista con casi un millón de bitcoins bajo su custodia, valorados en más de USD $62 mil millones. Aunque estos bitcoins pertenecen principalmente a los usuarios que utilizan la plataforma para almacenar sus activos, la escala de esta cifra le otorga a Coinbase un poder significativo en el ecosistema de Bitcoin. Su función como custodio centralizado de activos digitales refleja una ironía: Bitcoin, una tecnología creada para eliminar la intermediación de terceros, está ahora bajo el control de gigantes como Coinbase.

    2. Binance – 624.385 BTC (USD $39,6 mil millones)
    Binance, el mayor intercambio del mundo por volumen de operaciones, ocupa el segundo puesto con más de 624.000 BTC. Al igual que Coinbase, Binance actúa como un custodio para millones de usuarios alrededor del globo. Sin embargo, su posición única, al no cotizar en una bolsa pública estadounidense, le otorga una flexibilidad que otros actores regulados no tienen, lo que contribuye a su acumulación masiva de criptomonedas.

    3. IBIT de BlackRock – 357.550 BTC (USD $22,7 mil millones)
    En menos de un año desde su lanzamiento, el fondo cotizado en bolsa (ETF) de BlackRock, iShares Bitcoin Trust ETF (IBIT), ha acumulado una impresionante cantidad de 357.550 BTC. Este ETF representa una de las mayores exposiciones institucionales a Bitcoin, lo que demuestra el interés de los inversores tradicionales en la criptomoneda. El respaldo de BlackRock, el administrador de activos más grande del mundo, legitima aún más a Bitcoin como un activo de inversión institucional.

     4. MicroStrategy – 252.220 BTC (USD $15,8 mil millones)
    MicroStrategy ha sido el pionero en la adopción corporativa de Bitcoin, comenzando en 2020 a comprar BTC como una estrategia de preservación de valor. Con más de 252.000 bitcoins, MicroStrategy ha acumulado una ganancia significativa en papel, y su CEO, Michael Saylor, ha sido uno de los principales defensores de Bitcoin en el ámbito corporativo. Su enfoque agresivo ha inspirado a otras empresas a seguir su ejemplo.

    5. GBTC de Grayscale – 221.649 BTC (USD $14 mil millones)
    El  Grayscale Bitcoin Trust (GBTC), uno de los productos de inversión en Bitcoin más antiguos, sigue siendo una de las mayores ballenas de la criptomoneda, con más de 220.000 BTC bajo su gestión. Desde su transformación en ETF, ha visto una gran salida de capitales, pero sigue siendo un actor clave en el mercado de Bitcoin.

    Los gobiernos y Bitcoin: ¿Una contradicción ética?

    Además de estas grandes corporaciones, los gobiernos de todo el mundo poseen colectivamente el 2,2% del suministro total de Bitcoin, lo que equivale a 471.380 BTC, valorados en unos USD $30 mil millones. Los mayores tenedores son los gobiernos de EE. UU. y China, con un total combinado de más de 400.000 BTC.

    Esta acumulación gubernamental plantea serias dudas desde una perspectiva libertaria y ética. Bitcoin nació como una respuesta a los abusos del sistema financiero controlado por los gobiernos y los bancos centrales. La acumulación de esta moneda por parte de Estados que históricamente han ejercido control sobre las finanzas de los ciudadanos, incautando o regulando el flujo de capitales, contradice la esencia misma de Bitcoin: un activo diseñado para ser soberano, descentralizado y resistente a la censura.

    Los gobiernos han obtenido la mayor parte de sus bitcoins a través de confiscaciones en investigaciones criminales. Sin embargo, su rol como tenedores de esta criptomoneda plantea una trampa: al participar activamente en el ecosistema de Bitcoin, los Estados podrían intentar ejercer el mismo tipo de control sobre este que ejercen sobre las monedas fiat. La centralización de tenencias de Bitcoin en manos gubernamentales corre el riesgo de transformar la moneda en una herramienta bajo la supervisión de los mismos actores que Bitcoin buscaba reemplazar.

    Desde una perspectiva libertaria, es éticamente inaceptable que los gobiernos posean Bitcoin. Bitcoin fue diseñado para empoderar al individuo, brindándole una forma de escapar de la inflación, la manipulación monetaria y la expropiación forzosa a través de impuestos abusivos. La apropiación de esta criptomoneda por parte de los gobiernos constituye una violación del principio básico de soberanía individual. Además, tener Bitcoin en manos estatales podría permitir a los gobiernos manipular el precio y la oferta en función de sus propios intereses, algo totalmente opuesto a la filosofía descentralizada de esta moneda.

    El excluido de la lista: Satoshi Nakamoto

    Aunque no aparece en esta lista, Satoshi Nakamoto, el creador anónimo de Bitcoin, es posiblemente la mayor ballena de todas. Se estima que Satoshi acumuló alrededor de 1 millón de BTC en los primeros días de la criptomoneda, gracias a su rol como uno de los primeros (y posiblemente únicos) mineros activos durante los primeros bloques. Con una fortuna que asciende a unos USD $63,5 mil millones a precios actuales, Satoshi permanece como una figura ausente en el ecosistema, pero cuyo potencial poder sigue siendo monumental. No obstante, los bitcoins de Satoshi han permanecido inmóviles desde su creación, respetando el principio fundamental de descentralización. Si algún día decidiera mover o vender esos bitcoins, podría impactar significativamente el mercado.

    El futuro:  Bitcoin en manos de gigantes?

    A medida que avanzamos en 2024, está claro que Bitcoin ya no es solo un refugio para el ciudadano promedio, sino también para los gigantes corporativos y los gobiernos. La concentración de grandes cantidades de BTC en pocas manos, tanto privadas como gubernamentales, pone a prueba la promesa original de esta criptomoneda de proporcionar libertad financiera y descentralización. Para aquellos que creen en los ideales libertarios, esta realidad es un recordatorio de que la lucha por mantener a Bitcoin fuera del control de los actores centralizados debe continuar.