Etiqueta: déficit fiscal

  • Déficit gubernamental

    Como ya es endémico en mis escritos: un “déficit” es una deficiencia en cantidad o calidad o la inhabilidad o incapacidad de la capacidad funcional o, una desventaja; particularmente en nuestra aptitud de llevar a cabo negocios u operaciones públicas.

    Pero, en esta ocasión me aviento en el pantano de los déficits gubernamentales, por varios motivos: por un lado, porque pocos le prestamos bola, a pesar de ser tema de vital importancia para todos; o, porque apuntan bastante bien hacia lo peor de los gobiernos perdidos en corrupción. Tal vez es más fácil verlo cuando el déficit se da en la casa, la familia y no alcanza para poner la paila. Ya veremos cuando no alcanza para la ruma de subsidios; esos que poco o nada subsidian y sí predisponen al colapso.

    El inmenso problema y peligro de los déficits gubernamentales es variado y enredado, a tal punto que muy pocos lo entienden y mucho menos nos interesamos por estudiar el asunto a más de decir cosas como: “el gobierno jamás quiebra”. Tal vez debemos examinar la definición de “quiebra”. Una simple definición de quiebra o bancarrota es la “insolvencia”; es decir, la incapacidad de pagar las deudas. ¡Jmmm!, ¿por qué estoy pensando en la CSS?

    Uno de los vicios, poco vistos en los déficits gubernamentales es que el gobierno que no puede pagar sus compromisos recurre a la emisión de bonos; es decir, a pedir prestado, endeudarse y a pagar intereses. Y… ¿quiénes compran esos bonos? Entre otros, los inversionistas que en vez de ahorrar e invertir en proyectos productivos se complacen en sacar ganancias de la pervertida administración gubernamental; con lo cual los déficits se hinchan y conducen a una contracción en el crecimiento económico.

    La deuda pública en Panamá, que hace 4 años andaba por un 37% del PIB hoy ya casi alcanza al 60% y, la gran pregunta: ¿ese aumento en el gasto deficitario nos ha traído ventajas o desventajas? Y, ni hablar lo que podría suceder si nos golpea una catástrofe nacional: un tsunami (Panamá es altamente susceptible a ello); también están el Barú, la Yeguada, Tisingal o tal, que podrían “emberracarse”; o que se produce un terremoto debajo del Canal y tal. Precisamente por estos motivos es que conviene un superávit y no un déficit. Claro ¡eso que le va importar a los zorros del momento!

    A todo ello, muy pocos ciudadanos se ponen a cavilar en las consecuencias que se dan en una economía en la cual el déficit central se desboca. En el caso de Panamá, que no emitimos papel moneda (¡gracias a Dios!) la inflación nos llega del norte. Sin embargo y como ya señalé, sí hay aspectos económicos negativos, directamente asociados a los déficits, que nos impactan. Uno de ellos es la merma en el ahorro y la inversión; lo cual produce serios impactos económicos a tío pueblo.

    En fin, y como bien lo señala Richard Rahan del Institute of Global Economic Growth: “No desesperéis. Cuando el gobierno fracasa, los emprendedores privados entrarán a llenar el vacío. La inflación y tal habrán destruido el valor de la deuda pública, permitiendo el surgimiento de un nuevo gobierno sin trapos colgando, tal como hemos podido observar en los antiguos países comunistas.” Y sí, pero mientras todo eso ocurre la gente sufrirá.

    Entonces, a ver cómo le cae todo eso a un pueblo al cual le inculcaron el odio a los “privado” e idealiza el centralismo, primo del comunismo. Es decir, no eligen al comunista pero sí a su cuate el centralista y de pezuña, precarista de lo ajeno. Bien pinta el gasto deficitario al ama oscura del politicastro.

  • Los rincones más oscuros de la CSS

    Me duele decirlo, pero… lo que nos ocurre y ocurra en y con la CSS nos lo merecemos. Advertencias no han faltado, pero pocos han escuchado. La institución amorfa que es la CSS que, como diría Cantinflas: “no es ni gubernamental ni privada sino todo lo contrario,” era una inmensa estafa que ha venido pasando agachada debido a las luces bajas, como decía Omar.

    No había que ser adivino para darse cuenta y entender que la estafa piramidal que era la CSS, desde su primer aliento infantil, la llevaría al desastre; una catástrofe que afectaría y afectará no sólo a los jubilados sino a toda la población ístmica.

    Hoy, que escucho a “conocedores”, a exministros y tal, hablar del “déficit fiscal de la CSS”, se me revuelve el tracto intestinal, ya que no es sólo asunto de un déficit económico sino uno moral y de sentido común; que, ciertamente, es el menos común de todos los sentidos. Hoy mismo leo en LP, bajo el título “desfase en informes financieros; CSS sin reporte actuarial desde 2019.” ¡Claro!, mientras otros pagaban el festín el malgasto no paraba. Y el problema no es sólo en el IVM sino en todo.

    El informe habla de el “IVM próximo a la quiebra…” Según parece el significado de “quiebra” es muy variable. Me parece que cuando una empresa no gubernamental la mantienen en un respirador pulmonar con los fondos de reserva, ya está en quiebra. Y más me crispa escuchar a algunas hablar de “salvar” la CSS; cuando la misma está como un paciente descerebrado que mantienen su carne viva con máquinas.

    En estos días me encontré con un médico que me dijo: “Si un paciente me llega con un uñero yo le cotizo $150 por la operación. Pero si el paciente decide ir a que se lo hagan en la CSS, la operación del pinche uñero le cuesta no menos de $600 a la CSS. Imagínense como será con otras intervenciones más complejas.

    O… está el caso que me contaron sobre la directora en la Junta Directiva que llevaba a sus hijos a las reuniones y los sentaba con ella a darles de las boquitas que les daban en la reunión. O… que había cantidad de Juntas Directivas que sólo duraban unos minutos, ya que su propósito era cobrar las dietas. O… las cirugías de cortesía a quienes no son ni asegurados ni pobretones. O… miles de botellas… Y, a todo ello ¡no a la privatización!; es decir, no a que puedas elegir al médico o clínica y pasar a ser cliente y no víctima infinitamente paciente.

    Pero, la realidad va mucho más allá y en dónde mejor la he visto pintada es en el relato de una charla que dieron en junio 17 de 2021 en el Mises Institute’s Medical Freedom Summit en Salen, Hew Hampshire. La charla la abrieron con el anuncio: “Señoras y señores, ¿por qué estamos aquí hoy? Antes que nada, porque en cierto sentido la práctica médica en América está rota…” La calidad sigue en deterioro y los costos en aumento.

    Menos mal que también hay buenas noticias; que, nos encontramos en la antesala de increíbles adelantos que revolucionarán no sólo la practica médica sino la manera en que pensamos de la salud en general. Recién mi médico me dijo: “Cada día encontramos remedios más naturales que son mucho más económicos y que podemos aplicar de manera preventiva; algo así como el dentista, que vamos a la limpieza y otras, en vez de esperar que se caigan los dientes. A fin de cuentas, los mismos médicos, los buenos, están inmensamente insatisfechos con la actividad.

    Este tema es muy complejo, e intento sintetizarlo. Lo primero es señalar que si no regresamos la práctica médica al mercado y seguimos creyendo que el gobierno nos puede dar salud o lo que sea; ¡estamos fritos! Y sí, el mercado también anda mal; enfermo de trampas y politiquería. Ya en USA hay médicos que se han aliado y abierto clínicas de cirugía que cobran apenas un 10% de lo que cobran otros centros que viven en el mundo del juega vivo.

    Ya los cambios se están dando y lo importante es tomar conciencia y poner atención. No será nada fácil ni grato pasar el mal tiempo neccesario para dar paso a los cambios, pero sin el purgante no hay remedio.

  • Tomar deuda para pagar deuda, una espiral negativa hacia el abismo.

    Días pasados me llegó, como a todos ustedes supongo, el video del enfrentamiento en la Asamblea entre una diputada y el Ministro de Economía panameño. Sin entrar en consideración sobre los errores conceptuales de la representante del pueblo al preguntar, y en lo que quizás muchos se quedaron, en la discusión, me voy a centrar en sólo un par de respuestas del Ministro Héctor Alexander.

    En dichas respuestas, se dijo, palabras más, palabras menos, lo siguiente: “Por la parte del financiamiento… voy a dar un pasito atrás para contestar esa pregunta; para un país como Panamá que no está ahorrando casi, las inversiones tradicionalmente, parte de ellas se financian con préstamo, y yo preveo que, en el futuro, en la medida que no tengamos ahorros suficientes para financiar todas las inversiones públicas, realmente yo creo que esa práctica, seguirá.”. “La otra parte de los préstamos que se tienen que hacer es, mientras Panamá no tenga la capacidad de poder pagar con sus propios recursos, lo que es la parte que tiene que ver con el refinanciamiento, bueno lo va a tener que pedir prestado, y es una verdad…”“…por ejemplo; el otro año hay 2,000 millones de dólares que vencen en deuda que va a ver que hacerle frente. Del 2020 al 2024 creo que hay como un tercio de la deuda total de los 30,000 millones va a estar venciendo. Entonces la pregunta es ¿cómo se le puede hacer frente a eso si usted no pide prestado para pagarla?, sino tiene que entonces estar seguro que esos 10,000 millones salen de los ahorros del gobierno básicamente. Y yo tengo que ser sincero que no veo que eso pueda ser posible. Así que realmente entonces, incluso como lo veo para el próximo año, 2,000 millones de dólares el gobierno no va a poder sacar 2,000 millones para bajar la deuda el próximo año realmente.”

    Todo lo expresado por el Ministro tiene una crudeza y sinceridad que lastimosamente no la hubo en los últimos 10 años. Son realidades que deberemos afrontar y que si no hubiera sido por el Covid, probablemente hubiéramos seguido gastando alegremente sin medir consecuencias. Si algo aprendimos con el virus es que el ahorro y no el gasto es la base de la fortuna; si hubiéramos sido prudentes con el gasto y hubiéramos tenido ahorros, la situación no sería tan mala como la estamos padeciendo ahora mismo.

    ¿Y cómo podemos enfrentar los próximos meses ante esta coyuntura? Tengo la respuesta, pero primero déjenme comentarles una anécdota  que debe dispararles una respuesta honesta de parte de ustedes.

    Resulta que un padre de familia recibe un día una tarjeta de crédito con un límite acorde a su salario y comienza a utilizarla sin demasiados contratiempos. Al tiempo, otro banco, que revisa su historial salarial y de crédito, decide enviarle otra tarjeta, pero esta vez, con un límite bastante más generoso respecto al salario. De pronto, este padre de familia, comienza a hacer regalos a sus hijos, luego compra materiales para embellecer la casa, su esposa le dice que no está segura, pero este entusiasta padre le dice que en realidad es una buena inversión, porque así eleva su valuación. Y luego se tienta en seguir comprando más cosas en cuotas varias en el tiempo.

    Los vecinos que lo miran, en secreto murmuran sobre su espectacular crecimiento, que seguro en el trabajo lo han ascendido. Y así las cosas, un día se da cuenta que las tarjetas están al tope y ya no logra con su salario (que por cierto, le han aumentado, pero no tanto como pensaba) llegar a pagar el mínimo requerido por su banco. Entonces se da cuenta que aún tiene algún saldo disponible en la otra tarjeta y corre al ATM más cercano para retirar en efectivo el disponible para ir al otro banco y pagar con ese efectivo el mínimo que debe. Por cada vez que hace esta transacción, los gastos financieros se le siguen incrementando y llega un momento que alcanza al límite de la otra tarjeta.

    Ya a esta altura, desesperado, sin lograr un nuevo préstamo del banco, acude a su empresa, que le da un respiro por un par de meses, pero entonces, el descuento directo del cheque quincenal, no lo deja llegar a hacer frente a los gastos normales de la casa y peor aún, los hijos que no quieren disminuir sus mesadas y la esposa no quiere disminuir sus salidas al cine, este señor  ingresa en un umbral de conductas que terminan rayando en lo incorrecto: no devuelve el dinero que le pidió prestado a un familiar, deja de pagar la luz, cuando le cortan el celular va y compra un chip prepago, intenta falsificar billetes..en fin, al final se queda sin trabajo porque llegó un virus a su comunidad. El cuento es que resultó que el señor no había progresado, sino que le dieron un crédito fácil y se dedicó a consumir. Eso es lo que dicen que se debe hacer quienes promueven a “el consumo” como la forma de generar riqueza en el país.

    Del otro lado, están quienes promueven la austeridad y ahorro, para que esta postergación del consumo a futuro genere, a quienes quieren hacer inversiones sostenibles, el suficiente crédito disponible y barato. Y para quienes no hagan inversiones, la suficiente tranquilidad de tener un respaldo el día que la situación lo amerite, como ahora mismo.

    En términos muy generales, tiene sentido endeudarse, la llamada deuda buena, para adquirir bienes o servicios que aumentan su valor con el paso del tiempo, de forma que en el futuro valdrán más que su precio inicial más el costo de su financiamiento  (la hipoteca para su hogar, por ejemplo). O para generar ingresos, como para un negocio nuevo o que reducen los gastos durante la vida del préstamo por importes que superan los costos de la deuda (cuando el pago del préstamo es menor al ingreso que genera el bien). Esto es lo que normalmente se denominan inversiones. En el caso del gobierno, deberían ser en salud, educación, seguridad, justicia, carreteras, como se acepta normalmente.

    Deuda «mala» en cambio es aquella que  incluye todas las que se contraen para adquirir bienes o servicios que no necesitamos o que no podemos permitirnos (por ejemplo, joyas o carteras de marcas de moda, abonos a gimnasios). Una práctica muy mala es utilizar préstamos de consumo cuyos plazos de repago son superiores a la vida del producto financiado. Esto es algo que muchas personas caen en la tentación cuando viajan, toman deuda de plazos a muchos años para pagar unas vacaciones que se consumen enseguida.  Para  estos gastos es mejor  ahorrar hasta poder pagarlos en efectivo, aunque use su tarjeta para hacerlo. En el caso del gobierno, todo el resto de actividades que le corresponden al sector privado, planilla, asesores, oficinas que no generan valor y sólo agregan burocracia que encima, son las responsables de la corrupción.

    La respuesta honesta que les solicité al inicio es ¿en qué situación consideran que el padre de familia habría actuado como un buen padre y qué debería haber hecho con las tarjetas?

    La respuesta que se den es la misma que deberían exigirle al Ministro y gobierno para que ejecuten. En mi caso, les diré, estamos como ese señor de la anécdota, solicitando deuda para pagar deuda y la única opción posible es el recorte del inmenso gasto público y generar suficiente ahorro para afrontar los pagos sucesivos que se vienen.