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  • «Inmigración, afrodisiaco de la política», una crítica de Guy Sorman

    Guy Sorman, en su artículo «Inmigración, afrodisiaco de la política» publicado en ABC, ofrece una crítica profunda sobre la manera en que la inmigración es utilizada por los políticos europeos como una herramienta de distracción y movilización, alejándose de las preocupaciones reales de los ciudadanos. A través de un análisis exhaustivo, Sorman subraya la desconexión entre el discurso político y las verdaderas inquietudes de la población, resaltando cómo la inmigración se convierte en un tema central para los políticos mientras que para los ciudadanos otras cuestiones como la economía y la seguridad son más apremiantes. Señalaremos algunas:

    Contradicción entre el discurso político y preocupaciones ciudadanas

    Sorman destaca que, a pesar del énfasis en la inmigración en los debates públicos, los sondeos revelan que los europeos están más preocupados por su poder adquisitivo, el aumento de los precios de la energía, la inflación y su seguridad. La preocupación por la inmigración aparece en un lugar mucho menos prioritario. Esta divergencia, según Sorman, se debe a que los políticos han adoptado la inmigración como un tema que, aunque no refleja las preocupaciones inmediatas de la ciudadanía, les permite generar miedo y movilización.

    Realidad vs. Percepción de la inmigración

    El artículo de Sorman desmitifica la percepción de una inmigración masiva y descontrolada. Señala que el número de inmigrantes que solicitan asilo en Europa, alrededor de un millón y medio por año, es relativamente pequeño en comparación con la población total del continente. Además, estos inmigrantes no se distribuyen uniformemente, sino que se concentran en países con mayores oportunidades laborales y menor hostilidad, como Reino Unido, Escandinavia y Alemania. Esta concentración refleja una búsqueda de integración laboral y no una amenaza cultural.

    Uso político y realidades económicas

    Sorman critica duramente la instrumentalización política de la inmigración, ejemplificada en las políticas restrictivas y a menudo inhumanas de ciertos líderes europeos. Menciona cómo la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, externaliza la protección fronteriza a países con regímenes cuestionables, demostrando una contradicción entre sus acciones y los valores democráticos que proclama. Asimismo, Sorman elogia la política de acogida de Alemania durante la crisis siria, donde los inmigrantes se han integrado y contribuyen positivamente a la economía.

    Propuestas pragmáticas para la inmigración

    El autor presenta soluciones pragmáticas para manejar la inmigración de manera eficaz y humana. Entre ellas, propone el aumento de visados temporales para trabajadores, facilitando el movimiento entre los países de origen y destino, y la venta de visados de trabajo, una medida que podría financiarse mediante una contribución inicial de los inmigrantes. Estas propuestas, según Sorman, no solo beneficiarían a los inmigrantes y a los países de acogida, sino que también reducirían la dependencia de discursos demagógicos y medidas ineficaces como la militarización de fronteras y las deportaciones masivas.

    Guy Sorman concluye que las soluciones realistas y humanitarias para la inmigración son posibles, pero requieren un alejamiento de la retórica política basada en el miedo y la manipulación (que ha ayudado mucho a la emergencia de partidos de derechas extremadamente radicalizados). Argumenta que estas medidas podrían resolver muchos problemas asociados con la inmigración, como las travesías peligrosas y la explotación por parte de traficantes, promoviendo una integración efectiva y beneficiosa para todos. Sin embargo, reconoce la dificultad de cambiar la narrativa política y convencer a los líderes de abandonar sus «afrodisíacos» discursivos. El artículo de Sorman es una llamada a la reflexión sobre cómo se debe abordar la inmigración, no como una herramienta política, sino como un fenómeno que requiere soluciones prácticas y humanas.

  • Inmigración y Liberalismo: Una Perspectiva Reflexiva

    En un artículo reciente para ABC, Guy Sorman aborda el tema candente de la inmigración y el auge del populismo en Europa.

    En un mundo azotado por la desinformación y las interpretaciones sesgadas, la reciente cobertura de las elecciones parlamentarias en Países Bajos ha ilustrado cómo los titulares pueden distorsionar la realidad. La victoria aparente del partido de Wilders se ha presentado como un triunfo rotundo de la extrema derecha. No obstante, una mirada más detallada revela una situación matizada: 35 escaños de 150 no equivalen a un dominio absoluto ni a una señal de asunción del poder.

    ¿Por qué temer al partido de Wilders? La etiqueta de «extrema derecha» parece más una representación simplista. Sería más preciso definirlo como populista, una ideología que, ya sea de derecha o izquierda, niega la diversidad y busca la uniformidad cultural y nacionalista. Este populismo, arraigado en la hostilidad hacia la inmigración, ha ganado terreno en varios países europeos, planteando cuestionamientos sobre su compatibilidad con la democracia.

    Es crucial discernir que si bien los populistas pueden rechazar la diversidad, cuando acceden al poder, su actuación tiende a ser más moderada de lo que sus discursos proclaman. Esta moderación ha sido evidente en países como Italia, Suecia y Eslovaquia, aunque Hungría presenta un panorama más preocupante para la democracia.

    Resulta injusto demonizar a los populistas opuestos a la inmigración. Representan una parte significativa de la población y encarnan preocupaciones legítimas. Si bien es válido no compartir esas inquietudes, no se puede tachar de fascistas a todos los votantes que respaldan estos partidos. Es fundamental aceptar los resultados y analizarlos desde una perspectiva liberal.

    El paradigma liberal exige reconocer la dignidad de todos los ciudadanos, independientemente de sus creencias, siempre y cuando respeten la Constitución. El aumento del voto populista en Europa es sintomático de una inquietud real. Podemos cuestionar a aquellos hombres blancos que temen la supuesta islamización de la sociedad, pero ¿podrían tener razón en sus temores? Desde una óptica liberal, comprender la naturaleza de esta migración es primordial.

    La migración no está exclusivamente compuesta por los más desfavorecidos, sino también por individuos emprendedores. Su arduo viaje hacia Europa merece compasión. A nivel demográfico, estos inmigrantes contrarrestan el envejecimiento de la población europea. Aportan mano de obra en sectores desatendidos por locales, aunque también se benefician de servicios públicos financiados por impuestos europeos.

    El debate migratorio carece de reflexión. Los populistas se oponen, pero ofrecen pocas soluciones realistas. Los demás partidos, a menudo, evitan abordar la problemática. ¿Existe una solución? Los principios liberales podrían proporcionar un camino viable.

    Los liberales abogan por dos enfoques en materia migratoria. Uno de ellos, planteado por economistas como Gary Becker, sugiere que los inmigrantes paguen una tasa de entrada, dado que acceden a un capital acumulado del que no han contribuido. Esta teoría, aunque no implementada, ilustra las implicaciones económicas de la migración.

    Otra alternativa, la «solución helvética», adoptada por Suiza hasta 2016, establecía cuotas anuales de inmigración basadas en las necesidades laborales. Esta propuesta, promovida por Daniel Cohn-Bendit, propone que la Eurocámara adopte cuotas periódicas de inmigración legal, legitimando así la inmigración bajo parámetros controlados.

    En lugar de temer una toma de poder de la extrema derecha o abrazar la inmigración sin restricciones, aboguemos por una solución realista, humana y aceptable para todas las partes involucradas. Los liberales tienen la responsabilidad de elevar su voz en este debate y ofrecer soluciones fundamentadas en los valores de dignidad, libertad y respeto.

    El texto original de Guy Sorman plantea una perspectiva desafiante y reflexiva sobre la inmigración, destacando la necesidad de soluciones pragmáticas en consonancia con los principios liberales. La inmigración, vista desde este prisma, se convierte en un tema complejo que requiere un análisis profundo y soluciones innovadoras para abordar sus múltiples facetas con humanidad y sensatez.

  • La Fundación de Georges Soros se va de Hungría y culpa al gobierno derechista de Orban.

    La presión del gobierno de Viktor Orban acabó con décadas de presencia en Hungría de la fundación del multimillonario estadounidense George Soros, que traslada sus actividades de Budapest a Berlín y denuncia la política «represiva» de las autoridades húngaras.

    La fundación Open Society (OSF, por sus siglas en inglés), que financia numerosas oenegés en Hungría y en el mundo, anunció este martes su marcha con palabras muy duras hacia las autoridades húngaras.

    ‘Se ha vuelto imposible proteger la seguridad de nuestras operaciones y nuestro personal en Hungría de la interferencia arbitraria del gobierno’, dijo Patrick Gaspard, presidente de Open Society Foundations, en un comunicado.

    Aunque OSF dispone de sucursales en numerosos países, incluida una importante oficina en Nueva York, el traslado de sus actividades y de un centenar de empleados desde Budapest hasta Berlín tiene un significado altamente simbólico.

    El multimillonario estadounidense George Soros, de 87 años, nació en Hungría de donde se exilió en 1946 tras huir del nazismo, y comenzó allí su labor filantrópica en 1984, bajo el régimen comunista.

    Soros es famoso por apoyar las causas más progresistas, desde la ideología de género hasta la tribalización racial, pero su idea fija, su obsesión, parece ser acabar con las fronteras y las identidades nacionales. El antiguo bloque comunista ha estado en el punto de mira del millonario incluso antes de que dejara de serlo. A principios de los ochenta empezó a crear fundaciones y centros allí para difundir su visión de ‘sociedad abierta’. En 1979 empezó a implantar en estos países su fundación matriz, la Open Society Foundation, al tiempo que hacía lo mismo en África, Asia y Latinoamérica. En 1992 fundó en Budapest su Universidad Centropeuropea en la que se formaron cuadros directivos que habrían de nutrir empresas y partidos de Europa del Este y la propia Rusia.

    Antes de las elecciones legislativas celebradas el 8 de abril en Hungría, Viktor Orban, exdisidente anticomunista que años atrás había obtenido una beca de Soros, convirtió al hombre de negocios en el enemigo número uno del país.

    «No derramaremos lágrimas de cocodrilo» tras el anuncio de la salida de OSF, declaró el gobierno húngaro a la agencia AFP.

    «Campaña de odio»

    El primer ministro húngaro, que acaba de ser reelegido con amplia mayoría para un tercer mandato consecutivo, basó su campaña electoral en el rechazo de la inmigración, en un país que apenas acoge a un puñado de demandantes de asilo.

    Orban acusa a Soros de querer inundar Hungría y Europa de inmigrantes, a través de las organizaciones que financia.

    El gobierno húngaro «invirtió más de 100 millones de euros  (119 millones de dólares) en fondos públicos en una campaña de odio» destinada a «difundir mentiras sobre la fundación y sus socios», se indignó OSF este martes.

    En 2017, las autoridades pusieron en todo el país carteles con la cara de Soros y avisos a la población, y enviaron «cuestionarios» contra el empresario a todos los hogares. Los detractores de Orban criticaron el carácter antisemita de esa campaña en la que el primer ministro presentaba al hombre de negocios estadounidense, de origen judío, como una figura de la «élite mundial» y de los especuladores «sin patria».

    El gobierno húngaro mostró su intención de proseguir su ofensiva contra el multimillonario y se dispone a presentar ante el Parlamento un nuevo conjunto de leyes llamado «Stop Soros», que prevé tasar las oenegés «que apoyen la inmigración» y hacer vigilar su personal por los servicios de inteligencia.

    En 2017, el Parlamento aprobó varias disposiciones para reforzar el control gubernamental sobre las oenegés que reciben fondos extranjeros, con las organizaciones de Soros en el punto de mira.

    Todos esos obstáculos influyeron en la decisión de OSF de abandonar el país, indicó la fundación, que aseguró, no obstante, que seguirá «apoyando» el trabajo de la sociedad civil en Hungría.

    Rusia fue el primer país en pararle los pies a Soros y frenar su injerencia en la política nacional. Soros tiene una especial inquina contra Putin y un plan para desestabilizar el país, el ‘Proyecto Rusia’, que preveía una repetición de los levantamientos ‘espontáneos’ de Ucrania en varias ciudades del país. Pero en noviembre de 2015, la oficina del Fiscal General anunció la proscripción de las actividades de las fundaciones de Soros en Rusia alegando riesgo para la seguridad nacional.

    En Macedonia, el «frente antiSoros» está encabezado por el exprimer ministro Nikola Gruevski, obligado a dimitir tras una oleada de protestas ‘inspiradas’ por Soros mientras el país se llenaba de refugiados procedentes de Grecia. Gruevski acusa a Soros de querer destruir su país por completo. En Polonia, donde Soros tuvo en tiempo una enorme influencia y del que ostenta el cargo honorífico de Comandante con Estrella de la Orden del Mérito de la República de Polonia, el más alto honor que puede recibir un extranjero, ya se han levantado voces en el Parlamento exigiendo que se le prive de este honor, alegando que financia elementos “antidemocráticos y antiplacos con vistas a combatir la soberanía de Polonia y su cultura cristiana nativa”.

    En la República Checa, el presidente Milos Zeman declaró en una entrevista en 2016 que “algunas de sus actividades son, cuando menos, sospechosas y se acercan a modos de injerencia en los asuntos internos de los países”. Opiniones similares empiezan a repetirse en Letonia y Lituania también.

    Viktor Orbán es uno de los pocos políticos que en su propia y proclamada visión se está enfrentando de frente a los mundialistas y a los izquierdistas que trabajan por la instauración de un gobierno mundial. La apropiación del leguaje en este punto es relevante, dado que Soros propone una Sociedad Abierta. ¿Quien lleva la razón entonces?