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  • Es urgente reiterar la importancia de la libertad de prensa

    La libertad de expresión no solo es una manifestación básica de respeto sino que el contraste de distintas ideas resulta vital para adquirir conocimientos

    La condición humana remite al libre albedrío que constituye el cimiento de la tradición liberal, solo así tienen sentido las ideas autogeneradas, la posibilidad de revisar nuestros juicios, las proposiciones verdaderas y falsas, la moral, la responsabilidad individual y la mismísima libertad. El pensamiento resulta imprescindible para evaluar los medios pertinentes al efecto de lograr fines apetecidos y la expresión del pensamiento constituye no solo una manifestación de la libertad sino que es el aspecto medular que permite alimentar el conocimiento, puesto que como ha señalado Karl Popper este tiene la característica de la provisionalidad abierta a refutaciones. Las críticas y las autocríticas son esenciales para el progreso de la insustituible aventura del pensamiento que es una consecuencia de la racionalidad.

    En algunos ocasiones cuando se estima que alguien está equivocado o no sigue las reglas de la lógica se le endilga la etiqueta de “irracional”, lo cual no es así: todo lo que hace el ser humano es racional a diferencia de los actos reflejos de la biología, cuando la medicina antigua propiciaba ciertas recetas hoy consideradas erradas no es que aquellos médicos eran irracionales, es que no contaban con el conocimiento que hoy disponemos y así sucesivamente.

    Se ha dicho, por otra parte, que la verdad debe estar sustentada en verificaciones empíricas a lo que Morris Cohen ha replicado que esa proposición no es verificable y el antes mencionado Popper ha explicado que nada en la ciencia es verificable, es solo de momento corroborable. La verdad se sustenta en la correspondencia entre el juicio y el objeto juzgado, el relativismo epistemológico, cultural, ético y hermenéutico echan por tierra con toda posibilidad de investigación, además de convertir en relativas las mismas aseveraciones del relativismo.

    Como ha sostenido Einstein, “todos somos ignorantes, solo que en temas distintos” y en el campo específico de cada cual también hay una dosis grande de ignorancia que se intenta contrarrestar en un difícil peregrinaje en el mar de ignorancia en busca de algo de tierra fértil en que sostenernos sin llegar nunca a un puerto definitivo puesto que la navegación es permanente. Por eso me resulta tan atractivo el lema de la Royal Society de Londres: nullius in verba, es decir, no hay palabras finales.

    El debate de ideas resulta imprescindible para ensanchar el conocimiento, de allí que la libertad de expresión no solo es una manifestación básica de respeto sino que el contraste de distintas ideas resulta vital para adquirir conocimientos. En esto estriba el progreso intelectual del que deriva todo progreso humano.

    Antes he escrito sobre la libertad de prensa -que es la manifestación de la antedicha liberad de pensamiento- pero dado el clima amenazador que se vive en distintas latitudes, se hace necesario reiterar lo dicho. Después del derecho a la vida le sigue en importancia el derecho de propiedad una de cuyas manifestaciones centrales es precisamente la facultad de expresar las propias perspectivas y contrastarlas con otras opiniones, para lo cual se requiere un ámbito de puertas y ventanas abiertas al efecto de permitir la mayor dosis de oxígeno, sin limitaciones de ninguna naturaleza. Este es el sentido por el que los Padres Fundadores en Estados Unidos otorgaron tanta importancia a la libertad de prensa y es el motivo por el que se insertó con prioridad en la mención de los derechos de las personas en su carta constitucional, la cual, dicho sea al pasar, fue tomada como punto de referencia en la sanción de la argentina. Jefferson escribió en 1787 que “si tuviera que decidir entre un gobierno sin periódicos o periódicos sin gobierno, no dudaría en elegir lo último”.

    Este es el sentido por el que mi distinguido amigo, el eminente constitucionalista Gregorio Badeni, sostuvo en su Tratado de libertad de prensa la trascendencia de este valor fundamental para la existencia de la sociedad libre y, asimismo, el correlato con la indispensable preservación de las fuentes de información.

    Esta libertad es respetada y cuidada como política de elemental higiene cívica en el contexto de una sociedad abierta, no solo por lo anteriormente expresado sino porque demanda información de todo cuanto ocurre en el seno de los gobiernos para así velar por el cumplimiento de sus funciones específicas y minimizar los riesgos de extralimitación y abuso de poder.

    Resulta especialmente necesaria la indagación por parte del periodismo cuando los aparatos de la fuerza que denominamos gobierno pretenden ocultar información bajo los mantos de la “seguridad nacional” y los “secretos de Estado” alegando “traición a la patria” y esperpentos como el “desacato” o las intenciones “destituyentes”. Debido a su trascendencia y repercusión pública internacional, constituyen ejemplos de acalorados debates sobre estos asuntos los referidos a los llamados “Papeles del Pentágono” (tema tan bien tratado por Hannah Arendt) y el célebre “Caso Watergate” que terminó derribando un gobierno.

    Por supuesto que nos estamos refiriendo a la plena libertad sin censura previa, lo cual no es óbice para que se asuman con todo el rigor necesario las correspondientes responsabilidades ante la Justicia por lo expresado en caso de haber lesionado derechos de terceros. Esta plena libertad incluye el debate de ideas con quienes implícita o explícitamente proponen modificar el sistema, de lo contrario se provocaría un peligroso efecto boomerang (la noción opuesta llevaría a la siguiente pregunta, por cierto inquietante ¿en qué momento se debería prohibir la difusión de las ideas comunistas de Platón, en el aula, en la plaza pública o cuando se incluye parcial o totalmente en una plataforma partidaria?). Las únicas defensas de la sociedad abierta radican en la educación y las normas que surgen del consiguiente aprendizaje y discusión de valores y principios.

    Hasta aquí lo básico del tema, pero es pertinente explorar otros andariveles que ayudan a disponer de elementos de juicio más acabados y permiten exhibir un cuadro de situación algo más completo. En primer lugar, la existencia de ese adefesio que se conoce como “agencia oficial de noticias”. No resulta infrecuente que periodistas bien intencionados y mejor inspirados se quejen amargamente porque sus medios no reciben el mismo trato que los que adhieren al gobierno de turno o a los que la juegan de periodistas y son directamente megáfonos del poder del momento. Pero en verdad, el problema es aceptar esa repartición estatal en lugar de optar por su disolución, y cuando los gobiernos deban anunciar algo simplemente tercericen la respectiva publicidad. La constitución de una agencia estatal de noticias es una manifestación autoritaria a la que lamentablemente no pocos se han acostumbrado.

    Es también conveniente para proteger la muy preciada libertad a la que nos venimos refiriendo, que en este campo se de por concluida la figura atrabiliaria de la concesión del espectro electromagnético y asignarlo en propiedad para abrir las posibilidades de subsiguientes ventas, puesto que son susceptibles de identificarse del mismo modo que ocurre con un terreno. De más está decir que la concesión implica que el que la otorga es el dueño y, por tanto, tiene el derecho de no renovarla a su vencimiento y otras complicaciones y amenazas a la libre expresión de las ideas que aparecen cuando se acepta que las estructuras gubernamentales se arroguen la titularidad, por lo que en mayor o menor medida siempre pende la espada de Damocles.

    De la libertad de expresión se sigue la de asociación y de petición que deben minimizar las tensiones que eventualmente generen batifondos extremos y altos decibeles que afectan los derechos del vecino, lo cual en un sistema abierto se resuelve a través de fallos en competencia como mecanismo de descubrimiento del derecho y no como ingeniería legislativa y diseño arrogante.

    Fenómeno parecido sucede con la pornografía y equivalentes en la vía pública que, en esta instancia del proceso de evolución cultural, hacen que no haya otro modo de resolver las disputas como no sea a través de mayorías circunstanciales. Lo que ocurre en dominios privados no es de incumbencia de los gobiernos, lo cual incluye la televisión que con los menores es responsabilidad de los padres y eventualmente de las tecnologías empleadas para bloquear programas. En la era moderna, carece de sentido tal cosa como “el horario de protección al menor” impuesto por la autoridad, ya que para hacerlo efectivo habría que bombardear satélites desde donde se trasmiten imágenes en horarios muy dispares a través del globo. Las familias no pueden ni deben delegar sus funciones en aparatos estatales como si fueran padres putativos, cosa que no excluye que las emisioras privadas de cualquier parte del mundo anuncien las limitaciones y codificadoras que estimen oportunas para seleccionar audiencias.

    Otra cuestión también controversial se refiere a la financiación de las campañas políticas. En esta materia, se ha dicho y repetido que deben limitarse las entregas de fondos a candidatos y partidos puesto que esos recursos pueden apuntar a que se les “devuelva favores” por parte de los vencedores en la contienda electoral. Esto así está mal planteado, las limitaciones a esas cópulas hediondas entre ladrones de guante blanco mal llamados empresarios y el poder, deben eliminarse vía marcos institucionales civilizados que no faculten a los gobiernos a encarar actividades más allá de la protección a los derechos y el establecimiento de justicia. La referida limitación es una restricción solapada a la libertad de prensa, del mismo modo que lo sería si se restringiera la publicidad de bienes y servicios en diversos medios orales y escritos.

    Afortunadamente han pasado los tiempos del Index Expurgatoris en el que papas pretendían restringir lecturas de libros y donde irrumpen en la escena comisarios que limitan o prohíben la importación de libros, dan manotazos a la producción y distribución de papel, interfieren en la cibernética o, al decir del decimonónico Richard Cobden, establecen exorbitantes “impuestos al conocimiento”. La formidable invención de la imprenta por Pi Sheng en China y más adelante la contribución extraordinaria de Gutemberg y ahora Internet, los medios digitales y las redes sociales no han sido del todo aprovechadas sino que a través de los tiempos se han interpuesto cortapisas de diverso tenor y magnitud pero en estos momentos han florecido (si esa fuera la palabra adecuada) megalómanos que arremeten con fuerza contra el periodismo independiente.

    Esto ocurre debido a la presunción del conocimiento de gobernantes que sin vestigio alguno de modestia y a diferencia de lo sugerido por Einstein, se autoproclaman sabedores de todo cuanto ocurre en el planeta, y se explayan en vehementes consejos a obligados y obsecuentes escuchas en imparables verborragias.

    Dados los temas controvertidos aquí brevemente expuestos -y que no pretenden agotar los vinculados a la libertad de prensa- considero que viene muy al caso reproducir una cita de la obra clásica de John Bury titulada Historia de la libertad de pensamiento: “El mundo mental del hombre corriente se compone de creencias aceptadas sin crítica y a las cuales se aferra firmemente […] Una nueva idea contradictoria respecto a las creencias que sustenta, significa la necesidad de ajustar su mente […] Las opiniones nuevas son consideradas tan peligrosas como molestas, y cualquiera que hace preguntas inconvenientes sobre el por qué y el para qué de principios aceptados, es considerado un elemento pernicioso”.

    El cuarto poder tiene prelación para la preservación de la libertad respecto a los otros tres, la sociedad libre se derrumba sin este valor. También he escrito antes para rendir homenaje al periodismo independiente (un pleonasmo pero por las situaciones que atravesamos vale el énfasis) pero en esta ocasión insisto en este muy sentido tributo pues dan batalla con un coraje y una perseverancia por lo que en gran medida le debemos la supervivencia, en contraste con sujetos disfrazados de periodistas pero vendidos al espíritu cavernario del autoritarismo siempre empobrecedor moral y materialmente.

  • Sobre la Tragedia de los comunes

    Hay un asunto que tiñe a todo el espectro del estatismo y es lo relacionado con los incentivos. Economistas de la talla de Ronald Coase, Harold Demsetz y Douglass North han trabajado especialmente en este tema y han publicado numerosos ensayos en la materia.

    El eje central de esta cuestión clave reside en comprender que independientemente de las convicciones de cada cual y de su proyecto de vida, resultan de gran importancia los incentivos naturales del ser humano al efecto de inclinarse por una u otra acción u omisión. Y en esta línea argumental es importante percatarse que lo que pertenece a una persona y que ha obtenido con el fruto de su trabajo le prestará mayor atención y cuidado respecto a lo que pertenece a otro; además, en una sociedad civilizada, naturalmente no tiene jurisdicción sobre lo ajeno. Entonces aquí tenemos una primera aproximación al aspecto medular de nuestro tema: está en el incentivo de cada uno proteger lo propio y con lo ajeno abstenerse de hacer daño pero no inmiscuirse a menos que sea invitado a hacerlo.

    Una segunda derivación del mismo principio general es que lo que es de todos no es de nadie y, por ende, los incentivos a cuidarlo no son lo mismo respecto a lo propio. Para ilustrar lo que venimos diciendo supongamos que una chacra en lugar de tener dueño se dice que es de todos. ¿Quién se esforzará en sembrar si otros pueden cosechar y llevarse el producido? ¿Cómo se imagina el lector será el destino y la administración de su domicilio si se decidiera que es del todo el pueblo?

    El sentido de la institución de la propiedad privada es precisamente para darle el mejor uso posible y en el contexto comercial el empleo de los siempre escasos recursos es para atender las necesidades del prójimo sea vendiendo empanadas, automóviles, libros o lo que fuera. El empresario que no sabe atender los requerimientos de los demás incurre en quebrantos y el que da en la tecla obtiene ganancias.

    Aristóteles en sus discusiones con Platón sentó las bases de lo que modernamente en ciencia política se conoce como “la tragedia de los comunes” que así fue bautizada contemporáneamente por Garret Hardin en la revista Science.

    Ilustremos esto con el caso de las mal llamadas empresas estatales, mal llamadas puesto que la característica esencial de la gestión empresarial es que se asume riesgos con recursos propios y no a la fuerza con el fruto del trabajo ajeno. No se trata de jugar al simulacro. Ahora bien, en el mismo momento en que la “empresa estatal” se constituye significa que se alteraron las prioridades de la gente en el uso de sus recursos y si se dijera que el emprendimiento coincide con lo que las personas hubieran hecho no tiene sentido la intervención. Por supuesto que si además esa entidad arroja pérdidas y es monopólica la situación no puede ser peor.

    Tengamos en cuenta que si se pretendieran justificar actividades antieconómicas que de otro modo no se hubieran concertado para atender zonas inviables, debe tenerse presente que las consiguientes pérdidas inexorablemente ampliarán territorios inviables. Pero en todo caso lo que aquí queremos apuntar es que hasta la forma en que se toma café y se encienden las luces no es la misma cuando el bien pertenece al titular que cuando lo pagan compulsivamente terceros. En democracia las decisiones tienen el límite del derecho del prójimo, en el extremo la mayoría no puede asesinar a la minoría sin demoler la democracia.

    No se trata entonces de personas mejores o peores en el área comercial del aparato estatal respecto al privado, es un asunto de incentivos que marcan comportamientos. Cuando se alaba lo colectivo y se combate lo privado se apunta a lo abstracto y se deja de lado lo concreto. Borges lo ilustraba muy bien cuando se despedía de sus audiencias: “saludo a cada uno porque es una realidad y no digo todos porque es una abstracción”.

    Por último, en este contexto no se diga que hay conflictos de intereses entre los particulares y los generales puesto que esto resulta imposible si se establece el respeto recíproco, esto es, la sociedad libre con la consiguiente garantía a los derechos de cada cual donde no aparecen esperpentos como los asaltantes disfrazados de empresarios que en lugar de operar en el mercado abierto se confabulan con el poder de turno para obtener privilegios.

    Cuanto más extendida sea la asignación de derechos de propiedad más fuertes serán los incentivos para cuidar y multiplicar lo propio, lo cual en nada se opone a la filantropía ya que la generosidad implica el uso y la disposición de lo propio, de lo contrario disponer coercitivamente de lo que pertenece a otros no es solidaridad sino que constituye un atraco.

    Esta visión de respeto recíproco mejora la condición de vida de todos pero muy especialmente de los más necesitados puesto que la contención del despilfarro permite incrementar las tasas de capitalización y consiguientemente salarios e ingresos en términos reales. La tragedia de los comunes empobrece. Los países pobres viven el síndrome de esta maldición y lo tragicómico es que se hace en nombre de los más vulnerables que lógicamente son cada vez más vulnerables.

  • Bolsonaro: “La Bolsa Sona”

    “Barcelona es bona si la bolsa sona, si la bolsa no sona, Barcelona no es bona”

    La aparición de Bolsonaro ha traído de nuevo a la palestra una discusión ética y política respecto a la izquierda y la derecha. Al respecto voy a insistir en que es un tema trascendente y a mi juicio Bolsonaro lo pone de manifiesto. En primer término dícese que Bolsonaro es de extrema derecha, y una vez más me pregunto que significa es calificación o descalificación.

    Todo parecería indicar que Bolsonaro pretende reinstaurar en Brazil el sistema político económico que cambió la historia del mundo, y trajo por primera vez en la historia la libertad y la creación de riqueza. Por tanto pareciera a partir de sus declaraciones que pretende liberar al Brazil del sistema de izquierda imperante que destruyó la economía y que también planteo la problemática de la libertad. Y no olvidemos eliminar la corrupción.

    En razón de esa actitud que considero una virtud, también se ha opuesto a la dictadura de Maduro en Venezuela y tampoco ha ignorado la prevaleciente en Cuba por casi sesenta años. Este último hecho parece ser ignorado en el resto del llamado mundo Occidental. Fue así que Obama firmó un acuerdo con Raúl Castro y los europeos continúan invirtiendo en las playas de Cuba.

    Es un hecho notorio que aparezca en América Latina una personalidad que como Bolsonaro pretende reconocer públicamente el fracaso económico del socialismo y su lamentable éxito político. Insisto pues en que la demagogia está presente en el mundo occidental vía el socialismo y la evidente confusión prevaleciente entre los derechos individuales y los derechos humanos. Hecho al que me he referido en anteriores oportunidades. Pero otra vez voy a insistir en la presente falacia de la igualdad como principio en que se basa la reducción de la pobreza, cuando la historia ha demostrado lo contrario.

    Cuando los derechos son del pueblo, nadie tiene derecho, y es la razón de ser de la instauración del poder absoluto. Y permítanme citar de nuevo a Alexander Hamilton que escribió: “Una peligrosa ambición subyace bajo la especiosa máscara del celo por los derechos del pueblo”. Pero Marx está presente en Occidente vía Eduard Bernstein que en discusión con Lenin dijo: “Al socialismo se puede llegar democráticamente y sin revolución”. Creo que lamentablemente tuvo razón, y a los hechos me remito.

    Al respecto escribió Fareed Zakaria en su artículo en Foreign Affairs: “Populism on the March”. Allí en primer lugar reconoció que Occidente está en problema y seguidamente escribió definiendo al populismo: “¿Qué es populismo? El significa cosas diferentes para diferentes grupos, pero todas las versiones comparten un recelo de una hostilidad hacia las élites, corrientes políticas e instituciones establecidas. Históricamente el populismo ha tenido variantes de izquierda y de derecha y las dos están hoy floreciendo”.

    Al respecto vale recordar hoy las palabras de León XIII en su encíclica Rerum Novarum en 1891: “En la sociedad civil no pueden ser todos iguales, los altos y los bajos; afánanse en verdad por ello los socialistas; pero vano es ese afán y contra la naturaleza misma de las cosas. Porque ha puesto en los hombres la naturaleza misma grandísimas y muchísimas desigualdades. No son iguales los talentos de todos, ni igual su ingenio, ni la salud ni las fuerzas. Y a la necesaria desigualdad de estas cosas sigue espontáneamente la desigualdad en la fortuna. La cual es por cierto conveniente a la utilidad, así de los particulares como de la comunidad”. Creo que había aceptado la mano invisible de Adam Smith. No puedo menos que reconocer la sabiduría de estas palabras y que hoy lamentablemente son ignoradas por el Papa Francisco.

    Volviendo a Bolsonaro ahora surge en The Economist otra confusión al respecto, por llamarlo un peligroso populista con algunas buenas ideas. No me cabe la menor duda que esa observación entraña otra confusión en el ámbito de las calificaciones en la filosofía política. El populismo lo describió Aristóteles como la democracia destructora de la república en función de la demagogia. Y advirtió: “Tengan cuidado que los pobres siempre van a ser más que los ricos”.

    Por otra parte como dije en el artículo citado de Foreign Affairs se reconoció la existencia del populismo de izquierda, socialismo y de derecha nacionalismo. La imperancia del primero trasmitida en el aumento del gasto público determinó la caída en la tasa de crecimiento de la Unión Europea. A partir de la crisis del 2008 el único país europeo que creció fue Alemania un 7% en el período. Hoy parece que tampoco crece. Por otra parte el populismo de derecha representado por Maurice Le Pen en Francia constituye una amenaza a la permanencia de la Unión Europea.

    Aparentemente Bolsonaro en defensa aparente de los principios que cambiaron al mundo parece popular. El es favorable a la reducción del gasto público y el déficit fiscal, a eliminar la corrupción, a la liberación del comercio y adoptar acuerdos bilaterales además del Mercosur, y por supuesto el respeto por la propiedad privada. A esa política propuesta se le ha denominado extrema derecha y The Economist populismo.

    Creo que lo importante es destacar las propuestas políticas y económicas que pretenden recuperar la economía breasileña, que se encuentra defenestrada por los gobiernos de izquierda prevalecientes en los últimos 20 años, con Lula da Silva a la cabeza, hoy preso por corrupción política.

    Bien venido Bolsonaro quien ya según la reciente información ha logrado que “sone la Bolsa de Brazil”. Nada mejor puede esperarse políticamente que la política correcta sea popular y haga posible rescatar los principios reconocidos en el Rule of Law, bajo las ideas de Locke, Hume y Adam Smith desarrollados por lo Founding Fathers en Estados Unidos. Esa es la inversa de la popularidad en que se basan los gobiernos de izquierda fundados en la demagogia del populismo de izquierda y de derecha.

    Perdón de nuevo por la multiplicidad de citas. Me parece importante hacerlo pues las ideas de la libertad que yo defiendo afortunadamente no son mías. Si hubiesen sido mías estaríamos viviendo en la Edad Media. Y esta aclaración no la hago por modestia. Yo no tengo ese defecto.