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  • La ATTT y el Desorden Vial

    La ATTT y el Desorden Vial

    El desorden vial no se resuelve solo con “educación”.

    Según reportaje de TVN, el director de la ATTT está preocupado por las malas prácticas viales de los motorizados y prepararán un “plan de educación vial enfocado a la conducción segura y el uso adecuado de los carriles”. Al respecto, TVN cita al director: “ahora mismo las regulaciones están. Lo que hay que hacer es educación, que el conductor de ese tipo de vehículos conduzca como debe ser…”. Pero la realidad del desorden al que se refiere no es sólo de motos sino de todos los vehículos que transitan, particularmente en la Capital, en donde el diseño y construcción de las vías y del transporte público ha sido terribles.

    El desorden vial no se presenta de pronto, sino que es un fenómeno que crece a través del tiempo como el resultado de diversos factores, tales como los causados por la propia ATTT. Sus vehículos patrullan, casi no circulan. Tal vez porque no tienen presupuesto para el combustible. Los agentes se convierten en “postes de luz” esperando a que el infractor pase frente a ellos. O peor: se dedican a detener sin causa, sólo para revisar documentos y, si están vencidos, pedir dinero para dejar seguir. En la práctica, muchos son una gallada de asaltantes de camino. Sin presencia real en las vías y con corrupción instalada, las normas existen solo en el papel y la impunidad se convierte en la regla.

    A esto se suma el pésimo diseño, construcción y mantenimiento de las vías. Un ejemplo claro es el Corredor Norte, vía de alta velocidad, donde cierran un paño para limpiar o reparar sin poner advertencias anticipadas suficientes ni desvíos adecuados. Tengo video de ello. La geometría vial deficiente, el drenaje insuficiente, los baches y la señalización precaria convierten cualquier desplazamiento en un ejercicio de sobrevivencia.

    El crecimiento acelerado y desordenado del parque vehicular, especialmente de las motocicletas —que ya alcanzan las 150 mil unidades—, agrava todo. Muchas se usan hoy como transporte diario por el costo del combustible y la congestión, pero sin infraestructura ni reglas de circulación adaptadas. El resultado es el culebreo entre carros, el uso de aceras y el aumento de accidentes.

    El transporte público, históricamente mal diseñado e informal, también contribuye: paradas improvisadas, competencia por pasajeros y bloqueos de carriles empujan a más gente hacia el vehículo particular o la moto, saturando aún más las calles. Hay sitios, tal como en la intersección de la Ave. Ernesto T. Lefebre y la Transístmica, en dónde los taxis usan la vía como sitio de espera de clientes, alterando el seguro flujo vehicular; y la ATTT ausente. Y la razón de la ausencia de la ATTT en estos casos es interesante.

    desorden vial

    Finalmente, la cultura vial deficiente y la falta de consecuencias reales completan el cuadro. La educación es necesaria, pero sin control efectivo, sin autoridad creíble y sin una infraestructura que facilite el orden, se queda en discurso.

    Habiendo presidido por cinco años el Comité Intergremial de Tránsito y Transporte de la APEDE, y siendo autor de un estudio sobre cómo mejorar el comportamiento vial, puedo afirmar que el problema no es nuevo ni desconocido. Se ha diagnosticado repetidamente. Lo que falta es voluntad para atacar las causas de raíz: reformar de verdad a la ATTT, mejorar el diseño y la gestión de las vías, y aplicar las normas de manera consistente, no selectiva.

    Mientras se siga pensando que con “planes de educación” se resuelve lo que es, en esencia, un problema de institucionalidad, infraestructura y corrupción, el desorden seguirá creciendo.

  • Los Tranques y el Desorden vial no son accidentales sino autoridad corrupta

    Escribo sobre el tema vial desde la perspectiva de haber presidido por cinco años la Comisión Intergremial de Tránsito y Transporte de la Asociación Panameña de Ejecutivos. También con el antecedente de haber escrito ensayos intitulados “Qué Funciona para Cambiar el Comportamiento Vial” y otro intitulado “Retenes y Cateos”; y, vale decir, que no es un tema que abordo sin experiencia en ello. Y también vale acotar que por muchos años fui director de seguridad aérea y que la seguridad aérea y terrestre tienen mucho en común. El asunto es que hoy día, ya pasados mis 80 años, que ya no manejo sino me sacan a las vías, voy en disgusto al ver tanto desorden; desorden que, a todas luces, es producto de una inmensa irresponsabilidad de una entidad que muy mal llamamos “autoridad de tránsito” pues de autoridad no tiene nada, y paso a ampliar.

    La mayoría de los conductores de automotores no son locos o desquiciados, pero… entre esa mayoría existe una fracción que ciertamente podemos llamarles o locos o irresponsables que no creo respetan ni a su madre. Es lo mismo que ocurre en la población en general, en dónde la mayoría procura respetar las normas de convivencia sana y cuerda; pero… está esa minoría que ni siquiera responde ante las multas y es necesario cancelarles las licencias; y si insisten en conducir sin licencia y causan accidentes graves, llegar al confinamiento. El problema o reto en administrar un sistema de educación vial requiere de una legítima y verdadera autoridad; que es lo que no tenemos.

    Fíjense en la imagen que les presento, la cual estuvo en el Corredor Norte (CN) por años. desorden vialUn límite de 25 kph en plena vía y, más adelante, en la rampa de salida un límite de 30 kph. Por años a diario pasaban por allí los agentes de tránsito y, que siga el desorden. Por supuesto que nadie obedecía o peor, en esa época (2011) le preguntaba a vecinos acerca del aviso y nadie lo había visto. Según parece era invisible. Lo que sí ilustra es que era magnífico instrumento de una desordenada educación vial.

    Pero vayamos más allá en el Corredor Norte, que cuando abrió tenían un auto que se paseaba con un letrero que decía: “Paño izquierdo sólo para rebasar”. Ese era el inicio de un programa de educación vial en mano en autopistas, el cual quedó truncado y no pasó a sus siguientes fases, que debieron ser; fase 2, amonestaciones. Fase 3, las citaciones y multas. Fase 4, suspensiones de la licencia. Y, fase 5, al infractor consuetudinario o irremediable, según el caso, la cancelación de la licencia. Todo ello está en el reglamento, no de tránsito sino de adorno.

    Hoy, cuando me llevan desde Las Cumbres al centro o Costa del Este no veo un agente. Y si lo veo, típicamente es cometiendo el delito de retenes coimeros. ¿Creen ustedes que las autoridades superiores, el director de la ATTT, en ministro y más arriba, no están al tanto de esta barbaridad? Del hecho de que muchos agentes de la ATTT no pasan de ser asaltantes de camino, que nada hacen por la seguridad vial.

    Hace años estuvo en Panamá Mart Laar, dos veces primer ministro de Estonia, invitado por nuestra empresa. Un día, en mi auto y en el desorden, le pregunté: “¿Tienes este problema en Estonia?” Me contestó: “Teníamos, despedimos 1/3 de los agentes, entrenamos y equipamos al resto y hoy el ordenamiento vial es impecable”. Estonia, que tenía un IPC menor que el de Panamá en la época con Rusia, hoy día nos dejó en la polvareda de su desarrollo y ordenamiento.