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  • Aviones de papel

    Mi romance con la aviación comenzó desde niño; creo fue un amigo de mi padre, Red Smith, quien me enseñó a armar un avión de papel parecido al modelo de la gráfica … Eventualmente mis modelos fueron evolucionando hasta llegar al modelo que fue mi predilecto. Pero, para este cuento me adelanto hasta años más tarde cuando me uní a la Asociación de Ejecutivos de Empresa, la cual llegaría a presidir en dos ocasiones; época en la cual publique una corta historia de los aviones de papel, como también compuse una canción del mismo nombre:

    aviones

    Hace cierto tiempo sentado en una reunión en la APEDE, escuchaba el diálogo y me entretuve en ese pasatiempo que he visitado desde niño: hacía un minúsculo avión de papel, tamaño mosca.

    Un vecino miraba el asunto con curiosidad y eventualmente surgió el tema: ¿Eso vuela? “¡Claro!” contesté, y lancé la pequeña mosca de papel, que se paseó entre quienes escuchaban la conferencia. Quizás fue el punto sobresaliente del evento.

    A través de mi vida los aviones de papel han tenido una tremenda influencia. Cuando niño fueron mi primera forma de hacerme al aire. Bueno, el pequeño avión se hacía al aire, pero yo iba mentalmente a bordo. ¿Cómo saber que un juego no es tan sólo un pasatiempo perdido? Que aquellas alas de papel me llevarían a remontar las nubes y cruzar continentes.

    Todavía veo claro en mi mente aquel día que, en nuestra vieja casa en Juan Franco, hoy Obarrio, lancé un pequeño avión de papel el cual, por un giro de serendipia se enredó en un caprichoso jirón de viento, se alzó por encima del tejado remontándose en altura hasta salir del patio de la casa. Yo, incrédulo, salí a la calle de piedras y lo seguí hasta donde pude, ¡maravillado!, hasta perderlo de vista mientras se elevaba cada vez más alto, camino a las nubes. Esa noche casi no podía dormir imaginando la ruta de mi avión. ¿Adónde había ido a parar? Ese pequeño incidente me había enseñado que desde el patio de mi casa se iniciaban una infinita posibilidad de caminos hacia destinos de aventura.

    El Aeropuerto Paitilla no quedaba muy lejos de la casa. Allí había un gran hangar, una gran estructura de hierro llena de aviones de verdad. Un día que nos colamos en ese hangar, me encontré con un pequeño avión de dos asientos. Curiosamente lo que más me llamó la atención fue su parabrisas que encerraba la cabina. Era como un sitio mágico dentro del cual podía seguir el rumbo de ese avión que voló desde el patio de mi casa en busca de parajes encantados. Quien iba a imaginar que nuestro padre, Irving Bennett llegaría a comprarnos ese mismo Cessna 140 que me había cautivado en el viejo hangar de la Guerra, el HP-126.

    Años más tarde, cuando fui a estudiar pilotaje en Ardmore Oklahoma, en dónde tenía buen tiempo de ocio entre las clases teórica y prácticas de vuelo, mi interés por los aviones de papel volvió a reavivarse, pero ya con el conocimiento de aerodinámica lo llevé a un nuevo estadio. Aprendí que el mejor papel para hacer esos avioncitos eran esas tarjetas que venían de propaganda dentro de las revistas, las cuales están hechas con una cartulina delgada; lo cual le da más peso y rigidez que las del típico papel bond de veinte libras. También aprendí a ponerle alerones, elevadores y aletas de sustentación; llegando a tal perfección que me sentaba en mi cuarto y los lanzaba de manera que daban la vuelta al habitáculo para regresar a mis manos. Más aún, llegué a tal grado de pericia que logré que aterrizaran muchas veces sobre mi guitarra; la cual ponía sobre la cama como portaviones imaginario.

    Un día, qué lancé el avión en mi cuarto, el voló cerca de la puerta justo al momento en que un amigo venezolano (Urdaneta) entraba al cuarto y el avioncito le paso casi cercenándole la nariz, para luego enderezar el vuelo y posarse plácidamente sobre la guitarra. No, no crean que siempre lo lograba, pero sí un considerable porcentaje de las veces. El venezolano se quedó atónito y dijo, “suerte”. “Verás que no,” le dije y volví y repetí la hazaña y de allí en adelante quedé con un nuevo compañero aficionado a los avioncitos de papel.

    Como en el aeródromo había habitaciones de buen tamaño, nos íbamos a hacer nuestras competencias, que consistían en el tiempo de vuelo y en las maniobras realizadas. Logré perfeccionar el chandel, las vueltas de cabrilla o “loops”, los “rol” y mis tradicionales vuelos bumerang, como también los vuelos rectos y nivelados. En la gráfica que les incluyo les presento mi modelo favorito posado sobre el teclado de mi ordenador 😊.

  • Delfines animatrónicos reemplazarán a los animales en los parques temáticos en el futuro

    A medida que los estudios cinematográficos recurren cada vez más a imágenes generadas por computadora para sus animales en pantalla, los especialistas en animatrónica han cambiado su enfoque para emplear sus diseños en parques temáticos.

    Este “mamífero mecánico” diseñado por Edge Innovations, puede asentir, nadar en acuarios y soportar el contacto cercano con los humanos. Según sus desarrolladores, es casi idéntico a un animal vivo. ¿La gran diferencia? Además de su cableado robótico, este delfín puede ofrecer a los parques marinos una alternativa libre de crueldad a la cría de animales vivos.

    Durante las últimas tres décadas, los amantes de los animales se han vuelto cada vez más conscientes del impacto negativo de tener animales reales en los parques marinos. A raíz de la película Blackfish de 2013, que expuso las controvertidas condiciones de vida de Tilikum, una orca del parque marino estadounidense SeaWorld, países como Canadá han llegado a prohibir el cautiverio de ballenas y delfines debido al intenso estrés que se ejerce sobre los mamíferos acuáticos.

    Pero hasta ahora, no había existido una alternativa viable a la industria altamente rentable. «Es sorprendente que haya 3.000 delfines actualmente en cautiverio para generar varios miles de millones de dólares solo para experiencias con delfines», dijo Walt Conti, fundador y director ejecutivo de la compañía detrás del robot.

    La respuesta de Edge Innovations ha sido reemplazar la captura, reproducción y entrenamiento de los animales mediante la creación de un reemplazo robótico. Su mamífero mecánico de 250 kilogramos tiene una piel de silicona de grado médico y fue hecho con la ayuda de biólogos marinos, quienes utilizaron la fisiología de delfines reales para ayudar a replicar los movimientos de los animales. Además del delicado esqueleto, hay una capa realista de piel, por lo que nadie que esté nadando junto al robot y tocándolo, podrá darse cuenta de que no es real. Los dientes del robot están ligeramente amarillentos y puede chirriar y mover la cabeza para imitar los gestos de un delfín marino.

    Edge Oceanarium Trailer from Edge Innovations on Vimeo.

    «Todos quieren saber si usar un delfín animatrónico es diferente de usar un delfín real», dijo el director creativo de la compañía, Roger Holzberg. «La verdad es que en muchos sentidos son iguales. Si quieres diseñar un espectáculo que utilice delfines reales, tienes que capturar delfines reales, entrenarlos y hacer que hagan ese espectáculo. Con la creación de robots tienes que hacer exactamente lo mismo: la diferencia es que no tienes que tener programas de reproducción, preocuparte por la seguridad de los seres humanos…etc».

    Los delfines digitales también podrían reducir gastos como alimentos, atención veterinaria y recintos gigantes de agua salada para parques de atracciones. Sin embargo, los delfines no son baratos. Tienen un precio de alrededor de $3 millones cada uno, un obstáculo potencial. Pero la compañía ya ha encontrado hogares para los delfines robot en parques marinos que se están construyendo en China, donde prevé vender hasta 150 de ellos en los próximos 3 años.

    «En términos de un período operativo comercial de 10 años y una capacidad anual de visitantes de 2 millones, los costos totales de inversión y mantenimiento de una cartera de entretenimiento móvil representan solo una cuarta parte o no más de una tercera parte», afirmó Li Wang, de Edge Innovation. Un acuario tradicional lo gasta.”

    Esta tecnología abre las puertas para que las personas tengan experiencias casi reales con animales desde grandes tiburones blancos hasta criaturas marinas de la era de los dinosaurios que se extinguieron hace millones de años, con un “Jurassic World terrestre” o experiencias de safari mejoradas, siendo además la respuesta perfecta a la caída de los ingresos en los parques marinos, que han estado bajo una creciente presión para eliminar las exhibiciones de ballenas y delfines debido a obvias preocupaciones éticas.