Etiqueta: espionaje

  • Empleos remotos e infiltración digital, la novedad Norcoreana

    Empleos remotos e infiltración digital, la novedad Norcoreana

    Durante años, el imaginario occidental asoció a Corea del Norte con misiles, desfiles militares y amenazas nucleares. Sin embargo, el régimen de Kim Jong-un ha perfeccionado otra arma mucho más silenciosa y sofisticada: la infiltración digital global mediante trabajadores tecnológicos falsos que operan desde el anonimato.

    Lo que parecía una teoría conspirativa hoy se ha convertido en una preocupación concreta para gobiernos, empresas y agencias de inteligencia occidentales. Investigaciones recientes revelan que miles de supuestos desarrolladores, ingenieros de software y especialistas IT que trabajan remotamente para compañías occidentales serían, en realidad, operativos vinculados al aparato estatal norcoreano.

    El mecanismo de la infiltración digital es tan simple como perturbador.

    Utilizando identidades robadas o completamente fabricadas, estos trabajadores aplican a empleos remotos en empresas de Estados Unidos y Europa. Se presentan como ciudadanos estadounidenses, europeos o asiáticos radicados en terceros países. Sus perfiles en LinkedIn suelen parecer impecables: experiencia creíble, certificaciones técnicas y hasta entrevistas virtuales realizadas mediante herramientas de inteligencia artificial y deepfakes.

    Una vez contratados, reciben equipos corporativos enviados a direcciones controladas por colaboradores en territorio occidental. Allí entran en juego las llamadas “laptop farms”: viviendas o depósitos con decenas de computadoras conectadas remotamente para que el verdadero operador, ubicado fuera del país objetivo —muchas veces en China o Rusia— pueda trabajar simulando estar físicamente en Estados Unidos.

    El resultado es alarmante.

    Según estimaciones citadas por autoridades estadounidenses y firmas de ciberseguridad, el esquema habría infiltrado a cientos de empresas, incluyendo compañías tecnológicas de primer nivel y contratistas vinculados a sectores sensibles. Algunas investigaciones incluso sostienen que prácticamente todas las grandes corporaciones estadounidenses habrían recibido postulaciones asociadas a estas redes.

    Pero el objetivo no es únicamente económico.

    Aunque el régimen obtiene millones de dólares en salarios desviados hacia Pyongyang —dinero que ayudaría a financiar programas militares y nucleares—, el verdadero riesgo radica en el acceso privilegiado a sistemas corporativos, datos sensibles y propiedad intelectual.

    La sofisticación del esquema ha crecido exponencialmente gracias a la expansión del trabajo remoto posterior a la pandemia y al avance de la inteligencia artificial. Microsoft advirtió recientemente que agentes norcoreanos utilizan software de modificación de voz, intercambio facial y generación automatizada de perfiles profesionales para superar entrevistas y verificaciones de identidad.

    Incluso gigantes tecnológicos como Amazon reconocieron haber bloqueado miles de postulaciones sospechosas desde 2024.

    El fenómeno también expone una fragilidad estructural del capitalismo digital contemporáneo: empresas obsesionadas con reducir costos mediante contratación remota global terminaron creando, involuntariamente, una superficie ideal para operaciones estatales encubiertas.

    La paradoja es brutal.

    Mientras Occidente celebraba la eliminación de fronteras laborales gracias al teletrabajo, regímenes autoritarios entendieron rápidamente que esa misma apertura podía transformarse en un vector de espionaje, financiamiento clandestino y penetración estratégica.

    La amenaza ya no llega necesariamente en forma de malware o ataques visibles. A veces aparece como un programador eficiente, puntual y técnicamente brillante que participa de reuniones por Zoom desde una identidad cuidadosamente construida.

    En otras palabras: el espía del siglo XXI ya no necesita infiltrarse físicamente en una empresa. Basta con enviar un currículum.

  • ¿Son inteligentes los servicios de inteligencia?

    Los servicios de inteligencia son compatibles con regímenes totalitarios de factura diversa, pero parecen del todo inadecuados en el seno de una sociedad libre.

    En los últimos tiempos observamos con cierta alarma que los aparatos estatales teóricamente encargados de velar por los derechos de los gobernados son en realidad atacantes y en la materia de esta nota periodística espían a la gente con lo que se invade su privacidad. Como ha escrito Milan Kundera “si se pierde la privacidad se pierde todo”. Es sumamente curioso que el ciudadano se vea obligado a financiar con impuestos acciones que lo persiguen y aplastan. Antes he escrito sobre este tema de los llamados servicios de inteligencia, pero en vista que vuelva a surgir el asunto es del caso reiterar lo dicho.

    El adagio consigna que si a uno lo engañan una vez, la vergüenza corresponde a quien engaña, pero si nos vuelven a engañar con lo mismo, la vergüenza es para uno. Resulta de interés preguntarse y repreguntarse qué grado de compatibilidad o incompatibilidad existe entre los llamados servicios de inteligencia y el sistema republicano de gobierno. Como es sabido, uno de los ejes centrales de esta forma de concebir el aparato político consiste en la transparencia de sus actos.

    Conviene llevar a cabo el ejercicio de una mirada crítica sobre estas reparticiones tan peculiares. Prácticamente todos los gobiernos cuentan con servicios de inteligencia, lo cual no invalida el interrogante. Cuando menos, llama la atención que una sociedad libre se desplace simultáneamente por dos andariveles tan opuestos.

    Por una parte, se insiste en la necesidad de que los funcionarios gubernamentales sean responsables de sus actos y que éstos estén en conocimiento de los gobernados y, por otro, se procede de modo clandestino, echando mano a fondos reservados para propósitos de espionaje y otros menesteres non sanctos que se mantienen en las sombras. Parecería que hay aquí un doble discurso y que se entroniza una hipocresía digna de mejor causa.

    Agentes dobles, contrainteligencia, secretos de Estado, escuchas y detenciones sin orden de juez, violaciones de domicilio y en otros partes del mundo se agregan asesinatos, sabotajes y en la mayor parte de los casos lados seguimiento de los dirigentes de partidos políticos de oposición son sólo algunos de los hechos que producen los más renombrados “servicios”. Esto es en el “mundo libre”, ya que en los países totalitarios se añade la tortura y la implacable persecución a quienes no adhieren al poder de turno.

    En los Estados Unidos, actualmente existen veinticuatro “oficinas de inteligencia”, entre las que se destaca la CIA, creada a fines de la década del 40. En Inglaterra, el M15 y el M16; en Canadá, la CSIS; la BND en Alemania; el Mossad en Israel, y la FSB, sucesora de la KGB, en Rusia son sólo algunas de las caras visibles de este entramado de espionaje, contraespionaje y guerra subterránea.

    El periodista de la BBC de Londres Paul Reynolds puso en tela de juicio la eficiencia de los servicios de inteligencia más destacados del mundo a raíz de la célebre invasión de Irak, en una columna titulada “¿Podemos confiar en los servicios de inteligencia?”. Por su parte, Harry Browne señala los fiascos de los servicios de inteligencia estadounidenses en Vietnam, Corea, Somalía y Haití, e incluso tiende un manto de sospechas sobre los que operaron durante la Segunda Guerra Mundial, en la que se terminó entregando a Stalin aproximadamente las tres cuartas partes de Europa.

    Es que siempre los burócratas están tentados a utilizar este y otros departamentos y oficinas para fines políticos, y cuando no hay claros límites al poder y se permite recurrir a la clandestinidad los abusos no deben sorprender, sin contar con las traiciones, las falsas denuncias y las delaciones internas y ex amistades, como ocurría con la policía secreta de Sha de Persia, incluso con Ben Laden y en la CIA.

    Por esto es que León Hadar, del Cato Institute, sugestivamente titula su ensayo “Los servicios de inteligencia no son inteligentes” que inspira el título del presente texto. Allí muestra con profusión de datos cómo la alegada seguridad nacional está en riesgo con estos procedimientos oscuros en los que, por definición, no hay control de gestión propiamente dicho. Hadar se refiere a los Estados Unidos. Imaginemos qué le cabe, por ejemplo, a lo que fue nuestra SIDE creada por Perón, luego SI y hoy AFI. Cambios de nombres pero con una alarmante y persistente continuidad de procedimientos aberrantes que incluyen casos espantosos y muy sonados en todos los rincones del planeta como es el del fiscal Alberto Nisman.

    David Canon, del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de Indiana, en su trabajo titulado Inteligencia y ética, alude a las declaraciones de un agente de la CIA que explica que lo importante es lograr los objetivos sin detenerse en los medios: “Los temas legales, morales y éticos no me los planteo, igual que no lo hacen los otros [integrantes de la CIA]”, dice, y documenta la cantidad de “sobornos a funcionarios, derrocamiento de gobiernos, difusión deliberada de mentiras, experimentos con drogas que alteran la mente, utilización de sustancias venenosas, contaminación de alimentos, entrega de armas para operar contra líderes de otros países y, sobre todo, complotar para asesinar a otros gobernantes”.

    En esta dirección ofrece ejemplos de operaciones de la CIA en Costa Rica, Corea, Colombia, Laos, Guatemala, Irán, China e Indonesia. Asimismo, el ex presidente estadounidense Harry S. Truman 15 años después del comienzo de la oficina de inteligencia declaró a la prensa: “Cuando establecí la CIA, nunca pensé que se entrometería en estas actividades de espionaje y operaciones de asesinato”.

    Pero, como bien destaca Norman Cousins, el establecimiento de entidades de estas características “necesariamente tiene que terminar en un Frankenstein”. Idéntica preocupación revela Drexel Godfrey en la revista Foreign Affairs, en un artículo titulado “Ethics and Intelligence”, en el que añade las encrucijadas del célebre embajador Joseph Wilson, quien contradijo los informes de inteligencia ingleses y norteamericanos respecto de la patraña de las armas de destrucción masiva.

    No se avanza mucho aunque se establezcan estrictos controles republicanos, división horizontal de poderes y, en general, los indispensables límites al poder político si puede deslizarse por la puerta trasera todo tipo de abusos, sin rendir cuenta al público, por más que se tejan subterfugios más o menos elaborados a través de comisiones parlamentarias.

    Los servicios de inteligencia son compatibles con regímenes totalitarios de factura diversa, pero parecen del todo inadecuados en el seno de una sociedad libre. No en vano en los Estados Unidos se extiende la utilización de la expresión rusa “zar” para el máximo capitoste del espionaje.

    Es útil cuestionar y someter al análisis temas que habitualmente se dan por sentados. Si no se procede a esta revisión periódica, podemos encontrarnos con que estamos avalando ciertas políticas que resultan nocivas, pero que continúan en vigencia sólo por inercia, rutina o molicie. John Stuart Mill decía que todas las buenas ideas pasan invariablemente por tres etapas: la ridiculización, la discusión y la adopción. Este tema de los llamados servicios de inteligencia se vincula con muchos otros que también requieren limpieza de telarañas mentales para su mejor comprensión.

    Ahora se informa que miembros del servicio de inteligencia del gobierno anterior en Brasil ayudaron en los actos de vandalismo a la sede de los tres poderes, tomando como ejemplo el bochorno de Donald Trump que además de alentar el ataque al Capitolio con el apoyo logístico de algunas reparticiones de los servicios, desconoce los resultados electorales a pesar de estar certificados por los cincuenta estados, por sesenta y un jueces federales y locales y su propio Vicepresidente.

    En conexión con la llamada “inteligencia” menciono cuatro áreas adicionales al correr de la pluma. En primer término, la seguridad. Paradójicamente, en no pocos lugares para proteger este valor se lo conculca. Esto ocurre hoy, en gran medida, con la lucha antiterrorista. En última instancia, el terrorismo apunta a desmantelar y liquidar las libertades individuales. Pues lo curioso del asunto es que, por ejemplo, en lo que ha sido el baluarte del mundo libre –los Estados Unidos–, con el argumento de proteger aquellos derechos se los lesiona, con lo que en la práctica se otorga una victoria anticipada a los criminales del terror. Tal es el ejemplo de la vergonzosa denominada “ley patriótica”.

    En segundo lugar, para mitigar las convulsiones que hoy tienen lugar, debería hacerse un esfuerzo mayor para no caer en la trampa mortal de las guerras religiosas y para distinguir un asesino de quien suscribe determinada religión. Hay que insistir en los graves peligros y acechanzas que aparecen al vincular el aparato estatal con una denominación confesional.

    El tercer capítulo, emparentado con el surgimiento de los servicios de inteligencia para contrarrestar las guerras, son las epidemias de nacionalismos, xenofobias y racismos a que nos hemos referido la semana pasada en este mismo medio y que toman los lugares de nacimiento como un valor y un desvalor para el extranjero, como si las fronteras tuvieran algún sentido fuera de la descentralización del poder.

    Por último, no estaría mal revisar exhaustivamente el papel de las Naciones Unidas, de la que dependen innumerables oficinas que pregonan a los cuatro vientos, en sus publicaciones y en las declaraciones de sus directivos, políticas socializantes que conducen a la pobreza y a la guerra, al tiempo que muchas veces se constituyen durante largos períodos en observadores incompetentes, tal como ha ocurrido hasta el momento en el caso actual de Hezbollah e Israel.

    Un comentarista de la televisión mexicana proclamó: “Nosotros también somos observadores, pero de la inoperancia de las Naciones Unidas”. En este sentido es recomendable la lectura de gruesos volúmenes como The Fearful Master, A Second Look at the United Nations de Edward Griffin en su época el periodista radial de mayor audiencia en CBS Network y UN: Planned Tyranny del profesor de economía de la Universidad de Harvard Orval Watts donde se detallan las ideas de planificación socialista de los organizadores originales de la institución en 1945 y sus propósitos de extender sus idearios a los países miembros confirmadas luego en algunas de las entidades que han surgido de esa fundación como es el caso resonante de la CEPAL que ha propiciado el estatismo en América Latina, una tendencia en otros casos consignada en estatutos a veces apoyados en distintas operaciones por servicios de inteligencia. Todo lo cual no significa desconocer que algunos de los miembros han denunciado políticas a contramano aquellas medidas muchas de las cuales intensifican los problemas que se anuncia se quieren resolver.

    De todos modos, al efecto de ilustrar preocupaciones justificadas con un ejemplo extremo, el dictador de Uganda Idi Amin Dada -”el caníbal con refrigerador”, como lo denomina Paul Johnson en A History of the Modern World debido a la forma en que engullía a sus prisioneros, además de hacer alarde de sus servicios de inteligencia criminales- el autor relata minuciosamente en el libro de referencia que el primero de octubre de 1975 la Asamblea General de las Naciones Unidas le brindó una ovación de pie por parte de todos los delegados cuando llegó al podio el dictador y otra después de su incendiario discurso lleno de amenazas al mundo libre, en el contexto de las sumamente pastosas actitudes de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas donde ahora el régimen de la tiranía cubana ocupa un sitial de peso.

    Entonces, en nuestra línea argumental de fondo, no sólo debemos concentrar la atención en la naturaleza y los alegados servicios que prestan las estructuras de “inteligencia”, sino también prestar atención a las causas que dan lugar al debate que ahora pretendemos abrir, al efecto de seguir averiguando los graves inconvenientes de este tipo de organizaciones. A esta altura del partido y en vista de los antecedentes truculentos de estos llamados servicios, tal vez debiera abandonarse el uso de la expresión “inteligencia” y sustituir esos departamentos por otros bajo auditorias y controles solo para evitar ataques a los derechos en diversas manifestaciones pero nunca provocar atropellos a las libertades individuales, que como queda dicho constituyen actos contra los principios más elementales de la civilización.

  • ¿Y si Siri u otros asistentes de voz lo están espiando?

    Nuevas demandas contra gigantes tecnológicos reabren el debate sobre un posible espionaje de sus asistentes de voz

    Si bien las tecnologías se han desarrollado para ayudar a los usuarios con las tareas del día a día, como agregar artículos a las lista de la compra o reproducir música, la mayoría de las veces, se les ha acusado de ‘espiar’ a los usuarios al encenderse solos, incluso si no lo están, escuchar y almacenar conversaciones, lo que brinda a las empresas hasta el potencial de llevar la publicidad dirigida a un nivel completamente nuevo. La idea de lo que estas empresas podrían saber sobre nosotros al escucharnos puede ser aterradora.

    La demanda que se interpuso contra Google en 2019 por las sospechas de que su asistente registre las conversaciones de los usuarios de dispositivos Android, la redactaron los mismos demandantes que batallaron contra Amazon después de que se descubriese que Alexa mantenía registros de lo que oía.

    Este jueves, un juez federal dictaminó que el gigante tecnológico Apple tendrá que seguir luchando contra una demanda que ha sido interpuesta por usuarios en California, quienes afirmaron que Siri, el asistente de voz de la compañía, a menudo graba conversaciones privadas de manera inapropiada.

    Apple había solicitado que se rechazara la demanda, pero el juez federal Jeffrey S. White, del Tribunal de Distrito de Oakland, permitió que la mayor parte del caso siguiera adelante. Al mismo tiempo, desestimó una parte de la demanda, relacionada con el daño a la economía de los usuarios.

    A los demandantes, que han estado tratando de presentar el caso como una demanda colectiva, se les ha dado el visto bueno para continuar con sus reclamos con respecto a la grabación de conversaciones privadas de Siri, después de encenderse sin previo aviso. Además, también han alegado al asistente de ceder los datos del usuario a terceros siendo una violación de los derechos de privacidad del usuario.

    Sin embargo, las empresas tecnológicas a menudo han llegado a negar rotundamente estas acusaciones. Tomemos, por ejemplo, la declaración hecha por la portavoz de Amazon, Faith Eischen, quien afirma que Alexa recopila y almacena audio por unos 5 segundos, solo cuando sus dispositivos detectan la «palabra de activación», y que solo una pequeña proporción de los datos se revisan manualmente.

    Apple ya ha presentado documentos judiciales para respaldar sus afirmaciones, y Google también está listo para luchar contra el caso en los tribunales. Apple, por su parte, niega las acusaciones y reivindica que lo que oyen sus dispositivos se relaciona con perfiles perfectamente anonimizados, y no «identificables» de forma «individual».

    Sin embargo, el profesor asociado de Stanford, Noah Goodman, ha dicho que si bien dicha tecnología está diseñada para detectar su palabra de activación, la misma es una tarea desafiante considerando cómo las voces humanas difieren según la persona. Agrega que es poco probable que estas empresas puedan «deshacerse por completo de las falsas alarmas».

    Todas las demandas que se están acumulando por usos y abusos de estos asistentes de voz piden que las empresas expliquen qué hacen una vez oyen a los usuarios, y que reconozcan si lo hacen sin permiso explícito de los mismos.

    Nicole Ozer, directora de Tecnología y Libertades de la ACLU en California, una organización norteamericana en defensa de los derechos civiles cree que estas demandas forman parte de que la gente «está empezando a entender que Siri no trabaja para nosotros, trabaja para Apple», explica en declaraciones a TWP.

  • Por qué la china Huawei es una amenaza a la seguridad nacional para Estados Unidos

    La detención en Canadá de Meng Wanzhou, hija del fundador de Huawei y directora financiera de la compañía, provocó un nuevo foco de conflicto entre Estados Unidos y China.

    Si bien no se revelaron los cargos en su contra, se conoció que el arresto se efectúo a instancias de Washington, debido a que la Casa Blanca cree que la empresa violó las sanciones a Irán.

    Por su parte, Pekín exigió la liberación inmediata de la ejecutiva y calificó la detención como una «violación a los derechos humanos».

    Huawei, que con el 15% del mercado global es el segundo mayor productor de celulares del mundo, ha sido objeto de prohibiciones en varios países occidentales porque temen que Pekín obligue a la compañía a revelar secretos industriales y otra información confidencial que podría poner en riesgo la seguridad nacional.

    Países como Estados Unidos, Nueva Zelanda y Australia han bloqueado al gigante por razones de seguridad. Mientras que otros como Canadá, Alemania, Japón y Corea del Sur han puesto a la firma bajo evaluación.

    Huawei, por su parte, defiende su independencia, negó las acusaciones e insistió en que es una empresa privada.

    Pero Estados Unidos argumenta que Huawei representa un riesgo para la seguridad nacional por los vínculos de su fundador Ren Zhengfei con la armada china, ya que fue un ex oficial del Ejército Popular de Liberación.

    Además, la Casa Blanca está preocupada por el rápido crecimiento en el mercado de infraestructura de red celular: es el mayor proveedor de equipos de telecomunicaciones del mundo. Las acusaciones de espionaje desde China a Estados Unidos se han alimentado con investigaciones de Bloomberg, rumores de un hackeo al teléfono del presidente Trump y respuestas ácidas desde altas esferas del gobierno chino.

    Así como China ocupa un lugar cada vez más preponderante en el escenario mundial, lo mismo le ocurre al gigante tecnológico. Con 178 mil empleados a nivel mundial, y 16 laboratorios de investigación repartidos en el planeta, está detrás de Samsung como una de las marcas que más smartphones vende. Además, es una de las empresas que más ha innovado en la expansión de la nueva red 5G, y ofrece tecnología de redes a más de 100 países en el globo. Por esta posición privilegiada en la industria, lograda en 30 años de existencia, esta multinacional con base en Shenzhen ha estrechado su relación con el gobierno chino, y servido de catapulta a otras marcas chinas que han logrado extender su mercado.

    Teóricamente, tener el control de la tecnología que está en el centro de las más importantes redes de comunicación le permitiría espiar o de interferir comunicaciones en cualquier eventual conflicto, especialmente en un contexto en que cada vez más productos funcionan a través de Internet.

    A Estados Unidos le preocupa especialmente una norma aprobada en 2017 por la Agencia Nacional China de Inteligencia que establece que las empresas deben «apoyar, cooperar y colaborar con el trabajo de inteligencia nacional».

    Después de la aprobación de esa normativa, EE.UU., Australia y Nueva Zelanda prohibieron a sus firmas locales que utilizaran Huawei para proveer la tecnología que permite el uso de las redes 5G.

    Son tres miembros del grupo que comparte información de inteligencia llamado «Los 5 ojos». El cuarto país del grupo es Canadá, que actualmente está revisando su relación con la empresa.

    Y Reino Unido hasta ahora no ha tomado ninguna determinación contra la empresa, aunque le ha solicitado que arregle problemas que representan «nuevos riesgos» para la red.

    En tanto que Huawei se presenta como una firma privada cuyos dueños son sus empleados y que no tiene vínculos con el gobierno chino, más allá de sus obligaciones impositivas.

    La compañía también asegura que entre sus prioridades está la seguridad de sus productos y que parte de la hostilidad de la que ha sido víctima se debe a que la empresa es vista como una amenaza desde un punto de vista comercial.

    En el pasado, el propio gobierno chino ha declarado que el bloqueo de los productos de Huawei se debe a «prácticas proteccionistas y discriminatorias».

    El nuevo episodio de hostilidad contra la firma se produce en medio de la guerra comercial entre Washington y Pekín, con el presidente Donald Trump acusando a China de prácticas comerciales injustas y de facilitar el robo de propiedad intelectual a las empresas estadounidenses.

    Por otro lado, en la medida que varios países planean introducir simultáneamente las redes de comunicación 5G, el escenario se ha vuelto más competitivo para las empresas que intentan adjudicarse contratos.

    «Hay una guerra de normas» tras bambalinas, dice Emily Taylor, del centro de estudios británico Chatham House.

    «Creo que la ventaja comercial de definir normas que favorecen a tus proveedores tecnológicos locales, también es algo que está en juego», completa la ejecutiva a BBC Mundo.

    Japón también prohibirá el uso gubernamental de dispositivos de telecomunicaciones fabricados por los gigantes chinos Huawei y ZTE debido a las preocupaciones sobre ciberseguridad, según informaciones aparecidas este viernes.

    La decisión podría aplicarse a partir del lunes, y llegaría después de que Estados Unidos solicitara a sus aliados que eviten los productos fabricados por esas dos compañías debido a los temores de que sirven para llevar a cabo ciberataques, indica Yomiuri Shimbun, citando fuentes gubernamentales no identificadas.

    Los productos japoneses que usen partes fabricadas por algunas de estas dos empresas chinas también quedarán excluidos del uso gubernamental.

    Según Yomiuri Shumbun, el gobierno no prevé citar directamente a las compañías para evitar el enfado de China.

    Al ser preguntado sobre estas informaciones, el portavoz gubernamental Yoshihide Suga no quiso hacer comentarios y dijo que Japón «coopera estrechamente con Estados Unidos» en cuestiones de ciberseguridad.

    Los asequibles teléfonos inteligentes de Huawei han logrado una fuerte incursión en el mundo desarrollado, pero la empresa se ha enfrentado a varios reveses en grandes economías occidentales debido a las preocupaciones sobre la seguridad.

    Fuente: IproUP