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  • La naturaleza del gobierno según Ayn Rand

    En su trascendental ensayo «La Naturaleza del Gobierno», Ayn Rand aborda con profundidad la esencia y la justificación moral del gobierno en una sociedad libre. Publicado en 1963 como parte del libro «La Virtud del Egoísmo», este ensayo representa una defensa apasionada de los derechos individuales y una crítica contundente a las formas de gobierno que socavan esos derechos fundamentales.

    Rand comienza planteando una pregunta crucial: ¿necesitan los hombres una institución gubernamental? Su respuesta se centra en la premisa de que la mente del hombre es su herramienta básica de supervivencia, y por lo tanto, la libertad para pensar y actuar de acuerdo con el juicio racional es una condición esencial. En este sentido, Rand establece una conexión crucial entre la libertad individual y la capacidad del individuo para utilizar su mente en la búsqueda de su propia supervivencia y prosperidad.

    La autora resalta los dos grandes valores que una sociedad puede obtener de la interacción humana: el conocimiento y el comercio. El conocimiento, acumulado y transmitido de generación en generación, y la división del trabajo, que permite a las personas especializarse y comerciar entre sí, son fundamentales para el éxito y la supervivencia en una sociedad. Sin embargo, Rand advierte que estos beneficios solo pueden lograrse bajo ciertas condiciones, específicamente, en una sociedad compuesta por hombres racionales, productivos e independientes.

    La crítica más severa de Rand se dirige a las sociedades que violan los derechos individuales, describiéndolas como «hordas unidas por las reglas institucionalizadas de una pandilla». Según su perspectiva, cualquier sociedad que prive a un individuo de los productos de su esfuerzo, lo esclavice o limite su libertad mental está condenada y representa una amenaza mortal para la supervivencia humana. Rand va más allá al comparar la vida en una isla desierta como más segura e incomparablemente preferible a vivir bajo regímenes que violan los derechos individuales.

    La relación entre el individuo y el gobierno es un tema central en el ensayo. Rand argumenta que el gobierno debe tener el monopolio legal del uso de la fuerza física para proteger los derechos individuales. La policía, las fuerzas armadas y los tribunales son las funciones básicas del gobierno destinadas a salvaguardar esos derechos y resolver disputas de manera justa e imparcial.

    La autora insiste en la importancia de la separación entre fuerza y capricho, presentando al gobierno como un árbitro objetivo que sigue leyes claramente definidas. Este énfasis en la objetividad y la limitación del poder gubernamental refleja las preocupaciones de Rand sobre el abuso de la autoridad y la necesidad de mantener al gobierno bajo un estricto control.

    El ensayo concluye con una reflexión sobre el progreso moral de la humanidad y la necesidad de aceptar y defender principios políticos que aseguren la libertad individual. Rand sostiene que el sistema estadounidense de controles y equilibrios, aunque imperfecto, fue un logro excepcional al limitar el poder del gobierno. Al mismo tiempo, advierte sobre la inversión moral que se está produciendo en la que el gobierno, en lugar de proteger los derechos, se está convirtiendo en su violador más peligroso.

    En resumen, «La Naturaleza del Gobierno» es un ensayo magistral que combina filosofía política, ética y una defensa apasionada de los derechos individuales. Ayn Rand aborda las cuestiones fundamentales sobre el propósito del gobierno y la importancia de preservar la libertad individual en una sociedad civilizada. Su análisis crítico sigue siendo relevante hoy en día, planteando preguntas cruciales sobre la relación entre el individuo y el gobierno, y subrayando la necesidad de un gobierno limitado y controlado para garantizar la coexistencia pacífica y la protección de los derechos fundamentales.

  • El gobierno no existe para gobernar ni menos economizar, sino controlar

    En Panamá, lo mismo que muchos otros países, los gobiernos no existen para gobernar y mucho menos para economizar; es decir, ahorrar, sino para controlar el gallinero y así poder merendar huevos y comer gallinas. Desafortunadamente muchos desconocen la importancia del ahorro y lo dañino del despilfarro.

    La función propia y esencial de gobierno es ser: ¿arbitro y no jugador? Cuando el gobernante pasa de se árbitro y también patea la bola se pone en marcha una marejada decadente; tal como lo que estamos viendo en nuestro patio hoy día. E, igual que no hay peor pedófilo que el cura, no hay peor maleante que la autoridad política prostituida.

    En la finca del rey de España, conocida como Castilla de Oro, el “gobernador” no era sino el mayordomo de su majestad; ordenado a ser vehículo de recolección y envío de riquezas al monarca. Y quien cobra, parte y reparte, se queda con la mejor parte.

    Desde entonces, muy poco ha cambiado, y más bien se fue perfeccionando el sistema de pillaje y rapiña. Hoy día, con los adelantos en las comunicaciones, que todo sale a la luz, lo único que ha cambiado es que los mayordomos del rey han perdido la vergüenza y han convertido la ley en instrumento del pillaje y a la justicia en injusticia.

    ¿Cuál es el remedio, y cómo podemos economizar y lograr convertir a la población en creadores de riqueza y no en consumidores de pobreza? Lo primero, es tener claro que la pobreza es la condición natural de la persona humana, esa que llega al mundo desnuda de toda capacidad productiva; lo cual no cambia sino gracias a la relación social de la familia sana, del barrio y así hasta llegar al arbitraje gubernamental. Pero, si el pueblo no entiende que la autoridad no es jugador sino árbitro, no hay cura.

    En tal orden de cosas, la función de la familia está en tener sumo cuidado de no limitar el desarrollo de sus hijos, igual que el gobierno no debe limitar el desarrollo del pueblo soberano para disponer de uno servil. El ciudadano no es súbdito al cual hay que poner máscaras y clavar vacunas y tal; ya que cuando hemos llegado a tal grado de cosas estamos perdidos.

    Para freír un huevo no se requieren cien cocineras; y, para gobernar a Panamá no se requieren 360,000 funcionarios, pues con unos 5,000 basta y sobra. ¿No lo crees? Eso es economizar y es trágico que para entender ésto tengamos que esperar la destrucción del país.

    Más del 90% de lo que hoy hace el gobierno no le corresponde. Cosas como la salud, educación, el MOP, IDAAN, etc. Bien haríamos en privatizar cosas como las carreteras, el sistema de justicia y la policía; o, al menos, volverla municipal; para economizar, pero también despejar la posibilidad de otra dictadura militar. ¡Ha!, y antes que se me olvide, no necesitamos más diputados que el número de provincias que tenemos. ¿Se imaginan el ahorro, no sólo en dinero sino en chifladuras y pillaje?

    En fin, si el pueblo no puede reunirse libremente en la plaza, a interactuar, vender, comprar, platicar, bailar o lo que sea, no habrá prosperidad. En la realidad actual, el pueblo se siente cómodo en su condición sumisa y servil; una realidad que está inscrita en el Génesis. Una población que se siente cómoda en los subsidios, en los retenes, cateos, o peor, en el “robó, pero dio al pueblo”, no tiene futuro. Es una realidad ilustrada en el Rey de los Anillos, de Frodo y los suyos que se sentían protegidos en su pueblo, cuando el mundo entero se estaba despedazando.

    ¿Por qué creen que tantos en Latinoamérica escapan hacia el odiado monstruo colonizador de los EE.UU.? Emigran en busca de libertad y oportunidad. Escapan de Venezuela, Nicaragua, Cuba y otros sistemas opresores. Escapan porque buscan ser dueños de sus vidas.

    Y, en Panamá se promueve una falaz economía redistributiva; ya que en el confisca, parte y reparte el corrupto se lleva la mejor parte. A fin de cuentas, el gobierno compite con la empresa privada, con la ventaja que, si administra mal y no satisface a sus clientes, no quiebran sino el pueblo.