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  • Jürgen Habermas, Farewell al adversario que merecíamos

    Jürgen Habermas, Farewell al adversario que merecíamos

    El pasado 14 de marzo falleció Jürgen Habermas a los 96 años, dejando huérfano a un siglo de debates sobre democracia, racionalidad y espacio público. Desde esta trinchera liberal, la de Mises, Hayek y la desconfianza saludable hacia todo poder concentrado, rendimos homenaje a un adversario intelectual de primera categoría. Porque los grandes debates no se tienen con mediocres.

    Jürgen Habermas fue, ante todo, un hombre obsesionado con una pregunta legítima: ¿cómo pueden las sociedades modernas sostenerse sin recurrir a la violencia ni a la autoridad dogmática? Su respuesta, el diálogo racional, la esfera pública, la democracia deliberativa, era genuinamente ilustrada y genuinamente honesta. Desafió la tendencia predominante del cinismo posmoderno respecto a la verdad y la razón, ofreciendo una firme defensa de los ideales de la Ilustración y la posibilidad de la libertad individual y social. En eso, paradójicamente, compartía más con los liberales clásicos de lo que él mismo hubiera admitido.

    Su concepto de acción comunicativa, la idea de que la legitimidad surge del argumento y no de la imposición, tiene un eco inesperado en la tradición del orden espontáneo. Hayek también creía que el conocimiento es disperso, que ningún centro puede monopolizarlo, que la coordinación social emerge de interacciones descentralizadas. Habermas llegó a conclusiones similares sobre el origen del consenso, pero cometió el error clásico de la izquierda ilustrada: confiar en que ese consenso podía diseñarse institucionalmente, canalizarlo a través del Estado administrativo, hacerlo operar desde arriba.

    Aquí reside la fractura fundamental. Su teoría propuso que la legitimidad política surge del diálogo entre ciudadanos libres e iguales, capaces de argumentar y justificar sus posiciones, frente a la imposición del poder económico o burocrático. Hasta ahí, magnífico. El problema es que su solución a esa imposición del poder no fue reducir el Estado, sino perfeccionarlo mediante procedimientos deliberativos. La escuela austríaca advierte que eso es una ilusión: los procedimientos no eliminan los incentivos perversos de la burocracia ni el problema del cálculo económico. El «mejor argumento» no gana en una comisión parlamentaria; gana el grupo de presión mejor organizado.

    En sus últimos años, Habermas estaba particularmente preocupado por el estado del proyecto de la Unión Europea, convencido de que la integración democrática era el mejor contrapeso a la destructividad del capitalismo global y del nacionalismo. Nosotros diríamos lo contrario: que la tecnocracia de Bruselas es precisamente el tipo de poder sin accountability que él debería haber temido más. Su europeísmo fue coherente con sus valores, pero ciego a las consecuencias de centralizar decisiones lejos de los ciudadanos concretos.

    Y sin embargo, hay algo que los liberales debemos agradecerle. Jürgen Habermas nunca cedió al relativismo. Sostuvo que la razón existe, que la verdad importa, que el debate público tiene normas que no son arbitrarias. Mientras la muerte y la destrucción de la Segunda Guerra Mundial habían desilusionado a la mayoría de los pensadores respecto a la razón, Habermas vio en la comunicación racional una oportunidad para redimir la sociedad democrática. Esa fe en la razón, tan denostada hoy por la izquierda posmoderna que él mismo contribuyó a confrontar, es un legado que merece defenderse.

    El debate que nos deja no es menor: ¿puede existir una esfera pública genuinamente libre sin mercados libres que la sostengan? ¿Puede haber deliberación auténtica cuando el Estado financia los medios, las universidades y las instituciones del «diálogo»? ¿Es posible la democracia deliberativa sin propiedad privada como contrapeso al poder político?

    Habermas no respondió bien esas preguntas. Pero las hizo inevitables. Y eso, en filosofía, vale tanto como responderlas.

    Descanse en paz, profesor. El debate continúa.


  • El Estoicismo en el Mundo Moderno: Cómo Pequeñas Prácticas Pueden Mejorar tu Estilo de Vida

    En un mundo moderno lleno de estrés, caos y distracciones constantes, muchos buscan maneras de alcanzar una vida más equilibrada y significativa. El estoicismo, una antigua escuela filosófica que floreció en la Grecia y Roma antiguas, ha resurgido como una respuesta poderosa y práctica a los desafíos de la vida contemporánea. A pesar de ser una filosofía de hace más de dos mil años, sus principios pueden ser aplicados en nuestro día a día para mejorar nuestro estilo de vida, promoviendo la resiliencia, la paz interior y el bienestar emocional.

    ¿Qué es el Estoicismo?

    El estoicismo es una filosofía que enseña el control sobre nuestras emociones y la aceptación de lo que no podemos cambiar. Fundada por Zenón de Citio en Atenas alrededor del 300 a.C., esta filosofía fue adoptada y desarrollada por figuras históricas como Epicteto, Séneca y el emperador romano Marco Aurelio. La premisa central del estoicismo es que no son los eventos externos los que nos perturban, sino nuestras opiniones sobre ellos. Al aprender a gestionar nuestras reacciones, podemos mantener la tranquilidad y la claridad mental, independientemente de lo que suceda a nuestro alrededor.

    Aplicaciones del Estoicismo en la Vida Moderna

    1. Practicar la Dicotomía del Control

    Uno de los principios clave del estoicismo es la dicotomía del control, que consiste en distinguir entre lo que está bajo nuestro control y lo que no lo está. En la vida cotidiana, esto puede significar enfocarse en nuestras acciones, pensamientos y respuestas emocionales, mientras dejamos de preocuparnos por las circunstancias externas que no podemos cambiar, como la opinión de los demás o los eventos mundiales. Adoptar esta mentalidad puede reducir significativamente el estrés y la ansiedad, permitiéndonos concentrarnos en lo que realmente importa.

    2. Vivir de Acuerdo con la Naturaleza

    Los estoicos creían en vivir de acuerdo con la naturaleza, lo que en términos modernos puede traducirse en alinearse con nuestra verdadera esencia y valores. Esto implica tomar decisiones que reflejen nuestras convicciones más profundas en lugar de ceder a las presiones sociales o las expectativas externas. Para mejorar nuestro estilo de vida, podríamos, por ejemplo, adoptar hábitos más saludables, cultivar relaciones significativas y reducir la dependencia de bienes materiales que no añaden un valor real a nuestras vidas.

    3. Ejercitar la Muerte Meditada (Memento Mori)

    El concepto de «Memento Mori» o «recuerda que morirás» es una práctica estoica que nos anima a reflexionar sobre la brevedad de la vida. Lejos de ser morboso, este ejercicio nos motiva a vivir con propósito y a valorar cada momento. En la práctica diaria, esto podría manifestarse en la gratitud por las pequeñas cosas, la reducción de procrastinación y la priorización de lo que realmente importa. Al recordar nuestra mortalidad, podemos enfocarnos en lo esencial y dejar de lado las trivialidades que nos distraen.

    4. Adoptar la Voluntad Interna y la Resiliencia

    El estoicismo enseña que nuestra felicidad depende de nuestra voluntad interna y no de las circunstancias externas. Al cultivar la resiliencia, podemos enfrentar los desafíos de la vida con fortaleza y serenidad. Un ejemplo práctico es desarrollar una rutina diaria que incluya momentos de reflexión, meditación o escritura en un diario, donde podamos analizar nuestras respuestas a los eventos del día y ajustar nuestra perspectiva según los principios estoicos. Esto nos ayuda a construir una mente fuerte y estable, capaz de resistir las adversidades.

     Incorporando el Estoicismo en la Vida Cotidiana

    Para empezar a practicar el estoicismo, no es necesario hacer cambios drásticos. Pequeños ajustes en nuestra rutina diaria pueden tener un gran impacto:

    Reflexiona diariamente: Tómate unos minutos cada día para reflexionar sobre tus acciones, pensamientos y reacciones. Pregúntate si has actuado de acuerdo con tus valores y cómo podrías mejorar.

    Acepta lo inevitable: Cuando enfrentes una situación difícil, recuerda la dicotomía del control. Identifica qué parte de la situación está bajo tu control y acepta lo que no puedes cambiar.

    Aprecia el presente: Practica la gratitud diaria. Reconoce y valora las pequeñas alegrías de la vida, y no des por sentado los momentos de paz y felicidad.

    Simplifica tu vida: Despréndete de lo superfluo. Simplificar tu vida te permitirá enfocarte en lo que realmente importa, como las relaciones personales y el desarrollo personal.

    El estoicismo ofrece herramientas valiosas para navegar por las complejidades del mundo moderno. Al incorporar sus principios en pequeñas acciones diarias, podemos transformar nuestra manera de vivir, logrando una mayor paz interior, resiliencia y un sentido de propósito más profundo. No se trata de rehuir los problemas, sino de enfrentarlos con una mentalidad que prioriza la razón, la virtud y el bienestar a largo plazo. Como diría Marco Aurelio, «La felicidad de tu vida depende de la calidad de tus pensamientos.» Practiquemos entonces pensamientos de calidad y vivamos mejor, un día a la vez.

  • Sobre mi amigo Antonio Escohotado

    El filósofo español Antonio Escohotado murió el pasado 21 de noviembre. El mundo del pensamiento está de luto por la partida de este titán de la cultura universal.

    Lo conocí en Lima en marzo de 2015 en una comida que ofreció Mario Vargas Llosa a un grupo de amigos a raíz de nuestras respectivas ponencias en el congreso de la Mont Pelerin Society. Luego de ese encuentro nos hemos escrito regularmente con Antonio, con quien hemos mantenido un par de intercambios mano a mano vía Zoom que se encuentran en Youtube.

    Como es del dominio público, Antonio Escohotado murió el 21 de noviembre por lo que me comuniqué tanto con su hijo Jorge como con Diego San José Jiménez, que fue el que organizó el primer Zoom referido desde Madrid. El mundo del pensamiento está de luto por la muerte de este titán de la cultura universal. Comenzó su ciclópea producción intelectual con una tesis doctoral sobre Hegel la cual se fue nutriendo con un número impresionante de contribuciones tanto en libros como ensayos académicos y artículos periodísticos. Con el tiempo fue mutando de su marxismo inicial al liberalismo, desde la abolición de la propiedad a la importancia decisiva de esa institución, desde la tragedia de los comunes al uso y disposición de lo propio como eje central de la sociedad abierta (para recurrir a terminología popperiana).

    De todas sus múltiples obras en esta nota periodística me voy a referir muy sumariamente a sus colosales tres tomos titulados «Los enemigos del comercio». Una historia moral de la propiedad que me trajo de regalo mi hijo Bertie desde España hace tiempo. Tal como «La acción Humana», Tratado de economía de Ludwig von Mises es hasta el momento el trabajo cumbre en esa ciencia tan poco explorada, tan difamada y poco comprendida, del mismo modo la triada de Escohotado constituye un aporte monumental a la historia desde la perspectiva filosófica, aunque este autor es más conocido por su publicación sobre las drogas alucinógenas para usos no medicinales, solo comparable a las publicaciones de su amigo Thomas Szasz en la misma materia.

    Soy consciente que es absolutamente imposible hacer justicia en una nota periodística a una obra de esta envergadura que abarca 2049 páginas, pero solo esbozamos algunos pocos puntos en la esperanza que los lectores se interesen en la indagación del trabajo completo.

    En el primer tomo destaco que nuestro autor confiesa que comenzó a revertir su posición socialista con la lectura de Carl Menger «Principios de Economía», muy especialmente referido a la teoría subjetiva del valor. Se detiene a considerar la influencia disolvente de Platón y su propuesta comunista en «La República» e incluso pensadores de la talla de Aristóteles que refutó ese comunismo pero justificó la esclavitud. Antes que eso, el Nuevo Testamento contiene dos versiones encontradas sobre el rol de la propiedad, la de Santiago en Mayor y Pablo de Tarso. Podemos ahora lamentablemente decir que la primera versión que había sido fuertemente criticada y en buena medida abandonada debido a la primacía de la segunda, volvió a surgir con fuerza con la denominada Teología de la Liberación y ahora con el actual Papa Francisco a quien cuando le preguntaron si es comunista respondió que “son los comunistas los que piensan como los cristianos” (La Reppublica, noviembre 11 de 2016) y su mentor fue Monseñor Enrique Angelelli quien celebraba misa bajo la insignia de los terroristas Montoneros, de ahí sus Encíclicas, Cartas Pastorales, sus actitudes tan pastosas sobre Cuba, Venezuela y Nicaragua, sus alabanzas a tercermundistas y repetidas declaraciones donde pondera el pobrismo al tiempo que critica al proceso de mercado y al capitalismo en línea con lo inaugurado por el antisemita San Juan Crisóstomo en cuanto a que dar a los pobres no sería más que entregar lo que a ellos les pertenece.

    Pasa revista en detalle a las utopías tan destructivas de Tomás Moro y Campanella y sus parientes y derivados, así como también a las influencias de Marx y Engels. También estudia las formidables contribuciones a la libertad de los Fueros españoles, el habeas corpus y la Carta Magna en Inglaterra junto a la Revolución Gloriosa de Guillermo de Orange y María Estuardo, la Revolución Francesa con su defensa del derecho de propiedad y la igualdad ante la ley, antes de la contrarrevolución de los jacobinos y el reino de la guillotina. En este último sentido es de interés reproducir lo que cita el autor de Robespierre en cuanto a que “todo lo indispensable para la preservación es propiedad común” y condena “el bandidaje y fratricidio disfrazados bajo el sofístico nombre de libertad comercial”.

    En el segundo tomo sobresalen los temas de la contribución pionera de William Godwin del absurdo y contraproducente anarquismo dado que resulta imposible la convivencia a través de la abolición de toda norma y tribunales tal como propone este pensador. Luego la extraordinaria experiencia estadounidense que pudo prosperar merced al abandono inicial del comunismo en la colonia de Massachusetts, resurgimiento explicado por el gobernador Bradford en sus memorias una vez dejada de lado la idea de mantener los bienes en común que estaba conduciendo a la población a la miseria y a las hambrunas de los primeros tiempos y el posterior florecimiento merced a la extendida libertad y respeto a los derechos de todos luego aconsejados y reiterados por los Padres Fundadores.

    También elabora sobre la fracasada utopía en La Nueva Armonía de Robert Owen bajo la idea de “liberar a la humanidad de sus tres males más monstruosos: la propiedad privada, la religión irracional y el matrimonio”, un experimento que hubo que abandonar a poco andar por ruinoso y que provocó en los incautos “corazones decepcionados” en un clima de conflictos inevitables de unos contra otros en un proyecto que pretendía la armonía, en lugar de eso “topamos con antagonismos”. En este volumen se analizan principalmente las obras de Jeremy Bentham, Edmund Burke y James Mill y la contracara de Rousseau, Johann Fichte, Thomas Carlyle y Charles Fourier para luego abordar la influencia y difusión de los ensayos de Saint-Simon y Comte.

    Cierra este voluminoso aporte con la Revolución Rusa y la irrupción de la Sociedad Fabiana en un capítulo sugestivamente titulado “El colapso del liberalismo inglés”. Nos dice Escohotado que “la asociación adopta como símbolo la tortuga, acorazada y lenta y como nombre el del cónsul romano Fabio Máximo” con su estrategia gradualista y de penetración contra Ánibal. Fue “una forma ampliada del socialismo estatal instaurado por Bismark”. Adhirieron autores como Bertrand Russell a quien Escohotado cita afirmando que “el comunismo soviético es necesario para el mundo y el bolchevismo merece la gratitud y la admiración de todos los progresistas.” Sidney Webb escribió para el lanzamiento de la Sociedad un artículo titulado “El socialista cristiano” donde propugnaba el socialismo “sin lucha de clases y sin Marx, básicamente por medios fiscales”. El propio Chamberlain reseñó la Fabbian News como “una obra maestra” y señalaba los aciertos de la plusvalía marxista.

    El matrimonio Webb -Sidney y Beatrice- visitaron la Unión Soviética en 1932 luego de lo cual declararon a la prensa que “aplaudían el excelente rendimiento del sector educativo y sanitario” y más adelante, en 1935 en plenas purgas publicaron alabanzas aun más generalizadas del régimen stalinista en dos tomos titulados «El comunismo soviético ¿Una nueva civilización?». También George Bernard Shaw visitó Rusia en 1931 y en lugar de declarar sobre los campos de concentración y la miseria espantosa del momento afirmó al Manchester Guardian que “no había visto a nadie desnutrido, sino más bien niños notablemente rollizos”. Como también apunta Escohotado, Henry George toma en Estados Unidos los principios de la Sociedad Fabiana para cargar las tintas contra la propiedad de la tierra ya que esa entidad en sus bases en 1887 subraya que “la Sociedad trabaja para extinguir la propiedad privada de la tierra” con vistas a “emancipar sus frutos de la apropiación individual.”

    En el tercer tomo sobresale una sección titulada “De cómo el mundo imitó a la URSS”. Uno de los capítulos se encabezan con un epígrafe que reproduce un dicho de Babeuf que refleja bien toda la concepción socialista: “La sociedad debe erradicar para siempre el deseo individual de ser más rico, sabio o poderoso” y en otro pasaje Escohotado describe el “totalitarismo latino” en el que aparece como figura descollante Mussolini quien declara que “nada humano o espiritual existe ni tiene valor alguno fuera del Estado […] La fachada democrática, hermosa en teoría, constituye una falacia en la práctica y estamos aquí para celebrar el entierro del cuerpo putrefacto de sus libertades.” En este contexto consigna el autor que caracteriza al estatismo latinoamericano, las nacionalizaciones, la cogestión obrera de la industria, los impuestos progresivos, el control de precios, el redistribucionismo y la cerrazón al comercio exterior.

    En realidad el sistema fascista no solo permite una penetración mayor del espíritu totalitario sin tantas resistencias como las que presenta habitualmente el comunismo, sino que permite responsabilizar al sector privado por los resultados nefastos de su política ya que se mantiene la fachada de la propiedad. Finalmente nuestro autor hace un llamado urgente a “reconstituir la saga anticomercial” para bien de todos pero muy especialmente para la suerte de los más vulnerables que solo pueden prosperar en la medida que se incrementen las tasas de capitalización fruto de la libertad de mercados y la consiguiente asignación de derechos de propiedad a los efectos de maximizar la energía creadora. Excelente como completa el título de la referida terna pues el trabajo trata nada más y nada menos que un asunto eminentemente moral y no solo jurídico y económico.

    Jorge conserva los archivos de su padre y no se si toda su correspondencia se publicará donde también se consigna que tuvimos el proyecto de escribir un libro en coautoría en forma de diálogo que habíamos titulado «El veneno totalitario» y del que apenas comenzamos con los primeros tramos. Consignar que no todo eran coincidencias en nuestros respectivas conclusiones, escritos e interpretaciones es una verdad de Perogrullo, nunca es así ni siquiera con nosotros mismos cuando miramos para atrás y constatamos que podríamos haber mejorado la marca. En cualquier caso, como colofón a este apunte en esta ocasión con orgullo reproduzco en su integridad uno de los tantos correos electrónicos que me escribió Antonio Escohotado, esta vez el 10 de junio de 2019. De más está decir que no me tomo en serio sus halagos extremos, es para dejar constancia de su ilimitada generosidad. Lo que sí me tomo en serio es su inmenso afecto que era recíproco y que fuimos cultivando desde que nos conocimos en Lima. En la última línea de la misiva de marras el interrogante se refiere a la Universidad Francisco Marroquín de la que fui su primer profesor visitante durante tres años para que nuestros hijos con María evitaran el constante tiroteo de los setenta en tierra argentina:

    “Querido Alberto, acabo de sacarle unos minutos a la odiosa agenda que me persigue últimamente para disfrutar con cosas tuyas en YouTube, porque menuda planta y elocuencia tienes, y me encanta ver cómo improvisas -lo mismo en televisión que en aulas docentes o recibiendo el Juan de Mariana- sobre la base de una formación apoyada en fuentes de primera mano.

    Ya te dije que sencillamente no he conocido a nadie vivo con quien pueda discurrir en términos de igualdad, si me perdonas la arrogancia del propio comparar; y como a despecho de tal o cual achaque sigo apasionado por leer y escribir -quizá más que nunca-, me haces compañía e instruyes aunque solo sea por el prodigioso regalo de la Red.

    Quizá ella nos ayude a librar el combate sempiterno de la libertad y el conocimiento con los amantes de su inverso, y te confieso que si echo de menos trabar contacto físico es entre otras cosas por tentar nuestros respectivos daimones (según Hesiodo apoyados sobre “huellas de héroes pretéritos”), y algo en principio tan delirante como el brebaje eleusino, que era sin duda amida del ácido lisérgico, y algún colega químico tan redomadamente distinto como el látex de algunas adormideras.

    Siempre comprometida con las fuentes primarias, tu obra solo parece pasarlas por alto en ese campo, donde demuestras el absurdo de la prohibición sin tomar en cuenta el programa socrático de la sobria ebrietas, que preservó a la Antigüedad de memeces y crueldades sin incurrir en el siempre hipócrita ideal del abstemio.

    Mi tasa de trabajo y alegría desde mediados de los años 60 es inseparable de la pesquisa y el disfrute en ese orden de cosas, al margen del menú impuesto leyes y costumbres (porque “de la piel para dentro mando yo”), y me parece que dejar el reino de los vivos sin alguna experiencia digamos visionaria y eufórica en sentido literal no es solo ignorar la curiosidad sino desprotejerse, cuando empieza a soplar Boreas.

    Naturalmente, toma lo previo como una insensatez, pues bien podría serlo, y quédate con el testimonio de mi cercanía espiritual. Veremos si hay algo donde no coincidamos, porque por ahora no lo encuentro, y ojalá alguna institución mejicana -lo digo por equidistar de aquí Baires, ahorrando la paliza extra de aeropuertos y aviones- se le ocurra reunirnos para un curso o cosa pareja. ¿Existirá el señor Marroquín? Un abrazo”.