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  • El pensamiento lateral es imprescindible

    Hay infinidad de autores que han tratado este tema desde tiempo inmemorial, pero hay dos que se destacan nítidamente en nuestra época: Edward de Bono -egresado en medicina y psicología de Oxford y Cambridge- con su propuesta tan fértil de lo que bautizó como “pensamiento lateral” y Rollo May con sus consideraciones sobre “el coraje de crear”.

    Una de las premisas fundamentales en el proceso educativo consiste en enseñar a pensar lo cual requiere transmitir la necesidad del espíritu crítico, en no dar nada por sentado y cuestionarlo todo, masticarlo, digerirlo y luego arribar a las propias conclusiones a sabiendas que el conocimiento tiene la característica de la provisionalidad sujeta a refutaciones.

    Esto nada tiene que ver con el relativismo puesto que una proposición verdadera es aquella en la que hay una correspondencia entre el juicio y el objeto juzgado. Las cosas son independientemente de las opiniones, ese es el sentido de los departamentos de investigaciones en las casas de estudio, si todo fuera relativo nada habría que investigar ya que todo sería cuestión de gustos y por otra parte el relativismo hace relativa la afirmación de su propia tesis. El conocimiento demanda un difícil y constante peregrinaje con distintos matices de luces y sombras al efecto de reducir nuestra ignorancia.

    El enemigo de esta línea argumental es la memorización y el repetir como loro lo que dice el supuesto profesor. En clase resulta vital el intercambio con alumnos en el contexto de reiteradas invitaciones a mirar el asunto abordado desde diversos ángulos y perspectivas. El primer día de mis clases repito un latiguillo que me da mucho resultado en el transcurso del semestre: si lo que digo no resulta claro, interrúmpanme, si no están de acuerdo, discutan, pero si les parece que soy claro y están en principio de acuerdo hagan de abogado del diablo pues esto ayuda mucho a clarificar temas que cuando se presentan pueden aparecer razonables pero cuando comienza el debate resulta que se pone de manifiesto que había que pulir distintos aspectos del asunto.

    Por otra parte, es de especial relevancia destacar que cada persona es única e irrepetible en la historia de la humanidad de modo que resulta esencial estimular las potencialidades de cada cual y nunca pretender el pensamiento único ni buscar promedios intelectuales para lo cual se necesitan climas de libertad, es decir, de respeto recíproco. Todas las concepciones totalitarias naturalmente conspiran contra el conocimiento, además de hacerlo contra la decencia.

    Hay infinidad de autores que han tratado este tema desde tiempo inmemorial, pero hay dos que se destacan nítidamente en nuestra época: Edward de Bono -egresado en medicina y psicología de Oxford y Cambridge- con su propuesta tan fértil de lo que bautizó como “pensamiento lateral” y Rollo May con sus consideraciones sobre “el coraje de crear”.

    Seguramente hay amplia aceptación de estos postulados formulados de la manera en la que lo hacemos pero cuando se concretan propuestas que en lugar de comprender como dice el citado Edward de Bono que no resulta fértil seguir escarbado en el mismo pozo en lugar de emprender la faena en otro lugar donde se encuentra la solución, resulta que las telarañas mentales empujan a la rutina de mantenerse en el mismo pozo debido al espíritu conservador. Un espíritu que no se refiere al respeto por la vida, la libertad y la propiedad sino que se encadena al statu quo incapacitado de explorar otras propuestas porque se asientan en la falacia ad populum, es decir si todos lo hacen está bien y si nadie lo hace está mal. Con este criterio cavernario nuestros ancestros no hubieran pasado del taparrabos y el garrote porque el primero que pretendió usar el arco y la flecha era nuevo y por ende inaceptable.

    Probemos este razonamiento con el tema educativo. Otra vez aquí prácticamente todos acordarán que la educación es un tema crucial pero cuando vamos a lo concreto resulta que se anquilosan en lo de siempre con lo cual se torna muy difícil avanzar. Pero antes de entrar en este tema consignamos una nota al pie de carácter general muy deseducativo y es la mala práctica de pseudo empresarios que viven del privilegio en alianza con el poder de turno que todo lo contaminan y desfiguran completamente la idea del empresario como servidor del prójimo en un mercado libre puesto que si dan en la tecla ganan y si yerran incurren en quebrantos, al contrario de los fantoches que viven de la cópula con los gobiernos y, por tanto, sus patrimonios proceden del atraco a sus semejantes.

    Veamos ahora a esta vaca sagrada de nuestra época denominada “educación pública”. De entrada señalamos un error semántico: la educación privada es también para el público de modo que aquella denominación no define nada, se trata en verdad de educación estatal, pero se pretende ocultar esta etiqueta pues se revela en tan desafortunada como arte estatal, periodismo estatal o la literatura estatal por lo que se apunta a disfrazarla con lo de educación pública.

    Pero lo primero es entender que el proceso educativo requiere de puertas y ventanas abiertas para recibir la mayor dosis de oxígeno posible en un contexto competitivo donde las auditorías cruzadas operen con el mayor rigor al efecto de lograr la excelencia académica. En este contexto resulta un insulto a la inteligencia la pretensión de imponer estructuras curriculares desde el vértice del poder vía ministerios de educación o cultura.

    Lo segundo que deriva de lo anterior es aceptar que el proceso educativo -siempre en un contexto evolutivo de prueba y error donde nadie tiene la precisa para abrir cauce a las corroboraciones siempre provisorias abiertas a refutaciones- debe ser ajeno a la fuerza, es decir a las botas, en otros términos ajeno a la politización y consiguientes riesgos de adoctrinamiento.

    Entonces, independientemente de lo que haya ocurrido en otros momentos de la historia rodeada de otras situaciones y recorridos, es del caso prestar debida atención al tema de incentivos. No es necesariamente un problema de malos profesores en el ámbito estatal, es problema estriba en incentivos de los administradores del fruto del trabajo ajeno: no es lo mismo como se toma café o se encienden las luces cuando uno paga las cuentas respecto a cómo se procede cuando se obliga a otros a pagarlas. Personalmente estaría escupiendo al cielo si dijera que se trata de malos profesores puesto que sin perjuicio que mis dos doctorados proceden de universidades privadas, fui titular en la UBA en Ciencias Económicas, Derecho, Ingeniería, Sociología y en Filosofía y Letras, además de haber sido director del Departamento de Doctorado de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de la Plata.

    Como han explicado, entre otros, autores como Ronald Coase, Douglass North y Harlod Demsetz, el asunto es de incentivos para manejar lo propio alejado de lo que en ciencias políticas se conoce como “la tragedia de los comunes”, a saber, lo que es de todos no es de nadie con el consiguiente despilfarro de los siempre escasos recursos lo cual perjudica a toda la comunidad pero muy especialmente a los más vulnerables. Estos últimos en definitiva se hacen cargo vía sus salarios por aplicar concepciones de voracidad fiscal que apuntan a un segmento pero debido a la retracción de las inversiones terminan por flagelar a los más necesitados. Incluso a pesar de los estudios alarmantes del costo por año por graduado en instituciones estatales frecuentemente se observa que se limitan a gastos corrientes eludiendo el aspecto central de la inmovilización de capital (sin mencionar las frecuentes paralizaciones por movimientos sindicales ni la mugre y pegatinas de aulas y pasillos). En este plano medir “rendimientos” resulta irrelevante puesto que no toma en cuenta las alternativas de lo que hubiera hecho la gente si hubiera podido disponer libremente del fruto de sus trabajos.

    Entonces una medida de fondo en el campo educativo consiste en desprenderse de todas las instituciones estatales ya sea entregando sin cargo al mismo claustro que al momento las administran o vendiéndoselas a precios sumamente accesibles con lo que las inmovilizaciones de activos fijos y la administración de gastos corrientes serán de características sustancialmente distintas por las razones que dejamos registradas, las que erróneamente pretenden refutarse con el argumento de “los bienes públicos” sin percatarse que el terreno que analizamos no calzan los principios medulares de no rivalidad y de no exclusión.

    Es de trascendental importancia que en esta transición todos los que teniendo las condiciones para aplicar a las ofertas educativas existentes, en adición a las becas existentes en el ámbito privado se les otorguen vouchers, es decir, créditos educativos para que puedan aplicar a la entidad privada de su agrado y elección. En otras palabras, en lugar de financiar la oferta con todos los problemas de incentivos se financie la demanda, pero no se diga que esta propuesta desconoce a los que no pueden hacerse cargo de las matrículas y las cuotas respectivas, en verdad la sola argumentación para no cambiar el sistema sería el deseo de politizar y adoctrinar.

    Desde luego que en este cuadro se situación las carreras y estudios que necesiten acreditación será realizada también por auditorías en competencia tal como ocurría originalmente en buena parte del continente europeo y especialmente durante el período colonial en tierras estadounidenses tal como lo relata detalladamente Andrew J. Coluson en su formidable historia de la educación privada en ausencia del aparato estatal en muy distintos lugares y época en su tratado titulado Market Education. The Unknown History.

    He aquí una prueba del indispensable pensamiento lateral que somete a un examen riguroso a las mentes que dicen ser abiertas y libres de prejucios que debe ser complementado por la nutrida bibliografía hoy disponible que apunta a deshacerse de enquilosamientos tradicionales como son los casos, por ejemplo de Thomas Sowell refierido al otrora baluarde del mundo libre Inside American Education o , en la misma línea argumental, de Alan Charles Kors y Harvey Silvergate una investigación detallada titulada The Sahadow University. The Betrayal of Liberty on American´s Campuses y finalmente para limitarnos a mencionar lo más relevante, el notable trabajo de James Tooley Education Without the State. Son muchos los que alardean de tener una mente abierta pero resulta que cuando se pone a prueba nos encontramos que de las cejas para arriba está clausurado con un pesado candado reiterando lo de siempre, en este caso sin argumentos y sin aceptar una apertura competitiva dando lugar a posibilidades de nuevos paradigmas en el contexto del indispensable juicio crítico, en cambio aferrados a la administración y enseñanza de aparatos estatales.

    Cuanto más abierto y competitivo el sistema mayores son las posibilidades de zafar del adoctrinamiento puesto que detectar esa cerrazón ahuyenta clientes, por eso el hecho de estar impregnados de lo estatal sea de modo directo o indirecto vía la capacitación de profesores necesariamente conduce a la aparición de fulanos y fulanas que irrumpen en marchas agresivas blandiendo en las manos el librito de Mao y similares, por más que la situación brinde la posibilidad de que literalmente todos sean multimillonarios. El tema no es del bolsillo sino de las neuronas. Y nuevamente no se trata de la sandez de contar con “un buen ministro de educación” ya que no hay tal cosa: cualquier política que se imponga desde el poder en materia educativa estará mal ya que el aire distintivo, fresco y renovado es lo que se necesita para escapar de la trampa del igualitarismo de la guillotina horizontal.

  • El debate sobre habilidades vs titulaciones en ST Education Forum termina en un empate

    La cuestión de qué es más importante para el éxito en la vida (tener un título o dominar habilidades) finalmente ha sido respondida, y es un empate.

    En The Straits Times Education Forum de Marzo, organizado en asociación con Singapore Management University (SMU), se debatió la siguiente premisa «No necesitas un título para tener éxito en la vida».

    El Sr. Andreas Schleicher, director de educación y habilidades de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), y el director ejecutivo de SkillsFuture Singapur, Ng Cher Pong, abogaron por la moción, mientras que el presidente de SMU, Arnoud De Meyer y el decano de leyes Goh Yihan, estuvieron en contra.

    El debate, moderado por Patrick Daniel, consultor de Singapore Press Holdings, involucró a 500 personas que votaban a favor o en contra de la moción en tiempo real, de acuerdo con cómo se dejaron influir a medida que avanzaba la sesión.

    Formado por estudiantes, educadores, padres y lectores de Straits Times, la audiencia en el edificio SMU School of Law votó el 65.4 por ciento a favor de la moción y el 34.7 por ciento en contra desde el comienzo.

    Sin embargo, al final de la sesión, era del 50 por ciento y del 50 por ciento en contra del movimiento.

    El Sr. Schleicher comenzó señalando a las personas exitosas que eran desertores universitarios y ‘sin éxito en la educación formal’, como el inventor Thomas Edison, el fundador de Facebook Mark Zuckerberg y el fundador de Microsoft, Bill Gates.

    Pero el profesor De Meyer señaló que el grupo de personas que tienen éxito sin un título era extremadamente pequeño, o infinitesimal, como él lo expresó.

    Agregó que cada miembro del panel de debate tenía un título, y preguntó si estarían allí si no lo hubieran tenido.

    El Profesor Asociado Goh dijo que el difunto jefe de Apple, Steve Jobs, aunque desertor de la universidad, se había beneficiado de su paso por la universidad.

    ‘Si él no hubiera asistido a ese curso de caligrafía en la universidad en su amplia experiencia educativa, no tendríamos teléfonos proporcionalmente espaciados, o múltiples tipos de letra en nuestros Mac’, argumentó.

    El equipo que apoya la moción también señaló que están apareciendo nuevos empleos, y que los títulos universitarios pueden no tener graduados suficientemente preparados para ellos.

    El Sr. Schleicher dijo que las habilidades obtenidas en el momento en que se otorgaron los títulos ya no son relevantes.

    Mr Ng señaló: ‘Hoy vemos títulos de trabajo que no existían hace 10 o 15 años, pero ahora son bastante comunes, como diseñadores de juegos, especialistas en ciberseguridad, científicos de datos e incluso operadores de drones’.

    Cuestionó si los grados deberían tener una fecha de caducidad, ya que las habilidades se están volviendo obsoletas rápidamente.

    El equipo que se oponía a la moción dijo que, en el transcurso de la obtención de un título, uno tomaría habilidades sociales suaves, y no solo habilidades duras.

    Prof. Goh dijo que un título es ‘un listado de toda la experiencia universitaria’. No es solo una calificación en papel, sino que limita los años de aprendizaje de habilidades interpersonales, como la construcción de la confianza, la búsqueda de la pasión y el perfeccionamiento de las capacidades de liderazgo.

    El profesor De Meyer, compartiendo su experiencia de trabajar en diferentes países en diversos roles, dijo que la búsqueda de un título lo ayudó a adaptarse a los nuevos desafíos.

    Mr Ng señaló que las cualidades intangibles como la pasión y tener una mentalidad de crecimiento ‘no son necesariamente atributos que se adquieren y se certifican en un grado’.

    En su discurso de apertura, Warren Fernández, editor de Straits Times, dijo que la mentalidad tradicional de que se necesitaba un título para salir adelante en la vida parecía estar experimentando un cambio, debido a las irrupciones en diversos sectores por parte de los empresarios y los tecnoempresarios.

    ‘Estamos en este dilema: ¿necesitas un título o no necesitas un título? Estamos tratando de lidiar con la verdad.

    ‘Como con la mayoría de las cosas en la vida, es probable que esté en algún lugar en el medio . Pero exactamente dónde en el medio? Creo que eso es por lo que estamos aquí para debatir hoy’.

    Fernández, quien también es editor en jefe del grupo de inglés / malayo / Tamil Media Group de Singapore Press Holdings, agregó que tal debate era importante para resaltar la necesidad de ‘Mentes escépticas, inquisitivas y pensantes, que también están abiertas a la posibilidad de puntos de vista y perspectivas alternativas ‘.

    Habilidad blanda es crucial, pero ser competitivo, no es cuestión tan mala.

    El segmento de preguntas y respuestas del Foro de Educación de The Straits Times, que duró unos 30 minutos, tuvo un intercambio animado entre los miembros de la audiencia y los debatientes.

    A continuación hay dos preguntas de la audiencia y las respuestas que abordaron la identificación de aquellos con buenas habilidades blandas para un trabajo y por qué ser competitivo no es lo mismo que buscar calificaciones.

    Pregunta: Si bien es fácil identificar en qué grado se graduó alguien, es difícil identificar las habilidades blandas que poseen. ¿Cómo pueden las personas que son buenas en ciertas habilidades blandas ser identificadas en el mercado por posibles empleadores?

    Andreas Schleicher. Es cierto que el hecho de que tenga una titulación de grado no implica automáticamente que tenga las habilidades sociales. Los empleadores a menudo son buenos para reconocer los conocimientos y las habilidades. También hay instrumentos que pueden ayudar a los empleadores a ver una amplia gama de habilidades cognitivas y sociales.  Debemos ser mejores al observar la competencia que las personas realmente tienen en el lugar de trabajo.  Si observa a algunos empleadores de compañías de alta tecnología, ya son bastante buenos en eso.

    Pregunta.  Debido a la mentalidad competitiva de la sociedad actual, especialmente en un país como Singapur, muchos de nosotros nos concentramos en obtener una calificación máxima. ¿Eso, al final, tiene un efecto negativo en nuestro desarrollo personal y social en la universidad?

    Arnoud De Meyer. Creo que las calificaciones son importantes, ya que te dicen algo sobre lo que eres bueno y malo.  Pero buscar calificaciones es incorrecto. Ser competitivo está bien, porque el mundo es competitivo. En realidad te prepara para un mundo competitivo. En el mundo profesional, no todos obtendrán una calificación aprobatoria. Algunos de nosotros lo haremos mejor que otros. Es una obligación, creo, que la universidad le dé una idea de dónde se encuentra entre sus compañeros.

    Fuente: Straitstimes, Singapore.