Etiqueta: Hungría

  • Hungría, Trump y señales de cambio.

    Hungría, Trump y señales de cambio.

    La caída de Orbán que siguió medio planeta (pocos países han concentrado tanta atención como esta vez) no es solo una derrota electoral en Hungría. Es una señal más de cambio de época que estamos viviendo, y se están acumulando tan rápido que apenas nos da tiempo a analizarlas.

    Trump pierde en todos los frentes diplomáticos abiertos y el mundo ya se reorganiza sin pedirle permiso. Ucrania resiste y al resistir ha reconfigurado Europa más de lo que nadie esperaba. Irán, lejos de colapsar, hoy le marca el ritmo de la negociación y le dice a Trump que hay otros ejes posibles. Los Emiratos Árabes, sin hacer ruido, tejen alianzas que ya no pasan por Washington ni por Bruselas. Y China, que observa en silencio, sabe que cualquier cierre del Estrecho de Ormuz que Trump amenaza hoy, le golpea a ella más que a nadie: es su petróleo, son sus rutas, es su economía la que depende de ese paso. Trump amenazando a Irán, le hace un daño imposible de no ser contestado, a su propio rival estratégico. La geopolítica rara vez es tan irónica.

    Netanyahu convenció a Trump de que atacar Irán era la jugada maestra. Ahora Trump bombardea, presiona, amenaza Ormuz y no encuentra la salida digna. No hay victoria clara, no hay negociación limpia, no hay día después o plan B pensado ( sí, ok…puede, pero por ahora no aparece). Netanyahu sigue hacia adelante porque no puede retroceder. Trump lo sigue porque tampoco puede. Dos líderes atrapados en una escalada que ninguno de los dos sabe cómo terminar. Y mientras tanto, el Líbano sangra y por cada bombardeo cosecha simpatías que antes no tenía. No estarían logrando el objetivo.

    Y mientras todo esto ocurre, Trump ataca al Papa. Al Papa !!. Cuando un poder político siente que necesita enfrentarse a la autoridad moral más simbólica del planeta, algo le está fallando por dentro.

    En ese contexto, Orbán cae. El gran laboratorio de la democracia iliberal cierra tras 16 años. Putin pierde su caballo de Troya en la UE. La «internacional iliberal» (Trump, Milei, Vox, Salvini, etc) apostó por él. Todos perdieron. Y lo perdieron con el 79% de participación, la más alta desde la caída del comunismo. Eso es un voto de hartazgo, sobre todo moral. 16 años en los que Hungría se empobreció en todos los indicadores reales: economía, sanidad, educación, libertad de prensa, independencia judicial. 16 años pagando el precio de un hombre que construyó un régimen a su medida y llamó a eso libertad.

    Libertad. Esa palabra que hoy se usa como escudo marketinero para cubrir cualquier cosa. También en Argentina, donde los indicadores reales, no los imaginados, no los del relato oficial, siguen escondidos en un «Excel» creativo, mientras el discurso sube de volumen, insultos y ofensas al periodismo. No hace falta esperar 16 años ni llegar al fondo para cambiar de rumbo. Hungría tardó lo que tardó. El tema es que no debería hacer falta tanto tiempo ni tanto deterioro para corregir, rectificar y poder enderezar lo que se está haciendo mal.

    Porque lo más extraordinario de hoy no es que Orbán haya caído. Es cómo cayó: en las urnas, sin violencia, con votos. En la historia, en general, los grandes cambios casi siempre llegan con sangre, tiros y sufrimiento. Hungría hoy nos dice que existe otra forma, menos frecuente, pero existe. Ojalá no se necesitara tanto tiempo ni tanta angustia.

    Los ciclos se agotan. En Hungría, en el tablero de los aranceles, en Medio Oriente, en cada país donde el relato tapa los hechos reales. Y cuando se agotan, se agotan de golpe; por las buenas, como en Budapest anoche, o por las malas. Pero se terminan. Siempre se terminan. La pregunta, para cada país, para cada líder, pero sobre todo para cada uno de nosotros, es cuánto se está dispuesto a perder antes de decidir que ya es suficiente.

    Porque al final del día, la salvación no tiene nombre de dirigente ni cara de político. Viene de otra parte. Viene de cada persona que decide que sus derechos no son negociables, que la libertad no es una palabra de campaña, que la dignidad no se canjea por relato. Así de simple. Así de extraordinario.

    Tenemos que ejercer en serio nuestros derechos fundamentales. Cada uno y todos los días. Antes de que cueste más defenderlos que haberlos cuidado a tiempo. Porque la alternativa ya la describió Thomas Sowell hace décadas: que otros decidan por nosotros y que al hacerlo mal, no les quepa responsabilidad alguna. Que se vayan a casa, con su pensión, sus nuevas propiedades, con su impunidad, y que la factura la paguemos nosotros, incluso con la vida. Eso tiene un nombre. Y no es libertad.

  • La Fundación de Georges Soros se va de Hungría y culpa al gobierno derechista de Orban.

    La presión del gobierno de Viktor Orban acabó con décadas de presencia en Hungría de la fundación del multimillonario estadounidense George Soros, que traslada sus actividades de Budapest a Berlín y denuncia la política «represiva» de las autoridades húngaras.

    La fundación Open Society (OSF, por sus siglas en inglés), que financia numerosas oenegés en Hungría y en el mundo, anunció este martes su marcha con palabras muy duras hacia las autoridades húngaras.

    ‘Se ha vuelto imposible proteger la seguridad de nuestras operaciones y nuestro personal en Hungría de la interferencia arbitraria del gobierno’, dijo Patrick Gaspard, presidente de Open Society Foundations, en un comunicado.

    Aunque OSF dispone de sucursales en numerosos países, incluida una importante oficina en Nueva York, el traslado de sus actividades y de un centenar de empleados desde Budapest hasta Berlín tiene un significado altamente simbólico.

    El multimillonario estadounidense George Soros, de 87 años, nació en Hungría de donde se exilió en 1946 tras huir del nazismo, y comenzó allí su labor filantrópica en 1984, bajo el régimen comunista.

    Soros es famoso por apoyar las causas más progresistas, desde la ideología de género hasta la tribalización racial, pero su idea fija, su obsesión, parece ser acabar con las fronteras y las identidades nacionales. El antiguo bloque comunista ha estado en el punto de mira del millonario incluso antes de que dejara de serlo. A principios de los ochenta empezó a crear fundaciones y centros allí para difundir su visión de ‘sociedad abierta’. En 1979 empezó a implantar en estos países su fundación matriz, la Open Society Foundation, al tiempo que hacía lo mismo en África, Asia y Latinoamérica. En 1992 fundó en Budapest su Universidad Centropeuropea en la que se formaron cuadros directivos que habrían de nutrir empresas y partidos de Europa del Este y la propia Rusia.

    Antes de las elecciones legislativas celebradas el 8 de abril en Hungría, Viktor Orban, exdisidente anticomunista que años atrás había obtenido una beca de Soros, convirtió al hombre de negocios en el enemigo número uno del país.

    «No derramaremos lágrimas de cocodrilo» tras el anuncio de la salida de OSF, declaró el gobierno húngaro a la agencia AFP.

    «Campaña de odio»

    El primer ministro húngaro, que acaba de ser reelegido con amplia mayoría para un tercer mandato consecutivo, basó su campaña electoral en el rechazo de la inmigración, en un país que apenas acoge a un puñado de demandantes de asilo.

    Orban acusa a Soros de querer inundar Hungría y Europa de inmigrantes, a través de las organizaciones que financia.

    El gobierno húngaro «invirtió más de 100 millones de euros  (119 millones de dólares) en fondos públicos en una campaña de odio» destinada a «difundir mentiras sobre la fundación y sus socios», se indignó OSF este martes.

    En 2017, las autoridades pusieron en todo el país carteles con la cara de Soros y avisos a la población, y enviaron «cuestionarios» contra el empresario a todos los hogares. Los detractores de Orban criticaron el carácter antisemita de esa campaña en la que el primer ministro presentaba al hombre de negocios estadounidense, de origen judío, como una figura de la «élite mundial» y de los especuladores «sin patria».

    El gobierno húngaro mostró su intención de proseguir su ofensiva contra el multimillonario y se dispone a presentar ante el Parlamento un nuevo conjunto de leyes llamado «Stop Soros», que prevé tasar las oenegés «que apoyen la inmigración» y hacer vigilar su personal por los servicios de inteligencia.

    En 2017, el Parlamento aprobó varias disposiciones para reforzar el control gubernamental sobre las oenegés que reciben fondos extranjeros, con las organizaciones de Soros en el punto de mira.

    Todos esos obstáculos influyeron en la decisión de OSF de abandonar el país, indicó la fundación, que aseguró, no obstante, que seguirá «apoyando» el trabajo de la sociedad civil en Hungría.

    Rusia fue el primer país en pararle los pies a Soros y frenar su injerencia en la política nacional. Soros tiene una especial inquina contra Putin y un plan para desestabilizar el país, el ‘Proyecto Rusia’, que preveía una repetición de los levantamientos ‘espontáneos’ de Ucrania en varias ciudades del país. Pero en noviembre de 2015, la oficina del Fiscal General anunció la proscripción de las actividades de las fundaciones de Soros en Rusia alegando riesgo para la seguridad nacional.

    En Macedonia, el «frente antiSoros» está encabezado por el exprimer ministro Nikola Gruevski, obligado a dimitir tras una oleada de protestas ‘inspiradas’ por Soros mientras el país se llenaba de refugiados procedentes de Grecia. Gruevski acusa a Soros de querer destruir su país por completo. En Polonia, donde Soros tuvo en tiempo una enorme influencia y del que ostenta el cargo honorífico de Comandante con Estrella de la Orden del Mérito de la República de Polonia, el más alto honor que puede recibir un extranjero, ya se han levantado voces en el Parlamento exigiendo que se le prive de este honor, alegando que financia elementos “antidemocráticos y antiplacos con vistas a combatir la soberanía de Polonia y su cultura cristiana nativa”.

    En la República Checa, el presidente Milos Zeman declaró en una entrevista en 2016 que “algunas de sus actividades son, cuando menos, sospechosas y se acercan a modos de injerencia en los asuntos internos de los países”. Opiniones similares empiezan a repetirse en Letonia y Lituania también.

    Viktor Orbán es uno de los pocos políticos que en su propia y proclamada visión se está enfrentando de frente a los mundialistas y a los izquierdistas que trabajan por la instauración de un gobierno mundial. La apropiación del leguaje en este punto es relevante, dado que Soros propone una Sociedad Abierta. ¿Quien lleva la razón entonces?