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  • Un pequeño gran libro para nuestros días

    Se trata de una obra de Loris Zanatta que lleva el sugestivo título de El populismo jesuita. Perón, Fidel, Chávez, Bergoglio.

    Atravesamos momentos cruciales en nuestros tiempos en los que cada vez con más fuerza necesitamos apuntalar los valores de la sociedad libre a efectos de contar con el indispensable respeto recíproco. Afortunadamente irrumpen instituciones y personas que con gran mérito se dedican a estudiar y difundir aquellos valores, lo cual no resulta suficiente en vista de lo que viene ocurriendo en distintos andariveles de la vida social en diferentes partes del llamado mundo libre.

    Entre las contribuciones de peso se ha publicado un librito –son 130 páginas– de un espesor didáctico y una argumentación de notable solidez. Se trata de una obra de Loris Zanatta que lleva el sugestivo título de El populismo jesuita. Perón, Fidel, Chávez, Bergoglio. La similitud, convergencia y el consecuente parentesco de las ideas de fondo de estos cuatro personajes son llamativos. El autor les dedica pinceladas sumamente ilustrativas, lo cual me había adelantado de viva voz en nuestro encuentro durante su última visita a Buenos Aires, pero en esta nota periodística quiero centrar la atención en torno al actual papa, que Zanatta remite –como uno de sus posibles orígenes intelectuales– al padre Hernán Benítez.

    Este sacerdote fue el asesor de Eva Perón, la acompañó en su gira por Europa en 1947 y le consiguió la entrevista con Pío XII, pero más importante que eso es del caso destacar que asesoró al GOU y redactó varios de sus documentos que hicieron posible el golpe militar peronista de 1943. Asimismo, fue profesor en el Seminario de Villa Devoto, consultor de la Juventud Peronista y, sobre todo, al decir de Loris Zanatta, “empollaba el movimiento comunista-cristiano” y “en su escritorio emplazó la figura del Che Guevara”, lo cual hace de “Bergoglio el heredero de Hernán Benítez”, a lo que debe agregarse que el mentor de Francisco fue monseñor Enrique Angelelli, quien celebraba misa bajo la insignia de los Montoneros.

    Cuando al actual pontífice le preguntaron en Roma, en el diario La Reppublica, qué diría a los que sostienen que es comunista, replicó: “Son los comunistas los que piensan como los cristianos”. En este contexto es que el papa Francisco se ha pronunciado tantas veces contra el mercado libre y el capitalismo, relativizando la institución de la propiedad privada e insistiendo en el uso común de los bienes, lo cual inexorablemente conduce a lo que en ciencia política se conoce como “la tragedia de los comunes”, es decir, lo que es de todos no es de nadie, por lo que el uso de los siempre escasos recursos opera a contracorriente de las necesidades de la gente. Este cuadro de situación siempre constituye un ataque a la inversión y por ende conduce al empobrecimiento de todos, pero muy especialmente al de los más vulnerables.

    Hacer la apología de la pobreza material conduciría a la negación de la caridad, puesto que mejora la situación económica de los receptores y, por otra parte, si los pobres estuvieran salvados la Iglesia debería dedicarse solamente a los ricos. Es que en la tradición del cristianismo aparecen dos vertientes contrapuestas: la de Santiago el Mayor, que sugería poner todos los bienes en común, y la que prevaleció, a saber, la de Pablo de Tarso, que combatió y refutó esa línea de pensamiento. Con este pontificado se retrotrae a lo que San Pablo mostraba como la ruina de la propia Iglesia y en general de la comunidad; claro que muchos de los partidarios de repartir lo ajeno no aluden a las riquezas del Vaticano y mucho menos al potente banco de ese lugar. Como bien apunta Zanatta, “los populismos jesuitas no son la religión católica, la Iglesia Católica, la Compañía de Jesús”, lo cual no quita que tantos sacerdotes se hayan recostado en socialismos que derivan en la llamada teología de la liberación, que, como señala uno de sus mayores artífices –el padre Gustavo Gutiérrez–, está consustanciada con el marxismo… con quien el Papa concelebró en San Pedro no bien asumió.

    Sin duda, a pesar del ruinoso experimento jesuita con el comunismo en Paraguay y de las trifulcas que hicieron que el papa Clemente XIV suspendiera la orden (restablecida por Pío VII), y de que Juan Pablo II mantuvo una seria y célebre disputa con el principal de los jesuitas, los hay extraordinarios, como el padre James Sadowsky, que además de sus grandes méritos religiosos fue un eficaz difusor del liberalismo como cimiento moral de la cooperación social civilizada, y desde la cátedra combatió con fuerza todas las andanadas estatistas, en concordancia, por ejemplo, con el sacerdote polaco doctor Michal Poradowski, quien advirtió reiteradamente en sus libros sobre la penetración comunista en la Iglesia Católica.

    Debe comprenderse que el espíritu liberal tan denostado por el tercermundismo y sus socios se traduce en la consideración por la dignidad del ser humano que garantiza sus derechos, que son anteriores y superiores a la constitución del aparato de la fuerza que conocemos como gobierno.

    El liberalismo estima que cada uno debe poder encaminarse en lo que considere conveniente siempre y cuando no se lesionen derechos de terceros, mientras que en lo personal añado que la religión infunde alimento espiritual para mejorar como seres humanos. Son dos planos distintos pero en ese sentido complementarios, para los que mantenemos la religiosidad como el punto de partida del universo, puesto que si no aceptamos la primera causa no existiríamos, ya que la regresión al infinito haría que nunca haya comenzado el inicio de nuestras vidas y todo lo que nos rodea. Por eso es que cuando le preguntaron a Carl Jung si creía en Dios respondió: “No creo en Dios, sé que Dios existe”. Desde luego, esto no es incompatible con lo anunciado originalmente por el sacerdote belga físico y matemático Georges Lamaitre sobre el Big Bang como la explosión que produjo lo contingente mas no lo necesario, que es el primer motor. Este es el motivo por el cual Einstein consignó: “Mi idea de Dios se forma de la profunda emoción que proviene de la convicción respecto de la presencia del poder de una razón superior.”

    Pero volviendo a Loris Zanatta, son de gran peso sus aseveraciones sobre el activismo de caudillos y sacerdotes que alaban al nacionalismo y en general al colectivismo, que niega el valor del individuo en una marcha suicida al agrandamiento de los aparatos estatales que “concentran poder y centralizan decisiones”. No en vano Bergoglio muestra reiterados gestos de simpatía hacia dictadores. Lo dicho se sucede vía entrometimientos inaceptables de gobiernos en las vidas y haciendas de la gente, con gastos astronómicos, endeudamientos colosales, impuestos asfixiantes, manipulaciones monetarias que estafan a la población y regulaciones que no dan respiro a la creatividad y al emprendimiento. En esta línea argumental es pertinente mostrar una y otra vez que en una sociedad libre, el empresario, para mejorar su patrimonio, debe ofrecer bienes y servicios que les resulten atractivos a las demandas, de lo contrario incurren en quebrantos.

    Resume Zanatta su magnífica tesis al rechazar las denominadas “leyes de la historia” –desechadas por pensadores de la talla de Karl Popper– al escribir que los populismos “eliminan los peldaños de la movilidad social”, “enjaulando al individuo en el pueblo” o sea “una sofocante caja identitaria donde sacrifica el espíritu de iniciativa, la originalidad y el talento a la solidaridad de la tribu”.

  • La Iglesia y los abusos sexuales

    La reciente noticia respecto a las revelaciones de un obispo argentino concerniente a sus abusos sexuales, a mi juicio constituyen una prueba más de mi pensamiento que creo la historia lo comprueba. Ese problema de hoy está igualmente demostrado por el monto de miles de millones de dólares que la Iglesia ha tenido que pagar en Estados Unidos por los abusos sexuales de los curas. Situación que se ha repetido en Chile y…

    Hace tiempo comprendí lo que creo que es un hecho indiscutible. La homosexualidad es un hecho biológico. De otra forma no podría comprender que un hombre prefiere violar a un chico que tener una relación sexual con una mujer. Desde mi sentimiento vital yo considero que la relación sexual con una mujer es el mayor placer que un hombre tiene en la vida. Ignorarla no creo sea consecuencia de un sacrificio religioso sino un sentimiento vital. Consciente de esa realidad soy a la vez partidario de reconocer el derecho a legalizar al matrimonio homosexual. Como bien reconociera David Hume, es imposible racionalmente dejar de sentir lo que se siente. Mi preocupación al respecto se refiere a los efectos que ello puede tener sobre la cultura y los sentimientos de los hijos que de alguna manera generen.

    Debo aclarar que me estoy refiriendo a la homosexualidad masculina y no a la de las mujeres, pues ese tema me es desconocido. Hace tiempo escribí: “A las mujeres hay que amarlas, no entenderlas. Entenderlas es un proyecto imposible”. Desde mi punto de vista una mujer con relaciones homosexuales no deja de ser mujer. Por el contrario, un hombre, decididamente ha dejado de serlo.

    No obstante que comprendo lo que considero la razón de ser de la homosexualidad masculina, ello no quiere decir que ignore que la pedofilia no constituya un delito. Por el contrario ello implica la violación del derecho de los menores. Por tanto considero que los que realicen este acto no solo deben compensar económicamente, sino que deben ser detenidos y apresados.

    Por todo lo dicho anteriormente a su vez considero que la Iglesia católica desde el Concilio de Letrán de 1215 confirmado por el Concilio de Trento de 1545 fue la primera asociación de homosexuales del mundo. En esos Concilios se decidió el celibato de los curas. La religión a mi juicio no es la razón de ser de la supuesta abstención sexual. En virtud de esa realidad las religiones protestantes mantienen lo que considero la coherencia de amar a Dios en el cielo y a las mujeres en la tierra.

    Otro factor a tener en cuenta es el mandamiento “No Fornicar”. ¿Cuál es el significado moral de ese mandato? Puedo adelantar que si no fuese por el placer de las relaciones sexuales la humanidad no existiría. La única razón de acostarse con una mujer no surge solo del propósito de tener un hijo. El hijo puede ser la consecuencia no la causa. Pero recuerdo que hace algunos años aprendí empíricamente que la relación sexual con su esposa que no fuese con el propósito de tener un hijo era pecado, y me atrevería a considerar que era considerado fornicar.

    Siguiendo con la ética de los mandamientos tenemos: “No desear la mujer de tu prójimo”. Otro mandato imposible de cumplir, pues el deseó es imposible de evitar como antes dije en nombre de Hume. El pecado podría resumirse al hecho de tener relación sexual con la mujer de tu prójimo. O sea estaríamos incumpliendo el no fornicar.
    En esa misma situación considero que está: “No desear los bienes ajenos”: Ojala fuese posible de que se cumpla pues en ese deseo se manifiesta la demagogia vigente vía el socialismo en nombre de la falacia de la búsqueda de la igualdad económica y su resultado la desigualdad política.

    Igualmente la situación presente en términos políticos y la Iglesia es la aparente posición del Papa que fue a visitar a Fidel Castro ignorando los crímenes del régimen cubano y la falta de libertad pendiente.

    Pero en fin el problema pendiente del momento sigue siendo la persistencia de la pedofilia de los curas. No santifiquemos la violación sexual en nombre de Dios. Si Dios existe tiene claro la razón de ser de la existencia de Adán y Eva como el reducto de la creación humana. Y recordemos que Eva surgió de la costilla de Adán, pero ello no cambia el hecho indiscutible de la naturaleza humana.