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  • ¿Qué pasa si Harris y Trump empatan en el Colegio Electoral?

    En las elecciones presidenciales de Estados Unidos, el sistema del Colegio Electoral, aunque complicado y a menudo criticado, desempeña un papel crucial en la selección del presidente. Este sistema ha sido un pilar del proceso electoral estadounidense desde la fundación del país, y es visto por algunos como un freno al populismo y una forma de garantizar que todos los estados tengan peso en la elección, no solo las áreas más pobladas.

    El funcionamiento del Colegio Electoral

    A diferencia de muchos países donde el presidente se elige directamente por el voto popular, en Estados Unidos el proceso electoral se canaliza a través del Colegio Electoral. Este sistema asigna a cada estado un número de votos electorales basado en su población. Los 538 votos electorales totales se reparten entre los 50 estados y el Distrito de Columbia, de manera que el candidato que logre al menos 270 de estos votos se convierte en presidente.

    Cada estado, excepto Nebraska y Maine, otorga todos sus votos electorales al candidato que gane la mayoría en ese estado, un sistema llamado «winner-takes-all» (el ganador se lleva todo). Así, quien gane en estados altamente poblados como California o Texas obtiene una ventaja significativa, pero cada estado tiene su propio peso relativo en el resultado final. Esto significa que un candidato puede perder el voto popular a nivel nacional, pero aún ganar la presidencia si obtiene suficientes votos electorales, como ha sucedido en varias ocasiones, la más reciente en 2016 con Donald Trump.

    El Colegio Electoral como freno al populismo

    El Colegio Electoral fue diseñado originalmente por los Padres Fundadores como una salvaguarda frente a la posible influencia del populismo o de una concentración excesiva de poder en las regiones más pobladas. El sistema busca equilibrar los intereses de estados pequeños y grandes, asegurando que los candidatos no solo se centren en los estados con mayor población, sino que también presten atención a las preocupaciones de las áreas menos densamente pobladas.

    Esto crea un mapa electoral que da importancia a los «swing states» o estados bisagra, donde el resultado es incierto y puede inclinar la balanza hacia uno u otro candidato. Esta estructura también dificulta que un candidato basado únicamente en el populismo de grandes áreas urbanas pueda arrasar sin considerar los intereses de las áreas rurales o menos pobladas, lo que contribuye a moderar el discurso político.

    ¿Qué ocurre en caso de empate?

    El Colegio Electoral, sin embargo, no está exento de complicaciones. Al estar compuesto por 538 votos (un número par), existe la posibilidad, aunque remota, de que los candidatos empaten a 269 votos cada uno. Si esto sucediera, la Constitución de Estados Unidos prevé un procedimiento para resolver el empate, como se detalla en la Duodécima Enmienda.

    En este escenario, la elección del presidente recaería en la Cámara de Representantes, donde cada delegación estatal —no cada representante individual— tendría un voto. Como hay 50 estados, se necesitarían 26 votos para ganar la presidencia. La distribución actual de las delegaciones estatales en la Cámara de Representantes favorece a los republicanos, que controlan 26 delegaciones frente a las 22 de los demócratas, con dos delegaciones empatadas.

    Por otro lado, el Senado elegiría al vicepresidente, donde cada uno de los 100 senadores tiene un voto. Dado que el Senado actualmente tiene una ligera mayoría demócrata, aunque está sujeto a cambios en las elecciones legislativas que se celebran el mismo día que las presidenciales, existe la posibilidad de que el presidente y el vicepresidente pertenezcan a partidos diferentes si se da un empate en el Colegio Electoral.

    Posibles escenarios de empate en las elecciones de 2024

    En las elecciones de 2024, los candidatos principales, Kamala Harris por el Partido Demócrata y Donald Trump por el Partido Republicano, se enfrentan en una contienda que algunos analistas ven como ajustada. En caso de un empate a 269 votos, la elección del presidente dependería de la Cámara de Representantes. Actualmente, los republicanos tienen ventaja en las delegaciones estatales, lo que daría a Trump una mayor probabilidad de ser elegido presidente en un escenario de empate.

    Sin embargo, para que se produzca un empate, se tendría que dar una combinación de resultados electoralmente muy ajustados. Estados clave como Míchigan, Pensilvania y Wisconsin podrían inclinarse hacia uno u otro candidato, y en el caso de Nebraska y Maine, que reparten sus votos por distritos, el resultado de un solo distrito podría marcar la diferencia.

    Consecuencias de un empate

    Si se produjera un empate y, como resultado, la Cámara de Representantes eligiera a Trump y el Senado a Kamala Harris como vicepresidenta, el país se enfrentaría a un escenario de gobierno dividido. Esto podría llevar a una situación inédita en la historia de Estados Unidos, con un presidente y una vicepresidenta de partidos políticos opuestos, algo que podría complicar la gobernabilidad y aumentar la polarización política.

    Aunque este escenario es improbable, el simple hecho de que sea posible subraya las particularidades del sistema electoral estadounidense. El Colegio Electoral, aunque criticado por algunos como anticuado o injusto, sigue siendo el mecanismo clave para elegir al presidente y garantizar que los intereses de todos los estados, grandes o pequeños, sean tenidos en cuenta.

  • El Presidente de Estados Unidos: Líder Nacional o Presidente del Mundo?

    Guy Sorman, en su artículo «¿Qué presidente del mundo?», ofrece una reflexión sobre la importancia de las elecciones presidenciales en Estados Unidos no solo para los ciudadanos estadounidenses, sino también para el resto del mundo. Sorman subraya que el presidente de Estados Unidos ejerce un poder significativo a nivel global, más allá de sus competencias nacionales, lo que convierte estas elecciones en un asunto de relevancia internacional.

    El autor señala que, aunque el presidente estadounidense está limitado por múltiples contrapoderes internos —como el Congreso, la Justicia, los estados federados y el Ejército— su influencia en política exterior es mucho mayor. Esto se debe a que el presidente tiene un control más directo sobre la diplomacia y las decisiones militares. En momentos de crisis internacional, el presidente es el único que puede tomar decisiones rápidas y unilaterales, lo que destaca su rol como líder del mundo libre.

    Sorman analiza las posibles consecuencias de una victoria de Donald Trump o Kamala Harris en las elecciones de 2024. Resalta que, mientras Harris probablemente seguiría una política exterior continuista con la de Joe Biden, centrada en la defensa de la democracia y los intereses occidentales, Trump podría llevar a EE.UU. hacia un aislamiento que pondría en riesgo la estabilidad de alianzas clave como la OTAN y podría fomentar las ambiciones expansionistas de China y Rusia. En este contexto, la elección del presidente estadounidense tiene implicaciones directas para países como Ucrania, Israel y Taiwán, así como para la seguridad de Europa.

    En definitiva, Sorman sugiere que aunque los votantes europeos no participen directamente en estas elecciones, sus vidas y la estabilidad de sus naciones están profundamente conectadas con el resultado. Por lo tanto, es inevitable que el presidente de Estados Unidos sea visto como un «presidente del mundo», cuyo mandato influye en el orden global.

    Este análisis subraya la paradoja de que una elección que es, en principio, un asunto interno de Estados Unidos, tiene repercusiones que trascienden fronteras y afectan a millones de personas en todo el mundo. La influencia de la presidencia estadounidense sigue siendo única en el escenario internacional, y aunque esta hegemonía no está exenta de críticas, Sorman concluye que, dadas las alternativas, la mayoría preferiría que el «amo del mundo» siga estando en Washington en lugar de en Pekín o Moscú.

  • Las próximas elecciones presidenciales estadounidenses

    Con gran dolor consigno que prefiero que gane las elecciones presidenciales en el otrora baluarte del mundo libre Kamala Harris que Donald Trump pues me inclino por una estatista al descubierto que uno camuflado, aunque en este último caso el candidato de marras parece inepto en materia política ya que no se percata de su ubicación en el espectro en el que se desenvuelve en temas nacionales e internacionales.

    Trump durante su gestión incrementó el gasto público, el déficit fiscal y la deuda estatal. Tuvo la indecencia de no reconocer el triunfo de su adversario en las últimas elecciones, a pesar que fue certificado por los 50 estados, por 61 jueces federales y locales (8 de los cuales fueron sugeridos por Trump) y su propio Vicepresidente, Mike Pence. Sus manifestaciones con motivo del ataque al Capitolio fueron bochornosas; como reporta la Association PressThe New York Times y el Washington Post el Presidente expresó reiteradamente en lugares públicos en esos días críticos respecto a los revoltosos: “They were there with love in their hearts. It was a beautiful day” (Estaban allí con amor en sus corazones. Fue un día hermoso), lo cual se desdijo más adelante en vista de la categórica condena inicial de colegas republicanos liderados por el Senador Lindsay Graham y del público en general. Del mismo modo que se retractó respecto del aborto a pesar de haber reiterado que era partidario del pro choice desde su célebre declaración inicial el 24 de octubre de 1999 en NBC News (“Meet the Press”) hasta que más adelante sus asesores le recomendaron condenar el aborto debido a la posición de sus seguidores potenciales con especial referencia destacados representantes del Tea Party.

    Trump es proteccionista, nacionalista y xenófobo que la emprende contra los inmigrantes y con ribetes peligrosos como cuando frente al enfrentamiento de dos grupos en Charlottesville donde todos los partidarios de una de las partes enfrentadas portaban estandartes nazis, frente a lo cual el entonces Presidente declaró ante las cámaras de CNN: “Very fine people on both sides” (Buena gente de los dos lados).

    Sé que hay personas de buena voluntad preocupadas por el avance del aparato estatal estadounidense que consideran que es mejor apoyarlo a Trump pues el gobierno de Biden y lo que proyecta su eventual sucesora es una calamidad. Esto último es del todo correcto pero no puede decirse con rigor que con los antecedentes referidos de Trump se enfrentará al tamaño del gobierno federal con el agravante que como queda dicho el disfraz -tal vez inconsciente- presenta un frente de mayor peligro y debilita las defensas y anticuerpos. Sin duda que como he marcado tantas veces una cosa es la academia que siempre apunta al óptimo y otra la política, un terreno en el que se hace lo que las limitaciones de las circunstancias permiten, en este caso en cuanto a relaciones exteriores y equivalentes al efecto de eventualmente inclinarse por uno u otro candidato.

    Es verdaderamente triste lo que viene ocurriendo en ese magnífico país en el que estudié dos años de mi colegio secundario, luego asistí a seminarios producto de una beca y he visitado en reiteradas ocasiones. Tengo muy buenos amigos estadounidenses y me constan las inmensas reservas morales con que cuenta esa nación las cuales constituyen una formidable esperanza para rectificar el rumbo.

    En mi libro Estados Unidos contra Estados Unidos detallo a través de quinientas páginas el declive que viene operando, en abierto contraste con los extraordinarios consejos de los Padres Fundadores. Me parece oportuno limitarme esta vez a reproducir los epígrafes que estampé para abrir cada uno de sus doce capítulos que ilustran el contenido del libro. Lo hago en el mismo orden cronológico con que aparece en mi trabajo, De Thomas Paine (1776): “La sociedad en todos sus estadios es una bendición, pero el gobierno aun en su mejor estado constituye un mal necesario y en su peor estado un mal intolerable”. De George Madison (1788): “Hemos oído de la impía doctrina del Viejo Mundo por la que la gente era hecha para el rey y no el rey para la gente. ¿Se revivirá la misma doctrina en el Nuevo bajo otra forma, que por la sólida felicidad de la gente debe sacrificarse a las visiones de aquellas instituciones políticas bajo una forma diferente?”.

    De Thomas Jefferson (1782): “Un despotismo electo no fue el gobierno por el que luchamos”. De George Washington (1795): “Mi ardiente deseo es y siempre ha sido cumplir estrictamente con todos nuestros compromisos en el exterior y en lo doméstico, pero mantener a los Estados Unidos fuera de toda conexión política con otros países.” De Benjamin Franklin (1759): “Aquellos que renuncian a libertades esenciales para obtener seguridad temporaria, no merecen ni libertad ni seguridad.” De John Marshall (1819): “El poder de establecer impuestos, es el poder de destruir.” De Pelatiah Webster (1779): “La libertad de comercio y la libertad irrestricta del sujeto para disponer o usar de su propiedad como le plazca, es absolutamente necesaria para la prosperidad de todas las comunidades y para la felicidad de todos los individuos que las integran.” Inscripción en la Estatua de la Libertad (Emma Lazarus, 1883) que reproducimos en el idioma en que está inscripto: “Give me your tiered, your poor, Your huddled masses yearing to breath free, The wretched refuse of your teeming shore, Send these, the homless, the tempest.toss´d to me, I lift my lamp reside the Golden door”. De James Bovard (2003): “De la misma manera que a los políticos raramente se los hace responsables por sus mentiras, a los gobiernos raramente se los hace responsables por sus matanzas.”

    De Milton Friedman (2000): “Como nación hemos sido responsables por el asesinato de literalmente cientos de miles de personas en nuestro país y en el extranjero por pelear un a guerra antinarcóticos que nunca debió haber comenzado y que solo puede ganarse, si eso fuera posible, convirtiendo a los Estados Unidos en un estado policial.” De Etienne de La Boetie (1576): “Son, pues, los propios pueblos los que se dejan, o mejor dicho, se hacen encadenar ya que con solo dejar de servir romperían sus cadenas”. De Ralph Waldo Emerson (1844): “Es moral aquel cuya meta o motivo puede convertirse en norma universal.”

    Para bien del mundo libre es de esperar una pronta reacción en dirección a la libertad. Literalmente, nos va la vida en esto. En cuanto al Partido Republicano en términos modernos es de desear que retome los valores y principios de los Barry Goldwater, Ronald Reagan, Ron Paul (que advierte en varios videos en YouTube acerca de los peligros que presenta Trump) y Mitt Romney (quien en su condición de Senador promovió juicio político a Trump). Mi padre los conoció personalmente a los dos primeros y en mi caso puede intercambiar mails con los dos últimos. El premio Nobel en Economía, el gran Vernon L. Smith, es también muy crítico de las políticas que implementó Trump y las que promete ejecutar vinculadas a su arrogante estatismo siempre inmoral y empobrecedor.