A partir del viernes 26 de Mayo, comenzamos a publicar como sección especial semanal, poemas extraídos de libros inéditos aún, del prolífico autor John Bennett, cuya pluma en este campo es realmente admirable. La combinación entre una mirada irónica y aguda de la realidad socio-política y la concatenación de las palabras producen estas pequeñas maravillas que invitamos a disfrutar. Esta semana, publicamos «De la Anarquía», que pertenece a la obra: El Mundo Mío que es Tuyo, firmada por Juan Alejo, en Panamá 1998 – 2023.
De la anarquía
El mejor de los caminos es una simple visión de la anarquía del mundo y de pensar que de todo ello ha de surgir la nueva y eterna vida.
Desde el viernes 26 de Mayo, comenzamos a publicar como sección especial semanal, poemas extraídos de libros inéditos aún, del prolífico autor John Bennett, cuya pluma en este campo es realmente admirable. La combinación entre una mirada irónica y aguda de la realidad socio-política y la concatenación de las palabras producen estas pequeñas maravillas que invitamos a disfrutar. Esta semana, Borrasca, sobre La dictadura militar, que pertenece a la obra: El Mundo Mío que es Tuyo, firmada por Juan Alejo, en Panamá 1998 – 2023.
La dictadura militar
Borrasca es un relato que sale de mis impresiones y experiencias vividas durante la Dictadura Militar torrijista y en particular la norieguista que fue la culminación de ese lamentable período de la vida en nuestro país. Hoy, con mirada retrospectiva, contemplo con ambigüedad ese pasado en dónde se debatía la rancia y corrupta política del confisca, parte y reparte para sustraer la mejor parte, frente a un cambio que, bien o mal, daba algún atisbo de anhelado cambio. Y sí, el cambio fue ilusorio; lo cual declaro con conocimiento propio. Hoy, confieso que apoyé a los llamados “militares”. Los primeros vuelos de lo que sería la Fuerza Aérea de Panamá (FAP) los hice yo, volando en la noche sin luces y al despegar o aterrizar en Paitilla, en busca de las estaciones “clandestinas”, aunque, hoy me pregunto quienes eran los clandestinos; creo que fueron ambos. Pero, al paso del tiempo fue obvio que cambiamos un mal por un peor. Y sí, algunas cosas se lograron; pero… ¿a qué precio? Hoy recuerdo en el patio de la comandancia militar en David que unos oficiales pateaban a un “guerrillero” herido de bala que tenían amarrado al sol sin siquiera agua. Lo hacían para demostrar lo valientes que eran.
Hoy que tantos aún celebran haber sido dictados y conducidos como borregos, no puede un alma sensible más que hacer preguntas como: ¿A ello llaman “democracia”? O ¿será que la democracia no importa o, simplemente, no la entienden? Y sí, muy poco han de entenderla en dónde rara vez o nunca ha sido practicada; igual de la libertad de mercado o el capitalismo. Pero, en todo caso y en esa época, la poesía Borrasca, pinta en letras mi reacción a esos tiempos y esos acontecimientos.
La amplia difusión de esta sentencia de aparente coherencia la ha convertido en una especie de aforismo que se propone como pauta en la ciencia o el arte.
Una frase publicitaria de la industria del automóvil, “one look is worth a thousand words”, condujo a Fred Barnard a publicar un artículo en 1921 elogiando la efectividad de la ilustración en la publicidad, con el título One picture is worth a thousand words, en el que atribuye la frase a Confucio, tal vez para darle más credibilidad.
Origen publicitario del aforismo y anuncio de F. R. Barnard en 1927.
Esta idea de confrontación de valor entre texto e ilustración ya aparecía en una novela de Turgueniev (1862), cuyo protagonista, cuando observa las imágenes de unas montañas, es interpelado a que, como geólogo, haría mejor en consultar libros que no dibujos. Él responde que “un dibujo me representa, de un golpe a la vista, aquello que en el libro ocupa diez páginas enteras”. Es la misma idea que subyace en la publicidad moderna.
Recopilación de citas (O’Toole, 2022)
Comparaciones similares (como las de la figura), no siempre referidas a la imagen, nos indican que, más que elogiar el valor de la imagen, se refleja una impresión desfavorable hacia el discurso, quizás como respuesta a la preferencia histórica por el texto.
No siempre ha sido así…
El proverbio inglés “pictures are the books of the unlearned” define las imágenes crudamente como los libros del ignorante. Una idea reflejada en los primeros libros ilustrados y difundida, entre otros, por el reformador Calvino, que perdura en la actualidad:
“Lamentablemente, nada ha cambiado hoy, excepto que las imágenes se han multiplicado exponencialmente junto con lo no aprendido”
Paul Derengowski, 2018.
Texto e imagen siempre han estado enfrentados como modelo o paradigma de la representación humana. En la comparación clásica ut pictura poesis, que refiere la poesía como “pintura que habla” frente a la pintura como “poesía muda”, la literatura siempre salía reforzada, al atribuir al poeta una especie de don creativo de tipo espiritual, frente al carácter manual de la imitación artesanal del artista visual.
“¿Qué poeta podría presentarte con palabras la verdadera imagen de tu capricho con tan gran fidelidad como el pintor? No vemos cosa alguna de las que habla, cosas que sí veremos si alguien habla por pinturas, las cuales entenderemos como si hablasen”.
Un precedente de comparaciones posteriores que irán favoreciendo el valor social de la imagen, especialmente cuando comienza a ser fácilmente reproducible y accesible. Esta accesibilidad técnica comienza con la cámara oscura de los pintores y nos conducirá, a través de la fotografía y el cine, hasta las pantallas actuales.
Narrativas y niveles de lectura
La comparación conciliadora permite compartir espacio entre la creación literaria y la visual, comprendiendo sus diferentes narrativas. Si para construir la imagen digital de las modernas pantallas se necesita escribir gran cantidad de palabras o signos alfanuméricos, estos tienen poco sentido por sí mismos. De igual forma, las palabras son signos que para ser asociados a un concepto van a requerir una gran cantidad de imágenes mentales, que por si mismas pierden entidad. Por tanto, si bien una imagen vale mil palabras, un texto podría valer mil imágenes.
En defensa de la lectura, se suele hablar de la categoría del “falso lector”: persona que valora positivamente la lectura pero que no tiene hábito lector y busca producir la impresión de parecer lector, cercana a la deseabilidad social.
Si llevásemos esta descripción a la narrativa visual, podríamos igualmente hablar de falsos lectores que, aunque no poseen el hábito lector de las imágenes, tendrían una consideración alta de su valor en esta época de alfabetización visual.
Niveles de lectura y comprensión
La comprensión lectora se caracteriza por la interpretación activa de lo leído, al crear significados y hacernos más conscientes de la lectura en general. En el otro extremo, se sitúa el nivel más superficial de la lectura, caracterizado por la eficiencia lectora de textos e imágenes, con contenidos concretos y breves.
La lectura activa, de imagen o texto, nos permite profundizar en el significado a través de los aspectos formales y gramaticales. Ambas lecturas ofrecen aspectos interpretables a partir de elementos estructurales, sujetos a normas de la gramática verbal o visual.
Ni la imagen es de ignorantes, ni el texto goza de especial espiritualidad. Aunque con resultados diferentes, ambas representaciones reflejan la misma capacidad de abstracción del pensamiento humano. La creación humana es visual y textual y la alfabetización, en ambos lenguajes, adquiere hoy un especial valor ante la potencialidad de la inteligencia artificial para crear textos e imágenes complejas.
La novela Un mundo feliz, de Aldous Huxley, nos lleva a un futuro deshumanizado en el que la sociedad está dividida en un sistema de castas en el que los individuos están creados y alterados genéticamente. A pesar de ser una novela distópica, nos introduce en un mundo utópico, en donde la humanidad es permanentemente feliz, no existen guerras ni pobreza y las personas son lo que llamaríamos normales, tienen buen humor, tienen buena salud y son tecnológicamente muy avanzadas.
Un mundo perfecto y feliz realmente. Para ello, está el Estado Mundial, que gobierna en este mundo feliz, que a través de regulación elimina a la familia, la diversidad cultural, el arte, la ciencia, la literatura, la religión y la filosofía. En realidad, elimina a todo aquello que nos hace humanos, estandariza como una producción en serie de los carros Ford a los seres humanos (desde la selección genética para gestar a los perfectos, la inducción de las ideas mediante el sueño desde niños, hasta la división por castas de los mejores, los Alpha, a los de más baja cualificación, los épsilon).
El Estado Mundial (no les repugna la idea actual varias veces repetidas por políticos mediocres?) del mundo feliz tiene como lema: comunidad, identidad, estabilidad. Y para lograr ello, allí está la píldora de la felicidad en dosis, Soma. Si en algún momento aparecía algo de humanidad, el remedio eficaz sin contraindicaciones. Y todos felices.
Huxley considera que el mecanismo para aniquilar el humanismo e individualidad del ser humano es a través del consumismo excesivo y la obtención de bienes materiales, porque de esta forma se elimina todo aquello que nos revela nuestros sentimientos, como el amor, las artes, los sentimientos como la frustración, la tristeza, la curiosidad, en fin, una masa ignorante consumidora, que no piensa y que solo es feliz de esta forma y sin cuestionar nada.
El individuo de esta forma desaparece, el pensamiento está determinado por el sistema, el individuo ha perdido su capacidad y libertad de razonar, es un ser estúpido sonriente todo el tiempo y funcional al sistema. Y la tecnología, las máquinas, se ocupan de que este individuo pierda todas las características como ser humano, condicionándolos en todo su desarrollo. Al final, esta sociedad tecnológica es donde viven estas personas estúpidamente felices; y son estúpidas porque ellos se creen libres, aman ser esclavos sin saberlo, porque en verdad viven en una dictadura disfrazada de democracia.
Huxley lo describió como: “Una dictadura perfecta tendría apariencia de democracia, pero sería básicamente una prisión sin muros en la que los presos ni siquiera soñarían con escapar. Sería esencialmente un sistema de esclavitud, en el que gracias al consumo y el entretenimiento, los esclavos amarían la servidumbre.”
Si no han leído aún Brave New World, su título en inglés, la cuarentena es buena época para hacerlo. Luego de ello, pónganla en contexto con el mundo actual en que estamos viviendo, la pandemia, los organismos a nivel mundial que quieren imponer su agenda, las mismas frases de gobierno mundial que incluso llegó a decir (consciente o no) la ex ministra de salud y pregúntense ahora qué quieren hacer, si tomarse una Soma o pelear por seguir siendo individuos, con sus imperfecciones, sus riesgos, pero vivos al fin. Y por vivos quiero decir exactamente eso, la posibilidad de seguir siendo humanos con una fecha (inexorable por ahora) de morir, pero morir en nuestros términos y no como un cuerpo revestido de piel , repositorio de órganos y un alma extinguida.