Etiqueta: liquidez

  • En este escenario de anormalidad e incertidumbre, la liquidez en las empresas, manda

    Un nuevo estudio de la firma Accenture demuestra que un cuarto de los temas de discusión de los CEOs a nivel global, son sobre la crisis del Covid-19  y los problemas financieros que se enfrentan. De hecho, una de las conclusiones es que el 42 por ciento de las empresas más importantes del mundo (S&P 500) están en un nivel considerable de riesgo de quiebra en el futuro cercano.

    Y en este escenario, muchas empresas panameñas no se escapan del riesgo. Una de las constantes en los últimos 10 años, ha sido vivir apalancados, es decir, endeudados y postergando pagos a futuro. Pero el cisne negro, esto es, la reacción de los gobiernos ante el Covid-19, ha resultado en una espada de Damocles para una buena parte de personas y empresas panameñas acostumbradas a no darle la importancia al cash, o la liquidez.

    Por supuesto, muchas empresas podrán sobrevivir ante esta situación, como siempre sucede cuando existe una intervención artificial en la economía, y aquellas relacionadas con las de provisión de servicios como Energía, Comunicaciones, Salud o Alimentos básicos, no habrán sido tan impactadas. Otro rubro que no ha sido muy afectado es el relacionado a los Servicios Públicos y el Sector público en general es el que saldrá incólume de esta situación (mientras los impuestos y endeudamiento aguanten).

    Ahora bien, regresando al tema de la liquidez, si le sumamos el agravante del intento de regulación ahora mismo en la Asamblea  a la actividad financiera que ejercen los bancos, no sólo será un enorme golpe institucional, sino una posible restricción crediticia a los necesitados de liquidez. Esto le sumará una enorme presión, a la que ya tienen, a las compañías que necesitan gestionar su liquidez.

    Y qué es gestionar la liquidez? ¿han escuchado alguna vez la frase “cash is the King”? Bien, es el condicionamiento más importante para cualquier CEO o CFO que se presume responsable de una empresa, el manejo de caja. Consiste en equilibrar el efectivo a corto plazo y las presiones de los costos actuales con las inversiones adecuadas en nuevas oportunidades de crecimiento, y su responsabilidad hacia los grupos de interés y la sociedad en general. Resumido: contar con cash o mantener un buen cash-flow.

    Por tanto, ante la situación planteada, el dinero y la financiación van a tener que conseguirse por caminos distintos a los habituales bancarios. La época de conseguir dinero barato, financiación rápida para los negocios, como hace un par de años, ha desaparecido de un solo estornudo.  Posiblemente los únicos que  conseguirán financiación serán aquellos negocios que cuenten con un excelente manejo de su tesorería, un balance muy sano y un plan de negocios solvente que reduzcan el riesgo de impago.

    Entonces, el desafío más importante para las empresas en este momento, es indagar y ser muy creativos en cómo gestionar su liquidez sin depender tanto de los créditos bancarios. Buscar acuerdos y tomar decisiones (duras) consensuadas con colaboradores, proveedores, inquilinos, acreedores, y en forma autónoma, sin dependencia de organismos oficiales gubernamentales y oponiéndose a cualquier intervención que condicionen estos acuerdos libres y voluntarios. Mucha responsabilidad  tendrán en ello las diversas asociaciones gremiales empresariales.  En definitiva, buscar soluciones inteligentes y no las fáciles de solicitar más créditos, que en el mejor de los casos que sean otorgados, no harán más que incrementar las deudas en un estado de incertidumbre en el que nadie puede predecir  cómo se va a poder devolverlas.

    En esta crisis, los grandes CEOs se definirán por su liderazgo estratégico y operativo. La forma en que enfrenten y manejen los obstáculos financieros de la incertidumbre operativa y del mercado, en la viabilidad económica, en la rentabilidad y en los movimientos de la competencia, ayudarán a potenciar la liquidez y mejorar la rentabilidad, lo que les permitirá a las empresas no solo sobrevivir el momento, sino también prosperar y salir fortalecidas a futuro.

  • Un nuevo reto empresarial en la batalla contra el COVID-19

    Ya llevamos casi dos meses guerreando contra el COVID-19 y pareciera que esta batalla estaría, en principio, dominada, aunque aún no ganada.

    Por ende, los que viene ahora es una reapertura paulatina de actividades personales y económicas, tomando los mayores recaudos para no reavivar al enemigo, para protegernos de los riesgos latentes con los que tendremos que convivir por un buen tiempo, y para evitar caer en más daños de los que ya hemos sufrido.

    Entonces, cómo encaramos esta nueva batalla, ahora no solo contra el COVID-19, sino también la que debemos llevar adelante para mantener a flote a las empresas y a las familias que dependen del trabajo que ellas generan.

    Como mencione en el artículo anterior, saquémosle el polvo a las enseñanzas de Sun Tzu; todo esto se trata de mitigar las amenazas, minimizando las debilidades, aprovechando las oportunidades para maximizar las fortalezas, tomando decisiones combinadas de ataque y/o repliegue acertadas, para salir victoriosos.

    Comenzaré por hacer un rápido listado de lo que nos lega el Covid-19 y lo que entiendo que será la Primera Fase de una serie de medidas que tomar urgente para la continuidad de los negocios en esta realidad con la que deberemos convivir un largo tiempo según los pronósticos de los científicos.

    ¿Que nos deja  el COVID-19?

    • Capacidad instalada, física y humana, sobre dimensionada para el corto plazo, y quizás para muchos, para el mediano y largo plazo.
    • Entendimiento del potencial del uso adecuado de las tecnologías de información y comunicaciones que abrieron las puertas a un mundo nuevo para muchos.
    • Hemos tomado conciencia que los recursos son limitados, y se acaban si no son administrados eficientemente.
    • Que se crece a través del ahorro y no por el endeudamiento o apalancamiento desproporcionado.
    • Altos niveles de inventarios perdidos, paralizados o con escasa posibilidad de transferir, transformándose en activos ociosos o, peor aún, en activos nocivos.
    • Extrema estrechez de liquidez que limita y pone en riesgo, como pocas veces hemos visto a nivel global, la capacidad operacional de los negocios o empresas.
    • Reducción del flujo de efectivo y de financiamiento.
    • Disminución de la capacidad de pago.
    • Una cadena productiva paralizada, que comenzará a moverse muy lentamente y tardara un buennnn tiempo para alcanzar el nivel anterior al inicio de la pandemia.
    • Un contexto nacional e internacional complicado por lo que habrá que pulsear en condiciones extremas.

    Estos son algunos de los legados, la lista puede ser mucho más larga, queda en manos de cada uno para completarla con las particularidades propias y para clasificarlas dentro de un FODA como Fortalezas, Oportunidades, Debilidades y Amenazas, como ejercicio para iniciar la planificación de reapertura de actividades.

    Seguramente el primer planteo entonces será cómo se definirá la nueva cultura corporativa, el nuevo modelo de liderazgo y las nuevas normas de trabajo.

    El cambio radical se dará en la infraestructura tecnológica que necesitaremos para incrementar la flexibilidad; el reto será adaptarnos a los nuevos modelos de interacción en la forma de trabajar y dar respuesta a las medidas de seguridad necesarias en materia de teletrabajo. A las mediciones actuales deberán agregarse aquellas que midan el impacto que  tendrán estas formas de trabajo en nuestra agilidad, productividad, calidad o innovación y muy importante, cómo lo mediremos.

    Posiblemente cambien para siempre los diseños de nuestros espacios de trabajo, deberemos reasignarle un sentido al layout de nuestras oficinas y deberemos definir qué necesitaremos cuando regresemos a ellas tras el Covid-19. Ello nos llevará a identificar y encontrar ahorros de costos. Otro de los aspectos a considerar será analizar cómo cambiará nuestra relación con los stakeholders (clientes, proveedores, partners, comités de empresa, accionistas…) y sobre todo, pensar cómo cambiarán ellos.

    En esta etapa, las preguntas a realizarse serán,

    • ¿Cómo trabajábamos  antes del Covid-19, y cómo lo hacemos  ahora?
    • ¿qué productividad, calidad, nivel de innovación esperamos de las diferentes actividades que realizamos?
    • ¿qué procesos pueden realizarse de forma distribuida y cuáles no?
    • ¿qué hemos aprendido luego de haber pasado de un mundo de trabajo potencial a uno “en remoto”?
    • ¿cómo puede evolucionar la experiencia de empleado y cliente en esta nueva realidad?
    • ¿qué oportunidades se nos presentan? y
    • ¿qué otras organizaciones están sacando ventaja de esta profunda trasformación y cómo lo están haciendo?

    Con respecto a la relación laboral, se presentan nuevas dinámicas y formas de trabajo. Hay una notoria evolución de la cultura, liderazgo y gestión de personas; creación de perfiles profesionales nuevos, capacitación y formación adaptadas a los tiempos que corren; ello incluye nuevas tecnologías y herramientas de transmisión del conocimiento y colaboración. La nueva utilización del espacio de oficina tiene un impacto a medio y largo plazo en el portfolio inmobiliario. La experiencia de empleado y la experiencia de cliente en el contexto de esta realidad se asentarán en la orientación a las nuevas necesidades de los clientes y las oportunidades que éstas generan.

    Resumiendo, el cambio se concentra , en la digitalización, la cultura del trabajo distribuido, el replanteamiento de algunos procesos y la reorganización de los espacios de trabajo.

    Como también mencionara, es indispensable poner en práctica el sentido común (que a veces es el menos común de los sentidos) reconociendo la realidad del presente para poder proyectarse hacia el futuro.

    Hacer lo mismo esperando resultados distintos, es lo peor que podemos hacer.

    Y finalmente, la gran pregunta, ¿Cómo proyectarse al futuro?

    Para asegurar el éxito de esta nueva  modalidad de trabajo, se deben crear metas escalonadas, con objetivos claros y realizables, acciones concretas y viables e indicadores consensuados,  que ayuden a que la implementación se haga de manera efectiva y alineada a la estrategia de la compañía.

    Los retos de esta etapa serán poder  coordinar las diferentes iniciativas para lograr una mejora real en nuestra forma de trabajar, encontrar la forma más adecuada a las necesidades de las empresas para seguir trabajando con esta nueva realidad y que éste impacto sea positivo para la sostenibilidad humana, económica y medioambiental de nuestra compañía.

    Si bien una situación de crisis tiene connotaciones negativas, en ellas también surgen elementos positivos como oportunidades para cambiar enfocados al crecimiento, recordemos el ave fénix. Por eso es cierto lo que tanto se dice en estos días: es el momento de reinventarnos.

    El éxito de esta nueva batalla contra la pandemia económica depende del poder de adaptación que tengamos los particulares, no solamente a nivel empresarial, sino que también a nivel personal y profesional para ser realmente productivos, y de los gobernantes  para recrear el ambiente propicio que nos permita desarrollarnos en los diferentes roles que jugamos, para así poder encontrar un rol positivo en el nuevo mundo que se avecina.