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  • Interés falso, crisis real

    Interés falso, crisis real es la expresión que mejor sintetiza el conflicto reavivado en enero de 2026 entre Donald Trump y la Reserva Federal. Esta vez, el choque no fue solo retórico. Jerome Powell afirmó que el Departamento de Justicia (bajo la administración Trump) llegó a amenazar con una acusación penal vinculada a su testimonio sobre la renovación de la sede de la Fed, y calificó el movimiento como un “pretexto” para forzar a la autoridad monetaria a recortar tipos “más y más rápido”.

    En paralelo, Trump reforzó públicamente su preferencia por condiciones crediticias más laxas. El episodio más llamativo ocurrió el 10 de enero de 2026, cuando pidió un tope del 10% a la tasa de interés de las tarjetas de crédito durante un año (a partir del 20 de enero), sin detallar el mecanismo legal para imponerlo; el anuncio movió mercados y golpeó acciones de emisores y bancos.

    Presionar a la Fed es una mala idea (aunque “bajar tasas” suene popular)

    Para la tradición libertaria y, en particular, para la Escuela Austríaca, el problema no es solo “Trump vs. Powell”, sino el incentivo permanente a manipular el precio más importante de la economía: el tipo de interés. El interés no es un botón tecnocrático; es un precio intertemporal que coordina ahorro, inversión y consumo (la señal que conecta la preferencia temporal de millones de personas con los planes de empresas y bancos).

    Cuando una autoridad (o un poder político influyente sobre ella) empuja artificialmente las tasas a la baja, se distorsiona esa señal. En términos misesianos, el crédito barato no crea recursos reales: solo redistribuye y reordena decisiones. Ludwig von Mises advertía que la expansión del crédito no respaldada por ahorro real induce una prosperidad aparente que termina en ajuste: el auge se sostiene mientras el crédito se expande; cuando se frena, aparecen pérdidas y liquidaciones. Esa es la columna vertebral de la Teoría Austríaca del Ciclo Económico (Mises–Hayek): tasas artificialmente bajas → proyectos de inversión más “largos” y arriesgados (“malinvestment”) → choque con la realidad de recursos escasos → recesión/reestructuración.

    Dicho de forma menos académica: si el interés se “abarata” por presión política, se invita a empresas y hogares a endeudarse como si el ahorro abundara, aunque no sea cierto. El resultado típico no es bienestar sostenible, sino burbujas, asignación errónea de capital y, al final, un ajuste que castiga especialmente a quienes llegan tarde: trabajadores y pequeños ahorristas.

    El vínculo con inflación, empobrecimiento y “devaluación” del salario y del ahorro

    El relato popular suele presentar “bajar tasas” como un regalo: hipotecas más accesibles, consumo más fácil, bolsas contentas. La mirada austríaca pregunta: ¿a costa de qué?

    1. Efecto Cantillon (distribución desigual): el dinero nuevo (o el crédito creado) no entra parejo a la economía. Beneficia primero a quienes reciben el crédito antes (sector financiero, grandes deudores, Estado), mientras que los precios empiezan a subir antes de que los salarios del trabajador promedio se ajusten. Resultado: cae el salario real y se erosiona el ahorro.

    2. Inflación como fenómeno monetario: para los austríacos, la inflación es, en esencia, expansión de dinero/crédito; la suba de precios es el síntoma. Si el entorno político empuja a “dinero barato” y facilidades crediticias, se alimenta el riesgo de más expansión monetaria (directa o indirecta), con pérdida de poder adquisitivo.

    3. Empobrecimiento por incertidumbre y ciclos: los booms inducidos por crédito distorsionan la estructura productiva. El ajuste posterior destruye empleo y capital mal asignado. En ese vaivén, el trabajador paga dos veces: primero con encarecimiento del costo de vida, luego con inestabilidad laboral y estancamiento salarial.

    Por eso, desde esta óptica, la independencia del banco central no es un tecnicismo: es un dique imperfecto contra el uso político del dinero. Lo que narró Powell —amenazas y un clima de intimidación para conseguir recortes— se interpreta como un paso más hacia una política monetaria subordinada al ciclo electoral.

    ¿Y el tope a tasas de tarjetas? Popular, pero profundamente intervencionista

    La propuesta de Trump de capar al 10% las tasas de tarjetas de crédito añade otra capa al mismo impulso: si el crédito es caro, se ordena por decreto que sea barato. Pero, para un austríaco, un precio tope no elimina el riesgo ni el costo del capital: lo desplaza.

    • Si obligas a prestar barato en un segmento de alto riesgo (tarjetas), los intermediarios tienden a racionar crédito, subir comisiones, reducir límites o expulsar a los perfiles más vulnerables hacia opciones peores.

    • La tasa, guste o no, es información: refleja morosidad esperada, costo de fondeo y regulación. “Bajarla” por orden no hace que esas realidades desaparezcan.

    Además, el mensaje político combinado —presionar a la Fed por recortes y, a la vez, anunciar topes de tasas privadas— refuerza la percepción de que el objetivo es forzar una relajación financiera general, aun a costa de distorsionar señales y contratos.

    El atajo del “dinero barato” y su factura social

    Desde una perspectiva libertaria/austríaca, el problema de fondo no es si Powell “cede” o si Trump “gana” el pulso, sino el principio: intervenir el mercado financiero manipulando tasas —por presión política o por mandato— altera el mecanismo de coordinación que permite planificar a largo plazo. La aparente bonanza del crédito fácil suele pagarla el ciudadano común con inflación, pérdida del salario real, ahorros licuados y un ciclo de auge y caída que redistribuye riqueza hacia quienes están más cerca del grifo del crédito.

    En otras palabras: cuando el precio del tiempo (el interés) se politiza, la economía deja de guiarse por preferencias reales y pasa a guiarse por objetivos de corto plazo. Y la cuenta, tarde o temprano, llega al supermercado, al alquiler y a la libreta de ahorro del trabajador.

  • La Acción Humana

    ¿Has escuchado o leído acerca de lo que es la “acción humana” que fue el título de la obra maestra de Ludwig von Mises? La obra plantea y defiende la acción humana libre que es la base de la sociedad y del llamado “capitalismo”. Es una obra que aborda lo que es la economía; vale decir, ‘acción humana’ o, lo que hacemos los humanos… ‘actuamos’, tanto en el bien como en el mal. Y, las razones por las cuales hoy abordo este tema son variadas: a) el aprendizaje requiere repetición, ya que los temas siguen siendo muy mal entendidos; b) porque yo mismo aprendo cuando estudio y escribo; c) porque me fascina subir más alto en la montaña de la vida pues logro ver más y más lejos; d) porque como bien señaló Cantillon, “existe una íntima relación entre la base económica y la familia”, y, por tanto, es valiosísima la exploración de la economía de la familia, esa que es la piedra angular sobre la cual descansa una sociedad, su constitución y sus gobiernos.

    Pero más allá de la familia también es valiosísimo y fundamental ver, entender y estudiar la conexión entre la base monetaria y la economía de la familia; dada la inmensa afectación que tienen no sólo las políticas monetarias sino las normas y la actuación gubernamental en la familia y en su economía cuando dispone en torno al dinero y tal.

    Como bien señaló Mises, “la base de la acción humana es la “praxeología”. El vocablo “praxeología” combina el sustantivo “acción” o “practica” o praxis y, el sufijo “logía” que se refiere al estudio o el discurso. En fin, se trata de fijarnos más y mejor en cómo actuamos los humanos. Y si hay algo esencial y fundamental en la acción económica humana es que tiene que ser ‘voluntaria, pacífica y cooperativa’, que son la base en la prosperidad social humana; y he allí que entra la familia y el matrimonio. El problema con estas cosas fundamentales es que casi nadie las aborda y poco las conocemos y entendemos.

    Esta mañana escuché en un programa en TV que la maternidad entre mujeres jóvenes está en mengua, lo cual me dejó frío; no sólo por lo que ello implica para la base familiar sino para sociedad y el país.

    Pero a partir de lo anterior también debemos entrar a ver y considerar los temas de la ‘inflación monetaria’. Y aunque en Panamá no emitimos papel moneda – ¡menos mal! – existen otras maneras de prostituir la moneda y la economía a través de malas políticas monetarias inflacionarias. En los EE.UU., por ejemplo, los economistas de la FED cacarean que sus políticas de inflación proveen estabilidad económica… ¡ja! La realidad es completamente lo opuesto. No más les digo algo que pocos dice: “Las malas políticas monetarias, incluyendo malas inversiones gubernamentales, son destructivas de la familia.

    Veamos no más lo que nos ocurre en Panamá con nuestras jubilaciones; que cuando ya llegas a la jubilación el dinero que nos toca ya no alcanza, Vean un caso insólito: Mi empresa vendía un avión nuevo de 4 plazas en $11,000 y hoy el mismo cuesta hasta $500,000. Todo ello a causa, entre otras, al relajo que tienen los politicastros con el dinero de los pueblos.

    Tal relajo económico nos ha llevado a la institución de una cultura inflacionaria, a tal punto que la mayoría hoy cree que es algo bueno o inevitable. ¡Sí, como no!, ¿de dónde creen que salió el Bitcoin y sus contrapartes? ¿Por qué creen que Blackrock está adquiriendo montañas de monedas como Bitcoin? Y en ello también andan otros, tal como los Trump.