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  • Monopolio y gobiernos

    Monopolio y gobiernos

    Mucho se cacarea sobre los monopolios empresariales; lo perverso que son y el daño que producen; que si aumentando los precios y tal, pero… poco nos ocupamos de ver como y de dónde nacen esos monos con polio. La realidad es que semejantes acaparamientos socaban el buen funcionamiento del mercado y la economía; pero, ¿acaso los gobiernos no están para evitar eso? Me da risa y tristeza la pregunta ya que nuestros gobiernos son monopolios corruptores que paren otros monopolios corruptores. Cuando existe un mercado verdaderamente libre, el mismo produce sus balances y contrapesos; el problema surge cuando es el gobierno el que engendra el monopolio.

    Muchos hablan mal del capitalismo y de la libertad de mercado; y pregunto: ¿Crees que en Panamá hay libre empresa, capitalismo y tal? Nuestra Constitución en sus Artículos 282 y 284 establece que el gobierno puede hacer lo que quiera con la economía. Eso no es capitalismo, sino un sistema diseñado para la rapiña. Otros opinan que el comunismo no es malo; que el problema es que nunca lo han aplicado bien. ¡Genial!, pues, como señalé, tampoco el capitalismo lo aplican bien en ninguna parte; lo cual nos debería llevar a buscar la patología por otro lado.

    Cuando los gobiernos no se meten a controlar los mercados sino evitar las trampas, otro gallo canta:

    • Se promueve mayor participación de compradores y vendedores en el mercado;
      • Como bien lo señala María Fábrega en su columna en La Estrella de Panamá el 23/04/26.
    • El intercambio se da con bienes de valor homogéneo y real.
    • El gobierno promueve información fidedigna.
    • Se elimina la burrocracia y normas locas diseñadas para la rapiña.

    Tristísimo es no ver que nuestros gobiernos en realidad son desgobiernos. Que desde la misma Constitución se crean las artimañas diseñadas para el pillaje. No hay día que en los medios noticiosos no veamos reportajes de ello; y, tristísimamente, nos hemos acostumbrado a que eso es “normal”. Culpar al libre mercado es absurdo, ya que el “mercado” somos todos; a diferencia de los gobiernos, que son cuerpos colegiados contratados por el mercado.

    Lo señalado nos lleva a la pregunta: ¿Quién monta una nueva empresa, un nuevo negocio en un ambiente tan corrupto? Que si “los” empresarios pagan las coimas; sí, muchos, porque si no se van a la quiebra. En un medio tan torcido el sector formal vive a la defensiva; pues no sólo tiene que ser competitivos sino tienen que capear a los ladrones de palacio. ¿Y por qué creen que nuestro sector informal va en aumento? Y, a todo ello, el otro sector que más sufre es el formal de pequeña y mediana empresa, a quien se le hace casi imposible lidiar con los costos de la burrocracia y la coimeadera.

    La mejor manera de certificar un producto se logra mediante la aprobación del consumidor y no de los gobiernos corruptos y corruptores. Una sociedad fracasa cuando permite que sus empleados gobernantes controlen precios, calidad, descuentos; particularmente cuando estos mismos “servidores públicos” montan monopolios; en educación, transporte, agua, basura, etc.,

    Y viene la pregunta: ¿Acaso un monopolio es un mono con polio? Nop; se le llama “monopolio” a las instituciones, gubernamentales o privadas, engendradas por el rey… o, el gobierno. Los monopolios coartan la libertad y afectan el buen desarrollo del mercado que, de otra manera podrían reducir la ignorancia y la pobreza.

    ¿De verdad crees que los gobiernos deben estar metidos en el mercado? ¿Saben algo?; la mayoría de los funcionarios públicos, particularmente los que tienen autos con chofer, como empresarios se morirían de hambre. Su negocio… ¡es el gobierno!

  • El manantial de los monopolios

    La tendencia monopólica es una de las realidades más controvertidas en las sociedades, aunque pocos reflexionen en ello. En Panamá, hemos visto como desde la misma ley se han ido creando monopolios en las actividades económicas tal como el reservarlas para los nacionales. Desafortunadamente, poco o nunca se debate el tema en los medios en cuanto a si tales normas monopólicas favorecen o no a la comunidad; y la respuesta va emergiendo tan pronto como vemos que semejantes leyes no emanan desde las operaciones de la economía del mercado sino de la acción deliberada por parte de la politiquería gubernamental que busca satisfacer intereses de grupos y partidistas.

    Muchos acusan que los monopolios son inherentes al capitalismo, lo cual es trompeteo socialistoide. El rol del buen gobierno es mantener la paz evitando las acciones aviesas, la trampa; y, si no cumple con tal función básica, no tiene sentido que se dedique más nada.

    La constitución panameña al dar el primer paso en su preámbulo, declara: “Con el fin supremo de fortalecer la Nación, garantizar la libertad…” El inmenso reto del propósito de fortalecer la nación garantizando la libertad, es que los humanos somos ingeniosos a la hora de tomar atajos aviesos para lograr aquello que creemos nos favorece, aunque a menudo no es así y resulta puro espejismo.

    Si creemos que la libertad es el primer paso, debemos tener alguna idea de lo que es la libertad. ¿Acaso los monopolios son compatibles con la libertad? Acaso nuestras leyes laborales respetan la libertad. ¿Cuándo se dictan salarios mínimos estamos respetando la libertad y favoreciendo un sano desarrollo económico?

    ¿Acaso nuestra legislación laboral promueve la inversión extranjera? COPA, que la mayor parte de su negocio es externo, no podría existir sin personal extranjero; lo mismo que las grandes inversión industrial, inmobiliaria, turística y tal, que mayormente son de afuera. En fin, Panamá debe enfocar sus políticas y leyes más allá de lo interno, lo cual no es contrario a la clase trabajadora nacional sino benéfico.

    Para el marxismo o sus derivados, está la premisa de que la libertad económica favorecerá a algunos y no otros y producirá monopolios abusivos. Lo que no ven es que muchas leyes anti monopolio pueden ser contrarias a la libertad laboral; la cual poco se toma en cuenta.

    Otro gran problema de leyes que supuestamente protegen a los trabajadores y evitan monopolios, es que terminan siendo muy vagas o ambiguas, creando confusión; y la confusión es lo que más ahuyenta a los inversionistas, tanto nacionales como extranjeros.

    Y entonces están los sindicatos los cuales terminan siendo los monopolios más perjudiciales a la población en general y a los sindicalizados en particular. Ni hablar que a los pocos favorecidos con privilegios políticos alejados del mandato constitucional de libertad. Y en ello aparece la violencia que típicamente se les perdona cuando cierran calles y tal. O la obligación de pagar cuotas sindicales aunque no pertenezcan al sindicato. A fin de cuentas, ninguna clase de monopolio sindical es posible sin la ayuda de una politiquería viciosa e interesada.

    Debemos distinguir entre el sindicalismo compulsivo y el no compulsivo, dado que el segundo, que no goza de privilegios, es buen actor en la economía. En resumen, la función gubernamental es mantener la paz y jamás debe prestarse como agencia de repartir canonjías y ventajas. Y, el otro abuso que es endémico en Panamá lo tenemos en las empresas que no son ni gobierno ni privadas, sino todo lo contrario, tal como lo diría Tres Patines; las cuales poco invierten en modernizar porque le restan ingresos al socio central.