Guy Sorman, reconocido por sus agudas reflexiones geopolíticas, presenta un panorama en constante transformación, esculpido por la dinámica de las guerras, las coaliciones entre naciones y la diplomacia. En su análisis para ABC, Sorman destaca el surgimiento de un nuevo escenario geopolítico, una revelación que desafía la suposición de un fin de la historia tras el colapso de la Unión Soviética.
El eje tradicional de confrontación entre Oriente y Occidente ha evolucionado hacia una nueva polaridad entre el Norte Global y el Sur Global, un cambio menos geográfico y más ideológico. Esta transición se consolidó durante el conflicto en Ucrania, donde potencias como Brasil, India y China mostraron reservas al condenar enérgicamente la expansión rusa, generando perplejidad en las democracias occidentales.
Desde la perspectiva de Sorman, el Sur Global se perfila como una amalgama heterogénea, que abarca desde China hasta Brasil, donde se cuestiona el orden internacional forjado tras la Segunda Guerra Mundial. Esta visión lo considera como un legado colonial que perpetúa la hegemonía blanca y menosprecia las culturas locales.
En este escenario, el Norte Global, históricamente alineado con Occidente y representado por Estados Unidos y la Unión Europea, defiende fervientemente los valores democráticos y la economía de mercado. Sorman enfatiza la importancia estratégica de la colaboración entre estas regiones para mantener la estabilidad económica, la diplomacia efectiva y la preservación de la paz mundial.
A pesar de reconocer la necesidad de introspección en el Norte, comprendiendo las críticas del Sur Global respecto al legado colonial, Sorman defiende la efectividad y el progreso que los valores democráticos y la economía de mercado han brindado a las naciones que los han adoptado, comparándolos con aquellos que han optado por otras vías.
La resistencia al orden internacional establecido, sostenida por las naciones del Sur Global, destaca un cambio significativo en el sistema geopolítico mundial. Esta confrontación ideológica redefine las alianzas y las narrativas históricas, desafiando la idea de una convergencia global hacia un modelo más democrático y liberal.
En este contexto, Sorman insta a un análisis crítico en el Norte Global, una reflexión sobre las políticas y las percepciones que podrían haber perpetuado el legado colonial, pero también defiende la importancia de no abandonar los valores fundamentales que han demostrado su eficacia en la promoción del progreso y la estabilidad.
En su artículo titulado «Vuelven las guerras de religión», publicado en ABC el 16 de octubre de 2023, el autor y analista Guy Sorman plantea una inquietante preocupación sobre el resurgimiento de los conflictos motivados por la religión en todo el mundo. Sorman argumenta que la religión ha vuelto a ocupar un lugar central en numerosos enfrentamientos contemporáneos, lo que desafía la noción de que estos conflictos se deben principalmente a factores ideológicos, nacionalistas o étnicos. Este análisis arroja luz sobre la importancia de comprender la dimensión religiosa en la geopolítica actual y sus implicaciones en la búsqueda de soluciones a los conflictos.
El artículo de Sorman comienza destacando la perspectiva de grupos como Hamás, que consideran a los judíos como enemigos incluso más allá de los israelíes. Para el autor, las masacres contra civiles llevadas a cabo por estos grupos no son simplemente actos de guerra, sino pogromos antisemitas comparables a los perpetrados en Rusia, Ucrania y la Alemania nazi. Sorman sostiene que los fanatismos religiosos están resurgiendo en diferentes partes del mundo y que es fundamental incorporar esta dimensión en el análisis de los conflictos actuales y futuros.
El análisis de Sorman nos lleva a través de una serie de ejemplos que resaltan cómo la religión está en el centro de numerosos conflictos contemporáneos. Desde las tensiones en el Sahel africano, donde las guerras enfrentan a musulmanes y animistas que en muchos casos se han convertido al cristianismo, hasta el Oriente Próximo, donde las divisiones religiosas entre chiíes y suníes prevalecen sobre las fronteras nacionales.
El autor también examina Asia, donde la religión desempeña un papel destacado en la política de China. Además, señala que el cristianismo se ha convertido en una forma de resistencia contra el totalitarismo comunista en este país. En Corea, la religión sigue siendo un marcador distintivo entre el sur, esencialmente cristiano y budista, y el norte, que continúa la tradición confuciana bajo la apariencia de una ideología comunista. Sorman incluso hace un viaje hacia Latinoamérica, donde destaca cómo la progresiva sustitución de la influencia católica por parte de iglesias evangélicas ha influido en cambios políticos importantes, como la elección de Jair Bolsonaro en Brasil.
Estados Unidos es un caso excepcional en la civilización occidental, ya que sigue siendo una nación donde la religión desempeña un papel masivo. Sorman señala que ir a la iglesia o al templo los domingos es una forma de expresar pertenencia a una comunidad social. Sin embargo, el autor destaca que este fenómeno no es exclusivo de Estados Unidos, ya que las iglesias evangélicas también han influido en la política de Sudamérica. Como ejemplo, menciona que muchas de las personas que asaltaron el Capitolio en enero de 2021 se identificaban como «nacionalistas cristianos».
El análisis de Sorman concluye que, aunque reconciliar naciones es un desafío, reconciliar religiones es aún más complicado. Sin embargo, el autor destaca que todas las religiones tienen dos caras: una fanática y otra pacífica. Los creyentes tienen la libertad de elegir entre el bien y el mal. Sorman sugiere que tener en cuenta el factor religioso es esencial para comprender mejor los conflictos contemporáneos y puede contribuir a encontrar soluciones que busquen la paz en un mundo donde las guerras de religión parecen estar resurgiendo.
En un momento en el que la geopolítica global se encuentra en constante evolución y los conflictos pueden tener múltiples causas, el análisis de Sorman nos recuerda que la religión sigue siendo un factor poderoso que influye en la toma de decisiones y en la forma en que las personas y las naciones se relacionan entre sí. Este llamado a la reflexión sobre la importancia de entender la dimensión religiosa en los conflictos actuales es relevante y puede ayudarnos a abordar de manera más efectiva los desafíos de un mundo cada vez más interconectado y diverso.
El líder democráticamente elegido de Níger, Mohamed Bazoum, fue derrocado por su propia guardia de palacio.
Cuando el asediado presidente nigeriano, Bola Tinubu, fue elegido presidente de la Comunidad Económica de los Estados de África Occidental (Cedeao) el 10 de julio, afirmó que la organización dejaría de ser un “bulldog desdentado”.
“Debemos mantenernos firmes en la democracia. No hay gobernanza, libertad ni Estado de Derecho sin democracia. No volveremos a aceptar un golpe tras otro en África Occidental. La democracia es muy difícil de gestionar, pero es la mejor forma de gobierno”.
Como señaló Tinubu al asumir la dirección de la Cedeao, los golpes y contragolpes se han convertido en algo habitual en la región en los últimos años.
Malí, Guinea y Burkina Faso han sufrido golpes militares (la última, dos veces en ocho meses) que han derrocado a sus gobiernos electos. Ahora la misma suerte ha corrido Níger, donde la elección de Bazoum en abril de 2021 se consideraba un raro caso de transición democrática y exitosa del poder en África Occidental.
El golpe –que instaló como líder al antiguo jefe de la guardia presidencial, el general Abdourahamane Tchiani– ha sido condenado rotundamente por Estados Unidos, Francia, la UE y las Naciones Unidas. Estados Unidos, que tiene tropas en Níger desde hace más de una década asesorando al ejército del país en la lucha antiterrorista, declaró que “tomaría medidas” para restaurar el gobierno democrático en el país.
El 30 de julio, la Cedeao emitió un ultimátum de siete días en el que prometía utilizar la fuerza para desalojar a la junta si no restituía a Bazoum en la presidencia.
La Cedeao, un grupo regional de 15 miembros formado en 1975 e integrado principalmente por antiguas colonias británicas y francesas, tiene como objetivo “promover la cooperación y la integración” entre sus miembros en forma de unión económica. A lo largo de los años, ha ampliado sus competencias para incluir una función de seguridad.
Cedeao: una comunidad de naciones de África Occidental. Scantyzer1 via Wikimedia Commons, CC BY-NC-SA
En 1990, el ala militar del grupo, el Grupo de Observación de la Comunidad Económica de los Estados de África Occidental (Ecomog), se desplegó con el único objetivo de mantener la paz en la guerra civil en Liberia. Tuvo un éxito inicial, pero no consiguió evitar el estallido de nuevas hostilidades que se prolongaron durante la mayor parte de la década de 1990, y que sólo terminaron con la elección de Ellen Johnson Sirleaf en 2005.
En la vecina Sierra Leona, Johnny Paul Koroma, mayor del ejército, dirigió un golpe militar el 25 de mayo de 1997, derrocando al gobierno de Ahmad Tejan Kabbah. Las tropas Ecomog estacionadas en Liberia se desplegaron para restaurar la paz y la democracia, pero no pudieron evitar que estallara una amarga guerra civil que requirió la intervención de fuerzas de paz de la ONU y tropas británicas.
Tanto en Gambia como en Costa de Marfil, la Cedeao ha vuelto a intervenir para garantizar la transición democrática del poder cuando parecía que los líderes no respetarían los resultados electorales.
Estiramiento de la capacidad militar
Queda por ver si la Cedeao cumplirá su promesa de intervenir si Bazoum no es restituido en su cargo en Níger. Pero las condiciones son muy diferentes en la región ahora que cuando la organización dirigió con éxito las intervenciones descritas anteriormente.
África Occidental está plagada de violencia asociada al terrorismo yihadista en el que participan la Provincia de África Occidental del Estado Islámico (ISWAP) y Boko Haram. También se producen regularmente brotes de violencia entre pastores y agricultores por la tierra ante las sequías y la escasez de recursos. Estos problemas han puesto a prueba la capacidad militar de los Estados miembros de la Cedeao, muchos de los cuales tienen sus propios problemas.
Y luego está la perspectiva de la implicación del Grupo Wagner. Según los informes, la junta golpista mantiene conversaciones con este ejército mercenario respaldado por Rusia, que ha estado activo en toda la región. Varios países en los que está implicado el Grupo Wagner han declarado su apoyo al golpe, han rechazado las sanciones de la Cedeao y han prometido apoyar a los golpistas si la Cedeao interviene militarmente.
Al igual que en Burkina Faso y Mali, en las calles de Níger crece el sentimiento antifrancés. El líder del Grupo Wagner, Yevgeny Prigozhin, ha alabado el golpe como un ataque al colonialismo, un mensaje que resuena entre muchos en Níger, donde Francia mantiene una fuerza de mantenimiento de la paz de 1 500 efectivos para combatir el terrorismo yihadista.
Un líder impopular
Los opositores de Bazoum han insistido mucho en su pertenencia a un grupo étnico minoritario árabe, lo que le llevó a ser calificado de “extranjero” durante la campaña electoral nigerina.
Su elección también fue condenada en algunos sectores como amiguismo, ya que era el sucesor elegido a dedo del presidente saliente Mahamadou Issoufou. La decisión de Bazoum de prohibir a los miembros de su gobierno tener más de una esposa también ha irritado a poderosos.
Todos estos factores complicarán cualquier decisión que tome la Cedeao sobre utilizar la fuerza para restaurar a Bazoum en el poder. Pero Nigeria, bajo el liderazgo de Tinubu, parece decidida a aprovechar esta oportunidad para demostrar que la Cedeao sigue teniendo fuerza en la región.
Su jefe de Estado Mayor, el general Christopher Musa, acaba de reunir a los ministros de Defensa de la Cedeao en una cumbre de dos días en Abuja. A ella asistieron representantes de Nigeria, Benín, Ghana, Togo, Sierra Leona, Liberia, Gambia, Costa de Marfil, Cabo Verde y Senegal, mientras que Níger, Guinea, Malí, Burkina Faso y Guinea-Bissau no estuvieron representados.
Mientras tanto, Rusia y Occidente, que temen las intenciones de Moscú en la región, están muy atentos para ver si otro país de África Occidental cae en el pozo de la inestabilidad y la violencia.
El artículo de Guy Sorman, titulado «Necesitamos hacer más», publicado en ABC recientemente, aborda la situación actual en Ucrania y su relevancia en la lucha global entre la democracia y el despotismo. El autor comienza haciendo referencia a un encuentro histórico entre el general Franco de España y Adolf Hitler de Alemania en 1940, en el cual Franco se negó a involucrar a España en la guerra y optó por mantenerse neutral o casi neutral. Sorman atribuye esta decisión de Franco a la previsión de que Alemania no ganaría la guerra debido a la resistencia de la Royal Air Force británica durante la Batalla de Inglaterra. El autor luego establece un paralelo entre esa resistencia británica en la Segunda Guerra Mundial y la lucha actual del Ejército y el pueblo ucraniano contra Rusia.
Sorman argumenta que en la actualidad, al igual que en 1940, se enfrentan dos ideologías y concepciones del mundo: el bando democrático, que defiende la libertad personal y la resolución de conflictos a través de elecciones internas y negociaciones externas; y el bando del despotismo, que prioriza el poder del Estado y a menudo está acompañado de una ideología, como el imperialismo ruso o el comunismo chino, y que busca negar la libertad individual. El autor sostiene que el conflicto en Ucrania es una manifestación de esta lucha entre la democracia y el despotismo, y que una victoria rusa tendría consecuencias negativas para la libertad y la prosperidad en el mundo, ya que Rusia y China se unirían para contrarrestar la democracia en todas partes.
Sorman expone que, a pesar de que la OTAN está armando a Ucrania, lo hace con cierta vacilación, temerosa de una posible respuesta nuclear de Rusia. Sin embargo, el autor argumenta que si Rusia pudiera usar armas nucleares en el campo de batalla, ya lo habría hecho, y que estas armas son inútiles en una guerra convencional. Sorman critica la demora en la entrega de armamento a Ucrania por parte de Occidente y sostiene que los ucranianos deben dar argumentos durante semanas o meses antes de recibir el apoyo que necesitan para enfrentar la agresión rusa.
El autor también menciona la implicación de otros países en este conflicto, como África, el mundo árabe e India, que dudan entre apoyar a la democracia o al despotismo. Sorman advierte que una victoria rusa en Ucrania fortalecería a los dictadores en países como Cuba, Venezuela y Nicaragua, y establecería una alianza de tiranos liderada por Rusia y China, lo cual pondría en peligro las libertades, vidas, prosperidad y creencias de los europeos y de otros países.
Sorman concluye su artículo instando a no abandonar a Ucrania, ya que este país está luchando por la democracia no solo para sí mismo, sino también en nombre de otros países que valoran la libertad. El autor hace un llamado a reconocer la importancia de este conflicto en la lucha global entre la democracia y el despotismo. El artículo de Guy Sorman es una advertencia clara y contundente de las consecuencias que podría tener la victoria de Rusia en Ucrania para Europa y el mundo y llama a no permitir que el miedo a las armas nucleares detenga la ayuda a Ucrania. El artículo es un recordatorio de que la libertad, la vida, la prosperidad y las creencias del mundo occidental están en juego y de que no podemos permitir que esto suceda.
No existe una economía totalmente privada, pero tampoco existe una economía totalmente estatal. China es una economía mixta, pero es importante destacar que pese a que se llama socialista y está gobernada por el partido comunista, no lo es totalmente; el foro económico mundial lo deja claro. El crecimiento de la economía China es más bien un producto del sector privado. El sector privado es responsable en China de:
– 60% del GDP chino.
– 70% de la innovación china.
– 80% de los empleos urbanos.
– 90% de los nuevos empleos.
– 70% de la inversión.
– 90% de las exportaciones.
-75% del crecimiento económico.
El problema de China es el de la propiedad. Cuando se habla de capitalismo de estado, en realidad se habla de socialismo, la empresa es del estado y el estado decide qué producir y a qué precios. China tiene más bien una ficción, en la cual los medios de producción son del estado nominalmente pero las empresas tienen dueños de hecho y que deciden en qué competir y cuánto dinero cobrarán. El problema de este sistema es que si bien son empresas privadas de hecho, nominalmente no lo son. Lo cual diluye la responsabilidad, y convierte legalmente empresas privadas en agentes estatales mal vistos como espías, como los problemas de Huawei lo han demostrado. Pero está claro que la empresa privada es el motor de la economía China.
China pasó tras la muerte de Mao a de ser un verdadero país socialista, con propiedad estatal de los medios de producción de hecho y de derecho, con economía planificada centralmente, a ser un país donde el mercado decide qué se vende o qué se produce en mayor parte, con economía mixta y con un sector privado dominante. Con Deng Xiao Ping el control de estado sobre la economía se relajó, y el mercado y la empresa privada resucitaron. Ese es el secreto de los últimos 40 años de crecimiento chino. China ha logrado en 40 años lo que le tomó 200 a Occidente porque el camino ya estaba trazado y descrito por personas como Milton Friedman. El crecimiento Chino en los últimos 40 años es más bien producto del capitalismo que Deng Xiao Ping dejó importar a ese país.
Desde afuera se ve a China como un modelo de economía mixta, más exitoso que la democracia capitalista. Lo que no se dan cuenta son dos cosas. Lo exitoso del modelo Chino es su parte capitalista, no las burbujas inmobiliarias y mediáticas creadas por el Estado Chino. El autoritarismo implica que cosas que damos por sentadas, como sindicatos, derechos laborales, protecciones medio ambientales y libertades individuales no existen igual que en otros países. ¿Realmente queremos renunciar a todo esto para tener niveles de crecimiento chinos?
Luego está la incertidumbre del cambio. No sabemos todavía si el creciente poder privado chino eventualmente va a llevar a cambiar el sistema comunista de partido único por una democracia multipartidista. Y no sabemos si este cambio será pacífico o violento. Esto crea una incertidumbre a largo plazo, porque el partido comunista chino podría optar por ralentizar el crecimiento económico reduciendo al sector privado. China ha tenido muchos momentos en su historia donde ante la opción de grandes cambios y la de mantener la armonía, ha optado por mantener la armonía a toda costa. Esta incertidumbre está allí.
Recordemos que en 1976 Milton Friedman se reunió con dos dictadores, Deng en China y Pinochet en Chile. Ambos adoptaron medidas de mercado y sus países crecieron. Pero Friedman les recordó algo. Ni China ni Chile tenían estado de derecho. Esto era un límite en su crecimiento. En el caso de Chile, una vez se resolvió pacíficamente el tema del fin de la dictadura, y el regreso de la democracia pluralista, el gobierno de la Concertación, sin hacer cambios radicales al sistema económico, vio la economía crecer año tras año sin los altos y bajos de Pinochet. Sobre China aún no sabemos mucho de la transición. El modelo de partido único, de hecho, puede limitar el crecimiento. Panamá creció más en democracia y de manera más continua que en dictadura. Lo mismo España tras la muerte de Franco, China será lo mismo. La admiración al autoritarismo y su componente socialista chino está totalmente fuera de lugar.
El occidente de Eurasia, Grecia, de la mano de Sócrates, Platón y Aristóteles, crea la cultura occidental, a la cual se le suma el derecho romano, y, más importante, el cristianismo.
Mientras Sócrates vivía en Grecia, en el otro extremo de Eurasia, Confucio crea las bases ideológicas de la civilización China. China y el Occidente de Europa evolucionaron ideológicamente en sentidos opuestos. Occidente se fragmentó en reinos pequeños que competían entre si tras la caída del Imperio Romano, y el cristianismo creó una ideología en la cual lo más importante era la relación del individuo ante Dios. Y por lo tanto, Occidente avanzó hacia el individuo, mientras que en China, el Confucianismo, ponía como prioridad la relación del individuo con su familia y con el estado.
El imperio Han no se fragmentó, mientras que Europa estaba llena de reinos que competían entre ellos. Para la guerra, se tenían que crear estados modernos capaces de cobrar impuestos y de endeudarse, y esos estados tenían que fomentar la competencia, las exploraciones y la innovación; China con su estado meritocrático y centralizado, no necesitaba colonias ni comercio exterior, los comerciantes estaban en lo más bajo de la escala social y no podían acceder a cargos públicos, la innovación se daban por casualidad y no por investigación científica. En parte en China se confió, porque tenían desde el fin de la Grecia hasta la revolución industrial en Europa, los mejores estándares de vida del mundo, y hasta el siglo XIX, la economía más grande del mundo. China se durmió en sus laureles. Mientras europea pasaba del feudalismo al mercantilismo y luego al capitalismo industrial, China se estancaba en un sistema imperial cerrado, que era quizás demasiado estable. Una China proteccionista, que quería exportar, pero que no deseaba importar pero que quería exportar…. suena familiar ¿verdad?
Los españoles tenían el oro y la plata, que era de las pocas cosas europeas en que los chinos estaban interesados. Pero los europeos no podían tener un comercio unilateral por mucho tiempo. Y los ingleses introdujeron el Opio, y los carteles legales de vendedores de Opio forzaron al gobierno chino a comprar Opio; es como si Pablo Escobar forzara al gobierno Colombiano a hacer la guerra a los Estados Unidos, y ganara… para poder vender la cocaína que quisiera. Para China, esto fue una humillación. Tuvieron que ceder Hong Kong, abrir cinco zonas a los occidentales, y pagar por la guerra. Los franceses y los Estados Unidos pidieron tratados con condiciones similares, e introducir misioneros cristianos.
El choque entre Occidente y China fue grande. China priorizaba la estabilidad y la armonía versus la centralización, el aislacionismo frente a la exploración y la conquista, el proteccionismo frente al comercio. Un sistema educativo orientado a aprender las ideas de buen comportamiento de Confucio versus uno enfocado en la innovación. China ya no era el país de los hijos del Cielo, y la humillación Europea hizo que el sistema político Chino que había durado 2000 años se tambaleara, y luego pasó lo peor, los japoneses derrotaron a los chinos, demostrando que el sistema era débil. De la misma manera que los británicos abrieron China a Occidente, los norteamericanos abrieron Japón. Pero la sociedad Japonesa era muy parecida a la sociedad occidental feudal, así que Japón se pudo modernizar y adaptar las instituciones occidentales a la cultura japonesa con pasmosa rapidez. Y los japoneses humillaron a los chinos causando el final del sistema imperial Chino en 1911. Y China vivió una época de fragmentación en señores de la guerra. De las protestas anti japonesas surgió el partido comunista chino y Mao Zedong. De la crisis del sistema imperial surge la república nacionalista china. Y pronto se embarcan en una guerra contra los japoneses… y entre ellos mismos. Más humillaciones para China.
No podemos entender la política China actual y el socialismo con particularidades chinas sin entender que los chinos fueron confucianos desde hace 2000 años, y que sus posturas actuales están motivadas por la inseguridad y el miedo. Para los comunistas chinos, repetir los cien años de humillación de 1848 a 1948 frente a Occidente y Japón, es su mayor temor. Y eso explica su política.
El 6 de Junio de 1944 los Aliados Occidentales, venciendo los temores de Churchill, heredados del desastre del Galípoli de 1915, lanzaron la invasión el Día D. Tropas de los Estados Unidos, el Reino Unido y Canadá desembarcan en varias playas de la región de Normandía, en Francia, iniciando la campaña del Noroeste de Europa. Esta campaña no decidió la suerte de la Segunda Guerra Mundial en Europa. De hecho, Stalin llegó a arrepentirse de que su insistencia en un segundo frente se había cumplido.
La razón es sencilla: la Unión Soviética, a costa de enormes bajas, y sacrificios, para mediados de 1944 estaba ganando la guerra a los alemanes. En Stalingrado había logrado echar a los alemanes del Cáucaso y recuperar amplios territorios. A mediados de 1943 había rechazado con éxito la contraofensiva alemana en Kursk, y había iniciado la lenta y larga contraofensiva estratégica que los llevaría dos años después a Berlín. La URSS estaba ganando. Para mediados de 1944 había roto el bloqueo a Leningrado, recuperado la Ucrania, y preparaba un golpe devastador al Grupo de Ejércitos Centro en Belarus. Los alemanes iban a perder la guerra. El gran ganador sería la Unión Soviética. Stalin obtendría ganancias territoriales e ideológicas en Europa. Además no se sabían la magnitud de los daños y pérdidas sufridas por la URSS. Los aliados occidentales pensaban que Stalin y Hitler podían volver a pactar como hicieron en 1939. Y Stalin pensaba que si con un golpe de estado sacaban a Hitler, los alemanes podían pactar con los aliados occidentales.
El Día D inicia la campaña de Normandía, la cual se convierte, tras el éxito de la Operación Bragation en Belarus en julio de 1944, en una carrera hacia las fronteras alemanas y hacia Berlín.
Stalin tenía las de ganar, el éxito de la operación Bragation literalmente le otorgó Europa oriental, además se podía dar el lujo de ordenar avances sin tomar en cuenta el número de bajas. En Yalta, los aliados occidentales tuvieron que aceptar el dominio de Stalin de Europa Oriental. En Yalta, la URSS, los Estados Unidos y el Reino Unido se repartieron Europa, sin preguntarles a los pueblos recién liberados si estaban de acuerdo con la repartición. Ese fue el inicio de la guerra fría.
Porque está claro que había comunistas que deseaban que sus países occidentales se incorporaran al paraíso socialista. Y por supuesto, los polacos y checos, vieron como su sueño de elecciones libres y gobiernos democráticos se esfumaba. Por un poco más de 40 años tendrían que sufrir el oprobio de gobiernos comunistas, gústeles o no a la gente. El problema principal fue Alemania.
Alemania quedó ocupada en cuatro zonas. Tres occidentales, manejadas por potencias occidentales y una oriental, ocupada por los soviéticos. Poco a poco, mientras que en occidente se imponía un régimen liberal democrático y capitalista, en la zona soviética se impondría un régimen comunista. La división de Alemania y el posterior Muro de Berlín confirmaban que en Europa, con la cortina de hierro desde el Báltico hasta el Adriático, Occidente había caído. Sin embargo, el sueño de Stalin de eliminar la República Federal Alemana y expulsar a los anglosajones al Canal de la Mancha nunca pudo cumplirse. Tras 40 años el comunismo europeo colapsó.
Pero todo eso no hubiera sido posible si los norteamericanos, británicos y canadienses no hubieran triunfado en el asalto anfibio más grande de la historia que liberó a Francia, Bélgica, Holanda y la parte occidental de Alemania antes que los soviéticos lo hicieran. Los desafortunados Europeos del Este tuvieron que soportar 40 años de una dictadura un poco más benigna que la nazi fascista con los atrasos políticos y económicos que esto significó, pero eventualmente también se liberaron del comunismo, que no pudo ser hegemónico como soñaba Stalin.
Por eso el Día D siempre deberá ser recordado, por el mundo libre que hoy gozamos.
Se dice que la discusión no es ni debe ser ideológica. Ese principio es una contradicción respecto a la realidad que enfrentamos. La historia muestra claramente que son las ideas las que determinan los comportamientos, y voy a insistir en que el mundo cambió a partir de la aceptación de ciertas ideas que determinaron el sistema ético y político que produjo el progreso y la libertad. Es un hecho manifiesto que por el contrario fueron otras ideas las que determinaron el totalitarismo como una racionalización del despotismo.
No puedo menos que insistir en que tal como explica William Bernstein en su The Birth of Plenty el mundo hasta hace unos doscientos años vivía como vivía Jesucristo. ¿Qué fue lo que cambió al mundo? Tomemos en cuenta el pensamiento de David Hume que escribió: “Es imposible cambiar o corregir algo material en nuestra naturaleza, lo más que podemos hacer es cambiar nuestra circunstancia y situación”.
Evidentemente ese cambio se produjo a partir de las ideas que crearon el sistema ético, político y jurídico que determinaron el cambio de situación y circunstancia. No me cabe la menor duda de que el respeto del derecho de propiedad privada y el derecho a la búsqueda de la felicidad, que Locke considerara el principio fundamental de la libertad, han sido las ideas que cambiaron al mundo.
Las ideas contrarias a éstas fueron determinantes de los regímenes totalitarios que surgieron en Europa. Basta analizar el pensamiento de Rousseau que influyó en la Revolución Francesa las raíces del totalitarismo, Diosa Razón mediante. Al respecto escribió Rousseau: “Así como la naturaleza le da a cada hombre poder absoluto sobre su cuerpo, el pacto social le da al cuerpo político poder absoluto sobre sus miembros”. Y sigue: “Cualquiera que se atreve a emprender la tarea de instituir una nación debe sentirse capaz de cambiar la naturaleza humana”.
El socialismo es una ideología que proviene de estas ideas y seguidamente llegó Karl Marx, que hoy está presente vía Eduard Bernstein que escribió que el socialismo se podía alcanzar democráticamente y sin revolución. Tampoco podemos ignorar el pensamiento de Kant al respecto.
Creo que estamos viendo la obviedad del pensamiento de Balynt Basony: “La filosofía política angloamericana y la franco germánica son tan diferentes como el día y la noche”. Y no podemos menos que reconocer al respecto que de la angloamericana surgió la libertad, y de la francogermánica el totalitarismo. Y al respecto Jean François Revel en su obra “La Obsesión Antiamericana” escribió: “Son los europeos, que yo sepa, quienes hicieron el siglo XX el más negro de la historia, en las esferas política y moral, se entiende. Ellos provocaron los dos cataclismos de una amplitud sin precedentes, que fueron las dos guerras mundiales; ellos fueron los que inventaron y realizaron los dos regímenes más criminales jamás infligidos a la especie humana”.
Ahora también se está discutiendo que la problemática del mundo que se viene surge de la inteligencia artificial. Por el momento discrepo con esa teoría. A mi juicio el problema pendiente es la falta de inteligencia natural aprovechada por los que la tienen para lograr el poder político. Ese es el caso del socialismo que se fundamenta en la falacia de la búsqueda de la igualdad. Y al respecto recordemos a Karl Popper: “Luché por la igualdad hasta que me percate que en la lucha por la igualdad se perdía la libertad y después no había igualdad entre los no libres”.
Otro aspecto a tener en cuenta es el resultado aparentemente favorable de la reunión del G20 en la cual parece haberse aceptado el criterio de que el acuerdo es más importante que el desacuerdo. Como bien dijera David Hume: “La riqueza de tu vecino no te perjudica sino que te beneficia”. Y esa conclusión había sido ya aceptada por Estados Unidos y por ello aplicó el Plan Marshall después de la segunda guerra mundial. Esa decisión no fue un acto de beneficencia sino de inteligencia en virtud de la conciencia de que le convenía que Europa restaurara su economía y la libertad. Diría que fue la primera vez en la historia que los países que perdieron la guerra ganaron la libertad.
Hoy el mundo Occidental parece confundido por la democracia socialista, pero no hay dudas de que las ideas que lo cambiaron siguen siendo válidas, y por ello Richard Epstein escribió: “Los principios incorporados en la Constitución Liberal Clásica no son aquellos que operan en esta o aquella era. Son principios para todas las eras”. En otras palabras, la tecnología no altera las ideas que la provocaron.
Al respecto considero importante la evaluación de esa realidad de Peter Drucker: “Tan difundida y tan falaz como la creencia de que la Ilustración engendró la libertad en el siglo XX es la creencia de que la Revolución Norteamericana se basó en los mismos principios que la Revolución Francesa y que fue efectivamente su precursora”.
En función de esa realidad he reconocido la falacia de la Civilización Occidental, que implica la ignorancia de que Europa llegó al totalitarismo, Revolución Francesa mediante, que es la racionalización del despotismo. Y aquí estamos ante la confusión del Iluminismo a la que ya me he referido, y la democracia mayoritaria sigue siendo el camino de la demagogia al socialismo. O sea del populismo que reina en Europa, en tanto que en China desde el poder que se justifica en el comunismo ha aceptado las ideas que cambiaron al mundo a las que me he referido y por ello crece y ha pasado a ser la segunda economía mundial. Por el contrario Europa está enclaustrada en el populismo democrático y no crece.
Y volviendo a la inteligencia artificial debemos reconocer el avance tecnológico que ella implica y que determina una evolución en la vida cotidiana y no un cambio en la naturaleza humana. Si la inteligencia artificial es usada políticamente para insistir en los derechos del pueblo y la falacia de la igualdad, ello determina el aumento del gasto público y su consecuencia la caída en la tasa de crecimiento económico que prevalece hoy en el mundo occidental. Como se decía en la China, muy al Oriente está Occidente, y todo parece indicar que Occidente está desorientado abandonando las ideas que cambiaron al mundo. Y permítanme recordar de nuevo a Alberdi: “Hasta aquí el peor enemigo de la riqueza del país es la riqueza del fisco”.