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  • Por qué, incluso con buenos datos, a veces las organizaciones se equivocan

    Por qué, incluso con buenos datos, a veces las organizaciones se equivocan

    Desde que nos despertamos hasta que nos acostamos tomamos miles de decisiones, en muchas ocasiones de manera inconsciente. Algunas son del día a día y no tienen mayores consecuencias (por ejemplo, qué ropa ponernos o qué camino elegir para ir al trabajo), pero hay otras que impactan directamente en nuestra vida profesional.

    Muchas de estas decisiones no pasan por un análisis personal consciente, simplemente suceden. Y, sin embargo, tienen implicaciones mucho más relevantes de lo que solemos imaginar. En ellas influyen nuestros hábitos, nuestras creencias, el contexto en el que nos movemos e incluso el estado emocional del momento.

    ¿Cuántas de las decisiones que tomamos cada día son realmente conscientes? ¿Hasta que punto nuestras elecciones profesionales responden a un análisis racional o, simplemente, a intuiciones que apenas percibimos?

    Dos maneras de pensar y decidir

    Nuestra mente opera a través de dos sistemas de toma de decisiones. El primero, el tipo 1, es automático, rápido e intuitivo. Funciona casi sin esfuerzo consciente y nos permite reaccionar con agilidad ante estímulos cotidianos. El segundo, o tipo 2, es más reflexivo, analítico y deliberado; requiere mayor atención y energía cognitiva.

    Este modelo fue popularizado por Daniel Kahneman, quien mostró que ambos sistemas no son opuestos, sino complementarios:

    • El pensamiento tipo 1 es extraordinariamente eficiente. Gracias a él podemos reconocer patrones, interpretar emociones y tomar decisiones rápidas cuando el tiempo lo premia. Sin embargo, precisamente por su rapidez, también es más vulnerable a los atajos mentales. Cuando estos atajos generan errores de manera sistemática y predecible, hablamos de sesgos cognitivos.
    • El pensamiento tipo 2, más lento y exigente, permite contrastar información, cuestionar supuestos y evaluar alternativas. Pero no puede estar activado permanentemente porque consume muchos recursos cognitivos y energía. Por eso, en entornos de presión, incertidumbre o sobrecarga informativa –es decir, en la mayoría de las organizaciones actuales– tendemos a apoyarnos más de lo que creemos en el sistema automático.

    Cómo influyen los sesgos en la empresa

    Los sesgos cognitivos no son rarezas psicológicas ni errores de personas poco competentes. Son patrones universales de toma de decisiones y afectan a directivos, mandos intermedios y profesionales técnicos por igual.

    En la selección de personal, por ejemplo, puede aparecer el sesgo de afinidad: tendemos a valorar mejor a quienes se parecen a nosotros en trayectoria, estilo o forma de comunicarse.

    En la evaluación del desempeño, el efecto halo puede llevarnos a extrapolar una cualidad positiva concreta a la valoración global del profesional.

    En la gestión del cambio, el sesgo de statu quo nos inclina a preferir mantener lo conocido antes que asumir la incertidumbre de lo nuevo.

    Cuando estos mecanismos se repiten, generan decisiones que parecen razonables en el momento, pero que pueden afectar a la diversidad, la innovación o la competitividad a medio plazo.

    En la actualidad se pueden identificar más de 200 sesgos cognitivos que influyen en nuestra manera de interpretar y tomar decisiones.

    El mito de la objetividad organizacional

    Muchas organizaciones invierten grandes cantidades de recursos en datos, indicadores y herramientas tecnológicas. Sin embargo, con frecuencia se descuida un elemento esencial: el proceso psicológico mediante el cual interpretamos esa información.

    Cuando interpretamos datos o la conducta de un compañero, la información pasa inevitablemente por nuestras expectativas previas, experiencias acumuladas y marcos mentales. Dos directivos pueden analizar el mismo informe y llegar a conclusiones distintas no por falta de rigor, sino porque sus sistemas de pensamiento activan distintos supuestos.

    Creer que la incorporación de más datos elimina los sesgos es, en gran medida, una ilusión. Sin conciencia psicológica, incluso el análisis más sofisticado puede estar guiado por intuiciones no examinadas.

    En este punto resulta pertinente recordar la reflexión del filósofo y científico Michael Polanyi, quien afirmó: “We know more than we can tell” (“Sabemos más de lo que podemos expresar”). Una parte importante de nuestro conocimiento es tácito, implícito y difícil de formalizar. Precisamente por ello, muchas decisiones se apoyan en intuiciones que no siempre somos capaces de explicar, pero que influyen de forma decisiva en nuestras elecciones.

    Los campos de actuación de los sesgos

    Se pueden distinguir tres niveles de actuación de los sesgos:

    1. Individual (personal). Tiene que ver con cómo cada persona percibe e interpreta la realidad. Nuestras experiencias previas, emociones o creencias influyen en qué información atendemos y cómo la interpretamos.
    2. Instrumental. Los sesgos también pueden introducirse a través de las herramientas que utilizamos para analizar la información: indicadores, métricas o sistemas de evaluación que orientan nuestra atención hacia determinados resultados y no hacia otros.
    3. Organizacional (de contexto). Factores como la cultura de las organizaciones, las normas informales, las jerarquías o las presiones del contexto pueden reforzar ciertas interpretaciones y decisiones, consolidando determinados sesgos colectivos.

    Los sesgos cognitivos no son simples fallos individuales, sino mecanismos profundamente arraigados en la manera en que pensamos y decidimos. Comprender la interacción entre intuición y análisis permite mejorar la calidad de las decisiones y reducir errores.

    Las organizaciones que comprendan estos procesos estarán mejor preparadas para diseñar entornos que favorezcan decisiones más conscientes, equilibradas y estratégicas. Porque en última instancia, la calidad de una organización depende también de la calidad de las decisiones que toman quienes la dirigen.

    Elene Igoa Iraola, Profesora e Investigadora Universitaria, Facultad de Ciencias de la Salud, Universidad de Deusto y Fernando Díez Ruiz, Associate professor, Universidad de Deusto

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • Modelando el futuro de los servicios financieros: modernizar los sistemas de información

    La realidad de muchas organizaciones de servicios financieros es que la modernización de los sistemas de información es un proyecto que a menudo se necesita desesperadamente pero nunca se encuentra en la parte superior de la lista de prioridades.

    Si la actualización de un sistema heredado o incluso una migración completa a una solución alternativa fuera fácil, entonces ya se habría hecho. Para reemplazar un sistema heredado, generalmente necesita migrar los datos, apagar el sistema anterior y encender uno nuevo, lo que puede ser arriesgado y perjudicial para la empresa: ¿qué sucede si el nuevo sistema no tiene todo lo que le corresponde de los datos o no se conecta de la misma manera a otros sistemas críticos?

    Un cambio de estilo ‘Big Bang’ no es para los débiles de corazón, y por lo general implica la necesidad de procedimientos de recuperación exhaustivos si las cosas no salen según lo planeado. Pero hay otra forma …

    Primero, debemos hacer la pregunta: ¿Por qué la modernización de la gestión de la información? Una de las razones es que el 76% de las organizaciones no pueden encontrar la información correcta de manera oportuna; y la forma en que las organizaciones administran sus activos, procesos y sistemas digitales se encuentra en un estado de cambio.

    Durante muchos años, las herramientas y los métodos para administrar la información dentro de la empresa no han cambiado drásticamente. Los sistemas de gestión de contenido empresarial (ECM) y los sistemas de gestión de documentos (DM) anteriores a ellos han existido durante décadas haciendo todo lo posible para gestionar documentos y procesos transaccionales en un solo lugar. ¿Pero están haciendo un buen trabajo? No de acuerdo con la investigación realizada por la firma AIIM a principios de este año.

    La retroalimentación de todas las industrias es que la escala y la naturaleza de la información ha cambiado; simplemente, hay más información, en más lugares y más tipos (y archivos más grandes) que nunca. Llame a esta sobrecarga de información, gran contenido, relleno digital o lo que quiera, los desafíos son reales. Las empresas de servicios financieros están explorando plataformas de servicios de contenido en busca de nuevas ideas y un nuevo enfoque para administrar información empresarial crítica.

    En lugar de lidiar con la interrupción comercial de extraer y reemplazar sistemas antiguos por uno nuevo, abogamos por tomar pocos pasos para alcanzar el mismo objetivo. Este enfoque de modernización expone los beneficios al inicio del proceso y reduce el riesgo de un proyecto fallido. Entonces, ¿cuáles son estos pasos? ¿Y cómo pueden ayudar a resolver el desafío de modernizar los sistemas de información heredados dentro de los servicios financieros? En la mayoría de los ámbitos de la vida, dejar un legado es una cosa positiva. No es así en la industria de gestión de la información, donde el legado significa viejo, difícil de mantener y caro para cuidar. Es irónicamente algo que es muy costoso para quien a menudo no puede permitirse estar sin el, pero que también no puede tomar el riesgo de reemplazar.

    Como hemos visto, la información enfrenta desafíos de gestión. Las organizaciones de hoy son de tamaño considerable y no se pueden resolver por tecnologías o mentalidades heredadas. El camino a la transformación digital es uno sinuoso, pero uno donde el primer paso absolutamente tiene que ser la modernización de las herramientas de gestión de la información de la organización.

    Comenzando de esa forma, se dan los primeros pasos correctos para alcanzar las últimas etapas. Si se falla en poner la fundación adecuada, no se sorprenda cuando toda la transformación digital de la casa se derrumbe.

    Modernizando sus aplicaciones heredadas con una plataforma de servicios de contenidos, en conjunción con una conexión estratégica y consolidar el enfoque para la gestión de la información, puede entregar ROI ( return on investment) a corto plazo y a largo plazo reducción del TCO ( total cost of ownership ) y sentar las bases para futuros esfuerzos de transformación digital.

    En un mundo digital donde la información está en todas partes, y en cada operativa, la función empresarial depende de la información. Dicho eso,  ¿puede permitirse no comenzar su viaje de transformación digital hoy?