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  • Gasto público en Panamá: endeudamiento insostenible y servicios ciudadanos descuidados

    En los últimos años, Panamá ha sido testigo de una alarmante tendencia: el crecimiento desmedido del gasto público, que se traduce en un incremento exponencial del endeudamiento nacional. A pesar de este vertiginoso aumento en el presupuesto estatal, los ciudadanos apenas ven mejoras en los servicios públicos y, en muchos casos, sufren la falta de infraestructuras básicas y la ineficiencia de las instituciones gubernamentales.

    El presupuesto estatal para el año 2024 es una clara muestra de esta inmensa expansión del gasto público. Aunque algunos puedan argumentar que este aumento presupuestario es necesario para impulsar el desarrollo y mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, la realidad es muy diferente. En muchos casos, este gasto excesivo se traduce en proyectos poco transparentes y políticas clientelistas que benefician a unos pocos en detrimento de la mayoría. Sin olvidarnos el detalle no menor de su ejecución en medio de una contienda electoral.

    Uno de los principales problemas de un alto gasto público sin un control adecuado es el incremento del endeudamiento. Cada vez que el gobierno gasta más de lo que ingresa, se ve obligado a recurrir a préstamos para cubrir la diferencia. Esto no solo aumenta la deuda nacional, sino que también representa una carga para las futuras generaciones, quienes deberán asumir las consecuencias de las decisiones fiscales irresponsables del presente.

    El endeudamiento insostenible no solo afecta a las finanzas públicas, sino también a la economía en su conjunto. Una elevada deuda pública puede llevar a un aumento de los intereses y comprometer la capacidad del gobierno para invertir en áreas prioritarias como la seguridad y justicia, la salud, educación y la infraestructura. Además, puede generar incertidumbre entre los inversores y desincentivar la inversión privada, lo que impacta negativamente en el crecimiento económico del país.

    Por otro lado, el ciudadano común se ve afectado por el alto gasto público de diversas maneras. A pesar de que el gobierno tiene más recursos a su disposición, la calidad de los servicios públicos no mejora significativamente. La falta de infraestructuras adecuadas, la escasez, pero fundamentalmente la mala asignación de recursos en sectores como los ya señalados, y la ineficiencia en la prestación de servicios básicos son problemas que persisten.

    Además, la burocracia y la corrupción en el aparato gubernamental también juegan un papel importante en el desvío de fondos y la falta de resultados tangibles para la población. En muchos casos, el alto gasto público se traduce en un enriquecimiento ilícito de unos pocos funcionarios y empresarios vinculados a la clase política, mientras que los ciudadanos comunes siguen enfrentando dificultades y carencias.

    Para revertir esta situación nefasta y dañina, es fundamental que el gobierno adopte una política de gasto público responsable y transparente. Es necesario establecer mecanismos de control y rendición de cuentas para evitar el mal uso de los recursos públicos. Además, es fundamental priorizar la inversión en áreas clave señaladas y dejar el resto de actividades al desarrollo en manos privadas.

    Asimismo, es crucial promover la participación ciudadana y la transparencia en el proceso presupuestario. Los ciudadanos deben estar informados y tener voz en las decisiones que afectan sus vidas y su futuro. Solo a través de una gestión responsable y una verdadera rendición de cuentas, se podrá evitar el endeudamiento excesivo y mejorar la calidad de los servicios públicos en beneficio de todos los panameños.

    En conclusión, el aumento desmedido del gasto público en Panamá es una situación preocupante que exige una reflexión profunda por parte de las autoridades y la sociedad en su conjunto. El endeudamiento insostenible y la falta de mejoras en los servicios ciudadanos son señales claras de que es necesario cambiar el rumbo y adoptar políticas fiscales responsables y transparentes. Solo así se podrá construir un futuro próspero y equitativo para todos los ciudadanos panameños.

  • El cantón suizo Sion rechaza ser sede de los JJ OO de Invierno para no malgastar los recursos públicos.

    Los votantes del cantón del Valais rechazaron la candidatura de Sion para los Juegos Olímpicos de Invierno en 2026 con más del 54% de los votos.

    La oposición al proyecto se centró en los temores de deficits presupuestarios. Los detractores a la candidatura argumentaron que un cantón económicamente débil como el Valais haría mejor en invertir  en sus calles, hospitales y en el sector social en general, que en financiar los Juegos Olímpicos.

    La pregunta del Referendum del 10 de junio se relacionaba «exclusivamente» con el compromiso que asumiría el cantón del Valais de tomar un crédito por 100 millones de francos para organizar los Juegos Olímpicos (60 millones para infraestructuras y 40 para seguridad).

    Evidentemente, es imposible organizar unos Juegos Olímpicos con solo 100 millones de francos. Se estima que el presupuesto total sería de 2.400 millones de francos suizos, confirmó recientemente el Director Financiero del Comité Sion 2026 a la televisión pública RTS. De este monto, el gobierno suizo aportaría casi 1.000 millones de francos, si el Parlamento le otorgaba su aval.

    El rechazo al proyecto fue más pronunciado entre los suizos de más de 65 años  que entre la población entre 18 y 34 años. Sobre todo el rechazo fue hacia la contribución estatal de 1.000 millones de francos (866 millones de euros) que el Gobierno había autorizado ya, ya que un 65 por ciento se pronunciaba en contra o más bien en contra de la aportación financiera a través de los contribuyentes.

    El importe comprometido, según el Gobierno, era en su mayor parte una garantía ante posibles déficits, pero aún así solo un bajo porcentaje de los suizos aceptó  la contribución federal.

    Los votantes del NO del cantón lo hicieron convencidos de que este certamen les costaría mucho más que el beneficio que podría haberles representado. El no al proyecto también fue motivado por la desconfianza al Comité Olímpico Internacional (COI). Su campaña se centró en «30 días de fiesta, 30 años de deuda».

    Los promotores de Sion 2026, por su parte, se apoyaban en la visibilidad que el evento daría a la región con el consecuente aumento del turismo. Argüían que la existencia de infraestructuras habría reducido al mínimo la necesidad de nuevas construcciones. Su campaña trató de imponer el: «Sion 2026, los juegos en el corazón de Suiza».

    Sin embargo, sus esfuerzos fueron vanos y la capital del Valais no será la capital olímpica en el invierno de 2026, como tampoco lo fue en intentos precedentes.

    Un NO de larga data

    Suiza, que se ve a sí misma como un paraíso para los deportes de invierno, donde sus atletas se destacan en varias disciplinas, no ha recibido los Juegos desde 1948. En nueve ocasiones, el pueblo arrancó la candidatura de raíz: Ya en Sion, en 1963, en Berna y Zúrich unos años después, en los Grisones en 1980 y 1986, en Lausana en 1988, en Berna en 2002, luego otra vez en los Grisones en 2013 y 2017. Esta era la quinta vez que la capital del Valais soñaba con acoger la justa olímpica.

    En 1970, los Juegos de Invierno de 1976 fueron atribuidos a Denver, que derrotó a Sion solo en la tercera ronda de votación, con 9 votos por delante (de 69). Pero dos años más tarde, el pueblo de Colorado, consultado mediante referéndum, rechazó una subvención a su capital. El COI recurrió en última instancia a Innsbruck, Austria, que había sido sede en 1964.

    En 1995, Sion volvió a perder ante una ciudad estadounidense para los Juegos de 2002, que se celebraron en Salt Lake City. La candidatura suiza ocupó el segundo lugar, igual que la de Östersund (Suecia), a 40 votos del ganador, en un contexto de escándalo por corrupción.

    En 1999, se produjo la sorpresiva victoria de Turín contra Sion para los Juegos de 2006. Según el nuevo procedimiento establecido por el COI, las dos ciudades permanecieron hasta el final de la contienda, y todos daban a Sion el triunfo, sin embargo, perdió por 36 votos contra 53. Este 10 de junio de 2018, finalmente, es el pueblo del Valais el que aborta la candidatura. Como en 1963.

    La pregunta que respondieron los valesanos el 10 de junio se relacionó «exclusivamente» con el compromiso que asumiría el cantón del Valais de tomar un crédito por 100 millones de francos para organizar los Juegos Olímpicos. La población dijo «no», y la aventura terminó ahí.  ¿El círculo está completo?