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  • ¿Por qué la universidad celebra a Santo Tomás de Aquino cada 28 de enero?

    ¿Por qué la universidad celebra a Santo Tomás de Aquino cada 28 de enero?

    A finales de enero muchas universidades celebran un acto solemne dedicado a un maestro medieval, Santo Tomás de Aquino, referente del saber desde el siglo XIII. Su figura contribuyó a sentar las bases de la docencia y de la investigación universitaria.

    París: formación y método

    Tomás de Aquino llegó a la Universidad de París hacia 1245, un centro que se había consolidado como uno de los focos intelectuales más dinámicos de Europa. Allí accedió al grado de bachiller bíblico, centrado en la lectura y comentario de la Sagrada Escritura, y más tarde alcanzó el grado de bachiller sentenciario.

    Ilustración medieval de una reunión de médicos en una universidad.
    Reunión de médicos en la Universidad de París, de Étienne Colaud, del manuscrito Chants royaux.
    Biblioteca Nacional, París / Gallica

    Tomás de Aquino asimiló el método escolástico característico de la universidad medieval, que integraba la lectura y el comentario de textos, el planteamiento argumentado de problemas teóricos y el debate entre maestros y estudiantes. Su pensamiento tuvo un papel decisivo en la integración del aristotelismo en la universidad medieval. Al mismo tiempo, articuló una relación ordenada entre razón y fe orientada a la búsqueda de la verdad y la Iglesia Católica le consideró doctor angélico, doctor común y doctor de la humanidad.

    Sus obras Summa theologiae y Summa contra gentiles circularon en las universidades europeas y se incorporaron a la enseñanza reglada. Estos textos contribuyeron a fijar criterios rigurosos de argumentación y método para la comunidad científica.

    El reconocimiento universitario

    Durante la década de 1250 la Universidad de París atravesó una crisis institucional de gran alcance. En 1253 los maestros seculares interrumpieron de forma colectiva la enseñanza, como respuesta a un conflicto con las órdenes mendicantes de los dominicos y los franciscanos por el acceso a las cátedras. El enfrentamiento cuestionó el estatuto académico de estas órdenes y derivó en su exclusión temporal de la universidad. Entre los afectados se encontraba Tomás de Aquino. El conflicto se resolvió tras la intervención del papa Alejandro IV mediante la bula Quasi lignum vitae, que les autorizaba a continuar con sus escuelas públicas y a acceder a las cátedras de la universidad.

    Un año después, Tomás de Aquino recibió la licencia para enseñar Teología (licentia docendi), lo que le otorgó plena legitimidad académica. El inicio público de su magisterio en Sagrada Escritura quedó marcado por la lección inaugural de 1256 en París, con el discurso conocido como Rigans montes. Para esa ocasión eligió el versículo del Salmo 103: “Rigans montes de superioribus suis; de fructu operum tuorum satiabitur terra” (“Regando los montes desde arriba, la tierra se saciará del fruto de tus obras”).

    Esta imagen ofrece una clave para comprender el orden del saber. La doctrina procede de lo alto y llega a la comunidad académica a través de quienes han recibido autoridad para enseñar. El doctor transmite un conocimiento que exige método, precisión y responsabilidad en el uso de la palabra. En esta figura se reconoce un modelo de rigor académico, servicio a la verdad y continuidad de la tradición universitaria.

    La autoridad que la universidad reconoció a Tomás de Aquino se vio reforzada más tarde por el reconocimiento eclesial. El papa Juan XXII lo canonizó el 18 de julio de 1323 con la bula Redemptionem misit. Más tarde, Pío V lo proclamó doctor de la Iglesia (1567).

    La memoria material de Tomás de Aquino se vincula a la abadía de Fossanova (en el centro de Italia), lugar donde murió en 1274. Allí permaneció su cuerpo durante casi un siglo, depositado en un sarcófago que hoy se conserva como testimonio histórico.

    Una fecha cambiante

    Su conmemoración litúrgica se fijó en un primer momento el 7 de marzo, fecha de su muerte. Esta elección planteó dificultades, ya que coincidía con frecuencia con la Cuaresma, periodo en el que se restringían los actos públicos y las ceremonias académicas.

    La situación cambió cuando el papa Urbano V ordenó el traslado de las reliquias de Tomás de Aquino a Toulouse, en Francia. La recepción tuvo lugar el 28 de enero de 1369 en el convento de los Jacobinos, antiguo convento de la Orden de los Predicadores, donde se conservan en la actualidad.

    Altar y relicario de santo Tomás de Aquino en la Iglesia de los Jacobinos en Toulouse (Francia).
    Altar y relicario de santo Tomás de Aquino en la iglesia de los Jacobinos en Toulouse (Francia).
    Didier Descouens/Wikimedia Commons, CC BY-SA

    Entre los siglos XIV y XV, las universidades europeas adoptaron esta fecha como marco adecuado para ceremonias institucionales. No obstante, la configuración definitiva de la festividad se produjo en el siglo XX. Este proceso se inscribe en la reforma del calendario litúrgico posterior al Concilio Vaticano II. En 1969, el papa Pablo VI promulgó la carta apostólica Mysterii Paschalis, en la que se estableció el criterio de mantener en el calendario común solo aquellas celebraciones consideradas de valor universal para la Iglesia.

    Así, la conmemoración religiosa de Tomás de Aquino quedó fijada el 28 de enero, una decisión que proporcionó un marco litúrgico estable.

    Difusión europea y continuidad institucional

    La memoria de Tomás de Aquino recibió un respaldo institucional cuando León XIII publicó Aeterni Patris (1879). Esta encíclica consideró su pensamiento como eje fundamental de la enseñanza superior frente a las corrientes materialistas de su tiempo. Un año después, el breve Cum hoc sit (1880) lo declaró patrono de las universidades y escuelas católicas.

    Con estas disposiciones, León XIII presentó a Tomás de Aquino como referente intelectual para la investigación y la enseñanza superior. En España, una Real Orden publicada en 1922 reconoció la festividad de Santo Tomás de Aquino como Fiesta del Estudiante.

    Pintura con un religioso en el medio que sostiene un libro.
    El triunfo de santo Tomás de Aquino, de Benozzo Gozzoli.
    GrandPalaisRmn (musée du Louvre) / Hervé Lewandowski

    De esta manera, se aseguró su continuidad como acto institucional en el sistema universitario. La celebración se difundió junto con el modelo parisino por universidades de toda Europa. Fuera de este continente, el arraigo es también significativo en Filipinas.

    Solemnidad y simbolismo académico

    La festividad de Santo Tomás se asocia desde la Edad Media a la figura del doctor universitario y en el acto se hace visible la dimensión pública de la autoridad intelectual. La ceremonia se acompaña de cantos solemnes, y los signos externos –la toga, el birrete, el libro y el anillo– refuerzan su significado. En conjunto, poseen un valor institucional y una continuidad de la tradición universitaria.

    La pervivencia de esta celebración responde a la continuidad de un modelo de universidad más que a una lógica confesional. En centros que mantienen una relación con el calendario litúrgico romano, Tomás de Aquino se integra en los actos solemnes del curso académico. En otros contextos, formados en tradiciones anglicanas o protestantes, es un referente intelectual de la comunidad científica. Esta diversidad de enfoques permite entender cómo su legado se ha asumido de distintas maneras en la transmisión del saber a lo largo de la historia. En su figura, la comunidad científica reconoce un modelo de rigor intelectual y de estudio orientado a la búsqueda de la verdad.

    Por este motivo, celebramos cada 28 de enero al maestro que otorgó a la razón un estatuto de autoridad universitaria y que definió la investigación como una responsabilidad institucional.The Conversation

    Anna Peirats, Catedrática de Humanidades, Universidad Católica de Valencia y Francisco Javier Arteaga Moreno, Profesor de Estadística, Universidad Católica de Valencia

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • El Economista Tomás de Aquino

    En este mundo “moderno” del 2025 sobran las personas que ven a un fraile de 1274 como una persona con poca cultura y conocimiento… ¡craso error! Tomás de Aquino fue un extraordinario teólogo, filósofo y jurista católico a quien se le atribuye el origen del escolasticismo; movimiento que hoy persiste en la Escuela de Salamanca en España y en la Universidad de Salamanca . Y no paremos allí, ya que en materia de metafísica sus obras hoy día representan una de las fuentes más citadas del siglo XIII . Estoy convencido de que en muchos sentidos los humanos hemos sufrido ciertas regresiones en materia cultural, económica y lo que es “justo”.

    La profundidad de pensamiento de Aquino es sorprendente, lo cual se desprende que aún hoy día hay tantos que encuentran verdades que hemos extraviado en el transcurrir del tiempo; nos cuenta Federico Silva, un académico interdisciplinario en la ley y la ingeniería informática. Pero, en particular, Silva nos retrotrae a la teoría subjetiva del valor; una realidad que, según parece, muchos que se arropan con el título de “economistas” no dominan la materia o peor, evaden el tema porque no conjuga con su trabajar gubernamental.

    También nos advierte Silva que en la época de Tomás de Aquino la economía aún no era una disciplina científica sino que era vista como una ‘teoría de justicia’. Las pesquisas de Aquino en estos campos las siguieron otros clérigos católicos, tal como Anselmo de Canterbury, padre de la escolástica y otros más,  En resumen, estaban abordando lo que es correcto o el bienandar en materia económica y no el malandar que hoy parece ser la norma en la gobernanza alrededor del mundo.

    Carl Menger, quien fue jurista y no matemático, destacó el papel de la ética en la acción humana económica; algo que no fue respetado en la constitución de Panamá; cuando esta dice que “la economía corresponde primordialmente a los particulares…” y luego de un punto y coma agrega un “pero” y dice que el “Estado”, es decir, los gobiernos o gobernantes, pueden hacer lo que les venga en ganas con la economía ciudadana, tal como nombrar cerros de botellas y dictar leyes que violan nuestras libertades.

    Más allá, algo que se nos extravió es el que la ley no hace el derecho o lo correcto, sino que lo debe descubrir o; tal vez deba decir “destapar”. Triste que con gran frecuencia en nuestro medio la ley lo que hacer es tapar o cubrir el derecho, aquello que no es curvo o torcido. Y en ello, Silva vuelve y destaca que lo correcto o derecho es sinónimo de “justo” o aquello que cabe “justito” o apretadito.

    Por ejemplo, las intervenciones legales en materia de controles de precio; sean estos en salarios, productos, descuentos y tal, violan el principio fundamental de la satisfacción de una de las dos partes en cualquier transacción, y otras cosas más. Dar descuentos a jubilados porque unos legisladores quieren ganar simpatía y votos no es justicia. Se alcanza la justicia cuando ambas partes llega a un acuerdo y satisfacción.

    La cantidad de intercambios comerciales en Panamá, por dar ejemplo, jamás podrán ser previstos en justicia ni en sentido económico por leyes politiqueras. Si en un restaurante el 80% de los que entran un día son jubilados, el restaurante pierde; los diputados jamás aceptarán su culpa y menos si el negocio entra en quiebra. No es el gobierno quien determina precios sino el mercado.

    Bien dijo Aquino que sin acuerdo y satisfacción jamás habrá justicia. Triste que aún no lo veamos.