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  • La fragilidad institucional detrás de la crisis portuaria panameña

    La fragilidad institucional detrás de la crisis portuaria panameña

    La situación de los puertos Balboa y Cristóbal ofrece uno de los ejemplos más interesantes —y delicados— sobre cómo los problemas de diseño institucional terminan convirtiéndose, décadas después, en conflictos económicos y políticos de gran escala.

    La discusión pública suele reducirse a una falsa dicotomía entre “defender la soberanía” o “proteger inversiones extranjeras”. Sin embargo, el problema de fondo parece mucho más estructural: cuando una concesión nace rodeada de opacidad, privilegios o debilidades jurídicas, el tiempo no corrige esos defectos. Los amplifica.

    La reciente declaración de inconstitucionalidad sobre la concesión vinculada a Panama Ports, sumada a las amenazas de arbitraje internacional y a la intervención temporal del Estado, revela precisamente eso: la fragilidad de acuerdos cuya legitimidad nunca terminó de consolidarse social ni institucionalmente.

    Desde nuestra óptica, el problema no es la inversión extranjera. Panamá, de hecho, construyó buena parte de su éxito precisamente sobre apertura comercial, estabilidad relativa y capacidad de atraer capital internacional. El Canal, la banca y la logística son prueba de ello.

    El problema aparece cuando el vínculo entre Estado y empresas se vuelve ambiguo: concesiones excesivamente largas, condiciones poco transparentes, renegociaciones difíciles de auditar o marcos regulatorios percibidos como diseñados para actores específicos. En esos contextos, tanto la izquierda estatista como el nacionalismo terminan encontrando terreno fértil para cuestionar la legitimidad completa del sistema.

    Y allí surge el verdadero costo económico: la incertidumbre.

    Para un país logístico y financiero como Panamá, la previsibilidad jurídica no es un detalle técnico. Es uno de sus principales activos nacionales. Cada vez que un contrato estratégico entra en disputa pública o judicial, el mensaje hacia los mercados internacionales deja de ser exclusivamente económico y pasa a ser institucional.

    El problema tampoco se resuelve simplemente defendiendo “la seguridad jurídica” de forma abstracta. Porque la seguridad jurídica no significa blindar cualquier contrato para siempre, independientemente de cómo fue concebido. Significa construir reglas claras, competitivas, transparentes y legítimas desde el inicio, de modo que ni el gobierno ni la presión política futura tengan incentivos para desarmarlas.

    En otras palabras: la estabilidad no se logra impidiendo revisar errores, sino evitando cometerlos desde el principio.

    Panamá enfrenta además un desafío adicional. El Canal no es únicamente un activo económico; es también un símbolo nacional y geopolítico. Todo lo relacionado con puertos, agua, rutas comerciales o infraestructura estratégica termina inevitablemente atravesado por presiones internacionales, rivalidades entre potencias y sensibilidad política interna. Eso obliga a niveles aún mayores de transparencia y profesionalismo institucional.

    La enseñanza más importante quizá sea una bastante antigua: las instituciones débiles suelen producir ganancias rápidas, pero conflictos largos. Lo que comienza como una solución pragmática o políticamente conveniente termina años después convertido en litigios, desconfianza y polarización.

    Y esa es probablemente la lección liberal más relevante de este episodio.

    No basta con atraer capital.

    Hay que construir instituciones capaces de hacerlo convivir con legitimidad pública, competencia genuina y reglas previsibles para todos.

    Porque en economía política, como en tantas otras cosas, lo que mal empieza rara vez termina bien.

  • Bukele dice: déjate de tragarte el cuento de las élites.

    El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, publicó un largo artículo en Bitcoin Magazine sobre su decisión de comprar Bitcoin, criticando a sus detractores y refutando sus argumentos con información pública incluso de organismos como el mismo Fondo Monetario Internacional.

    El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, no ha dejado nunca de defender su decisión de comprar Bitcoin con los dineros del país, aún a pesar de las múltiples críticas que ha recibido por ello. Él ha insistido en que no se puede hablar de pérdidas, porque El SAlvador no ha vendido los BTC que posee, y ha sostenido firmemente su confianza en la principal criptomoneda. Su posición la ha ratificado varias veces tanto en Twitter como en entrevistas. Asimismo, recientemente, en un discurso ante Naciones Unidas pidió respetar las decisiones económicas de su país.

    Pero ahora buscó otro medio para difundir estas ideas. Lo hizo en un largo artículo publicado en el medio Bitcoin Magazine, uno de los medios, además, que ha apoyado abiertamente la decisión de El Salvador de ser el primer país del mundo en adoptar Bitcoin como moneda de curso legal.

    Este sería un resumen de las principales ideas expuestas por el mandatario Nayib Bukele en su artículo titulado “Deja de tragarte el cuento de las élites”.

    El texto de Bukele comienza recordando que El Salvador fue el primer país del mundo en adoptar legalmente Bitcoin y dice que eso quedará grabado para siempre en la historia del dinero.

    Dividió a sus detractores en tres grupos: Los que genuinamente creen que fue una decisión equivocada, los que creen que fue una buena decisión pero por las razones equivocadas y los que le tienen miedo a su decisión. Asegura que quienes alzan la voz en su contra son fundamentalmente “las élites y las personas que trabajan para ellas”.

    “Todas las publicaciones financieras, todas las principales organizaciones de noticias, todos los periódicos del mundo, todas las agencias de calificación crediticia y todas las organizaciones financieras internacionales están diciendo lo mismo, como si estuvieran en un coro. Pero, ¿es algo de esto cierto?”, se pregunta y se responde:

    “Bueno, solo se necesita leer sus artículos y escuchar a sus “expertos” decir que todo esto sucedió después de que El Salvador perdió alrededor de USD $ 50 millones debido a la caída en picada del precio de Bitcoin en los exchanges. Dado que no estamos vendiendo ningún Bitcoin, esta afirmación es obviamente falsa. Pero en aras de hacer un análisis más profundo, digamos que ello es completamente cierto, que por supuesto no lo es, pero para los efectos del ejercicio asumamos que lo es, continúa.

    ¿En serio? ¿La economía de todo un país fue destruida por «una pérdida» de $ 50 millones?

    Sí, El Salvador es un país relativamente pobre, pero solo en 2021 produjimos USD $28 mil millones en productos y servicios. Impulsar la idea de que una pérdida de 50 millones de dólares (menos del 0,2 % de nuestro PIB) destruiría o incluso pondría en problemas la economía de nuestro país es mucho más que estúpido; es revelador”.

    Contra los medios

    En el artículo nombra a relevantes medios de comunicación que han escrito en su contra: “Uno pensaría que los genios económicos de Bloomberg, Forbes, Fortune, Financial Times, Deutsche Welle, BBC, Al Jazeera, The Guardian, The New York Times, The Washington Post, etc., tendrían suficientes analistas y editores versados ​​en estos temas para decirles que no publiquen esas tonterías. Uno pensaría que estos artículos absurdos no pasarían esos consejos editoriales, pero lo hacen. Y a veces incluso ocupan un espacio muy grande, como una página completa en The New York Times”.

    Y ante eso reitera:

    “Entonces, el argumento de que hemos perdido USD $ 50 millones en bitcoins es falso, porque simplemente no hemos vendido ningún bitcoin. E incluso si aceptáramos ese argumento como cierto, sería ridículo concluir que una economía de USD $ 28 mil millones por año quebrará o entrará en incumplimiento debido a una “pérdida” de 0,2% en un año, cuando en 2021 nuestra economía creció 10.3%, o USD $4 mil millones. ¡Y eso según las propias cifras del FMI!

    E incluso si quiere aceptar ese argumento absurdo como cierto, lo que significaría que ignora las matemáticas o la lógica básica, todavía tendrá que preguntarse por qué estas corporaciones mundiales de medios le darían tanto tiempo y espacio a un país tan pequeño como El Salvador. ¿Estaban hablando de El Salvador antes? ¿Les importaba lo que pasaba en nuestro país? ¿Denunciaron los USD $37 mil millones que los gobiernos anteriores robaron del erario de nuestro país?

    Hágase estas preguntas; Hace unos años, ¿sabías dónde se ubicaba El Salvador en un mapa? ¿Sabías el nombre del anterior presidente de El Salvador? ¿Sabías de sus fallidas políticas económicas?

    La respuesta a esas preguntas se sumó al increíble absurdo de retratar, en cientos de publicaciones financieras serias, que una economía que produce 28.000 millones de dólares al año irá a la quiebra por una discutible pérdida de 50 millones de dólares. Esa es toda la prueba que uno debería necesitar para ver que están tratando de engañarte”.

    Incluso, ante lo que Bukele llama «la narrativa», que les ha impuesto una baja calificación a los bonos salvadoreños, poniendo al país en niveles de mayor riesgo que la actual Ucrania en guerra, ha tomado junto a sus ministros, la decisión de pagar por adelantado muy buena parte de sus deudas: » Y es por eso que este mes compraremos todos nuestros bonos de 2023 y 2025, todos los que los titulares desean vender, por supuesto, a precio de mercado».

    Más cifras

    Bukele continúa compartiendo más datos económicos y sociales que indican la mejora del país: “En 2021, nuestro PIB aumentó 10,3%, los ingresos por turismo aumentaron 52%, el empleo aumentó 7%, los nuevos negocios aumentaron 12%, las exportaciones aumentaron 17%, la generación de energía aumentó 19%, las exportaciones de energía aumentaron 3.291% y los ingresos internos aumentaron hasta un 37%, todo sin aumentar los impuestos. Y este año, la tasa de crímenes y asesinatos ha bajado un 95%”.

    Luego de hablar de otros indicadores, como el nivel de aprobación de la gestión presidencial en las encuestas, el gobernante culminó el artículo diciendo:

    “El Salvador es el epicentro de la adopción de Bitcoin, y por ende, de la libertad económica, la soberanía financiera, la resistencia a la censura, la riqueza no confiscable y el fin de los coronadores de reyes, sus publicaciones, devaluaciones y reasignación de la riqueza de las mayorías hacia los intereses privados, las élites, los oligarcas, y los poderes en las sombras detrás de ellos, moviendo los hilos.

    Si El Salvador tiene éxito, muchos países seguirán su ejemplo. Si El Salvador llega a fracasar, algo que nos rehusamos a hacer, ningún país lo intentará. Ellos lo saben muy bien y por eso luchan tanto en nuestra contra. ¿Entrarás en el juego de ellos? ¿O te darás cuenta del verdadero juego?”

    Si quiere leer el artículo completo en español, puede hacer clic aquí.

    Fuentes: Bitcoin Magazine