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  • Bitcoin quizás no arreglará todo, pero para comenzar, ayuda bastante

    La afirmación recurrente de que «Bitcoin arregla o soluciona esto» a menudo se usa de manera superficial, pero cuando lo analizamos con seriedad, encontramos que Bitcoin tiene el potencial de resolver muchos de los problemas fundamentales de nuestra sociedad nos explica el escritor Paul Rosemberg en un excelente texto que les resumimos hoy. En este artículo, exploraremos junto a él, cómo Bitcoin puede ser una herramienta poderosa para abordar los problemas sistémicos que aquejan a nuestra sociedad moderna.

    En su esencia, Bitcoin logra ésto al alterar los incentivos que han distorsionado la estructura misma de nuestra sociedad. Los incentivos predominantes en el mundo actual están estrechamente ligados al dinero, y al cambiar estos incentivos, podemos transformar el panorama global. Si bien este proceso puede no ser rápido ni fácil, es fundamental reconocer que cambiar los incentivos es el primer paso para cambiar el mundo.

    Comencemos examinando cómo Bitcoin puede aplicarse en áreas fundamentales de la sociedad.

    Guerra

    Si bien Bitcoin no puede eliminar por completo la guerra, sí tiene el potencial de reducirla drásticamente. Desde la Segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos no han financiado ninguna guerra con ingresos directos de impuestos. En cambio, han recurrido al crédito, gracias a la capacidad de imprimir dólares sin respaldo en oro desde 1971. En una economía basada en Bitcoin, financiar una guerra requeriría que la población contribuyera directamente, lo que disuadiría la intervención militar y fomentaría una toma de decisiones más cuidadosa en política exterior.

    Bienestar

    El sistema de bienestar actual ha demostrado ser ineficaz y, en muchos casos, contraproducente. A pesar de los billones de dólares invertidos en programas de asistencia social, muchas personas continúan en situaciones precarias. Bajo un modelo basado en Bitcoin, la asistencia social tendría que provenir directamente de la contribución de los ciudadanos, lo que fomentaría una mayor responsabilidad individual y podría conducir a una distribución más eficiente de los recursos.

    Corrupción Pública

    La corrupción es un problema endémico en muchos gobiernos y está estrechamente relacionada con el gasto público. En una economía basada en Bitcoin, donde el flujo de dinero es transparente y los incentivos están alineados con la responsabilidad financiera, la corrupción podría reducirse significativamente. Al eliminar la posibilidad de imprimir dinero sin respaldo, se limitaría la capacidad de los funcionarios corruptos para aprovecharse del sistema.

    Estos son solo algunos ejemplos de cómo Bitcoin puede abordar problemas sistémicos en nuestra sociedad. Sin embargo, más allá de estas aplicaciones directas, Bitcoin también tiene el potencial de provocar cambios más profundos en la estructura misma de nuestra economía y sociedad.

    En un mundo basado en una moneda honesta como el oro y la plata, como era el caso en 1910, la dignidad del trabajo y la responsabilidad financiera eran valores fundamentales. La gente ganaba dinero con esfuerzo y prudencia, y la inversión se basaba en la contribución directa de la comunidad. Bajo este sistema, el trabajador productivo ocupaba un lugar central en la economía, en lugar de depender perpetuamente de la emisión de dinero por parte del gobierno.

    En resumen, Bitcoin no es simplemente una nueva forma de moneda, sino una herramienta que tiene el potencial de transformar nuestra sociedad para mejor. Al cambiar los incentivos y promover la transparencia financiera, Bitcoin puede ayudarnos a construir una sociedad más justa, próspera y equitativa para las generaciones futuras.

  • Revueltas varias: la clave es la educación

    Hemos observado episodios bochornosos de presidentes que avanzan al Parlamento con fuerzas militares para clausurarlo o amedrentarlo cuando no les gustan sus legislaciones. En ningún caso el asunto es agarrárselas con los legisladores ni con el Poder Judicial que las más de las veces quien encarna el Ejecutivo tiene inclinaciones peores que las que critica de los otros poderes. Incluso quienes con razón señalan las barrabasadas del Legislativo por promulgar normas incompatibles con el derecho, siempre el asunto estriba en comprender cabalmente que aquellos surgen directamente del sufragio popular y la Justicia indirectamente puesto que son propuestos por el Ejecutivo con aprobación parlamentaria. Si esto es así debemos centrar la atención en las causas del problema y no en sus consecuencias, por lo que la cuestión de fondo reside en lo que les ocurre en la cabeza a los ciudadanos, por tanto el tema de fondo reside en la educación.

    Este tema de la educación se pone de manifiesto en las urnas, luego no tiene sentido quejarse. Para tomar el toro por las astas es imperioso revisar toda la noción que habitualmente se tiene del proceso educativo, de lo contrario seguiremos apuntando a lados equivocados. Cuando se publican libros tipo El ocaso de la democracia de Anne Appelbaum y equivalentes en realidad no es el ocaso de la democracia sino su palmario incumplimiento para internarse el los caminos de la cleptocracia, es decir, en lugar de priorizar el aspecto medular de la democracia tal como apuntan los Giovanni Sartori de nuestra época en cuanto al respeto y la garantía de los derechos individuales se opta por borrar este valor esencial para reemplazarlo por el aspecto secundario, mecánico y accesorio de la democracia cual es el recuento de votos. Esta idea degradada conduciría a pensar que, por ejemplo, el asesino serial de Hitler era demócrata porque ganó con la primera minoría de los votos y así sucesivamente con otros dictadores que se mantienen en el poder asfixiando a los gobernados en sus derechos.

    El tema medular entonces es de educación. Días pasados expuse en el evento organizado por Atlas Network y el Centro de Estudios para el Desarrollo donde resumí el tema educativo en diez puntos. Primero, la educación está inserta en un proceso de prueba y error en un contexto evolutivo puesto que el conocimiento se traduce en corroboraciones provisorias sujetas a refutación. El conocimiento no es un puerto sino una navegación permanente ilustrada magníficamente por el lema de la Royal Society de Londres: nullius in verba, esto es, no hay palabras finales.

    Segundo, esto exige sistemas abiertos y competitivos en un clima contestatario y de espíritu crítico. Tercero, por lo dicho resulta una bofetada a la inteligencia el establecimiento de ministerios de Educación y Cultura que pretenden imponer estructuras curriculares. Cuarto, debemos dejar de lado la hipocresía de hablar de “educación pública” puesto que la privada es también para el público, ergo se trata de educación estatal, una palabreja que se intenta ocultar ya que es tan chocante como literatura estatal o periodismo estatal. Quinto, no se trata de sostener que todos los profesores de instituciones estatales se desempeñan mal, más aún los hay de gran dedicación y esmero (personalmente estaría escupiendo al cielo si dijera lo contrario puesto que fui profesor titular en cinco carreras de la Universidad de Buenos Aires: Ciencias Económicas, Derecho, Ingeniería, Sociología y en Filosofía y Letras y fui Director del Doctorado en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de La Plata). El tema es de incentivos como nos han enseñado autores como Douglass North, Ronald Coase y Harold Demsetz. En otros términos la forma en que tomamos café y encendemos las luces no es la misma cuando pagamos las cuentas respecto a cuando obligamos a otros a hacerlo con el fruto de sus trabajos. La manera de administrar activos fijos y gastos corrientes es sustancialmente distinta en uno y otro caso.

    Sexto, por lo dicho es necesario vender todas las instituciones estatales de educación preferentemente al mismo claustro que las administran o incluso en un rapto de urgencias regalárselas, pero al momento siguiente todos los incentivos operarán en sentido distinto para la administración, la limpieza de los edificios, la sindicalización, el adoctrinamiento y demás asuntos.

    Séptimo, a los candidatos que tienen las condiciones para aplicar a las ofertas educativas existentes pero no cuentan con los ingresos suficientes como una medida de transición se les entregará vouchers para que apliquen de todas las privadas la que le resulte mejor. Esto quiere decir que se financia la demanda pero no la oferta con los problemas señalados. No se diga entonces que los de menores ingresos serán excluidos puesto que no es para nada el caso. Si se insistiera en mantener la educación en el área de las botas y la consiguiente politización es debido a otros intereses non sanctos. Es de interés prestar atención a los estudios que revelan el costo por año por graduado en instituciones estatales y las pruebas de rendimientos si estuvieran bien evaluadas y dieran bien es equivalente a zanahorias estatales de gran calidad evaluadas por verduleros experimentados, el asunto es percatarse que haría la gente libremente con el fruto de su trabajo, si es lo mismo no tiene sentido recurrir a la fuerza estatal para imponerlo.

    Octavo, debe resultar claro que la llamada igualdad de oportunidades es del todo incompatible con la igualdad ante la ley. Si juego al tenis con un profesional, para que me den igualdad de oportunidades habrá que encadenarle una pierna al contrincante con lo que se habrá afectado la igualdad ante la ley. La igualdad es ante la ley no mediante ella. En una sociedad libre todos tienen más oportunidades pero no iguales.

    Noveno, la educación no es un bien público puesto que no calza en los principios de no rivalidad y no exclusión. Además debe subrayarse que en los mal llamados sistemas “gratuitos” son los más pobres los que financian vía la contracción en sus salarios en términos reales debido a las disminuciones en las inversiones por parte de los contribuyentes de jure. Y décimo, las instituciones estatales de educación incurren en los mismos problemas de las mal llamadas “empresas estatales” ya que una empresa arriesga recursos propios y no a la fuerza con los de otros y dicho sea de paso en la actualidad las expresiones geográficas de “derecha” e “izquierda” son tan confusas y anodinas como aludir a lo que está arriba, abajo, atrás o adelante, sugiero se utilicen los términos más claros y precisos de estatista o liberal en distintos grados para definir ideas clave.

    En resumen nada se gana con despotricar contra los efectos si no se encaran las causas. Como he dicho antes por más que un gobierno pueda abrir las puertas para convertir a todos los habitantes en multimillonarios si continúa la politización de algo tan delicado como la educación, harán quienes salgan furiosos en manifestaciones eventualmente con el librito de Mao en la mano.

    No es que no hayan problemas en la educación privada, la perfección no está al alcance de los mortales, de lo que se trata es de abrir de par en par puertas y ventanas para que entre el mayor oxígeno posible y evitar que la capacitación de docentes se lleve a cabo en áreas estatales, todo a los efectos de lograr el mayor nivel de excelencia posible en competencia. Recién entonces dejaremos de endosar los problemas al Parlamento, al Judicial o al Ejecutivo puesto que se habrá sacado la educación del área de la violencia, con lo que los representantes gubernamentales estarán forzados a encaminarse en la dirección al respeto recíproco.

    Por último, el cambio es imperioso entonces es indispensable sacarse de encima las telarañas del espíritu conservador en cuanto a estar anclado en el statu quo y las falacias del ad populum en cuanto a que si todos lo hacen está bien y si nadie lo hace está mal con lo que no hubiéramos salido del taparrabos y el garrote pues todo lo demás era nuevo y hasta el momento no ensayado. El asunto es argumentar y no quedarse estancado en lo que fue en el pasado. Como ha señalado Aldus Huxley no en vano la posición opuesta conculca toda posibilidad de establecer climas que dan principal cabida al desarrollo individual, de allí es que el nacionalsocialismo alemán y el fascismo italiano lo primero que abolieron fue el método individualista de Montessori. El liberalismo es un peligro para los tiranos, como también apunta Huxley “Si la meta es la libertad entonces hay que enseñar el arte de ser libre para que cada cual se gobierne a sí mismo”.

  • La vida como diversión: un apunte

    di-vertir es separarse de lo importante para internarse en un paréntesis de las obligaciones y metas centrales en la vida que son el amor, la felicidad, el buen hogar, el conocimiento que alimenta el alma, el trabajo adecuado y similares, pero para que todo esto sea posible es menester que tenga lugar el respeto recíproco como valor necesario para todo lo demás.

    Es realmente llamativo pero se ha filtrado de contrabando una palabreja en el vocabulario casi diario que confunde grandemente. Se suele decir que tal o cual trabajo se adopta porque “es divertido”, se ingresa a esta o aquella carrera universitaria debido a que “suena divertida” y así sucesivamente.

    En verdad esta forma de analizar las cosas constituye una sandez mayúscula. El diccionario etimológico de la lengua española editado por el Fondo de Cultura Económico define divertir como “recreo, distracción, pasatiempo […] acción y efecto de desviarse o apartarse” puesto que di-vertir es separarse de lo importante para internarse en un paréntesis de las obligaciones y metas centrales en la vida que son el amor, la felicidad, el buen hogar, el conocimiento que alimenta el alma, el trabajo adecuado y similares pero para que todo esto sea posible es menester que tenga lugar el respeto recíproco como valor necesario para todo lo demás.

    Lo dicho para nada descarta la importancia del divertimento, del esparcimiento, de la distracción tan necesaria para el recreo de las faenas relevantes en la vida, se trata de establecer prioridades.

    En esta nota periodística nos centramos en esto último. Se trata de la obligación moral de todo ser humano a contribuir al respeto recíproco sin lo cual no cabe ningún objetivo noble. No importa a que se dedique cada uno, si a la música, la jardinería, la plomería, la arquitectura, la filosofía, el deporte, la medicina, la economía o lo que fuere, como queda dicho es indispensable el respeto para que todo esto pueda funcionar. No cabe sostener que otros son los que se deben ocupar para que tenga lugar esa consideración recíproca. No es aceptable endosar el problema a otros. No es decente hacer de free riders del trabajo de terceros o para recurrir a un argentinismo, no muestra decencia el hacer de garroneros del esfuerzo de terceros.

    Y no es para nada sensato decir que hay que limitarse a portarse bien, limpiar bien el hogar, trabajar adecuadamente para el sustento, no robar, no matar, formular críticas en la sobremesa para luego de engullir alimentos, dedicarse a cuestiones personales que pueden ser muy legitimas y necesarias pero que en ningún caso pueden sostenerse si no hay respeto. Esta es una manera cínica de anestesiarse la conciencia y eludir responsabilidades. Limitándose a esos procedimientos básicos nadie entenderá los pilares filosóficos, jurídicos, históricos, morales y económicos, en otros términos del modo de vida basado en valores sustanciales para la cooperación social y actividades en común. Se requieren explicaciones y argumentos. Y no es aceptable que se diga cómodamente que otros tienen la vocación de trasmitir esos valores y principios esenciales por lo que se reclinan en sus poltronas y solo operan en dirección a los intereses inmediatos en una actitud suicida sin percatarse que a los otros también les gustaría dedicarse a lo suyo y desentenderse de lo dicho.

    Como muchas veces he citado, Alexis de Tocqueville ha consignado que es común que en países donde ha habido gran progreso moral y material la gente da eso por sentado, lo cual es el momento fatal ya que los espacios serán ocupados por otros y cuando se despierten los que han dado por sentado el progreso a poco andar se encontrarán con una hecatombe moral y material.

    En el cierre de una conferencia que pronuncié hace poco en el Teatro Broadway en Buenos Aires lo cité a Martin Luther King quien ha exclamado con razón que “no me asustan los gritos de los violentos, me aterra el silencio de los mansos”, mansos que al decir de Miguel de Unamuno son “mamíferos verticales”, o como refiere Giovanni Papini “almas deshabitadas” o como escribe Mario Vargas Llosa “individuos sin mayor trastienda”. Son los que solo se divierten, son los que no prestan atención a la misión central del ser humano para que pueda seguir siendo humano.

    Ahora bien hay que detenerse concretamente cuáles pueden ser los caminos para contribuir a que se entiendan los fundamentos de una sociedad libre puesto que de eso se trata cuando se alude al respeto recíproco que es la columna vertebral de la sociedad civilizada. La vía más fértil es sin duda la cátedra, el libro, el ensayo y el artículo, pero no todos están en condiciones de asumir semejantes responsabilidades por tanto es pertinente detenerse a considerar un camino accesible a todos.

    Esta vía estriba en convocar a reuniones en casas de familia a un grupo reducido de personas, digamos entre cuatro y seis donde todos estudian un buen libro, preferentemente que recorra un abanico de temas vinculados a muy diversos aspectos de la sociedad libre. En estas reuniones por turno uno expone y los demás debaten y así de modo rotativo en los diversos encuentros que pueden ser, digamos, semanales o quincenales. Esta metodología tiene la inmensa virtud que simultáneamente permite la capacitación personal al tiempo que abre paso a la difusión. Allí donde esto se practica resulta notable el efecto multiplicador en las familias, en los trabajos y en las reuniones sociales.

    Por supuesto que hay otros canales para lograr los objetivos propuestos que se entiendan y acepten los valores a los que nos venimos refiriendo pero el asunto es poner manos a la obra y no detenerse en los buenos momentos puesto que la distracción indefectiblemente retrotrae a lo malos. No en vano el marxista Antonio Gramsci ha dicho con mucha razón “tomen la cultura y la educación, el resto se da por añadidura”.

    También es cierto que hay mujeres que hacen de invalorable apoyo logistico a sus maridos que destinan tiempo y esfuerzo al mencionado estudio y difusión o maridos que hacen de apoyo a sus mujeres para lo propio, lo cual constituye una tarea de inmenso valor y resultado para lograr las metas mencionadas. Ese es el sentido de agradecimientos como el escrito por la filósofa de la historia Gertrude Himmelfarb en su texto más conocido en cuanto a que “once again, I am at a loss to express my debt to muy husband, Irving Kristol, who knows much more” y Mary Woolstonecraft en su libro pionero del feminismo liberal cuando agradece a los hombres que a diferencia de los acomplejados sostienen los mismos derechos de sus pares las mujeres (el único feminismo genuino, lo otro es anti-feminismo y propaganda marxista). Este es también el sentido de la ilustrativa dedicatoria del profesor Murray Rothbard a su mujer en uno de sus libros: “To JoAnn, the indispensable framework”. O la dedicatoria del historiador Paul Johnson a su mujer en una de sus obras traducidas al castellano: “A Marigold, mi colaboradora permanente, mi más sabia consejera y mi mejor amiga.” De más está decir que si ninguno de los dos hace nada al respecto el vínculo se convierte en un páramo disfrazado de seriedad abiertos a que los invada la falta de respeto que cuando se percatan del riesgo resulta tarde para la defensa.

    El asunto es no dejarse estar y proceder en consecuencia pues como se ha dicho una y otra vez los valores no vienen del aire ni aparecen automáticamente. Por ello es que Thomas Jefferson ha repetido a los cuatro vientos que “el costo de la libertad es su eterna vigilancia” y entre nosotros Juan Bautista Alberdi ha escrito que “siendo la acción la traducción de las ideas, los hechos van bien cuando las ideas caminan bien: necesitamos pues hacer un cambio en las actuales ideas.” (Buenos Aires, Imprenta La Tribuna Nacional, “La nueva situación de los argentinos”, Obras completas, pág. 134).

    Al margen y a título de consejo digo que en el terreno de las ideas vale la pena marcar para la mejor recepción del mensaje la trascendencia del remate final en un discurso y también en un texto escrito aunque que en este último caso tiene mayor peso las primeras líneas puesto que determinan la continuación o no de la lectura. Sin embargo, en la conferencia presencial los asistentes habitualmente no abandonan la sala porque haya un comienzo regular, como decimos en este caso resultan clave las palabras finales que motivan la intensidad del aplauso final. Por otra parte, cuando la exposición es por zoom se torna necesario tener en cuenta ambas cosas, además de las palabras de cierre como adorno final para estampar sustancia, en este caso hay que afilar la puntería en las primeras palabras pues el receptor puede desconectarse con facilidad.

    Finalmente, tampoco es indistinto que se hace para divertirse al efecto de calar en la personalidad de cada cual, por eso la cantera de talento que fue José Ortega y Gasset ha transmitido con su exquisita pluma aquella muy sencilla pero inmensa verdad de “dime con que te diviertes y te diré quien eres”.

  • ¿Son inteligentes los servicios de inteligencia?

    Los servicios de inteligencia son compatibles con regímenes totalitarios de factura diversa, pero parecen del todo inadecuados en el seno de una sociedad libre.

    En los últimos tiempos observamos con cierta alarma que los aparatos estatales teóricamente encargados de velar por los derechos de los gobernados son en realidad atacantes y en la materia de esta nota periodística espían a la gente con lo que se invade su privacidad. Como ha escrito Milan Kundera “si se pierde la privacidad se pierde todo”. Es sumamente curioso que el ciudadano se vea obligado a financiar con impuestos acciones que lo persiguen y aplastan. Antes he escrito sobre este tema de los llamados servicios de inteligencia, pero en vista que vuelva a surgir el asunto es del caso reiterar lo dicho.

    El adagio consigna que si a uno lo engañan una vez, la vergüenza corresponde a quien engaña, pero si nos vuelven a engañar con lo mismo, la vergüenza es para uno. Resulta de interés preguntarse y repreguntarse qué grado de compatibilidad o incompatibilidad existe entre los llamados servicios de inteligencia y el sistema republicano de gobierno. Como es sabido, uno de los ejes centrales de esta forma de concebir el aparato político consiste en la transparencia de sus actos.

    Conviene llevar a cabo el ejercicio de una mirada crítica sobre estas reparticiones tan peculiares. Prácticamente todos los gobiernos cuentan con servicios de inteligencia, lo cual no invalida el interrogante. Cuando menos, llama la atención que una sociedad libre se desplace simultáneamente por dos andariveles tan opuestos.

    Por una parte, se insiste en la necesidad de que los funcionarios gubernamentales sean responsables de sus actos y que éstos estén en conocimiento de los gobernados y, por otro, se procede de modo clandestino, echando mano a fondos reservados para propósitos de espionaje y otros menesteres non sanctos que se mantienen en las sombras. Parecería que hay aquí un doble discurso y que se entroniza una hipocresía digna de mejor causa.

    Agentes dobles, contrainteligencia, secretos de Estado, escuchas y detenciones sin orden de juez, violaciones de domicilio y en otros partes del mundo se agregan asesinatos, sabotajes y en la mayor parte de los casos lados seguimiento de los dirigentes de partidos políticos de oposición son sólo algunos de los hechos que producen los más renombrados “servicios”. Esto es en el “mundo libre”, ya que en los países totalitarios se añade la tortura y la implacable persecución a quienes no adhieren al poder de turno.

    En los Estados Unidos, actualmente existen veinticuatro “oficinas de inteligencia”, entre las que se destaca la CIA, creada a fines de la década del 40. En Inglaterra, el M15 y el M16; en Canadá, la CSIS; la BND en Alemania; el Mossad en Israel, y la FSB, sucesora de la KGB, en Rusia son sólo algunas de las caras visibles de este entramado de espionaje, contraespionaje y guerra subterránea.

    El periodista de la BBC de Londres Paul Reynolds puso en tela de juicio la eficiencia de los servicios de inteligencia más destacados del mundo a raíz de la célebre invasión de Irak, en una columna titulada “¿Podemos confiar en los servicios de inteligencia?”. Por su parte, Harry Browne señala los fiascos de los servicios de inteligencia estadounidenses en Vietnam, Corea, Somalía y Haití, e incluso tiende un manto de sospechas sobre los que operaron durante la Segunda Guerra Mundial, en la que se terminó entregando a Stalin aproximadamente las tres cuartas partes de Europa.

    Es que siempre los burócratas están tentados a utilizar este y otros departamentos y oficinas para fines políticos, y cuando no hay claros límites al poder y se permite recurrir a la clandestinidad los abusos no deben sorprender, sin contar con las traiciones, las falsas denuncias y las delaciones internas y ex amistades, como ocurría con la policía secreta de Sha de Persia, incluso con Ben Laden y en la CIA.

    Por esto es que León Hadar, del Cato Institute, sugestivamente titula su ensayo “Los servicios de inteligencia no son inteligentes” que inspira el título del presente texto. Allí muestra con profusión de datos cómo la alegada seguridad nacional está en riesgo con estos procedimientos oscuros en los que, por definición, no hay control de gestión propiamente dicho. Hadar se refiere a los Estados Unidos. Imaginemos qué le cabe, por ejemplo, a lo que fue nuestra SIDE creada por Perón, luego SI y hoy AFI. Cambios de nombres pero con una alarmante y persistente continuidad de procedimientos aberrantes que incluyen casos espantosos y muy sonados en todos los rincones del planeta como es el del fiscal Alberto Nisman.

    David Canon, del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de Indiana, en su trabajo titulado Inteligencia y ética, alude a las declaraciones de un agente de la CIA que explica que lo importante es lograr los objetivos sin detenerse en los medios: “Los temas legales, morales y éticos no me los planteo, igual que no lo hacen los otros [integrantes de la CIA]”, dice, y documenta la cantidad de “sobornos a funcionarios, derrocamiento de gobiernos, difusión deliberada de mentiras, experimentos con drogas que alteran la mente, utilización de sustancias venenosas, contaminación de alimentos, entrega de armas para operar contra líderes de otros países y, sobre todo, complotar para asesinar a otros gobernantes”.

    En esta dirección ofrece ejemplos de operaciones de la CIA en Costa Rica, Corea, Colombia, Laos, Guatemala, Irán, China e Indonesia. Asimismo, el ex presidente estadounidense Harry S. Truman 15 años después del comienzo de la oficina de inteligencia declaró a la prensa: “Cuando establecí la CIA, nunca pensé que se entrometería en estas actividades de espionaje y operaciones de asesinato”.

    Pero, como bien destaca Norman Cousins, el establecimiento de entidades de estas características “necesariamente tiene que terminar en un Frankenstein”. Idéntica preocupación revela Drexel Godfrey en la revista Foreign Affairs, en un artículo titulado “Ethics and Intelligence”, en el que añade las encrucijadas del célebre embajador Joseph Wilson, quien contradijo los informes de inteligencia ingleses y norteamericanos respecto de la patraña de las armas de destrucción masiva.

    No se avanza mucho aunque se establezcan estrictos controles republicanos, división horizontal de poderes y, en general, los indispensables límites al poder político si puede deslizarse por la puerta trasera todo tipo de abusos, sin rendir cuenta al público, por más que se tejan subterfugios más o menos elaborados a través de comisiones parlamentarias.

    Los servicios de inteligencia son compatibles con regímenes totalitarios de factura diversa, pero parecen del todo inadecuados en el seno de una sociedad libre. No en vano en los Estados Unidos se extiende la utilización de la expresión rusa “zar” para el máximo capitoste del espionaje.

    Es útil cuestionar y someter al análisis temas que habitualmente se dan por sentados. Si no se procede a esta revisión periódica, podemos encontrarnos con que estamos avalando ciertas políticas que resultan nocivas, pero que continúan en vigencia sólo por inercia, rutina o molicie. John Stuart Mill decía que todas las buenas ideas pasan invariablemente por tres etapas: la ridiculización, la discusión y la adopción. Este tema de los llamados servicios de inteligencia se vincula con muchos otros que también requieren limpieza de telarañas mentales para su mejor comprensión.

    Ahora se informa que miembros del servicio de inteligencia del gobierno anterior en Brasil ayudaron en los actos de vandalismo a la sede de los tres poderes, tomando como ejemplo el bochorno de Donald Trump que además de alentar el ataque al Capitolio con el apoyo logístico de algunas reparticiones de los servicios, desconoce los resultados electorales a pesar de estar certificados por los cincuenta estados, por sesenta y un jueces federales y locales y su propio Vicepresidente.

    En conexión con la llamada “inteligencia” menciono cuatro áreas adicionales al correr de la pluma. En primer término, la seguridad. Paradójicamente, en no pocos lugares para proteger este valor se lo conculca. Esto ocurre hoy, en gran medida, con la lucha antiterrorista. En última instancia, el terrorismo apunta a desmantelar y liquidar las libertades individuales. Pues lo curioso del asunto es que, por ejemplo, en lo que ha sido el baluarte del mundo libre –los Estados Unidos–, con el argumento de proteger aquellos derechos se los lesiona, con lo que en la práctica se otorga una victoria anticipada a los criminales del terror. Tal es el ejemplo de la vergonzosa denominada “ley patriótica”.

    En segundo lugar, para mitigar las convulsiones que hoy tienen lugar, debería hacerse un esfuerzo mayor para no caer en la trampa mortal de las guerras religiosas y para distinguir un asesino de quien suscribe determinada religión. Hay que insistir en los graves peligros y acechanzas que aparecen al vincular el aparato estatal con una denominación confesional.

    El tercer capítulo, emparentado con el surgimiento de los servicios de inteligencia para contrarrestar las guerras, son las epidemias de nacionalismos, xenofobias y racismos a que nos hemos referido la semana pasada en este mismo medio y que toman los lugares de nacimiento como un valor y un desvalor para el extranjero, como si las fronteras tuvieran algún sentido fuera de la descentralización del poder.

    Por último, no estaría mal revisar exhaustivamente el papel de las Naciones Unidas, de la que dependen innumerables oficinas que pregonan a los cuatro vientos, en sus publicaciones y en las declaraciones de sus directivos, políticas socializantes que conducen a la pobreza y a la guerra, al tiempo que muchas veces se constituyen durante largos períodos en observadores incompetentes, tal como ha ocurrido hasta el momento en el caso actual de Hezbollah e Israel.

    Un comentarista de la televisión mexicana proclamó: “Nosotros también somos observadores, pero de la inoperancia de las Naciones Unidas”. En este sentido es recomendable la lectura de gruesos volúmenes como The Fearful Master, A Second Look at the United Nations de Edward Griffin en su época el periodista radial de mayor audiencia en CBS Network y UN: Planned Tyranny del profesor de economía de la Universidad de Harvard Orval Watts donde se detallan las ideas de planificación socialista de los organizadores originales de la institución en 1945 y sus propósitos de extender sus idearios a los países miembros confirmadas luego en algunas de las entidades que han surgido de esa fundación como es el caso resonante de la CEPAL que ha propiciado el estatismo en América Latina, una tendencia en otros casos consignada en estatutos a veces apoyados en distintas operaciones por servicios de inteligencia. Todo lo cual no significa desconocer que algunos de los miembros han denunciado políticas a contramano aquellas medidas muchas de las cuales intensifican los problemas que se anuncia se quieren resolver.

    De todos modos, al efecto de ilustrar preocupaciones justificadas con un ejemplo extremo, el dictador de Uganda Idi Amin Dada -”el caníbal con refrigerador”, como lo denomina Paul Johnson en A History of the Modern World debido a la forma en que engullía a sus prisioneros, además de hacer alarde de sus servicios de inteligencia criminales- el autor relata minuciosamente en el libro de referencia que el primero de octubre de 1975 la Asamblea General de las Naciones Unidas le brindó una ovación de pie por parte de todos los delegados cuando llegó al podio el dictador y otra después de su incendiario discurso lleno de amenazas al mundo libre, en el contexto de las sumamente pastosas actitudes de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas donde ahora el régimen de la tiranía cubana ocupa un sitial de peso.

    Entonces, en nuestra línea argumental de fondo, no sólo debemos concentrar la atención en la naturaleza y los alegados servicios que prestan las estructuras de “inteligencia”, sino también prestar atención a las causas que dan lugar al debate que ahora pretendemos abrir, al efecto de seguir averiguando los graves inconvenientes de este tipo de organizaciones. A esta altura del partido y en vista de los antecedentes truculentos de estos llamados servicios, tal vez debiera abandonarse el uso de la expresión “inteligencia” y sustituir esos departamentos por otros bajo auditorias y controles solo para evitar ataques a los derechos en diversas manifestaciones pero nunca provocar atropellos a las libertades individuales, que como queda dicho constituyen actos contra los principios más elementales de la civilización.

  • Contra el Leviatán de Hobbes

    «Es de interés repasar …..el núcleo del pensamiento de Thomas Hobbes y la contracara tan provechosa de Étienne de la Boétie para ubicarnos en el plano de la sociedad abierta y contradecir las raíces del pensamiento totalitario».

    Dejando de lado otras consideraciones del autor del Leviathan, al efecto de esta nota resulta relevante citar los siguientes pasajes de esa obra: 1) “nada puede considerarse injusto fuera de la ley”; 2) el legislador “tiene el poder de hacer y deshacer las leyes según le plazca”; 3) “solo el legislador conoce las causas finales” de la ley; 4) “Los súbditos no pueden cambiar la forma de gobierno […] Por otra parte, si intentan deponer al soberano y en consecuencia se los mata o castiga son por ello autores de su propia muerte o castigo”; 5) “Ningún hombre puede protestar contra la institución del soberano sin cometer una injusticia”; 6) “Los súbditos no pueden en justicia acusar los actos del soberano”; 7) “Cualquier cosa que haga el soberano no es punible por parte de los súbditos”; y 8) “El poder y el honor de los súbditos desaparecen con la presencia del soberano”. La receta perfecta para la antidemocracia moderna cuando se transforma en cleptocracia, a saber, gobiernos de ladrones de sueños de vida, de propiedades y de libertades a contracorriente de lo explicado por autores de la talla de los Bertrand de Jouvenel y Giovanni Sartori de nuestra época.

    En Law, Legislation and Liberty Friedrich Hayek sostiene que “con Thomas Hobbes comienza el positivismo legal en la historia moderna”, es decir la ceguera de considerar que no hay recurso posible frente a la legislación que en verdad atropella derechos, es decir en esta visión no hay puntos de referencia o mojones extramuros de la ley positiva. Y George Sabine en Historia de la teoría política alude a “la base del absolutismo de Hobbes. Para él no hay opción entre el poder absoluto y la anarquía completa, entre un soberano omnipotente y la ausencia total de sociedad”.

    Los más conocidos anti-Hobbes en la historia de la filosofía política fueron Algernon Sidney y John Locke sobre los que se han derramado ríos de tinta, pero hubo un autor no tan conocido pero que contradijo la tesis central del espíritu totalitario de Hobbes antes que él la expusiera, anticipándose al derrumbe. Se trata de Étienne de la Boétie que, entre otros escritos, produjo el maravilloso Discurs de la servitude voluntaire en 1576 tan ponderado por su amigo Montaigne quien consignó en sus Ensayos (en el referido a la amistad) que ese trabajo “honrará al mundo” y que fue presentado para “honrar la libertad y contra tiranos”. Muy acertadamente fue Pierre Leroux el primero en categorizar a la obra de La Boétie como la opuesta a Hobbes. Es entonces a ese libro en su versión al castellano (El discurso de la servidumbre voluntaria, Barcelona, Tusquets Editores, 1576/1980) a la que me quiero referir escuetamente en esta oportunidad, en cuyo contexto destaco -antes que nada- que la idea misma del soberano está mal en Hobbes, desafortunadamente muy generalizada en nuestro mundo actual. El soberano es el individuo y el gobernante su mero empleado al solo efecto de proteger sus derechos.

    La Boétie se pregunta “¿acaso no es una desgracia extrema la de estar sometido a un amo del que jamás podrá asegurarse que es bueno porque dispone del poder de ser malo cuando quiere?” y se lamenta de “ver como millones y millones de hombres son sometidos y sojuzgados, la cabeza gacha, a un deplorable yugo” y vuelve a decir que “¿acaso no es vergonzoso ver tantas y tantas personas no tan solo obedecer, sino arrastrarse? […] ¿Quién creería, si solo lo oyera y no lo viera, que en todas partes, cada día, un solo hombre somete y oprime a cien mil ciudades privándolas de su libertad?”. Y luego desarrolla su tesis central al afirmar que “si un país no consintiera dejarse caer en la servidumbre, el tirano se desmoronaría por sí solo […] la cuestión no reside en quitarle nada, sino tan solo en no darle nada […] Son pues los propios pueblos los que se dejan, o mejor dicho, se hacen encadenar, ya que con sólo dejar de servir, romperían sus cadenas. Es el pueblo el que se somete y se degüella a si mismo; el que, teniendo la posibilidad de elegir entre ser siervo o ser libre, rechaza la libertad y elige el yugo”.

    Más adelante, el autor afirma que “Hay tres clases de tiranos: unos poseen al reino gracias a una elección popular, otros a la fuerza de las armas y los demás al derecho de la sucesión” y destaca cómo los primeros “superan en vicios y crueldades a los demás tiranos” ya que lo hacen con el halo de la “voluntad popular”. Nos dice que “No creáis que ningún pájaro cae con mayor facilidad en la trampa, ni pez alguno muerde tan rápidamente el anzuelo como esos pueblos que se dejan atraer con tanta facilidad y llevar a la servidumbre por un simple halago o una pequeña golosina […] Los de hoy no lo hacen mucho mejor, pues, antes de cometer algún crimen, aun el más indignante, lo hacen preceder de algunas hermosas palabras sobre el bien público y el bienestar de todos”.

    He aquí un compendio de nuestro escritor -que igual que Jesús, vivió apenas treinta y tres años- expuesto en su obra más conocida, que al principio circuló como una monografía solo entre un reducido grupo de amigos pero que fue difundida no solo a partir de Montaigne sino más adelante en los prolegómenos de la Revolución Francesa y, sobre todo, a partir de la edición del sacerdote Pierre Robert de Lamennais en 1835.

    El eje central del libro está en línea con lo más caro de la tradición de pensamiento liberal en el sentido del derecho irrenunciable a la resistencia contra la opresión y en este caso lo hace alegando que nadie puede subyugar a otros si no es con su consentimiento puesto que si los subyugados desobedecen en masa no hay forma de mantener al tiranía. La Boétie se revela contra la apatía y la pasividad de quienes están sujetos a servidumbre. En esta línea argumental, debe destacarse que el derecho a la resistencia a la opresión se traduce en un contragolpe de estado puesto que para que esto se justifique debe haber habido con antelación reiterados golpes contra las instituciones republicanas. Tal vez el contragolpe más célebre en lo que va de la historia de la humanidad se la Revolución Norteamericana contra los golpes sistemáticos de Jorge IV, muchos otros han sido contragolpes fallidos y en algunos casos el resultado fue mucho pero que lo que se pretendía combatir como fue el caso de Fidel Castro contra los desmanes de Fulgencio Batista que convirtió a Cuba en una isla-cárcel. Los que declaman contra esta defensa, por ejemplo en el caso argentino debieran retrotraerse a ser colonos de España pero curiosamente son habitualmente los principales patrioteros que se envuelven en banderas y recitan himnos sin entender nada del asunto. En realidad en Argentina hubo solo un contragolpe exitoso y fue el derrocamiento de la tiranía rosista que parió la Constitución liberal de 1853/60 que dio lugar al notable progreso moral y material que convirtió a ese país a la vanguardia del mundo civilizado hasta la revolución fascista del 30 que empeoró notablemente a partir de la insurrección militar del 43, situación deplorable que se arrastra hasta nuestros días.

    Hay una especie de autoanestesia en cuanto a la desidia por estudiar y difundir los fundamentos de una sociedad abierta. A la abulia e indiferencia con que se van aceptando manotazos a la propiedad y al resto de los derechos de las personas. Es como escribe Alexis de Tocqueville en La democracia en América “Se olvida que en los detalles es donde es más peligroso esclavizar a los hombres. Por mi parte, me inclinaría a creer que la libertad es menos necesaria en las grandes cosas que en las pequeñas, sin pensar que se puede asegurar la una sin poseer la otra”.

    Pero hay otro asunto medular que debe ser considerado y es el ensanchamiento de la base de apoyo de los tiranos a través de la dádiva y el privilegio con el que compran voluntades de miserables morales que se venden al mejor postor. Esto crea una guardia pretoriana en el sentido peor de la expresión, es decir referida la los crueles mercenarios instalados después de Marco Aurelio en Roma, lo cual infunde miedo en la población y hace que la lucha ya no sea contra el déspota solitario sino que debe vencerse la tropa de alcahuetes y cortesanos del poder, quienes, a su vez, quedan presos de las fauces del leviatán hobbesiano ya que en estos ámbitos de corrupción no hay peor pecado que la defección.

    De cualquier modo, la obra que consideramos constituye una muy valiosa voz de alarma frente a los avances de aparatos estatales insaciables, y nos recuerda la enorme e indelegable responsabilidad de cada uno frente a esos peligros que acechan a diario por lo que nos invita a contribuir cotidianamente al efecto de no caer en la trampa mortal. Todos los caminos institucionales deben trabajarse y agotarse al máximo antes de recurrir a la resistencia pacífica frente a desmanes insoportables puesto que aquellos caminos resultan siempre más fértiles para encauzar las cosas. Para mantener la democracia se necesita más democracia en su aspecto medular, es decir, el respeto a los derechos de todos que son anteriores y superiores a la existencia misma del gobierno cuya misión central consiste en protegerlos.

    En este contexto, resulta pertinente repasar la lectura de autores como Charles Adams en For Good and Evil. The Impact of Taxes on the Course of Civilization, el libro en coautoría de Alvin Rabuska y Pauline Ryan The Tax Revolt y la compilación de Robert W. McGee The Ethics of Tax Evasion donde se nos recuerda que cuando los gobiernos abusan y se burlan descaradamente de los contribuyentes con gravámenes crecientes sin contraprestación alguna en un contexto de alarmante inseguridad y ausencia de justicia, es obligada la rebelión fiscal pacífica al efecto de llamar la atención sobre el gigantesco despropósito. En este sentido volvemos a la Revolución Norteamericana que comenzó a partir de la revuelta fiscal debido a incrementos en el impuesto al té. La esclavitud total es el cien por cien de impuestos pero sin llegar a esa aniquilación los abusos deben ser frenados preferentemente vía los marcos institucionales establecidos como el juicio político y equivalentes pero cuando estas vallas son destruidas solo queda la desobediencia pacífica con la prudencia necesaria para poner las cosas en su debido cause de respeto elemental por los gobernados. Recordemos que el Acta de la Declaración de la Independencia de nuestro país se llevó a cabo por “la emancipación solemne del poder despótico” al efecto de “recuperar los derechos que le fueron despojados.”

    La parla convencional que adhiere al autoritarismo hobbesiano se enfrasca en terminología que pone de manifiesto su inclinación. Tal es el caso cuando se hace referencia a “la clase trabajadora” que suscribe la teoría de la explotación marxista. También y en un plano más amplio se alude a “las clases sociales”, concepto tan en boga hoy. La idea se origina en el marxismo sobre la base de que el proletario y el burgués tendrían una estructura lógica distinta, por más que nadie haya señalado en que concretamente la diferencia en los respectivos silogismos (¿que sucede con la estructura lógica del proletario que se gana la lotería o como son los silogismos del hijo de un burgués y una proletaria?). Esta idea clasista fue tomada por Hitler y sus secuaces quienes luego de infinitas y absurdas clasificaciones concluyeron que “una cuestión mental” es lo que diferencia al “ario” y del “semita”. En verdad, puede aludirse a personas en franjas de ingresos bajos, medios o altos, pero “clase” constituye un galimatías (además de ser repugnante hacer referencia a la “clase baja”, muy estúpido a la “alta” y anodino a la “media”). De más está decir que además de Sidney, Locke y los otros autores citados todos los que han contribuido a desmitificar el andamiaje hobbesiano son partícipes de haber fortalecido los pilares de la sociedad abierta. En estas líneas ilustramos con el formidable Boétie como uno de los precursores pero afortunadamente son muchos los hacedores.

    Carl J. Friedrich en La filosofía del derecho escribe que “Hobbes encara mucho más en la tradición continental europea que en la tradición inglesa y norteamericana” puesto que “Hobbes tenía un conocimiento muy limitado del derecho inglés” ya que “la filosofía jurídica de Hobbes es marcadamente positivista. No reconoce más fuente del derecho que la voluntad del soberano” quien señala que “el juez, como cualquier otro súbito, jamás está en situación de sostener sus intereses contra la voluntad del soberano.” Varios pasajes del Leviathan aparecen como contradictorios en distintos andariveles pero es del caso subrayar con Friedrich que “Si bien Hobbes conservó la verba de la ley natural, a la que en cambio, vació de sustancia.”

    En resumen, es de interés repasar las citas que consignamos al abrir esta nota periodística sobre el núcleo del pensamiento de Thomas Hobbes y la contracara tan provechosa de Étienne de la Boétie para ubicarnos en el plano de la sociedad abierta y contradecir las raíces del pensamiento totalitario.

  • De esclavo a insigne maestro de la civilización

    Frederick Douglass pudo escapar de ese tormento y fue uno de los más claros y persistentes oradores y escritores del abolicionismo y la sociedad libre

    No es cuestión de hacer terapia de grupo con mis lectores pero confieso que crujo por dentro cuando constato la criminal capacidad de humanos por haber aceptado el espanto de la esclavitud. Hasta Aristóleles sostuvo sin avergonzarse que unas personas nacían para mandar y otras para obedecer.

    En mi biblioteca siempre tuve retratos de mis amigos, muchos de los cuales no conocí personalmente pero, como escribía Leonard Read, la amistad profunda requiere coincidencia de valores y no necesariamente coincidencia en la contemporaneidad. En primera línea aparece el rostro del gran Frederick Douglass (circa 1818-1895) enmarcado con el necesario esmero.

    Tengo delante de mí dos libros sobre este personaje, uno de Timothy Sandefur titulado Frederick Douglass. Self-Made Man y el otro que contiene tres autobiografías decimonónicas de Douglass ponderadas por escritores de fuste por su notable prosa y editadas en forma conjunta en New York por The Library of America, en 1994. Fue esclavo, pudo escapar de ese tormento y fue uno de los más claros y persistentes oradores y escritores del abolicionismo y la sociedad libre. Contaba con una muy nutrida biblioteca, algunos de sus libros en alemán -un idioma que había aprendido con gran esfuerzo y constancia-, buen violinista y muy compenetrado con los principios de los padres fundadores en cuanto a sus nociones del derecho, el sistema republicano y el federalismo. En su discurso titulado “¿Qué significa el cuatro de julio para la esclavitud?” sentenció: “Los padres fundadores eran hombres de paz pero preferían la revolución a la sumisión, eran hombres tranquilos pero no dudaban en la agitación frente a la opresión. Creían en el orden pero no en el orden de la tiranía”. Todo esto a pesar de la fenomenal inconsistencia que algunos tenían esclavos, pero sus principios llevados a la práctica convertían en absolutamente insostenible la esclavitud.

    Las cacerías humanas en África, muchas veces con la complicidad de los propios negros, el transporte de esclavos en las roñosas bodegas de los barcos negreros donde iban encadenados unos a otros, vomitándose encima en medio de las ratas y las pestes, todo para ser vendidos -si llegaban a destino con vida- en países considerados civilizados y luego usados y abusados como “herramientas parlantes”. No se comprende estas ignominias, este cachetazo más brutal e inmisericorde a la dignidad y al mínimo respeto.

    Frederick Douglass nació con otro nombre en Maryland en fecha desconocida (“no conocí un esclavo que supiera cuando era su cumpleaños” nos dice el personaje del presente relato), de padre blanco y madre esclava de quien “destetaron” cual animal de muy niño. Durante un tiempo ella se desplazaba a pie a través de muchos kilómetros para verlo un ratito a su hijo de noche y poder volver extenuada para iniciar sus labores forzadas en los campos y así evitar los latigazos como pena por el retraso. No lo dejaron verla cuando estaba enferma ni estar con ella cuando murió tempranamente.

    Son indecibles las mil y una peripecias por las que pasó Federick Douglass (apellido que el mismo se puso mucho después como homenaje a uno de los personajes de una novela de Walter Scott, agregándose una s adicional). Nadie puede contener las lágrimas al leer los padecimientos increíbles que tuvo que absorber como esclavo, al límite de perder la razón.

    Tuvo, sin embargo, la dicha (por llamarla de alguna manera) de que la mujer de uno de sus “amos” le enseñara los primeros pasos de la lectura, hasta que el sátrapa descubrió el hecho y prohibió la continuación del aprendizaje puesto que sostuvo que “lo único que un esclavo debe saber es la voluntad de su dueño”. En la más absoluta clandestinidad continuó con las tareas de lectura y aprendió a escribir merced a un librito de gramática de Webster que le obsequió otro esclavo y luego con libros prestados.

    Library of Congress Control Number 93512859

    Repudió de la forma más vehemente la posición adoptada por las iglesias del momento en cuanto a las enfáticas adhesiones de sus representantes a la esclavitud, lo cual lo hizo perder su fe en Dios. Veía a sus explotadores salir del templo del brazo de los predicadores. Mucho después recuperó sus creencias debido a un pastor metodista “excepcional” que mantenía una postura coherente con la religión.

    Vale la digresión para decir que como le señaló el referido pastor, cultivar la religatio consiste en conectar la relación con Dios como la primera causa, puesto que si las causas que nos dieron origen fueran en regresión al infinito querría decir que no podríamos estar aquí ahora puesto que nunca habrían comenzado las causas que permitieron nuestra existencia. Se trata de nuestro esfuerzo por la autoperfección, es decir, nuestra faena por acercarnos al ser perfecto y el sentido de trascender lo meramente material y circunstancial como seres dotados de psique para poder pensar, argumentar, elaborar juicios independientes de los nexos causales inherentes a la materia, la posibilidad de autoconocimiento, distinguir proposiciones verdaderas y de las falsas y tener ideas autogeneradas, a diferencia de una máquina o un loro. Esta concepción espiritual de la religiosidad y la dignidad del ser humano dista mucho de acatar barrabasadas de predicadores irresponsables que mutilan gravemente el respeto irrestricto a través de la condena a diversas manifestaciones de la sociedad abierta y, por otra parte, el Big-Bang alude a lo contingente mientras que la primera causa remite a lo necesario.

    El 3 de septiembre de 1838 Douglass logró finalmente fugarse y a partir de entonces a través de infinitas vicisitudes adicionales y marchas y contramarchas logra tomar contacto con otros abolicionistas (muy especialmente con el célebre William Lloyd Garrison). Posteriormente viaja a Inglaterra, intima con los liberales John Bright y Richard Cobden, se hace miembro del “Free Trade Club” y comienza a pronunciar conferencias sobre distintos aspectos de la libertad, los derechos civiles y la igualdad ante la ley, en Irlanda, Escocia y luego en Canadá y Estados Unidos (principalmente en New York, Michigan y Winsconsin), no sin riesgos y, en más de una oportunidad, absorbiendo palizas por parte de la audiencia y en medio de escaramuzas de tenor diverso.

    Se casó y fundó una familia que volvió a renovar cuando murió su mujer, esta vez casándose con una blanca que lo acompañó hasta el final de sus días. Fundó sucesivamente dos revistas: North Star y Douglass Monthly y los conoce a Ralph Waldo Emerson y a Henry David Thoreau, quienes también influyen en su pensamiento junto con Harriet B. Stowe, la célebre autora de La cabaña del Tio Tom.

    Las antedichas tres autobiografías que escribe Douglass en distintos momentos de su vida constituyen un grito de liberación del espíritu humano y un canto a la notable potencia que surge de la voluntad de hierro y el carácter indomable de una persona oprimida que no se resigna a esa condición.

    No soy propenso a utilizar la palabra “héroe” porque es una expresión que ha sido muy bastardeada (generalmente para hacer referencia a quienes ponen palos en la rueda para la convivencia civilizada y agreden a otros), pero esta vez la empleo porque considero que estamos frente a un verdadero héroe, es decir, “una persona que ha realizado una hazaña admirable para la que se requiere mucho valor”.

    Frederick Douglass Papers at the Library of Congress

    Pudo triunfar en sus propósitos merced a su perseverancia y su decisión inconmovible de salir de las situaciones más espantosas y aterradoras que puedan concebirse. Por eso resulta una afrenta a los pobres el sostener que son propensos a la criminalidad. Esto constituye un insulto a nuestros ancestros ya que todos, sin excepción, provenimos de situaciones miserables (aún que no necesariamente de la condición de esclavos). Entre millonarios se suceden crímenes horrendos, no hay más que constatar los brutales asesinatos perpetrados por las mafias de las drogas, en cuyo caso, tal como documenté en mi libro sobre el tema, el asunto no es de patrimonios sino de valores morales.

    Y, dicho sea de paso, aquellos valores morales enfatizados una y otra vez por Douglass no son fruto de la invención ni del diseño humano sino que están en la naturaleza de las cosas. Taylor Caldwell abre su libro sobre Cicerón son un epígrafe de este notable tribuno quien consigna lo siguiente sobre el poder político: “Divorciado de la Ley eterna e inmutable de Dios, establecida mucho antes de la fundición de los soles, el poder del hombre es perverso, no importa con que nobles palabras sea empleado o los motivos aducidos cuando se imponga”.

    De un tiempo a esta parte, tal vez como consecuencia de los galimatías del political correctness, se ha puesto de moda aludir a los negros como “afroamericanos” como si esta denominación los diferenciara del resto de sus congéneres de todo el continente americano de Alaska a Tierra del Fuego. Antes hemos recordado el hecho de que todos los humanos provenimos de África en un largo y antiquísimo peregrinar. Entre muchos otros, Spencer Wells -biólogo molecular egresado de las universidades de Stanford y Oxford- explica el punto con notable maestría en su obra The Journal of Man. A Genetic Odyssey (Princeton University Press), quien también reitera que el término “raza” no tiene ningún significado puesto que los rasgos físicos como la dosis variable de melanina en la epidermis son cambiantes en procesos evolutivos en una dirección u otra según el también cambiante lugar geográfico en que se ubica la persona y sus descendientes (y no se diga la estupidez de “la comunidad de sangre” ya que están presentes cuatro grupos sanguíneos en toda poblaciones del planeta). Incluso en el caso de los judíos muchas veces no se percibe que se trata de una religión o de ancestros que la practicaban (por ello no resulta preciso aludir a mentes criminales como “antisemitas” cuando, como bien se ha dicho, en verdad se trata de judeofóbicas). De cualquier modo, catalogar moral o intelectualmente a una persona por sus circunstanciales rasgos faciales es tan torpe, inútil e irrelevante como clasificarlos por la medida de su calzado, el espesor de sus uñas o su altura.

    Federick Douglass es el caso desgarrador de una persona de una ejemplar integridad moral que esperemos sirva para iluminar a muchos que habiendo tenido la bendición de nacer libres, abdican de sus responsabilidades por mantener los indispensables espacios de libertad y se entregan encadenados al gobernante como esclavos sumisos y genuflexos, indignos de ser tratados como humanos.

    El personaje de esta columna se oponía tenazmente a las asociaciones sindicales basadas en cualquier forma de compulsión legislativa. Andy Stern, el dirigente sindical del SEIU, uno de los gremios más potentes (de donde Obama obtuvo uno de los mayores apoyos financieros en su campaña electoral) describe muy bien sus inclinaciones: “Nosotros proponemos trabajar con el poder de la persuasión, pero si eso no da resultado hay que usar la persuasión del poder”. Douglass dictó seminarios con un estilo oratorio riguroso en sus conceptos y fogoso en sus modos en muy diversas tribunas -como queda dicho en su país y en el exterior- sobre los abusos de sindicatos autoritarios, sobre la relevancia de la propiedad privada, sobre la importancia del comercio internacional libre, sobre la trascendencia de contar con una moneda sana y sobre los basamentos morales de una sociedad libre.

    Para terminar, pongamos en un contexto más amplio la sentencia de Tucídides: “Estén convencidos de que para ser feliz hay que ser libre y para ser libre se requiere coraje” y, salvando las distancias temporales y de conducta, el guitarrista y compositor de música rock James Hendrix ha escrito: “Cuando el poder del amor derrote al amor por el poder, el mundo encontrará paz”.

    Originalmente publicado en Infobae, se reproduce con autorización del autor.