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  • Bitcoin se dispara a USD 76 000, pero la tendencia bajista continúa

    Bitcoin se dispara a USD 76 000, pero la tendencia bajista continúa

    En los últimos días, Bitcoin experimentó un rebote técnico que llevó el precio a rondar los USD 76 000, tras tocar niveles más bajos situados alrededor de USD 73 000-78 000, marcando nuevamente la volatilidad del mercado cripto. A primera vista, este salto puede parecer optimismo renovado en los activos digitales, especialmente cuando se compara con los máximos de 2025, que superaron los USD 125 000. Sin embargo, los datos técnicos y on-chain sugieren que el rebote no implica un cambio de tendencia sostenible para el Bitcoin, sino más bien un alivio dentro de una corrección más amplia y bajista.

    Señal técnica bajista aún domina al Bitcoin

    Al analizar la estructura gráfica de Bitcoin, varios indicadores clave evidencian que la presión bajista sigue presente:

    • Se han confirmado patrones clásicos de reversión bajista, como el “hombros-cabeza-hombros” en marcos semanales, cuyo objetivo medido se sitúa por debajo de los USD 60 000, lo que implicaría caídas adicionales si el soporte no se recupera de forma convincente.

    • La ruptura de niveles de soporte intermedios, junto con un “bear flag” en la acción del precio diario, indica que los retrocesos actuales pueden ser oportunidades de venta más que señales de acumulación.

    En otras palabras, el rebote hacia USD 76 000 puede interpretarse más como una pausa momentánea en el camino hacia niveles inferiores, antes de que los bajistas retomen control, que como una reversión clara de tendencia.

    Incluso analistas técnicos prominentes han señalado que la estructura dominante del precio no se tornará verdaderamente alcista hasta que Bitcoin cierre sobre resistencias técnicas relevantes —por ejemplo, por encima de USD 82 000 — y mantenga ese nivel con volumen significativo, algo que el mercado aún no ha demostrado con consistencia.

    Datos macro y sentimiento del mercado

    Más allá de los patrones técnicos, el contexto macroeconómico y el comportamiento de los participantes también aportan señales de cautela:

    • La presión vendedora se ha intensificado en los últimos días, con Bitcoin descendiendo incluso por debajo de los USD 75 000 en algunas sesiones, marcando niveles no vistos desde marzo de 2024.

    • Los ETF especializados en criptomonedas han registrado salidas de capital en múltiples sesiones, lo que sugiere que la demanda institucional —una fuente clave de estabilidad potencial— no repunta con fuerza todavía.

    • El sentimiento del mercado se mantiene en niveles de “miedo extremo”, un indicador utilizado históricamente para describir fases bajistas prolongadas antes de que comience una recuperación genuina.

    Estas señales en conjunto refuerzan la idea de que el mercado cripto aún no ha superado su fase correctiva, a pesar de las recuperaciones puntuales de precio.

    ¿Qué puede significar esto para Bitcoin a mediano plazo?

    No todos los expertos comparten una visión uniformemente negativa. Algunos analistas señalan que indicadores como el RSI en territorio sobrevendido pueden presagiar un rebote técnico más profundo si se confirman cierres diarios estables por encima de ciertos niveles clave.

    Sin embargo, el consenso entre muchos operadores técnicos de Bitcoin es que la tendencia bajista sigue dominante hasta que se invalidan formalmente las estructuras bajistas, como el patrón de hombros-cabeza-hombros o los múltiples soportes rotos.

    En esencia, Bitcoin podría estar navegando una fase de consolidación dentro de una corrección más amplia, donde repuntes superficiales no necesariamente significan retorno de la tendencia alcista primaria. Muchos analistas aún ven espacios para revisitar niveles muy por debajo de los USD 70 000 si el momentum bajista persiste.

  • Labubu, el peluche viral que explica cómo nacen (y se evaporan) las tendencias

    Hace unas semanas, entré por curiosidad en una tienda Pop Mart en un centro comercial de Kuala Lumpur. No sabía que estaba a punto de presenciar una escena sociológicamente fascinante: adultos y adolescentes agitando cajas cerradas, intentando adivinar qué personaje les tocaría por el peso o la forma. Miraban vitrinas, susurraban nombres, comparaban modelos con la emoción de quien está a punto de jugarse algo más que un simple juguete. Todos buscaban lo mismo: un Labubu. Pero nadie sabía si conseguiría el que deseaba.

    Ese pequeño personaje con orejas puntiagudas y sonrisa afilada no era solo un juguete de vinilo. Era un símbolo. Un objeto de deseo. Y también, un caso perfecto para entender cómo funcionan las tendencias en el siglo XXI.

    De monstruo de nicho a estrella viral

    Labubu nació en 2015 de la mano del artista hongkonés Kasing Lung, como parte del universo The Monsters. Durante años fue una figura marginal, valorada por fans del art toy y el diseño asiático underground. Todo cambió cuando Pop Mart adquirió los derechos y lo transformó en fenómeno global: cientos de versiones, colaboraciones con marcas de lujo, ediciones limitadas y un sistema de venta en cajas cerradas (blind boxes) que no permiten ver cuál es su contenido, convirtió la compra de labubus en un pequeño ritual de azar y expectativas.

    El boom definitivo llegó cuando, en abril de 2025, la cantante tailandesa Lisa, con más de 100 milones de seguidores en Instagram y miembro del grupo femenino de k-pop Blackpink, colgó su foto en la red con varios labubus colgando de su bolso. Le siguieron Rihanna, Dua Lipa, se viralizó en TikTok y surgieron millones de fans en todo el mundo. Labubu pasó de nicho a viral. De novedad a moda. De objeto a fenómeno.

    Pero ¿cómo ocurre esto? ¿Cómo algo tan específico y raro se convierte en un objeto de deseo para millones de personas en todo el mundo?

    Cuando la innovación se comporta como la materia

    En mi tesis doctoral propuse una teoría interdisciplinar inspirada en la idea de modernidad líquida desarrollada por el filósofo polaco-británico Zygmunt Bauman y en el comportamiento de líquidos y gases, tanto en reposo como en movimiento (física de fluidos). Sugiero que la innovación es la materia de la que está hecha la moda. Y como toda materia, puede encontrarse en tres estados: sólido, líquido y gaseoso.

    A su vez, la innovación puede encontrarse en tres fases: novedad, tendencia y moda. Este paralelismo no es metafórico, sino estructural. Igual que el agua cambia de estado en función de la temperatura y la presión, las innovaciones también se transforman dependiendo del contexto social, cultural y económico.

    La novedad es el estado sólido: tiene forma, es densa, estática y circula entre pocos. De acuerdo a la teoría de difusión de las innovaciones –desarrollada a mediados de los sesenta del siglo pasado por el sociólogo estadounidense Everett Rogers–, esta etapa corresponde a los innovadores. Es una propuesta con gran valor simbólico pero sin difusión masiva.

    Cuando comienza a expandirse, se vuelve tendencia y se hace líquida: fluye, se adapta, conecta comunidades. En esta fase aparecen los early adopters. Es el momento en que la idea empieza a convertirse en conversación.

    Cuando alcanza el punto de fusión, traspasa un abismo (the chasm): la brecha crítica en el ciclo de adopción de un producto innovador. Sus primeros usuarios suelen ser visionarios, buscan las últimas innovaciones y asumen riesgos. En cambio, la mayoría temprana solo salta el abismo cuando ya la innovación ya ha sido probada y validada por otros.

    En la viralidad de las modas o la adopción de nuevas innovaciones, pasado el abismo hay un punto clave (tipping point) en el que el contagio ya
    es muy difícil de parar. Entra en el mainstream o mercado masivo y se transforma en moda: pasa al estado gaseoso, se masifica, pierde densidad, se vuelve omnipresente… hasta que se evapora.

    Sandra Bravo

    Este proceso es cíclico. Muchas innovaciones se quedan congeladas. Otras nunca se consolidan y no fluyen. Algunas se esfuman rápidamente, casi tan pronto como llegan. El deseo y la innovación, como la materia, necesitan condiciones para sostenerse.

    Quién decide qué deseamos (y por cuánto tiempo)

    Labubu ha pasado por todas esas fases. Empezó siendo una figura marginal (sólido), se volvió tendencia al cruzar nuevas audiencias (líquido) y alcanzó el estado gaseoso al viralizarse globalmente.

    Los labubus están en TikTok, adornando bolsos de lujo y en reportajes de prensa. Lo que comenzó siendo un símbolo de distinción se va convirtiendo en ruido visual. Una señal de que el ciclo se agota. Y que quizá esté a punto de empezar de nuevo.

    Pero las tendencias no cambian de estado por sí solas. Igual que el agua necesita temperatura y presión para transformarse, las modas también responden a estímulos externos. En este caso: marcas, algoritmos, consumidores e influencers.

    La temperatura cultural la generan las campañas, los lanzamientos, el contenido visual. La presión simbólica proviene del deseo colectivo: la comunidad que replica gestos, los fans que buscan el objeto, la ansiedad por pertenecer.

    Y además, existen fuerzas de empuje –como los influencers– que agitan el sistema desde dentro, validando tendencias y desplazando otras estéticas.

    Yo soy así

    Hoy, la visibilidad no depende tanto de lo que es, sino de cuántas veces puede ser compartido. Y así, emergen lo que yo llamo microidentidades líquidas: formas rápidas y flexibles de decir “yo soy así” en una cultura donde ese yo es mutable, compartido, estético y performativo.

    Como explica el sociólogo británico Anthony Giddens, la sociedad actual en la modernidad tardía el yo se convierte en un proyecto reflexivo, construido a partir de las imágenes, elecciones y narrativas disponibles.

    Y en un mundo que –en palabras del filósofo coreano y Premio Princesa de Asturias 2025 Byung-Chul Hanrecompensa la visibilidad y el rendimiento constante, cada tendencia se convierte en una máscara provisional. Un Labubu no es solo un objeto: representa pertenencia, afecto compartido, incluso un lenguaje generacional.

    En este ecosistema volátil somos cuerpos flotando en un fluido simbólico: nos empujamos, nos chocamos, cambiamos de forma… al ritmo del mercado.

    Del hype al vacío: flotar, saturarse, desaparecer

    El formato blind box añade, además, una dimensión emocional: no solo compramos un objeto, sino también la experiencia misma de desear, esperar, probar suerte. En una cultura saturada de predicción algorítmica, el azar introduce una chispa de misterio. Para el filósofo francés Roland Barthes, la moda es lenguaje antes que indumentaria. Hoy podríamos decir que ese lenguaje habla, sobre todo, en clave emocional.

    Las cajas cerradas no permiten ver qué labubu contienen, lo que añade emoción a la compra.
    Sandra Bravo

    Pero ese lenguaje también obedece a leyes físicas. El principio de Arquímedes dice que un cuerpo sumergido en un fluido desplaza un volumen equivalente. En moda ocurre lo mismo: cuando una tendencia entra con fuerza otra es empujada fuera. El mercado simbólico no es infinito. Solo flota lo que logra desplazar a otra estética. Los labubu, al popularizarse, reemplazaron a figuras kawaii anteriores como Molly o Sonny Angel.

    Y como todo gas, el hype tiende a disolverse. La sobreexposición agota el deseo. Surgen copias, se pierde el misterio, aparece la saturación. Y entonces el ciclo se reinicia: nuevas versiones, más presión, más temperatura.

    El misterio de lo que llega (y se va)

    Wang Ning, fundador y director general de Pop Mart, supo leer el punto exacto de fusión de estos objetos. En 2025, tras sumar 20 mil millones de dólares a su patrimonio gracias a la viralidad de Labubu, apareció en las listas como el 79º hombre más rico del mundo. Porque entender el cuándo, más que el qué, sigue siendo el verdadero poder.

    Este modelo de moda líquida no busca explicar caprichos estéticos, sino revelar el proceso por el que una innovación nace, se expande y termina por desvanecerse. Porque las tendencias, aunque parezcan imprevisibles, también tienen estructura. No flotan al azar: cambian de estado según la presión del deseo colectivo y la temperatura cultural que las rodea.

    El verdadero reto para las marcas no es detectar lo nuevo, sino saber en qué punto del ciclo está. ¿Es aún salgo sólido y marginal, con alto riesgo de desvanecerse sin haber trascendido? ¿Está ya en fase líquida, ganando tracción? ¿O ya es gas, omnipresente pero a punto de evaporarse?

    labubu
    ¿En qué punto del ciclo nos encontramos? ¿La fiebre de los labubus ha alcanzado ya el punto de saturación y tiende hacia la evaporación?
    Sandra Bravo

    Para los consumidores, su posición en esa curva depende de cuánto riesgo están dispuestos a asumir. Hay quienes adoptan lo que luego será moda incluso antes de que tenga nombre. Otros esperan a que sea seguro, validado, casi obligatorio. Y, en medio, fluyen millones de microidentidades que se encienden y se apagan como una llama.

    Labubu no es la excepción. Es un caso perfecto: nació como rareza, fluyó como tendencia y explotó como moda. Hoy flota por todas partes. Pero también puede que pronto empiece a disiparse.The Conversation

    Sandra Bravo Durán, Socióloga y Doctora en Creatividad Aplicada, UDIT – Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • ¿Cuáles son los Impactos de COVID-19 en las actitudes, comportamientos y expectativas futuras a corto plazo?

    El Barómetro COVID-19 de Kantar, una empresa de consultoría y datos con sede en Londres, hizo el mayor estudio global sobre actitudes, comportamientos y expectativas a largo plazo de los consumidores post Covid-19 a finales de junio de este año, con más de 100,000 opiniones de personas en más de 60 mercados.

    El estudio reveló que las preocupaciones persistentes de seguridad, las presiones financieras y los nuevos comportamientos contagiosos significan que los consumidores no volverán al comportamiento pre-pandémico en el corto plazo.

    El 69% de los consumidores aún están preocupados por la pandemia y el 46% dice que se retrasará en los comportamientos normales de los consumidores debido a las preocupaciones sobre su seguridad o la de sus seres queridos. El 60% de los consumidores no esperan volver a participar por al menos otro mes en sus hábitos de consumo, y el 30-50% no esperan ir de compras, ir a restaurantes o bares, viajar o ir al gimnasio o al cine por otros 2-3 meses. El 66% de las personas en todo el mundo dicen que continuarán evitando lugares concurridos, lo que significa menos gasto en entornos físicos minoristas, y en gastos de entretenimiento y ocio.

    La mayoría de las personas experimentan una mayor ansiedad por el dinero y el 56% de los hogares en todo el mundo ahora han experimentado una pérdida de ingresos debido a COVID-19. Esto se eleva al 68% de la generación Millennial y al 65% de GenZ. Otro 19% espera un impacto en sus ingresos en el futuro.

    La investigación de Kantar identifica seis «tribus de coronavirus» distintas basadas en niveles de preocupación y consumo para ayudar a los vendedores a desarrollar mensajes. ‘Los avestruces’ (12% de los consumidores) no entienden ni les importa lo que a todos les preocupa. ‘Que Seras’ (22%) considera que las reglas son excesivas. ‘Los hibernadores’ (12%) aceptan lo que está sucediendo y no quieren actualizaciones constantes. ‘Los buenos ciudadanos’ (22%) quieren estar informados y ver las reglas seguidas. ‘Soñadores angustiados’ (18%) están preocupados por la salud personal y las finanzas, pero tienen una perspectiva optimista. ‘Precarious Worriers’ (13%) están muy asustados y desean que el gobierno haga más.

    Sin embargo, la investigación de Kantar destaca categorías específicas que podrían recuperarse más rápido. Por ejemplo, el 31% de los consumidores dijeron que están planeando una estadía este verano, presentando una oportunidad para los vendedores que ofrecen productos y servicios para estos consumidores. El informe también revela que la actual incertidumbre financiera ha hecho que las personas estén más interesadas en construir bienestar financiero. Para aquellos que tienen el dinero, pueden estar interesados ​​en invertir o ahorrar, y 1 de cada 4 planea contratar más seguros.

    Además, en cuanto a hábitos de consumo, el 53% de los usuarios están prestando más atención a los productos en oferta. Ofrecer descuentos y promociones es ahora la tercera expectativa más alta de las marcas.

    La gente está planeando más. El 69% de los consumidores dice que una lista de compras es más importante ahora. Más allá de las estrategias de precios, los consumidores esperan que las marcas sigan publicitando y reconozcan la crisis.

    Las tiendas de comestibles son reconocidas por ofrecer valor a corto plazo. El 40% de los consumidores percibe que su experiencia en la tienda de comestibles es más positiva, mientras que el 69% percibe que los empleados son amables y serviciales y que las tiendas de comestibles están cumpliendo sus promesas.

    El estudio también identifica una nueva ola de compradores digitales. Kantar cree que el comercio electrónico superará aún más al comercio minorista en el próximo año. El 40% de los consumidores ahora dicen que han aumentado o aumentado significativamente sus compras en línea, llegando al 48% para los hogares con niños y hogares de millennials. Los precios bajos y las promociones son las principales razones.

    El localismo se convierte también en un movimiento dominante. Ya importante para los consumidores conscientes de la sostenibilidad, las estrategias de abastecimiento y producción de las marcas se convertirán en un factor más importante para los compradores convencionales. En todo el mundo, los consumidores ahora están más a favor de los productos que se han producido localmente. El 65% de las personas está a favor de comprar bienes y servicios de su propio país.

    Latinoamérica

    En cuanto a la región latinoamericana, los que han mostrado más preocupación son los argentinos, colombianos y peruanos, mientras que los mexicanos y brasileños afirman estar menos preocupados por lo que ocurre actualmente; aun así, en promedio, 84% de los latinoamericanos sienten preocupación por el COVID-19.

    En esta región se ha producido un crecimiento del 26% en la compra online y el aislamiento ha hecho que la gran mayoría de las personas se replanteen su planeamiento financiero, 84% de los latinoamericanos viven esta realidad y 71% declararon que ahora se fijan más en los precios que antes. Hasta finales del mes de marzo la salud es lo que más preocupaba a las personas en la región latinoamericana. Sin embargo, a medida que avanzamos, en las próximas semanas el tema económico y la pérdida de empleo serán los principales ítems de preocupación.

    Para Kantar, todos estos cambios conducen a diferentes necesidades y patrones de gasto, y con más de la mitad del mundo sintiendo presión financiera, las marcas deben asegurarse de que sus productos sean considerados vitales; deben demostrar su valor en los nuevos ritmos de la vida para que los consumidores sientan que toman decisiones inteligentes y permitir silenciosamente su propio éxito a largo plazo. Esto se amplifica por el aumento en la voluntad de cambiar.

    Además, invertir estratégicamente en torno a la mensajería dirigida a las diferentes “tribus” puede ayudar a los especialistas en marketing a obtener resultados, según afirmó la consultora. Por ejemplo, los ‘Soñadores angustiados’ pueden responder mejor a la tranquilidad práctica a lo largo del camino hacia la compra, mientras que las ‘avestruces’ probablemente respondan a marcas que reducen la fricción, por lo que pueden olvidar que la pandemia está sucediendo.