OpenAI, conocida por sus innovaciones en inteligencia artificial con proyectos como ChatGPT y DALL-E, vuelve a sorprender al mundo con el lanzamiento de Sora. ¿Qué es Sora y qué puede hacer? Exploremos esta nueva frontera de la IA y su impacto en la generación de vídeos.
¿Qué es Sora y cómo funciona?
Sora es un sistema de inteligencia artificial desarrollado por OpenAI, diseñado para generar vídeos a partir de comandos textuales. Similar a cómo ChatGPT genera texto y DALL-E crea imágenes a partir de texto, Sora interpreta los comandos en lenguaje natural y los transforma en secuencias de vídeo.
La tecnología detrás de esta herramienta se basa en modelos de lenguaje como GPT y en una vasta biblioteca de vídeos para comprender y recrear movimientos, escenarios y detalles descritos en los comandos textuales. Desde simples escenas hasta composiciones complejas con múltiples personajes en entornos detallados, es capaz de interpretar y generar contenido visual de alta calidad.
¿Qué se puede hacer con Sora?
La versatilidad de esta aplicación permite una amplia gama de aplicaciones. Desde la creación de contenido para entretenimiento hasta la producción de material educativo o publicitario, las posibilidades son prácticamente ilimitadas. Con Sora, es posible visualizar escenarios complejos, diseñar animaciones personalizadas e incluso simular situaciones para propósitos de formación o investigación.
Un ejemplo concreto de su capacidad se muestra en la creación de una escena de una mujer elegante caminando por las animadas calles de Tokio. Mediante un prompt detallado, la aplicación recrea fielmente la descripción proporcionada, incluyendo la vestimenta, el entorno y los movimientos específicos de la persona. Esta habilidad para capturar detalles y contextos hace que Sora sea una herramienta poderosa para materializar ideas y conceptos de manera visual.
Limitaciones y Desarrollo Futuro
Actualmente, se encuentra en una fase temprana de desarrollo y solo está disponible para investigadores de OpenAI. Aunque es capaz de generar vídeos de hasta 60 segundos de duración, todavía enfrenta desafíos en la recreación precisa de ciertos aspectos físicos y en la interpretación de comandos altamente específicos.
OpenAI planea integrar Sora en su catálogo de productos en el futuro, pero antes se deben abordar preocupaciones sobre la seguridad y la calidad del contenido generado. Esto implica la implementación de medidas para garantizar la integridad y la ética en el uso de esta tecnología.
Sora representa un avance significativo en la capacidad de la inteligencia artificial para generar contenido visual a partir de texto. Su potencial para transformar la manera en que creamos y consumimos medios visuales es innegable, y su eventual disponibilidad para el público promete abrir nuevas posibilidades en el mundo de la producción de contenido digital.
Su nombre es AARON y pintaba bodegones, series de atletas y paisajes surrealistas, entre otras muchas cosas, cincuenta años antes de que DALL-E,BOTTO, Midjourney y toda una saga de inteligencias artificiales recién nacidas estén poniendo en jaque al universo de la pintura y la creatividad.
El desarrollo de AARON se inició en 1973, en la década en la que la tecnología comenzaba a permear los lienzos, y funcionaba con 1,5 megabytes de código LISP (uno de los lenguajes de programación más antiguos todavía en uso). Nació de la mano de un artista británico llamado Harold Cohen, que exploró los algoritmos como pinceles. Las obras de AARON se expusieron en grandes galerías de arte.
¿Soy yo el artista?
“¿Soy yo el artista o es AARON el artista?”Harold Cohen, creador del robot pintor AARON, dijo no saber responder a esa pregunta.
Cohen fue un pintor pionero en el arte computacional, y estableció un puente entre el arte y la computación con la creación de AARON, uno de los sistemas inteligentes creativos más longevos.
Cohen definió el primer marco computacional para la generación de arte, formalizando el proceso creativo y reduciéndolo a una serie de reglas y cierta aleatoriedad. Esta formalización cobró vida en un sistema experto que modelaba el hacer de un artista. Su nombre comienza por A porque Cohen estimaba que sería el primero de varios programas creativos. Sin embargo, dedicó su vida entera solo a AARON.
La mano humana
Cohen nació en Gran Bretaña en 1928, pero se marchó a EE UU donde se convirtió en artista y profesor en la Universidad de California. Comenzó a trabajar en AARON en la década de los años 70 en su intento de responder a la cuestión“¿cuál es la mínima condición para que una serie de marcas se consideren una imagen?”. Según Cohen, se requería que el espectador creyera que las marcas habían sido creadas en un acto humano o similar. Así surge la idea de crear a AARON, inteligencia computacional que exhibió capacidades cognitivas como las de los humanos para crear imágenes.
A lo largo de su niñez, partiendo de representaciones sencillas del conocimiento de su creador, AARON sólo podía distinguir entre formas cerradas o abiertas, y realizar simples manipulaciones con las mismas.
AARON aprendió a pintar como los niños
Un punto de inflexión tiene lugar en 1980, cuando Cohen observa cómo los niños pintan sus primeros garabatos buscando una pista para mejorar a AARON. Algo tan sencillo como trabajar con formas que se conectan entre sí, con unas reglas que modelan las articulaciones, permite que AARON comience a dibujar sus primeros garabatos.
En 1985 pinta unas figuras que evocan a la Estatua de La Libertad, y progresa con creaciones cada vez más complejas, como pinturas de atletas o pinturas que incluyen vegetaciones.
AARON no era capaz de proporcionar una perspectiva tridimensional, aunque los objetos se superpusieran correctamente en el espacio. Por ello, a mediados de los años 80, Cohen incorpora en AARON representaciones sofisticadas codificadas por muchos más puntos.
AARON comienza así a generar figuras más realistas, proyectando una representación del mundo tridimensional en un cuadro bidimensional.
La obra:
Harold Cohen Art Main Gallery.
AARON aprende a pintar en color
En 1992 AARON comienza a pintar con colores. La complejidad de modelar cómo trabajan los pintores con los colores había llevado a Cohen a posponer esta faceta.
Como a Cohen no le gustaban mucho las imágenes electrónicas, ingeniaba grandes máquinas impresoras que AARON utilizaba para plasmar sus cuadros, usando pinceles y pinturas reales. Además de almacenar información sobre objetos y sus relaciones, almacenaba normas relativas al uso de pinceles, teoría de colores, composición, etc. Más aún, el robot aprendía de lo pintado previamente, y tenía como norma no repetir lo anteriormente creado, generando siempre obras únicas.
Si bien es cierto que esto le dotaba de gran capacidad de creación, se veía limitado por el hecho de que se rigiera por un conocimiento establecido inviolable, por ejemplo, nunca pintaría personas con dos cabezas o una sola pierna.
AARON fue creciendo hasta el fallecimiento de Cohen en 2016. Sus obras han sido expuestas en muchos museos y el propio AARON ha sido objeto del fascinante debate sobre si las máquinas pueden ser creativas.
La discusión sobre la creatividad
La creatividad implica que existe un pensamiento que produce un resultado novedoso y de valor. Este valor puede venir dado porque sea útil, interesante o simplemente bonito, como puede ser una obra de AARON. La novedad puede darse respecto al propio individuo o desde un punto de vista histórico. Los niños pueden ser creativos en sus dibujos (novedad respecto al individuo), sin necesidad de hacer obras de arte (novedad respecto a la historia).
AARON es creativo en ambos sentidos, innovando en cada uno de sus cuadros que son admirados en museos y galerías de arte.
Por otra parte, para que una obra sea creativa, el pensamiento que la produce no debe ser convencional. En este sentido, algunos argumentan que AARON al fin y al cabo sólo sigue las reglas introducidas por Cohen, pero éste responde“el programa se compone de las reglas pero, independientemente del origen de dichas reglas, el programa genera un material que yo nunca hubiera generado por mí mismo ni imaginado”.
Retomando la pregunta planteada por Cohen sobre quién es el artista, sin duda Cohen es un artista y AARON es arte. ¿Pero es AARON también un artista? AARON es un reflejo pictórico del arte de Cohen pero crea de forma autónoma y, tal y como expone Cohen, “Si lo que hace AARON no es arte, ¿qué es exactamente, y en qué maneras, al margen de sus orígenes, se diferencia de «lo real”?“.
Los NFT (token no fungible, por sus siglas en inglés) son obras digitales que pueden ser compradas y vendidas como cualquier otro tipo de propiedad, pero no tienen forma tangible. Una fotografía digital o un vídeo, por ejemplo, son piezas de arte que no existen en el mundo físico.
Hasta ahora, los artistas que trabajaban con soportes digitales tenían verdaderas dificultades para comercializar su producto porque no podían firmar y seriar su obra como se haría con un grabado o una foto impresa, es decir, era imposible distinguir el original de una copia. Con la inclusión de un NFT se puede confirmar la autenticidad, con el añadido de que se registra la historia de compraventas futuras, lo que supone que el artista puede obtener también los derechos de autoría de cada transacción.
Tengamos claro que un NFT es un certificado. No es un tipo de obra de arte ni una técnica de creación ni un movimiento artístico. Hasta aquí parece que todo son ventajas para los artistas y los coleccionistas. ¿Dónde está la polémica? En que se están pagando cantidades muy altas por estas obras de arte o por cualquier cosa que sea un NFT.
El mercado del arte y las criptomonedas
Las obras de arte digitales tenían muchos problemas a la hora de venderse porque era difícil asegurarle al comprador la posesión de una pieza cuya naturaleza es ser distribuida y accesible a todo el mundo. La creación de Bitcoin en 2009 trajo consigo la tecnología blockchain como registro distribuido e inmutable, un recurso ideal para los artistas digitales que podían, al fin, competir en un mercado, el del arte, que se sustenta en la autenticidad y la escasez.
A partir de 2014 comenzaron a aparecer las primeras plataformas que ofrecían a los artistas el registro de propiedad intelectual en una blockchain y muchos comenzaron a vender sus obras digitales con certificados de autenticidad NFT. En 2017 los tokens no fungibles se crean en Ethereum, comienzan a interesarse los inversores en criptomonedas, y aparecen NFT como los CryptoPunks, retratos de personajes generados por un algoritmo, o los CryptoKitties, un juego de gatos virtuales.
¿Pagar por algo que puede tener gratis?
El rendimiento de las obras artísticas es tremendamente volátil. Los precios dependen de diversas variables, como son las fluctuaciones de la oferta y la demanda en el mercado, el número de intermediarios que haya en el momento de la venta o las situaciones específicas que afecten directamente al currículum del artista como son las exposiciones, las adquisiciones para colecciones de prestigio o los premios.
En el caso de un NFT, esto funciona igual. O debería, porque lo que debemos valorar es la obra (aunque no exista físicamente), y el NFT sería únicamente un certificado. Puede parecer curioso que alguien esté dispuesto a pagar por una pieza digital que puede disfrutar gratis, pero también podemos leer a Joanne Kathleen Rowling sacando sus libros de la biblioteca, y entenderíamos que alguien pagara una gran suma de dinero por tener una primera edición de Harry Potter y la piedra filosofal firmada por la autora.
Cualquier archivo MP3, cualquier meme o cualquier JPG se puede retransmitir una y otra vez. Eso significa que todos tenemos la posibilidad de verlo o escucharlo, y de tenerlo descargado en el móvil. Y cuando todo está disponible de manera infinita, deseamos aún más tener algo especial. Es lo que proporcionan los NFT, una prueba de que la versión que tenemos es diferente. Pagamos por el derecho a presumir. O por poseer algo en exclusividad que nos hace diferentes.
Pero un NFT representa también un valor financiero o un activo digital. Son como fichas de casino que se pueden usar para comprar arte, se crean como las criptomonedas y, a diferencia de otros activos como el Bitcoin, no se pueden dividir ni reemplazar por otro activo. Cuando se compra un NFT, se puede transferir, vender o regalar, pero no se puede copiar ni eliminar. Eso es lo que explica que se esté vendiendo una colección de 10 000 NFT de retratos de monos en The Bored Ape Yacht Club de dudoso valor artístico, el hecho de que se esté utilizando el certificado como una inversión en criptomoneda, evitando las grandes fluctuaciones del mercado.
Así que, por un lado, los NFT utilizados para la autentificación de obras que tienen valor intrínseco son un gran avance para los artistas digitales que pueden, al fin, ver recompensado su trabajo. Muy probablemente se extenderán para autentificar las obras de arte en soportes físicos. Pasado el boom inicial, lo cierto es que las posibilidades de tener un éxito aceptable en este campo siguen siendo muy pocas incluso para los artistas digitales con más trayectoria. Las compraventas se están estabilizando y asemejando a las del coleccionismo tradicional.
Pero, por otro lado, son una inversión. Al menos de momento. Más pronto que tarde el uso de los NFT se extenderá y se hará habitual más allá del arte, porque serán necesarios para comprar artículos con los que distinguirnos en el metaverso, que, nos dicen, será el espacio habitual de socialización.
Los tokens no fungibles, o NFT, se están volviendo muy populares entre la nueva generación de artistas e intérpretes. Tanto es así que algunas estrellas olvidadas de años pasados han comenzado a crear y vender sus propias NFT.
Los tokens no fungibles son activos digitales únicos que no se pueden copiar ni replicar, lo que, a su vez, puede resultar en escasez y mayor valor. Los NFT pueden contener obras de arte, música, algunos elementos de juego u otros datos; básicamente cualquier artículo digital.
Los precios de NFT se están disparando, y los cripto coleccionables más deseables se venden por cientos de millones de dólares. Los precios de algunos tokens no fungibles aumentaron a más de $ 1.5 millones durante febrero de este año. Más concretamente, las NFT aún no estaban en camino de convertirse en un nombre familiar hasta este mes. Según un informe publicado recientemente por Dapp Radar, los mercados NFT obtuvieron un volumen de operaciones de $ 340 millones en febrero, obteniendo solo $ 12 millones en diciembre del año pasado y suponiendo una cifra superior a todo 2020, con la plataforma de «momentos» negociables «NBA Top Shots» a la cabeza.
CryptoPunks y Hashmasks siguen siendo los NFT más caros en términos de precios por artículo. De hecho, las mayores ventas fueron para CryptoPunks. Los inversores llegaron a pagar $ 1.199 millones y $ 1.069 millones por dos de sus obras.
NBA Top Shots es una serie de coleccionables de NFT basada en la cadena de bloques Flow que contiene varios aspectos destacados de los partidos de baloncesto. Vieron un volumen de operaciones récord de más de $ 237 millones en los últimos 30 días. Durante este período, las ventas de Top Shots han aumentado en más de un 434%, con más de 85.000 usuarios realizando 1,25 millones de transacciones.
Si bien NBA Top Shots tiene altos volúmenes de negociación, la mayoría de las ventas son por cantidades mucho más bajas. Dependiendo de su exclusividad, una tarjeta se puede comprar en cualquier lugar entre $ 15-20 y cientos de miles de dólares.
Pero, ¿qué impulsa a los usuarios a gastar literalmente millones de dólares en curiosidades digitales? Para empezar, los NFT son más que arte; en realidad son un método emergente para almacenar y compartir valor, dijo Pedro Febrero, analista del equipo de análisis centrado en criptografía Quantum Economics.
“En nuestra opinión, las NFT son una forma interesante de recaudar y compartir valor. No solo para piezas y colecciones de arte digital, sino también porque esencialmente puede crear no fungibilidad con activos digitales. Esto permite todo tipo de mecanismos de incentivos donde los proyectos pueden premiar a los contribuyentes con elementos únicos ”, dijo Febrero. Agregó que las NFT son una «tecnología asombrosa» que, cuando se implementa a gran escala, especialmente para elementos del juego, podría cambiar la forma en que se acumula el valor.
«Esencialmente, el usuario final puede obtener el mayor rendimiento vendiendo o prestando el NFT en un mercado», explicó Febrero, y agregó: «Creemos que una vez que hay una forma más sencilla de agrupar los NFT y venderlos como tokens ERC-20 , la adopción de estos activos se disparará «.