Etiqueta: deportes

  • Juegos Olímpicos reimaginando su espíritu y más allá del nacionalismo

    Hoy, 26 de julio de 2024, París se vestirá de gala para inaugurar los Juegos Olímpicos, un evento de magnitud mundial que promete una ceremonia apoteósica. La ciudad de la luz, con su emblemático río Sena, será el protagonista principal del espectáculo inaugural, destacando la grandeza y la belleza de la capital francesa. Este evento, sin embargo, va más allá de un simple despliegue de luces y colores; es una manifestación de la enorme inversión y planificación detrás de los Juegos Olímpicos.

    El presupuesto destinado a la organización de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de París 2024 asciende a 4.400 millones de euros, casi en su totalidad procedente del sector privado. Este financiamiento cubre todos los aspectos de la planificación, organización y realización del evento: desde el alquiler de locales y la preparación de las instalaciones, hasta la seguridad y el alojamiento de los atletas. La financiación privada proviene principalmente del Comité Olímpico Internacional (COI), empresas asociadas, la venta de entradas y la concesión de licencias, con una aportación del COI de 1.200 millones de euros, que incluye derechos de televisión y asociaciones comerciales.

    A pesar de la grandiosidad y el brillo del evento, es inevitable preguntarse si la estructura actual de los Juegos Olímpicos es la más adecuada. La reflexión sobre si los países deben competir en lugar de los atletas o equipos deportivos plantea una cuestión profunda sobre el significado y el impacto del nacionalismo en el deporte. En los tiempos modernos, las ideas de nacionalismo, supremacía y racismo se han exacerbado, y los Juegos Olímpicos, con sus himnos, banderas y uniformes nacionales, a menudo refuerzan estos sentimientos colectivos.

    El nacionalismo en el deporte puede tener efectos adversos. En las democracias más avanzadas, el impacto puede ser mínimo, pero en otras regiones, los atletas pueden convertirse en prisioneros de sus propias banderas. En algunos casos, se les impide competir o se les somete a presiones inmensas para ganar medallas «para el país». Esta instrumentalización de los deportistas recuerda, de alguna manera, a los antiguos Juegos Espartanos, donde los ciudadanos eran formados desde la infancia para servir al estado, priorizando el honor, la disciplina y la resistencia al dolor sobre el bienestar individual.

    La evolución de la sociedad debería llevarnos a cuestionar si realmente hemos avanzado o si seguimos atrapados en un estado de colectivismo que ofrece una falsa seguridad. La verdadera libertad y el reconocimiento del esfuerzo individual son principios que deberían ser más valorados. La propuesta de que los atletas compitan sin la representación de un país, sino por sus propios méritos y esfuerzos, es una idea impopular pero digna de reflexión.

    Los Juegos Olímpicos son un escenario global donde los valores del esfuerzo personal y la excelencia deberían brillar por encima de todo. La competencia sin el respaldo de un estado podría liberar a los atletas de presiones innecesarias y permitirles destacar por sus propios logros. Esta visión no pretende menospreciar el espíritu de unión y camaradería que los Juegos Olímpicos pueden fomentar, sino más bien, ofrecer una perspectiva diferente sobre cómo celebrar y valorar el esfuerzo humano en su forma más pura.

    Entonces, mientras París se prepara para deslumbrar al mundo con una ceremonia inaugural espectacular, es crucial que también reflexionemos sobre el verdadero significado de los Juegos Olímpicos. Más allá de las banderas y los himnos, debemos considerar cómo podemos honrar mejor el esfuerzo individual y la excelencia, y cómo podemos crear un entorno que celebre verdaderamente el espíritu del deporte sin las cargas del nacionalismo. Esta reflexión es una invitación a reimaginar un futuro donde los atletas puedan competir libremente, celebrando sus logros personales y el verdadero espíritu olímpico.

  • Abierto de Australia: una victoria con asterisco para Nadal

    No podemos decir “como nunca antes”, pero convengamos que, por muchos años, un evento deportivo con un asombroso triunfo en una final para el infarto, no generaba tanta controversia. El Abierto de Australia con el victorioso Nadal está generando discusiones que van más allá de lo deportivo. Es una discusión que no debería haber existido. Claro, si no fuera por el elemento político que arruina una vez más, la sana competencia deportiva.

    Lastimosamente, no aprendemos de la historia y ésta vuelve y repite, como diría Marx, «La historia ocurre dos veces: la primera vez como una gran tragedia y la segunda como una miserable farsa».

    Uno de los eventos más trágicos de la historia, donde el deporte fue intervenido, contaminado y finalmente utilizado como propaganda política fueron los Juegos Olímpicos de Berlín, en la Alemania nazi de 1936.  Los nazis querían utilizar el deporte para lavar sus cada vez más oscuras intenciones. Fue Goebbels quien le hizo ver a Hitler la inigualable ocasión propagandística que un acontecimiento de esa trascendencia podía suponer para el Tercer Reich.

    Para ese momento, Daniel Prenn tenista judío alemán estaba en la cima de su juego, ocupando el puesto número uno en Alemania durante cuatro años consecutivos, desde 1928 hasta 1932, cuando se le prohibió competir en 1933 cuando los nazis llegaron al poder. A pesar de su gran éxito en la cancha, la Federación Alemana de Tenis aprobó estas resoluciones (en parte) en abril de 1933: “1. Ningún judío puede ser seleccionado para un equipo nacional o la Copa Davis. 2. Ningún club o asociación judía o marxista puede estar afiliado a la Federación Alemana de Tenis. 3. Ningún judío podrá ocupar un cargo oficial en la Federación.” Y, agregaron, con nombre propio: “El jugador Dr. Prenn (judío) no será seleccionado para el equipo de la Copa Davis en 1933”.

    En abril de 1933, se instituyó una política de “Sólo arios” en todas las organizaciones deportivas alemanas. Los atletas “no arios” eran sistemáticamente excluidos de las instalaciones y asociaciones deportivas alemanas. Se prohibía el acceso a las instalaciones a perros y judíos citaban los carteles.

    Como uno podría concluir que sucede ahora, ante estas medidas discriminatorias, que nada tenían que ver con el deporte, existían partidarios de participar de los juegos y otros que no. Del lado de los partidarios del boicot, uno de los más activos era Jeremiah Mahoney, presidente de la Federación Estadounidense de Atletismo. Mahoney sostenía que Alemania había quebrado el espíritu Olímpico al imponer discriminaciones raciales y religiosas; participar, según él, implicaba apoyar a Hitler. Las llamadas al boicot de Mahoney fueron particularmente escuchadas por la comunidad católica de Estados Unidos. Ernst Lee Jahncke, otro de los activistas favorables al boicot fue expulsado de Comité Olímpico Internacional por manifestarse en contra de la participación de Estados Unidos en los juegos.

    Las propuestas de boicot fueron enérgicamente discutidas en otros países, especialmente en el Reino Unido, Francia, España, Suecia, Checoslovaquia y en Holanda. Los alemanes exiliados por motivos políticos también se manifestaron a favor del boicot. Sin embargo, con la excepción de España, todos estos países terminarían por participar, pese a que atletas, tanto judíos como no judíos, de varias delegaciones se negaran a asistir, o fueran excluídos, como Marty Glickman y Sam Stoller.

    Aunque Alemania argumentaba que el desempeño atlético era el único argumento a la hora de realizar la selección del equipo deportivo olímpico, el Comité Olímpico Internacional (COI) mantenía la preocupación, posiblemente más estética que ética, sobre la total ausencia de atletas judíos en el equipo alemán. Finalmente, el gobierno de Hitler tuvo que ceder y pactó con el COI la inclusión de una cuota judía simbólica en el equipo. La elegida fue Helene Mayer, una esgrimista alemana judía en el exilio que aceptó regresar al país que la había despreciado por judía, para defender la bandera nazi. El hecho es que Mayer llegó a Berlín, compitió y ganó la medalla de plata.  Después vino la ceremonia del podio, el brazo en alto haciendo el saludo nazi y una imagen que aún hoy resulta perturbadora.

    El régimen hitleriano explotó las Olimpíadas para impresionar a miles de espectadores y periodistas extranjeros presentando la imagen lavada de una Alemania pacífica y tolerante. Y les funcionó.

    La mayoría de las fuentes de información se hicieron eco de un artículo publicado por el New York Times que señalaba que las Olimpíadas habían devuelto a Alemania a «la comunidad mundial» y le habían restituido su «humanidad». Sólo unos pocos periodistas, entre ellos William Shirer, pensaban que el brillo alemán era una fachada que ocultaba un régimen racista y opresivamente violento.  Los esfuerzos y la máquina propagandística se extendieron mucho más allá de las Olimpíadas con el lanzamiento mundial, en 1938, de “Olympia”, el controvertido documental sobre las Olimpíadas dirigido por la cineasta alemana y seguidora nazi Leni Riefenstahl. El régimen nazi la escogió para realizar esta película sobre las Olimpíadas de Verano de 1936.

    Alemania invadió Polonia el 1 de septiembre de 1939. A tan sólo tres años de las Olimpíadas, el «hospitalario» y «pacífico» anfitrión de los Juegos Olímpicos desató la Segunda Guerra Mundial, un conflicto que causó una de las mayores pérdidas de vidas humanas de la historia y una destrucción edilicia y sobre todo ética y moral incalculable.

    No puede soslayarse ni negarse. El triunfo de Nadal es impresionante. La remontada del juego ante Medvedev es épica. Este encuentro entrará en la historia al ser la primera remontada en una final del Abierto de Australia en la era Open, en la que el ganador del título remonta en la final dos sets a cero. Quienes disfrutan del deporte, quienes son aficionados al tenis, no pueden evitar la emoción de semejante partido.

    Sin embargo, lo que empaña este triunfo en el Abierto de Australia , es que no se sabrá nunca cómo se hubiera desarrollado el torneo con un jugador como Djokovic disputando la competencia. Es una victoria amarga, siempre quedará la duda sobre el curso del torneo; y por lo mismo debería leerse con una marca, un asterisco que a pie de página explique que por motivos puramente políticos y no por condiciones deportivas se privó a un competidor jugar y disputar un título.

    Quizá la final hubiera sido otra. Quizás el ganador hubiera sido otro. O quizá no…por eso, esa duda que invade la gesta deportiva del Abierto de Australia lo afea. Esa duda de que el deporte sirve y es usado, una vez más, como vehículo para propagar una narrativa política que lastimosamente no podemos decir “como nunca antes había ocurrido”.

  • Campeón olímpico austríaco siente verguenza de su país y renuncia a su cargo en el gobierno

    Renuncia y carta abierta del Campeón Olímpico austríaco Felix Gottwald: «Estoy profundamente avergonzado de nuestro país».

    La situación actual en Austria, que ha impuesto un confinamiento severo a los ciudadanos no vacunados, ha causado serios enfrentamientos, incluso dentro de la misma coalición gobernante, que apenas pudo imponer por poco una regla tan absurda como inhumana. Este divisionismo causado en la sociedad, no ha dejado indiferente al campeón olímpico y record austríaco, Felix Gottwald.

    El ministro de Deportes austríaco, Werner Kogler, se había referido a la protección de la salud de la población como un mandato de la política y destacó que “una gran parte de la población austriaca puede seguir practicando deporte en clubes deportivos”. Esto concierne, por ejemplo, a los niños y jóvenes hasta el final de la escolaridad obligatoria, así como a todos aquellos que han optado por una vacuna o que se han recuperado ”. Los no vacunados deberían y, por supuesto, también podrían hacer deporte, dijo el político Verde en un comunicado escrito, pero “Hasta nuevo aviso, sin embargo, lo harán dentro de sus propias cuatro paredes o en el espacio público, a una distancia de los demás, de modo que se minimice el riesgo de infección para usted y los demás”.

    El campeón olímpico austríaco de Combinado nórdico, meditó durante una semana y tomó una pública decisión increpando al vicecanciller y ministro de Deportes Werner Kogler con duras palabras y una conclusión: “La división no es una solución”. Al mismo tiempo, Gottwald dimitió de su cargo de Presidente del Comité Nacional de Deportes de Bundes-Sport GmbH.

    El texto reproducido es valiente, honesto y absolutamente conmovedor. No por nada las marchas en Austria son cada vez mayores y hay un llamado masivo para el 20 de noviembre a marchar contra lo que el ex ministro del interior austríaco hasta el 2019, Herbert Kickl, ha llamado un regreso al pasado más oscuro y un atropello a los derechos fundamentales.

    La carta abierta completa

    «Me gustaría informarle que renuncio como presidente de la comisión de deportes populares de Bundes-Sport GmbH con efecto inmediato y que ya no estoy más disponible.

    Cuando comencé, lo hice para hacer una contribución a una verdadera cultura de movimiento en nuestro país.

    Comencé a trabajar  para aumentar el número de años de vida saludable en nuestro país.

    Y vine aquí para crear conciencia entre la población, para afrontar mejor el mundo en el que vivimos a través del ejercicio y el deporte.

    Ahora, después de nueve meses oficiales en este puesto, puedo ver que pueden estar sucediendo muchas cosas en nuestro país, pero ciertamente no sobre la salud y el bienestar de los austriacos y las personas que viven en Austria, y eso en medio de la mayor crisis de salud.

    División, agitación, discriminación: estos son los imperativos gubernamentales del momento.

    Estoy profundamente avergonzado de nuestro país y, como austriaco, estoy enojado, triste y () desconcertado al mismo tiempo.

    He perdido toda fe en la política y, aún con la mejor de las intenciones, no puedo pensar en ningún argumento por el que debería creer una sílaba de ella. La naturaleza del discurso dentro de la política, la elección de las palabras, la incongruencia, el desprecio que me alcanza como ciudadano responsable y contribuyente me irritan profundamente y probablemente llevarían inmediatamente a la quiebra a cualquier empresa del sector privado.

    Como persona probadamente sana que utiliza medidas razonables y sensatas para contener la pandemia de manera muy responsable, ahora estoy, como millones de personas, excluido de la vida social y, por lo tanto, también de la vida llena de deporte. Como deportista, siempre he asumido y he tenido que asumir responsabilidades. Nada ha cambiado sobre eso y no cambiará nada, independientemente de la presión, las reglas y regulaciones. Estudié ciencias de la salud porque toda mi vida me ha preocupado cómo surge la salud, y no cómo surge la enfermedad. El deporte y el ejercicio son y seguirán siendo una parte esencial de la solución.

    Como Ministro de Deportes, usted en particular tendría el poder de poner en marcha medidas que promuevan y no impidan el ejercicio y el deporte (popular) en lo que probablemente sea la mayor crisis de salud de nuestro tiempo.

    ¿Hasta dónde estás dispuesto a llegar?

    Y: ¿hasta dónde estás dispuesto a llegar como gobierno?

    Como el atleta olímpico más exitoso de Austria, a menudo he perdido y otras veces he ganado. Como atleta, he aprendido a lidiar con la derrota y el fracaso, a aprender de ellos, a desarrollarme más y a tratarme a mí mismo y a los demás con respeto y dignidad. Actualmente echo de menos estas virtudes por parte de la política.

    Estaba convencido de que nuestro país había aprendido de la historia.

    Me sorprende descubrir que nosotros, como sociedad, nos hemos vuelto más presuntuosos, despiadados y más discriminatorios de lo que he visto antes.

    Quiero volver a vivir en un país del que podamos estar orgullosos, en un país donde nosotros, como sociedad, cultivemos una cultura de ser los unos para los otros. Deseo sinceramente que las decisiones y las acciones estén moldeadas por la comprensión, la compasión y la confianza.

    La esperanza de que nunca sea demasiado tarde para esto, independientemente de las circunstancias externas, y de que hoy sea siempre el mejor momento para comenzar de nuevo, permítanme dar las gracias para terminar. Gracias a todos los miembros y al equipo de Bundes-Sport GmbH por la forma en que me recibieron y por sus esfuerzos para ayudar a establecer una verdadera cultura de movimiento en nuestro país.

    Fallé, y está bien. Pero continuar como si no hubiera notado los desarrollos antideportivos y poco saludables que rodean esta pandemia, no es una opción para mí.

    También me gustaría agradecer a todas las personas que, a su manera y con sus posibilidades, hacen una contribución para que nos mantengamos unidos y nos entendamos y no nos dejen dividir más como sociedad por esta circunstancia de la política, y que por tanto dominemos la crisis juntos y con diferentes decisiones y convicciones personales.

    El ejercicio, el deporte y mucho aire fresco nos ayudarán y, por cierto, contrarrestarán una pandemia de nuestro tiempo: la obesidad y el sedentarismo.

    Personalmente, seguiré trabajando dentro de mis posibilidades por una verdadera cultura de movimiento en nuestro país, sabiendo que esa cultura debe construirse con persistencia y que debe ser independiente del activismo político.

    Lo saludo conmovido y preocupado,

    Felix Gottwald «