Etiqueta: Doing Business

  • Cuando la convicción moral manda

    A menudo leo cosas que no encuentro mejor forma de expresarlas y en esta ocasión cito una de ellas: “Para ser un economista con integridad significa el tener que decir cosas que la gente no quiere escuchar y especialmente el decir cosas que el gobierno no quiere que se digan.” Llewellyn H. Rockwell Jr.

    Llewellyn H. Rockewell Jr., es el fundador del Instituto Mises, dedicado a la defensa y promoción del sagrado derecho de albedrío engendrado en la misma Creación. En especial, el Instituto celebra la vida y obra de Ludwig Heinrich Edler von Mises (1881-1973) En esencia, el legado que nos dejó Mises fue el sostener que la única política económica viable para la humanidad era la de dejar hacer; mientras que los gobiernos se limitasen al cuido de la vida y la propiedad, dentro de sus territorios.

    Y digo o escribo sobre estas cosas ya que si algo he aprendido con los años es que se aprende ejercitando tanto el cuerpo como la mente. Y la mejor forma de ejercitar es con la repetición; esa que permite ir descubriendo nuevas maneras y formas de ver la realidad y la verdad. Es por ello que comparto con mis amistades en la «Cara del Libro», de manera insistente, una revisión de los principios de libertad sin los cuales la humanidad sería retrógrada; como en buena medida lo está siendo en manos de quienes desdeñan la libertad de sus prójimos.

    En estos días un amigo economista me comenta sobre el malandar económico, que en realidad es social, en el que deambulamos como ciegos en pantano, con lo cual algunos nos preguntamos: “¿Cómo diablos fue que nos metimos en semejante situación?” Y Rockwell nos lo aclara recordando las advertencias de Frédéric Bastiat, que hasta Omar Torrijos las reiteró a su manera, y que el partido de turno parece despreciar. Hablo de andar no sólo con luces cortas sino también con las largas. Los economistas de gobierno que no pueden ver aquello que subyace al intervencionismo estatal, ese que estamos viviendo en Panamá, harían bien en ganarse la vida limpiando parabrisas de autos en las calles y no haciendo ver que gobiernan.

    La economía no es asunto de numeritos sino de acción humana. Es decir, que se trata sobre lo que hace la gente, por qué lo hacen y cómo lo hacen; cosa que hasta la maligna constitución que sufrimos lo dicen en su Artículo 282, antes de contradecirse arrastradamente a la dictadura que sufrimos: “El ejercicio de las actividades económicas corresponde primordialmente a los particulares; pero el estado las orientará, dirigirá, reglamentará, reemplazará o creará…” Oda a Mario Moreno, alias Cantinflas. O sea, la economía es asunto de los particulares, pero «yo estado», hago lo que me viene en ganas con ella. Y… ¿aún no entendemos por que andamos a ciegas en el pantano de la corruptela institucional?

    Un ejemplo alegórico es el de los tsunamis, que cuando la marea se retrae súbitamente, muchos se van a la playa a retozar y recoger caracoles que se quedaron varados. ¿Cómo es que no ven lo raro de una marea que se vacía súbitamente? Es la marejada destructiva que la recoge antes de embestir.

    ¿Y qué mejor ejemplo de la acción estatal descarriada que aquella que leía en Facebook ocurrió en El Valle de Antón? Que, luego de casi un año de retraída la actividad económica el fin de semana se desata una oleada de turismo interno que reboza los restaurantes y tiendas. ¿Y cómo reacciona es sistema centralizado de luces cortas o putrefactas? Manda una oleada de burrócratas auditores: sanidad, trabajo, seguridad social, y tal, con el propósito de que no los ignoren; pues no hay peor que ser ignorado. Es cierto, para quienes andan con luces cortas. Pero como nos dijo el 2 veces primer ministro de Estonia Mart Laar cuando nos visitó en Panamá: “El mejor gobierno es como el sistema de aguas negras: Sabes que está allí, pero no lo tenemos que ver ni oler.”

  • Despropósito del licenciamiento

    Uno de los fenómenos poco comprendidos en la vida no sólo es lo difícil de entender lo simple, sino el que aún las cosas más básicas que uno da por aprendidas y sentadas siguen guardando aspectos fundamentales que no se descubren sino a través del tiempo y de nuestro nivel de experiencia e insistencia con la cual regresamos a revisar que uno más uno es igual a 2. Tal es el caso del licenciamiento en general. Y para ilustrar me valgo de una pregunta: ¿Cuál es el propósito de una licencia?: sea esta de conducir, de tener o portar armas, para el expendio de alimentos o para hacer una manicure y mucho más. Pregunte a un amigo a ver si sabe.

    Al investigar el tema de la perniciosa práctica del licenciamiento prostituido, me encuentro con otros colegas del pensamiento crítico que han deambulado por estos laberintos. Uno de ellos, mi tocayo John Hood (nada que ver con Robin), dijo en 1992 que “cuando el gobierno establece los estándares de calidad, dichos estándares están, más que nada, dictados por las presiones políticas”; aunque yo no diría “políticas” sino politiqueras o hasta rastreras.

    Ello me trae a mente, una vez más, el caso de nuestra llamada “Autoridad Marítima” que visitó un día a los clubes náuticos para exigir que quienes conducían embarcaciones de placer tenían que tener licencia para dicho placer. Y, para obtener la licencia tenían que pasar un curso dictado en dos noches. La primera noche un iluminado funcionario se pasó un par de horas explicando las razones del hundimiento del Titanic. Ya ni recuerdo la “clase” de la segunda noche. Lo que sí recuerdo es que el “curso” costó $400.

    O el caso del gas especial para asesinar a las polillas y comejenes en los muebles, que no se vende sin receta y la receta cuesta $500.

    También están las licencias de los doctores, abogados y, en Panamá, hasta las estilistas; que, en el caso de los EE.UU. llegan a más de 1,000 clases de licencias. Como ya señalé, si le preguntas a 100 personas acerca de la razón del licenciamiento, no sería raro que el 99% las ignore. Por ejemplo, cuando pregunto por el propósito del cupo para taxis, la respuesta típica va más o menos así: “Es un ardid para la coima de cocotudos”.

    Pero más allá de todo lo señalado existe otra razón que subyace al licenciamiento, que es la fiscal, lo cual es deleznable; ya que las licencias jamás deben tener un cometido fiscal dado que ello contradice el propósito fundamental que supone el licenciamiento.

    Pero lo absurdo del licenciamiento no parece tener límites. Está el caso de Illinois en los EE.UU., en dónde los requerimientos para lograr una licencia de plomero maestro eran superiores a quienes aplicaban a una de cirujano. O en Oregón, en dónde se aumentaron de 1,500 horas de entrenamiento a 2,500 para obtener una licencia de cosmetología. Y así podemos seguir con más y más ejemplos que elevan la estupidez a grado de sublimemente inverosímil.

    Hay estudios que demuestran que la calidad y seguridad se ven mermadas por el licenciamiento prostituido. Luego, a causa de la elevación de los precios en servicios, los consumidores se ven forzados a buscar a personal no idóneo o se electrocutan intentando hacer de electricistas. Y, como siempre, a fin de cuentas, los más afectados son los menos pudientes.

    Es de suponer que la licencia es un instrumento de la seguridad y la calidad; lo cual, a su vez, supone que los ciudadanos no podemos cuidarnos por cuenta propia. Desafortunadamente poco recapacitamos en que se trata de un esfuerzo compartido o una delegación parcial y no total.

    Curiosamente, en la España histórica se requería licencia para tener y portar cuchillos. Y había que diferenciar entre un cuchillo de mantequilla, uno de carne o vegetales y uno diseñado para matar humanos. Supongo que igual podríamos exigir que todo boxeador profesional debía tener y portar licencia para deambular por las calles con sus puños.

    A ver qué hacemos en un futuro muy próximo cuando portemos anteojos capaces de disparar rayos invisibles… ¿necesitaremos licencia para andar con lentes?

  • Georgia: el país europeo de bajos impuestos

    Georgia, país de Europa del Este, ocupó el sexto lugar en el «Doing Business» del Banco Mundial de 2019. Esta posición en el ranking no es casualidad, ya que este pequeño país ofrece excelentes oportunidades para los inversores.

    Georgia, al borde del Mar Negro, representa una conocida ruta de la seda y una encrucijada entre Europa y Asia, lo que la convierte en una excelente ubicación o centro para el comercio internacional. Europa, Asia central, Medio Oriente y África del Norte son fácilmente accesibles desde el país.

    En Georgia, la facilidad para iniciar negocios es enorme, solo se necesita un día y no se exige un capital mínimo para fundar una empresa, además de que no se aplican limitaciones a los accionistas y/o directores extranjeros.

    El impuesto sobre la renta de las empresas (CIT) es solo del 15% y además, el llamado «modelo CIT estonio» se aplica en la jurisdicción. Es decir, las empresas en Georgia no pagan ningún impuesto a las ganancias corporativas hasta que la ganancia se distribuye entre los accionistas en forma de dividendos (excepto en algunos casos en que una transacción se considera distribución de ganancias). Por lo tanto, si la empresa decide reinvertir las ganancias, no se le cobrará CIT al monto reinvertido.

    La tasa del impuesto sobre la renta personal recogido en el art. 104 del código tributario,  asciende al 20%, y se aplica solo a los ingresos obtenidos a través de fuentes georgianas. La fuente de ingresos no georgiana de personas físicas residentes en Georgia está totalmente exenta del impuesto sobre la renta.

    El IVA y la tasa de recargo del IVA es del 18%. Tanto el IVA tradicional como el reverso se pagan solo por las operaciones comerciales realizadas en el territorio como se describe en el art. 166 del código tributario. El IVA inverso es deducible inmediatamente sin necesidad de ningún pago si un contribuyente utiliza servicios o bienes en impuestos o en diferentes operaciones que están exentas de IVA con el derecho de deducción. A partir de 2020, todo el sistema de IVA en Georgia se modificará y armonizará con las normas de la UE. El proceso facilitará las relaciones comerciales entre la UE y los residentes georgianos.

    La tasa de retención de impuestos para los salarios es del 20% sin deducciones, más una contribución del 2% al fondo de pensiones a nombre de una empresa, mientras que un empleado realiza una contribución del 2%. La retención de impuestos sobre las remuneraciones por servicios es del 10% en el caso de no residentes.

    La retención de impuestos sobre dividendos es del 5%. Esto es aplicable en caso de pago a residentes o no residentes. Además, una persona física residente georgiana que recibe dividendos no paga impuestos sobre dichos ingresos.

    Georgia ha firmado tratados de doble imposición con 56 estados hasta ahora, la mayoría de los cuales se basan en el antiguo modelo de la OCDE (2008 y anteriores). Casi la mitad de los tratados de Georgia brindan exenciones a los impuestos de origen en Georgia sobre intereses, dividendos y regalías.

    Georgia ofrece múltiples incentivos fiscales para corporaciones y personas físicas, entre ellos, los más importantes son:

    – «Personas de la zona virtual»: si una empresa georgiana proporciona servicios de TI en el extranjero, puede obtener fácilmente el “Certificado de persona de la zona virtual” y pagar el 0% del impuesto a las ganancias corporativas por dichos ingresos, incluso en caso de distribuir dividendos (exención total).

    – «Zonas industriales libres»: hay varias zonas industriales libres en el país donde las empresas pueden registrarse y pagar casi cero impuestos.

    – «Estado de la pequeña empresa»: las personas naturales emprendedoras con ingresos anuales inferiores a 500,000 Lari georgianos (alrededor de 150,000€) pagan solo el 1% de sus ingresos si obtienen un certificado de ‘estatus de pequeña empresa’.

    – «Principio de territorialidad»: el principio de territorialidad se aplica a las personas físicas residentes en Georgia. Cualquier ingreso recibido por éstas de fuentes no georgianas está exento del impuesto sobre la renta personal en Georgia. Por ejemplo, los dividendos recibidos de una empresa no residente o la pensión recibida del extranjero no están sujetos a impuestos.

    –  Bajo impuesto sobre los ingresos de alquiler: Si una persona física residente o no residente alquila una propiedad residencial que se utiliza únicamente para vivir, se aplica una tasa de impuesto sobre la renta del 5%. La única condición previa para disfrutar de la baja tasa impositiva es presentar una solicitud a la administración tributaria georgiana y solicitar el derecho de baja imposición. Además, las personas físicas que vendan hasta 4 apartamentos en un plazo de 4 años están totalmente exentos del IVA. Los ingresos excedentes obtenidos por las personas físicas por la venta de la propiedad residencial y la tierra adjunta a ella o por la venta de un automóvil también están sujetos a impuestos del 5%.

    Las sencillas regulaciones de Georgia para iniciar un negocio, tasas impositivas bajas,  incentivos fiscales, una extensa red de tratados tributarios, posibilidad de seguridad fiscal, salarios bajos y ubicación geográfica estratégica son parte de las razones por las cuales las multinacionales podrían considerar Georgia como el próximo destino para sus negocios.

     

  • Las listas negras y el crecimiento de un país

    Hemos visto cómo en la historia económica de Panamá han habido muchas variables, como si es un año electoral o no, las políticas monetarias de la FED, las crisis económicas en las metrópolis financieras como la crisis del Dot Com o la de los derivativos. A esto se añaden las presiones, mediante el mecanismo extorsivo de la inclusión en listas negras o grises, que elevan la carga regulatoria en nuestro sistema bancario y financiero. Una de los argumentos del gobierno actual es que Panamá tiene una caída como país atractivo para hacer negocios que mide el Doing Business del Banco Mundial porque no es un país «cumplidor». Y no conocemos ningún país que crezca empeorando el ambiente para hacer negocios, porque entendamos, sobreregular es empeorar el ambiente de negocios.

    Panamá entre el 2016 y el 2017 ha caído 9 puntos en el Doing Business del Banco Mundial. Por más que el gobierno quiera mandar un mensaje positivo a los inversionistas de que ésta es una jurisdicción seria que cumple con las normas de un buen ciudadano global, ningún inversionista va a estar interesado en invertir en un país donde es más caro en tiempo y dinero hacer negocios. Y por ahora el gobierno no ha encontrado una manera de hacer salir de las listas negras o grises que no sea haciendo más difícil hacer negocios en Panamá.

    Porque las presiones de las listas negras empezaron en serio con la lucha contra el lavado de dinero del GAFI después del 11 de septiembre del 2001, y se acrecentaron con la decisión de la OCDE de emprender una cruzada contra la evasión fiscal tras la crisis del 2008. Sin embargo, esas presiones de la OCDE y del GAFI no evitaron que Panamá creciera a niveles del 8,9, 11% durante el gobierno de Martín Torrijos, sin endeudamiento externo. Y las presiones de la OCDE y el GAFI tampoco evitaron que Panamá creciera a niveles similares tras las crisis del 2008, aunque con un notorio endeudamiento externo. Durante estos momentos de crecimiento, Panamá estuvo en una lista negra o gris de algún tipo y esto no le les impidió crecer. Está claro que hay otras condiciones para que Panamá crezca y estas no dependen de estar o no en una lista. Y estas condiciones el actual gobierno no las está cumpliendo.

    El problema actual es que el argumento del gobierno de que es necesario salir de las listas para crecer, es rebatido por el hecho de que esto lo ha logrado al costo de hacer los negocios en Panamá menos atractivos, y por lo tanto hacer que la inversión extranjera que Panamá necesita para crecer sin deuda, se vaya a otra parte. El gobierno, viendo bajar sus recaudaciones, trata de mantener las apariencias, elevando la capacidad del gobierno de endeudarse y de gastar deficitariamente. Esto es algo que no es sostenible a largo plazo. Otros gobiernos han estado en listas y han logrado crecer, sin endeudarse como Corea del Sur.

    Así que por favor, sería bueno que nuestros burócratas tengan un poco de respeto por los ciudadanos y no usen el argumento de que hacer más caro en tiempo y dinero hacer negocios en Panamá, de alguna manera nos hará crecer.