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  • Liderar sin fronteras: cuando la distancia se convierte en estrategia

    “Acepté el puesto porque podía trabajar desde casa”, confesaba Mike Regnier, CEO del Banco Santander en Reino Unido, en una entrevista publicada en mayo de 2024. Su oficina no está en la sede central del banco, ni siquiera en el mismo país. Y no es una excepción: cada vez más multinacionales españolas apuestan por equipos directivos cuyos miembros están repartidos por distintos continentes.

    ¿Puede una empresa tomar decisiones acertadas cuando su equipo de liderazgo está separado por miles de kilómetros? Esta es la pregunta que guía la investigación que estamos desarrollando en la Universitat de València. Y la respuesta, lejos de ser un simple “sí”, revela una transformación profunda en la forma de dirigir empresas globales.

    Del despacho a la red: una nueva arquitectura del poder

    Durante décadas, el liderazgo corporativo ha estado ligado a la toma de decisiones centralizada, largas jornadas en oficinas ejecutivas y una presencia constante en la sede de la empresa. Sin embargo, el panorama ha cambiado drásticamente. Las organizaciones hoy en día operan en un entorno de creciente complejidad, marcado por una nueva era geopolítica, por la globalización, la transformación digital y nuevas expectativas por parte de los empleados.

    Cuando hablamos de dispersión geográfica del equipo directivo no nos referimos simplemente al teletrabajo ocasional ni a reuniones por Zoom o por Teams. Hablamos de estructuras permanentes en las que los miembros de la alta dirección, quienes definen la estrategia y toman las decisiones clave, están físicamente ubicados en distintas ciudades, regiones o países. No es que viajen mucho: es que sus despachos están lejos unos de otros.

    Esta configuración organizativa es cada vez más frecuente en empresas que tienen múltiples filiales y realizan operaciones en diversos mercados. Tener líderes repartidos geográficamente les permite ganar sensibilidad cultural, tener información de primera mano sobre los mercados y poseer una mayor agilidad para tomar decisiones enmarcadas en el contexto adecuado. En lugar de centralizar el poder en una única sede, lo distribuyen estratégicamente a través de una red global interconectada. Aunque puede parecer una desventaja, la dispersión geográfica puede convertirse en una ventaja estratégica.

    Más innovación, más diversidad: lo que revela la investigación

    Para entender mejor esta tendencia, hemos llevado a cabo un estudio empírico que analiza la ubicación de los miembros del equipo de la alta dirección de las multinacionales españolas más grandes. La investigación reveló que más del 50 % de estas empresas ya cuentan con equipos directivos geográficamente dispersos, lo que indica que no se trata de algo excepcional, sino de una práctica cada vez más extendida entre las organizaciones más internacionalizadas.

    Pero lo más interesante no es cuántas lo hacen, sino qué tienen en común estas empresas:

    • Destacan por su fuerte orientación a la innovación, registran un mayor número de patentes y apuestan por la investigación y el desarrollo.
    • Tienen una mayor presencia internacional, operan en más países y gestionan más filiales.
    • Cuentan con equipos de alta dirección más diversos en términos de nacionalidades, y están compuestos por un mayor número de miembros.

    Todo esto sugiere que la dispersión es más que la consecuencia de operar en muchos mercados: es una estrategia deliberada para gestionar la complejidad y generar valor desde múltiples puntos del mapa mundial.

    Desde esta perspectiva, la distancia física puede favorecer que se tomen decisiones más contextualizadas, con mayor capacidad de adaptación y con una visión global que no se consigue solo desde la casa matriz.

    La paradoja de la distancia: más lejos, más cerca

    Dispersar el equipo directivo no solo implica superar las barreras logísticas de coordinar zonas horarias distintas. Supone un cambio más profundo: replantearse cómo se toman las decisiones, cómo se construye la confianza y qué significa liderar cuando las decisiones clave ya no se toman exclusivamente desde la sede central. Es lógico pensar que las organizaciones con equipos de alta dirección dispersos tienden a operar con estructuras más horizontales, fomentando una comunicación más constante y promoviendo una cultura más abierta a la colaboración.

    Este modelo transforma la idea tradicional de control. La autoridad ya no se concentra en un único lugar, sino que se reparte geográficamente, multiplicando así los puntos de observación. Más allá de perder cohesión, muchas multinacionales encuentran en esta arquitectura distribuida una ventaja para adaptarse con rapidez y sensibilidad a contextos diversos.

    ¿Qué va primero: la expansión o la dispersión?

    Queda una cuestión clave por resolver: ¿las empresas dispersan su liderazgo porque ya tienen una huella internacional consolidada, o lo hacen precisamente para construirla?

    Es el clásico dilema del huevo o la gallina. Es decir, ¿estamos ante una consecuencia natural de la expansión global o ante una estrategia para impulsarla?
    La realidad apunta a una relación circular. Cuanto más se dispersa el equipo directivo, más capacidad tiene la empresa para adaptarse a mercados diversos y expandirse con agilidad. Y, a medida que crece, más sentido cobra continuar dispersando el liderazgo. Entender bien ese vínculo y saber cuándo dar el primer paso puede marcar la diferencia entre liderar la transformación o quedarse anclado en modelos del pasado.

    La dispersión geográfica del equipo directivo no es una moda ni una consecuencia inevitable de la globalización. Es una decisión estratégica que redefine el centro de gravedad de las organizaciones. Y, como muestra mi investigación, puede ser una poderosa palanca para innovar, crecer y liderar sin fronteras.


    Artículo ganador del I Premio de Comunicación Científica de la Universitat de València en la modalidad de Ciencias Sociales. The Conversation


    Isabel Gausi Carot, Adjunct professor, Universitat de València

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • La Globalización: Un Fenómeno Histórico y Contemporáneo

    La globalización, un término que a menudo evoca imágenes de protestas y debates políticos, tiene en realidad una historia rica y multifacética que se extiende mucho más allá de los últimos siglos. A menudo, se discute si el término correcto debería ser «mundialización», dado que esta palabra refleja más adecuadamente el proceso histórico de interconexión global. Sin embargo, el término «globalización» ha ganado prevalencia y es ahora ampliamente aceptado para describir este fenómeno.

    La globalización se refiere a la creciente interconexión y dependencia entre los países y sus economías, culturas y poblaciones a escala global. Este proceso no es nuevo. De hecho, sus raíces pueden rastrearse a través de la historia antigua y medieval. Los viajes de Marco Polo a Oriente y los intercambios culturales y comerciales entre las civilizaciones de Asia oriental, Mesopotamia, Egipto, Grecia, Cartago, Roma y el islam son ejemplos tempranos de mundialización. Estas civilizaciones no solo expandieron sus propias culturas y tecnologías, sino que también contribuyeron a la difusión de conocimientos y prácticas a través de vastas regiones.

    Un ejemplo clásico de mundialización temprana es el intercambio de plantas y bienes. Plantas como los cerezos, los nísperos y la caña de azúcar, así como bienes de lujo como las sedas, jaspes y perlas, ya circulaban entre continentes en la época romana o poco después. Estos intercambios no solo enriquecieron las culturas locales, sino que también sentaron las bases para el comercio global que conocemos hoy.

    El descubrimiento de América y la ruta del Cabo por exploradores como Cristóbal Colón y los navegantes portugueses amplificaron enormemente este proceso. La mundialización se transformó en globalización cuando Sebastián Elcano completó la primera circunnavegación del globo bajo la bandera del emperador Carlos V. Este hito marcó el comienzo de una era de intercambio transoceánico de bienes, ideas y personas.

    El comercio ultramarino floreció con la introducción de cultivos y productos entre el Nuevo y el Viejo Mundo. Trigo, maíz, oro, mercurio, caballos, patatas, tabaco y cerdos fueron solo algunos de los bienes que cruzaron océanos, impulsando el comercio y la economía de mercado. Carlos V, además, introdujo el clavel en España, un ejemplo simbólico de cómo las culturas se enriquecieron mutuamente a través de estos intercambios.

    La moderna globalización realmente despegó en el siglo XIX, con el auge de las fuerzas económicas que promovieron el comercio, las migraciones y los flujos de capital. Gran Bretaña, líder en el libre comercio, jugó un papel crucial. La reducción de aranceles en 1846 permitió una dispersión más equitativa de los ingresos y benefició a muchas economías europeas. Las migraciones masivas también tuvieron un impacto significativo, aumentando la fuerza laboral en países como Estados Unidos, Canadá, Australia y Argentina, y contribuyendo al crecimiento económico global.

    Este periodo, conocido como la «era dorada» de la globalización, se vio interrumpido por la Primera Guerra Mundial y la Gran Depresión, que llevaron a un resurgimiento de los nacionalismos y una reacción contra la globalización. En los tiempos actuales, uno de los problemas emergentes es la irrupción de movimientos de ultraderecha que utilizan discursos de xenofobia, proteccionismo y nacionalismo para ganar apoyo. Estos movimientos, al culpar a la globalización de problemas económicos y sociales, proponen cerrar fronteras y limitar el comercio internacional, lo que genera efectos contraproducentes.

    El comercio internacional y la apertura económica, lejos de ser los causantes de estos problemas, han demostrado ser fuentes de paz y prosperidad. La historia nos muestra que los períodos de mayor intercambio comercial son también períodos de relativa paz y desarrollo económico. Por ejemplo, la integración económica europea después de la Segunda Guerra Mundial ayudó a consolidar la paz en un continente devastado por conflictos.

    Cerrar las puertas a la globalización nos lleva a un retroceso económico y social. La reducción del comercio y las barreras proteccionistas tienden a aumentar los precios, reducir la variedad de productos disponibles y limitar las oportunidades de crecimiento económico. En lugar de culpar a la globalización, la solución debería centrarse en hacerla más inclusiva y equitativa, asegurando que sus beneficios se distribuyan de manera más justa; la desburocratización y liberalización del funcionamiento del estado y el comercio son los mejores caminos para lograr esta redistribución, que no sean impuestos los que se lleven los beneficios del intercambio global.

    Hoy en día, el debate sobre la globalización se centra en cómo mejorarla. En lugar de contrarrestarla, es esencial trabajar hacia una verdadera economía de mercado que promueva el desarrollo equitativo y sostenible. La globalización, en su esencia, es la interacción y cooperación global que tiene el potencial de llevarnos de situaciones menos favorables a algo mejor. Por lo tanto, el desafío y la oportunidad radican en gestionar y mejorar este proceso para el beneficio de todos.

    Así, parece claro que, lejos de ser una amenaza, la globalización es una oportunidad que, bien gestionada, puede llevarnos hacia un futuro más próspero y pacífico. El reto es cómo hacerla funcionar para todos, minimizando sus riesgos y maximizando sus beneficios.

  • La patria del desasosiego

    La patria del desasosiego

    Nos tomamos un descanso por fiestas patrias. Y por el mismo motivo, les dejaremos por aquí un par de poemas de la gran Ana Blandiana para leer con calma, especialmete, La patria del desasosiego. Ya hemos publicado anteriormente poemas de ella, una ferviente luchadora por la libertad, por los derechos individuales.

    Respecto a la pandemia ha expresado: «Como escritora y como pensadora del mundo por el que paso, mis ideas y esperanzas relacionadas con la pandemia no se han cumplido, y fue para mi una gran humillación… También pensé que al cerrarse las fronteras quizás podía surgir una oportunidad para pensar en este proceso de globalización absoluta y renuncia a las especificidades de cada pueblo. Creo que la globalización no es necesariamente algo bueno cuando se forma una gran masa donde todo es más o menos igual. La pandemia terminó más bien por agravar los problemas ya existentes en nuestras sociedades, tanto a escala individual como social.».

    Aquí les dejamos un resumen de su bio y un par de hermosos poemas, muy adecuados a estos días, del  libro Mi patria A4 (Pre-Textos, 2014).

    Ana Blandiana (Rumania, 1942). Destacada opositora al régimen de Ceaușescu, Blandiana forma parte del grupo de escritores que concibieron su vocación literaria como la de ser testigos de su tiempo y la literatura como una forma de resistencia moral.  Autora de catorce libros de poesía, dos volúmenes de relatos fantásticos, nueve de ensayos y una novela, es la poetisa rumana actual más internacional y candidata al premio Nobel de Literatura. De su obra se han traducido cincuenta y nueve libros a veinticuatro lenguas. Después de 1989, Blandiana reorganizó el PEN Club rumano. Fundó y presidió la Alianza Cívica (1991-2001), una organización independiente que luchó por la democracia. Con elsoporte del Consejo de Europa, Ana Blandiana ha creado el Memorial de las Víctimas del Comunismo y de la Resistencia, en Sighet. Además de haber recibido numerosos galardones literarios, nacionales e internacionales, en 2009, Blandiana fue condecorada con la más alta distinción de la República Francesa, la Légion d’Honneur por su contribución a la cultura europea y su lucha contra la injusticia. Acaba de ser nombrada Doctora Honoris Causa por la Universidad de Salamanca al ser considerada un símbolo de la libertad.

    La patria del desasosiego

    Esta es la patria del desasosiego
    A punto de cambiar de opinión
    De un momento a otro
    Y, no obstante, sin renunciar a esperar algo indefinido.
    Esta es mi patria,
    Entre estas paredes
    A unos metros los unos de los otros
    Y ni siquiera en el espacio completo entre ellos,
    Sólo en la mesa con papel y lápices
    Dispuestos a moverse solos y a empezar a escribir,
    Esqueletos animados bruscamente por unas plumas más antiguas,
    Sin usar desde hace mucho tiempo, con la pasta seca,
    Que se deslizan frenéticamente sobre el papel
    Sin dejar ninguna huella…
    Esta es la patria del desasosiego:
    ¿Conseguiré alguna vez
    Descifrar las huellas que no se ven,
    Pero que sé que existen y esperan
    Que las pase a limpio
    En mi patria A4?

    Animal Planet

    Menos culpable, aunque no inocente,
    en este universo donde
    las leyes de la naturaleza deciden
    quién debe matar a quién
    y el que más mata es el rey.

    Con qué admiración se filma
    al león plácido y feroz que despedaza al cervatillo!
    y yo, al cerrar los ojos o al apagar el televisor,
    siento que participo menos en el crimen,
    aunque en la llama de la vida
    hay que verter siempre sangre,
    la sangre de otro.

    Con menos culpa, aunque no inocente,
    compartí mesa y mantel con los cazadores,
    sin embargo, me gustaba acariciar las orejas largas
    y sedosas de las liebres,
    arrojadas a un túmulo
    sobre el mantel bordado.

    Culpable, aunque yo no fuera quien
    apretara el gatillo,
    y me tapara los oídos,
    horrorizada por el ruido de la muerte
    y por el olor a sudor desvergonzado de los que dispararon.

    Menos culpable, aunque no inocente,
    aún así, más inocente que tú,
    autor de esta perfección sin piedad,
    que has decidido todo
    y luego me has enseñado a poner la otra mejilla.

  • La OCDE espera un impuesto digital global para 2020.

    La posibilidad de un acuerdo internacional para cobrar impuestos a los gigantes de la tecnología de los EE. UU. como Amazon, Google y Facebook es un tema candente, ya que los países amenazan con hacerlo solos y Europa se encuentra dividida.

    Como parte de una revisión de su código tributario el año pasado, los EE. UU. incluyeron una disposición para disuadir a las multinacionales de evitar los impuestos de los EE. UU., domiciliando patentes y otros intangibles en jurisdicciones de bajos impuestos.

    El secretario general de la OCDE, Ángel Gurria, dijo este jueves pasado que este año la OCDE espera sentar las bases para un impuesto internacional a los gigantes digitales que podría entrar en vigor en 2020. El cambio desplazaría los ingresos tributarios multinacionales de los paraísos fiscales y de algunas naciones exportadoras hacia países con un gran número de consumidores.

    Las propuestas presentadas por la OCDE han sido acordadas por 127 países, e incluyen planes más limitados de algunos estados miembros de la UE que se enfocan solo en compañías digitales. Asimismo, la OCDE ha comunicado que hay un consenso creciente detrás de una propuesta de Estados Unidos para una revisión de las normas tributarias corporativas globales, a medida que los países intentan llegar a un acuerdo sobre cómo imponer a las empresas multinacionales en la era digital.

    Conforme a los planes, las empresas pagarían impuestos según el lugar en el que realizan sus ventas, un cambio significativo, ya que hasta ahora el impuesto a las empresas dependía en gran medida de la ubicación de sus empleados, oficinas y otros activos. El nuevo régimen, que limitaría las oportunidades para que las compañías cambien las ganancias de jurisdicciones con impuestos altos a bajos, se aplicaría a todos los grupos multinacionales, no solo a las compañías digitales a las que apuntaba la acción inicialmente.

    Las naciones más ricas está encabezando los esfuerzos para repensar los acuerdos internacionales que sustentan el impuesto corporativo, como parte de una ofensiva sobre cómo las multinacionales mueven las ganancias entre las jurisdicciones. El año pasado, Bruselas también propuso un impuesto interino a escala de la UE sobre los ingresos por servicios digitales para evitar dicen, un mosaico de impuestos a las empresas digitales en diferentes estados miembros. Los ministros de finanzas de la UE aún están negociando sobre la iniciativa provisional, que requiere una aprobación unánime.

    Asimismo, algunos países de la UE liderados por Francia, y Gran Bretaña y España en gran medida, anunciaron que, a falta de normas internacionales que impidan a las empresas trasladar las ganancias a países con impuestos bajos, están creando sus propios impuestos nacionales dirigidos específicamente a las grandes empresas digitales y argumentaron que las empresas tecnológicas con sede en los Estados Unidos, no pagan su parte justa de impuestos en los países donde venden servicios digitales. Irlanda, Dinamarca y Suecia, por su parte, han bloqueado el plan de la UE, mientras que la poderosa Alemania está algo indiferente, por temor a las represalias de Estados Unidos contra su industria automotriz.

  • La globalización de la complejidad. ¿En qué lugar del ranking conviene estar?

    El mundo globalizado ha traído una nueva complejidad financiera por varias razones.

    Existe el miedo legítimo de los Estados nacionales a perder sus jurisdicciones en un mundo donde es fácil mover personas y capitales de una jurisdicción nacional a la otra. Esto facilita tanto ciertos delitos, como la competencia fiscal entre las jurisdicciones.

    Los Estados han creado un sistema en el cual la complejidad financiera es cada vez mayor para evitarlos: desde el cumplimento de regulaciones contra el lavado de dinero, a reportes cada vez más complejos de contabilidad. Usualmente se presentan a las jurisdicciones más complejas, como los buenos e ideales ciudadanos globales, pero, ¿esto es cierto? Hay un balance entre una jurisdicción y otra. Si son demasiado exigentes, la gente va a usarlas solo para hacer negocios locales; si no tienen otras opciones, se convierten en generadoras de miseria en otros índices. Si son demasiado laxas se convierte en una especie de isla pirata internacional, y se aparece en cuanta lista negra haya.

    ¡Ojo! que las más complejas tienen la mala costumbre de usar temas como el lavado de dinero y la evasión fiscal como excusas para castigar a las jurisdicciones menos complejas que son sus rivales de negocios. Hay que tomarse con algo de malicia eso de ser un buen ciudadano global. Porque, muchas veces, lo que quieren los Estados que reclaman la buena ciudadanía global a otros, es eliminar competidores. Por eso es bueno ver un análisis de dónde están posicionados los países en temas de cumplimento, trámites fiscales versus cómo se compara esto con los índices de libertad económica, los índices del ‘doing business’, los índices de miseria y los índices anticorrupción. Esto nos da una medida de los costos y beneficios que trae ser un buen ciudadano global o no.

    Mientras más complejas sean las normas de cumplimiento de una economía, más tiempo se ha de gastar en cumplir trámites burocráticos y menos en producir bienes y servicios, y esto afecta a la solvencia de una empresa a largo plazo. Por eso la compañía TMF Group ha presentado un índice de complejidad financiera, para ayudar a los ejecutivos a saber qué esperar cuando hacen negocios en un país.

    Por ejemplo, el país financieramente más complejo es China, pero China atrae inversiones porque es China; mano de obra barata y productiva y pocas regulaciones laborales y ambientales. China es el taller del mundo, pero fuera de paraísos fiscales como Hong Kong, tiene muchos problemas para ser un centro financiero, y deja mucho que decir que los países latinoamericanos tengan varios puestos entre los países más complejos globalmente, mientras que los Estados Unidos está en el puesto 75. No en vano, son los latinos los que emigran a los Estados Unidos en busca de trabajo. También Francia se encuentra en el top 10, eso nos debe decir bastante.

    Los diez países más complejos desde el punto de vista del cumplimiento (conoce tu cliente) y cumplimiento fiscal en orden descendente desde el primer puesto son:

    Fuente: Financial Complexity Index. TMF Group

    Llama la atención que varios de estos países tienen serios problemas económicos, y que nuestros némesis de la OCDE como Francia y Colombia estén allí, en el club de las supuestas buenas prácticas económicas. Panamá está en el puesto 37, Chile en el puesto 35. Es una lista donde no conviene estar demasiado elevado.

    Fuente: Financial Complexity Index. TMF Group

    Suecia (la supuestamente socialdemócrata Suecia) en el puesto 60, Canadá en el puesto 70, Costa Rica en el puesto 71, Estados Unidos en el puesto 75, Irlanda en el 77, Holanda en el 78, Noruega en el 87 y los verdaderos paraísos fiscales como Hong Kong, Jersey, British Virgin Islands y Gran Caimán en la cola, en los puestos del 91 a 94 respectivamente. Panamá está en la lista de bestias negras de la OCDE, pero dista mucho de ser competitiva con los verdaderos paraísos fiscales.

    Ahora veamos a América Latina. Los cinco países más complejos en orden descendente son: Brasil, Argentina, Bolivia, Colombia y México. Y todos estos están en el top ten mundial. Dos de estos países son OCDE.

    En América Latina podemos destacar que la tendencia a la digitalización de las facturas electrónicas e impresoras fiscales ha añadido complejidad. Las reformas fiscales han tendido a aumentar y no  disminuir los gastos administrativos, y la carga fiscal. Todos estos países salvo México están también entre los más altos del mundo. Brasil, Argentina y Bolivia son verdaderos infiernos en el tema de regulación fiscal. Bolivia se salva porque tiene un gobierno fiscalmente conservador y una commodity muy deseada, pero Brasil y Argentina son economías de pronóstico reservado. Colombia y México saben que tienen que cambiar, pero son países que creen en las mantras de la OCDE: están haciendo esfuerzos tímidos por simplificar pero no son suficientes. Panamá y Chile están mucho mejor que estos países, pero muy por debajo de Costa Rica y los países de habla inglesa del hemisferio occidental, tanto Estados Unidos como Canadá, y por supuesto de los países menos complejos del mundo, British Virgin Islands y Gran Caimán.

    Por tanto, las lecciones de todo esto para Panamá son las siguientes:

    1. La complejidad fiscal es hostil al crecimiento económico. Los países económicamente más complejos hacen a la gente gastar tiempo y dinero en cumplir con regulaciones en lugar de producir bienes y servicios.
    2. Si bien hay países OCDE, como Canadá, Estados Unidos, Holanda, Suecia, y Noruega que no tienen regulaciones financieras y fiscales complejas, está claro que los países financieramente más complejos de la OCDE como Francia, son los que llevan la voz cantante contra los paraísos fiscales. Panamá debe estudiar cómo hacen los países OCDE que cumplen sus regulaciones para mantener la simplicidad en el sistema financiero y fiscal. Lo que está haciendo el gobierno actual no es deseable, que es añadir las regulaciones OCDE a las ya existentes, o sea, metiendo más cargas regulatorias a la actividad económica en lugar de buscar la manera de modificar las regulaciones ya existentes para que el peso de las nuevas regulaciones OCDE no se sientan tanto.
    3. El conocer su cliente, los acuerdos de intercambio de información fiscal y el más complejo de todos, BEPS, con sus controles de precios de transferencia, tienen un peso notorio en la complejidad fiscal, y por lo tanto, deben ser compensados de otra manera.
    4. Un mal sistema financiero es un generador de miseria, salvo China y Bolivia, el resto de las economías que están el top 10, tienen pronósticos económicos reservados o ya están en coma.
    5. Las facturas electrónicas y la facturación electrónica han añadido complejidad a la regulación del sistema económico sin tener efectos positivos en la economía. Argentina y Brasil siguen teniendo pronósticos reservados. En un mundo globalizado, el menos complejo es el que tiene las de ganar.

    ¿Entenderán esto nuestros políticos y los charlatanes vendedores de aceite de consultorías contables?