Etiqueta: guerra

  • Guerra en nombre de la libertad

    Guerra en nombre de la libertad

    Para poder estar a favor o en contra de una guerra, deberíamos quitarle el sesgo político y eso es imposible, desde que la decisión de incursionar o no en una guerra depende del gobierno de turno que –en sociedades democráticas- ha surgido de la elección popular. Un mecanismo para legitimar decisiones centralizadas, con las múltiples fallas demostradas ampliamente por James Buchanan, Gordon Tullock y la Escuela de Public Choice. ¿Qué tan cierta es la revelación de preferencias de los votantes? Es decir, ¿qué tan cierto es que una sociedad que declara la guerra, ataques o incursiones militares de cualquier tipo sobre otras naciones realmente prefiere esa acción? En definitiva, la guerra se apoya en una eventual decisión de la mayoría, pero toda una nación debe soportar el accionar circunstancial de un grupo de personas en el poder.

    Esto nos refuerza la idea que sostenemos siempre: la única y verdadera “salvación” es siempre individual. Lo que bajo ningún concepto significa lo mismo que “aislada”. Los individuos sólo pueden progresar y desarrollarse en marcos sociales en los que la cooperación entre ellos supere a la confrontación. Por lo que la defensa de nuestros derechos fundamentales sólo puede darse en un marco en el que el individuo predomina por sobre el gobierno.

    Lamentablemente, la historia se nutre de colectivismos, especialmente después de la 2da guerra Mundial, cuando se establecieron mecanismos de derecho internacional para prevenir otra guerra, que a la postre, no han servido para nada y más bien han sido cooptados por los distintos gobiernos coyunturales. De hecho, el derecho internacional no puede aspirar a ser más que una declaración de principios y valores, en la medida en la que no es posible su ejecutoriedad o enforcement. Aún así, con el paso de los años el derecho internacional ha sido pisoteado, desatendido y cada vez más desprestigiado, normalizando las sucesivas violaciones a sus preceptos, tales como las invasiones a otros países o la interferencia en asuntos internos.

    Entonces, ¿cómo argumentar opiniones en un mundo en el que el ideario liberal no tiene cabida? Porque entendemos el sufrimiento y el horror que padecen las personas viviendo bajo dictaduras y teocracias, pero sostenemos que la salida de esos regímenes sólo puede darse como producto de la evolución y de las instituciones que –como producto del orden espontáneo- llevan a sus ciudadanos a preferir abandonar esquemas tribales, y abrazar la vida en sociedades abiertas y pacíficas

    Y por más doloroso que resulte , sólo esas sociedades pueden alcanzar la libertad, y organizar sistemas de gobierno que entorpezcan la acumulación y centralización del poder, y se guíen por reglas sostenidas en el tiempo, e independientes de las figuras humanas que tengan sobre sus hombros la tarea de liderar esas naciones. Lo que –indiscutiblemente- depende de la oferta política de sus líderes, y las preferencias de los electores.

    Desde una óptica colectivista, la situación atroz que viven las mujeres, los homosexuales y otras minorías bajo teocracias violentas se explican, precisamente, por ignorar por completo a cada uno de los individuos que conforman esos colectivos, decidiendo sobre su vida y su futuro en base a esa pertencencia. Algo diametralmente opuesto a lo que sostiene la filosofía liberal, que se sostiene en base al individualismo metodológico.

    Lamentablemente el colectivismo (en distintos grados) es lo que impera hoy en el mundo, por lo que una intervención militar o una declaración de guerra puede presentarse como honesta, ética y solidaria, y consigue el aplauso de algunos sectores voluntaristas que realmente creen que es el camino más idóneo para la liberación de esos oprimidos pueblos.

    Pero la historia también nos enseña que este tipo de intervenciones atroces no sólo jamás han logrado su objetivo liberalizante, ni siquiera mejorar lo que existía previamente, sino que han servido como medio para alcanzar fines espurios de poder o de riqueza a quienes tuvieron en sus manos la posibilidad de concretar esas decisiones. Experiencias como la de Estados Unidos en sus incursiones militares en Irak y Afghanistan incluso han empeorado las condiciones en muchos casos, sirviendo de incentivo y motivación para la gestación y el criminal accionar de nuevos grupos terroristas, cada vez más sanguinarios.

    Resulta evidente que los intereses de Israel sobre la situación en Irán van más allá de una merca cuestión política, en tanto su supervivencia como país depende de ello. Pero no esa interpretación en absoluto puede extenderse a los Estados Unidos, en tanto su supervivencia no está en juego, ni su seguridad nacional puede justificar la matanza de cientos –si no miles- de personas. Máxime cuando ese país se encontraba en negociaciones diplomáticas (es decir, acordes al derecho internacional y mecanismo con resultados probadamente más eficientes que la guerra) con Irán.

    Indiscutiblemente que una incursión bélica como la de Estados Unidos e Israel sobre Irán no puede compararse, siquiera, con la asistencia o ayuda que un país esté dispuesto a brindar a otro, por los motivos que sean; máxime si esa ayuda se hace a un país que ha sido ilegítimamente invadido por otro, como el caso de la invasión Rusa a Ucrania, en abierta violación al derecho internacional.

    En ese estado de cosas, España está liderada por un presidente nefasto para los intereses del país, quien ha arrinconado los derechos fundamentales de sus habitantes, comenzando por las afectaciones a los derechos a la propiedad privada, y causando un estado de cosas que de no existir la autonomía de cada comunidad, la concentración de poder y la centralización de las decisiones seguramente darían resultados mucho peores.

    Pedro Sánchez es un presidente que se sostiene en base a mentiras; que no rinde cuentas; que no se atiene a los límites impuestos –fácticmente- por un presupuesto, y que lleva en su conciencia (si es que la tiene) la muerte de casi 50 muertos producto de la pésima administración de las vías ferroviarias Españolas.

    Dicho esto, hasta un reloj dañado da correctamente la hora dos veces al día. Y es propio de liberales como nosotras alejarnos de cualquier dogmatismo que impida ver la realidad con la mayor amplitud de criterios posible. Indiscutiblemente que el gobierno de Pedro Sánchez es patético en términos éticos y de eficiencia, pero cuando sugiere que el ataque de Estados Unidos a Irán responde al inmoral interés particular de Donald Trump, acosado por problemas reales como su implicancia en el caso Epstein, por ejemplo, Sánchez tiene razón.

    La escalada armamentística iniciada por Estados Unidos e Israel es apenas un reflejo de la personalidad matona, soberbia y belicosa de un individuo como Donald Trump, en el que su falta de conciencia (individual y cívica) le permite llegar a extremos a los que ningún otro presidente de ese país ha llegado antes. La paz del mundo depende, en gran medida, de un puñado de individuos con el poder concentrado y suficiente para involucrar a siete mil millones de personas en un estado de cosas en un mundo prehistórico, en el que la ley del más fuerte sea la que se imponga.

    Frente a la posición de Sánchez, el resto de los países europeos se alejan de España no porque sean afines a los intereses de Donald Trump (nótese que, intencionalmente, no decimos Estados Unidos), sino porque Pedro Sánchez ha dado sobradas muestras de ser una persona sin escrúpulos, ocupando una posición de por sí cuestionable, y quien ejerce un liderazgo populista, absolutamente capáz de traicionar a sus socios europeos con tal de no perder su apoyo local y verse obligado a abandonar el poder.

    Es importante comprender que el alejamiento del resto de Europa no significa que esos países celebren o aplaudan las incursiones decididas por Donald Trump, ni que adelanten su absoluta concordancia con las decisiones que Trump tome en el futuro. Por el contrario, los países europeos (que no sean España) están dispuestos a defender los intereses europeos, y responder si sus bases en Medio Oriente o incluso en Chipre son atacadas, tal como ya ha sucedido. Esta postura está siendo liderada por Emannuel Macron, en tanto la posición de España es rechazada por los restantes miembros de la Unión Europea, por ninguna otra razón que el rechazo a los comportamientos desleales para con la región sostenidamente mantenidos por Pedro Sánchez; y no así por su declamada oposición a Trump y a los Estados Unidos. Pero es imperativo descartar la idea de una Europa boba, sometida y sojuzgada a las políticas bélicas de Donald Trump. Una Europa más parecida a la figura del bufón, o del servilismo a los Estados Unidos como la demostrada ininterrumpidamente por Javier Milei.

    Reiteramos, intentar opinar como liberales en un mundo que se rige por reglas colectivistas, es imposible sin apelar al clásico “no a la guerra”. La guerra es destrucción, comenzando por la vida, jamás estaremos a favor de ella, pero en los elementos actuales, defenderse como país ante la agresión, lo entendemos y apoyamos. Apoyar a otros países en el ataque a un tercero, aun bajo la cláusula de la disuasión o prevención, o incluso liberación, no nos encontrará de ese lado, a pesar del horror que nos cuesta plantearnos esta última situación, porque la liberación comienza por uno mismo y no esperando a un líder que lo haga por nosotros.

    Artículo editado y corregido por la Dra. Carolina González Rodríguez.

  • Guy Sorman sostiene que Trump, va de fracaso en fracaso

    En su artículo “Trump, de fracaso en fracaso”, publicado originalmente en ABC y retomado en medios como El Almendrón, el economista y pensador francés Guy Sorman traza un balance crítico de la presidencia de Donald Trump tras un año de su elección. Lejos de adherirse a la retórica triunfalista que el propio Trump suele emplear, Sorman presenta una mirada crítica y fundamentada en resultados concretos, poniendo en cuestión la eficacia de las políticas y el impacto real de su gestión sobre la economía, la democracia y la política exterior estadounidense.

    Desde el inicio, Sorman sostiene que Trump —quien proclama ser “el mejor presidente de la historia de Estados Unidos”— ha acumulado fracasos palpables en elementos que afectan directamente a la vida cotidiana de los ciudadanos. Como ejemplo, el autor menciona la subida del precio del café, producto emblemático del consumo estadounidense, tras la imposición de aranceles elevados a las importaciones de Brasil. Sorman utiliza esta anécdota para ilustrar que las políticas proteccionistas de Trump no han producido los beneficios prometidos, sino que han generado incertidumbre y volatilidad en sectores clave como el comercio y la agricultura, donde el empleo y la producción se han resentido.

    Un punto central de la crítica de Sorman es que la economía estadounidense, aunque muestra crecimiento en términos agregados, lo hace gracias al dinamismo empresarial y a su liderazgo en tecnologías avanzadas, más que por las decisiones de la Casa Blanca. Esto sugiere que los beneficios observados no se deben al mando presidencial, sino al mercado y a los empresarios que operan independientemente del entorno político. En cambio, la imposición variable de aranceles y la hostilidad hacia la inmigración, según Sorman, están debilitando sectores como la construcción y la agricultura, elevando el desempleo y deteriorando la estabilidad de las cadenas de producción.

    Más allá de la economía, Sorman también aborda la erosión de las instituciones democráticas bajo el liderazgo de Trump. Afirma que el Estado de derecho, durante años considerado un pilar de la democracia estadounidense, se ha visto debilitado. Señala que el Departamento de Justicia, tradicionalmente independiente, ha sido utilizado como instrumento político para perseguir adversarios, y que la ampliación del uso del derecho de gracia —como en el caso de los indultos a participantes del asalto al Capitolio de enero de 2021— refleja una preocupante falta de respeto por la justicia imparcial.

    En ámbitos internacionales, Sorman destaca fracasos significativos en política exterior. Trump se jactó de haber alcanzado acuerdos de paz y haber terminado conflictos, pero la realidad muestra conflictos persistentes y relaciones deterioradas con aliados europeos. La negociación de un alto el fuego en Ucrania, por ejemplo, se describe como débil y sin avances sustantivos, mientras que la política hacia América Latina carece de foco y resultados claros.

    Asimismo, Sorman cuestiona la coherencia de la estrategia global de Trump, especialmente su aparente volatilidad en temas clave como comercio y alianzas. Más que una visión estratégica, el autor sugiere que las decisiones parecen responder a estados de ánimo o preferencias personales, lo que genera desconfianza y una mayor aversión de actores internacionales a involucrarse con la economía estadounidense.

    Finalmente, Sorman califica a Trump como un “accidente” en la historia estadounidense: un líder cuya prioridad personal por la gloria y el enriquecimiento propio ha eclipsado los intereses de la población y el fortalecimiento de instituciones democráticas. Según este análisis, incluso muchos de los seguidores de Trump, divididos y desencantados, se darían cuenta de que las promesas transformadoras no se han traducido en realidades que mejoren su calidad de vida.

    En conjunto, el artículo de Sorman presenta una crítica sustantiva y argumentada sobre los resultados de la presidencia de Trump: un tablero de fracasos más que de logros, especialmente cuando se evalúan con criterios económicos, institucionales y de política exterior. Este enfoque invita a reflexionar sobre la eficacia de liderazgos centrados más en la retórica personal que en políticas coherentes y sustentables.

  • Tres escenarios tras el ataque de EE UU a Irán

    Tras titubear sobre si Estados Unidos entraría en la guerra de Israel contra Irán, el presidente Donald Trump finalmente tomó una decisión. En la madrugada del domingo, aviones de combate y submarinos estadounidenses atacaron tres instalaciones nucleares en Natanz, Isfahán y Fordow, donde los iraníes tienen una planta de enriquecimiento de uranio enterrada a unos 80 metros bajo una montaña.

    Estos ataques deben considerarse parte de una secuencia que comenzó con la guerra de Gaza tras el ataque de Hamás contra Israel el 7 de octubre de 2023, y que continuó con los ataques de Israel contra Hezbolá (el grupo militante respaldado por Irán en el Líbano) y la caída del régimen de Assad, respaldado por Irán, en Siria.

    Irán nunca ha estado tan débil como ahora. Y cuando Trump dijo que podría tardar dos semanas en decidir si bombardear Irán, es probable que los israelíes le presionaran para que actuara antes.

    Podemos suponer que hubo mucha presión israelí sobre Trump para que utilizara los proyectiles de munición masiva, los bunker buster de 13 600 kilogramos. «bunker buster», que solo Estados Unidos puede desplegar con sus bombarderos B2.

    ¿Qué puede ocurrir ahora? Hay varios escenarios posibles.

    Irán contraataca

    Los iraníes saben que no tienen la fuerza necesaria para enfrentarse a EE. UU. y que los estadounidenses pueden causar enormes daños a su país e incluso poner en peligro la estabilidad del régimen iraní.

    Esta es siempre la principal consideración del régimen clerical liderado por el líder supremo Alí Jamenei: todo lo demás es secundario.

    Para evaluar la posible reacción de Irán, podemos fijarnos en cómo respondió al asesinato del jefe de la Fuerza Quds, unidad de élite de la Guardia Revolucionaria Islámica, Qassem Soleimani, en enero de 2020.

    Irán dijo que habría una gran reacción, pero lo único que hizo fue lanzar una lluvia de misiles contra dos bases estadounidenses en Irak, que no causó víctimas mortales ni daños significativos. Tras esa represalia simbólica, Irán declaró que el asunto estaba zanjado.

    Es probable que la reacción de Irán a los nuevos ataques siga esta línea. Probablemente no querrá entrar en una espiral de represalias lanzando ataques contra instalaciones estadounidenses en la región. Trump ha prometido responder con la fuerza:

    Irán, un matón de Oriente Medio, debe ahora hacer las paces. Si no lo hace, los futuros ataques serán mucho mayores y mucho más fáciles.

    Tampoco está claro cuánto tiempo podrá Irán continuar esta guerra. Depende en gran medida del número de misiles balísticos y lanzadores que le queden.

    Existen diversas estimaciones sobre cuántos misiles balísticos puede tener Irán en sus arsenales. Se creía que tenía unos 2 000 misiles capaces de alcanzar Israel al comienzo de la guerra. Algunas estimaciones afirman que Irán ha disparado 700 de ellos; otros hablan de unos 400. Sea cual sea la cifra, sus reservas están disminuyendo rápidamente.

    Israel también ha destruido aproximadamente un tercio de los lanzadores de misiles balísticos de Irán. Si consigue destruirlos todos, Irán tendría una capacidad muy limitada para contraatacar.

    Irán da marcha atrás

    Antes de que Estados Unidos se involucrara en el conflicto, Irán dijo que estaba dispuesto a negociar, pero que no lo haría mientras Israel siguiera atacando.

    Así pues, una posibilidad es que ahora se alcance algún tipo de compromiso, en el que Israel anuncie un alto el fuego e Irán y Estados Unidos acuerden reanudar las negociaciones sobre el programa nuclear de Teherán.

    El gran problema es que el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha dicho que no confía en el proceso de negociación y que no quiere detener las acciones militares hasta que todas las instalaciones nucleares de Irán hayan sido completamente destruidas. También ha estado bombardeando las terminales petroleras y las instalaciones de gas para ejercer aún más presión sobre el régimen.

    Pero el régimen se ha mostrado increíblemente decidido a no perder prestigio. Sufrió una gran presión en diferentes momentos durante la guerra entre Irán e Irak en la década de 1980 y nunca consideró rendirse hasta que un misil estadounidense derribó por error un avión de pasajeros iraní, matando a 290 personas.

    Irán aceptó entonces un alto el fuego negociado por la ONU. Pero la guerra entre Irán e Irak duró ocho años y causó aproximadamente un millón de muertos. Y cuando el entonces líder supremo, el ayatolá Ruhollah Jomeini, aceptó el alto el fuego, dijo que era «peor que beber veneno».

    Dado el estado de las capacidades militares de Irán, Jamenei, el actual líder supremo, podría rendirse simplemente para intentar preservar el régimen. Pero esto supondría un gran retroceso para él.

    El régimen es muy impopular, pero, según mi experiencia, el pueblo iraní es muy patriota, leal a su país, si no al régimen. Aunque es difícil evaluar la opinión en un país de 90 millones de habitantes, muchos iraníes no querrían que Estados Unidos o Israel les ordenaran nada y preferirían seguir luchando.

    Netanyahu ha dicho que quiere crear las condiciones para que el pueblo iraní se levante contra el régimen.

    Pero vale la pena tener en cuenta que lo contrario de la autocracia no es necesariamente la democracia. Podría ser el caos. Irán tiene una gran variedad de grupos étnicos y podría haber enormes desacuerdos sobre qué debería sustituir al régimen clerical en caso de que cayera.

    En esta etapa, es probable que el régimen logre mantenerse unido. E incluso si Jamenei falleciera repentinamente, el régimen probablemente podría reemplazarlo rápidamente.

    Aunque no sabemos quién será su probable sucesor, el régimen ha tenido mucho tiempo para planificarlo. Los altos cargos también saben que una lucha por la sucesión tras Jamenei pondría realmente en peligro al régimen.

    La implicación de EE. UU. es limitada

    Según la nueva encuesta de The Economist y YouGov, publicada el 17 de junio, el 60  % de los estadounidenses se oponía a unirse al conflicto entre Israel e Irán, con solo un 16 % a favor. Entre los republicanos, el 53 % se oponía a la acción militar.

    Por lo tanto, estos ataques no son una medida claramente popular entre los estadounidenses en este momento. Sin embargo, si se trata de un hecho aislado y logra poner fin rápidamente a la guerra, es probable que Trump reciba el aplauso de la mayoría de la población.

    Otra cuestión es si los 400 kilogramos de uranio enriquecido al 60 % de Irán han sido destruidos en el ataque estadounidense.

    Si no han sido destruidos, y dependiendo del daño causado a sus centrifugadoras, Irán podría reconstruir su programa nuclear con relativa rapidez. Y podría tener más incentivos para enriquecer aún más este uranio hasta alcanzar un 90 % de pureza, o un nivel apto para fabricar armas, con el fin de construir un dispositivo nuclear.The Conversation

    Ian Parmeter, Research Scholar, Middle East Studies, Australian National University

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • Por qué la ‘noviolencia’ es más efectiva, aunque vivamos en un mundo violento

    Vivimos inmersos en un mundo y una cultura que legitiman la violencia. Gaza, Ucrania y el rearme de Europa son sus máximas expresiones visibles. Aunque no podemos olvidar otros lugares del planeta que la padecen y parecen invisibles. Sudán, Myanmar o la República Democrática del Congo entran en esa categoría. Frente a estas realidades, ¿es la resistencia noviolenta efectiva en un mundo violento? El término “noviolencia” fue utilizado por Gandhi. Su origen está en la palabra sanscrita ahimsa, que significa privación total del deseo de violencia. Representa una respuesta frente a escenarios sociopolíticos violentos complejos. Una salida solidaria y con visión constructiva de futuro ante el conflicto. No es un concepto aceptado universalmente, ya que no hemos sido capaces de crear una palabra que refleje su auténtica riqueza.

    Hablar de resistencia noviolenta puede sonar utópico o simplemente ingenuo, sobre todo cuando los conflictos son muy graves o el “enemigo” ya ha comenzado a utilizar la violencia. Pero ¿qué nos dicen los estudios recientes al respecto?

    Las investigaciones de las profesoras Erica Chenoweth y Maria J. Stephan desmienten la creencia popular a favor de la violencia. Sus trabajos muestran que las campañas de resistencia noviolenta han sido “históricamente más eficaces en la consecución de sus objetivos que las campañas de resistencia violenta”.

    No solo Gandhi y Luther King Jr.

    “Esto ha sido así incluso en condiciones en las que la mayoría de la gente esperaría que la resistencia noviolenta fuera inútil”, señalan las mismas investigadoras.

    Pocas personas conocerán estas herramientas pacíficas, más allá de las referencias a algunos personajes históricos, como Gandhi o Martin Luther King Jr.

    A excepción de activistas altamente comprometidos con la noviolencia y académicos e investigadores de la misma, el público en general no ha tenido la oportunidad de conocer, por ejemplo, el informe del profesor e investigador Felipe Daza. Este fue realizado entre febrero y junio de 2022 y nos muestra 235 acciones de resistencia civil noviolenta en Ucrania frente a la invasión rusa.

    Mapa de la disidencia ‘noviolenta’ en Ucrania

    La investigación del profesor Daza incluye un mapa interactivo donde se recogen estas acciones y su marco geográfico. Boicots a empresas multinacionales, pintadas de protesta, actos simbólicos, plantones de empleados públicos, desobediencia civil o intervenciones en las comunicaciones del ejército ruso son algunas de las actuaciones que localiza el informe.

    Otro tanto sucede con la publicación Confrontando el Califato, liderada por el profesor Isak Svensson, sobre la extendida y diversa resistencia noviolenta frente al Estado Islámico.

    Gene Sharp documentó 198 métodos de acción noviolenta en la obra ya clásica titulada De la dictadura a la democracia. Michael A. Beer completó el trabajo de Sharp, llegando a registrar 346.

    Frente a mitos e ideas preconcebidas, estas referencias prueban que no estamos hablando ni de algo pasivo ni limitado a manifestaciones o simples buenas intenciones y discursos. La noviolencia posee todo un compendio de estrategias, tácticas, métodos y herramientas eficaces.

    Existe un cuerpo de conocimiento teórico y práctico cada vez más amplio y una creciente investigación empírica en la que apoyar dicho conocimiento. Este cuerpo se suma a la historiografía, filosofía y teología existente de la noviolencia. Su enseñanza en las escuelas y universidades contribuiría a cambiar el imaginario colectivo sobre la violencia y la noviolencia.

    La rica historia de la ‘noviolencia’

    Los estudiantes deberían poder conocer y reflexionar sobre las experiencias de noviolencia en el pasado. Por ejemplo, las huelgas de profesores en Noruega para impedir la implantación del currículum nazi en las escuelas durante la Segunda Guerra Mundial o el activismo People Power en Filipinas, frente a la dictadura en los años ochenta. Sin olvidar el movimiento serbio Otpor, que desembocó en la caída de Milošević en el año 2000.

    Otras experiencias son más actuales, pero igualmente relevantes. Es el caso de la lucha pacífica por las personas desaparecidas en El Salvador, México y otros países latinoamericanos o la resistencia noviolenta frente al fraude electoral en Venezuela.

    En el clima actual de belicismo, donde la guerra y la violencia parecen inevitables, resulta especialmente necesario exponer este conocimiento, así como la efectividad de las estrategias y herramientas de noviolencia al alcance de la población en general y de quienes toman las decisiones en materia de seguridad y defensa en particular.

    Hacer lo contrario significa trabajar de espaldas al conocimiento y dejarnos guiar por un pensamiento de carácter precientífico, mitológico, sobre la guerra y la violencia.

    Testimonio militar a favor de la noviolencia

    El capitán Daniel Moriarty, oficial de operaciones especiales de asuntos civiles con experiencia en Afganistán y el Golfo Pérsico, señalaba ya en 2022 cómo se “infravalora enormemente la utilidad que puede ofrecer la resistencia civil noviolenta”.

    “A pesar de sus tasas de éxito, históricamente superiores a las de la resistencia armada o las campañas insurgentes, ocupa un espacio marginal en las publicaciones militares sobre resistencia”, señala en un artículo sobre la guerra de Ucrania publicado por The Civil Affairs Association.

    La evidencia científica desmiente la creencia popular: las estrategias y herramientas de la resistencia noviolenta son más efectivas que la utilización de recursos violentos. Sin embargo, vivimos en un mundo violento. Precisamente por ello, no tener en cuenta las aportaciones de la noviolencia representa un error.The Conversation

    Nicolás Paz Alcalde, Profesor Asociado. Mediador, Universidad Pontificia de Salamanca

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • Kit de supervivencia europea: Entre la Previsión y la Prudencia

    La Unión Europea ha dado un paso significativo con su nueva Estrategia de Preparación para Situaciones de Crisis, una iniciativa que refleja la compleja realidad geopolítica actual. Más allá del alarmismo, el documento representa un ejercicio de responsabilidad colectiva frente a un panorama internacional marcado por crecientes tensiones. Pero atención también: los políticos suelen acudir a estos escenarios para justificar un gasto público que parece no tener techo. Analizaremos el lanzamiento de hoy del «kit de supervivencia».

    El Kit de Supervivencia: Más Allá del Miedo

    La recomendación de mantener un kit de supervivencia para 72 horas no es un llamado al pánico, sino una medida pragmática inspirada en el modelo sueco. Los elementos sugeridos – agua, alimentos en conserva, medicamentos, documentos de identidad, una radio de onda larga – representan una aproximación racional a la preparación ciudadana.

    La comisaria Hadja Lahbib ha enfatizado aspectos prácticos que van más allá de lo puramente militar: un cargador de teléfono, batería externa, dinero en efectivo. Su comentario sobre tener «lo necesario para cocinar unos espaguetis a la puttanesca» añade un toque de humanidad a una estrategia que podría parecer intimidante.

    Contexto Geopolítico: Un Análisis Crítico

    El trasfondo de esta estrategia es innegablemente la tensión con Rusia, aunque oficialmente se presenta como una preparación multifacética. La referencia a Ucrania es particularmente reveladora. El país ha desarrollado soluciones innovadoras como aplicaciones que identifican amenazas aéreas, demostrando resiliencia ante la adversidad.

    Desde una perspectiva liberal, es crucial mantener un equilibrio entre preparación y prevención de la histeria colectiva. La estrategia europea reconoce amenazas complejas: agresiones armadas, ataques híbridos, interferencias cibernéticas, sin convertirse en un manifiesto belicista.

    El Desafío de la Inversión Pública

    El verdadero test será la asignación de recursos. La preparación no puede convertirse en una excusa para un gasto público y especialmente militar desmedido. Cada euro destinado a defensa debe ser escrutado con rigor, manteniendo un compromiso inquebrantable con la prudencia en las finanzas públicas. ¿Están estos recursos realmente justificados? ¿O representan una oportunidad para que los aparatos estatales expandan su influencia bajo el pretexto de la seguridad nacional?

    La inversión en defensa no debe convertirse en un cheque en blanco. Cada partida presupuestaria debe ser escrutada con rigor y transparencia ante la ciudadanía.  La comunicación oficial es tajante: existe una «posibilidad realista» de que la resiliencia europea sea puesta a prueba. Sin embargo, esto no debe interpretarse como una rendición ante el militarismo, sino como un llamado a la preparación inteligente.

    Diplomacia y Resiliencia

    Un enfoque verdaderamente liberal debe seguir priorizando el diálogo internacional. El rearme no puede ser la primera línea de respuesta, sino el último recurso. Las inversiones en diálogo internacional, en comprensión mutua y en mecanismos de resolución pacífica de conflictos son tan cruciales como cualquier preparación militar. La preparación no es sinónimo de confrontación, sino de responsabilidad ciudadana. Las herramientas más poderosas son la información, la coordinación y la capacidad de adaptación ciudadana.

    Previsión sin Paranoia

    La estrategia europea representa un equilibrio delicado. No se trata de alimentar el miedo, sino de empoderar a la ciudadanía.La preparación es necesaria, pero no debe confundirse con la militarización. Cada ciudadano tiene el derecho y la responsabilidad de mantenerse informado, ser crítico y exigir transparencia en las decisiones que comprometen recursos públicos y potencialmente, vidas humanas.   La historia nos ha enseñado que la imprevisión puede ser tan peligrosa como el militarismo exacerbado. La preparación de la población civil ante posibles escenarios de conflicto no debe interpretarse como un llamado al pánico, sino como un ejercicio de responsabilidad colectiva. Por ahora, el kit de emergencia representa una medida sensata de precaución, no un presagio de guerra inminente.

    El rearme no debe ser un fin en sí mismo, sino una herramienta de última instancia en un contexto de diálogo y cooperación internacional. La verdadera seguridad no se construye con tanques y misiles, sino con instituciones sólidas, educación, comprensión mutua y un compromiso firme con la resolución pacífica de conflictos.

  • ¿Es inevitable la guerra total después del error de cálculo de Irán al atacar a Israel?

    Irán lanzó más de 300 drones y misiles contra Israel en el primer ataque directo del régimen islámico contra el Estado judío. Al margen de los drones militares, también hubo varias oleadas de misiles balísticos, misiles de crucero y cohetes, procedentes de Irán, Irak, Yemen y Líbano. Este ataque múltiple sin precedentes constituye una declaración de guerra de facto. Sin embargo, a pesar de la escala de la operación, constituye un fracaso táctico.

    Si Irán quería poner a prueba la capacidad de Israel para hacer frente a un asalto aéreo con múltiples frentes, entonces el resultado israelí es casi perfecto. Según las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF), el 99% de los más de 330 proyectiles disparados (al menos 185 drones, 110 misiles tierra-tierra y 36 misiles de crucero) fueron interceptados, en su mayoría sobre otros países.

    Sólo se produjeron daños menores en la base aérea de Nevatim (cerca de Be’er Sheva, en el sur). Una niña de 7 años resultó gravemente herida por metralla, posiblemente de una unidad interceptora.

    Por qué Irán sintió que tenía que actuar

    El ataque fue una respuesta directa al asesinato del general iraní Mohammad Reza Zahedi (también conocido como Hassan Mahdawi) en ataques aéreos israelíes el 1 de abril.

    Zahedi, alto mando de la Fuerza Quds del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica iraní en Siria y Líbano, era presuntamente responsable de atentados terroristas contra Israel y de armar a agentes iraníes en la región. Su muerte se produjo mientras se encontraba en un edificio adyacente al consulado de Irán en Damasco, un lugar que, según los iraníes, está protegido por el derecho internacional.

    Este incidente representa un punto de inflexión. El régimen de Teherán, indignado por la muerte de Zahedi, prometió fuertes represalias. En la memoria colectiva de Teherán, el historial de ataques de Israel incluye numerosos ataques contra instalaciones nucleares iraníes, asesinatos de científicos dentro del país y acciones contra apoderados iraníes en Siria, Líbano, Irak y Yemen.

    A pesar de estas provocaciones, los contraataques de Irán contra Israel han sido hasta ahora mínimos o insignificantes. La respuesta al asesinato estadounidense del general iraní Qassem Soleimani en 2020, por ejemplo, fue débil.

    Debido a la presión a la que se enfrenta el liderazgo extremista de Teherán, evidentemente sintió que ya no podía ignorar tales insultos. El régimen está cada vez más preocupado por su propia estabilidad, lidiando con una economía en quiebra maltratada por décadas de sanciones.

    A pesar de la opresión violenta y del creciente número de ejecuciones, persiste la disidencia interna. Ésta se ha visto alimentada por años de protestas populares (la más reciente tras la muerte en 2022 de la joven iraní de 22 años Mahsa Amini) y atentados terroristas afiliados al ISIS dentro del país.

    Pero el ataque de este fin de semana parece un grave error de cálculo de sus dirigentes. Estados Unidos y otros países occidentales se movilizaron rápidamente para apoyar a Israel. Aunque las tensiones entre el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y el presidente estadounidense, Joe Biden, son elevadas debido a la guerra en curso en Gaza, Washington sigue apoyando firme e inequívocamente a Israel.

    La mayoría de los proyectiles iraníes fueron interceptados mediante un esfuerzo coordinado por Israel y los ejércitos de Estados Unidos, Reino Unido y Francia. Cabe destacar que Jordania también interceptó los drones iraníes a pesar de las amenazas de Teherán de no intervenir tras semanas de intentos iraníes de desestabilizar el país.

    Ambas partes prefieren evitar una guerra

    Las autoridades israelíes se apresuraron a prometer una respuesta contundente al ataque. El gobierno no puede tolerar otra flagrante violación de la soberanía de Israel, que recuerda lo que Hamás consiguió trágicamente en sus ataques del 7 de octubre.

    Israel dispone de una serie de opciones de represalia, como ciberataques, ataques con misiles de largo alcance en suelo iraní, operaciones aéreas con aviones y drones y operaciones encubiertas.

    Una acción contundente enviaría un poderoso mensaje a Irán y a la región en general: “No te metas con nosotros”. A pesar de los desesperados intentos de los funcionarios iraníes por contener la situación, declarando que las cuentas con Israel están saldadas, se espera que la respuesta sea severa como anticipan y quizá incluso esperan sus aliados de Oriente Próximo.

    El riesgo de una escalada hacia una guerra total sigue siendo real. Sin embargo, ambas partes preferirían evitarlo. El ejército israelí ya está sobrecargado con la guerra en Gaza y los ataques con cohetes de Hezbolá, el representante libanés de Irán en el norte.

    Es probable que a Teherán le preocupe que Israel ataque las instalaciones de su avanzado programa nuclear, que han quedado al descubierto como tapadera para el desarrollo de armas nucleares.

    Mientras tanto, Estados Unidos no quiere verse mas envuelto en el conflicto regional, puesto que ya está lidiando con los ataques de los rebeldes houthi alineados con Irán contra barcos en el Mar Rojo.

    Además, al parecer Biden no confía en el juicio de Netanyahu. Washington no cree que Israel haya sido totalmente transparente con Estados Unidos sobre sus planes operativos en Gaza y el asesinato del general iraní este mes.

    Demasiadas muertes de civiles palestinos también están creando un problema moral y político para la campaña de reelección del presidente. Biden contactó rápidamente con el primer ministro israelí cuando comenzó el ataque de este fin de semana, advirtiendo contra un contraataque.

    Los próximos días serán cruciales: una prueba de la capacidad de la comunidad internacional para estabilizar el atormentado Oriente Medio. Desgraciadamente, las señales por el momento no son alentadoras.The Conversation

    Ran Porat, Affiliate Researcher, The Australian Centre for Jewish Civilisation, Monash University

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • La importancia del Tratado de Tordesillas según Guy Sorman

    El artículo «Tordesillas o la jungla» escrito por Guy Sorman para ABC, aborda una preocupante tendencia en las relaciones internacionales y plantea cuestiones esenciales sobre la paz y el orden mundial. Sorman comienza destacando la Unión Europea como un oasis de reglas y relativa armonía en un mundo cada vez más inestable y caótico. Sin embargo, señala que esta Unión está rodeada de una «jungla» que amenaza con erosionar sus fronteras y su cohesión interna.

    El autor toma como punto de partida un discurso pronunciado por Josep Borrell en 2022 en respuesta a la invasión de Ucrania. Borrell argumenta que esta invasión marca el fin de un antiguo sueño de ordenar el mundo mediante leyes previsibles y respetables, una idea que se remonta al Renacimiento. Antes de esta época, los Estados hacían la guerra sin restricciones, pero los filósofos europeos imaginaron un orden mundial basado en la paz a través del derecho.

    Sorman rastrea la evolución de este concepto desde la creación de la Sociedad de Naciones en 1920 hasta la fundación de la ONU en 1945. A pesar de sus defectos, estas organizaciones han ayudado a prevenir grandes conflictos a nivel global y han servido como una especie de conciencia moral para las naciones agresivas.

    Sin embargo, el autor argumenta que la invasión de Ucrania por parte de Rusia representa un cambio significativo, ya que Putin no siente la necesidad de justificar su acción de ninguna manera legal, lo que socava el concepto de paz por medio del derecho. Esto marca un retorno a una era donde la fuerza es la única justificación.

    Sorman también señala el creciente comportamiento agresivo de China, que está expandiendo su influencia sin justificación legal y desafiando las normas internacionales. Esto plantea la preocupación de que la jungla se esté convirtiendo en la nueva norma en las relaciones internacionales, junto con la paz por medio del derecho.

    El autor enfatiza la importancia de preservar y fortalecer el modelo europeo de paz por medio del derecho, ya que este modelo sigue siendo un faro para los pueblos de todo el mundo que aspiran a la democracia y la civilización. Argumenta que Europa debe democratizarse y reforzar sus instituciones para mantener su influencia y liderazgo moral.

    Sorman destaca el papel que España puede desempeñar en esta lucha, dado su alcance global y su histórico compromiso con la paz por medio del derecho, ejemplificado en el Tratado de Tordesillas de 1494. En última instancia, el artículo de Guy Sorman plantea cuestiones esenciales sobre el futuro de las relaciones internacionales y el papel fundamental de Europa en la promoción de la paz y el orden mundial basado en el derecho.

  •  Ucrania: Una Predicción de Agotamiento y Cambio en el Horizonte en dos años

    En un artículo reciente publicado en ABC, el escritor y analista Guy Sorman plantea una perspectiva interesante sobre el conflicto entre Rusia y Ucrania. Sorman sugiere que en un plazo de dos años, Rusia se encontrará en una posición de agotamiento tanto en recursos financieros como humanos, lo que podría poner fin a la prolongada guerra.

    Según Sorman, la financiación de la guerra actual se sostiene en gran medida a través de la exportación de petróleo ruso, a pesar de estar teóricamente prohibido. Este petróleo se vende en su mayoría a India, que luego lo refina y redistribuye como gasolina a los países de la Unión Europea. Sin embargo, el autor predice que en dos años, la evolución de los métodos de producción de energía en Occidente hará que el petróleo ruso sea innecesario.

    El autor también aborda la cuestión de los recursos humanos en la guerra. Sorman señala que gran parte de los soldados rusos provienen de regiones pobres de Asia Central y que este reclutamiento a cambio de pequeñas remuneraciones no puede durar más de dos años debido a la creciente conciencia de estas comunidades de que la guerra en Ucrania los está llevando a su exterminio.

    Sorman especula sobre los posibles escenarios futuros, planteando la posibilidad de que Rusia pueda encontrar un nuevo líder que impulse reformas democráticas y económicas, acercándose a la Unión Europea. También considera la opción de un cambio de liderazgo hacia un dictador militar más beligerante, aunque sugiere que los recursos y el apoyo de la población podrían limitar esta posibilidad.

    En términos de la reacción internacional, Sorman destaca la importancia de la OTAN en la guerra y cómo los aliados occidentales han optado por apoyar a Ucrania sin expandirse más allá de sus fronteras. El autor insta a estos aliados a mantener este curso inteligente y a resistir el deseo de aventurarse más allá, evitando los errores del pasado.

    Finalmente, Sorman aborda la opinión pública y cómo su apoyo y disposición a aceptar sacrificios son cruciales para la duración de cualquier conflicto. El autor reflexiona sobre las deudas acumuladas en el proceso y cómo, en dos años, llegará el momento de evaluar los costos y los beneficios de la guerra.

    En general, el artículo de Guy Sorman ofrece una visión interesante y optimista sobre el futuro del conflicto entre Rusia y Ucrania, con predicciones sobre el agotamiento de los recursos y la posible transformación del escenario geopolítico en los próximos dos años.  «¿Debo mencionar a la opinión pública? Una guerra solo dura si la opinión pública se une a ella y acepta determinados sacrificios. Hoy estos sacrificios son a la vez reales e invisibles, tanto en Europa como en EE.UU. Acumulamos deudas que habrá que devolver. Esta carga es aún casi imperceptible y lo seguirá siendo dos años más. Después de estos dos años, tendremos que hacer cuentas. Por un lado, deberemos evaluar lo que nos ha costado esta guerra y, por otro, lo que nos ha aportado: la desaparición de un enemigo imprevisible como Putin y una victoria para la democracia liberal. Suficiente para hacer que los demás déspotas recapaciten. Por eso debemos mantenernos firmes: dos años. Es lo mínimo a exigir a nuestros conciudadanos. Quizá haga falta explicarles mejor por qué les pedimos estos sacrificios; sería deseable aclarar el coste, la duración y lo que está en juego» concluye.

  • La orden de detención contra Putin dictada por la Corte Penal Internacional puede ser simbólica, pero debe ser el principio para que rinda cuentas

    Con motivo del noveno aniversario de la anexión ilegal de Crimea, el 18 de marzo el presidente ruso Vladimir Putin visitó la península ucraniana ocupada. Su visita se produjo un día después de que la Corte Penal Internacional de La Haya emitiera una orden de detención contra él.

    Putin y su comisaria para la infancia, Maria Alekseyevna Lvova-Belova, se enfrentan a cargos relacionados con la supuesta deportación ilegal de niños ucranianos a Rusia. Por simbólica que pueda ser por ahora, la orden judicial señala una determinación contra la impunidad. Señala la enorme magnitud de los abusos cometidos por las fuerzas rusas y sus representantes, de los que Putin es el máximo responsable.

    La deportación a Rusia de niños ucranianos desde los territorios de Ucrania ocupados contraviene claramente la cuarta convención de Ginebra. Esta trata de la protección de los civiles durante la guerra, de la que Rusia es parte.

    Las violaciones de los derechos de los niños han sido documentadas con desgarradores detalles por la organización de derechos humanos Almenda, que hasta 2014 tenía su sede en Crimea y ha supervisado los abusos rusos contra los niños y otros grupos vulnerables desde entonces.

    Violaciones rusas del derecho internacional

    Los abusos rusos en Ucrania se extienden mucho más allá de la deportación de niños y mucho más allá de Crimea. Así lo ha documentado en dos informes la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) sobre violaciones del derecho internacional humanitario y de los derechos humanos en Ucrania. La Comisión Internacional Independiente de Investigación de las Naciones Unidas sobre Ucrania también ha recopilado sus propias investigaciones. Los informes, de octubre de 2022 y marzo de 2023, dan una idea de la magnitud de los abusos sufridos por la población civil desde que Rusia se anexionó Crimea y ocupó partes del Donbás en 2014.

    Existen claras obligaciones para las potencias ocupantes en virtud del Reglamento de La Haya sobre la guerra terrestre (1907) y del cuarto convenio de Ginebra (1949), así como del primer protocolo adicional a los convenios de Ginebra (1977).

    Entre las violaciones cometidas por Rusia a lo largo de nueve años se incluye la de hacer permanentes, en lugar de temporales, los acuerdos de ocupación. Introdujeron el rublo ruso como moneda y cambiaron los planes de estudio y el idioma de las escuelas al ruso. Se han impuesto pasaportes rusos a la población y se ha reclutado a la fuerza a hombres para el ejército ruso.

    Las anexiones por parte de Rusia de Crimea en marzo de 2014 y de las regiones de Donetsk, Jersón, Luhansk y Zaporiya en septiembre de 2022 también son ilegales según el derecho internacional.

    También hay pruebas de que Rusia no ha satisfecho ni siquiera las necesidades básicas -alimentos, agua, electricidad, saneamiento y atención sanitaria- de los residentes que han permanecido allí, otro requisito del derecho internacional.

    Mientras tanto, ha habido informes de abusos directos contra civiles. Estos abusos van desde homicidios ilegítimos y secuestros hasta torturas, violencia sexual y deportaciones forzosas. Se han destruido propiedades públicas y privadas y se ha denegado a la población los derechos civiles y las libertades políticas básicas.

    La invasión a gran escala de febrero de 2022 intensificó aún más el sufrimiento de la población civil. Rusia hizo caso omiso de los principios de distinción, proporcionalidad y cautela al atacar zonas pobladas. Destruyeron infraestructuras civiles críticas y las denominadas “instalaciones que contienen materiales peligrosos”, como centrales nucleares.

    Desde febrero del año pasado, el trato a los prisioneros de guerra, protegidos por la tercera convención de Ginebra (1949), se ha añadido a la lista de violaciones rusas del derecho internacional. Esto ha incluido el maltrato sistemático a los prisioneros de guerra, incluida la tortura y la violencia sexual.

    ¿Puede Rusia rendir cuentas?

    Ucrania ha iniciado sus propios esfuerzos para exigir responsabilidades individuales a través de juicios nacionales por crímenes de guerra. Pero la orden de detención de la Corte Penal Internacional contra Putin indica un frente más amplio en la lucha contra la impunidad. El hecho de que Rusia se retirara en 2016 del estatuto de Roma que creó el tribunal no significa que el presidente ruso no pueda ser juzgado ante él.

    El expresidente serbio Slobodan Milošević fue acusado cuando aún ocupaba el cargo, en 1999. Tuvo que comparecer ante el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia entre 2002 y su muerte en 2006.

    Del mismo modo, el hecho de que Ucrania no sea signataria del Estatuto de Roma es irrelevante en este caso, ya que el país ha ejercido dos veces su prerrogativa de aceptar la jurisdicción de la Corte Penal Internacional. En 2015 concedió al tribunal un derecho de duración indefinida para investigar posibles crímenes cometidos en territorio ucraniano después del 20 de febrero de 2014.

    Otra opción es procesar a los dirigentes rusos específicamente por el crimen de agresión contra Ucrania ante un tribunal especial, creado como mecanismo internacional híbrido para complementar a la Corte Penal Internacional y los procedimientos judiciales internos ucranianos.

    Otros organismos especializados también pueden conocer de casos contra Rusia. El Consejo de Aviación de la ONU acordó hacerlo el 17 de marzo en el contexto del derribo en 2014 del vuelo MH17 sobre Donbás.

    También existe el principio de jurisdicción universal. Esto permite a los Estados procesar por crímenes de guerra a personas que no sean nacionales de sus países. Alemania, Suiza y otros países europeos han recurrido a este mecanismo para enjuiciar crímenes de guerra cometidos en la guerra civil siria desde 2011.

    Más allá de la rendición de cuentas

    Pero la rendición de cuentas por sí sola ni siquiera empezará a abordar el sufrimiento de los ucranianos. Ayudar a los ciudadanos a hacer frente al trauma que han experimentado significa crear una respuesta local, culturalmente adecuada, para que las víctimas y los supervivientes se organicen, identifiquen y defiendan sus necesidades específicas. Habrá que apoyar a las mujeres y a los hogares dirigidos por mujeres. En última instancia, será necesaria la búsqueda de la verdad a nivel local para que las personas puedan volver a convivir de forma segura.

    Este tipo de justicia reparadora será un complemento esencial de la justicia retributiva. Ya hay un gran número de víctimas y supervivientes de los abusos rusos en los territorios controlados por Ucrania y en los recientemente liberados. Trabajar con estas personas es esencial por su propio bien, pero también para mejorar constantemente los esfuerzos de justicia restaurativa a medida que Ucrania libera más territorios.

    Dar a conocer el apoyo internacional a las medidas restaurativas es una señal tan importante para el pueblo de Ucrania como la lucha contra la impunidad de Putin y otros criminales de guerra rusos. Es una señal de compromiso, no sólo con la victoria ucraniana, sino también con la justicia posterior.The Conversation

    Stefan Wolff, Professor of International Security, University of Birmingham

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • Cronología de la barbarie en Ucrania en cinco fases

    Cuando se cumple un año de la invasión rusa de Ucrania, la realidad se esfuerza por recordarnos la crueldad de la guerra. Desde que el presidente Putin diera la orden de invadir Ucrania, un número indeterminado de personas (110 000, según la ONU y 200 000 según Estados Unidos, de los cuales 40 000 son civiles) han perdido la vida en este conflicto.

    El número de personas que ha tenido que abandonar su casa (15 millones) duplica al de la Segunda Guerra Mundial. Si nos centramos en los niños, las cifras son aún más devastadoras: los muertos superan los mil, los desaparecidos son más de 300 y unos 12 000 han sido raptados por las fuerzas rusas.

    Con esta apocalíptica situación entramos en el segundo año de guerra, fecha muy adecuada para hacer un balance de lo que ha ocurrido desde el 24 de febrero de 2022.

    Maniobras militares previas

    Si bien es cierto que la invasión de Ucrania no comenzó hasta 2022, los ejercicios militares llevados a cabo por Rusia durante el otoño de 2021 y durante los primeros meses de 2022 no fueron más que un preparativo para la guerra. De hecho, entre el 10 y 20 de febrero de 2022 en el marco de los ejercicios “Determinación Aliada”, Rusia y Bielorrusia desplegaron un volumen de fuerzas militares (30 000 hombres) que, según Estados Unidos, suponían el 70 % de lo necesario para invadir Ucrania.

    Los efectivos humanos movilizados en la frontera, el despliegue de misiles S-400, los aviones Su-25 y Su-35 (traídos del este de Rusia), así como los 15 buques de guerra desplegados en el Mar Negro, no hacían presagiar nada bueno.

    Sin embargo, en defensa de los que no anticiparon la invasión, hay que decir que este tipo de ejercicios habían sido habituales en los años anteriores y, de hecho, en septiembre de 2021 los ejercicios ZAPAD fueron mucho más masivos, con la movilización de hasta 200 000 soldados rusos.

    Entre el 17 y el 21 de febrero, los líderes de las autoproclamadas repúblicas de Luhansk y Donetsk denunciaron ataques por parte de Ucrania y solicitaron formalmente ser reconocidas como independientes.

    El 21 de febrero Putin dio un discurso al pueblo ruso en el que afirmó que la creación de Ucrania había sido un error y que se había convertido en un régimen nazi y rusófobo.

    Para revertir “esta situación” Putin solicitaba al Consejo Federal el uso de la fuerza para “desnazificar” Ucrania. Dos días más tarde, a las 6 de la mañana, las fuerzas rusas acumuladas en la frontera con motivo de los ejercicios militares lanzaban “una operación especial” en Ucrania.

    Fase 1: Guerra relámpago – cambio de Gobierno (24 de febrero–6 marzo)

    El plan del Kremlin era lanzar una triple ofensiva (desde Rusia hacia Kiev, desde el Donbás hacia Jarkiv y desde Crimea hacia Jersón) que debería haber hecho colapsar el país en poco más de 15 días. Una vez depuesto el gobierno ucraniano, situaría al frente del mismo a un títere (probablemente a Viktor Medvedchuk) quien, siguiendo el modelo de Crimea, solicitaría la adhesión de Ucrania a la Federación Rusa.

    Si bien es cierto que las experiencias pasadas en Georgia y Crimea hacían pensar que podría ser posible, la reacción del presidente Zelensky y la numantina resistencia de la población ucraniana impidieron que el plan pudiera consumarse con éxito.

    Frente a esta estrategia rusa, Kiev preparó una estrategia interna y otra para el exterior.

    En el plano interno, el 25 de febrero, el gobierno de Kiev publicaba un vídeo en el que sus miembros, vestidos de militar, anunciaban su voluntad permanecer en sus puestos, lo que provocó que la población se alzara en armas contra el invasor.

    Además, en el plano internacional, Zelensky se dirigió a los principales parlamentos del planeta haciendo que la causa ucraniana se convirtiera en la causa de todos los demócratas del mundo.

    Así, 15 días después del comienzo de la invasión y a pesar haber ocupado el 25 % del territorio ucraniano, Rusia no pudo seguir avanzando.

    Ucrania
    Residentes de Irpin abandonan sus hogares el 9 de marzo de 2022 mientras las tropas rusas bombardean la ciudad.
    Shutterstock / Drop of Light

    Fase 2: Primera ofensiva ucraniana (7 marzo–6 mayo)

    Una vez Kiev recibió las primeras remesas de armas, Ucrania pasó de la defensa al ataque. Partiendo de la capital, los ucranianos avanzaron por las dos orillas del Dniper liberando ciudades como Bucha o Irpin, donde la salida de los rusos hacía visibles los crímenes contra la humanidad que allí habían cometido.

    En esta fase se produjeron las primeras visitas de líderes extranjeros, lo que debe ser interpretado como el inicio del apoyo decidido a Ucrania.

    Por otro lado, tanto en el este como en el sur se produjeron avances importantes de los ucranianos, llegando el 7 de mayo a expulsar a los rusos de Jarkiv y estabilizando el frente en el Donbás y en el ur (Oblast de Jersón y Zaporiya).

    Mención especial merece la resistencia de Mariupol, ciudad que con su sacrificio drenó muchos recursos humanos y materiales de Rusia.

    Refugiados ucranianos de Mariupol en la estación de tren de Lviv esperando para escapar a Europa el 24 de marzo de 2022.
    Shutterstock / Ruslan Lytvyn

    Fase 3: Avance ruso – entrenamiento ucraniano (7 de mayo – 25 de agosto)

    Entre mayo y septiembre los rusos cosecharon algunas victorias, esencialmente en el Donbás. Los avances rusos venían precedidos de ataques con artillería sobre el territorio que posteriormente ocupaban. Los ucranianos se limitaron a mantener las posiciones ganadas en la fase anterior, mientras soldados ucranianos se entrenaban, en lugares como Alemania, Reino Unido, Estados Unidos y España, sobre el funcionamiento de las armas que posteriormente iban a usar en la siguiente fase: los HIMARS y los AGM 88 HARMS

    Fase 4: Segunda ofensiva ucraniana (25 agosto – 11 de noviembre)

    A finales de agosto comenzó la segunda ofensiva ucraniana. Si bien es cierto que los HIMARS habían centrado su acción en el frente sur, sobre todo en Crimea y en las líneas de suministro que salían de sus bases, Kiev apostó por una ofensiva en el noreste, algo que cogió por sorpresa al Kremlin. Este hecho propició que Rusia reforzara sus líneas moviendo 25 000 hombres de la zona del frente norte al sur.

    Con las defensas debilitadas en el noreste, el ejército ucraniano hizo uso de los AGM 88- HARMS, un misil que actúa contra los radares limitando la capacidad de detección de movimientos de tropas, que permitió que la caballería ucraniana penetrara en las líneas enemigas. Una vez dentro, los ucranianos embolsaron a las tropas enemigas que no tuvieron más remedio que rendirse.

    Con esta táctica, Ucrania recuperó un total de 60 572 kilómetros cuadrados y ciudades tan importantes como Liman o Jersón.

    Ucrania
    Un soldado ucraniano ante el aeropuerto liberado de Jersón.
    Shutterstock / Mariia_Ua

    Fase 5: Estancamiento generalizado y castigo a la población civil (12 noviembre – hoy)

    La segunda ofensiva ucraniana provocó la ira de Putin, quien reaccionó, por un lado, movilizando a 300 000 hombres y, por el otro, atacando con misiles a la población ucraniana, un hecho que jurídicamente es un crimen de lesa humanidad.

    Ucrania se vio obligada a concentrar sus esfuerzos internacionales en la consecución de baterías antiaéreas con las que proteger a su población.

    En el campo de batalla, en esta quinta fase, Rusia ha concentrado sus esfuerzos en Soledar, Bajmut y Vuhledar (Donbás), donde, si bien casi no ha logrado recuperar territorio, sí que ha registrado muchas bajas, las más elevadas desde el comienzo de la invasión.

    Ahora mismo el futuro de la guerra se está jugando fuera del campo de batalla, en los despachos y en los centros de entrenamiento.

    Si los ucranianos logran convencer a los europeos de que lo que está en juego es algo más que el futuro de Ucrania, Europa seguirá siendo el continente de la libertad. De lo contrario, el viejo continente volverá a un periodo tan oscuro como la Edad Media.The Conversation

    Alberto Priego, Profesor Agregado de la Facultad de Derecho- ICADE, Departamento de Dep. Público. Área DIP y RRII, Universidad Pontificia Comillas

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.