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  • En Irán, el movimiento ‘Mujer, Vida, Libertad’ no ha desaparecido pero está siendo silenciado

    En Irán, el movimiento ‘Mujer, Vida, Libertad’ no ha desaparecido pero está siendo silenciado

    Hoy en Irán parece que reina la calma (relativamente). Pero no es una calma orgánica, sino que ha sido impuesta por la fuerza. Las organizaciones de derechos humanos informan de que la represión del Gobierno en las últimas semanas ha causado miles de muertos y decenas de miles de detenidos, al tiempo que advierten de que el número real de víctimas probablemente sea mucho mayor, ocultas mediante desapariciones forzadas, entierros secretos y ejecuciones llevadas a cabo sin el debido proceso.

    Las protestas populares, que comenzaron por el colapso económico, se convirtieron rápidamente en un levantamiento político abierto, ya que los cánticos pasaron de ser reivindicaciones por la supervivencia a un rechazo absoluto del régimen. Un régimen que, para ocultar las consecuencias, decidió cortar las comunicaciones digitales y telefónicas internas y externas.

    Ahora lo que está en juego no es un simple retorno a una secuencia cíclica de protestas. Se trata de la continuación de la ruptura feminista iniciada en 2022 con el movimiento “Mujer, Vida, Libertad”, que hoy se enfrenta a dos fuerzas decididas a neutralizarla: la República Islámica y sus alternativas patriarcales y militaristas.

    Las mujeres, objetos políticos a disciplinar

    Décadas de represión han enseñado a las mujeres que sus cuerpos son el primer terreno del poder del Estado: velo obligatorio, vigilancia pública, patrullas de la moralidad, confesiones forzadas, violencia sexual durante la detención, amenazas de ejecución contra las jóvenes.

    Bajo la República Islámica, esos cuerpos se gobiernan como objetos políticos que hay que disciplinar. Las movilizaciones anteriores lo han demostrado claramente: al atacar los símbolos mismos de la dominación, las iraníes han afirmado su agencia política. Han logrado victorias en materia de visibilidad, pero el régimen jurídico basado en la sharia (ley islámica) ha permanecido intacto. Esta tensión es la que estructura la revuelta actual.

    Se ha desarrollado una postura promonárquica, facilitada por el acceso a los medios de comunicación y las plataformas políticas occidentales, que aboga por que Reza Pahlavi, hijo del difunto sha de Irán, sustituya al régimen. En sus intervenciones públicas, Pahlavi habla de las represiones como “crímenes contra la humanidad” y se posiciona como un futuro líder. Sin embargo, a principios de enero, eliminó el lema “Mujer, Vida, Libertad” de sus plataformas oficiales, una decisión criticada públicamente por activistas y por las familias de los fallecidos durante el levantamiento de 2022.

    ¿Qué augura esta alternativa? Nada que tranquilice a las iraníes. Pahlavi parece estar enviando un mensaje claro: puede haber una nueva revolución, pero sin las mujeres. De llegar, se invocaría la unidad para posponer la igualdad, tal y como ocurrió en los prolegómenos de la Revolución iraní de 1979.

    Ni República Islámica ni bombas extranjeras

    Este movimiento feminista también es plural. No representa una sola voz iraní, sino una constelación de grupos oprimidos que se reconocen mutuamente. Mujeres kurdas, baluchis, árabes, azeríes y persas han dado forma a esta revuelta.

    Varias de sus voces más radicales se encuentran hoy en prisión. Entre ellas, la kurda Verisheh Moradi, que recientemente ha enviado dos cartas desde su celda. En ellas rechaza la falsa elección impuesta a los iraníes. “No queremos la República Islámica”, escribe, “pero tampoco queremos bombas extranjeras”.

    No se trata de neutralidad. Es una postura feminista y anticolonial, basada en la conciencia de que la dictadura y la intervención militar destruyen en primer lugar a las mujeres.

    Este rechazo es esencial. Cuando los soldados israelíes escribieron “Mujer, Vida, Libertad” en los misiles durante la guerra de junio de 2025, la insurrección feminista fue vaciada de su significado para convertirse en un eslogan colonial de dominación. El lema nació del asesinato de la joven kurda Jina Mahsa Amini a manos de la policía moral. Nació de los cuerpos de las mujeres en rebelión, no de los ejércitos.

    Una máquina de dominación basada en la humillación de las mujeres

    Fuera de Irán, la realidad se malinterpreta constantemente. La revuelta se reduce con frecuencia a un enfrentamiento con el islam y se enmarca como un conflicto civilizatorio entre la religión y la modernidad.

    Tales interpretaciones convierten una lucha política en una lucha cultural. Han alimentado la vacilación y la solidaridad selectiva en partes de la izquierda occidental y las comunidades musulmanas, borrando décadas de resistencia dirigida no contra la fe, sino contra un régimen que ha utilizado la religión como instrumento de castigo, vigilancia y muerte.

    Pero lo que está en juego no es la fe, sino el poder.

    La revuelta actual se basa en esta experiencia acumulada. Al persistir en organizarse, testificar y resistir a pesar de las ejecuciones, la tortura y el bloqueo informativo, las mujeres no formulan simples reivindicaciones. Afirman un nuevo orden político en el que la vida, y no la obediencia, se convierte en el valor central.

    “Mujer, Vida, Libertad” no se ha contentado con oponerse al régimen. Ha cambiado profundamente el discurso de autoridad que ha estructurado la política iraní durante un siglo.

    Esto es precisamente lo que la República Islámica y sus supuestos sucesores intentan hoy anular.

    El apagón empobrece a las mujeres

    El régimen considera a su propia población como un enemigo. Los manifestantes son calificados de terroristas, agentes del Mossad o elementos similares al Daesh.

    En un sistema jurídico en el que la moharebeh محاربه, “la guerra contra Dios”, se castiga con la pena de muerte, este lenguaje permite las ejecuciones incluso antes de los juicios. El bloqueo digital total viene a reforzar esta violencia. Al eliminar la visibilidad, el régimen ha ocultado los asesinatos y transformado su significado político. La violencia se vuelve gobernable cuando no se puede ver, contar o llorar colectivamente.

    El bloqueo también destruye los medios de vida. Miles de mujeres iraníes, excluidas del empleo formal por leyes discriminatorias y prácticas de contratación basadas en el género, dependen de microeconomías en línea para ofrecer servicios de belleza a domicilio, clases particulares, traducciones, artesanía y comercio a pequeña escala.

    Al cortar la infraestructura digital, el Estado desmantela la frágil autonomía que las mujeres han logrado forjarse bajo la exclusión estructural, empujándolas de nuevo a la dependencia, la invisibilidad y el cuidado no remunerado.

    La violencia contra ellas

    A esto se suma la represión. Los profesionales médicos y las investigaciones sobre derechos humanos han documentado disparos dirigidos a la cara, los ojos y los genitales de las mujeres, así como violencia sexualizada durante la detención y el encarcelamiento.

    La violación y la tortura sexual no solo sirven para extorsionar confesiones, sino que destruyen los lazos sociales, los matrimonios y los proyectos de futuro. Las mujeres que salen de prisión sufren traumas duraderos. Sus cuerpos siguen llevando las secuelas de la guerra mucho después de que cesen los disparos.

    La guerra exige que algunas vidas sean tratadas como desechables, y las mujeres casi siempre se encuentran entre las primeras en ser sacrificadas. Las iraníes lo saben. Su rechazo tanto a la dictadura como a los salvadores extranjeros no es ingenuidad. Es inteligencia política.

    ¿Quién escribirá el después de la revolución?

    Las iraníes ya han logrado algo extraordinario. Han resquebrajado los cimientos de un orden político construido sobre su subordinación.

    Lo que está en juego hoy en Irán no es solo la cuestión del poder. Es la definición misma de la revolución. ¿Volverá a ser una vez más la historia de hombres que se apoderan del futuro a costa de las mujeres, o esta vez las mujeres que se han organizado, han resistido y han derramado su sangre podrán finalmente forjar el futuro?

    Si la historia se repite, las mujeres corren el riesgo de quedar relegadas una vez más después de haber liderado la lucha. Sin embargo, el futuro de Irán no puede construirse sin aquellas que han convertido sus propias vidas en un acto de resistencia. El día después de la caída de este régimen también les pertenece. Y mientras se siga cuestionando esta evidencia, “Mujer, Vida, Libertad” seguirá siendo una línea divisoria, y no un eslogan del pasado.

    Mina Fakhravar, PhD Candidate, Feminist and Gender Studies, L’Université d’Ottawa/University of Ottawa

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • ¿Hay diferencias de capacidad cognitiva entre mujeres y hombres?

    Definir la inteligencia de las personas no es sencillo. Menos aún lo es cuantificarla, al carecer de una métrica simple. Otras magnitudes físicas de los individuos, como su talla o su peso, son fáciles de medir. Pero con la capacidad cognitiva nos referimos normalmente al resultado de un test de inteligencia, una abstracción estadística.

    Pese a estas limitaciones, la mayoría de los estudios indican que la inteligencia es similar en ambos sexos, sin apreciarse diferencias significativas. Pero si se analizan por separado aspectos como las capacidades lingüísticas o las habilidades espaciales, la cosa cambia.

    El reto de medir la inteligencia

    Los test de inteligencia recogen aspectos intrínsecos a las personas: memoria a corto plazo, capacidad de razonamiento deductivo, comprensión verbal, habilidad para detectar y manipular patrones geométricos o espaciales, etc. Y también otros sujetos a influencias culturales, pues dependen de su conocimiento del mundo. Estos ítems se evalúan con test específicos, usando escalas combinadas. Su interpretación es compleja, pero ha habido intentos. Por ejemplo, la inteligencia verbal (habilidad de manejar aspectos culturalmente relevantes) se suele considerar como “inteligencia cristalizada”.

    Las puntaciones en los factores de inteligencia verbal, de razonamiento analógico y de visualización de patrones se correlacionan entre sí y son relativamente constantes con la edad. Esto sugirió que podrían medir un factor general de inteligencia, como propuso el test Stanford-Binet o las escalas de inteligencia Wechsler para niños y adultos.

    En cuanto al popular cociente intelectual (CI) de los individuos, se establece en relación a la media ponderada en los test de una escala. Un CI de valor 100 indica que el resultado iguala al promedio de la población. La distribución de los individuos según su inteligencia sigue una campana de Gauss, mostrando colas simétricas a ambos lados de la media. Resultados por debajo de 70 o por encima de 130 (una desviación típica bajo o sobre la media) permiten establecer perfiles de muy bajo rendimiento y de altas capacidades intelectuales, respectivamente.

    Como ejemplos, el CI del astrofísico británico Stephen Hawking era 160 y el del ajedrecista ruso Garry Kasparov es 190. El del coreano Kim Ung-Yong, quien hablaba a los seis meses, dominaba cuatro idiomas a los tres años y fue contratado por La NASA a los siete, es 210. El valor más alto registrado (CI = 230) corresponde a Terence Tao, matemático australiano ganador de la medalla Fields, equivalente al Nobel de las matemáticas (de los 60 galardonados, solo una era mujer, la iraní Maryam Mirzakhani).

    Entre las mujeres resaltan la ajedrecista húngara Judit Polgár (CI = 170), quien obtuvo a los quince años el título de Gran Maestro Internacional. También la columnista y financiera Marilyn vos Savant, cuyo cociente (variable según las fuentes) se estableció en 186 según la escala de Wechsler. Preguntada por un lector si pensaba que realmente tenía el CI más alto del mundo, contestó: “Creo que no. ¿Cómo quiere que comprobemos esta hipótesis?”.

    Las mujeres destacan en algunas habilidades cognitivas y los hombres en otras

    Algunos estudios sugieren que el CI medio de los hombres podría ser unos puntos más alto que el de las mujeres. Pero la mayoría discrepan e indican que la inteligencia es similar en ambos sexos, sin diferencias significativas. Ahora bien, en promedio las mujeres puntúan más alto en diversos campos, como información fonológica y semántica (indicativas de más memoria a largo plazo), comprensión de prosa compleja (explica sus mayores competencias lingüísticas), velocidad de percepción y procesamiento de la información (mayor intuición y velocidad tomando decisiones), así como habilidades motoras finas.

    En cambio, los varones obtienen mayor puntuación media en memoria visual y espacial, así como en velocidad de respuesta espacio-temporal (indicativas de mayor habilidad para orientarse). También en facilidad de comprensión, capacidad de motivación (lo que explicaría los mejores resultados de los equipos masculinos) o aptitud para el razonamiento fluido.

    Tales diferencias se aprecian en los estudios a nivel de un cierto país y en los de organismos internacionales sobre diferentes países, como los informes PISA. En ellos se dedujo que la capacidad de lectura de las estudiantes superaba la de sus compañeros en 25 de los 33 países analizados, mientras que los chicos puntuaron más en capacidad para las matemáticas (siete países) y ciencias (22 países). Además, hay sospechas de que estas diferencias se establecen a edades bastante tempranas.

    ¿Han influido los roles de género?

    Los roles de género seguramente han jugado un papel importante en el origen de estas diferencias cognitivas, pues distintos factores selectivos operaron sobre mujeres y hombres durante gran parte de nuestra historia evolutiva, transcurrida como cazadores y recolectores nómadas. Este género de vida cambió cuando algunas poblaciones adoptaron una vida sedentaria tras al desarrollo de la agricultura y la ganadería.

    Los escasos grupos de cazadores y recolectores que hoy persisten, como los !Kung del Kalahari, muestran una división neta del trabajo. Los hombres se ocupan de la caza, actividad que entraña riesgos y precisa una buena orientación espacial para seguir el rastro de la presa o regresar al campamento. Podríamos interpretar que este rol ha propiciado una mayor capacidad de motivación en grupo y el establecimiento de alianzas estrechas entre los cazadores, basadas en la confianza y el apoyo mutuo: si cargamos solos contra un búfalo mientras el resto se da a la fuga, la selección natural determinaría una mala apuesta de nuestros genes, eliminándolos del acervo de la población.

    En cambio, en estas sociedades las mujeres recolectan alimentos de origen vegetal en el entorno del campamento, como tubérculos enterrados en la arena, de los que obtienen la mayor parte del agua. Al ser difíciles de localizar, requieren mayor capacidad de percepción. También se ocupan de cuidar a los niños, enfermos y ancianos. Eso podría explicar que manifiesten más sensibilidad y empatía por sus congéneres.

    Obviamente, al cazar no se debe alertar a las presas y podríamos pensar que un cazador demasiado locuaz es un estorbo. En cambio, el campamento sería el lugar ideal para compartir información socialmente relevante.

    Los hombres, más presentes en las inteligencias “extremas”

    Finalmente, un aspecto intrigante es el rango de variación en las capacidades cognitivas de las poblaciones femenina y masculina. Diversos estudios indican que los varones se encuentran mucho más representados en la cola inferior de la distribución de inteligencia, mostrando mayor frecuencia de discapacidad mental, desórdenes de atención, dislexia, tartamudeo o retrasos en la adquisición del lenguaje. Pero, igualmente, abundan algo más en la cola superior, lo que supone una probabilidad algo mayor de encontrar genios masculinos.

    La diferencia entre XX y XY

    ¿A qué se deben estas desigualdades entre mujeres y hombres? Cabe plantearse si se trata de diferencias culturales, producto de una educación diferenciada según los sexos, o habría que contemplar una razón genética, como parece indicar el hallazgo de mayor variabilidad en las estructuras cerebrales de los varones. En tal caso, se podría relacionar con los cromosomas y las hormonas sexuales, que influyen en el aprendizaje. Incluso con la orientación sexual, aunque esto último no está claro.

    Todos portamos en cada una de nuestras células somáticas una pareja de cromosomas sexuales, distintos en los hombres (XY) e iguales en las mujeres (XX). El cromosoma masculino (Y) es muy pequeño y porta el gen SRY, responsable de la diferenciación de este sexo. Para los restantes cromosomas disponemos también de una pareja, pues cada progenitor nos lega uno, y en nuestras células se desactiva al azar la expresión de uno de ellos.

    Esto significa que la mitad de las células de una mujer expresan los genes del cromosoma X paterno y la otra mitad los del materno. Pero el varón tiene solo un cromosoma X, heredado de su madre, por lo que siempre se expresa. El cromosoma X, al igual que los restantes, aloja genes relacionados con las capacidades cognitivas.

    La mayoría de las mutaciones en nuestros genes son recesivas y las silencia la copia no mutada del gen que porta el otro cromosoma. Esto afecta también a la pareja de cromosomas X de las mujeres y una parte importante de la variación en sus genes quedaría oculta al ser heterocigóticas. Si la hipótesis es correcta, la condición de hemicigosis de los varones haría aflorar más en ellos la variabilidad de tales genes. Ello explicaría el mayor rango de capacidades cognitivas en los hombres, un 20% más de variación. Especialmente para los valores más bajos (la mayoría de las mutaciones son perjudiciales), pero también para los más elevados.The Conversation

    Paul Palmqvist Barrena, Catedrático de Paleontología, Universidad de Málaga

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.