Etiqueta: música

  • ¿Qué hace exactamente un director de orquesta?

    En los últimos tiempos están proliferando las películas sobre la figura de los directores de orquesta. A principios de este año pudimos ver Tar, basada en la figura de Marin Alsop, y próximamente se estrenarán Divertimento –sobre la creación de la orquesta del mismo nombre por su directora, Zahia Ziouani– y Maestro, biopic del carismático Leonard Bernstein.

    Un hombre delante de un atril con batuta salta enérgicamente.
    Retrato de Leonard Bernstein, Carnegie Hall, Nueva York, entre 1946 y 1948.
    Library of Congress/Wikimedia Commons

    En ellas se advierte el halo de misterio que acompaña a esta figura, que ya en 1836 Schumann denominó “un mal necesario”. Porque ¿qué hace realmente un director de orquesta?

    A simple vista, el personaje sube a un podio y gesticula de forma más o menos histriónica ante un grupo de músicos que conocen a la perfección las partituras que deben interpretar. Paradójicamente, además, es el único miembro que carece de instrumento, y no emite sonido alguno por sí mismo en toda la ejecución. Sin embargo es quien recibe la mayor parte de la ovación del público. ¿Cuál es la aportación de un director a la calidad del resultado sonoro de una orquesta?

    Nos centraremos en dos funciones básicas: el liderazgo técnico y el expresivo.

    Marcar el ritmo

    Si nos fijamos bien en la gestualidad del director durante un concierto notaremos ya una de estas funciones, que es marcar el ritmo de la obra.

    Las referencias más tempranas de esta necesidad en la cultura occidental se encuentran en tratados de música del siglo XVI, donde se recomienda que cantantes e instrumentistas se guíen golpeando con la mano o el pie. Ahora bien, las primeras formaciones orquestales de carácter sinfónico durante el siglo XVIII –la época del denominado clasicismo musical representada por compositores como Haydn o Mozart– aún poseían tres características que hacían innecesaria la existencia de una figura de dirección.

    En primer lugar, el número de músicos era pequeño, lo que facilitaba su coordinación. Además, el ritmo se mantenía muy estable a lo largo de las piezas, de manera que resultaba sencillo mantenerlo sin una guía externa. Por último, los músicos tocaban de manera prácticamente continua de principio a fin. Por ello, solía ser el propio compositor (a menudo tocando el clavecín o el violín) quien proporcionaba las indicaciones básicas de entrada y finalización a la orquesta.

    Dibujo del interior de una iglesia en donde una orquesta toca a las órdenes de un director mientras el público atiende.
    Misa en conmemoración de Santa Cecilia en la iglesia de Saint-Eustache de París dirigida por Charles Lamoureux (1834-1899).
    Bibliothèque nationale de France

    El primer tercio del siglo XIX, marcado en la cultura occidental por la figura de Beethoven (1770-1827), puso de manifiesto la necesidad de una dirección orquestal. Su obra supuso un salto cualitativo en cuanto a la complejidad de las composiciones. El tamaño de las orquestas se incrementó notablemente, y los instrumentos comenzaron a alternarse en orquestaciones sofisticadas.

    Todo esto generó la necesidad de organizar ensayos formales previos a las representaciones, liderados a menudo por el propio compositor. Si pensamos que una orquesta sinfónica cuenta con un mínimo de ochenta miembros es fácil comprender que se necesita una figura que imponga un criterio único en lo que respecta a sincronizar tanto las entradas de los músicos como el ritmo y el tempo general de las obras. Mientras que los músicos cuentan solamente con sus partes respectivas (partituras que incluyen solamente los compases que deben interpretar), el director es el único que dispone de la partitura completa, el único que tiene la visión de conjunto de la obra.

    Voz única

    La posibilidad de representar la obra de un compositor sin su presencia, que se materializó al consolidarse un mercado internacional de editores musicales, nos conduce a la segunda función básica de un director, la expresiva.

    A pesar del desarrollo que fue experimentando paulatinamente la notación musical para que un autor pudiera transmitir instrucciones sobre el carácter que quería imprimir a los diferentes pasajes de sus piezas, lo cierto es que dicha notación no alcanza en absoluto a precisar la intención que se persigue con la obra. Y es en esta limitación donde reside la infinita gama de interpretaciones de una misma pieza, y donde la dirección de orquesta cobra toda su relevancia.

    Algunos ejemplos ilustran este punto. Gustav Mahler, uno de los compositores más prolijos en anotaciones en las partituras por ser también director de orquesta, señala en un pasaje de su Segunda Sinfonía que “los trombones, violines y violas deben tocar sólo si es necesario para evitar que el coro se desinfle”, dejando así a criterio del director la decisión final. Otras indicaciones tales como “con máximo poder” o “imperceptible, un poco más agitado” dan una idea de las múltiples lecturas que pueden realizarse sobre el carácter de una obra.

    Desde este margen de libertad interpretativa de la partitura, el director elabora su propio modelo mental de cómo debe ser ejecutada una determinada pieza, generándose así versiones personales que pueden llegar a ser muy distintas. Podemos comprobar fácilmente estas diferencias escuchando los primeros compases de la Obertura Coriolano de Beethoven en las versiones de Karajan, Fürtwangler o Savall.

    La Obertura Coriolano dirigida por Karajan con la Berliner Philharmoniker en enero de 1975.

    Líder de grupo

    El siguiente paso para el director consiste en persuadir a un colectivo de decenas o cientos de músicos de que coordinen sus respectivas ejecuciones con esa misma intención expresiva.

    Esta labor requiere de un notable liderazgo, entendido como la capacidad de motivar al colectivo a seguir sus indicaciones interpretativas, incluyendo no solo el tempo sino también la intensidad relativa de cada solista o grupo instrumental, los fraseos o los múltiples matices que terminan dotando de un determinado color a la música.

    Dicho liderazgo se ha ejercido hasta hace poco tiempo, como en tantos otros campos de actividad, a través del poder jerárquico y las actitudes autoritarias. Así, son múltiples las anécdotas de directores como el irascible Toscanini que insultaba frecuentemente a la orquesta, el divo von Karajan que dirigía con los ojos cerrados y apenas hablaba con los músicos o el elegante Claudio Abbado, suave y educado en sus formas pero conocido por susurrar al director artístico al finalizar los ensayos los nombres de los músicos a los que quería fuera de sus conciertos.

    Hoy día los músicos cuentan con más voz en las instituciones, existe una mayor diversidad de todo tipo en las orquestas y ello exige un liderazgo más cercano, abierto y persuasivo.

    El venezolano Gustavo Dudamel, que dirigirá próximamente la Filarmónica de Nueva York, Kirill Petrenko, al frente de la Filarmónica de Berlín, o el jovencísimo Klaus Makkela, recientemente nombrado director titular de la Royal Concertgebouw holandesa, son magníficos ejemplos de directores de orquesta que aportan valor, dejan huella y son capaces de crear un entorno en el que los músicos de la orquesta se sienten estimulados, crecen artísticamente y están motivados para llevar las obras de música a sus estándares más altos.The Conversation

    Cristina Simón, Master en Musicología por la Universidad de La Rioja y Profesora de Comportamiento Organizacional en IE University, IE University

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • Inteligencia Artificial de Google genera música sorprendente

    Google ha desarrollado un nuevo y sorprendente sistema de inteligencia artificial (IA) llamado MusicLM, que puede generar música en cualquier género con una descripción de texto. Sin embargo, debido a los riesgos asociados a la tecnología con el copyright, la compañía no tiene planes de lanzarlo de inmediato.

    MusicLM no es el primer sistema de inteligencia artificial generativa para canciones. Anteriormente se han intentado desarrollos como Riffusion, que compone música visualizándola, Dance Diffusion, AudioML de Google y Jukebox de OpenAI. Sin embargo, estos sistemas han fallado en producir canciones complejas en términos de composición o calidad de sonido debido a limitaciones técnicas y una falta de datos de entrenamiento.

    MusicLM es el primer sistema que parece superar estas barreras. Según un artículo académico, MusicLM fue entrenado en un conjunto de datos de 280,000 horas de música, aprendiendo a generar canciones coherentes a partir de descripciones de texto, con un nivel de complejidad significativa. Por ejemplo, se le puede proporcionar una descripción como «canción de jazz encantadora con un solo de saxofón memorable y un cantante solista» o «techno de los años 90 de Berlín «. Las canciones generadas suenan sorprendentemente como si hubieran sido compuestas por un artista humano, aunque pueden no ser tan inventivas o cohesivas musicalmente.

    Es importante destacar la calidad del sonido de las canciones generadas por MusicLM, ya que no hay músicos o instrumentistas en el proceso. Incluso cuando se le proporciona descripciones de texto más largas y detalladas, MusicLM logra capturar matices como riffs instrumentales, melodías y estados de ánimo.

    Las capacidades de MusicLM van más allá de la generación de clips cortos de música. Los investigadores de Google han demostrado que el sistema puede basarse en melodías existentes, ya sea que se cante, silbe o toque con un instrumento. Además, MusicLM puede tomar varias descripciones escritas en secuencia (por ejemplo, «hora de meditar», «hora de despertar», «hora de correr», «hora de dar el 100%») y crear una especie de narrativa melódica, perfectamente adecuada para la banda sonora de una película.

    Los investigadores de Google reconocen los desafíos éticos que plantea el uso de material protegido por derechos de autor en la música generada. Hay problemas legales importantes por resolver en cuanto a la apropiación indebida de contenido creativo.  En 2020, el sello discográfico de Jay-Z presentó acciones contra los derechos de autor contra un canal de YouTube, Vocal Synthesis, por usar IA para crear versiones de Jay-Z de canciones como ‘We Didn’t Start the Fire’ de Billy Joel. Después de eliminar inicialmente los videos, YouTube los restableció y descubrió que las solicitudes de eliminación estaban ‘incompletas’. Pero el tema todavía se encuentra en un terreno legal difuso. Eric Sunray, pasante legal de la Asociación de Editores de Música, argumenta que los generadores de música de IA como MusicLM violan los derechos de autor.

    Es probable que en poco tiempo se tenga claridad sobre el asunto relacionado con la IA que genera música. Varios juicios podrían estar relacionados con los derechos de los artistas cuya obra se utiliza para entrenar IA con o sin su autorización. Pero por ahora, es un tema en desarrollo y por lo visto incluso con CHAT GTP3, ni el cielo parece ser el límite.