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  • Jean Piaget y las fases del desarrollo cognitivo infantil

    ¿Qué tienen en común la observación de moluscos y una teoría revolucionaria sobre la mente infantil? La vida y obra de Jean Piaget ofrecen una respuesta fascinante a esta pregunta. Desde su formación como biólogo hasta convertirse en uno de los psicólogos más influyentes del siglo XX, Piaget transformó nuestra comprensión de cómo los niños piensan y aprenden.

    Su Psicología del niño, escrito con su colaboradora Bärbel Inhelder, sigue siendo un pilar importante en la educación moderna y en la psicología del desarrollo. En este artículo, comprenderemos cómo un biólogo suizo llegó a cambiar el panorama educativo para siempre.

    Un investigador precoz

    Jean Piaget nació el 9 de agosto de 1896 en Neuchâtel, Suiza. A los 11 años, Piaget ya había publicado su primer artículo científico sobre un gorrión albino que observó en un parque cercano. La historia es más que una anécdota curiosa; refleja el temprano interés de Piaget por la observación detallada de la naturaleza, algo que marcaría su enfoque en la investigación a lo largo de su vida. En la adolescencia, continuó publicando trabajos sobre moluscos, lo que le llevó a obtener un doctorado en Ciencias Naturales a la edad de 21 años.

    Sin embargo, a medida que profundizaba en la biología, Piaget comenzó a interesarse por preguntas más amplias sobre el conocimiento y la mente humana. Este interés le llevó a cambiar de rumbo, orientándose hacia la psicología y la epistemología, disciplinas en las que se convertiría en una de las figuras más influyentes.

    De la biología a la psicología infantil

    En París, Jean Piaget trabajó con Théodore Simon, colaborador de Alfred Binet, el creador de las pruebas de inteligencia. Durante este tiempo, Piaget realizó un importante descubrimiento: las respuestas incorrectas de los niños en las pruebas de inteligencia eran más reveladoras que las correctas. A partir de estos errores, Piaget comenzó a formular la idea de que los niños no piensan de la misma manera que los adultos, sino que pasan por una serie de etapas cualitativamente distintas a lo largo de su desarrollo.

    Para Piaget el niño no es simplemente un adulto en miniatura: piensa de una manera completamente distinta. Su convicción le llevó a abrir la puerta a la creación de su influyente teoría del desarrollo cognitivo.

    Las cuatro etapas del desarrollo cognitivo

    Piaget describió el desarrollo cognitivo de los niños a través de cuatro etapas principales:

    • Etapa sensoriomotora (0-2 años): Los niños experimentan el mundo principalmente a través de sus sentidos y acciones físicas. En esta fase desarrollan la “permanencia del objeto”, es decir, la comprensión de que los objetos siguen existiendo aunque no se vean.
    • Etapa preoperacional (2-7 años): Durante esta etapa, los niños comienzan a utilizar el lenguaje y los símbolos, pero su pensamiento sigue siendo egocéntrico. Un ejemplo curioso que ilustra este egocentrismo es la famosa anécdota en la que Piaget observó a su hija pequeña hablando por teléfono y asumiendo que su interlocutor podía ver lo que ella veía, mostrando cómo el niño en esta fase aún no comprende completamente las perspectivas ajenas.
    • Etapa de las operaciones concretas (7-11 años): Los niños comienzan a pensar de manera lógica sobre situaciones concretas. Aquí, Piaget realizó unos de sus experimentos más conocidos, donde los niños tenían que juzgar si la cantidad de líquido que contenían dos vasos de formas diferentes era la misma. Descubrió que, en esta etapa, los niños entienden que, aunque la forma cambie, la cantidad de líquido sigue siendo la misma.
    • Etapa de las operaciones formales (12 años en adelante): En esta última etapa, los adolescentes desarrollan la capacidad de pensar de manera abstracta y lógica, un paso fundamental para el razonamiento científico y matemático.

    El método clínico y la observación directa

    Una de las grandes innnovaciones de Jean Piaget fue su uso del método clínico, que consistía en observar y cuestionar a los niños de manera abierta, sin imponerles respuestas o direcciones. Este enfoque le permitió descubrir cómo los niños construyen activamente su conocimiento a través de la interacción con el mundo que les rodea.

    Para Piaget, el conocimiento no es simplemente una acumulación pasiva de hechos, sino que es el resultado de la interacción constante entre el niño y su entorno. Esta construcción del conocimiento tiene lugar a través de dos procesos clave: la asimilación, a través de la que el niño incorpora nueva información a sus esquemas existentes, y la acomodación, que le permite ajustar estos esquemas para adaptarse a nuevas experiencias.

    Impacto en la educación

    El trabajo de Piaget ha tenido un impacto profundo en la Pedagogía. Sus teorías sugieren que el aprendizaje no es lineal ni homogéneo para todos los niños, sino que debe adaptarse a las etapas del desarrollo cognitivo de cada uno. Piaget defendía que la enseñanza debería centrarse en proporcionar experiencias ricas y variadas que permitieran a los estudiantes explorar y descubrir por sí mismos.

    Para Piaget, los educadores tienen un papel esencial como guías que ayudan a los niños a construir su propio conocimiento. Destacó la importancia de la libertad en el aprendizaje. Y consideraba que el principal objetivo de la educación es formar personas que sean capaces de hacer cosas nuevas, no simplemente repetir lo que otras generaciones han hecho.

    En otras palabras, el aprendizaje debe ser un proceso activo que fomente la creatividad y el pensamiento crítico, en lugar de una mera memorización de hechos. Como él mismo resumió: “Todo lo que se le enseña a un niño, se le impide inventarlo o descubrirlo”.

    Legado y relevancia actual

    Aunque algunas partes de su teoría han sido revisadas con los avances en la neurociencia y la psicología moderna, el legado de Piaget se mantiene pertinente. Sus ideas sobre el desarrollo infantil y la importancia de adaptar la enseñanza a las necesidades cognitivas del niño continúan influyendo en las prácticas pedagógicas en todo el mundo.

    Su enfoque desde la experimentación y la observación detallada le permitió observar de cerca cómo los niños construyen activamente su conocimiento. Demostró que, al igual que en el caso de los moluscos que estudió en sus primeras observaciones biológicas, el desarrollo intelectual de los niños es un proceso orgánico y progresivo. Cada etapa es un paso en la construcción de un conocimiento más profundo y más complejo, un proceso que define quiénes somos y cómo entendemos el mundo que nos rodea.The Conversation

    Fernando Díez Ruiz, Associate professor, Faculty of Education and Sport, Universidad de Deusto

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • ¿Cómo afectan la tecnología digital y las redes sociales al cerebro de niños y adolescentes?

    La digitalización es algo imparable, como también lo es el uso de redes sociales. Según una encuesta realizada por la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) a mediados de 2023, los adolescentes y los jóvenes pasan en promedio entre 3 y 4 horas diarias pendientes de las redes sociales. La duda es ¿qué efecto produce en su cerebro y, por extensión, en su vida mental y social? Actualmente se dispone de una gran cantidad de datos, procedentes de diversos estudios científicos, que permiten ver el alcance que tiene utilizar tecnología digital y redes sociales en exceso. Pero no resulta sencillo sacar conclusiones.

    Se dice que el abuso de tecnología digital en general, y de las redes sociales en particular, durante la preadolescencia y la adolescencia está detrás de la epidemia de salud mental que afecta a los más jóvenes. Sin embargo, los datos que se han obtenido hasta la fecha resultan, en algunas ocasiones, contradictorios.

    Las redes sociales cambian el cerebro… ¿a peor?

    Uno de los trabajos científicos más completos llevados a cabo es una metaanálisis que se publicó a finales de 2023 en la revista Early Education and Development. Los autores concluyen que el uso de tecnología digital durante la infancia y la adolescencia produce cambios en la conectividad de diversas áreas del cerebro.

    Ahora bien, que haya cambios no indica, de entrada, si son perjudiciales o beneficiosos. El cerebro es un órgano plástico y maleable, que va haciendo y rehaciendo sus conexiones neuronales, las sinapsis, en base no sólo a programas genéticos internos sino también, de forma muy especial, en interacción con el exterior, a partir de las experiencias que la persona tiene y los aprendizajes que va realizando. Y también en función de los estados emocionales con los que vive estas experiencias o realiza los aprendizajes.

    Se trata de un sistema fantástico que se asegura de que, por aprendizaje, conseguimos adaptarnos a casi cualquier situación. Ahora bien, estas mismas sinapsis también contribuyen a regular el comportamiento de la persona. Y eso incluye cómo se percibe a sí misma, cómo percibe el entorno y cómo se relaciona en su entorno social.

    Cuando las redes sociales son el eje de las experiencias diarias

    El hecho de que el uso de tecnología digital durante la infancia y la adolescencia modifique las conexiones neuronales no es, de entrada, una mala noticia. El cerebro se adapta al entorno que encuentra, también al digital y al de las redes sociales, y aprende a gestionarlo. Y eso es positivo.

    Pero ¿qué ocurre cuando el uso de tecnología digital en general y de las redes sociales en particular se convierte, durante la infancia y la adolescencia, en el eje central de las experiencias diarias, de los contactos sociales y de los aprendizajes? Se ha demostrado que en ese caso se altera la conectividad en diversas áreas del cerebro, entre las que destacan la corteza prefrontal, la amígdala y el estriado.

    La corteza prefrontal se ocupa de gestionar los comportamientos más complejos, las llamadas funciones ejecutivas. Incluyen la capacidad de reflexionar y de razonar, de planificar, de tomar decisiones basadas en razonamientos previos y de racionalizar y gestionar los estados emocionales, para evitar en lo posible las respuestas meramente impulsivas.

    En cuanto a la amígdala cerebral, se encarga de generar los estados emocionales, especialmente pero no únicamente los vinculados a sensaciones de estrés y amenaza.

    Finalmente, el cuerpo estriado gestiona las sensaciones de recompensa por las actividades que hacemos o los pensamientos que tenemos, y también permite que anticipemos las recompensas futuras tomando de base las experiencias pasadas.

    Más impulsivos pero también más escépticos

    Todo ello propicia que el abuso de tecnología digital durante la infancia y la adolescencia se relacione directamente con retrasos en el desarrollo psicomotriz y con un incremento de la impulsividad, lo que incluye una disminución en lo relativo a la frustración y de la resiliencia. Abusar de la tecnología digital hace que los niños y los adolescentes se pierdan muchas experiencias vitales presenciales que son cruciales para un buen desarrollo físico y mental, entre ellas el juego con otros niños y adolescentes y la socialización vivencial, también con la familia.

    En este sentido, se ha visto que el abuso de redes sociales (y no hacer un uso racional de ellas) cambia la manera de pensar y expresarnos. Además, nos hace comportarnos de forma más impulsiva y se incrementa la confianza hacia personas desconocidas. Paradójicamente, también nos vuelve más escépticos en cuanto a las noticias que recibimos.

    También se ha visto que los adolescentes que miran muy a menudo las redes sociales para estar pendientes de lo que se dice muestran una trayectoria de neurodesarrollo diferente en algunas regiones del cerebro, que comprenden las redes emocionales, motivacionales y de control cognitivo en respuesta a la anticipación de recompensas sociales. Esto sugiere que la verificación habitual de las redes sociales en la adolescencia puede estar asociada con cambios en la sensibilidad neural a la anticipación de recompensas, lo que podría tener implicaciones psicológicas.

    Faltan certezas absolutas

    Decimos “podría”. Y este es el quid de la cuestión: la falta de certezas absolutas nos obliga a usar siempre el condicional.

    ¿Ciertamente el abuso de las redes sociales está recableando de forma extensa el cerebro, y estos cambios son la causa de la epidemia de salud mental que afecta especialmente, pero no únicamente, a adolescentes y jóvenes? No cabe duda de que contribuye, pero hay muchos otros aspectos implicados, como por ejemplo el incremento constante de estrés social y también de sensación de soledad, que al mismo tiempo se combina a menudo con sobreprotección.

    En cualquier caso, tanto los responsables políticos como los educativos, y toda la sociedad en general, deberíamos estar muy pendientes de la salud mental de todos, generando políticas y espacios de convivencia donde los contactos presenciales y la sensación de acompañamiento no sobreprotector fuesen los auténticos protagonistas de la vida de niños, adolescentes y jóvenes.The Conversation

    David Bueno i Torrens, Profesor e investigador de la Sección de Genética Biomédica, Evolutiva y del Desarrollo. Director de la Cátedra de Neuroeducación UB-EDU1st, Universitat de Barcelona

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • Razones para retrasar el uso del móvil: la ruptura del proceso de socialización

    En anteriores entregas, analizamos por qué conviene retrasar el uso de los móviles y tabletas en menores para evitar que pierdan su capacidad de atención y que queden atrapados en mecanismos que están diseñados para generar adicción. Completamos esta trilogía con un elemento perturbador: el impacto de las nuevas tecnologías utilizadas por los menores en su proceso de socialización, es decir, en el proceso por el que van adquiriendo conocimientos, competencias, destrezas y habilidades para desenvolverse en el mundo adulto.

    La socialización: un camino largo

    El camino a la socialización empieza desde la cuna. Los niños van aprendiendo los usos y costumbres del entorno en el que viven, descubren cómo manejar objetos, mantienen conversaciones, resuelven problemas y solucionan conflictos.

    La mayor parte de este aprendizaje procede de los dos agentes fundamentales que participan en su desarrollo: la familia y la escuela. Pero no son las únicas fuentes de conocimiento a las que se enfrentan los niños y adolescentes.

    También tienen la realidad en la que conviven y el contenido que les ofrecen los medios de comunicación. Ese contenido, inabarcable, diverso, sin filtrar, lo tienen a su alcance en cualquier momento, en cualquier lugar, encerrado en un dispositivo que cabe en la palma de su mano. Son las consecuencias del llamado entorno multipantalla que se ha consolidado en prácticamente todos los hogares: por cada miembro de la familia, un móvil.

    Aprendizajes controlados

    ¿Por qué es tan importante tener en cuenta el riesgo que entraña esta ventana al mundo que supone la tecnología? En el proceso de crecimiento de los menores que los lleva desde la infancia hasta la vida adulta, unos aprendizajes se producen por ensayo y error, otros por imitación de lo que ven en su entorno, y algunos por las indicaciones dadas por sus adultos de referencia en el hogar o en el centro educativo.

    Los menores se mueven en entornos normalmente protegidos y vigilados por adultos que procuran su bien. Funcionan como una suerte de burbuja en la que no aparecen muchos de los problemas que jalonan la vida de los adultos. Eso que en los hogares se llamaba “cosas de mayores”.

    Una entrada paulatina en el mundo adulto

    Esta burbuja protectora no era totalmente estanca antes de la llegada de los móviles. En el mundo analógico, los medios de comunicación, a través de la información y el entretenimiento, funcionaban como válvulas que permitían una entrada controlada de contenidos que, si bien no estaban preparados para los niños, suponían una buena ocasión para que los adultos ayudaran a trasladar el mensaje de qué es lo correcto y lo incorrecto.

    Así funcionaba el tradicional proceso de socialización mediática en un mundo con muy pocas pantallas, previo a la explosión tecnológica. Los niños y adolescentes iban comprendiendo, junto a sus padres, a través de las historias que les llegaban por la televisión y el cine, cómo afrontar diversas situaciones del mundo adulto y cómo desarrollar su pensamiento crítico para estar preparados para la toma de decisiones en situaciones complejas.

    Era un proceso paulatino (la entrada de información del exterior no era masiva), controlado (los adultos decidían cuándo se usaba la pantalla y para qué) e interpretado correctamente (padres y profesores pueden indicar qué está bien y qué está mal de eso que aparece en pantalla).

    Sin burbuja protectora

    Con los teléfonos móviles, la burbuja protectora ha saltado por los aires. El proceso de socialización mediática se ha desvirtuado por el inmenso volumen de contenido no descodificado. Niños y adolescentes se enfrentan solos a un torrente de información, sin un adulto que les ayude a comprenderla, puesto que no están a su lado cuando les están llegando los numerosos mensajes que no son capaces de interpretar.

    La consecuencia es que los menores, incapaces de determinar una escala de valores clara, dudan constantemente de qué es lo correcto y lo incorrecto, y sustituyen el necesario pensamiento crítico por un peligroso relativismo que tiende a validar la opción más viralizada, la que acumula más “me gusta”, aunque no sea la más justa ni la moralmente adecuada.

    Encerrados en su habitación, consumiendo horas y horas de contenido audiovisual sin filtrar, sin contacto con los adultos de referencia que les pueden ayudar a entender lo que están viendo, las redes los bombardean con mensajes audiovisuales sin filtrar. Puede que no sean malos, puede que simplemente no tengan el tono adecuado, quizá abusan del humor y la ironía y no son fáciles de entender. Puede que sean realmente perniciosos, pero ellos no lo saben o, si lo saben, desconocen la trascendencia.

    Sin adultos al lado para interpretarlos, el proceso de socialización mediática se produce incorrectamente. Por eso es tan importante educar en el criterio, para que sepan elegir qué ver y qué no ver, y tengan la confianza de preguntar.

    ¿A qué edad hay que dar un móvil?

    Si sumamos algunos de los riesgos más peligrosos para los menores, como la salud mental, el peligro de adicción, el problema del déficit de atención y la pérdida del proceso de socialización mediática, es evidente el beneficio de retrasar el momento en que les entregamos un teléfono inteligente.

    En el seno de cada familia tendrán que plantearse cómo es cada niño, si tiene tendencia a “engancharse” fácilmente a las pantallas, si tiene suficiente sentido crítico, si su voluntad es fuerte y organiza bien su tiempo, si tiene habitualmente a adultos alrededor que le van a ayudar a interpretar el mundo, si mantiene una relación fluida con ellos para preguntar aquello que no ha comprendido, y, sobre todo, si el beneficio que aporta tener el móvil será significativo para el menor.

    Pero esto es un debate que daría para otro artículo.The Conversation

    María Solano Altaba, Profesora de la Facultad de Humanidades y CC. Comunicación Universidad CEU San Pablo, Universidad CEU San Pablo y Ignacio Blanco-Alfonso, Catedrático de Periodismo de la Universidad CEU San Pablo (Madrid, España), Universidad CEU San Pablo

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • CEO de Google descubre que su hijo de 11 años minaba Ethereum en un ordenador de la casa

    Parece que el hijo de 11 años del CEO de Google, Sundar Pichai, tiene el talento para los negocios de su padre. Y es que el jueves, en la conferencia DealBook del New York Times, Pichai dijo que su hijo estaba usando la computadora de la familia para minar el ETH.

    La semana pasada estaba cenando con mi hijo, y estaba hablando de algo acerca de Bitcoin, y mi hijo aclaró que estaba hablando de Ethereum, que es un poco diferente“, dijo Pichai. “Tiene 11 años. Y me dijo que lo está minando“.

    A Pichai le habían preguntado qué pensaba sobre el tiempo que pasan en la pantalla sus hijos.

    Un artículo reciente del New York Times describió a los padres que viven en Silicon Valley y que trabajan en tecnología diciendo que a menudo estaban más preocupados por el exceso de tiempo en pantalla y la adicción a la tecnología entre los niños. ‘Soy como cualquier otro padre, supongo’, dijo Pichai. ‘Pruebo muchos aparatos en casa, así que tengo vulnerabilidades en cuanto a cómo mis hijos tienen acceso a esas cosas’.

    Luego se le preguntó al CEO de Google si tenía un servidor en su casa para ayudar en los esfuerzos de minería de su hijo, a lo que dijo que su familia tenía solo una computadora simple, una que Pichai construyó.

    Algo curioso es que Pichai comentó que si bien su hijo entiende muy bien cómo se maneja en entorno de las criptomonedas, al parecer tiene problemas para figurarse el funcionamiento de las monedas fiat. “Me di cuenta de que entendía a Ethereum mejor que cómo funciona el papel moneda“, dijo Pichai. “Tenía que hablar con él sobre el sistema bancario, su importancia. Fue una buena conversación” agregó.

    Hay que destacar que el hijo de Pichai no es el único hijo de un ejecutivo de Google que se dedica a las criptomonedas.

    El co-fundador de la compañía, Sergey Brin, admitió a principios de año que él también estaba minando Ethereum con su hijo en casa.

    Brin reveló: “Hace un año o dos, mi hijo insistió en que necesitábamos una PC para juegos … Le dije: ‘Bien, si tenemos una PC para juegos, tenemos que minar la criptomoneda’. Así que creamos un minero Ethereum allí y hemos ganado unos pocos centavos, unos pocos dólares desde entonces “.

    ¿Será esta la tendencia de las nuevas generaciones?