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  • Contra la Pandemia Económica, emprender en tiempos de crisis

    Como en toda batalla, hay vencedores y vencidos, y en la que nos encontramos hoy en día contra el COVID-19 seguro que saldremos victoriosos.

    Pero también existen efectos colaterales negativos, que en este caso están generando serias amenazas fundamentadas en las medidas que están implementando los gobiernos y la sociedad en general, que afectan a nivel económico a los países y por ende para sus habitantes y empresas, conllevando a diferentes niveles de crisis según el estado de debilidad en que nos encontremos.

    Para contrarrestar estos efectos negativos, los gobiernos y la sociedad deberán promover e implementar medidas que generen oportunidades dirigidas a los emprendedores (empresas e individuos) para que puedan plantear e implementar estrategias, tácticas y acciones fundadas en sus fortalezas para sobrellevar y salir de un potencial estado de crisis pos COVID-19.

    Visto desde el punto de vista de un FODA (herramienta esencial para la planificación) las Oportunidades  y las Amenazas forman parte de los Factores Externos en donde las compañías e individuos no tienen injerencia, más que aceptarlos y ver cómo pueden reaccionar, considerando sus Fortalezas y Debilidades que forman parte de los Factores Internos que son propios y particulares de cada uno de ellos y que dependen directamente de sus decisiones.

    Dicho esto, voy a plantear un cuadro de situación hipotético con algunos de factores reales que ya se están evidenciando (en azul) y otros ideales (en rojo) que deberían adoptarse para facilitar la solución de la crisis pos COVID-19.

    Planteamiento FODA

    Hasta hoy, este cuadro reafirma, con los factores que se vienen manifestando (en azul), el modelo negativo de punto de equilibrio, que presenté en mi artículo anterior (Camino a una Pandemia Económica).

    Pero no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo aguante.

    Si se dieran los factores ideales (en rojo) y fuéramos lo suficientemente audaces y honestos para jugar conjugando las Fortalezas, Oportunidades, Debilidades y Amenazas, podríamos transformar fácilmente ese modelo negativo en uno positivo.

    Modelo de Punto de Equilibrio

    Todo esto se trata de, utilizando las enseñanzas de Sun Tzu, mitigar las amenazas, minimizando las debilidades, aprovechando las oportunidades para maximizar las fortalezas, tomando decisiones combinadas de ataque y/o repliegue acertadas, para salir victoriosos de la eventual batalla contra la “Pandemia Económica”.

    El dato esperanzador es que las mayores empresas globales nacieron en plenas crisis. A finales del siglo XIX el mundo estaba cambiando aceleradamente y en 1890, en absoluta incertidumbre, nació General Electric, la General Motors en 1908 o IBM en 1911, y sobrevivieron a dos enormes crisis mundiales: la primera guerra mundial y la gran depresión de 1929.

    La posguerra dio paso a un tenso período de entreguerras, en cuyo marco nacieron Hewlett-Packard en 1939, y McDonald’s. Tras la Segunda Guerra Mundial el mundo se partió en dos bloques, generando la mayor crisis global denominada guerra fría, e igual nació  en 1953 Burger King; en 1962, entre la crisis de los misiles y una carrera espacial sin precedentes,  nació Walmart. Luego llegó la guerra de los seis días, que disparó los precios del petróleo en 1967, o a la década de los 70, con la primera crisis del petróleo, o a la de los 80, con la segunda crisis del petróleo. Y nacieron Starbucks en 1970, Microsoft en 1975, Apple en 1976, la CNN en 1980,  la MTV en 1981, Adobe en 1982.

    Ni las guerras del Golfo ni una creciente escasez de capital en todo el mundo impidieron el nacimiento en 1995 de gigantes hoy día como Yahoo!, Amazon, MSN o eBay. En 1997, con la crisis financiera asiática golpeando al mundo, nació Google. Con el ataque terrorista a las Torres Gemelas  el mundo parecía derrumbarse también. Pero ni la crisis posterior ni el miedo tecnológico infundado por el “efecto 2000” evitaron que en 2001 naciera Wikipedia,  Sony-Ericsson o el iPod.

    Tampoco la guerra de Irak, ni la gripe aviar (algo similar al Coronavirus actual) o los ataques terroristas en Reino Unido y España, impidieron que en el  2003 nacieran LinkedIn y WordPress, un año después Facebook y, en 2005, YouTube. Twitter en 2006, el  iPhoney Zynga, ambos en 2007, a pesar de muchas advertencias de académicos sobre la crisis en ciernes que se avecinaba (incluso Nassim Taleb prendía las alertas con su Cisne Negro). Luego llegaron, con la crisis financiera en auge, Spotify o Grupon en el 2008. En 2009, Forsquare y en 2010, el iPad.

    Va a ser duro el camino a recorrer, pero la historia nos demuestra que innumerables compañías como las citadas, surgieron de las cenizas en tiempos de crisis, pero atención, así también hay innumerables ejemplos de compañías que han desaparecido en tiempos de bonanzas (el caso más reciente de Forever 21). Todo depende de crear un entorno próspero y de nuestras propias decisiones.

    Para ello es indispensable poner en práctica el sentido común (que a veces es el menos común de los sentidos) estudiando y aprendiendo de las experiencias pasadas y reconociendo la realidad del presente para poder proyectarse hacia el futuro.

  • Estrategia de Salida

    La pandemia nos ha agarrado desprevenidos y ahora no nos queda otra que emprender el camino hacia la cuarentena absoluta. Por 15 días, prorrogables. O sea, sin plan B si el plan A, la cuarentena, no funciona. Porque la cuarentena tiene sus problemas, por ejemplo en Italia, parece que esta semana, la infección debe llegar a su pico, pero luego viene la recaída si no se suspenden todas las medidas.

    China pudo imponer una cuarentena estricta por dos meses porque fue sólo una región de China. El resto de China tomo medidas más leves y subsidió a la economía de Wuhan y Hubei. Eso no va a pasar con Panamá, nadie nos va a subsidiar. Por lo tanto, una vez frenemos la velocidad de expansión de la pandemia, toca encontrar alguna estrategia de salida, aún sin haber terminado los contagios y sin haber terminado la epidemia, o sea, poner a andar la economía con la epidemia aún sin haber sido extinguida. Una estrategia de salida.

    No somos un país confuciano, con gente inteligente, dispuesta a cumplir su misión. Una población homogénea trabajando con un equipo, el juega vivo, el que poco me importa, ahora nos pasarán la factura. Sin embargo hay maneras de mantener la economía andando en medio de una pandemia, y es el camino tomado por los vecinos de China, Corea del Sur, Taiwán, Singapur, Hong Kong, Japón. Sí, no somos asiáticos confucianos, pero tenemos que aprender o morir, sea de COVID 19 o de hambre, a ser un poco como ellos.

    Una estrategia de salida debe pasar por fomentar el trabajo en casa, y las ventas a domicilio, disminuir el tamaño del estado, mandando para su casa a los empleados públicos no esenciales aún con sueldos suspendidos. El Estado está en modo de guerra y solo los funcionarios esenciales para luchar contra la epidemia, los de seguridad, salubridad, quizás los maestros, pero no es posible que se hable de sacrificios y que la gente se quede en sus casas sin sueldo de sus empresas privadas o sin sus ganancias del día a día de sus negocios informales, mientras los empleados públicos se gastan los impuestos que ya no van a ingresar, trabajando medio día con salarios completos. ¡Con qué moral pueden los diputados exigir que los bancos, o sea los ahorristas, absorban las pérdidas de los pagos a préstamos que no van a recibir, si los propios diputados no están dispuesto a bajarse su salario!. Ni eliminar sin sueldo a las decenas de asesores.

    Panamá tiene un estado sobredimensionado y caro que ahora es un lujo; es el momento de entrar en economía de guerra y enfocar el gasto en sus funciones esenciales: seguridad, salubridad, relaciones exteriores. En lo que nos saque de la pandemia. Cortar subsidios, que ahora son un lujo, y ver qué se hace con la Asamblea Nacional, un Órgano más caro que por ahora es un estorbo, con diputados que de hecho están más para crear corridas bancarias y conatos de saqueos, que otra cosa.

    Los puntos claves para una estrategia de salida es hacer que la empresa privada vuelva a funcionar cuanto antes.

    Para eso se necesita, aparte de una ayuda fiscal, que la gente pueda salir a trabajar.

    Por lo tanto, mientras dure la cuarentena debemos apuntar a ser como Corea del Sur.

    1. Abrir empresas privadas.
    2. Testeo masivo de la población. Sin excepciones, tenemos que saber quién puede ir a trabajar y quién no.
    3. Política de información clara, tipo SMS masivos para saber quién esta contagiado, a quién quieren interrogar los investigadores del MINSA; quién no y qué medidas ha tomado el gobierno, no poniendo toques de queda por sorpresa. La información es vital.
    4. Vigilancia electrónica de los infectados, instalar cámaras termales con inteligencia artificial en el metro, paradas de buses, aeropuertos y puertos. Brazaletes con GPS a los infectados, vigilancia de sus teléfonos móviles, cuentas bancarias, y tarjetas de crédito y débito. Uso de drones en casos extremos.
    5. Mascarillas, mascarillas, mascarillas. Por ahora dejen las N 95 para los médicos y personal de salud o seguridad, eventualmente para todo el mundo. La gente tiene que salir a trabajar, pero tiene que dejar sus fluidos respiratorios apartados. El distanciamiento social funciona así, pero permite que las oficinas puedan funcionar. No se puede hacer distanciamiento social en el metro o en autobús, o en un taxi. En Asia los asiáticos prefirieron mascarillas para todo el mundo, y que la gente salga a trabajar, los europeos prefirieron no recomendar el uso de mascarillas, por razones más culturales que científicas, y bueno ahora tienen a todo el mundo en casa. Encerrados sin trabajar ni producir.

    ¿Quién tiene razón? ¿Quiénes van a salir mejor librados de esta crisis? Panamá debe ir pensando en un plan B. En una estrategia de salida.

  • El Coronavirus ya está aquí. ¿Y ahora qué hacemos?

    Nada fortalece el poder del estado después de las guerras que una epidemia. Una epidemia usualmente implica restricciones al derecho de libertad de movimiento, al derecho de reunión, al derecho a la intimidad, ya que tu historial medio y con quien te reúnes se torna un tema de políticas públicas, y hasta de seguridad nacional. El Estado, cuya misión básica es dar seguridad a todos los ciudadanos, ahora tiene todas las excusas para acrecentar su poder. También hay restricciones al derecho de propiedad. Por ejemplo es común que los países pongan controles de precios para acabar con la especulación, y lo único que logran es fomentar las compras de pánico y las compras especulativas de acaparadores para su reventa a mayor precio. Hay que estar muy atentos a estos peligros. Por ahora el gobierno parece tomar las cosas con su calma característica. Lo que no sabemos es que si es por sangre fría o incapacidad oculta.

    Porque el corona virus trae dos problemas grandes. El primero, es el médico, que no pienso tocar acá porque no soy médico, el segundo es el impacto económico sobre Panamá del coronavirus.

    Panamá tiene una economía de servicios con varios pilares. Y el coronavirus puede hacer entrar en crisis a todos.

    El colapso del offshore y la construcción. El pilar planteado por la plataforma financiera de Panamá se encuentra bajo asedio de la OCDE y el GAFI, con sus estándares internacionales, algunos realmente planteados para combatir el financiamiento de actividades ilícitas y la evasión fiscal, pero también con claros propósitos proteccionistas de evitar que la gente vote con los pies hacia jurisdicciones más cómodas y evitar la competencia fiscal perjudicial. El sector construcción también ha tomado duro, y hay ahora mismo hay un exceso de inventario, con apartamentos y locales comerciales vacíos. Los obreros de la construcción se han reducido a la mitad. Y por lo tanto, las cuotas sindicales que financiaban al SUNTRACS, FENADESO y al FAD.

    Ahora el coronavirus va a atacar otros dos pilares de la economía panameña que ya venían estando golpeados.

    El Canal de Panamá. La ACP no ha dicho nada, pero ahora a las restricciones de calado por la falta de agua se va a sumar el colapso del comercio desde China y Corea del Sur y la caída de los precios del petróleo. La actividad comercial en los puertos de la costa oeste de los Estados Unidos que comercian principalmente con Asia, ha caído un 25% y los puertos de la costa este, que usan el Canal de Panamá para comerciar con Asia, esperan una caída del 15% el primer cuatrimestre de este año, principalmente gracias a la caída del comercio con China. Comercio que pasa por el Canal de Panamá. Y que sumado a las restricciones de dragado por la sequía, va a hacer que el tránsito por el Canal de Panamá disminuya, y por consiguiente los ingresos en forma de peajes y los aportes del Canal al presupuesto de Panamá, que desde Martinelli usa estos ingresos para sufragar gastos fijos y no inversiones. Sume a esto que la crisis deflacionaria del Coronavirus ha provocado una caída brutal en las importaciones de materias primas a China, entre ellas el petróleo, que ha caído a un mínimo, lo que hace la ruta por Suez más competitiva que la Panameña con sus restricciones de calado y tiempos de espera. El Canal de Panamá, los puertos y la industria logística van a tomar duro. Y con esto los ingresos del Estado Panameño.

    El Sector Turismo. Los hoteles ya habían despedido a más de 30 mil personas antes del coronavirus, ahora va a ser devastador. Las aerolíneas han tenido que cancelar vuelos, dejar pasajeros en tierra, la industria cinematográfica ha tenido que atrasar estrenos como Mulan y la última de James Bond. La Liga de Fútbol Italiana está cancelada. Los restaurantes operan con horarios restringidos. En Francia todas las aglomeraciones de más de mil personas han sido canceladas. Si las aerolíneas, hoteles, restaurantes y cines tenían problemas antes del coronavirus, ahora el efecto puede ser devastador.

    ¿Qué hacer? Emmanuel Rahn tiene una frase famosa, “no dejar que ninguna crisis se desperdicie”.  Las crisis también son épocas de oportunidades. Y las oportunidades son varias.

    El problema con poner todos los huevos en una sola canasta. Los empresarios norteamericanos se estaban dando cuenta con la guerra comercial entre los Estados Unidos y China, antes del coronavirus, que no había sido sabio poner todos sus huevos manufactureros en la misma canasta China. Ahora con más razón, teniendo en cuenta el riesgo de los gustos gastronómicos y hábitos higiénicos de los Chinos, la posible aparición de cisnes negros en forma de pandemias en China, van a asustar más a los inversionistas que van a buscar un “desacoplamiento” de la economía China y la norteamericana diversificando su producción en otros países. Un economista norteamericano nos dijo la semana pasada que México y Centroamérica deberían poder aprovechar la coyuntura para atraer inversiones manufactureras. Panamá, que ha puesto todos sus huevos en un sector servicios que ahora va a tomar duro con la crisis, debería prepararse para aprovechar esta oportunidad. Pero para ello debemos hacer modificaciones en la legislación vigente, sobre todo en el Código de Trabajo.

    El aumento de desempleo y el colapso de la industria de la construcción van a hacer que el poder de los sindicatos sea mucho menor para oponerse a las reformas, y si persiste la situación de Coronavirus, no van a poder hacer grandes y violentas manifestaciones contra las mismas. Es una oportunidad que no debería desperdiciarse.

    El problema del sistema de salud público panameño. La atención médica primaria, que es la que evita que la gente no se enferme en primer lugar y la atención médica terciaria, para los cuidados catastróficos que la atención medica privada es incapaz de asumir, como lo demuestra la conducta de las aseguradoras, pueden ser mejores. Está claro que la salubridad pública tiene un rol que cumplir y puede ser mejor. Es una discusión que hay que tener. Fuera de la histeria de que “quieren privatizar la CSS” cuando en efecto se trata de unificar el sistema estatal de salud. Se trata acá de crear un sistema estatal de seguros primarios que funcione, un seguro de salud estatal que cubra las carencias de los seguros privados y un sistema de salud estatal terciario para los eventos catastróficos, como lo puede ser la infestación del coronavirus.

    Son todas oportunidades que se presentan en una crisis. Pero por ahora parece que el gobierno sólo puede atender un problema a la vez, y éste es contener el coronavirus. En lugar de mirar los efectos que la crisis va a tener sobre nuestra economía y ver qué oportunidades saldrán al final de la crisis.

  • Pandemia, lo que se ve y lo que no se ve

    La Pandemia del Coronavirus ha desatado una cadena de elogios a las virtudes de las dictaduras. ¿Hubiera podido una sociedad más abierta que la China, tomar las medidas extremas que ha tomado China, como cerrar ciudades enteras, poner en cuarentena a miles de personas y construir un hospital el 10 días? ¿Es el pluralismo y la libertad un problema en tiempos de crisis? . Total, la totalitaria Unión Soviética, tras sufrir pérdidas enormes, en personas, material y tener que mover sus fábricas al este, pudo detener a la maquinaria de guerra nazi, y luego perseguirla durante dos años hasta el mismo Berlín. Esto fue usado por muchas personas durante varias décadas como un argumento en favor del comunismo, como si el ganar guerras a Hitler a un enorme costo, fuera la única función de una sociedad exitosa. Lo mismo pasa con China, se ha vendido la especie de que el crecimiento de China demuestra las bendiciones de una economía mixta, cuando en realidad, su verdadero crecimiento, viene del capitalismo salvaje chino, sin regulaciones ambientales, laborales o de propiedad intelectual comparado con el occidental. Lo mismo pasa ahora con el Coronavirus. El carácter de dictadura de partido único de China es elogiado por su capacidad de tomar medidas extremas para enfrentarse al virus. Pero ¿realmente todo lo que hace China es bueno?

    Para empezar, las democracias liberales capitalistas han demostrado que han logrado controlar las pandemias gradualmente. Cada vez éstas son menos letales. Basta comparar los datos de la influenza en los últimos 100 años. Cada epidemia es menos letal. ¿Pero son las medidas de mano dura buenas?

    Luego vienen las cosas contraintuitivas. Lo que se ve y lo que no se ve.

    Lo que se ve, dice:

    1. Restringe movimientos como cerrar ciudades, prohibir viajes, y la entrada y salida de personas a las áreas contaminadas.
    2. Controla el precio de las mascarillas para que la gente no abuse de las mismas mediante la especulación.
    3. Las dictaduras pueden controlar mejor la histeria, prohibiendo las fake news o noticias falsas.

    Lo que no se ve, en cambio dice:

    1. La gente sana que vive en las áreas sujetas a epidemias queda atrapada con las personas contaminadas. Las personas que se consideran sanas, sujetas a una cuarentena, pueden tratar de tomar medidas extremas para tratar de escapar de la zona de cuarentena clandestinamente, y al hacerlo, evaden los controles sanitarios. Tienen el incentivo de no reportar que huyeron de la zona hasta que estén con síntomas visibles.
    2. Al controlar el precio de las mascarillas, se asegura que la demanda supere a la oferta, lo que lleva a que algunas personas compren en exceso para revenderlas más tarde; también desincentiva a los comerciantes a vender más mascarillas, porque la venta está muy buena y lucrativa, y a los fabricantes, importadores y distribuidores a producir más mascarillas para su venta. Luego dirán que es una canallada vender una caja de mascarillas de 3.50 a 300 dólares. Bueno, muy sencillo, en una emergencia, la gente seguramente va a sacrificar otras cosas para comprar esas mascarillas más caras. No es que vayan a salir a cenar o al cine en una pandemia. Además el Estado, en una situación de Pandemia, debería como su misión básica de salubridad poder distribuir mascarillas. Subsidiando la oferta de hecho. Así que los que compran lo hacen para cubrir los huecos de la ayuda estatal, o para garantizar excedentes a futuro; sí, están especulado, pero eso es lo que es la especulación al final, tomar decisiones económicamente beneficiosas en torno a posibles acontecimientos futuros. Al subir el precio, acorde a la demanda, se garantizan los inventarios de mascarillas a futuro más que si se permite que la demanda vaya por encima de la oferta. Seguirán habiendo mascarillas, caras, pero las habrá.
    3. Las dictaduras tienden a tener un factor de encubrimiento ya que tienen que presentar una fachada de normalidad y de competencia a sus superiores, a la población y al mundo, donde los funcionarios de menor jerarquía tienden a ocultar a los superiores y a la población los desastres mucho tiempo más, creando tiempos de reacción más lentos. Los desastres soviéticos como Chernobyl o las epidemias de Antrax cerca de los laboratorios militares lo evidencian. La ventaja de una sociedad abierta es que la población se entera rápido de lo que pasa, y puede tomar medidas como no salir de casa, o evitar las multitudes desde el principio. El incentivo de los funcionarios es dar información veraz desde el principio, no de ocultarla. Y si bien las noticias falsas estarán allí, también estarán las noticias verdaderas. Es mejor eso, que tener funcionarios cubriéndose las espaldas; y dejar que población viva de rumores porque no confía en lo que le dicen los medios estatales.

    Por todas esas cosas, cuarentenas ligeras, no estrictas, que no limiten la libertad de movimientos, libre mercado y libre información, son mucho mejor que medidas de mano dura dictatoriales para combatir pandemias.