Etiqueta: Planificación centralizada

  • El Mercado y el Gobierno en el Cuadrilátero

    El pugilato entre la libertad de mercado y el control gubernamental político es un tema muy poco abordado en los medios informativos, lo cual es sumamente lastimoso ya que en ello bien puede depender la pobreza o riqueza de una nación. Y, para entrarle al tema, examinemos lo que es y no es el orden; particularmente el orden social que trae progreso real. El reto está en saber lo que es el verdadero orden social y no el desorden imperante que se sufre en tantos países, incluyendo Panamá.

    El elemento clave del buen orden está en una sana interrelación entre las personas; más específicamente en la familia. El mal se presenta y crece cuando gobernantes soberbios pretenden imponer un orden social que no parte desde la base que es la familia, el barrio; en fin, de abajo para arriba y no al revés. Dictar a la población cómo deben actuar es promover el desorden; ya que en adelante la gente se convierte en marionetas de las castas… ¡Uy!, no quiero llamarles “gobernantes” ya que eso no es gobernar.

    ¿Crees que ordenar descuentos, salarios mínimos o tantas otras disposiciones legales de ley positiva? Es decir, la ley que te ordena a proceder como quieren los políticos, que es muy diferente a la ley negativa; vale decir, la ley que te prohíbe el verdadero desorden, tal como: matar, robar, golpear, orinar en media calle y tal.

    El reto es que sepamos distinguir qué clase de leyes producen un buen orden social y cuáles no. Cuando el restaurante quiebra por tantos descuentos a jubilados ¿acaso eso promueve buen orden y desarrollo? ¿Cómo pueden buenos empresarios dirigir la barca de su negocio cuando los politicastros le están metiendo la mano en el timón?

    Espero que ya vaya el lector dándose cuenta de lo difícil que es diferenciar entre el orden y el desorden. Henry Adams sentenció que “el caos era la ley de la naturaleza; y el orden era el sueño del hombre.” O… veamos el mundo, ¿crees que Dios lo creo todo ordenadito? No, lo creo para que nosotros lo ordenáramos. ¿Qué gracia habría sido una Creación en la cual todo estaba ordenadito desde el Palacio Celestial?

    Para mí existe orden cuando la gente puede intercambiar productos y servicios sin tener metido al politiquero. Pero cuando la ley te dice que el gobierno puede intervenir en toda empresa, tal como lo dice la constitución de Panamá, ¿crees ese ordenamiento es orden? Y regresando el “cuadrilátero” del título de este escrito, ¿te imaginas lo que sería el box si los políticos se meten al ring a dar órdenes a los boxeadores?

    Tristemente, los torcidos políticos y sus compinches disque empresarios son unos engreídos que creen tener la capacidad imponer orden social desde el Palacio de las Garzas. Bueno, tal vez sí, pero no con más gobierno sino con menos. Panamá podría funcionar de maravillas sin impuestos. ¡Claro!, para ello tendríamos que reducir en grande el aparato de desgobierno; limitándolo a lo que sí es gobierno.

    Un expresidente contrató a nuestra empresa de consultoría para hacer un programa de cálculo impositivo y, el programa demostró que podríamos bajar el impuesto corporativo a 10% y el de renta a 5%; y eso sin reducir el tamaño del aparato del desorden.

    Y lo más serio es que no imaginamos lo que trae la AI y la robótica. La AI y los robots sólo nos quitarán el trabajo mecánico, dejando a los humanos encargados de hacer lo que las máquinas no pueden. No fuimos creado para ser bestias de labranza, sino para cosas mucho más celestiales.

  • “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”: Borges, la invención de mundos y la tentación del poder

    Jorge Luis Borges publicó en 1940 el cuento “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”, pieza inaugural de Ficciones y uno de los textos más influyentes de la literatura del siglo XX. Bajo la apariencia de un relato erudito, plagado de citas falsas y referencias apócrifas, Borges propone un juego metafísico: un mundo imaginario —Tlön— creado por una sociedad secreta de intelectuales, que con el tiempo termina filtrándose en la realidad hasta sustituirla. El cuento funciona como sátira, como experimento filosófico y como advertencia política.

    La trama en breve

    El narrador, que comparte nombre y rasgos con el propio Borges, encuentra junto con su amigo Bioy Casares una extraña referencia a un país inexistente: Uqbar. Al indagar, descubren que esa mención forma parte de un proyecto mucho mayor: la construcción de una enciclopedia de un planeta inventado, Tlön. La obra describe en detalle su geografía, su historia, sus lenguas y su filosofía. Lo perturbador es que Tlön no es un simple pasatiempo literario, sino un proyecto deliberado: “Orbis Tertius”, una sociedad secreta de sabios y conspiradores, lleva siglos dedicándose a inventar un mundo capaz de reemplazar al nuestro.

    Con el tiempo, los objetos y las ideas de Tlön comienzan a invadir la realidad. La gente prefiere adoptar su lógica idealista antes que seguir habitando la complejidad contradictoria de la Tierra. La ficción, sostenida por una estructura organizada de poder intelectual, acaba volviéndose más convincente que la realidad.

    Filosofía y control

    La clave del cuento es que Tlön es un mundo enteramente idealista: sus lenguas carecen de sustantivos, sus sistemas científicos dependen de la psicología, sus religiones no admiten la materia. En ese universo, todo es producto de la mente y no hay resistencia de lo real. Borges nos muestra así la tentación de cualquier sistema cerrado: si se acepta su premisa fundamental, todo lo demás encaja con una coherencia deslumbrante.

    La advertencia es evidente: las ficciones totalizantes —sean religiosas, políticas o filosóficas— poseen un enorme poder de seducción. La gente adopta la narrativa de Tlön porque simplifica el caos, porque da certezas. Y, en esa adopción, termina renunciando a la libertad crítica frente a un aparato intelectual que lo controla todo.

    Borges, el poder y la política

    Aunque Borges rara vez se pronunció de manera sistemática sobre ideologías, su obra está atravesada por un profundo recelo hacia cualquier forma de dogmatismo. “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius” puede leerse como una parábola sobre el peligro de los sistemas totalitarios que en los años 40 ya asolaban Europa. La creación de un mundo ficticio que se impone a la realidad refleja la lógica del nazismo o del estalinismo: fabricar un relato que pretende reemplazar la experiencia tangible, con la consecuencia de anular la autonomía del individuo.

    Libertarianismo y anarcocapitalismo: un paralelo posible

    Si pensamos el cuento desde la óptica del libertarianismo o incluso del anarcocapitalismo, surge una reflexión interesante. Estas corrientes defienden la libertad individual frente a la imposición de estructuras colectivas centralizadas, como el Estado. En el relato de Borges, “Orbis Tertius” actúa justamente como un Estado absoluto del conocimiento: una élite decide qué mundo debe existir y lo impone hasta borrar la diversidad de experiencias. El resultado es la uniformidad total, el triunfo de una ficción única sobre la pluralidad de lo real.

    Un libertario podría leer el cuento como una advertencia contra toda forma de monopolio del sentido: así como el Estado monopoliza la violencia, Orbis Tertius monopoliza la realidad. Frente a ese poder, la defensa de la autonomía individual y de múltiples órdenes espontáneos —propios del pensamiento libertario— sería la resistencia natural. En un sentido más radical, un anarcocapitalista vería en Tlön el ejemplo de lo que ocurre cuando se niega la libertad de generar narrativas diversas y se somete a todos a un diseño centralizado, por más perfecto que parezca.

    “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius” sigue siendo un cuento fascinante no solo por su ingenio literario, sino porque plantea un dilema vigente: ¿qué ocurre cuando una ficción organizada desde el poder se impone a la realidad vivida? Borges parece advertirnos que ninguna construcción intelectual, por brillante que sea, debe sustituir la libertad caótica y contradictoria de la experiencia humana. Y, visto desde una perspectiva libertaria, el relato resuena como una defensa implícita de la pluralidad frente a los sistemas totalizantes, recordándonos que la verdadera riqueza surge de la libre interacción de múltiples mundos, no de la imposición de un único universo inventado.

  • Quien fracasa es el gobierno no el capitalismo

    «El capitalismo es un sistema que va por el trillo de la libertad de emprendimiento y no por la vía de dictámenes e intromisiones políticas alejados de lo moral».

    Hoy leí un artículo del Instituto Mises, escrito por George Ford Smith en el cual comienza señalando que la crisis económica inmobiliaria del 2008 se dio debido a que, como dijo en su momento el presidente Bush: “Wall Street se embriagó”; a lo cual añadió Peter Schiff diciendo: “Así fue; y quien puso el licor fue la FED”. Un año antes de la crisis del 2008 consulté un experto que me dijo estuvo en Wall Street y allá le aseguraron que no había problema alguno; que mis inversiones estaban seguras pues el gobierno no dejaría que nada malo ocurriera. ¿Quién iba a pensar que confiar asuntos económicos al gobierno era malísima idea?; ya que “gobernar” y “economía” ni riman ni conjugan.

    ¿Deben los gobiernos entrometerse en los asuntos económicos de la población o sólo velar por las mejores condiciones bajo las cuales los ciudadanos y extranjeros en nuestro país manejen sus asuntos económicos? Si fuésemos a tomar en serio nuestro mandato básico constitucional que en su artículo 282 establece que “el ejercicio de las actividades económicas corresponde primordialmente a los particulares” debía ser obvio que el gobierno no debía entrometerse. Lastimosamente, el mismo artículo luego de un “pero” y un punto y coma, se contradice o y agrega que “el Estado planificará el desarrollo económico y social…” supuestamente para “asegurar beneficios para el mayor número posible de habitantes…”; contradicción que es una barbaridad que abre las puertas al pillaje de los fondos públicos.

    Es risible que los izquierdistas del patio digan que Panamá es un país capitalista, ya que el capitalismo es un sistema que va por el trillo de la libertad de emprendimiento y no por la vía de dictámenes e intromisiones políticas alejados de lo moral. Si algo dejó claro el Título X de nuestra actual constitución, creada en la época arnulfista, fue el intento de volver a Panamá un país socialista, fascista, comunista, todos estos hijos del mismo padre, el colectivismo. Bien lo dijo Benito Mussolini, quien comenzó su carrera como editor de una revista socialista. Y ¿cómo olvidar que Arnulfo Arias admiraba a Hitler?

    El enredo de fondo germina con una población falta de buena educación o peor; una educación diseñada hacia el adoctrinamiento y el servilismo hacia los políticos y sus secuaces ladrones que dejan migajas al pueblo. ¿Cree el lector que el SUNTRAC y los funcionarios del magisterio público del MEDUCA cierran calles y luchan por una mejor educación? ¿Acaso luchan por sus clientes, los estudiantes? ¡Ja!, el colectivismo no tiene clientes.

    La pregunta que poco o jamás nos hacemos es ¿si la intromisión gubernamental política en lo económico nos conduce hacia una mejor economía o sólo sirve para facilitar el pillaje central? Es ceguera no ver que, hasta ahora, el intervencionismo, más que nada, ha servido para el pillaje. Y lo peor es que ni siquiera vemos o cuantificamos los daños colaterales de todo ello. ¿Cuánto cuesta el desorden vial, la mala educación, el mal transporte, agua, electricidad, etc.? Tristemente, hoy día, cambiar todo eso requeriría un «ejército Buqueles». No le envidio la tarea a Mulino.

    Toda actividad que dificulta la actividad del mercado causa daños terribles a la economía; más que nada del que menos tiene. Decir que el mercado fracasa es lo mismo que culpar la borrachera al licor. La medida de éxito empresarial que logremos hoy día en Panamá no es gracias a los gobiernos sino a emprendedores que saben sortear perversas leyes y autoritarismo gubernamental. Pero ¡cuidado!, que la cultura de intervencionismo pillaje central enquistada en nuestro país está herida y busca como sobrevivir.

  • ¿Es mala la sobrepoblación?

    Un día un amigo me preguntó: “¿Sabes Johnny, cual es el mayor problema que tiene la humanidad?”; la sobrepoblación. Le dije que no compartía esa noción y eso fue hace muchos años, cuando deambulaba yo por los cincuenta o sesenta o algo así. Hoy, pasado mis 80 lustros y sentado en la soledad de mi aposento desván de la vida me salta ese incidente a la conciencia y creo es hora de contestarle a mi amigo; lo cual es muy difícil ya que se me adelantó en el camino a la próxima dimensión, de manera que la explicación se las pasó a quien lea estas líneas.

    Gran parte de la población en este mundo piensa que demasiados humanos no es algo bueno; que debemos limitar la cantidad porque… ¡buena pregunta!, no “porque” sino ¿por qué? El argumento típico va por la línea del socialismo, del centralismo y de las mentes incapaces de asomarse al Universo y a la Creación. Personas que creen que los recursos, las riquezas y tal son finitas y que si aumenta la población hay que repartir entre muchos. De hecho, así funcionamos en Panamá: es la política con la cual los grupos de poder vienen engañando al pueblo; es el manantial de los programas que osamos llamar de “subsidio” cuando lo único que subsidian es la pobreza y la ignorancia.

    Pero el asunto derrama mucho más allá de nuestro Panamá. Tomemos el caso de China, en dónde el gobierno llegó a prohibir más de un hijo por familia y hoy están en inmenso problema social y económico. No sólo por falta de quienes sustituyan a los viejos sino de quienes aporten más riqueza; riqueza de recursos, de ideas, y de amor. Se estancaron en un ayer obsoleto. Pero… ¿es eso lo que hemos visto al paso del tiempo y con el incremento poblacional? ¡Nop! Es miopía no ver los adelantos en recursos, en ciencias y tantas otras avenidas que nos abren camino al Más Allá.

    Lo que muchos no ven es que los humanos estamos dotados de facultades únicas que hoy apenas comenzamos a atisbar. Cada ser humano es un manantial creativo, innovativo, capaz de abrir nuevos caminos, particularmente en comunión con sus hermanos cercanos y distantes; en un mundo en el cual lo distante ya prácticamente no existe.

    Detrás de todo ello, y como bien lo señaló Huerta de Soto, más gente es más fuerza de desarrollo y cambio. Es el alma de la incomprendida “división del trabajo” que también es la división del conocimiento y, en particular, la del conocimiento emprendedor; que en Panamá se topa con el “no a la privatización”, que es lo mismo que decir, no al desarrollo.

    En el emprendimiento de la población y no en el gobierno es dónde está la riqueza de la nación. Pero en Panamá el gobierno y sus torcidos políticos en infecciosa coyunda con malos emprendedores se enquistan en la misma carne del pueblo, como un cáncer mortífero. Simplemente no vemos que el conocimiento emprendedor es subjetivo, exclusivo, y propio de cada quien, a punto que no se puede centralizar. No más veamos que nuestros gobiernos no son evolutivos sino involutivos; es decir, dados a caminar hacia tras.

    En fin, el mayor peligro en Panamá y el resto del mundo no reside en la «sobrepoblación», sino está en no ser capaces de conocer lo que es la creatividad humana. Que en vez de temer el futuro, debemos conocer el camino hacia el Más Allá; lo cual jamás encontraremos en los pasillos del Palacio de las Garzas y otros oscuros laberintos del centralismo.

  • Gellerup: el fracaso de la planificación estatal de la vivienda en Dinamarca

    La planificación estatal en el ámbito de la vivienda ha sido una herramienta frecuentemente utilizada para intentar resolver problemas sociales y mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos. Sin embargo, como lo anticipó Friedrich Hayek en su crítica a la planificación centralizada, la llamada «fatal arrogancia» de creer que se puede diseñar y controlar completamente la sociedad desde arriba, a menudo lleva al fracaso. Un claro ejemplo de esto es Gellerup, un barrio en Aarhus, Dinamarca, que pasó de ser un emblema de la modernidad y el bienestar a un gueto en proceso de demolición.

    La Visión Inicial: Una Utopía Urbana

    A finales de los años 60, Gellerup fue concebido como un proyecto de ingeniería social y urbanismo que prometía un futuro brillante. El arquitecto modernista Knud Blach Petersen diseñó el barrio con la intención de proporcionar las mejores viviendas posibles para la gente común. El proyecto incluía amplios apartamentos con balcones, calefacción central, modernas cocinas y todas las comodidades necesarias para una vida cómoda. Además, la planificación incluía escuelas, centros comerciales, instalaciones deportivas y culturales, todo rodeado de zonas verdes.

    La idea era que este nuevo entorno propiciara una comunidad próspera y cohesionada. La frase «Det er godt at bo godt» (Es bueno vivir bien) capturaba el espíritu del proyecto, que incluso fue reconocido como la «ciudad más hermosa de Dinamarca» en 1970. Sin embargo, esta visión optimista no tardó en desmoronarse.

    De la Utopía a la Distopía

    La crisis del petróleo en los años 70 marcó el inicio del declive de Gellerup. Las políticas fiscales que favorecieron la propiedad de viviendas llevaron a la clase media a mudarse a los suburbios, dejando el barrio principalmente habitado por personas de bajos ingresos, incluyendo desempleados y madres solteras. En las décadas siguientes, la afluencia de inmigrantes, muchos de ellos de países musulmanes, transformó demográficamente el barrio, creando un enclave culturalmente diverso pero también socialmente segregado.

    Para los años 80 y 90, Gellerup había ganado una reputación negativa debido a los altos niveles de criminalidad, desempleo y marginalización. Las políticas de integración, aunque bien intencionadas, no lograron resolver los problemas profundos del barrio. En 2010, el Gobierno danés incluyó a Gellerup en una lista de zonas vulnerables, marcándola como un área con problemas severos que necesitaba intervención urgente.

    La Respuesta Estatal: Demoliciones y Reconstrucción

    En un intento por revertir la situación, en 2019 se adoptó un plan radical de reconversión que implicaba la demolición de bloques enteros de edificios y el realojamiento forzoso de muchos de sus residentes. El objetivo era reducir la proporción de habitantes no occidentales a un máximo del 50%, lo cual ha sido criticado como una medida racista por algunos sectores. Se prevé la construcción de nuevas viviendas e infraestructuras que atraigan a residentes daneses étnicos y de clase media.

    Hasta ahora, el proceso ha mostrado algunos signos positivos. El desempleo en Gellerup ha disminuido y la proporción de inmigrantes ha bajado. Sin embargo, la delincuencia sigue siendo un problema grave, y los costos sociales y económicos de los realojamientos son significativos. Muchas familias han sido desplazadas, y el conflicto entre la necesidad de renovación urbana y los derechos de los residentes ha generado tensiones legales y sociales.

    Lecciones Aprendidas y Reflexiones Finales

    El caso de Gellerup es un ejemplo contundente de los riesgos y desafíos de la planificación estatal y no sólo en la vivienda. La visión inicial de una utopía urbana no consideró suficientemente las dinámicas sociales y económicas a largo plazo, ni las posibles consecuencias de las políticas de vivienda que promovían la propiedad sobre el alquiler. Sobre todo, no captaron la esencia fundamental que la sociedad es un fenómeno complejo, imposible de diseñar por laboratorio.

    Friedrich Hayek argumentaba que el conocimiento está disperso y que ninguna autoridad central puede anticipar y planificar todas las variables de una sociedad compleja. Gellerup ilustra esta «fatal arrogancia», donde la planificación estatal centralizada no solo falló en cumplir sus promesas, sino que también contribuyó a crear problemas nuevos y profundos.

    La historia de Gellerup subraya la importancia de enfoques flexibles y descentralizados que reconozcan la complejidad de las comunidades urbanas y dejar fluir en los individuos la necesidad de adaptarse a los cambios económicos y sociales. Solo así se puede evitar que se sigan intentando proyectos de todo tipo, no sólo de vivienda y que sufran el mismo destino de esta utopía convertida en distopía.

  • La Crítica de Hayek al Gobierno Ilimitado y la Planificación Centralizada

    Friedrich Hayek, uno de los economistas y filósofos políticos más influyentes del siglo XX, es conocido por sus firmes críticas al poder gubernamental ilimitado y la planificación centralizada. Sus ideas, profundamente arraigadas en el liberalismo clásico, abogan por la limitación del poder estatal para proteger la libertad individual y la eficiencia económica. Esta visión se articula claramente en su afirmación de que «El principal mal es el gobierno ilimitado… nadie es apto para ejercer un poder ilimitado».

    El Problema del Poder Ilimitado

    Hayek sostenía que el poder ilimitado en manos del gobierno es inherentemente peligroso. Argumentaba que ninguna persona o grupo de personas es lo suficientemente sabio, justo o informado para manejar tal poder sin cometer abusos o errores. La concentración de poder tiende a corromper y lleva a la toma de decisiones arbitrarias, lo que puede resultar en la violación de los derechos individuales y la erosión de la libertad personal.

    Este argumento se basa en la desconfianza de Hayek hacia la capacidad humana para ejercer un juicio infalible y justo cuando se le otorga un control absoluto. La historia ha demostrado que los gobiernos con poderes ilimitados a menudo caen en el autoritarismo, la represión y la corrupción. Para Hayek, la solución a este problema es limitar estrictamente el alcance del poder gubernamental, asegurando que esté siempre sujeto a controles y equilibrios que protejan la libertad individual.

    El Conocimiento y la Planificación Centralizada

    Una de las contribuciones más significativas de Hayek al pensamiento económico es su teoría sobre la dispersión del conocimiento. Hayek argumentaba que el conocimiento relevante para la toma de decisiones económicas y sociales está disperso entre millones de individuos. Este conocimiento incluye información sobre recursos, necesidades, preferencias y circunstancias locales que no puede ser completamente conocido o comprendido por una autoridad central.

    La planificación centralizada, según Hayek, es inherentemente ineficaz porque intenta imponer decisiones desde una autoridad central que carece de acceso a toda esta información dispersa. Los planificadores centrales, al no poder incorporar todo el conocimiento local y específico, tienden a cometer errores y a tomar decisiones subóptimas. Esto contrasta con un sistema de mercado libre, donde los individuos toman decisiones descentralizadas basadas en su propio conocimiento y circunstancias particulares, lo que conduce a una mayor eficiencia y adaptación a las necesidades reales de la sociedad.

     Gobierno Limitado y Sociedad Libre

    Para Hayek, la combinación de un gobierno limitado y una economía de mercado es esencial para una sociedad libre y próspera. Limitar el poder del gobierno no solo protege contra los abusos de poder, sino que también permite que el conocimiento disperso se utilice de manera efectiva a través del proceso de mercado. En este sistema, los precios actúan como señales que coordinan las decisiones de millones de individuos, reflejando la información dispersa y ajustándose dinámicamente a las cambiantes circunstancias.

    La visión de Hayek subraya la importancia de la libertad individual y la descentralización en la creación de una sociedad que respete la dignidad humana y promueva el bienestar general. Al abogar por un gobierno limitado, Hayek no rechazaba la necesidad de un estado, sino que insistía en que su papel debía ser claramente definido y restringido para evitar la concentración de poder y preservar la libertad.

    Las ideas de Hayek sobre el gobierno ilimitado y la planificación centralizada destacan los peligros de concentrar el poder y la importancia de aprovechar el conocimiento disperso a través de un sistema de mercado libre. Estas ideas continúan siendo relevantes en el debate contemporáneo sobre el papel del estado y la organización económica de la sociedad.

  • Fatales arrogantes

    Una de las críticas más contundentes de Hayek hacia aquellos que defienden la planificación centralizada es su descripción de ellos como «fatales arrogantes».

    Friedrich Hayek, destacado economista y filósofo austriaco, es reconocido por sus contribuciones a la teoría del liberalismo clásico y su incisiva crítica a la planificación centralizada. En su obra cumbre «Camino de Servidumbre», Hayek resume mucha de su obra sobre el punto y argumenta vehementemente en contra de la planificación centralizada, destacando la importancia del respeto a la libertad individual y advirtiendo sobre los peligros de la presunción de conocimiento absoluto.

    La crítica fundamental de Hayek a la planificación centralizada se basa en su comprensión de la naturaleza dispersa del conocimiento humano. Argumenta que el conocimiento necesario para tomar decisiones económicas y sociales efectivas está disperso entre millones de individuos y es imposible de reunir y procesar de manera centralizada. Esta dispersión del conocimiento implica que ningún individuo o grupo de individuos puede poseer todo el conocimiento necesario para planificar y controlar eficazmente una economía o una sociedad.

    Para Hayek, la planificación centralizada conduce inevitablemente a la pérdida de libertad individual y a la aparición de una sociedad totalitaria. Al concentrar el poder en manos de unos pocos planificadores, se elimina la capacidad de las personas para tomar decisiones autónomas sobre sus propias vidas. Esto no solo socava la libertad individual, sino que también resulta en la supresión de la creatividad, la innovación y la diversidad que son fundamentales para el progreso humano.

    Una de las críticas más contundentes de Hayek hacia aquellos que defienden la planificación centralizada es su descripción de ellos como «fatales arrogantes». Con esta expresión, Hayek señala la presunción de aquellos que creen que pueden conocer y controlar todos los aspectos de la sociedad. Estos «fatales arrogantes» están convencidos de que poseen el conocimiento y la sabiduría necesarios para dirigir eficazmente la vida de los demás, ignorando la limitación inherente del conocimiento humano.

    La arrogancia de los planificadores centralizados, según Hayek, conduce a resultados desastrosos. Al creer que pueden anticipar y gestionar todas las eventualidades, estos planificadores a menudo generan más problemas de los que resuelven. Sus políticas suelen ser ineficaces e incluso perjudiciales, ya que ignoran las complejas interacciones y feedbacks que caracterizan a los sistemas sociales y económicos.

    Friedrich Hayek abogó fervientemente por el respeto a la libertad individual y advirtió sobre los peligros de la planificación centralizada. Su crítica se centró en la dispersión del conocimiento humano y la imposibilidad de conocer y controlar todos los aspectos de la sociedad. Al llamar «fatales arrogantes» a aquellos que creen en su propia omnisciencia, Hayek nos insta a ser humildes ante la complejidad del mundo y a reconocer la importancia de la libertad y el respeto mutuo en la construcción de sociedades prósperas y libres.

  • Ludwig von Mises: Defensor del Capitalismo

    En la conmemoración del fallecimiento de Ludwing Von Mises hace ya 50 años, en Octubre 10 de 1973, compartimos una columna escrita por quien fuera su alumno, George Reisman, escrita originalmente en 1981, en ocasión del aniversario de nacimiento nro 100 en 1973.

    Mises fue mi maestro y mentor, y la fuente de inspiración para la mayoría de lo que sé y considero importante y valioso en estos campos, lo que me permite comprender los eventos que moldean el mundo en el que vivimos. Quiero aprovechar esta oportunidad para rendir homenaje a él, porque creo que merece ocupar un lugar importante en la historia intelectual de los tiempos modernos.

    Mises es importante porque sus enseñanzas son necesarias para la preservación de la civilización material. Como él demostró, la base de la civilización material es la división del trabajo. Sin la mayor productividad del trabajo que permite la división del trabajo, la gran mayoría de la humanidad simplemente moriría de hambre. Sin embargo, la existencia y el funcionamiento exitoso de la división del trabajo dependen vitalmente de las instituciones de una sociedad capitalista, es decir, de un gobierno limitado y la libertad económica, la propiedad privada de la tierra y de toda propiedad, el intercambio y el dinero, el ahorro y la inversión, la desigualdad económica y la competencia económica, y el motivo de lucro; instituciones que han estado bajo ataque durante varias generaciones.

    Cuando Mises apareció en escena, el marxismo y otras sectas socialistas disfrutaban de un monopolio intelectual virtual. Las principales fallas e inconsistencias en los escritos de Smith y Ricardo y sus seguidores permitieron a los socialistas afirmar que la economía clásica era su aliada real. Los escritos de Jevons y los economistas «austríacos» anteriores, como Menger y Böhm-Bawerk, eran insuficientemente comprensivos para proporcionar una contraofensiva efectiva contra los socialistas. Bastiat había intentado proporcionar una, pero murió demasiado pronto y probablemente carecía de la profundidad teórica necesaria de todos modos.

    Así que cuando Mises apareció, prácticamente no había oposición intelectual sistemática al socialismo ni defensa del capitalismo. Literalmente, las murallas intelectuales de la civilización estaban indefensas. Lo que Mises emprendió y que resume la esencia de su grandeza fue construir una defensa intelectual del capitalismo y, por lo tanto, de la civilización.

    El principal argumento de los socialistas era que las instituciones del capitalismo servían únicamente a los intereses de un puñado de «explotadores» y «monopolistas» y operaban en contra de los intereses de la gran mayoría de la humanidad, a la que el socialismo serviría. Mientras que la única respuesta que otros podían dar era idear planes para quitarles a los capitalistas algo menos de su riqueza de lo que los socialistas estaban demandando, o instar a que se respeten los derechos de propiedad a pesar de su incompatibilidad con el bienestar de la mayoría de las personas, Mises cuestionó la suposición básica de todos. Mostró que el capitalismo opera en el interés material de todos, incluidos los no capitalistas, los llamados proletarios. En una sociedad capitalista, Mises demostró que los medios de producción de propiedad privada sirven al mercado. Los beneficiarios físicos de las fábricas y molinos son todos los que compran sus productos. Y, junto con el incentivo del lucro y la pérdida y la libertad de competencia que implica, la existencia de la propiedad privada garantiza un suministro cada vez mayor de productos para todos.

    Por lo tanto, Mises demostró que clichés como «la pobreza causa el comunismo» son absolutamente absurdos. No la pobreza, explicó, sino la pobreza más la creencia errónea de que el comunismo es la solución para la pobreza, causa el comunismo. Mostró que si los revolucionarios mal orientados de los países subdesarrollados y de los barrios empobrecidos comprendieran la economía, cualquier deseo que puedan tener de combatir la pobreza los convertiría en defensores del capitalismo.

    Mises demostró que el socialismo, en su mayor contribución original al pensamiento económico, no solo abolía el incentivo del lucro y la pérdida y la libertad de competencia junto con la propiedad privada de los medios de producción, sino que también hacía imposible el cálculo económico, la coordinación económica y la planificación económica, y por lo tanto, resultaba en caos. El socialismo significa la abolición del sistema de precios y la división intelectual del trabajo; significa la concentración y centralización de todas las decisiones en manos de una agencia: la Junta de Planificación Central o el Dictador Supremo.

    Sin embargo, la planificación de un sistema económico está más allá del poder de cualquier conciencia individual: el número, la variedad y la ubicación de los diferentes factores de producción, las diversas posibilidades tecnológicas que se les abren y las diferentes permutaciones y combinaciones posibles de lo que se puede producir a partir de ellos, están mucho más allá del poder incluso del genio más grande para tener en cuenta. Mises mostró que la planificación económica requiere la cooperación de todos los que participan en el sistema económico. Solo puede existir bajo el capitalismo, donde, todos los días, los empresarios planifican sobre la base de cálculos de lucro y pérdida; los trabajadores, sobre la base de los salarios; y los consumidores, sobre la base de los precios de los bienes de consumo.

    Las contribuciones de Mises al debate entre el capitalismo y el socialismo, el tema principal de los tiempos modernos, son abrumadoras. Antes de que él escribiera, la gente no se daba cuenta de que el capitalismo tiene planificación económica. Aceptaron sin crítica el dogma marxista de que el capitalismo es una anarquía de producción y que el socialismo representa una planificación económica racional. La gente estaba (y la mayoría todavía lo está) en la posición de M. Jourdan de Molière, quien nunca se dio cuenta de que lo que había estado hablando toda su vida era prosa. Porque viviendo en una sociedad capitalista, las personas están rodeadas literalmente de planificación económica, y aún así no se dan cuenta de que existe.

    Todos los días, hay innumerables empresarios que planean expandir o reducir sus empresas, que planean introducir nuevos productos o descontinuar los antiguos, que planean abrir nuevas sucursales o cerrar las existentes, que planean cambiar sus métodos de producción o continuar con los métodos actuales, que planean contratar trabajadores adicionales o dejar ir a algunos de los actuales. Y todos los días, hay innumerables trabajadores que planean mejorar sus habilidades, cambiar sus ocupaciones o lugares de trabajo, o continuar como están; y consumidores que planean comprar casas, autos, estéreos, carne o hamburguesas, y cómo usar los bienes que ya tienen, por ejemplo, conducir al trabajo o tomar el tren, en lugar de eso.

    Sin embargo, las personas niegan el nombre de planificación a toda esta actividad y lo reservan para los débiles esfuerzos de un puñado de funcionarios del gobierno, que, habiendo prohibido la planificación de todos los demás, presumen sustituir su conocimiento e inteligencia por el conocimiento e inteligencia de decenas y cientos de millones. Mises identificó la existencia de planificación bajo el capitalismo, el hecho de que se basa en los precios («cálculos económicos») y el hecho de que los precios sirven para coordinar y armonizar las actividades de todos los millones de planificadores separados e independientes.

    Demostró que cada individuo, al preocuparse por ganar un ingreso y limitar sus gastos, se ve llevado a ajustar sus planes particulares a los planes de todos los demás. Por ejemplo, el estudiante universitario que decide convertirse en contador en lugar de artista porque valora el mayor ingreso que puede obtener como contador, cambia su plan de carrera en respuesta a los planes de otros para comprar servicios de contabilidad en lugar de pinturas. El individuo que decide que una casa en un vecindario en particular es demasiado cara y, por lo tanto, renuncia a su plan de vivir en ese vecindario, también está comprometido en un proceso de ajustar sus planes a los planes de otros; porque lo que hace que la casa sea demasiado cara son los planes de otros para comprarla que pueden pagar más. Y, sobre todo, Mises demostró que cada empresa, al buscar obtener ganancias y evitar pérdidas, se ve llevada a planificar sus actividades de una manera que no solo sirve a los planes de sus propios clientes, sino que tiene en cuenta los planes de todos los demás usuarios de los mismos factores de producción en todo el sistema económico.

    Así, Mises demostró que el capitalismo es un sistema económico racionalmente planificado por los esfuerzos combinados y egoístas de todos los que participan en él. El fracaso del socialismo, mostró, se debe al hecho de que representa no una planificación económica, sino la destrucción de la planificación económica, que solo existe bajo el capitalismo y el sistema de precios.

    Mises no fue principalmente anticomunista. Fue procapitalista. Su oposición al socialismo y a todas las formas de intervención gubernamental se derivó de su apoyo al capitalismo y de su amor subyacente por la libertad individual y su convicción de que los intereses egoístas de los hombres libres son armónicos; de hecho, que la ganancia de un hombre bajo el capitalismo no solo no es una pérdida para otro, sino que en realidad es una ganancia para los demás. Mises fue un defensor coherente del hombre hecho a sí mismo, del pionero intelectual y empresarial, cuyas actividades son la fuente de progreso para toda la humanidad y que, según él demostró, solo puede prosperar bajo el capitalismo.

    Mises demostró que la competencia bajo el capitalismo tiene un carácter completamente diferente a la competencia en el reino animal. No es una competencia por medios de subsistencia escasos dados por la naturaleza, sino una competencia en la creación positiva de nueva y adicional riqueza, de la cual todos se benefician. Por ejemplo, el efecto de la competencia entre los agricultores que usaban caballos y los que usaban tractores no fue que el primer grupo muriera de hambre, sino que todos tenían más alimentos y el ingreso disponible para comprar cantidades adicionales de otros bienes también. Esto fue cierto incluso para los agricultores que «perdieron» la competencia, tan pronto como se trasladaron a otras áreas del sistema económico, que pudieron expandirse precisamente gracias a las mejoras en la agricultura. Del mismo modo, el efecto de la suplantación del automóvil por el caballo y el buggy fue beneficiar incluso a los antiguos criadores de caballos y herreros, una vez que hicieron las reubicaciones necesarias.

    En una importante elaboración de la Ley de la Ventaja Comparativa de Ricardo, Mises mostró que hay espacio para todos en la competencia del capitalismo, incluso aquellos con habilidades más modestas. Estas personas solo necesitan concentrarse en las áreas en las que su inferioridad productiva relativa es menor. Por ejemplo, un individuo capaz de ser solo un conserje no tiene que temer la competencia del resto de la sociedad, casi todos cuyos miembros podrían ser mejores conserjes que él, si eso es lo que eligen ser. Porque, por mucho mejor que otras personas puedan ser como conserjes, su ventaja en otros campos es aún mayor. Y siempre que la persona de habilidades limitadas esté dispuesta a trabajar por menos como conserje de lo que otras personas pueden ganar en otros campos, no tiene nada de qué preocuparse por su competencia. De hecho, supera a otros para el trabajo de conserje al estar dispuesto a aceptar un ingreso más bajo que ellos. Mises demostró que en este caso también prevalece una armonía de intereses. La existencia del conserje permite que las personas más talentosas dediquen su tiempo a tareas más exigentes, mientras que su existencia le permite obtener bienes y servicios que de lo contrario le serían completamente imposibles de obtener.

    Sobre la base de tales hechos, Mises argumentó contra la posibilidad de conflictos de interés inherentes entre razas y naciones, así como entre individuos. Porque incluso si algunas razas o naciones fueran superiores (o inferiores) a otras en todos los aspectos de la capacidad productiva, la cooperación mutua en la división del trabajo seguiría siendo ventajosa para todos. Así, demostró que todas las doctrinas que alegan conflictos inherentes se basan en una ignorancia de la economía.

    Argumentó con una lógica incontrovertible que las causas económicas de la guerra son el resultado de la interferencia gubernamental, en forma de barreras comerciales y migratorias, y que tal interferencia que restringe las relaciones económicas exteriores es el producto de otra interferencia gubernamental que restringe la actividad económica interna. Por ejemplo, los aranceles se vuelven necesarios como medio para evitar el desempleo solo debido a la existencia de leyes de salario mínimo y legislación pro sindicatos, que impiden que la fuerza laboral nacional compita con la competencia extranjera mediante la aceptación de salarios más bajos cuando sea necesario. Mostró que la base de la paz mundial es una política de laissez-faire tanto a nivel nacional como internacional.

    En respuesta a la viciosa y ampliamente creída acusación de los marxistas de que el nazismo era una expresión del capitalismo, mostró, además de todo lo anterior, que el nazismo era en realidad una forma de socialismo. Cualquier sistema caracterizado por controles de precios y salarios, y por lo tanto, por escasez y controles gubernamentales sobre la producción y distribución, como lo era el nazismo, es un sistema en el que el gobierno es de facto dueño de los medios de producción. Porque, en tales circunstancias, el gobierno decide no solo los precios y salarios cobrados y pagados, sino también qué se va a producir, en qué cantidades, por qué métodos y a dónde se enviará. Estos son todos los derechos fundamentales de la propiedad. Esta identificación de «socialismo en el patrón alemán», como él lo llamó, es de inmenso valor para comprender la naturaleza de todas las demandas de controles de precios.

    Mises demostró que todas las acusaciones hechas contra el capitalismo eran completamente infundadas o deberían dirigirse contra la intervención gubernamental, que destruye el funcionamiento del capitalismo. Fue uno de los primeros en señalar que la pobreza de los primeros años de la Revolución Industrial era la herencia de toda la historia anterior, que existía porque la productividad del trabajo todavía era lamentablemente baja; porque científicos, inventores, empresarios y ahorradores e inversores solo podían crear avances y acumular el capital necesario para aumentarla paso a paso. Mostró que todas las políticas de supuesta legislación laboral y social eran en realidad contraproducentes para los intereses de las masas de trabajadores a quienes se suponía que ayudarían, ya que su efecto era causar desempleo, frenar la acumulación de capital y, por lo tanto, mantener baja la productividad del trabajo y el nivel de vida de todos.

    En una importante contribución original al pensamiento económico, demostró que las depresiones eran el resultado de políticas patrocinadas por el gobierno de expansión del crédito diseñadas para reducir la tasa de interés de mercado. Tales políticas, mostró, crearon malas inversiones a gran escala, que privaron al sistema económico de capital líquido y provocaron contracciones crediticias y, por lo tanto, depresiones. Mises fue un firme defensor del patrón oro y del laissez-faire en la banca, que, según él, lograría virtualmente un patrón oro de reserva del 100% e impediría tanto la inflación como la deflación.

    Lo que he escrito sobre Mises proporciona solo una indicación mínima del contenido intelectual que se encuentra en sus escritos. Escribió aproximadamente veinte libros. Y me aventuro a decir que no puedo recordar haber leído un solo párrafo en ninguno de ellos que no contuviera uno o varios pensamientos u observaciones profundos. Incluso en las raras ocasiones en que encontré necesario estar en desacuerdo con él (por ejemplo, en su opinión de que el monopolio puede existir bajo el capitalismo), siempre encontré que lo que tenía que decir era extremadamente valioso y un poderoso estímulo para mi propio pensamiento. No creo que nadie pueda afirmar estar realmente educado sin haber absorbido una medida sustancial de la inmensa sabiduría presente en sus obras.

    Los dos libros más importantes de Mises son «La Acción Humana» y «Socialismo», que representan mejor la amplitud y profundidad de su pensamiento. Sin embargo, estos no son para principiantes. Deben ser precedidos por algunos de los escritos populares de Mises, como «Burocracia» y «Planificación para la Libertad». «La Teoría del Dinero y el Crédito», «Teoría e Historia», «Problemas Epistemológicos de la Economía» y «Los Fundamentos de la Economía» son otros libros de Mises que sería muy recomendable leer.

    Mises fue un hombre de una integridad y carácter excepcionales, que llevó una vida de trabajo incansable, abnegación y autodisciplina en la búsqueda de la verdad y la promoción de la libertad. Hizo una contribución incomparablemente valiosa a la teoría económica y la filosofía política, y su legado vive en cada uno de nosotros que ha tenido el privilegio de aprender de él. En este aniversario de su nacimiento, recordemos a Ludwig von Mises como uno de los gigantes intelectuales de la historia y un defensor incansable del capitalismo y la libertad individual. Su trabajo continúa siendo una fuente de inspiración y guía para aquellos que buscan comprender y promover una sociedad basada en la libertad y el respeto por los derechos individuales.

    George Reisman, Ph.D., is Pepperdine University Professor Emeritus of Economics. He is the translator of Mises’s Epistemological Problems of Economics and is the author of Capitalism: A Treatise on Economics. His publications on Amazon.com are at amazon.com/author/george-; many of his lectures are on YouTube at youtube.com/@georgereisman His blog is at georgereismansblog.blogspot.com. Follow him on Twitter

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  • Bernard Mandeville, un personaje para el momento actual

    Nada menos que Samuel Johnson –sin duda una de las figuras más destacadas de la literatura inglesa del siglo XVIII– ha dicho que Mandeville le “abrió la mirada frente a la realidad de la vida” y, por su parte, James Boswell en Life of Samuel Johnson apunta que Mandeville ha influido decisivamente en buena parte de la concepción filosófica del tan ponderado doctor Johnson.

    Pensadores de la talla de Adam Smith, David Hume, James Mill, Emanuel Kant, Jeremy Bentham, Voltaire, Montesquieu y estudiosos como Benjamin Franklin han citado frecuentemente a Mandeville para discutir o para coincidir con sus razonamientos y conclusiones. Condillac y Herder se basaron en Mandeville para la realización de buena parte de sus trabajos sobre el origen y el proceso evolutivo por el que se forma el lenguaje, que como es sabido no procede de la ingeniería social ni el diseño, sino del orden espontáneo. En esta línea argumental, Borges sostenía que el inglés cuenta con un mayor número de palabras porque no lo pretende regir una academia de la lengua.

    Alexander Pope reconoce en los escritos de Mandeville un gran valor literario. Resulta muy curioso que con estos reconocimientos sobre la influencia mandevilliana en el pensamiento de la época contemporáneamente aquel autor pase prácticamente desapercibido. Salvo el formidable trabajo de tesis doctoral presentado por Forrest B. Kates en 1917 en la Universidad de Yale, que más tarde inspirara a Friedrich Hayek para su notable presentación ante la Academia Británica en marzo de 1966 y con anterioridad la disertación doctoral de Chiaki Nishiyama en la Universidad de Chicago en 1960, salvo estos estudios, como queda dicho, Mandeville pasa sin que se destaquen sus contribuciones, aun en los círculos intelectuales considerados de mayor prestigio.

    Bertrand Mandeville nació en Holanda en 1670 y murió en Inglaterra en 1733, lugar este último donde transcurrió prácticamente toda su existencia. Se graduó en medicina –provenía de una familia de médicos célebres–, pero su interés lo volcó por entero a la filosofía, sobre lo que publicó una docena de trabajos de envergadura, pero su tono incisivo, mordaz y por momentos peyorativo condujo a algunos malentendidos. Aunque fueron muchos los intelectuales de peso que reconocieron su originalidad y maestría, otros lo rechazaron por considerar que su lenguaje resultaba insolente y no adecuado para la época. En su afán de ridiculizar al oponente en no pocas ocasiones dificultaba la comprensión del argumento, que incluso a veces resultaba desfigurado.

    Veamos a título de ejemplo una de sus obras titulada La fábula de las abejas o cómo los vicios privados hacen a la prosperidad pública. Es que Mandeville usa la expresión “vicio” en su equivocada acepción vulgar para aludir a los seres humanos persiguiendo su interés personal. Con este razonamiento el autor de marras pretendía señalar con acierto que todos actuamos en nuestro interés personal. Es en realidad una verdad de Perogrullo, puesto que el acto se lleva a cabo precisamente porque está en interés del sujeto actuante, sea la acción ruin o abnegada. Tanto el asaltante de bancos que apunta a que le salga bien el atraco como la Madre Teresa, en cuyo interés personal está el cuidado de sus leprosos, en ambos casos proceden por el referido móvil.

    El eje central de la cooperación social en un sistema abierto se sustenta en que todos para progresar deben atender las necesidades de su prójimo. Se trata de demandas cruzadas en los intercambios, por eso es que suelen agradecerse recíprocamente en un comercio luego de la transacción. Lo que le preocupaba a Mandeville y mucho más nos preocupa a esta generación es la incomprensión manifiesta de lo dicho, e irrumpe el “ogro filantrópico” al decir de Octavio Paz, un esperpento que en nombre del aparato estatal aplasta derechos y libertades de los gobernados a través de controles absurdos, pesadas cargas fiscales, inflaciones galopantes, sindicatos que abdican de sus funciones y en su lugar perjudican a sus supuestos representados, sistemas de inseguridad antisocial, cerrazón al comercio con el mundo. Todo conducido por megalómanos disfrazados de hadas madrinas que todo lo destruyen a su paso degradando el concepto de solidaridad, ya que se inspiran en la expropiación del fruto del trabajo ajeno.

    Esta lección de Mandeville luego fue retomada también por uno de los más destacados exponentes de la Escuela Escocesa, a saber Adam Ferguson, que en 1767 subrayaba que los beneficios del interés personal cruzado en una sociedad libre son “el resultado de las acciones humanas mas no producto del diseño humano” al efecto de alejar de los burócratas “la arrogancia fatal”, tal como denominaba Hayek al ímpetu de los estatistas de siempre. En momentos en que en el llamado mundo libre la arremetida de los planificadores y alquimistas sociales hace peligrar la existencia de la misma libertad, resulta de interés repasar y releer el mensaje central de Mandeville, especialmente cuando se observa una malsana tendencia a abandonar los preceptos de la democracia para convertirla en cleptocracia, lo cual en lugar de preservar intacto el respeto a los derechos de las personas, tal como recomiendan los Giovanni Sartori de nuestro tiempo, en muchos lugares se opta por gobiernos de ladrones de sueños de vida, propiedades y libertades. Se deja de lado la columna vertebral de la democracia para sustituirla por el mero recuento de votos, con lo que se podría concluir que Hitler era demócrata porque asumió con la primera minoría en un proceso electoral, o el sistema implantado por el dictador venezolano que habla con los pajaritos.

    Tal como se ha consignado respecto de Mandeville, el estilo burlón y satírico aplicado a ciertos temas no siempre es conducente, procedimiento a que recurre este pensador en su desesperación para que se comprendan puntos centrales de la convivencia civilizada. Mandeville es el principal responsable de haber refutado lo que se conoce como “darwinismo social”. Darwin mostró que en el reino de la biología las especies más aptas eliminan a las menos competentes, mientras que Mandeville explicó con lujo de detalles que en materia social la libertad hace que los más eficientes, los más fuertes, como una consecuencia no necesariamente buscada, inexorablemente transmitan su fortaleza a los más débiles por las inversiones que son la única causa de salarios e ingresos en términos reales.

    Otro punto sobresaliente en los trabajos del autor que estamos comentando es el referido a lo que en términos modernos de la teoría de los juegos se denomina la suma cero. Esto es el pensar que en las relaciones interindividuales no hay ganancias de las dos partes en una transacción, como si se beneficiara solo la que recibe dinero, sin percatarse de que en las contrataciones libres las partes involucradas ganan. La riqueza no trata de un pastel estático que se divide en partes, sino de un proceso dinámico de crecimiento que no se refiere a cantidad material, sino a valores incrementados. Recordemos aquello de “todo se transforma, nada se consume” en el universo. Los teléfonos antiguos tenían mucha más materia que los modernos, sin embargo estos últimos prestan infinitamente mayor cantidad de servicios, por ende proporcionan mayor valor. En resumen, Mandeville es para nuestra época.

  • Del adoctrinamiento a la educación

    Escribí y publiqué un libro intitulado “Educación ¿estatal o particular?” y con el pasar del tiempo cada día veo que los caminos chuecos son difíciles de enderezar; y, cada vez me recuerdan el poema que nos legó nuestro padre, Irving H. Bennett, del autor Sam Walter Foss, intitulado El Sendero de la Vaca, el cual traduje al castellano y publiqué con algunos comentarios y que voy a volver a publicarlo a la par de este escrito de hoy sobre el sendero del adoctrinamiento educativo que destruye a nuestra sociedad.

    El periodista y académico israelí Eliezer Ben-Yehuda, quien arribó a Jerusalén en 1881 y dedicó su vida a crear 17 volúmenes de un diccionario hebrero, nos legó un vital mensaje acerca de la importancia del idioma en la educación y la cultura. Hoy, que veo con inmensa tristeza un Panamá en el cual los graduados de secundaria no saben leer ni escribir, recaigo sobre las razones de algo tan absurdamente brutal que es la educación centralizada en gobiernos corruptos hasta sus médulas.

    En el artículo de Paula Jacobs que me motivó a una vez más abordar el tema de la educación, mayormente enfocado a través del idioma, Jacobs destaca el que la juventud israelí de hoy, apenas un 13% entiende las palabras del alfabeto hebreo. ¿Qué porcentaje en Panamá entiende las palabras del castellano?: cuando en nuestro país llamamos “invierno” al verano e “verano al invierno”; y, peor aún, nos enseñan que sólo tenemos 2 estaciones, con lo cual nos roban las primaveras y los otoños.

    Pero, mucho más allá de las aulas del NODUCA panameño, vemos la triste situación de los diccionarios de nuestro idioma. La RAE, por ejemplo, dedica 78 palabras para dar significado al vocablo “etimología”, mientras que el Merriam-Webster le dedica 329 palabras y 3 artículos que abordan el término. Y… hoy que toda Latinoamérica se está mudando a los EE.UU. ¿qué será de nuestro idioma? Y mucho peor, de nuestra capacidad de comunicarnos y entendernos.

    Luego, en un artículo de Paula Jacobs, nos cuenta el caso de Elana Simon casada don esposo judío y con un padre afrodescendiente, que viviendo en Brooklyn no logra encontrar una escuela que llene los cometidos de la familia. Buscaban un ambiente inclusivo, que no sólo abordara la oración sino la comunicación. Entender lo que leen o las palabras que escuchan en canciones. Finalmente encontraron una escuela en la cual las maestras lograban enseñar de manera entretenida, que es el secreto de la educación; es decir, la emoción.

    También cuenta Jacobs que en las escuelas públicas en los EE.UU. está prohibido preguntar a los alumnos acerca de su religión. Nooo, eso es tabú. Y, por otro lado, está la gran importancia de dominar dos o más idiomas dado lo que ello abona en un sentido cognitivo junto con beneficios sociales; lo cual me consta, dado que fui bilingüe desde mi infancia. ¡Ha sí!, y antes que se me pase, por muchos años me dediqué a la docencia, habiendo fundado dos escuelas, una privada y otra gubernamental conjuntamente con el PNUD y la OACI.

    Y reiterando el tema del lenguaje, de entender las palabras desde su origen; ninguna sociedad puede avanzar sanamente si no logran la capacidad de comunicación y entendimiento que ello lleva implícito.

    En fin, nuestro inmenso error fue haber delegado la educación de nuestros hijos al centralismo; a esa desorganización gubernamental corroída totalmente e incapaz de cumplir con semejante encargo. La solución es simple… descentralizar, por no usar el odiado vocablo de “privatizar”. Dicho simple: en el NODUCA no existe la riqueza de la desigualdad; y, si no entiendes eso, olvida lo que acabas de leer.