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  • Derecho Natural y Constitución

    Derecho Natural y Constitución

    El derecho natural es un fuerte candidato a ser el punto de partida fundamental de cualquier constitución duradera o de un orden político viable. Antes de las reglas positivas, del diseño institucional, de la separación de poderes o de los procedimientos de reforma, es necesario contar con una visión coherente de lo que ya es verdadero acerca de los seres humanos y de sus relaciones —derechos, deberes, justicia y los límites de la autoridad legítima— que el documento escrito reconoce, protege y organiza, ya que la ley se descubre y no se inventa.

    Las tradiciones del derecho natural (clásica, estoica, tomista, lockeana y ciertas corrientes de la Ilustración) sostienen que existen principios morales y prácticos descubribles por la razón, arraigados en la naturaleza humana y en las exigencias de la cooperación social. Estos incluyen bienes básicos como la vida, el conocimiento, la razonabilidad práctica y la comunidad; derechos correlativos contra la agresión, el robo o el dominio arbitrario; y la idea de que la autoridad política solo se justifica en la medida en que asegura estos bienes y derechos, en lugar de anularlos. Una constitución que parte de aquí trata al Estado como un instrumento para proteger un orden moral pre político, y no como la fuente de todos los derechos y de toda legitimidad. Esa orientación tiende a producir límites más claros al poder, protecciones más sólidas para los individuos y las asociaciones intermedias, y una mayor resistencia a la captura puramente mayoritaria o de élites.

    En la práctica, muchas tradiciones constitucionales exitosas se han inspirado en esta premisa, aunque no siempre usaran la expresión “derecho natural”. Los documentos fundacionales estadounidenses, por ejemplo, invocan explícitamente “las Leyes de la Naturaleza y del Dios de la Naturaleza” y derechos inalienables. Las constituciones liberales clásicas y algunas de orientación demócrata-cristiana tratan de manera similar ciertos derechos y restricciones institucionales como reflejos de realidades morales más profundas, y no como meras preferencias políticas. Cuando las constituciones, por el contrario, consideran los derechos como puras creaciones del Estado o de las mayorías políticas sucesivas, se vuelven más vulnerables a la revisión cada vez que cambia el equilibrio temporal de poder: un resultado visible en muchos experimentos constitucionales latinoamericanos que han sido reescritos repetidamente con cada ciclo de predominio político.

    Respecto a Panamá y a las discusiones de la APEDE entre expresidentes, los debates sobre reforma constitucional allí, como en otros lugares, suelen centrarse en la arquitectura institucional (presidencialismo frente a parlamentarismo, límites de mandatos, reglas electorales, independencia judicial, reglas fiscales). Esas cuestiones son importantes, pero son secundarias. Sin un punto de partida compartido acerca de la naturaleza y los límites de la autoridad legítima, las opciones institucionales se convierten en instrumentos de una disputa de poder en lugar de salvaguardas de un orden común. Un enfoque inspirado en el derecho natural preguntaría primero: ¿Cuáles son los requisitos básicos de la justicia y del florecimiento humano que cualquier constitución panameña debe respetar? ¿Qué formas de poder estatal están inherentemente limitadas por esos requisitos? Solo entonces los detalles de los procedimientos de reforma, los contrapesos y el diseño institucional se siguen como medios y no como fines.

    Esto no significa afirmar que el derecho natural produzca un plano único y detallado que todo país deba copiar. Personas razonables discrepan sobre el contenido preciso y la derivación de los principios del derecho natural, y las aplicaciones históricas han sido a veces selectivas o interesadas. Las circunstancias culturales, históricas y prácticas también moldean las instituciones viables. Sin embargo, la alternativa —tratar la constitución como un puro acto de voluntad de la coalición dominante del momento— tiene un historial peor en cuanto a estabilidad a largo plazo, gobierno limitado y protección de los derechos básicos.

    En resumen, centrarse primero en el descubrimiento y el reconocimiento de las restricciones del derecho natural es una forma más fundamental y durable de “constituir” un Estado que comenzar por la ingeniería institucional o la negociación partidista. El texto escrito y los argumentos políticos que le siguen deben ser consecuencia de ese reconocimiento.

  • ¿Derecho humano o demagogia politiquera?

    Definitivamente que para lograr mejor entendimiento de las cosas hace falta visitarlas constantemente. Lo curioso es que cuando ya creemos que entendemos algún tema, la realidad del mundo nos pone en jaque al demostrarnos que no, que aún nos falta mucho por aprender. Tal es el caso de los derechos humanos, que día a día vemos a tantos que pretenden que la manta se estire más para arropar como “derecho” cosas que no lo son.

    A los demagogos del mundo les resulta fácil y “provechoso” declarar con fervor religioso que la atención de salud es un derecho humano, dado que lo contrario suena inhumano, y, en cierto sentido tienen razón; “suena inhumano”. Es como el agua, en dónde todos tenemos derecho al acceso, pero no a que te lo lleven potabilizado a casa de manera gratuita. Pero… gratuita no es.

    Entonces ¿qué hemos de entender por “derecho humano”. En el caso de los cuidados de salud deberíamos comenzar por definirlos y veremos que de inmediato el asunto se complica y ya no es sólo asunto de definir lo que es derecho humano sino… ¿qué entendemos por “cuidado de salud”?

    En realidad, el problema es como el cuento de los tres amigos que en medio de un viaje llegan a una posada y piden cuarto. El posadero les alquila el cuarto por $30 y les dice que vayan que les manda las maletas con el botones. Ya con los huéspedes camino al cuarto, el posadero cambia de parecer respecto al precio, pues quiere que los clientes vuelvan en un futuro, y decide descontarles $5 de los $30. El hospedero da al botones los $5 para que los reparta a los huéspedes. Camino a llevar las maletas y los $5, el botones, no ve cómo repartir 5 entre 3, decide quedarse con $2 y dar a cada huésped $1. Ahora lo interesante. Si los 3 pagaron $30 y a cada uno les devolvieron $1, quiere decir que cada uno pagó $9. 9×3=27… más los dos que se tomó el botones suman 29. ¿Dónde quedó el $1 que falta para los $30?

    Saque usted cuentas, pero la moraleja que nos queda es que siempre nos encontramos con quienes enredan hasta lo que parece imposible de enredar. El asunto está en cómo planteamos las cosas y en el planteamiento sembramos la falsedad.

    Los problemas de los cuidados de salud se atascan en el lodazal de lo irreal cuando el estado y sus gobiernos se quedan sin plata para pagar el engaño. La pretensión, por ejemplo, ¿de darle cuidado de salud a quienes viven en zonas remotas, sin caer en aquello de la escogencia de ganadores y perdedores? Si estás más cerquita tienes más derecho humano; y así la cosa va perdiendo sentido.

    Los auténticos derechos humanos son naturales y tienen tres componentes: el derecho a existir, a vivir libre, y el derecho a la propiedad; tres cosas que no te las da nadie, sino que nadie tiene derecho a quitarlas. Cosa muy diferente es el agua o derecho de salud, que supone que otro está obligado a proveer.

    Más allá, sí podemos presuponer que, en la medida de lo posible, tecnológica y económicamente, el conjunto social debe procurar los medios y políticas para promover mayor atención de salud asequible. Sin embargo, ¿qué decir de nuestra supuesta CSS, que no es más que una empresa privada intervenida y prostituida por los politicastros? esa que cada día se acerca más al colapso final.

    Todo ello es una inmoralidad de confiscación, parte y reparte. De engaño de politicastros demagogos que se aprovechan de la mentalidad de semovientes que van conformando una dictadura de las mayorías. Es decir que… es derecho porque si lo niegas te aplastamos acusándote de inhumano; sin importar que sea irreal.