Etiqueta: privatizaciones

  • Sin sana cultura tendremos malsana economía

    Sana es la cordura mental o la mente racional capaz de juzgar y anticipar los efectos de nuestras acciones; y si aplicamos este concepto a la cultura estaríamos refiriéndonos a un sano tejido social que permite a dicho tejido, en lo personal y por tanto en el conjunto, discernir buenos valores. Y vale abundar en el sentido etimológico del término “cultura”, es decir, aquello que se cultiva; en lo particular nuestro comportamiento, pensamientos, lenguaje y acciones enfocadas en el aprendizaje y en la trasmisión social a las subsecuentes generaciones, con miras al desarrollo de pensamiento abstracto o abstruso.

    En Panamá muchos hablan de “preservar” culturas precolombinas; sin embargo, poco meditamos el sentido en ello. Y es que para algunos el preservar una cultura se ha vuelto cosa sagrada, a punto que no se detienen a meditar en ello y lo que implica; como podría ser el preservar lo disfuncional. Por ejemplo, uno cultiva productos de la tierra con miras a obtener buenas y productivas cosechas. ¿Acaso ello no aplica igualmente al cultivo de lo cultural? Y, en particular y especial, referido a quienes viven en un entorno desfasado, incapaz de adaptarse a la realidad de los cambios exponenciales de la nueva era; eran en la cual la evolución social se torna esencial. En síntesis, nada bueno es ver la cultura como si se tratase sólo de huacas precolombinas y desconsiderando la realidad práctica.

    El tema cultural en Panamá, en muchos casos y sentidos, ha tomado desvíos malsanos, tal como el vilipendio al emprendimiento o lo que la población llama “privatización” pero sin entender lo que es. De tal comportamiento cultural vemos que los inmigrantes que sí creen y practican el emprendimiento privado prosperan, mientras que los del patio languidecen en las mazmorras arcaicas de una deseducación “NODUCA”.

    En el sentido expuesto vale fijarse en el caso de Japón, que entró al siglo XIX con una cultura vetusta; y, sin embargo, fueron capaces de cambiar y adaptarse al modernismo industrial y empresarial del Oeste, lo cual lograron, curiosamente, sin perder muchas de sus costumbres culturales. Mientras todo ello ocurría en el Japón, en Panamá nuestras universidades, particularmente la gubernamental daba cursos enfocados en lo feo de las relaciones EE.UU./Panamá; desdeñando por años lo positivo. De hecho, mucho se criticaron las semi privatizaciones de Pérez Balladares sin las cuales aún estaríamos sumidos en el centralismo castrante del Panamá colonial.

    Hoy, luego de que el Canal revirtió a Panamá, y con ello fuimos adoptando algunos cambios económicos progresistas, las malas costumbres culturales de la población y sus pervertidos gobiernos siguen atrapados en los pantanos de un centralismo interventor y castrante.

    El mayor y verdadero capital de una nación se encuentra o no, en la cultura de su gente; referido esto a una sana cultura en la cual se aprendió a valorar el emprendimiento y los saludables valores morales. Una cultura que no rechaza y vilipendia virtudes; tales como el hacer yo y no que lo haga el gobierno y sus politicastros.

    Panamá tiene características únicas que nos potencian para llegar a ser el país más próspero del continente americano y más allá; sin embargo, algo nos detiene anclados a un pasado distópico. Si no somos capaces de una sana y productiva evolución cultural, gracias a las ventajas de nuestra posición y a su Canal, algo evolucionaremos. Sin embargo, tal vez no lo suficiente en un mundo en el cual el progreso se torna raudo y aún más; se torna exponencial, a punto que no conjuga con los letargos del ayer.

  • Nueva Zelanda. ¿Cómo lo hacen?

    Nueva Zelanda es el país número uno en el Índice Legatum sobre prosperidad, un índice que aparte de medir el PIB de los países, mide cosas como la distribución de la riqueza, los derechos de las mujeres y las minorías, las libertades civiles, personales y económicas, la calidad ambiental de vida.

    Nueva Zelanda es el país número uno en el Doing Bussiness del Banco Mundial. Más que el propio Singapur. Es el país menos corrupto del mundo según el índice de percepción de Transparencia Internacional. Es el tercer país con más libertad económica según los índices del Heritage y del Fraser al mismo tiempo. Pero, ¿cómo lo hacen? ¿Cómo llegaron allí? No siempre fueron así.

    Es uno de los mejores países donde emigrar. Y tiene una crisis de vivienda. Por la cantidad de gente que quiere inmigrar y la especulación de inversionistas. Eso fue una de las razones por las cuales Jacinda Ardern ganó las elecciones. También tiene todavía problemas de integración del pueblo maorí original. Pero sigue siendo uno de los mejores países de la tierra donde vivir.

    Nueva Zelanda es una monarquía constitucional, lo cual deja un poco mal a los republicanos que piensan que un presidente ciudadano es garantía de democracia y prosperidad, porque si vemos, los países escandinavos, los países bajos y Nueva Zelanda o Canadá son monarquías constitucionales. El jefe de estado es la Reina Británica. El gobierno es ejercido por un primer ministro o ministra electa por el parlamento. La legislatura dura 3 años, y los Kiwis votan con dos votos. Una por la lista nacional del partido y la otra por el diputado local que los representa.

    Nueva Zelanda aunque nación rica, cometió el mismo error de Argentina, y el gobierno se expandió en la economía, con impuestos altísimos, controles de precios, salarios y divisas. Con lo cual al final su PIB quedó al nivel de Portugal. La legislación laboral era complicadísima, el estado manejaba muchas empresas estatales. Esa receta no dio resultados en Argentina, tampoco la dio en Nueva Zelanda. Solo que en los años 80s los Kiwis reaccionaron como nunca lo hicieron los argentinos. En 1984, el partido laborista de centro izquierda, cambió el modelo de país. La derecha ve a iconos como Ronald Reagan o Margaret Thatcher como modelos, pero Sir Roger Douglas, laborista, en un partido de centro izquierda, entre 1984 y 1990 privatizó empresas estatales, cortó subsidios al agro, se hizo un examen a cada departamento del gobierno y si no les gustaba lo que hacían o el mercado lo hacía mejor, se cerraba o privatizaba. En las empresas públicas que se quedaron, se pidió la profesionalización y el uso de criterios de mercado. Todo esto sin mucho aspavientos ideológicos. Más bien fueron pragmáticos, que buscaron lo mejor para su país.

    Se buscó simplificar todos los trámites y entidades estatales, de varios miles de empleados pasaron a tener 20 o 30 empleados. Pese a la reducción masiva de la planilla, el empleo aumentó en el país.

    Se simplificaron los impuestos y la recaudación subió un 20%. Sir Douglas se dio cuenta que gran parte de gasto en educación no iba destinado a la enseñanza, así que se ideó que los colegios fueran controlados por un consejo elegido por los padres de familia y se instauró la elección escolar. Los dineros ahorrados se destinaron a la educación, la salud, la seguridad, y excelente sistema judicial, de tradición británica.

    Los siguientes gobernantes, como Ruth Richardson profundizaron la tendencia.

    El primer ministro de Nueva Zelanda vuela en vuelos comerciales, los aviones del gobierno VIP fueron vendidos. Lo hacen para evitar que el presidente del gobierno no pierda el contacto con la gente y la realidad. Algo que nuestros presidentes latinoamericanos deberían aprender.

    Nueva Zelanda destina mucho dinero a la educación. Las bibliotecas públicas tienen Wifi, servicios virtuales de libros, música y películas que funcionan hasta internacionalmente. En Auckland, por ejemplo, hay 25 bibliotecas públicas para una ciudad de 1.6 millones de habitantes. Compare ahora que hay una sola para Panamá, San Miguelito y Chorrera.

    Peter Thiel el billonario gurú tecnológico se nacionalizó kiwi, dice que no conoce otro país que mire al futuro como Nueva Zelanda. Y Nueva Zelanda es el primer país que integra índices de prosperidad multidimensionales en sus políticas públicas. Es realmente un país que mira al futuro sin complejos.

     

  • El camino checo. Cómo se hizo la transición del comunismo al capitalismo.

    The Velvet Revolution en 1989 fue el punto de partida para una nueva República Checa. La transición de un estado comunista al capitalismo no fue una tarea fácil de manejar. Había más de 1.300 billones de Koronas checas en empresas estatales (SOE) que debían privatizarse para que el país floreciera. Para que esto ocurriera, se tomaron muchas aristas en consideración, como el tipo de regulación necesaria y el proceso de privatización, con todos sus problemas. Es muy importante mencionar que hubo dos factores de la transición que son fundamentales para entender la solución checa: el tiempo era esencial y estaba previsto que el marco institucional sería el resultado de la privatización.

    Hay dos formas de hacer regulaciones, ex-ante (por previsión) y ex-post (por factores de la vida real). Es lógico pensar que lo primero que se debía hacer en un país poscomunista era establecer el ‘Estado de Derecho’ antes de privatizar SOE, pero al hacerlo, todo el proceso se retrasaría. Toma mucho tiempo decidir cuál sería el mejor marco de regulación para un nuevo país emergente, especialmente cuando estaba bajo un tipo de gobierno que reprimía cualquier actividad de libre mercado, y tal vez hasta ahora las regulaciones de ese período seguirían estando en la agenda de los gobiernos. Además, no significaba necesariamente que al hacer una regulación “ex ante” iba a tener una mayor eficiencia en la aplicación de la ley o que iba a tener menos daños. También se creía que a través de este proceso, se abriría espacio a malversaciones (por ejemplo, lavado de dinero), por lo que si no se realizaba un desarrollo legislativo, entonces el emprendimiento privado habría crecido tan rápido que no se podrían evitar las mismas. En la regulación ex-post, las formas legales o marcos institucionales solo pueden evolucionar a partir de eventos de la vida real. Las experiencias de la vida real brindan argumentos confiables sobre por qué y qué agencias necesitan formarse y contar con personal adecuado.

    Si se tratara de un proceso normal de compra/venta (privado-privado), cualquier asunto presentado entre las partes se mantendría y se resolvería en privado. Pero dado que el caso de esta privatización fue entre SOE y una entidad privada (público-privada), entonces cualquier problema o accidente podría retrasar el proceso o incluso paralizarlo. Esto también abriría las puertas a cualquier amenaza política, como el comportamiento de ‘búsqueda de rentas’ y las prácticas de cabildeo en una sociedad emergente que no estaba preparada.

    Una vez más, enfaticemos que el resultado de una privatización del Este post comunista, fue su efecto institucional en la sociedad y la economía en general. Debe recordarse que después de un país comunista, había muy poco dinero disponible para gastar. Por lo tanto, para agilizar el proceso de transición, las SOE se vendieron “tal cual”, y el nuevo propietario estuvo a cargo de encontrar nuevas ideas, tiempo y recursos necesarios para la reestructuración de la empresa. Además, era responsabilidad de los nuevos inversores diferenciar las inversiones ‘buenas’ y ‘malas’, y con suerte cerrar las malas. El gobierno, sabiendo que los propietarios iniciales no eran necesariamente los propietarios finales, reconoció que necesitaban crear un entorno que hiciera fluida y eficiente la transición de la propiedad secundaria.

    El gobierno checo dejó en claro desde el principio que la inversión internacional era beneficiosa para la economía futura, pero no iba a desempeñar un papel fundamental en el proceso de privatización. El capital extranjero solo iba a entrar en el país una vez finalizada la privatización entre los checos, para fomentar la iniciativa privada en lugar de lidiar con la burocracia gubernamental. Aunque la transición del comunismo al capitalismo fue algo difícil, especialmente para un país con poca experiencia en empresas de propiedad privada, abrió la posibilidad de que surgieran nuevas empresas como los llamados “green-field entrepreneurs”(empresarios en mercados que nunca antes fueron explotados comercialmente),  ya fueran extranjeros o nacionales.

    Concluyendo, ¿qué podemos aprender sobre la particularidad de la transición checa?

    • La transformación de la sociedad fue el equivalente a la distribución completamente nueva del poder y la riqueza, por lo tanto, supuso ganadores y perdedores desde que la ventana de oportunidades fue suficientemente abierta para todos.
    • El cambio institucional debe verse como el resultado de la privatización de las SOE, si la regulación se hacía antes de que surgiera la nueva economía, entonces la sociedad emergente no se hubiera encontrado en un entorno más liberal que el que ya existía.
    • Dado que el objetivo final es transformar la sociedad y la economía -y el gobierno carece de capital-, la solución obvia es establecer las condiciones para atraer a empresarios “greenfield”, ya sean nacionales o extranjeros.
    • La velocidad de transformación es la clave más importante para florecer, aunque otras opiniones puedan pensar que el ‘estado de derecho’ es lo primero.
    • El proceso de transformación tiene sus costos, desde lo social hasta lo territorial, destacándose en este caso la división de Checoslovaquia, que simplificó en gran medida tareas complejas.
    • Así como hay desintegración, también hay unificación de países, como fue el caso de Alemania.
    • Por último, pero no menos importante, hay que tener valor. Valor para ser parte del cambio de un país emergente en transición.