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  • Adiós Feargal Quinn: Un empresario y Senador defensor de la libre empresa

    En Mayo de este año, a los 82 años de edad, falleció el empresario, político, presentador de TV y autor irlandés, Feargal Quinn, quien no se conformó con lograr ser un empresario multimillonario, sino que se comprometió en la lucha a favor de una empresa menos embarazada por el intervencionismo central, a punto que se lanzó al ruedo de la política limpia.

    Hoy nuestra empresa, Goethals Consulting Corp. quiere recordar la vida y obra de Feargal, quien en el año 2008 tuvo la gentileza de aceptar una invitación para dar una conferencia magistral en Panamá, con el propósito de compartir con los panameños algo sobre el «milagro irlandés», los secretos que conducen a la apertura de nuevos mercados, a la modernización del estado, y a la reducción de los costos y actividades parasitarias que lejos de promover una sana movilidad social y económica las inhibe.

    Cosas como lograr más con menos, que en estos momentos en que sale en los medios que las limitaciones presupuestarias ya afectan el mantenimiento de obras tan importantes como el Metro y su extensión al aeropuerto Tocumen, a Villa Zaita, y otras más. Los casos de países que han llegado al colapso como resultado de gastos desbocados y desatinados hacen imperativo que pongamos atención y tomemos acción. Y de todo ello nos vino a hablar Feargal Quinn en su momento, a punto que va siendo hora de poner más atención.

    En su momento el senador Quinn dejó patente la importancia de dar servicio de calidad, en un contexto de jovialidad que le llevó a ser conocido como el “happy-chappy” o tipo alegre. Como fundador de la cadena de abarroterías Super Quinn, llegó al éxito empresarial a través de enfocarse en la satisfacción del cliente. Luego, en el momento oportuno, vendió a su empresa y movido por un gran interés social, se lanzó a la arena política en dónde, pese a fracasos iniciales, llegó a lograr gran éxito, a pesar de que sus políticas no eran “políticamente correctas”.

    En la década de los 80, Irlanda estaba sumida en un retraso, a punto que muchos irlandeses abandonaban el país en busca de mejores oportunidades. Pero en 1990, con Feargal ya en el senado, y luego de la adopción de políticas más austeras y enfocadas en la realidad, la economía irlandesa despegó a más del 5% anual y ya en el 2000 superaba el 9%. Pero, en particular, ¿a qué se puede atribuir el éxito del “milagro irlandés”? Nada más ni menos que a un juicioso recorte del gasto o malgasto público. Inclusive disminuyeron la cantidad y tamaño de las instituciones gubernamentales, redujeron los impuestos, mejoraron y disminuyeron las layes y reglamentos, dado que una gran parte ni siquiera eran cumplibles y sus efectos eran malísimos. En todo ello, Feargal logró juntar al gobierno con los sindicatos y el sector empresarial para encontrar soluciones reales y duraderas.

    En la visita de Feargal a Panamá me ha quedado su disposición alegre. Ocurrió cuando lo llevaba un día en mi auto. No recuerdo la conversación, pero entre risas se subió la basta del pantalón y dejó descubiertas unas medias de cuadros a colores, que denotaban de manera ostensible su divertida naturaleza.

    Conferencia de prensa junto a Fundación Libertad. Panama, Enero 2008. En la foto: Roberto Brenes, Feargal Quinn, John Bennett Novey

    Pero las anécdotas que más me impactan de Feargal me impresionan por el coraje que le caracterizaba al arremeter contra perversas políticas que se habían arraigado como santificadas en su tierra. Tal fue el caso cuando pidió la abolición del salario mínimo, lo cual le valió cruentos ataques de parte de sindigarcas. Curioso que luego de ello la prosperidad económica llegó a Irlanda. La explicación de Quinn era simple: El salario mínimo, que es control de precios, maniata a la empresa. Las plazas de trabajo no existen a cualquier precio sino al precio del mercado; y los gobiernos y sus políticos no son nada buenos determinando precios y terminan creando desastres sociales y económicos.

    Inclusive la política de reducción de impuestos y menores beneficios a los trabajadores produjo que más personas buscaran trabajo, y de eso trata la economía; es decir, de la creación de más trabajo que crea más riqueza. Los subsidios y regalos no crean riqueza sino que la destruyen. Amar no es consentir. Simplemente dicho, las políticas socialistas no son la solución. Quinn increpó el que se rehusara la instalación de medidores de agua en las residencias, que ofreció hacer la empresa Siemens por €800 millones. No es difícil ver en ello la mano de politicastros en búsqueda de mangos bajos.

    En cuanto al cuidado de salud, Quinn argumentó que ningún cuidado de salud y tal es “gratuito”, pues alguien lo debe pagar. Ello es como el problema del agua y el IDAAN en Panamá, en dónde se malgasta el agua, ya que por un lado no la pagan y por el otro la cobran a un centésimo de centavo por galón. El día que tengan que pagar lo que cuesta purificarla y distribuirla, verán que todo cambia.

    Y termino compartiendo una pieza de filosofía valiosísima de Feargal Quinn: “Puede ser muy fácil ceder ante la tentación de creer que no podrás lograr éxito en el mercado puesto que el mismo es injusto. La realidad es que nos podemos convencer de lo que sea; lo cual es muy seductivo y, a fin de cuentas, destructivo.” El mundo es rudo y de nada sirven malos atajos.

    El gran secreto está en dar el buen ejemplo. ¿Será eso lo que vemos en nuestro patio? El buen empresario no es aquel que cosecha los mangos bajos, ya que subir el palo es engorroso y peligroso. El buen empresario y comerciante, igual que el estadista, es aquel que ve la meta a largo plazo; es aquel que quiere que el cliente o ciudadano vuelva una y otra vez.

    Hoy mismo, leyendo los periódicos veo que el Metro se queda sin presupuesto para su mantenimiento. No me vayan a decir que eso es el resultado de buena gobernanza. O que eso no era predecible, con gobiernos que se jactan del despilfarro. El secreto está en reconocer los errores y adaptar, adaptar, adaptar.

    Saludos a un gran empresario, un gran político, y una extraordinario ser humano, Feargal Quinn.

     

  • Las elecciones y el problema del trabajo en Panamá

    Hace poco una de las personas más conservadoras de Panamá criticó las propuestas del candidato Ricardo Lombana de querer bajar el salario mínimo. Aparte de que el personaje es un mixtificador, y usa la falacia del hombre de paja, ya que Lombana nunca habló de bajar el salarió mínimo, sí es necesario tener un debate sobre el salario mínimo y el Código de Trabajo que no estamos teniendo. Ponerse a citar artículos sobre el debate laboral gringo, no elimina el tema tratado por el delegado de Lombana, de que durante los gobiernos de Ricardo Martinelli y Juan Carlos Varela, se aumentó varias veces el salario mínimo, muy por encima a la productividad marginal del trabajador. Hasta el punto de que en ciertos sectores el salario mínimo se acerca al salario promedio de los trabajadores calificados o profesionales de las empresas.

    En un país donde el sistema educativo no forma bien a la mano de obra, la única manera de calificar a los jóvenes es mediante la experiencia laboral. El salario mínimo artificialmente alto perjudica notablemente a los jóvenes sin experiencia. Sobre todo en el interior del país. Es difícil para un joven encontrar un primer empleo que no sea en el Estado. Y muchos jóvenes del interior no tienen otra opción de emigrar a la capital, o integrar las crecientes bandas de Ninis que empiezan a aparecer en David, Santiago y otras otrora pacíficas ciudades del interior. La ciudad de Panamá es el único lugar donde los salarios reales promedio suelen estar por encima del salario mínimo. En el interior cada vez la diferencia entre los salarios promedio y el salario mínimo es así, igual. Eso no facilita los empleos buenos en el interior, quedan pocos trabajos productivos que ofrezcan salarios promedios competitivos. Esto hace que la informalidad laboral crezca en el interior de la República. Un mixtificador podrá decir todo lo que quiera, pero la realidad está allí. A vivir en el agro de subsistencia, a trabajar en una empresa que paga salario mínimo, a trabajar en el Estado, o sea a vivir de los impuestos de otros.

    Costa Rica en cambio, cuenta con un Código de Trabajo más flexible, menos tierras estatales amarradas en las comarcas, o en zonas grises sin titular. El resultado de todo esto es que para crear empleos agroindustriales como con la empresa Del Monte, esos tres mil empleos significaron que la empresa tiene reglas propias en materia laboral y despidos. O sea que el gobierno tácitamente reconoce que para que una empresa pueda crear empleos rurales agroindustriales, es necesario eliminar o modificar las normas del Código de Trabajo. En un país donde no hay fueros ni privilegios según la Constitución, está claro que unos siguen siendo más iguales que otros. Que hay un país de enclaves que progresa y otro de leyes de aplicación general que se estanca. Si se quiere progresar, se tiene que tener el empuje de políticos para que pasen leyes especiales a cada uno. Al final, terminamos discriminando a los panameños con respecto a los extranjeros en la capacidad de crecer empresarialmente. Irónico ¿verdad?

    EL salario mínimo demasiado alto hace que los jóvenes y los indígenas no sean empleables para obtener experiencia laboral, sobre todo en las áreas rurales. El Código de Trabajo, sobre todo en las normas de despido y de huelga, hace muy riesgoso hacer empresas industriales. Y si queremos crear empleos de calidad, sobre todo en el interior, discutir sobre estos temas, es algo que tenemos que discutir. Por ahora hay un solo candidato que se ha atrevido a tocar el tema.