Etiqueta: Salario mínimo

  • Salario mínimo y empleo “mínimo” 

    Cada vez que se anuncia un ajuste al salario mínimo, el debate se enciende con la misma promesa: “subir el piso” para mejorar la vida de quienes menos ganan. Suena noble. Pero la pregunta incómoda sigue allí: ¿la norma realmente eleva el bienestar de los trabajadores más vulnerables o, en la práctica, termina cerrándoles la puerta del empleo formal?

    En Panamá, el salario mínimo no es una cifra única, sino un mosaico de tasas: se fija por región, actividad económica y tamaño de empresa, y se revisa al menos cada dos años. Eso no es un detalle técnico; es el corazón del problema. Cuando el Estado define precios —y el salario es un precio: el de la hora de trabajo— inevitablemente afecta decisiones de contratación, horarios, inversión y, sobre todo, supervivencia de negocios pequeños. El Decreto Ejecutivo del 10 de enero de 2024 formalizó ese esquema por hora y por categorías en todo el país.

    El marco reciente lo ilustra bien. En 2025, la propia mesa tripartita reconocía que el sistema vigente comprende 59 tasas para 74 actividades, y hablaba de un salario mínimo promedio alrededor de B/.636.80 mensuales; además, admitía que aún estaban en fase técnica sin cifras propuestas, revisando informalidad, mipymes y comportamiento del mercado laboral.  Ese punto es crucial: si el diagnóstico incluye informalidad y fragilidad empresarial, un aumento mal calibrado puede acelerar lo que se quiere evitar.

    Y, sin embargo, el proceso cerró con humo blanco. El 10 de diciembre de 2025, el Ministerio de Trabajo informó un “consenso histórico” entre trabajadores, empleadores y gobierno: nuevas tasas que regirán desde el 16 de enero de 2026, con ajustes descritos como escalonados y con ejemplos de incrementos de entre B/.9.50 y B/.15 mensuales en ciertos rubros y regiones.  Medios que citan despacho de EFE resumieron el resultado como aumentos de US$10 a US$15 al mes, también con entrada en vigor el 16 de enero de 2026.

    Ahora bien: incluso cuando el aumento es “moderado”, el impacto no se reparte parejo. En el mercado hay empresas holgadas y empresas al límite. Las primeras absorben costos o los trasladan con más facilidad; las segundas recortan turnos, frenan contrataciones o cierran. En esa transición, los primeros en quedar fuera suelen ser los de menor productividad inicial: jóvenes sin experiencia, trabajadores con baja escolaridad, personas con discapacidad, y quienes necesitan horarios flexibles. La ley, que pretendía ayudar, termina actuando como filtro.

    A esto se suma una realidad que hoy día ya nadie discute: la automatización avanza. Cuando el costo legal de contratar sube, la máquina compite mejor. No por maldad del empresario, sino por aritmética. Un incremento pequeño puede ser la gota que justifique el autoservicio, la cocina semiautomatizada o el reemplazo de tareas rutinarias.

    El objetivo debería ser que más gente gane más, sí, pero a través de productividad, formación, reducción de trabas y formalización, no solo por decreto. Si el salario mínimo se convierte en “empleo mínimo”, el precio lo pagan, paradójicamente, quienes menos margen tienen para esperar. Y esa es la ironía que Panamá debería vigilar muy de cerca en 2026.

  • Salario Mínimo Constitucional es Enemigo del Mercado

    Desde el Artículo 65, la Constitución de Panamá se declara enemiga del mercado cuando garantiza salario mínimo (SM) y participación en las ganancias de las empresas

    Para los politicastros, la manera fácil de cumplir con los mandatos constitucionales de gobierno, si es que eso les interesa, la encontraremos en la ‘coerción vs el intercambio voluntario’. Es así ya que es mucho más fácil gobernar coercitivamente, particularmente cuando la mayor parte de la población prefiere los gobiernos regalones; lo cual es mucho más fácil que andar predicando el amor por el trabajo, el ahorro y la inversión. Y, a pesar de que la mayoría proclama su sentimiento al decir cosas como: “robó, pero le dio al pueblo” o, “no a la privatización”; lo típico es que culpe al mercado o a los ricos de sus penurias.

    Por ejemplo, ya desde el Artículo 65 la Constitución de Panamá se declara enemiga del mercado cuando garantizan salarios mínimos (SM) y participación en las ganancias de las empresas; lo cual no sólo no es compatible con una libertad de mercado, sino que ni siquiera conviene los más necesitados. El Artículo 65 es una norma constitucional de carácter comunista, pues niega el derecho a la propiedad. Pero, lo más curioso es que jamás se han atrevido a cumplir con dicha legislación.

    Y así sigue nuestra constitución violando las normas que rigen un mercado sano y productivo; tal como vemos en el siguiente artículo, el 66, el cual dice que “la ley establecerá la manera de ajustar periódicamente el SM del trabajador”. Semejante norma es contraria al mercado pues ya lo que decide la remuneración no es, necesariamente, el buen rendimiento del empleado sino la magnanimidad del legislador. Y peor es que viola la libertad, destruye el empleo formal promoviendo la informalidad o peor, al desempleo.

    No más vean lo que me dijo una curiosa fuente por allí:

    Cada vez que sube el SM, se destruye empleo formal. Entre el 2010 y 2024 el salario mínimo real subió un 68% (MEF) la informalidad pasó de 38% a 47% (INEC, ago. 2025) el desempleo juvenil (15 a 29) pasó a 34.2%, el más alto de Latinoamérica 183,000 jóvenes ni estudian ni trabajan (los ninis).

    El que gana $686 en la Región 1 no es el mesero sino el que logró sobrevivir al aumento. Los otros 3 que despidieron están manejando UBER o vendiendo minutos. El SM diferenciado es un chiste cruel (Decreto 9 de 2023:

    Actividad

    Región 1

    (grande)

    Región 2

    (pequeña)

    Diferencia
    Peón agropecuario $481 $336 -30%
    Mesero(a) $686 $449 -35%
    Construcción (ayudante) $792 $492 -38%

    A todo ello muchas empresas no logran absorber el costo y terminan en quiebra.

    Casos reales:

    • Zona Libre de Colón: 42 empresas cerraron tras aumento 2024 2,800 empleos perdidos
    • Bananeras de Puerto Armuelles: redujeron 1,200 plazas y ahora contratan por “tarea” (pagan $12/día, por debajo del mínimo)
    • Restaurantes Panamá: 68% subieron precios 12-18% (encuesta CAPAC 2025)
    País Política SM Desempleo 2025 Informalidad
    Singapur NO existe SM nacional 2.1% 13%
    Suiza Solo por cantón y profesión 2.4% 8%
    Dinamarca Solo por convenios colectivos 2.8% 11%
    Panamá 96 tasas diferentes rígidas 12.8% 47.8%

    La solución que nadie quiere pero que convertiría a Panamá en uno de los países más ricos del mundo sería respetar la libertad de mercado; que los salarios fuesen pactados entre empleadores y empleados; mientras que el gobierno podría actuar en contra de explotación. Tal medida generaría en 5 años:

    • 250,000 nuevos empleos formales (CEPAL)
    • Caída de un 28 a 30% o más en la informalidad
    • El salario promedio subiría 22% dada la competencia (caso Chile 2018)

    En resumen, a quien protege el SM es a los burrócratas corruptos y a los malos sindicalistas.

  • El misterio de la economía

    Si en Panamá o en EE.UU. hay problemas económicos que afectan a muchos, particularmente a los que menos entienden de economía o de gobierno, de leyes, emprendimiento, etc., en buenísima medida se lo debemos a los que supuestamente sí deberían dominar estos temas pero que por diversas razones o no los dominan o que por razones pervertidas optan por seguir los caminos vacunos o lemúridos de la mente. Para ilustrar lo que señalo les voy a trasladar a una realidad que se está dando actualmente en Gringolandia con dos legisladores que “legislan” en partidos diferentes, Republicano y Demócrata. El caso lo presenta Tyler Turman, del Instituto Acton, quien se especializa en estudios de ciencia política y economía.

    Resulta que los dos legisladores de partidos-partidos dejaron de estar partidos para proponer una ley que aumentaría el salario mínimo de $7.25 la hora a $15 la hora, conjuntamente con aumentos futuros atendiendo efectos inflacionarios. El argumento central de estos legisconfusos gira en torno a los problemas inflacionarios, tema que lleva el asunto por otros recovecos que no voy a seguir ahora; sólo para señalar que la inflación es uno de los mayores o el mayor relajo de pervertidos legisladores y políticos. En resumen, la propuesta legislativa es alocada y destructiva; pero como suele ocurrir con la economía, está lo que se ve, que es muy poco, y lo que no se ve, que es muchísimo.

    A cantidad de familias les cuesta poner la paila, educar a los hijos y tal; y el gran reto es entender el problema y conocer cómo mejor enfrentarlo. En cortito, lo fácil de ver es que entrar el salario, pero, lastimosamente pocos se fijan más allá de ello. En cortito, los jaleos económicos cada día tienen más que ver con desgobiernos que dificultan el emprendimiento formal; ¿o es que no se han dado cuenta que el informal se ha disparado? Quienes sí lo advierten algo mejor son los del sector de emprendimiento formal que deben lidiar con la burrocracia. No más miren a los trabajadores de Bocas que se presentan a la “empresa” a seguir trabajando… ¿cuál empresa? Pensarán que “la empresa” serán los bananos y los edificios.

    Tanto en EE.UU. como en Panamá la mayoría ha apostado a más gobierno como vía de solución de sus problemas; lo cual es patético ya que el desorden fue creado por los gobiernos, si es que podemos llamarles tal. Frente a ello la propuesta de aumentar el salario mínimo colisiona con una realidad económica fundamental; y es que a mayor precio menor consumo. ¿Cuántos no dirán: “no había pensado en eso”?. El problema está en la inmensa ignorancia o peor, la deshonestidad de haber creado salarios mínimos; esos que, por un tiempo, aventajan a los más dotado y condenan al desempleo a los menos aventajados. Son leyes que prohíben trabajar a los menos dotados… ¡absurdo!

    Esos jóvenes que al salir de las mazmorras MEDUCA sin saber leer, escribir, sumar o restar, les estará prohibido trabajar. Es la receta perfecta para el aumento de la informalidad. Y para los más dotados el asunto tampoco se pinta bien, pues los robots vienen y para ellos no hay salario mínimo. Y más allá están los consumidores que tendrán que pagar más por lo mismo, lo cual los llevará a consumir menos.

    En resumen, el aumento de salario mínimo sólo nos conduce al desastre económico; y ni hablar, más gobierno tipo MEDUCA. Lo que sí nos puede ayudar a sacar el fango económico es que los gobiernos se dediquen a ser gobiernos y no mafias metidas en los gallineros hartando posturas y gallinas.

  • El verdadero salario mínimo es cero

    Ninguna ley puede evitar que el trabajador quede con un salario ‘cero’, y cuando ello es el resultado de leyes de salario mínimo, «salmin», que es control de precio, la culpa debe recaer sobre las erradas políticas clientelistas. En resumen, ni la democracia ni los gobiernos son para dictar términos contractuales entre los ciudadanos; que, cuando inevitablemente fracasan son culpa de las partes contratantes y no de los legisladores.

    Es barbárico soslayar los efectos colaterales de los controles de precio, tanto en alimentos como en salarios y tal; los cuales, en miles de años de historia siempre han creado miseria. Además de la creación de desempleo e, inclusive, la disminución de otros beneficios no salariales, el «salmin» puede conducir a un aumento en los precios de los alimentos y del cuidado de los niños; lo cual puede más que negar cualquier beneficio de aumento salarial.

    ¿Y qué del efecto sobre las empresas que se ven obligadas a pagar más, mientras reduce márgenes y la viabilidad del negocio? A todo ello, los politicastros son los que tiran la piedra y esconden la mano. Hacen ver que están ayudando cuando muchas veces es completamente falso y no pasa de ser un ardid politiquero para ganar votos, sin importar que en vez de resolver termine empeorando economías.

    ¿Alguna vez han visto a los legisladores haciendo una evaluación de los efectos de elevar forzosamente el «salmin»? Es algo así como un médico que opera al paciente y luego no le da seguimiento al operado.

    La esencia fundamental de un mercado libre se basa sobre contrataciones consensuales y no aquellas forzadas que, cuando salen mal, los politicastros que las dictaron no dan la cara. La mayoría de los negocios en el país sólo logran mantenerse o peor, están en pérdidas o en vías de quiebra; y el salmin lo único que hace es llevar unos a pérdida y otros a quiebra.

    Hay formas mucho mejores para ayudar a los que tienen falta de ingresos, pero como los resultados de semejantes políticas no son instantáneas ni mágicas, los pervertidos politicastros se van por la ruta del mal. La auténtica función de las autoridades electas y de sus funcionarios no es la coerción sino la de protegerlos en contra de la coerción; ¿cuán difícil es entender esto?

    Por otro lado, debemos siempre regresar a señalar que el «salmin» es un instrumento que prohíbe trabajar a los menos capacitados; esos que podrían trabajar por menos para llevar algo a casa. En otras palabras, el salmin es la fórmula perfecta para crear más informalidad. Y, en particular, afecta más a los que buscan por primera vez entrar al mercado laboral.

    Otro aspecto que poco o nunca se considera, es que los buenos trabajadores solitos se ganan sus aumentos; pero cuando dichos aumentos les llegan vía la coerción politiquera, sólo se esfuerzan en ser miembros de los sindicatos.

    El verdadero propósito del salmin no es ayudar a los que menos tienen sino ayudar a los sindicalizados a no ser desplazados por otros que están dispuestos a trabajar por menos. El salmin es un instrumento que desincentiva el mejor rendimiento. Y, a todo ello, el salmin es magnífica estrategia para fomentar las políticas del parasitismo; es decir, dañan el mismo tejido de una sociedad.

    En síntesis, las leyes del salmin no son bien intencionadas sino todo lo contrario; ya que va creando adicción por el centralismo y son camino de servidumbre a la clase política. Y… en dónde hay leyes salmin no existe el capitalismo sino el socialismo o peor

  • Salario mínimo en el 2023

    El salario mínimo o salmin es una política de control de precios (CP) con la cual desde la época del Código de Hammurabi en el antiguo Egipto hace 4000 años intentaban resolver problemas de inflación, carencias y tal. Sería difícil hallar una práctica política/económica más experimentada en la historia. Y ¿cuáles han sido los resultados? ¿Cuándo han logrado las políticas de CP controlar la inflación y resolver las carencias del mercado? Para quienes se tomen la molestia de estudiar la historia, verán que es una historia de fracasos económicos y vanas ganancias politiqueras.

    El CP, sea el salario mínimo u otro es, en esencia, herramienta de los corruptos e ignorantes politiqueros que engañan a su clientela ciudadana que no entiende de economía pues se enfoca en el hambre de hoy. Pero el mal va mucho más allá, creando otros problemas serios, tales como mercados negros, carencias y, en general, una mala asignación de los recursos.

    Y es así, ya que al dar a los productores y consumidores las señales equivocadas, porque los precios «bajos» para los productores limitan la oferta y los precios «bajos» para los consumidores estimulan la demanda, los controles de precios amplían la brecha entre la oferta y la demanda. Vaya usted a explicar esto a Tío Pueblo. Y… ni hablar que a la vez que promulgan viciosas políticas de CP, igualmente promulgan otras que producen inflación y toda clase de efectos degenerados.

    Quizá el peor efecto es el de reducir la libertad, esa que según el Preámbulo constitucional establece que: “Con el fin supremo de fortalecer la Nación, garantizar la libertad…” ¿Acaso obligar a unos a vender al precio político fortalece la libertad? Al fin, ni la libertad ni la salud económica de la nación salen bien.

    ¿Por qué, a pesar de 4000 años de experiencia contraria al CP los gobiernos siguen el mal camino y la mayoría de los ciudadanos apoyándolo? Se trata de clientelismo por el lado gubernamental y por el otro, de una población que busca la comida hoy. Es cierto que en algunos casos el CP sí ha logrado capear los efectos inflacionarios, pero sólo a corto plazo. Luego, cuando llega la podrida los politicastros que las instituyeron ya tomaron las de Villa Diego y Tío Pueblo no logra atar cabos.

    A todo ello, menos mal que Panamá no imprime moneda de algodón y lino pero, por otro lado, sí seguimos prácticas económicas barbáricas. En esencia somos fascistas; es decir, nuestra política sigue vetas totalitarias, tales como el CP. El fascismo se opone a la democracia liberal clásica y se va por la vía del gobierno todopoderoso que supone encarnar el espíritu del pueblo. Si fuese por Tío Pueblo no habría siquiera la medio privatización de Balladares y sólo habría un partido, vaya usted a ver cuál: a la Mussolini, Franco o Hitler.

    En síntesis, el fascismo es el gobierno todopoderoso, mal llamado estado, disque por y para el pueblo; razón por la cual no hace falta buscar nada fuera del poderoso gobierno que mantiene a la población embobada por intermedio del ministerio MEDUCA que más bien es NODUCA.

    Ojalá despertemos a la realidad de que los CP pueden causar daños permanentes a la economía y al pueblo; más que nada impulsando el centralimo y destruyendo el mercado. ¿Cuántos nos fijamos en las distorsiones que produce el CP en el mercado? Es terrible que a unos les da ventaja mientras a otros los entierra.

    ¿Quiénes se fijan en los daños que el CP produce a los inversionistas, sin los cuales el país naufraga? ¿Cómo calcular racionalmente los costos de inversión cuando no hay seguridad frente a controles caprichosos? Entonces, todo ello da pie a que los politicastros y zurdos digan que el mercado no funciona y con ello justifican el intervencionismo castrante. Y todo esto es apenas un atisbo al tema.

  • Salario Mínimo: ¿de verdad no causa desempleo?

    El premio Nobel de Economía  fue este año para los economistas David Card (Canadá, 65 años), Joshua Angrist (EE UU, 61 años) y Guido Imbens (Países Bajos, 58 años) . Pero a contrario de lo que los medios se hicieron eco apresuradamente , lo cierto es que la premiación ha sido por «concluir por análisis de ciertos  datos parciales históricos», que aumentar el salario mínimo “no necesariamente” genera desempleo. Es absolutamente fundamental ese “no necesariamente” , porque cambia en absoluto el postulado que se intenta inducir, principalmente desde los partidarios «del estado presente», que la introducción del mismo es indiferente. Y no, no lo es.

    Lo que sucede es aquello que ya dijo Hazlitt en 1940: tanto los precios máximos como los precios mínimos, pueden ser operativos o indiferentes. Un precio mínimo por debajo del precio de equilibrio del mercado, es indiferente, no genera efecto ninguno. Por ejemplo, fijar hoy un salario mínimo mensual en Panamá, de trescientos dólares mensuales, no necesariamente va a generar desempleo. Va ser un precio mínimo no operativo. Ningun efecto más produce. Es indiferente. Pero si ese salario mínimo se pauta artificialmente por encima del precio de mercado, por ejemplo en mil dólares mensuales, claro que va a generar desempleo. Es casi hasta frustrante tener que explicar esta cuestión, dado que cualquier economista entiende la ley de oferta y demanda y dado que el salario es finalmente un precio que refleja esa interacción voluntaria, si el mismo se fija artificialmente por encima, no va a haber tal interacción. Ergo, habrá puestos, pero no cubiertos.

    Esto es así porque el propósito de una persona es el mantenimiento de su vida y su bienestar, es poco probable que un empresario le pague a un trabajador más que el valor del producto que genera. Si un trabajador genera por hora un valor de $ 10 para el negocio, entonces el empresario no pagará más que esta cantidad.

    Si el salario mínimo se establece en $ 20 por hora mientras que el trabajador solo puede generar un valor de $ 10 por hora, entonces sería ilegal que la empresa le pagara al trabajador menos del salario mínimo de $ 20 por hora. En tal escenario, la empresa se vería obligada a reducir al trabajador, ya que emplear al trabajador por $ 20 la hora va a afectar la rentabilidad de la empresa. 

    Para el caso, el trabajo merecedor del Nobel se basa en el estudio comparando el cambio en el empleo en restaurantes de comida rápida en Nueva Jersey, que aumentó su salario mínimo estatal, con el de la vecina Pensilvania, que no lo hizo, y no encontraron diferencias sustanciales, concluyendo que los salarios mínimos no excluyen del mercado laboral a los trabajadores de baja productividad. Pero fue solo una observación específica para ese caso y no una conclusión que pueda generalizarse globalmente, en todas las circunstancias y en todas las situaciones, especialmente regulatorias. La acción humana no es un conjunto de datos históricos y predecibles modelados en laboratorio. Y por si hace falta aclarar, un salario mínimo en donde no existe un Código Laboral, es fácil de sostener, dado que contratar y despedir es libre y no atado a positivismo alguno.

    El estudio sobre salarios minimos es muy famoso y tiene su historia. Tambien sus problemas. Pero el premio no fue por el «salario minimo» en sí, sino por los nuevos metodos y creatividad de metodos econométricos que hoy son asunto corriente. Y aquí el problema: el desarrollo y predominio de esos métodos «es el resultado de dejar de lado la teoría o, más bien, de una epistemología positivista a la que adhieren la mayoría de los economistas» señala el ilustre economista Nicolás Cachanosky.

    La causalidad en las ciencias sociales es una construcción teórica, no algo que pueda extraerse de los datos sin una comprensión a priori del comportamiento humano y cómo afecta (y se ve afectado por) los fenómenos económicos y sociales. Los métodos experimentales y cuasiexperimentales pueden proporcionar un conocimiento histórico-empírico limitado, pero tienden a carecer de «validez externa», es decir, nunca se sabe si los resultados se mantendrán en otros entornos.

    El tema no es menor, ni para la ciencia, ni para nuestros países y sus inmaduras democracias, dado que el positivismo, desde el ámbito del conocimiento, es su principal enemigo; es muy preocupante escuchar a economistas que dicen: “yo sólo me guío por los datos”, y este solo contexto que le transmiten a los políticos. Todas las instituciones que atentan contra la evolución económica natural son hijas del positivismo, que se adueñó de los claustros universitarios, la mass media y le da sustento a la política más peligrosa.

  • El salario mínimo legal golpea a los que menos tienen

    Como vengo neciamente repitiendo, el salario mínimo (SM) no sólo es fiel representación del intervencionismo gubernamental castrante sino un instrumento del estado profundo en su permanente afán de imponer la servidumbre a la población. Servidumbre que golpea más a los que menos capacidad de aguante tienen; entre los cuales están los desempleados, los del sector informal, y los pequeños y medianos empresarios y las poblaciones nativas ancestrales a las cuales se les dificulta la evolución cultural.

    En 1931 en los EE.UU. se sancionó la ley Davis-Bacon con el propósito de evitar que trabajadores negros del sur, no sindicalizados, le quitaran puestos de trabajo a los sindicalizados del norte. Los defensores del SM entendían muy bien algo que hoy día se nos escapa a la gran mayoría; y es que, a quienes se les aumentan los salarios por la vía de la ley y no del mercado, no necesariamente saldrán beneficiados a más largo plazo, ya que serán reemplazados por trabajadores más calificados que rindan al salario más alto. Por algo hoy día están siendo reemplazados por robots.

    Tampoco entienden que montar pequeñas empresas es inmenso reto; cosa que se les resbala a burrócratas gubernamentales que jamás han sido emprendedores. Y no perdamos de vista que esos pequeños emprendedores son el motor de una economía; es decir, que la economía depende de esas pequeñas y medianas empresas.

    En los EE.UU., los genios del nuevo desgobierno de supuestos “demócratas”, o liberales  que no creen en la libertad, o progresistas que son retrógradas, quieren imponer un salario mínimo de $15 la hora, cuando el mínimo federal anda por los $7.25; incremento casi del 100%. Ni se les pasa por mente que todo empleado que no rinde $15 la hora será sujeto de despido, particularmente en empresas pequeñas y medianas que están luchando por sobrevivir. Tampoco ven que los aumentos en los salarios se traducen en aumentos en los costos operativos que, a su vez, se traducen en aumentos de los precios o la quiebra de las empresas. O… puede que sí entiendan estas cosas y que por razones diabólicas quieren destruir el país para reconstruirlo a la Venezuela.

    En Panamá, siempre me ha dejado perplejo cómo las asociaciones del sector empresarial se sientan en una mesa llamada “tripartita” derrochando verborreas estériles que siempre terminan en desacuerdos de manera que la determinación final del SM queda en manos de gobernantes que deciden sobre bases de clientelismo político y no sobre bases de un auténtico interés social. Y hasta se me paran los pelos de punta al usar la frase “interés social”, dado que la misma es comúnmente mal usada como comodín diabólico.

    Debería ser más que obvio que con un aumento de precios se dará una disminución en la demanda; la cual, a su vez, repercutirá en una disminución en la producción. Esto se lo explicó a Obama el profesor George Reisman en el 2014, pero la razón económica no puede contra la corrupta razón politiquera. La única manera de lograr sanos aumentos en los salarios es logrando un aumento en la salud del mercado; lo cual no se logra con dementes mandatos centrales. En fin, ¿de qué sirve llegar a casa con más dinero si todos los precios suben? ¡Ha!, es que entonces el gobierno debe instaurar un “control de precios”; tal como lo establece y faculta el Artículo 284 de nuestra perversa constitución panameña.

    Resumiendo: Mientras más intervención socialistoide sufre una comunidad, más se dificulta el emprendimiento, a punto que ya no es posible determinar las causas del éxito o del fracaso y toda la actividad económica queda sumida en tinieblas politiqueras.

  • ¿Es el aumento mínimo de salario en EE.UU una medida conveniente para todos?

    El debate sobre el impacto de un salario mínimo federal más alto vuelve a ser el centro de atención cuando el presidente Joe Biden presenta una medida para duplicar el salario base de los trabajadores federales, parte de su plan de ayuda COVID-19 de $ 1.9 billones para impulsar la debilitada economía estadounidense. Y, como era de esperar, no todas las empresas están unificadas en torno a la medida.

    En un discurso hace poco más de una semana, donde los demócratas volvieron a presentar en la Cámara y el Senado el martes para aumentar el salario mínimo federal a 15 dólares la hora para 2025, el nuevo líder de Estados Unidos dijo: «Si trabaja por menos de $ 15 la hora y trabaja 40 horas a la semana, está viviendo en la pobreza». El salario mínimo federal actual es de $ 7.25 la hora y no ha experimentado un aumento en más de 11 años.

    Amazon es una de las empresas que ha apoyado la Ley de Aumento del Salario. Jay Carney, vicepresidente senior de Asuntos Corporativos Globales de Amazon, afirmó que, el gigante del comercio electrónico “aplaude a los autores y copatrocinadores” del proyecto de ley y continuará abogando por su aprobación en el Congreso.

    Carney se desempeñó como director de comunicaciones de Joe Biden cuando era vicepresidente, antes de actuar como secretario de prensa del presidente Barack Obama entre 2011 y 2014. Carney dijo que al presidente Biden le «dejó en claro» su apoyo al aumento del salario mínimo.

    Amazon ya lo aumentó para sus propios empleados a $ 15 la hora en 2018. Carney señaló que el resultado fue un «impacto positivo en la moral y retención de los empleados», y las solicitudes para puestos por hora aumentaron más del doble inmediatamente después.

    «Mientras tomamos medidas para recuperarnos del devastador impacto económico de la pandemia de COVID-19, los trabajadores estadounidenses que necesitan un aumento, las pequeñas empresas que se beneficiarán de un mayor gasto y la recuperación económica más amplia del país simplemente no pueden esperar», escribió Carney en un blog de la empresa.

    Algunos minoristas, como Target y Costco, aumentaron el salario mínimo a $ 15 la hora, pero Walmart, el empleador más grande del país, no lo hizo. Walmart elevó su salario mínimo por hora de $ 9 a $ 11 en 2018.

    Pero más allá de la postura de algunos defensores sobre esta Ley en la que un aumento en el mínimo por hora, alegan, podría estimular el gasto de los consumidores, reducir los costos de rotación, contratación y capacitación para las empresas. Por otro lado, un aumento en el salario mínimo podría afectar dos áreas críticas del negocio: las ganancias y la productividad. Algunos afirman que un salario base más alto podría obligarlos a subir los precios para mantener los márgenes de ganancia, lo que puede alejar a los consumidores, provocar una disminución en los ingresos y, en última instancia, proporcionar a los empleadores menos dinero para contratar.

    Es más, la medida podría perjudicar de manera desproporcionada a las empresas más pequeñas e independientes: si bien las grandes corporaciones podrían echar mano de las arcas para mantener su red de decenas de miles de trabajadores, muchos propietarios de pequeñas empresas no podrán pagar el salario mínimo más alto. Para la mayoría de las empresas, el mayor gasto son los costos laborales, de los cuales la nómina suele ser el componente más importante, y puede representar hasta el 70% de los gastos generales totales.

    Y esto es parte de un conjunto de datos empíricos más amplio que confirma lo que demuestra la teoría económica: que los aumentos del salario mínimo eliminan puestos de trabajo. En cuanto a la propuesta de salario mínimo de $ 15, la Oficina de Presupuesto del Congreso, que no es partidista, estimó que eliminaría de 1.3 a 3.7 millones de empleos en todo el país. Esa estimación utiliza un escenario prepandémico, por lo que hay muchas razones para pensar que actualmente, el impacto sería aún peor. Más de 100.000 pequeñas empresas cerraron permanentemente en EE.UU el año pasado en medio de cierres pandémicos y disturbios, mientras que las encuestas muestran que el 60% de los propietarios de pequeñas empresas temen no llegar a junio de 2021.

    Además, algunos expertos han argumentado que, dado que un porcentaje significativo del trabajo minorista implica el pago de comisiones y otras herramientas de incentivo, un salario mínimo más alto podría reducir la productividad entre las empresas, por lo que afirman los salarios deberían ser una función de la productividad.

    La propuesta de Biden de un salario mínimo federal de $ 15 y su legislación complementaria presentada por los demócratas de la Cámara podrían complacer a los sindicatos y a la base demócrata. Pero realmente no hay duda de que arruinaría a las pequeñas empresas en el peor momento posible.

    La intervención del gobierno a menudo beneficia intereses bien establecidos y conectados. Los Amazon, Target y Walmart del mundo bien podrían soportar un enorme aumento en los costos laborales, pero innumerables miles de pequeñas empresas no sobrevivirían. En general, esto sería malo no solo para los empresarios afectados cuyas empresas quiebran, sino también para las comunidades que sustentan sus empresas y los trabajadores que emplean, no todos los cuales encontrarían otro trabajo. Mientras tanto, las grandes cadenas y los gigantes corporativos tendrían menos competencia, lo que eventualmente les permitiría subir los precios y consolidar aún más su participación de mercado.

  • ¿Qué es la propiedad privada?

    Hay pocas expresiones comúnmente usadas que sean tan mal entendidas como la frase “propiedad privada” (PP); y, a riesgo de simple y cansón lloveré sobre mojado. Y es que la importancia de entender lo que es y lo que implica la PP es primordial; es decir, aquello que viene delante de todo, lo principal, originario, primitivo y esencial, sin lo cual la misma Creación pierde rumbo y sentido. “Privado” es aquello personal de cada individuo, tal como su mismo cuerpo, pensamiento y derecho de transitar, sin el cual no podría mantener la vida. Dicho de otra manera: Es privado porque no puedes privar a la persona de ello… de su misma vida.

    El término “mercado” se refiere a la acción humana que no debe ser dirigida por el estado. La gente está dispuesta a ofrecer, comprar y vender bienes y servicios de su pertenencia; cada quien según sus particulares condiciones y a riesgo de no ser aceptado por un comprador. Si no entendemos y respetamos los derechos de propiedad, el mercado deja de ser un encuentro libre y voluntario entre las partes, que en adelante se verán obligados a interactuar en función del criterio de burócratas gubernamentales.

    También hay propiedad en los atributos de las personas, tal como la inteligencia, talento, voz, belleza y tal, los cuales no quedan sujetas al dominio público estatal. Los problemas comienzan cuando comenzamos a hablar de una “propiedad colectiva” a la vez que vamos negando los derechos a la propiedad del individuo. Semejante distorsión de la naturaleza humana nos coloca en un ambiente irreal o sintético en el cual las personas ya no piensan y calculan por cuenta propia sino en atención a mandatos coercitivos centrales.

    Los socialistas y comunistas sostienen que los medios de producción son propios de la comunidad y no de cada quien, como también puede ser de un grupo de personas. Algunos dicen que Marx y otros comunistas no niegan derechos de propiedad de cosas como la casa, la ropa, el auto y tal; sino a los medios de producción. Y no de toda producción sino de aquella que esclaviza al trabajador. El problema con semejante enfoque está en la dificultad para definir los medios de producción, tales como la inteligencia, la capacidad creativa, dedicación, don de mando o de organizar el trabajo de otros y tal.

    Pero la misma naturaleza va mucho más allá en estos temas, tal como bien lo señalara en su momento San Pablo Magno explicando que se trata de una realidad antropológica fundamental. Que la producción provechosa no es la del simple trabajo sino la de un trabajo dirigido con finalidad y astucia provechosa para todos. Y el problema es que son pocos los que tienen la capacidad creativa y organizativa.

    Recuerdo estar sentado con trabajadores que sostenían que nuestra empresa no pertenecía sino a todos nuestros empleados. Algo así como: Al darte empleo te estoy concediendo parte de la empresa que yo financié. Pero… ¿que ocurriría si los propietarios abandonan la empresa y la dejan en manos de quienes alegan ser sus dueños? ¿O será que mantendrán a los dueños como esclavos?

    Todo lo anterior nos lleva al estudio de la catalactica o cataxia que es la ciencia de los intercambios comerciales. De cómo el libre mercado logra las relaciones de intercambio y los precios. Es el análisis de los precios tal como son y no como algunos politicastros demagogos quieren que sean, porque ello se traduce en votos.

    Hoy día que va en aumento la tendencia de abolir la institución de la propiedad privada a través de limitaciones impuestas en ley, tal como las de control de precios y salarios mínimos, sorprenden los resultados de pobres economías. No debía ser difícil de entender los fenómenos que se producen al restar control a los propietarios de las empresas y dárselo a demagogos.

    En síntesis, en una economía o sociedad de libre mercado, los propietarios del capital, grandes y chicos, pueden disfrutar del producto de su ingenio y esfuerzo riesgoso en la medida en que ello se traduce en la satisfacción del consumidor. En fin, la propiedad sólo se convierte en valioso activo cuando es empleada en beneficio del consumidor y no en beneficio de burócratas o sindicalistas interesados.

  • El salario mínimo viola derechos de propiedad

    Tanto los comunistas como los socialistas no creen en los derechos de propiedad, comenzando por el derecho de cada persona a su propio cuerpo y vida, así como las vidas de sus hijos. Cuando los politicastros toman control del salario de tus empleados, pierdes control de tu negocio y ningún burrócrata saldrá a pagarte una ganancia mínima.

    La inmensa mayoría de las empresas son pequeñas y nadie te garantiza contra la quiebra. Sin embargo, de ellas dependen la mayoría de los trabajos. ¿Verdaderamente crees que un burrócrata sabrá cuánto debes pagar a tus colaboradores? La economía de un país no es asunto de tripas sino de corazón; y, en especial, del corazón de que pone en riesgo todos sus ahorros para montar un negocio. Las dificultades y riesgo de montar empresas es tal que de cada 10 empresas que abren, a los diez años sólo subsiste una; y muchas de esas quiebras se deben a obstáculos burrocráticos.

    Y, por “obstáculos”, no sólo hablo de controles de precio sino de leyes perversas e incumplibles; muchas de las cuales emanan no a través del proceso legislativo formal sino por intermedio del cuarto poder del estado constituido por todos esos funcionarios que se pasan todo el día ingeniándose para ver cómo le hacen la vida imposible a quienes montan empresas. Unos porque quieren justificar sus puestos y otros porque quieren facilitar coimas.

    Más tristes son las mismas asociaciones empresariales que caen en el rejuego demagógico. Muchos del sector empresarial se sientan en una mesa tripartita (empresa/laboral/gobierno), aduciendo que es con el fin de llegar a un acuerdo laboral de salario mínimo. La cruda realidad es que lo más probable es que están allí para figurar; ya que jamás llegan a un acuerdo y el gobierno de turno se lleva el supuesto triunfo.

    La Prensa, citando a la ministra de trabajo, Doris Zapata, dice que: “…busca impactar en la reactivación de la economía.” Y no dudo que así será. Lo que queda por ver es la clase de impacto. La economía no es algo que se puede manejar por control remoto.

    Si los votantes creen que un aumento del Salario Mínimo ayuda a los trabajadores, entonces los politicastros tendrán un incentivo para agregar demagogia al caldo. El verdadero Salario Mínimo es cero; es decir, será lo que recibirán los que no logren trabajo. Si aumentas el precio de un producto o servicio, bajará el consumo. O, como ocurre hoy día más y más, que los emprendedores comenzarán a contratar robots.

    Pero el Salario Mínimo por dictamen estatal no sólo afecta lo que pagan los empleadores sino quienes lograrán empleo o quienes lo pierden. Probable es que el trabajador habilidoso salga favorecido y no así el joven sin experiencia.

    Y como se ha dicho tantas veces: Si un aumento de 0.20 es tan bueno, por qué no uno de $20.00? Absurdo creer que el Salario Mínimo es como los letreros de velocidad en las calles; que pueden ser dictados al capricho de burrócratas.

    A fin de cuentas, el tema de fondo es si queremos socialismo o empresarialismo. El socialismo es totalitarismo y el empresario creen en la libre empresa. Simplemente, no podemos legislar eso que llaman “salario de vida”, que es lo que necesita la gente para poner la paila en casa, igual que no podemos dictar cuanta yuca sembrará el agricultor para alimentar a su familia. La economía no queda sujeta a las leyes de los gobiernos sino de acción de los particulares; como bien lo señala nuestra constitución.

    Y, como dice el título de este escrito, el Salario Mínimo viola lo que ni el Creador optó por violar; vale decir, dar al ser humano la libertad para hacer el bien o a equivocarse; ya que sin ello ni siquiera somos humanos.