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  • Wall Street quiere dinero digital, pero no quiere perder el control

    Wall Street quiere dinero digital, pero no quiere perder el control

    Durante años, una parte importante del sistema financiero tradicional presentó a las criptomonedas como una amenaza. Demasiado volátiles, demasiado opacas, demasiado difíciles de controlar. Hoy la discusión ha cambiado; los bancos ya no parecen preguntarse si utilizarán blockchain. La verdadera pregunta empieza a ser cómo utilizarla sin renunciar al poder que ejercen sobre el dinero. Y la última prueba realizada por U.S. Bancorp ofrece una imagen extraordinariamente clara de ese futuro posible del dinero digital.

    El banco estadounidense ensayó una transferencia internacional utilizando USBDC, su propio dólar tokenizado, sobre la blockchain pública Stellar. La operación demostró que un gran banco puede emitir dinero digital, transferirlo internacionalmente y liquidarlo sobre infraestructura blockchain.

    Hasta aquí, innovación financiera.

    Pero el experimento incluyó algo bastante más interesante ya que U.S. Bancorp probó cuatro funciones esenciales: emitir, transferir, congelar y recuperar los fondos. O en inglés: minting, transfer, freezing, clawback. Esas cuatro palabras contienen buena parte del debate que tendremos sobre el dinero durante los próximos años.

    Blockchain no significa libertad

    Uno de los errores más frecuentes en la conversación sobre criptomonedas consiste en confundir tecnología con estructura institucional. Una moneda puede funcionar sobre blockchain y seguir estando completamente centralizada. Es decir, puede liquidarse las veinticuatro horas del día, cruzar fronteras en segundos, utilizar contratos inteligentes, integrarse con mercados financieros tokenizados y al mismo tiempo, puede conservar un emisor con capacidad para decidir quién puede utilizarla, congelarla o incluso recuperar unilateralmente los fondos.

    Eso es exactamente lo que diferencia a una stablecoin bancaria de Bitcoin. Bitcoin fue diseñado para eliminar precisamente esa figura, por eso no existe un departamento de Bitcoin capaz de llamar a una transacción y decir: “deténgala”. No existe un administrador central con una llave maestra o una autoridad que pueda revertir unilateralmente una operación porque considera que el propietario no debería realizarla.

    Si una persona controla sus claves privadas, controla sus bitcoins. Ésa es simultáneamente una enorme ventaja y una enorme responsabilidad ya que si pierde las claves, pierde los fondos o si alguien consigue robarlas, no existe servicio de atención al cliente.

    Pero esa irreversibilidad no es un defecto accidental; es consecuencia de una de las propiedades fundamentales de Bitcoin: la ausencia de un tercero con autoridad superior sobre el dinero.

    La stablecoin bancaria propone otra cosa

    USBDC representa una filosofía diferente; el usuario puede poseer y transferir el activo, pero existe también un emisor que mantiene determinadas capacidades administrativas. Eso no convierte automáticamente al sistema en malo.

    La posibilidad de congelar fondos puede resultar extraordinariamente útil ante una estafa, un robo o un error operativo. También permite cumplir órdenes judiciales o recuperar activos obtenidos ilícitamente.

    Para muchas personas, esas características son precisamente una ventaja.

    El problema aparece cuando olvidamos que la facultad tecnológica que permite congelar dinero robado es exactamente la misma que permite congelar dinero legítimo. La tecnología no distingue moralmente entre ambas situaciones. Alguien debe tomar la decisión y quien tenga esa capacidad posee poder sobre la propiedad de otro.

    Ésta es la cuestión que desde una perspectiva liberal debería preocuparnos mucho más que la velocidad de la transacción o el nombre de la blockchain utilizada.

    El dinero programable tiene dos caras

    La tokenización promete enormes mejoras: pagos internacionales más baratos, liquidación inmediata, mercados funcionando durante todo el día, menos intermediarios operativos, automatización de contratos, mayor competencia.

    Todo eso puede ser profundamente beneficioso.

    El problema comienza cuando la programabilidad deja de ser una herramienta utilizada voluntariamente por el propietario del dinero y pasa a convertirse en una facultad ejercida por el emisor.

    Existe una diferencia enorme entre programar mi dinero para que libere automáticamente un pago cuando recibo una mercancía y que otra persona pueda programar las condiciones bajo las cuales yo puedo utilizarlo.

    En el primer caso existe libertad contractual, en el segundo existe control. La tecnología es exactamente la misma, la gran diferencia es institucional.

    Wall Street ya entendió blockchain

    Y ésta es quizás la evolución más interesante del ecosistema cripto en 2026.

    Los bancos están entrando rápidamente en stablecoins, tokenización e infraestructura blockchain. Grandes instituciones internacionales trabajan en monedas digitales privadas; gestoras de activos tokenizan fondos; Bolsas y cámaras de compensación experimentan con registros distribuidos; Fintechs buscan licencias bancarias mientras desarrollan sus propias stablecoins. La batalla original entre “bancos” y “crypto” empieza a resultar demasiado simple, ya los bancos no están necesariamente intentando destruir la tecnología: están aprendiendo a utilizarla.

    La pregunta ahora será qué parte de la arquitectura cripto adoptarán y qué parte rechazarán. Todo indica que quieren: blockchain, liquidación instantánea, tokenización,programabilidad, mercados 24/7.

    Pero no necesariamente quieren: anonimato, resistencia a la censura, autocustodia completa, eliminación del intermediario.

    Dicho de otro modo: quieren la eficiencia de crypto sin renunciar al control institucional del sistema bancario tradicional.

    Y allí comienza la verdadera competencia

    Esto no debería llevarnos a rechazar las stablecoins bancarias. Al contrario. Desde una perspectiva liberal, la posibilidad de que múltiples formas de dinero digital compitan entre sí puede ser extraordinariamente positiva: Bitcoin, USDT, USDC, Stablecoins bancarias, Depósitos tokenizados, Dinero electrónico, Efectivo.

    Cuantas más alternativas existan, mayor capacidad tendrá el individuo para elegir qué combinación de seguridad, privacidad, estabilidad y descentralización prefiere. El problema aparecería si la regulación termina determinando que sólo pueden competir aquellas formas de dinero compatibles con las necesidades del sistema financiero establecido; porque entonces podríamos acabar con muchas monedas diferentes pero prácticamente el mismo modelo de control detrás de todas ellas. Competencia de marcas, no necesariamente competencia monetaria.

    Bitcoin sigue siendo el experimento radical

    Todo esto ayuda también a comprender algo que a veces se pierde en la conversación cotidiana sobre Bitcoin. Bitcoin no fue creado simplemente para facilitar pagos digitales; los pagos digitales ya existían. Tampoco fue diseñado sólo para mover dinero rápidamente; el sistema financiero podía hacerlo, aunque de manera imperfecta.

    La innovación realmente radical fue otra: crear propiedad digital que pudiera transferirse sin necesitar el permiso de una autoridad central.

    Esa propiedad continúa siendo extraordinariamente difícil de reproducir. Hoy se puede tokenizar dólares, emitir stablecoins, poner acciones sobre blockchain o hacer que los bancos liquiden operaciones en segundos.

    Pero si continúa existiendo una institución con capacidad unilateral de impedir que el propietario utilice su dinero, entonces habremos modernizado profundamente la infraestructura sin modificar necesariamente la relación de poder. Y esa distinción será fundamental.

    El futuro monetario no será simplemente digital

    Probablemente ya podamos dar por descontado que una parte creciente del dinero será tokenizada. La discusión interesante será otra:

    ¿Qué clase de dinero digital tendremos?

    ¿Dinero competitivo o monopolístico?

    ¿Dinero autocustodiable o permanentemente intermediado?

    ¿Dinero programable por sus propietarios o programable sobre sus propietarios?

    ¿Infraestructuras abiertas o redes autorizadas?

    ¿Privacidad como derecho o identificación permanente por defecto?

    U.S. Bancorp acaba de mostrar una posible respuesta: un sistema financiero instantáneo, global, eficiente y basado en blockchain, pero también congelable, reversible, administrable.

    No hay contradicción tecnológica entre esas características, la contradicción es filosófica.

    Bitcoin dice: si tienes las claves, tienes el dinero. La stablecoin bancaria puede terminar diciendo: si tienes las claves, puedes utilizar el dinero mientras el emisor no utilice las suyas.

    Y probablemente allí se encuentre una de las grandes disputas sobre libertad individual de nuestra época. La revolución tecnológica del dinero ya está en marcha, pero la pregunta importante no es si Wall Street terminará utilizando blockchain, de hecho, ya comenzó a hacerlo.

    La pregunta es mucho más antigua: cuando todo el dinero sea digital, ¿quién tendrá finalmente el poder de decirnos qué podemos hacer con él?

  • Deutsche Bank anuncia su incorporación a la red de pagos Blockchain de JPMorgan

    La entidad ocupa el primer lugar a nivel mundial en el ranking de instituciones bancarias que procesan compensaciones para pagos en euros.

    Deutsche Bank, el banco más grande de Alemania, se ha unido a la Interbank Information Network (IIN), la red basada en blockchain del gigante bancario estadounidense JPMorgan, según informó ayer el Financial Times.

    Dicha iniciativa fue anunciada originalmente en octubre de 2017 y está basada en una red llamada Quorum, la cual fue desarrollada en Ethereum y es la principal operadora de la moneda JPM Coin. En junio de este año, el equipo de JPMorgan comenzó a realizar pruebas para el envío de remesas y el proyecto IIN actualmente cuenta con más de 300 instituciones asociadas.

    El proyecto apunta a las ineficiencias en el sistema de pago SWIFT, que actualmente cuenta con 11,000 bancos. Aunque la actualización de SWIFT, GPI, permitió el seguimiento de pagos, no proporciona las comunicaciones necesarias para resolver las consultas de cumplimiento. IIN permite a las partes compartir información de manera autorizada. Actúa como un libro de contabilidad donde todos pueden ver el estado de la transacción y atender consultas sin problemas. En contraste, los sistemas heredados requieren intervención manual, por lo que IIN aumenta la eficiencia y la velocidad de las transacciones. A pesar de que ésta fue la primera característica en un proyecto más ambicioso, aún no alcanza a superar a quienes arrancaron mucho antes.

    Cabe destacar que el IIN de JP Morgan utiliza aún la infraestructura de corresponsalía bancaria existente. Muchas otras iniciativas de pagos de blockchain buscan evitarlo. La semana pasada, Mastercard anunció que se había asociado con R3 para desarrollar una solución de pagos transfronterizos basada en blockchain. Esto tiene como objetivo utilizar la misma red de Mastercard. Asimismo, Visa tiene su proyecto B2B Connect. Hace unos meses, IBM lanzó su plataforma de pago de cadena de bloques IBM World Wire. Ésta aprovecha Stellar para permitir pagos directos de banco a banco utilizando tokens. Stellar y Ripple xRapid tienen objetos similares para evitar la red de corresponsalía bancaria y permitir pagos instantáneos de punto a punto.

    En una entrevista realizada por el medio Financial Times el día de ayer, el gerente del área de tesorería de JPMorgan, Takis Georgakopoulos, aseguró que IIN afrontaría graves limitaciones si sus clientes fuesen las únicas las entidades que operen en la red, por lo que la incorporación de Deutsche Bank traerá grandes beneficios para todos.

    El informe de Financial Times detalla que la incorporación de Deutsche Bank tiene mucho sentido, ya que es la entidad asociada a JPMorgan que ocupa el primer lugar a nivel mundial en cuanto a compensación de pagos en euros.

    Ole Matthiessen, director global de administración de dinero en efectivo de Deutsche Bank, aseguró que IIN reduce los tiempos y los costos necesarios al momento de procesar pagos interbancarios, escribiendo todas las transacciones en una red Blockchain compartida, resolviendo inconvenientes con aquellos procesos que puedan resultar complicados.

    Matthienssen también indicó que esto derivaría en una reducción de costos para Deutsche, permitiendo ofrecer mejores servicios para los clientes. También indicó que entre los planes de IIN está congregar alrededor de 400 miembros para finales de 2019, por lo que seguramente en un futuro cercano anunciarán a nuevas entidades asociadas. Actualmente la red incluye algunos de los grandes nombres bancarios como Société Générale, China CITIC y Mizuho de Japón. Si bien el tamaño de la red es un logro significativo con la incorporación del gigante alemán, la ausencia de numerosos bancos mundiales es notable. Por ejemplo, de Asia, ni el Standard Chartered ni HSBC son actualmente participantes. En Europa, dos grandes bancos que son muy activos en el espacio blockchain como el BNP Paribas e ING tampoco participan en IIN.

    Como se informó en junio, JPMorgan espera poner a prueba su propia criptomoneda, la JPM Coin, para finales de 2019. Recientemente, el CEO de JPMorgan, Jamie Dimon, brindó su apoyo al muy discutido criptoproyecto Libra, de Facebook, afirmando que la stablecoin no representa una amenaza para los bancos a corto plazo. Por su parte, el Deutsche Bank es uno de los 26 bancos centrales mundiales que se reunirá mañana en Suiza con los fundadores de Libra para discutir sus supuestos riesgos para la estabilidad financiera.

    Y mientras el mundo bancario internacional se muestra muy activo en Blockchain, sea sólo para agilizar y eficientizar los pagos como propone JPMorgan o para evitar corresponsalías bancarias como propone Stellar, Ripple o R3, en Panamá ¿qué estamos discutiendo?.