Categoría: Acción Humana

  • La Terrible Educación Pública

    Hace años escribí un libro intitulado “¿Educación Gubernamental o Particular?” en dónde expuse el grave error de delegar la educación a una institución de gobierno que engaña al llamarle “educación pública” a lo que es un monopolio gubernamental. Pero, lastimosamente, el error queda plasmado en la misma Constitución que por un lado establece los monopolios oficiales, para luego en su artículo 295 prohibir todo aquello que “tienda a restringir efectos de monopolio en perjuicio del público; y… ¡vaya si la actividad del MEDUCA no es perjudicial al interés público. Y, el mismo hecho de que no lo veamos y entendamos lo dice todo.

    Lastimosamente y, como bien lo señaló el poeta Sam Walter Foss en su poema “El Sendero de la Vaca”, los humanos somos dados a seguir los caminos vacunos de la mente. ¿Es que no advertimos los terribles resultados de la “noducación del MEDUCA; ese que NODUCA”? Lo mismo ocurre en los EE.UU., en dónde cada día hay más padres de familia que se dan cuenta el inmenso error de haber delegado a los gobiernos aquello que nos es gobernar; pero…. ¡vaya si no se presta para adoctrinar y controlar a una gran masa de funcionarios gubernamentales que hacen las veces de educadores. Algunos lo serán, pero…

    ¿Realmente crees que los funcionarios del NODUCA se esmeran por enseñar a sus víctimas el arte del emprendimiento?; cuando sus centros monopólicos, aunque no eduquen jamás quiebran; y cuando las víctimas de su monopolio no son “clientes”. Por lo menos los comunistas no andan con engaños y no dejan duda cuando declaran que tus hijos no son tus hijos pues estos pertenecen al dios estado.

    Y… cuando quieres un buen producto, sea una estufa, refrigerador, auto y tal ¿acaso los vas a buscar al gobierno? ¡Ajá!, pero si buscas una buena educación vas al MEDUCA que NODUCA. ¡Eso es absurdo! Con las montañas del despilfarro del NODUCA, podríamos enviar a todos los niños del país a escuelas privadas, en dónde no sólo serían “clientes” sino que si lo les gusta el producto educativo que compran, pueden ir a otro negocio educativo. Pero muchos dicen que no se debe comerciar la educación, lo cual es curioso porque no parece molestar que se comercie la salud, el agua, el transporte, el gas licuado, etc.

    Pero, llevemos el tema a la Constitución, si es que podemos llamar “constitución” a lo que tenemos; la misma comienza diciendo que la función del gobierno es velar por la libertad. ¿Acaso hay libertad cuando los más pobres no tienen otra que colocar a sus hijos en la perversión MEDUCA? Ideal sería que fuesen los padres que decidan no sólo la escuela de sus hijos sino el currículo y tal. ¿Somos libres cuando no podemos escoger la escuela y lo que se enseña? Y ¿de dónde creen que sale el “no a la privatización”? que es tan popular con el pueblo. No sólo de dónde sale sino lo que quieren decir con ello.

    Y aquello que tantos llaman “igualdad” en realidad es igualdad en la ignorancia y en la pobreza, ya que eso es lo que buscan los malos políticos; al ciudadanos sumiso, servil e ignorante. Si no cerramos el MEDUCA seguiremos los caminos lemúridos de la mente.

    En fin, para quienes realmente les interese la dignidad humana, el progreso y el desarrollo de la persona en una sociedad verdaderamente libre; elegir si deben ser los padres o los políticos los que deciden no sólo es elemental sino fundamental. Si realmente amamos a nuestros hijos deberíamos tener el coraje de cerrar el NODUCA.

  • El Carácter como Condición para la Libertad

    Lawrence Reed, presidente honorario de la Foundation for Economic Education (FEE) y autor de Are We Good Enough for Liberty?, sostiene una tesis fundamental: sin carácter, la libertad es insostenible.

    Reed explica que el carácter fuerte es la base indispensable de una sociedad libre. No se puede preservar la libertad en un pueblo que carece de virtudes esenciales como la honestidad, la humildad, la paciencia, la responsabilidad, la autodisciplina, la autosuficiencia, el optimismo, el coraje, una visión de largo plazo y el deseo constante de aprender. Estos valores no son simples adornos morales: son pilares estructurales. Donde faltan, la libertad inevitablemente se deteriora.

    Los Elementos Fundamentales del Carácter

    Cada una de estas virtudes cumple un rol esencial en el sostenimiento de una sociedad libre:

    • Honestidad:
      La verdad es la base de la confianza social. Sin honestidad, las relaciones humanas —y la vida en comunidad— se corrompen. La honestidad actúa como primer escudo contra el abuso de poder. Por el contrario, cuando se toleran la mentira y el engaño, los líderes corruptos ascienden al poder reflejando el desprecio generalizado por la verdad.

    • Humildad:
      Reconocer que nadie posee todo el conocimiento y que siempre hay algo que aprender evita el autoritarismo y la soberbia. La falta de humildad genera gobernantes arrogantes y planificadores centrales que creen saber más que la sociedad misma.

    • Paciencia:
      La construcción de una sociedad libre y próspera requiere tiempo. La impaciencia conduce a atajos que, a menudo, erosionan derechos.

    • Responsabilidad:
      Asumir las consecuencias de los propios actos es vital para la libertad. Sin responsabilidad personal, se alimenta la cultura de la culpa y la dependencia. La irresponsabilidad fomenta una cultura de la victimización, en la que cada quien culpa a otros por las consecuencias de sus propios errores.

    • Autodisciplina:
      Quien no es capaz de gobernarse a sí mismo, abre la puerta para que otros lo gobiernen. La autodisciplina es autodefensa en una sociedad libre. La ausencia de autodisciplina convierte a las personas en presas fáciles de controles externos. Quienes no se gobiernan a sí mismos terminan siendo gobernados por otros.

    • Autosuficiencia:
      La capacidad de proveerse lo necesario reduce la dependencia del Estado o de terceros, protegiendo así la autonomía individual. La falta de autosuficiencia transforma a los ciudadanos en dependientes manipulables.

    • Optimismo:
      La creencia en que los individuos pueden mejorar su destino mediante el esfuerzo y la creatividad es el motor del progreso en libertad. El pesimismo, a su vez, apaga el impulso de construir, innovar y progresar.

    • Coraje:
      La defensa de los derechos individuales requiere valentía, especialmente cuando enfrenta presiones o amenazas. El coraje es otra virtud indispensable: la gente tímida tiende a permitir que sus derechos sean pisoteados sin resistencia.

    • Enfoque a largo plazo:
      Pensar en el futuro evita sacrificar principios o libertades por soluciones rápidas que hipotecan generaciones futuras. Una visión de corto plazo, que busca soluciones inmediatas sin considerar las consecuencias futuras, termina hipotecando a generaciones enteras.

    • Deseo constante de aprender:
      Finalmente, una mente cerrada al aprendizaje condena a repetir los errores del pasado. Una mente abierta y curiosa permite comprender las lecciones de la historia y adaptarse a nuevos desafíos sin caer en errores cometidos.

    Cada uno de estos elementos no sólo define al individuo, sino que también moldea la cultura de una sociedad. Donde estos valores florecen, la libertad prospera; donde se marchitan, la libertad muere.

    Lawrence Reed plantea una pregunta contundente: ¿quién, en su sano juicio, querría vivir en un mundo donde estas virtudes estén ausentes? La respuesta es evidente, pero a menudo las sociedades actúan como si la libertad fuera un hecho garantizado y no un bien que exige ser sostenido mediante el esfuerzo personal.

    La libertad no se preserva únicamente mediante discursos o legislaciones. Se mantiene viva en los actos cotidianos de millones de individuos. Sociedades integradas por ciudadanos virtuosos tienden naturalmente hacia la libertad. Sociedades dominadas por ciudadanos sin carácter, por el contrario, terminan clamando por su propia servidumbre, buscando que «otros» resuelvan lo que ellas mismas no son capaces de enfrentar.

    Así, el desafío central que plantea Reed no es político, sino profundamente moral: ¿somos suficientemente buenos para ser libres? Cada acto de responsabilidad, de honestidad, de compromiso con el aprendizaje, responde afirmativamente a esa pregunta. La libertad no es un regalo que se recibe sin condiciones: es una responsabilidad que exige virtud, carácter y sacrificio. Sin estas bases, tarde o temprano, la libertad se pierde.

  • Quien fracasa es el gobierno no el capitalismo

    «El capitalismo es un sistema que va por el trillo de la libertad de emprendimiento y no por la vía de dictámenes e intromisiones políticas alejados de lo moral».

    Hoy leí un artículo del Instituto Mises, escrito por George Ford Smith en el cual comienza señalando que la crisis económica inmobiliaria del 2008 se dio debido a que, como dijo en su momento el presidente Bush: “Wall Street se embriagó”; a lo cual añadió Peter Schiff diciendo: “Así fue; y quien puso el licor fue la FED”. Un año antes de la crisis del 2008 consulté un experto que me dijo estuvo en Wall Street y allá le aseguraron que no había problema alguno; que mis inversiones estaban seguras pues el gobierno no dejaría que nada malo ocurriera. ¿Quién iba a pensar que confiar asuntos económicos al gobierno era malísima idea?; ya que “gobernar” y “economía” ni riman ni conjugan.

    ¿Deben los gobiernos entrometerse en los asuntos económicos de la población o sólo velar por las mejores condiciones bajo las cuales los ciudadanos y extranjeros en nuestro país manejen sus asuntos económicos? Si fuésemos a tomar en serio nuestro mandato básico constitucional que en su artículo 282 establece que “el ejercicio de las actividades económicas corresponde primordialmente a los particulares” debía ser obvio que el gobierno no debía entrometerse. Lastimosamente, el mismo artículo luego de un “pero” y un punto y coma, se contradice o y agrega que “el Estado planificará el desarrollo económico y social…” supuestamente para “asegurar beneficios para el mayor número posible de habitantes…”; contradicción que es una barbaridad que abre las puertas al pillaje de los fondos públicos.

    Es risible que los izquierdistas del patio digan que Panamá es un país capitalista, ya que el capitalismo es un sistema que va por el trillo de la libertad de emprendimiento y no por la vía de dictámenes e intromisiones políticas alejados de lo moral. Si algo dejó claro el Título X de nuestra actual constitución, creada en la época arnulfista, fue el intento de volver a Panamá un país socialista, fascista, comunista, todos estos hijos del mismo padre, el colectivismo. Bien lo dijo Benito Mussolini, quien comenzó su carrera como editor de una revista socialista. Y ¿cómo olvidar que Arnulfo Arias admiraba a Hitler?

    El enredo de fondo germina con una población falta de buena educación o peor; una educación diseñada hacia el adoctrinamiento y el servilismo hacia los políticos y sus secuaces ladrones que dejan migajas al pueblo. ¿Cree el lector que el SUNTRAC y los funcionarios del magisterio público del MEDUCA cierran calles y luchan por una mejor educación? ¿Acaso luchan por sus clientes, los estudiantes? ¡Ja!, el colectivismo no tiene clientes.

    La pregunta que poco o jamás nos hacemos es ¿si la intromisión gubernamental política en lo económico nos conduce hacia una mejor economía o sólo sirve para facilitar el pillaje central? Es ceguera no ver que, hasta ahora, el intervencionismo, más que nada, ha servido para el pillaje. Y lo peor es que ni siquiera vemos o cuantificamos los daños colaterales de todo ello. ¿Cuánto cuesta el desorden vial, la mala educación, el mal transporte, agua, electricidad, etc.? Tristemente, hoy día, cambiar todo eso requeriría un «ejército Buqueles». No le envidio la tarea a Mulino.

    Toda actividad que dificulta la actividad del mercado causa daños terribles a la economía; más que nada del que menos tiene. Decir que el mercado fracasa es lo mismo que culpar la borrachera al licor. La medida de éxito empresarial que logremos hoy día en Panamá no es gracias a los gobiernos sino a emprendedores que saben sortear perversas leyes y autoritarismo gubernamental. Pero ¡cuidado!, que la cultura de intervencionismo pillaje central enquistada en nuestro país está herida y busca como sobrevivir.

  • Por qué la ‘noviolencia’ es más efectiva, aunque vivamos en un mundo violento

    Vivimos inmersos en un mundo y una cultura que legitiman la violencia. Gaza, Ucrania y el rearme de Europa son sus máximas expresiones visibles. Aunque no podemos olvidar otros lugares del planeta que la padecen y parecen invisibles. Sudán, Myanmar o la República Democrática del Congo entran en esa categoría. Frente a estas realidades, ¿es la resistencia noviolenta efectiva en un mundo violento? El término “noviolencia” fue utilizado por Gandhi. Su origen está en la palabra sanscrita ahimsa, que significa privación total del deseo de violencia. Representa una respuesta frente a escenarios sociopolíticos violentos complejos. Una salida solidaria y con visión constructiva de futuro ante el conflicto. No es un concepto aceptado universalmente, ya que no hemos sido capaces de crear una palabra que refleje su auténtica riqueza.

    Hablar de resistencia noviolenta puede sonar utópico o simplemente ingenuo, sobre todo cuando los conflictos son muy graves o el “enemigo” ya ha comenzado a utilizar la violencia. Pero ¿qué nos dicen los estudios recientes al respecto?

    Las investigaciones de las profesoras Erica Chenoweth y Maria J. Stephan desmienten la creencia popular a favor de la violencia. Sus trabajos muestran que las campañas de resistencia noviolenta han sido “históricamente más eficaces en la consecución de sus objetivos que las campañas de resistencia violenta”.

    No solo Gandhi y Luther King Jr.

    “Esto ha sido así incluso en condiciones en las que la mayoría de la gente esperaría que la resistencia noviolenta fuera inútil”, señalan las mismas investigadoras.

    Pocas personas conocerán estas herramientas pacíficas, más allá de las referencias a algunos personajes históricos, como Gandhi o Martin Luther King Jr.

    A excepción de activistas altamente comprometidos con la noviolencia y académicos e investigadores de la misma, el público en general no ha tenido la oportunidad de conocer, por ejemplo, el informe del profesor e investigador Felipe Daza. Este fue realizado entre febrero y junio de 2022 y nos muestra 235 acciones de resistencia civil noviolenta en Ucrania frente a la invasión rusa.

    Mapa de la disidencia ‘noviolenta’ en Ucrania

    La investigación del profesor Daza incluye un mapa interactivo donde se recogen estas acciones y su marco geográfico. Boicots a empresas multinacionales, pintadas de protesta, actos simbólicos, plantones de empleados públicos, desobediencia civil o intervenciones en las comunicaciones del ejército ruso son algunas de las actuaciones que localiza el informe.

    Otro tanto sucede con la publicación Confrontando el Califato, liderada por el profesor Isak Svensson, sobre la extendida y diversa resistencia noviolenta frente al Estado Islámico.

    Gene Sharp documentó 198 métodos de acción noviolenta en la obra ya clásica titulada De la dictadura a la democracia. Michael A. Beer completó el trabajo de Sharp, llegando a registrar 346.

    Frente a mitos e ideas preconcebidas, estas referencias prueban que no estamos hablando ni de algo pasivo ni limitado a manifestaciones o simples buenas intenciones y discursos. La noviolencia posee todo un compendio de estrategias, tácticas, métodos y herramientas eficaces.

    Existe un cuerpo de conocimiento teórico y práctico cada vez más amplio y una creciente investigación empírica en la que apoyar dicho conocimiento. Este cuerpo se suma a la historiografía, filosofía y teología existente de la noviolencia. Su enseñanza en las escuelas y universidades contribuiría a cambiar el imaginario colectivo sobre la violencia y la noviolencia.

    La rica historia de la ‘noviolencia’

    Los estudiantes deberían poder conocer y reflexionar sobre las experiencias de noviolencia en el pasado. Por ejemplo, las huelgas de profesores en Noruega para impedir la implantación del currículum nazi en las escuelas durante la Segunda Guerra Mundial o el activismo People Power en Filipinas, frente a la dictadura en los años ochenta. Sin olvidar el movimiento serbio Otpor, que desembocó en la caída de Milošević en el año 2000.

    Otras experiencias son más actuales, pero igualmente relevantes. Es el caso de la lucha pacífica por las personas desaparecidas en El Salvador, México y otros países latinoamericanos o la resistencia noviolenta frente al fraude electoral en Venezuela.

    En el clima actual de belicismo, donde la guerra y la violencia parecen inevitables, resulta especialmente necesario exponer este conocimiento, así como la efectividad de las estrategias y herramientas de noviolencia al alcance de la población en general y de quienes toman las decisiones en materia de seguridad y defensa en particular.

    Hacer lo contrario significa trabajar de espaldas al conocimiento y dejarnos guiar por un pensamiento de carácter precientífico, mitológico, sobre la guerra y la violencia.

    Testimonio militar a favor de la noviolencia

    El capitán Daniel Moriarty, oficial de operaciones especiales de asuntos civiles con experiencia en Afganistán y el Golfo Pérsico, señalaba ya en 2022 cómo se “infravalora enormemente la utilidad que puede ofrecer la resistencia civil noviolenta”.

    “A pesar de sus tasas de éxito, históricamente superiores a las de la resistencia armada o las campañas insurgentes, ocupa un espacio marginal en las publicaciones militares sobre resistencia”, señala en un artículo sobre la guerra de Ucrania publicado por The Civil Affairs Association.

    La evidencia científica desmiente la creencia popular: las estrategias y herramientas de la resistencia noviolenta son más efectivas que la utilización de recursos violentos. Sin embargo, vivimos en un mundo violento. Precisamente por ello, no tener en cuenta las aportaciones de la noviolencia representa un error.The Conversation

    Nicolás Paz Alcalde, Profesor Asociado. Mediador, Universidad Pontificia de Salamanca

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • “Costo Neutro”: ¿Puerta trasera a la pérdida de la neutralidad del Canal?

    ¿Puede Panamá compensar el pago de peajes de buques estadounidenses como parte de una fórmula de “costo neutro” sin comprometer su marco jurídico internacional.?

    La política exterior del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se caracteriza por un enfoque abiertamente transaccional, donde el poder duro reemplaza al poder blando como herramienta diplomática. Su lema “Make America Great Again” se traduce en una agresiva renegociación de tratados, una visión utilitaria de las relaciones internacionales y el desprecio por instituciones multilaterales que limitan los intereses estratégicos de Washington.

    Trump ha dejado claro que su doctrina “America First” no reconoce obligaciones globales si no se traducen en beneficios tangibles y unilaterales para Estados Unidos. En esa lógica caben propuestas como la compra de Groenlandia, su proyecto inmobiliario en la Franja de Gaza, el intento de apoderarse de las tierras raras de Ucrania y su amenaza de retomar el control del Canal de Panamá, bajo el argumento de que “fue un regalo de EE.UU. que no está siendo debidamente respetado”.

    En ese contexto, la propuesta de implementar un esquema de “costo neutro” entre Panamá y Estados Unidos para el tránsito de buques de guerra estadounidenses por el Canal genera una legítima preocupación nacional e internacional. Bajo este mecanismo, los peajes que deberían ser pagados por dichas embarcaciones serían compensados indirectamente por Panamá mediante la prestación de servicios de seguridad por parte de Estados Unidos.

    Aunque la medida podría presentarse como parte de la cooperación bilateral en defensa del Canal, su implementación violaría el Tratado Concerniente a la Neutralidad Permanente y al Funcionamiento del Canal de Panamá de 1977, tanto desde una interpretación jurídica como desde su práctica histórica. Veamos por qué:

    Violación del Principio de Neutralidad

    1. Igualdad de condiciones (Artículo II): El Tratado exige que el Canal esté abierto “a los buques de todas las naciones en condiciones de entera igualdad”, lo que abarca no solo el acceso físico, sino también las condiciones económicas, operativas y administrativas. Cualquier esquema que beneficie económicamente a una nación sobre otras rompe este equilibrio.

    2. Prohibición de exenciones (Artículo III): Establece que todos los buques, incluidos los militares, deben pagar peajes, sin discriminación por bandera, tipo o carga. Un esquema de “costo neutro” que compense solo a EE.UU. equivale a una exención disfrazada, incompatible con el texto y el espíritu del tratado.

    3. Condiciones de cooperación (Artículo V): El tratado sí permite la cooperación en defensa entre Panamá y EE: UU., pero establece dos límites clave:

    • Dicha cooperación no puede estar vinculada a temas tarifarios ni dar lugar a contraprestaciones económicas relacionadas al tránsito.

    • Toda cooperación debe ser transparente y no generar privilegios operativos o financieros para una nación en particular.

    Riesgo de discriminación y conflicto internacional

    Aceptar un esquema de “costo neutro” exclusivo con Estados Unidos implicaría una ventaja económica para una sola potencia y podría provocar reclamos por trato desigual de parte de otras naciones con presencia naval en la región como China, Rusia, Francia o Reino Unido. La neutralidad no es solo una obligación para Panamá, sino un compromiso multilateral frente a la comunidad internacional.

    Un trato preferencial, aunque sea indirecto, puede abrir la puerta a:

    • Demandas internacionales por violación de principios de igualdad.

    • Represalias diplomáticas o económicas.

    • La erosión del prestigio y la credibilidad del régimen de neutralidad, que Panamá ha logrado consolidar con esfuerzo desde que asumió el control del Canal.

    En resumen, Panamá no puede compensar el pago de peajes de buques estadounidenses como parte de una fórmula de “costo neutro” sin comprometer su marco jurídico internacional. Cualquier arreglo que implique reembolsos, créditos cruzados, condonaciones implícitas o contraprestaciones por servicios de seguridad debe ser evaluado con extrema cautela, pues puede interpretarse como una subvención encubierta, trato preferencial hacia una potencia específica, o corresponsabilidad operativa prohibida en los tratados.

    La única vía jurídicamente aceptable para una cooperación en materia de seguridad entre Panamá y Estados Unidos es que se realice fuera del régimen tarifario del Canal y mediante acuerdos bilaterales autónomos, ya sea de carácter diplomático, financiero o institucional que no interfieran con las reglas de neutralidad.

    El Canal de Panamá es más que una infraestructura: es un símbolo de soberanía, legalidad y equidad. Su neutralidad no debe ser moneda de cambio en ninguna transacción.

  • Papa Francisco: una despedida desde la vereda crítica y el respeto.

    Una reflexión desde el disenso sobre la figura del Papa Francisco, su pontificado y el peso simbólico de su partida.

    No compartimos muchas de sus ideas. Fuimos críticos de su visión sobre la economía, del lugar que asignó al Estado en la vida de los pueblos y de ciertos gestos y silencios que, a nuestro juicio, tuvieron consecuencias políticas e históricas. Discrepamos con respeto, pero sin ambigüedades.

    Y sin embargo, hoy —ante su partida— elegimos el silencio antes que la insistencia, la reflexión antes que la polémica.

    Porque más allá de las diferencias, el Papa Francisco fue un hombre que cargó sobre sus hombros el peso de una de las instituciones más antiguas del mundo en un tiempo especialmente difícil. Su pontificado, iniciado en 2013, no fue uno más: fue el primero en venir “del fin del mundo”, el primer jesuita, el primer latinoamericano y el primer papa en más de 600 años en suceder a uno que había renunciado. La sola elección de Jorge Mario Bergoglio ya era, en sí misma, un gesto de ruptura histórica.

    Su papado fue profundamente político, aunque él insistiera en lo contrario. Fue la voz de los márgenes, de los descartados, de una Iglesia que buscaba volver a las periferias, como él mismo decía. Reformó el discurso papal, denunció las desigualdades, abrazó causas sociales y climáticas, y no temió señalar a los poderosos. Para algunos, un gesto profético. Para otros, una confusión peligrosa entre lo pastoral y lo ideológico.

    Pero más allá del acuerdo o el desacuerdo, nadie puede negar la centralidad de su figura. En un mundo cada vez más polarizado, Francisco eligió el puente antes que el muro, el diálogo antes que la condena, la ternura antes que el castigo. Con sus gestos —visitar cárceles, lavarle los pies a migrantes, arrodillarse ante la Virgen de Luján en silencio— comunicó mucho más que con sus encíclicas.

    Para millones de creyentes, fue un faro de consuelo y una presencia paternal en tiempos de incertidumbre. Para otros, una figura incómoda y a veces difícil de comprender. Y quizás ahí radique parte de su valor: en haber sido un papa que incomodó, que no buscó agradar, sino provocar una reacción, una reflexión, un examen de conciencia.

    Hoy, más allá de nuestras discrepancias, nos inclinamos ante la dimensión humana de su partida. Porque el dolor de una comunidad —en este caso, la católica— merece respeto, incluso por parte de quienes la miramos desde afuera o desde otra vereda.

    El cristianismo pierde a un Pastor. Y el mundo pierde una voz que, con todo lo discutible que pueda ser, no fue indiferente ni tibia.

    Que descanse en paz, Jorge Mario Bergoglio.

  • ¿Es mala la sobrepoblación?

    Un día un amigo me preguntó: “¿Sabes Johnny, cual es el mayor problema que tiene la humanidad?”; la sobrepoblación. Le dije que no compartía esa noción y eso fue hace muchos años, cuando deambulaba yo por los cincuenta o sesenta o algo así. Hoy, pasado mis 80 lustros y sentado en la soledad de mi aposento desván de la vida me salta ese incidente a la conciencia y creo es hora de contestarle a mi amigo; lo cual es muy difícil ya que se me adelantó en el camino a la próxima dimensión, de manera que la explicación se las pasó a quien lea estas líneas.

    Gran parte de la población en este mundo piensa que demasiados humanos no es algo bueno; que debemos limitar la cantidad porque… ¡buena pregunta!, no “porque” sino ¿por qué? El argumento típico va por la línea del socialismo, del centralismo y de las mentes incapaces de asomarse al Universo y a la Creación. Personas que creen que los recursos, las riquezas y tal son finitas y que si aumenta la población hay que repartir entre muchos. De hecho, así funcionamos en Panamá: es la política con la cual los grupos de poder vienen engañando al pueblo; es el manantial de los programas que osamos llamar de “subsidio” cuando lo único que subsidian es la pobreza y la ignorancia.

    Pero el asunto derrama mucho más allá de nuestro Panamá. Tomemos el caso de China, en dónde el gobierno llegó a prohibir más de un hijo por familia y hoy están en inmenso problema social y económico. No sólo por falta de quienes sustituyan a los viejos sino de quienes aporten más riqueza; riqueza de recursos, de ideas, y de amor. Se estancaron en un ayer obsoleto. Pero… ¿es eso lo que hemos visto al paso del tiempo y con el incremento poblacional? ¡Nop! Es miopía no ver los adelantos en recursos, en ciencias y tantas otras avenidas que nos abren camino al Más Allá.

    Lo que muchos no ven es que los humanos estamos dotados de facultades únicas que hoy apenas comenzamos a atisbar. Cada ser humano es un manantial creativo, innovativo, capaz de abrir nuevos caminos, particularmente en comunión con sus hermanos cercanos y distantes; en un mundo en el cual lo distante ya prácticamente no existe.

    Detrás de todo ello, y como bien lo señaló Huerta de Soto, más gente es más fuerza de desarrollo y cambio. Es el alma de la incomprendida “división del trabajo” que también es la división del conocimiento y, en particular, la del conocimiento emprendedor; que en Panamá se topa con el “no a la privatización”, que es lo mismo que decir, no al desarrollo.

    En el emprendimiento de la población y no en el gobierno es dónde está la riqueza de la nación. Pero en Panamá el gobierno y sus torcidos políticos en infecciosa coyunda con malos emprendedores se enquistan en la misma carne del pueblo, como un cáncer mortífero. Simplemente no vemos que el conocimiento emprendedor es subjetivo, exclusivo, y propio de cada quien, a punto que no se puede centralizar. No más veamos que nuestros gobiernos no son evolutivos sino involutivos; es decir, dados a caminar hacia tras.

    En fin, el mayor peligro en Panamá y el resto del mundo no reside en la «sobrepoblación», sino está en no ser capaces de conocer lo que es la creatividad humana. Que en vez de temer el futuro, debemos conocer el camino hacia el Más Allá; lo cual jamás encontraremos en los pasillos del Palacio de las Garzas y otros oscuros laberintos del centralismo.

  • ¿Qué no se puede tocar en una constitución? El rol de las cláusulas pétreas

    La democracia se basa en la idea de la soberanía popular. La constitución, como norma fundamental, impone límites y fronteras a la voluntad popular. Cuando esos límites pierden vigencia, el cambio constitucional se hace presente en el discurso político y la sociedad. En ocasiones, se plantea, incluso, como una vía de escape para graves crisis políticas. Pero la constitución, por naturaleza, se resiste a ser cambiada, y por ello crea mecanismos de autopreservación. Límites temporales, mayorías especiales o referéndums son algunos de ellos. El más absoluto es la cláusula pétrea. ¿Qué son esas cláusulas pétreas? ¿Cómo se ven? ¿Qué contemplan? ¿Por qué importan? Eso queremos responder.

    Una tensión resuelta por lo “indecidible”

    Entre el constitucionalismo y la democracia hay una tensión innegable. Mientras la democracia habla del poder popular para el autogobierno, el constitucionalismo va de “frenos y contrapesos”, controles al poder. La reconciliación de ambas ideas se produce al admitir el modelo de democracia constitucional, en la cual “la regla de la mayoría se mantiene, pero ciertos temas o decisiones no se someten a la consulta ciudadana porque se entiende que forman parte del ámbito de lo no decidible”, según algunos expertos.

    Ahora, lo indecidible no es una categoría binaria, sino gradual, y se manifiesta en distintas intensidades. Cuando se exige una mayoría especial para adoptar una ley, se impone un límite a la mayoría simple. Así, en cierto sentido, el contenido de esa ley entra en dicho ámbito.

    Las normas que impiden la restricción al núcleo esencial de los derechos también imponen la “cualidad de lo indecidible” a los mismos. Más rígidas que el ejemplo anterior, estas normas no se pueden superar ni con una mayoría especial. Pero un cambio de la constitución podría superar ambos supuestos.

    Las fronteras del cambio constitucional

    Las constituciones buscan estabilidad, por eso es difícil modificarlas. Los muros que se deben salvar para reformar una constitución también son una escala de lo indecidible. Requisitos de tiempo, supermayorías o referéndums son mecanismos que van elevando la dificultad del cambio constitucional.

    La frontera final está en las cláusulas pétreas. Como su nombre indica, son normas revestidas de una solidez especial, pretenden estar “talladas en piedra”. Ellas declaran que ciertos aspectos de la constitución no pueden cambiar por ser considerados esenciales. Son verdaderos límites materiales a la voluntad popular.

    Anatomía de las cláusulas pétreas

    Estas cláusulas, también llamadas “de intangibilidad”, son jurídicamente insuperables, por lo que solo se pueden abolir a través de una sustitución total del marco constitucional, es decir, por el poder constituyente revolucionario.

    Su alcance varía de país en país. Típicamente, se refieren a aspectos como los derechos fundamentales, la forma del Estado, el régimen político o el sistema de gobierno. Sin embargo, pueden incluirse otros temas. Por ejemplo, si en un país se estima que la pertenencia a una organización como la Unión Europea es inseparable de su identidad, esa membresía puede hacerse intangible.

    En suma, estas cláusulas buscan proteger los principios esenciales, es decir, el espíritu del ordenamiento constitucional. En América Latina, la forma republicana, la alternancia en el poder y la división de poderes suelen estar protegidas por cláusulas pétreas. Tanto Italia como Francia hacen lo propio con la forma republicana del Estado.

    Las cláusulas pétreas se ubican, casi sin excepción, en las secciones de la constitución referidas a su reforma, y aparecen expresando que uno o varios temas no podrán ser reformados (artículo 268 de la Constitución de República Dominicana) o que las reformas que pretendan afectarlos no podrán ser consideradas (artículo 60, sección 4 de la Constitución de Brasil). También pueden aparecer como declaraciones en los apartados sobre principios fundamentales (artículo 6 de la Constitución de Venezuela).

    La Constitución española no incluye ninguna cláusula que diga que ciertos aspectos no se pueden cambiar nunca (“cláusula de intangibilidad”). En cuanto a los límites para reformarla, la única restricción explícita que aparece es la del artículo 169. Aquí se dice que no se puede empezar un proceso de reforma constitucional si el país está en guerra o si se encuentra vigente alguno de los estados de excepción, alarma o sitio mencionados en el artículo 116.

    Claro está, visto que son el mayor obstáculo a la posibilidad de cambio constitucional, su uso debe ser racional. Una constitución excesivamente rígida, con amplísimas cláusulas pétreas, puede producir un congelamiento que la distancie de la sociedad. Por otro lado, si no se incluyen, se corre el riesgo de que por vía de reforma se alteren temas medulares del Estado, desvirtuando su naturaleza.

    La importancia de saber que existen

    El autoritarismo avanza de forma preocupante en el mundo. En varios países, los gobiernos anuncian y proponen reformas constitucionales dirigidas a avanzar en sus agendas políticas particulares. Hoy más que nunca, los ciudadanos debemos conocer cuáles son los “no negociables” de nuestras normas fundamentales y alzarnos en su defensa cuando sea necesario.

    Advertir que un cambio vulnera las cláusulas pétreas nos permite actuar para evitarlo. Acudir a la justicia para denunciarlo es crucial, y ella debe actuar en consecuencia protegiendo a la Constitución. Pero sobre todo, se debe procurar la organización social en rechazo de fraudes y en defensa del pacto social.

    También es necesario que, en procesos constituyentes, la sociedad conozca y participe de la discusión cuando se quieran incluir cláusulas pétreas. Como hemos señalado, ellas deben reflejar el espíritu o núcleo de la norma fundamental, y conocer ese núcleo solo es posible cuando hay un máximo de participación y apertura. Asimismo, solo el consenso puede dar origen a este tipo de normas, porque se acuerda que son consustanciales a la existencia misma del Estado.

    La protección de los derechos humanos, como misión de toda sociedad, debe entenderse como una “cláusula pétrea universal” cuya defensa es una obligación de los ciudadanos del mundo, en cualquier momento y lugar. Lo mismo puede decirse del sistema democrático, sin el cual no tiene sentido la democracia constitucional.

    En síntesis, las cláusulas pétreas son esa constitución que no cambia, el corazón mismo de las normas fundamentales en un país. Por ello, deben ser determinadas por el consenso, y conocer su contenido es un deber ciudadano, puesto que al promoverlas y defenderlas, en definitiva, garantizamos la paz social y la legitimidad del sistema jurídico.The Conversation

    Anselmo Coelho Hernández, Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas, Universidad Católica Andrés Bello

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • Adiós a Mario Vargas Llosa

    La literatura hispanoamericana despide a una de sus figuras más ilustres. Mario Vargas Llosa, fallecido el 13 de abril de 2025 en Lima a los 89 años, deja un legado que trasciende las letras y se adentra en los dominios de la libertad, la política y la historia de América Latina. Premio Nobel de Literatura en 2010, y parte esencial del «boom» latinoamericano junto a García Márquez, Cortázar y Fuentes, Vargas Llosa dedicó su vida a explorar las tensiones entre el poder y la libertad, la moral y la corrupción, la historia y la ficción.

    Entre su prolífica obra, La fiesta del Chivo (2000) ocupa un lugar central. No solo por su calidad literaria y su profundidad psicológica, sino por la contundencia con la que retrata los mecanismos del totalitarismo. Ambientada en la República Dominicana bajo la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, la novela alterna tres líneas narrativas: el regreso de Urania Cabral, hija de un político trujillista que regresa del exilio; los últimos días de Trujillo antes de su asesinato; y la historia de los conspiradores que acabaron con su vida.

    Lo que Vargas Llosa logra en esta obra es más que una novela histórica. Es un testimonio feroz sobre cómo el poder absoluto degrada no solo a quienes lo ejercen, sino a toda una sociedad. El miedo, la obediencia ciega, la corrupción institucional y la degradación moral son los pilares de un régimen que, aunque caribeño y situado en los años 50 y 60, encuentra ecos inquietantes en nuestros días.

    La fiesta del Chivo no es solo una denuncia del autoritarismo, sino también una meditación sobre la memoria, el trauma y la complicidad. Urania, la protagonista, representa a toda una generación marcada por el silencio, la represión y el dolor heredado. Su regreso a Santo Domingo no es solo geográfico, sino emocional: es la confrontación con un pasado que todavía duele, y cuya huella persiste.

    En una época en la que resurgen liderazgos mesiánicos, discursos autoritarios y el desprecio por los límites institucionales, La fiesta del Chivo se vuelve urgente. Nos recuerda que los regímenes de fuerza no nacen de la nada: crecen con la indiferencia, se alimentan de la cobardía y prosperan en el terreno fértil del miedo.

    Vargas Llosa escribió esta novela cuando ya era un intelectual consolidado, defensor de la democracia liberal y crítico implacable de los populismos, de izquierda y de derecha. Su postura ideológica —controvertida para muchos— nunca contaminó la honestidad de su literatura, que no evita mostrar la miseria humana incluso en los personajes más idealizados.

    Hoy, al despedirlo, no solo lloramos al novelista que nos ofreció obras monumentales como Conversación en La Catedral o La ciudad y los perros. También nos despedimos del pensador que defendió, en cada línea, la libertad individual como principio innegociable.

    La obra de Mario Vargas Llosa seguirá viva mientras se lean sus libros, pero La fiesta del Chivo, en particular, debería permanecer como lectura obligatoria para todos aquellos que, en tiempos de crisis, buscan entender cómo nace y cómo se sostiene una tiranía. Porque la historia —como la literatura— está ahí no solo para ser recordada, sino para no ser repetida.

  • ¿Qué tipo de fotos triunfan en Instagram cuando hablamos de turismo?

    ¿Qué hace que unas fotos turísticas se vuelvan relevantes en redes sociales?

    Una pareja sonríe frente a una catedral. Una joven se toma un selfie con un pincho en la mano. Un grupo de amigos se abraza en medio de una plaza empedrada. Estas escenas, cotidianas en Instagram, van mucho más allá del simple recuerdo personal. Cada imagen compartida es un pedacito de la imagen que millones de personas forman sobre un destino turístico.

    Instagram se ha convertido en la gran vidriera del turismo contemporáneo.
    Tiene más de 1 300 millones de usuarios activos, y hashtags como #travel superan los 680 millones de publicaciones. Sin embargo, hasta hace poco era difícil saber con precisión qué tipo de contenido conecta realmente con la audiencia.

    ¿Qué imágenes generan más interacción?

    ¿Influye que las comparta un turista o un residente?

    ¿Afecta que haya personas en la fotografía, o no?

    Por el Camino de Santiago

    Plaza Mayor de León. Imagen promocional.
    Portal oficial de turismo de España
    Catedral de León. Imagen promocional.
    Portal oficial de turismo de España

    Para responder a estas preguntas, hemos realizado un análisis de alrededor de 150 000 publicaciones de 43 000 usuarios anónimos de Instagram. Tras su filtrado y limpieza, en torno a 27 000 publicaciones de Instagram de la ciudad de León, una de las paradas principales del Camino de Santiago, han sido tratadas mediante inteligencia artificial para estudiar tanto el contenido visual como textual de las fotos: qué mostraban, quién las compartía y cuántos likes y comentarios recibían. Nuestro objetivo era entender qué hace que una foto turística se vuelva relevante en redes sociales.

    Los resultados sorprenden por su coherencia. Las imágenes que muestran lugares emblemáticos –monumentos, calles históricas, paisajes– generan mucha más interacción que aquellas centradas en bares o restaurantes. Además, las fotos que incluyen personas reciben más likes y comentarios que las que no lo hacen. Es decir, ver a alguien viviendo la experiencia hace que quien observa pueda imaginarse en su lugar, empatice mejor y reaccione a ese contenido.

    Y hay algo más: las publicaciones compartidas por turistas logran mayor impacto que las de los propios residentes. Tal vez porque el turismo tiene algo de excepcional, de novedad, que capta mejor la atención. Incluso, cuando aparece una persona en la foto, el efecto positivo en la interacción es aún mayor si quien la publica es un turista.

    Esto no significa que los residentes no tengan un papel relevante. Al contrario, también ellos contribuyen activamente a la construcción de la imagen del destino. Pero sus publicaciones parecen generar una conexión diferente, quizá más cotidiana, menos aspiracional.

    Agente de destino

    En este contexto, cada usuario de Instagram se convierte, sin saberlo, en un agente de marketing territorial. Sus fotos moldean la percepción de miles de potenciales viajeros. Esto abre un abanico de oportunidades (y también de responsabilidades) para los destinos turísticos.

    ¿Y si en lugar de limitarse a lanzar campañas institucionales fomentaran que los visitantes compartiesen ciertos tipos de imágenes? ¿Y si diseñaran espacios pensados para ser fotografiados, como puntos selfie diferentes a los más visitados, con el fin de luchar contra la masificación? ¿Y si invitaran a los propios ciudadanos a mostrar lugares de su ciudad desde su propia mirada?

    Hoy, más que nunca, una foto puede ser el inicio de un viaje. Y entender qué imágenes emocionan, inspiran y generan interacción es clave para construir destinos más visibles, atractivos y deseados, pero también más responsables y sostenibles. Esta investigación no busca decirle a nadie qué fotografiar, pero sí invita a reflexionar sobre el poder de lo que compartimos.

    Porque en cada publicación, en cada “me gusta”, se va tejiendo la imagen –real o idealizada– de los lugares que visitamos… o que soñamos visitar.The Conversation

    Sofía Blanco Moreno, Profesor ayudante doctor, Área de Comercialización e Investigación de Mercados, Universidad de León; Ana M. González-Fernández, Profesora Titular de Universidad. Área de Comercialización e Investigación de Mercados, Universidad de León; Luis Vicente Casaló Ariño, Catedrático de Universidad en Comercialización e Investigación de Mercados, Universidad de Zaragoza y Pablo Antonio Muñoz-Gallego, Catedrático de Universidad en Comercialización e Investigación de Mercados, Universidad de Salamanca

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.