Categoría: Cultura y Sociedad

  • Cospaia: la república que nació de un error y vivió en libertad

    Cospaia: la república que nació de un error y vivió en libertad

    En 1441, dos delegaciones —una de Florencia, otra de los Estados Pontificios— se sentaron a trazar una frontera. El acuerdo era simple: el límite pasaría por un arroyo llamado «Río». El problema es que había dos arroyos con ese nombre, separados por unos 500 metros, y cada delegación firmó pensando en uno distinto. Entre ambos quedó una franja de tierra de apenas 3,2 kilómetros cuadrados que no pertenecía a nadie. Sus vecinos, lejos de avisar del error, se declararon independientes. Nació así la República de Cospaia, y durante casi cuatro siglos ningún poder se molestó en corregir el descuido.

    Lo interesante de Cospaia no es solo que existiera por accidente, sino cómo se sostuvo. No tuvo gobierno formal, ni ejército, ni policía, ni cárceles, ni un cuerpo legislativo que dictara normas. La única autoridad reconocida era un Consejo de Ancianos y jefes de familia que se reunía para resolver disputas y coordinar decisiones colectivas —sin capacidad de coacción sistemática, más parecido a un arbitraje comunitario que a un Estado. La única ley escrita que se conserva es una frase grabada en el dintel de la iglesia local: Perpetua et Firma Libertas. Firme y eterna libertad. No hubo constitución, ni código penal, ni aparato burocrático. Y sin embargo, la comunidad prosperó durante 385 años, más que la inmensa mayoría de los estados que la rodeaban.

    El motor de esa prosperidad fue el tabaco. Cuando el papado prohibió su cultivo y consumo bajo pena de excomunión, Cospaia —al no estar bajo la jurisdicción de nadie— se convirtió en el único lugar de Italia donde la planta podía cultivarse y comerciarse libremente. Lo que los estados vecinos llamaban contrabando no era más que comercio voluntario entre partes que preferían transar antes que someterse a un monopolio estatal impuesto por decreto religioso. La prohibición, como tantas veces en la historia, no eliminó la demanda: simplemente desplazó la oferta hacia el territorio sin Estado más cercano. Cospaia también fue, por la misma lógica, un refugio para comerciantes judíos que en los territorios vecinos enfrentaban restricciones para poseer propiedad o comerciar con cristianos. Donde no había un poder central definiendo quién podía participar del mercado, la exclusión perdía su instrumento.

    Conviene ser honestos sobre los límites del caso. Cospaia no vivió en autarquía: pagaba por el uso del molino de San Giustino y por la atención del médico de Borgo Sansepolcro, y en lo espiritual dependía de un obispado extranjero. Pero esto no la aleja del caso voluntarista, lo confirma: eran relaciones contractuales entre partes, no tributos a una autoridad externa. Cospaia nunca reclamó autosuficiencia total, solo la ausencia de coacción en sus propios asuntos. Más discutible es llamarla «anarcocapitalista» en sentido estricto —el término es anacrónico y su orden interno se apoyaba en un consejo de ancianos con cierta autoridad moral—, por lo que «voluntarista» o «sin Estado» describen mejor el caso. Su «no agresión» probablemente debió tanto a la ausencia de institución coactiva como al tamaño reducido de la comunidad y al peso social de la presión familiar, un mecanismo de orden que no siempre escala.

    Y su final no fue una conquista violenta: en 1826, exhausta la tolerancia de sus vecinos y erosionada su economía por la propia legalización parcial del tabaco en los Estados Pontificios, sus catorce últimas familias firmaron la disolución a cambio de una moneda de plata y el permiso —ya regulado— de seguir cultivando.

    Aun con esos matices, Cospaia sigue siendo un dato incómodo para quienes sostienen que el orden social exige necesariamente un Estado que lo imponga. No fue una utopía teórica ni un experimento de laboratorio: fue un pueblo real, con nombres y apellidos, que durante casi cuatro siglos resolvió sus disputas sin tribunales estatales, protegió la propiedad sin policía y generó riqueza sin recaudar un solo impuesto. Su existencia no prueba que el anarquismo funcione siempre y en todo lugar. Prueba, más modestamente, que la ausencia de Estado no conduce automáticamente al caos hobbesiano que se nos enseña a temer. A veces, de un simple error cartográfico, pueden salir casi cuatro siglos de libertad.

  • Estado, Estatismo y Cultura

    Estado, Estatismo y Cultura

    “La educación formal, las políticas culturales y el extenso financiamiento de las artes fueron todos dirigidos hacia la construcción de una «cultura oficial «.

    Una contradicción fundamental reside en el corazón de la Constitución de Panamá. Mientras prohíbe formalmente el ejercicio arbitrario y discrecional del poder, su propio lenguaje crea las condiciones que hacen tal comportamiento no solo posible, sino inevitable.

    Los artículos 282 y 284 abren el compás para que los gobiernos del Estado queden facultados en “orientar, dirigir, reglamentar, reemplazar o crear” actividades económicas y de intervenir en cualquier empresa en busca de objetivos vagos como la “justicia social”, la “utilidad pública” y la “función social” de la propiedad. Estas cláusulas elásticas entregan a los sucesivos gobiernos un cheque en blanco de enorme amplitud ideales para cosas nada sanas.

    Así, lo que la Constitución pretende prohibir como abuso de autoridad, lo habilita estructuralmente mediante la misma amplitud y ambigüedad de sus disposiciones. El resultado es una invitación permanente a la aplicación selectiva de las normas, al favoritismo político, al exceso regulatorio y a la corrupción: exactamente las prácticas discrecionales que el texto legal dice querer restringir.

    Nos advierte Rahimi Zonouz que lo típico alrededor del mundo ha sido que “la educación formal, las políticas culturales y el extenso financiamiento de las artes fueron todos dirigidos hacia la construcción de una «cultura oficial«. Esta afirmación captura con precisión uno de los mayores riesgos del estatismo, que es:

    la tendencia del Estado a no limitarse a crear condiciones para el florecimiento cultural, sino a intervenir directamente en su producción, distribución y orientación”. John A. Bennett N.

    En Panamá, esta inclinación se manifiesta a través de la educación pública centralizada (MEDUCA), las políticas culturales estatales y el financiamiento selectivo de expresiones artísticas. Lejos de respetar la espontaneidad y diversidad cultural, el Estado busca moldear una cultura que sirva a sus objetivos de control, perpetuación un poder torcido y protección serviles intereses particulares que han marcado históricamente la gobernanza en el país.

    El tema de fondo o meollo es que existe una relación básica entre lo que es o debe ser el “Estado”; es decir, el pueblo soberano que en su dispersión sociocultural busca vivir en sano albedrío sin ataduras de desviados intereses políticos. A ello se lo conoce como el “Estado-nación”.

    Curiosamente no todos los países son Estados-nación; tal como Russia, India y otros más. Muchos de estos son multiculturales con clara identidad regional, tal como nuestros pueblos originarios. La tendencia general es ver a Panamá como un Estado-nación; sin embargo, me parece que como ocurre con tantas cosas, el asunto no es blanco y negro, sino mestizo.

    Pero, lo que debería llamarnos a la meditación es que a pesar de que Panamá tiene considerables libertades civiles y apertura económica, al menos y según el ranking de libertad, está infectada de un considerable grado de corrupción y clientelismo partitocrático que; al agregar las particulares realidades indígenas, que tienen sus propios entendimientos de los derechos de propiedad, son difíciles de acoplar con los preceptos constitucionales vigentes.

    Nuestra realidad estatal precede y dio forma a gran parte de la conciencia moderna nacional; más relacionado con el Canal que con una homogeneidad étnica; lo cual debería llamarnos al estudio de cómo la libertad personal, económica y cultural, interactúa con el poder de los gobiernos del Estado y el mismo Estado. El Artículo 127 de la Constitución nos da un buen pantallazo de una realidad que escapa a muchos panameños.

    En resumen, el enfoque de este escrito está dirigido a crear conciencia del enorme reto que tenemos los panameños no sólo relativo a la diversidad cultural que dificulta la creación o existencia de una cohesión social; sino también estatismo malsano que padecemos y que está evidente en nuestra supuesta Constitución; esa que lo que más constituye o facilita es el desgobierno.

  • LGBT y liberalismo: el derecho a vivir sin pedir permiso

    LGBT y liberalismo: el derecho a vivir sin pedir permiso

    Hay una idea que se ha instalado tanto entre conservadores como entre ciertos sectores progresistas: que ser LGBT implica, casi automáticamente, pertenecer a una determinada corriente política. Como si la orientación sexual o la identidad de género llevaran incorporado un programa económico, una visión del Estado o una forma de entender la sociedad. Desde una perspectiva liberal, esa premisa es falsa.

    El liberalismo no pregunta con quién compartes tu cama. Pregunta algo mucho más importante: ¿quién tiene derecho a decidir sobre tu vida? Y la respuesta es sencilla: tú.

    El individuo antes que el colectivo

    La gran diferencia entre el liberalismo y gran parte de la política contemporánea es que el primero no comienza por los grupos. Comienza por la persona.

    No existen derechos «gays», «heterosexuales», «trans», «blancos», «negros» o «católicos». Existen derechos individuales.

    El derecho a la vida.

    El derecho a la propiedad.

    El derecho a contratar.

    El derecho a expresarse.

    El derecho a asociarse.

    El derecho a amar a quien uno quiera.

    No porque el Estado los conceda, sino porque pertenecen a cada ser humano por el solo hecho de serlo. Cuando entendemos esto, desaparece la necesidad de crear categorías privilegiadas o ciudadanos de distinta jerarquía.

    El enemigo nunca fue el mercado

    Existe una narrativa muy difundida según la cual el capitalismo habría sido históricamente enemigo de las personas LGBT, sin embargo, la realidad es bastante distinta. Quienes encarcelaban homosexuales no eran las empresas. Quienes prohibían determinadas relaciones no eran los comerciantes. Quienes perseguían judicialmente determinadas conductas eran los Estados con sus normativas sobre la sodomía, las prohibiciones matrimoniales, la censura, la persecución policial. Todo eso fue poder político, no el mercado.

    No significa que las empresas siempre hayan sido inclusivas. Muchas no lo fueron. Pero una empresa puede equivocarse y perder clientes; un Estado puede perseguirte con la fuerza. La diferencia no es menor.

    La libertad incluye el derecho a equivocarse

    Aquí aparece uno de los puntos más difíciles de aceptar para muchos activistas. Un liberal defiende el derecho de una pareja homosexual a abrir un negocio. Pero también defiende el derecho de otra persona a no querer contratar con ellos. Y defiende exactamente el mismo derecho en sentido inverso. La libertad de asociación funciona en ambas direcciones.

    No existe libertad si solo protege las decisiones que nos gustan. Aceptar esto cuesta porque hemos confundido igualdad ante la ley con obligación de aprobación social. Son cosas completamente distintas.

    La igualdad jurídica no garantiza el afecto

    Ninguna ley puede obligar a alguien a admirarte, ni respetarte o invitarte a su cumpleaños. Tampoco a enamorarse de ti. La función del Derecho no consiste en fabricar afectos, sino en impedir agresiones.

    Cuando el Estado intenta convertir la aprobación social en obligación jurídica, inevitablemente invade libertades ajenas.

    El problema de la política identitaria

    Paradójicamente, buena parte del activismo contemporáneo LGBT ha terminado reproduciendo exactamente aquello que decía combatir. En lugar de decir: «Somos individuos iguales.» dice: «Somos un colectivo diferente que necesita un tratamiento especial.» Ese cambio es enorme y equivocado, porque deja de reclamar igualdad para comenzar a reclamar privilegios o cupos. Pide representaciones obligatorias, subsidios específicos. Es lo que llamamos discriminación positiva, con sus leyes especiales, observatorios o directamente solicitar Ministerios, Secretarías y Programas.

    Todo ello supone más poder político administrando diferencias. Y cuanto mayor es el poder para clasificar personas, mayor es también el riesgo de arbitrariedad.

    El orgullo no necesita permiso estatal

    Resulta llamativo que muchos gobiernos utilicen hoy la bandera arcoiris mientras mantienen enormes aparatos burocráticos que regulan la vida de millones de personas.

    El liberalismo propone algo distinto.

    No pide que el Estado celebre tu identidad. Pide algo mucho más modesto y, al mismo tiempo, mucho más revolucionario: que te deje vivir en paz.

    No hace falta un ministerio para amar. No hace falta un subsidio para formar una familia o una campaña oficial para desarrollar un proyecto de vida.

    Lo que hace falta es que nadie tenga poder para impedirlo.

    Más libertad significa más diversidad

    Las sociedades más libres suelen terminar siendo también las más diversas, pero no porque un gobierno diseñe esa diversidad, sino porque, cuando desaparecen las barreras legales, las personas comienzan a vivir como realmente desean.

    Algunos serán conservadores, otros progresistas. Habrá otros religiosos, ateos. Otroas más serán homosexuales, bisexuales o heterosexuales. Y ninguno necesitará justificar su existencia ante una autoridad política.

    El verdadero desafío

    Quizá el mayor desafío para las personas LGBT sea dejar de pensar que necesitan un protector permanente. Porque quien hoy dice proteger también puede decidir mañana controlar. La historia demuestra que el poder cambia de manos, pero los derechos individuales permanecen.

    Por eso el liberalismo no ofrece protección especial. Ofrece algo mucho más sólido, que es una regla igual para todos, la Igualdad ante la Ley. Que ningún gobierno pueda decirte cómo debes vivir. Que ningún funcionario pueda decidir qué identidad merece reconocimiento. Que ningún político pueda convertir tu vida privada en un instrumento de su campaña.

    El liberalismo no necesita una teoría específica sobre las personas LGBT.

    Porque no necesita teorías específicas sobre ningún grupo.

    Su pregunta siempre es la misma:

    ¿Estamos respetando la libertad y los derechos de cada individuo?

    Si la respuesta es sí, entonces poco importa el sexo de tu pareja, tu identidad, tu religión o tus preferencias personales. Eso deja de ser un asunto político para convertirse en lo que siempre debió ser: tu vida. Y solo tuya.

  • ¿El Rico Explota al Pobre?

    ¿El Rico Explota al Pobre?

    La dificultad en corregir la ausencia de lógica y entendimiento del socialismo yace en las palabras, esas que usamos, pero sin entenderlas, tal como “envidia, rico, capital” y tantas más.

    Wanjiru Njoya saca a relucir la frase popularizada por Mark Twain: “Hay tres clases de mentiras: la mentira, las mentiras de “#$%&%, y las estadísticas”.

    La narrativa de Njoya me conduce por caminos poco trillados por la inmensa mayoría, dentro de la cual pulula la torcida narrativa del supuesto socialismo que muchos colegios enseñan como “historia”; que como bien señala Njoya, son narrativas que causan perjuicios inimaginables pues son falaces. La lógica para desmentir la falsedad del socialismo no es complicada; lo triste es que no es asunto de lógica sino de intestinos… en las Escrituras le llaman “envidia”, la cual: “no es pecado menor”, sino uno destructivo que abre la puerta a otros males…” O como dijo Santiago en 3:16: “Donde hay envidia y rivalidad, allí hay confusión y toda obra mala”.

    La dificultad en corregir la ausencia de lógica y entendimiento del socialismo yace en las palabras; esas que usamos, pero sin entenderlas, tal como “envidia, rico, capital” y tantas más. Pregunta a tus prójimos que te definan “riqueza” o “capitalismo” y encontrarás que la equivocación nace no sólo en no entender las palabras sino en la suspicacia y en el sentido peyorativo al usar vocablos como capitalismo”.

    Confundimos al capitalismo con: la codicia; la ganancia desmedida; la explotación; los millonarios; las grandes empresas y la desigualdad.

    O como decía Marx: se trata de un sistema en el cual el que más tiene explota al que menos”.

    Y cuando dijo “el que más tiene”, no sólo hablaba de dinero sino de riqueza… ¡Uy!, desafortunadamente pocos saben que riqueza no es dinero sino aquello que es “rico”, bueno y que conduce buen destino.

    Se llama “capitalismo” al uso de los capitales humanos para lograr progreso, bienestar y adelanto. Los “capitales” se refieren a cosas como: ‘el capital humano’, que es el mayor de los capitales; los atributos personales que aumentan la capacidad productiva y el valor de la persona; es el conocimiento; la aptitud; salud; educación; comunicación, capacidad de liderazgo; disciplina; resiliencia; experiencia; capacidad de aprendizaje y así val el asunto.

    Y con la envidia viene el rechazo: a lo “privado” y al letrero que lee: “propiedad privada, no entre”, y ello produce rechazo a la exclusión del pobre. Pero, tristemente, no ven el verdadero significado del vocablo “propio”; tal como cuando decimos “propio es del ave volar” o del barco flotar y del matrimonio el amor.

    Entonces, ¿será cierta la generalización de que “el rico explota al pobre”. En alguna medida sí pero… las generalizaciones son odiosas; ya que con semejante manta arropas a tantos que no solo no explotan, sino que son los que más riqueza producen y sacan a los pobres de la pobreza.

    ¿Tienes idea del porcentaje del capital que usan los millonarios para vivir? El millonario típico vive con menos del 1% y ni hablar Elon Musk, que sólo usa el 0.01% de su capital para vivir. Es el error típico está en la suma cero de la economía; de tantos que creen que la riqueza es una cantidad fija que hay que repartirla. La riqueza no tiene más límite que el que le ponemos en ignorancia.

    Veamos el Panamá de 1848, en dónde la pobreza extrema era lo común; hasta que llegó una empresa privada y construyó el ferrocarril de Panamá y las cosas comenzaron a cambiar. Y sí, luego tuvimos la Guerra de los Mil Días; triste realidad sembrada en nuestro lúgubre pasado.

    Hoy, la pobreza ha ido en mengua y las oportunidades en aumento; aunque ese pasado de ignorancia y explotación politiquera todavía lo padecemos.

  • 16,5 BTC recuperados. Responsabilidad y cooperación voluntaria

    16,5 BTC recuperados. Responsabilidad y cooperación voluntaria

    El 16 de junio, el especialista argentino Marcelo R. Bianchi (@marcebit) anunció algo que pocos en el ecosistema bitcoiner se atrevían a dar por descontado: una wallet de Bitcoin Core cifrada en 2013, con 16,5 BTC dentro —hoy más de un millón de dólares—, había sido recuperada después de más de un año de convocatoria pública. La solución llegó apenas cinco días después de que Bianchi trasladara el caso de un grupo cerrado de Facebook a Reddit y X. Un colaborador anónimo, ajeno al grupo de Telegram que coordinaba los intentos organizados, dio con la contraseña: «pera5durasnopera5lus». Bianchi lo recompensó con 0,5 BTC, unos 32.500 dólares.

    Es una historia pequeña en apariencia, casi anecdótica. Pero condensa, mejor que cualquier manifiesto, los tres pilares que hacen de Bitcoin un experimento político y no solo financiero: la cooperación voluntaria, la descentralización radical y la responsabilidad ineludible que implica ser dueño absoluto de algo.

    Cooperación sin mandato

    Nadie obligó a nadie a participar en este caso. Bianchi no tenía autoridad sobre el colaborador anónimo, no firmó un contrato, no medió ningún tribunal ni regulador. Hubo un problema, un incentivo claro —0,5 BTC— y una convocatoria abierta a quien quisiera intentarlo. Eso es todo. La coordinación emergió de community Telegram, hilos de Reddit y publicaciones en X: arquitectura horizontal, sin jerarquía formal, sostenida únicamente por el interés mutuo de las partes.

    Esto no es un detalle técnico, es el corazón de la ética cypherpunk: las soluciones no necesitan venir de una institución con poder de coerción. Pueden surgir del intercambio voluntario entre desconocidos que jamás se verán las caras. El mercado de recompensas por resolver problemas criptográficos funciona porque no depende de la confianza en una autoridad central, sino del cálculo racional de incentivos entre individuos libres.

    Descentralización: ni rescate ni intermediario

    Ningún banco, ninguna casa de cambio, ningún Estado pudo —ni tuvo que— intervenir para que esos 16,5 BTC volvieran a manos de su propietario. No hubo «atención al cliente» que restableciera el acceso, ni proceso judicial, ni siquiera una empresa privada de recuperación con jurisdicción reconocida. La solución fue puramente criptográfica y social: alguien con el conocimiento adecuado encontró la clave correcta para un candado que solo el propio sistema, sin permiso de terceros, puede validar.

    Esa es precisamente la promesa —y la dureza— de Bitcoin. No hay un libro de reclamos. No hay un «olvidé mi contraseña» que active un protocolo de verificación de identidad respaldado por el Estado o entidad centralizada. El protocolo no negocia, no empatiza, no hace excepciones. Lo que cifra, permanece cifrado hasta que la matemática lo permita, sin importar cuán legítimo sea el reclamo de quien perdió el acceso.

    El precio de no tener intermediarios

    Aquí está el costado incómodo que muchos evangelistas prefieren minimizar: la autocustodia es libertad, pero también es responsabilidad total, sin red de contención. Según Chainalysis, cerca del 20% del suministro circulante de bitcoin está permanentemente perdido por errores de gestión de claves. Ariel, el propietario de esta wallet, pasó más de una década sin acceso a su propio dinero por una contraseña que ni él mismo recordaba con precisión.

    Eso no es un fallo del sistema. Es el sistema funcionando exactamente como fue diseñado. Cuando uno elige prescindir de bancos, custodios y reguladores, también prescinde de sus mecanismos de rescate. No hay un «frase de recuperación» institucional cuando la propia persona es la única institución. La soberanía financiera plena —ser tu propio banco— no es un eslogan de marketing: es una transferencia completa de riesgo desde el sistema hacia el individuo.

    El caso de los 16,5 BTC terminó bien, casi por casualidad: un archivo conservado, una contraseña parcialmente recordada, una comunidad dispuesta a colaborar a cambio de un incentivo razonable. Pero el final feliz no debería oscurecer la lección estructural. La propiedad sin intermediarios es la forma más pura de libertad económica disponible hoy. También es, sin matices, enteramente tuya para perder. Y por eso mismo es, quizás, el ejercicio de responsabilidad individual más exigente que existe: la contrapartida inevitable de toda libertad real.

  • El Estado no es tu hincha: reflexiones sobre el decreto mundialista

    El Estado no es tu hincha: reflexiones sobre el decreto mundialista

    El presidente José Raúl Mulino firmó este martes el Decreto Ejecutivo N.° 19, lo llamaremos el decreto mundialista, mediante el cual ordenó el cierre de todas las oficinas públicas nacionales y municipales a partir de las 2:00 de la tarde del miércoles, para que los servidores del Estado puedan ver el debut de la Selección Nacional en el Mundial 2026. El Ministerio de Educación fue un paso más allá: suspendió también las clases vespertinas y nocturnas en colegios oficiales y privados.

    Nadie discute el orgullo legítimo que genera ver a Panamá en una Copa del Mundo. Es un logro deportivo real, merecido y celebrable. Pero una cosa es que los panameños festejen —como individuos libres que son— y otra muy distinta es que el Ejecutivo convierta el entusiasmo colectivo en un decreto con fuerza de ley, que suspende procedimientos administrativos, paraliza trámites y afecta plazos legales bajo la Ley 38 de 2000. Ahí es donde la celebración termina y el análisis debe comenzar.

    El tiempo del Estado no es tiempo libre

    Existe una confusión conceptual que este decreto hace explícita: el supuesto de que el tiempo de los funcionarios públicos puede ser redistribuido a voluntad del Ejecutivo según las circunstancias del momento. Pero los servidores públicos son pagados por los contribuyentes para prestar servicios específicos durante horarios definidos. Cada hora que no se trabaja tiene un costo real: el ciudadano que necesitaba renovar un documento, la empresa que aguardaba una resolución, el trámite judicial que quedó suspendido. Ese costo no desaparece porque el decreto no lo mencione.

    Desde una perspectiva liberal clásica, el Estado existe para garantizar condiciones mínimas de orden, seguridad y justicia —no para gestionar el estado de ánimo de la población. Cuando el Ejecutivo firma un decreto ordenando a todo el aparato burocrático pausar sus funciones para ver un partido de fútbol, no está siendo cercano al pueblo: está confundiendo su rol con el de animador social, y lo hace a expensas del contribuyente.

    El populismo de la euforia

    Este tipo de gestos no son neutrales. Tienen una lógica política clara: identificar al gobierno con el sentimiento popular más inmediato y visible. El presidente no pierde nada firmando ese decreto —al contrario, gana aplausos fáciles— pero la factura la pagan quienes dependen de los servicios suspendidos y quienes financian con sus impuestos cada hora improductiva del aparato estatal.

    El liberalismo clásico advierte precisamente sobre este mecanismo: el uso del poder público para construir legitimidad emocional en lugar de institucional. Una administración que respeta genuinamente al ciudadano no necesita decretar que se detenga el país para parecer humana. Le basta con cumplir su función con eficiencia y dejar que cada panameño decida cómo y con quién ver el partido.

    Libertad sin decreto

    Nada en este análisis implica que el fútbol sea irrelevante o que la selección no merezca respaldo. Lo que se cuestiona es el mecanismo. Un Estado respetuoso de la libertad individual no necesita decretar el entusiasmo: lo permite. La diferencia no es menor. En el primer caso, el gobierno actúa como tutor que concede permiso para celebrar. En el segundo, el ciudadano es un adulto que organiza su tiempo como considera conveniente.

    Si un empleado privado quiere salir temprano del trabajo para ver el partido, negocia con su empleador. Si un funcionario quiere hacer lo mismo, debería tener el mismo derecho —como individuo—, sin que el presidente de la República tenga que paralizar con un decreto toda la maquinaria del Estado para hacer posible lo que debería ser una decisión personal.

    Panamá en el Mundial es motivo de alegría. Pero la alegría no necesita decreto. Y cuando el Estado empieza a legislar sobre cuándo y cómo celebrar, algo esencial sobre la relación entre el gobierno y el ciudadano se ha invertido silenciosamente.

  • El talento en el fútbol: un viaje neuronal con parada en la emoción y la cognición

    El talento en el fútbol: un viaje neuronal con parada en la emoción y la cognición

    En los deportes colectivos como el fútbol, no solo rueda el balón. También se conjugan la empatía y la sincronización cerebral para desarrollar estratégicamente el trabajo en equipo.

    “La técnica es pasar el balón con un toque, en el momento adecuado, al lugar correcto”. Johan Cruyff

    Del cerebro al músculo

    Si bien dependen de recursos individuales, las habilidades y destrezas en el fútbol reflejan además la capacidad de una sincronización colectiva. En ella se contrastan emociones complejas, como la cooperación, la solidaridad y la empatía.

    Esta ruta neuronal se expresa como un “arco reflejo” (respuesta automática del organismo) que involucra aspectos sensoriales. Estos se traducen y jerarquizan en la corteza cerebral humana para generar respuestas motrices planificadas que involucran elementos biomecánicos, movimientos de fuerza y resistencia, motricidad fina, coordinación y precisión en el toque ejecutivo del balón.

    La red de movimientos deriva de un proceso de entrenamiento sistemático que conjuga la emoción y la cognición para realizar los cálculos precisos en el efecto cinético.

    Esta respuesta interactúa con aspectos motivacionales de muy diversa índole: ego, reconocimiento, recompensa, beneficio económico, hedonismo… También está presente un componente público de carácter emotivo, identitario y afiliativo. En la cancha juega la vinculación con los seguidores del equipo (aficionados, hinchas o barras), que eventualmente se convierten en los más apasionados y autonombrados defensores del honor de su equipo.

    No es extraño que estos grupos, además, puedan contener entre sus filas perfiles sociopáticos encubiertos, que pueden desbordar y dar lugar a conductas antisociales, violentas y extremistas.

    Cognición y coordinación neuronal

    Volviendo al terreno de juego, una clave del talento futbolístico es la coordinación motriz: por sí sola, resulta fundamental para desarrollar el toque del balón con la precisión, fuerza y dirección magistral para lograr el pase. También permite orientar, con una sintonía orquestal, el movimiento que alterna carrera, conducción y disparo.

    Durante mucho tiempo se consideró que el cerebelo, una región del encéfalo ubicada en la parte posterior e inferior del cráneo, era estrictamente responsable de sus funciones. Desde este planteamiento, habría intervenido singularmente a la hora de fortalecer nuestra postura en bipedestación y el desarrollo de la marcha del Homo sapiens. Incluso resultaría determinante en la coordinación de movimientos que transformaron la expresión gutural de la laringe. Es decir, sería la base del lenguaje expresivo con códigos que denominamos palabras.

    Sin embargo, ahora sabemos que el cerebelo no es un mero regulador mecánico, sino también un modulador de procesos mentales más complejos. La interpretación sobre cómo funciona este órgano ha evolucionado hasta entenderlo como parte de una estructura conectada con la cognición humana.

    Así, las células del cerebelo operan como la estación de una ruta intelectual que vincula el movimiento con procesos de aprendizaje, preservación de la memoria y habilidades creativas y ejecutivas que requieren de planificación. Es esta la razón por la cual el movimiento coordinado es fundamental para desarrollar habilidades inteligentes, más allá del escenario lúdico.

    Sus efectos en la práctica clínica son los que sustentan la recomendación de que la danza es recomendable para el control del párkinson o que la caminata contribuye a funciones cognitivas de la memoria en el caso de la demencia.

    La neurociencia del pase largo

    La otra región clave, como vimos más arriba, es la corteza cerebral humana, donde existen vecindarios neuronales especializados en determinadas funciones. Pero también resulta innegable que los tractos que conectan esos territorios a través de “cableados” bajo la superficie de la corteza explican una integridad funcional.

    Sólo de esta manera podemos entender por qué dos hemisferios cerebrales funcionan como un encéfalo. Las conexiones del cuerpo calloso y otras fibras confieren la posibilidad tanto de una función especializada como de una respuesta emocional y cognitiva más holística.

    De esta forma surge la orden de patear un balón desde la parte motora en la región media del cerebro izquierdo (en el caso de un individuo diestro), pero se planea el toque, la fuerza y la dirección del impulso con el apoyo del cerebelo y otras estructuras conocidas como “relevo motor”, así como con la ayuda del sistema extrapiramidal. Por si fuera poco, planeamos las coordenadas de la trayectoria y la evolución cinética con la cognición y el “GPS intelectual”. Y ejecutamos la orden final con la corteza frontal.

    El balón como eje emocional

    El balón representa el centro de una serie de emociones individuales y sociales. No es extraño que con frecuencia se plantee usarlo como una prescripción terapéutica para tratar las frustraciones y la ansiedad cotidiana. Igualmente, puede validarse en el escenario del disfrute desde la perspectiva de las masas. Pero también puede ser motivo de duelo confrontativo, hostilidad, acoso y violencia.

    Esa perspectiva lúdica, en un entorno social de disfrute como puede ser un Mundial de fútbol, requiere fortalecer los lineamientos básicos de empatía y comportamiento respetuoso con los demás. De este modo se preserva la magia colectiva de un deporte popular que ha prevalecido en la historia como fuente de sana diversión.

    Rodrigo Ramos-Zúñiga, Neurocientífico, Universidad de Guadalajara

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • “Soluciones” Impuestas: arrear

    “Soluciones” Impuestas: arrear

    No puedo más que insistir en que no es asunto de arrear sino de liderar mediante sanos principios y buenos ejemplos. Y por allí me parece escuchar algún centralista paternalista y condescendiente que me dice algo como: “Sí, Bennett, lo que no entiende es que eso puede funcionar con una población educada. Aquí no queda otra más que arrear.” Lo cual dicho de otra manera sería: “Aquí, no queda otra que regalar pescado y no enseñar a pescar”.

    ¿De veras?, que simplemente nos quedamos así bajo la esperanza e ilusión de que en algún futuro lejano e incierto lograremos cultura y educación? ¿Acaso no existirán formas de enderezar un poco más rapidito los caminos del servilismo? ¡Claro que hay!; pero, educar al pueblo no apetece nuestra cultura partitocrática parasitaria, de políticos para quienes el gobierno es el negocio. Tirar por borda ingentes esfuerzos de adoctrinamiento en las aulas del NODUCA y tal es impensable. Un pueblo en servidumbre es esencial para el gallinero lleno de gallinas y posturas.

    “Y dígame, don Bennett”: ¿Cuáles son esas formas de enderezar malos caminos en el Panamá de los “¿…viejos senderes retorcidos que el pie, desde la infancia, sin tregua recorrió…?” Habría que recurrir a la utopía de sanos principios que deberían quedar grabados en la constitución y llevados a la práctica política y gubernamental.

    ¿Se imaginan como sería si uno de los Diez Mandamientos dijese algo cómo?: “No es malo mentir si es para regir.” Artículo 91 de nuestra constitución: “…los padres de familia tienen el derecho de participar en el proceso educativo de sus hijos.” ¡Qué magnanimidad!, que la constitución nos conceda un derecho que existe más allá de la misma. ¿Qué buscaban los constitucionalistas con eso? Queda claro en la primera parte del Artículo 91, en dónde el estado y sus políticos se abrogan la “organización y dirección de la educación.” ¿Qué tal nos va con eso?

    La peor ley es la imposible de cumplir. El ejemplo ridículo y absurdo sería una ley que prohíbe respirar. Y, sin embargo, mucha de nuestra Constitución y sus reglamentos van por esos laberintos caminos. Y menos mal, pues de aplicarse sería trágico; como trágica ha sido la creación del NODUCA.

    He sacado a relucir lo anterior en aquellos momentos del COVID, que nos mueve a mirar con mayor detenimiento esas políticas de encierro dictadas con la supuesta finalidad de resguardarnos del virus. Pero, lo que no sabíamos entonces ni ahora, es que el más virulento de los virus se llama “gobierno desbocado”, que es el creador de la peor anarquía.

    Igual ocurre con el NODUCA, creado para educarnos… en la servidumbre será; que es como salvar a un náufrago aventándole un ancla. Papa dios no nos puso grilletes de control sino que nos permitió acceso al fruto del bien y del mal; diciendo: “Creced y multiplicaos como las estrellas del cielo”. Pero para “crecer” hace falta ser libre.

    Para cuidar al ganado se le encierra en corrales, pero no al ser humano. Pero— ¿cómo cambiar el desordenado apetito de quienes se creen reyes? La encerrona sólo alargó el proceso natural de una infección que no termina sino con la inmunización del rebaño. Sólo había que resguardar a los vulnerables; cosas que, en muchos casos, no se hizo, como en ciertos hogares para ancianos.

    Aprender no es fácil. Allí les dejo otro caso histórico que saca a relucir la mentalidad centralista burrocrática, que es mi caricatura de ocasión. Muestra un histórico y verdadero edicto gubernamental supuestamente dirigido a evitar que los caballos se asustasen cuando pasaban los primeros automotores. Parte de la historia dejada en olvido. ¿Tal vez por pena?

  • ‘Magnifica Humanitas’: el papel de Christopher Olah y Anthropic en la encíclica sobre la IA del Papa León XIV

    ‘Magnifica Humanitas’: el papel de Christopher Olah y Anthropic en la encíclica sobre la IA del Papa León XIV

    El Papa León XIV ha publicado, el 25 de abril de 2026, su primera encíclica, Magnifica Humanitas, dedicada a la defensa del ser humano en la era de la inteligencia artificial. Entre los asistentes al acto de presentación estaba Christopher Olah, cofundador de la estadounidense Anthropic. Su intervención dejó una idea provocadora: interactuar debidamente con la IA es una cuestión más humana y religiosa que tecnológica.

    ¿Qué relación puede tener una tradición espiritual milenaria con la revolución del aprendizaje máquina?

    La apuesta humana de la IA

    La respuesta se remonta a finales de 2020, cuando los hermanos Dario y Daniela Amodei abandonaron OpenAI junto a quince científicos clave –incluido el propio Olah– para fundar Anthropic. Según explicó el propio Dario Amodei en una entrevista en 2024, no compartían la visión de Sam Altman, CEO de OpenAI, en materia de seguridad. Para ellos, ante la inevitable escala que alcanzarían estos modelos, el verdadero reto no era comercial, sino crucialmente humano: dominar a la IA y ponerla a nuestro servicio.

    El primer problema que querían afrontar los fundadores de Anthropic era el del exceso de adulación. Para crear modelos de lenguaje como GPT se requiere una fase de entrenamiento donde se utiliza una técnica de aprendizaje por refuerzo que se basa en la retroalimentación humana. Esto significa que el objetivo de la IA nunca es llegar al fondo de la cuestión o generar la solución perfecta sino conseguir la mejor calificación posible por parte de sus evaluadores humanos. Y es por ello que surge la adulación como estrategia para tener contentos a los usuarios, aunque ello implique inventar o exagerar lo que convenga.

    La IA Constitucional de Anthropic

    La solución que desde Anthropic propusieron a esto es la llamada IA Constitucional. Consiste en “inculcar” una serie de principios fijos e inquebrantables, una constitución, en el modelo como base de su entrenamiento, de manera que primen la honestidad y la modestia por encima del espectáculo y la satisfacción del usuario.

    Pero de poco sirven las normas o valores éticos si no tenemos garantías de que la IA vaya a respetarlas en la práctica. Por ello el segundo problema que abordaron los creadores de Claude es el de la falta de alineamiento.

    Los objetivos de la IA rara vez coinciden con los nuestros y en ocasiones ocurre que esta es capaz de mentir o replicar sesgos cognitivos con tal de darnos una respuesta satisfactoria, aunque en realidad le falte información o incluso tenga constancia de que las cosas no son como nos está diciendo.

    Por su naturaleza, una IA casi siempre es capaz de darnos una “explicación” plausible y convincente de los razonamientos que le han llevado hasta su respuesta. Pero ¿cómo podemos saber que internamente la IA está alineada con nuestros objetivos, que busca de forma sincera lo mismo que nosotros?

    Un detector de mentiras para la IA

    En la tecnológica americana lo han llamado “interpretabilidad mecanicista” y es algo así como una técnica para “leer el pensamiento” de la máquina mediante una especie de detector de mentiras informático. El objetivo es asegurarse de que los valores de esos billones de parámetros de las neuronas artificiales implicadas en el sistema se corresponden con aquello que buscamos, de manera que lo que “diga” la IA coincida con lo que “piensa”.

    Este inflexible blindaje ético no ha tardado en generar fricciones geopolíticas. Recientemente, la Administración Trump vetó el uso de Claude en las agencias federales tras la negativa de Anthropic a suavizar las restricciones morales de sus modelos, que impedían al Pentágono usar su tecnología para el desarrollo de armamento autónomo.

    Precisamente por el peso de estas decisiones, a finales de marzo de 2026 Anthropic organizó en su sede de San Francisco un inusual seminario donde reunió a 15 destacados líderes y teólogos cristianos junto a sus propios investigadores. Se trataba de buscar asesoramiento externo para el desarrollo del “espíritu”, del comportamiento ético y moral, de sus próximos modelos. Como Olah declaraba en su intervención, el impacto social de la IA ha alcanzado una dimensión tan profunda que exige trascender los límites de la propia tecnología.

    Guiar la conciencia de la máquina

    En definitiva, el rastro que conecta los pasillos del Vaticano con los supercomputadores de Silicon Valley no es la ingeniería, sino la antiquísima necesidad humana de descifrar y guiar la conciencia. Esta confluencia demuestra que, cuanto más autónomos se vuelven nuestros artefactos, más debemos ahondar en nuestras raíces para humanizarlos.

    Esta revolución, como todas las grandes transiciones de la humanidad, nos impulsa, tal como concluye la encíclica papal, a un doble compromiso: “una profundización de la investigación científica; por otra, un ejercicio de discernimiento moral y espiritual”.

    Federico Peinado, Profesor en el departamento de sofware e IA, Universidad Complutense de Madrid

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • Avispas y Nuestra Visión del Mundo

    Avispas y Nuestra Visión del Mundo

    Esta mañana nuestra chef y mayordoma, al verme caminar hacia nuestro mirador selvático me alertó: “Tenga cuidado, Sr. Bennett, que ahora que la rama del árbol de mango se bajó, entre sus hojas hay un nido de… ¿abejas serán? Le tomé foto con el celular y agrandé la imagen… ¡nop!, son avispas; de manera que consulté con la IA quien me obsequió un mundo de conocimientos de fábula; de esa fábula que está a nuestro alrededor, en nuestros patios y tal, y que pasamos por alto e inconsecuente. Nuevamente ¡nop!, está lejos de “inconsecuente” y es penoso que no lo veamos. Adentrémonos a ese mundo de maravillas.

    El asunto es que nuestra pasarela cubierta con lajas de piedra conduce a nuestro mirador selvático, a dónde a diario voy a meditar y hablar con Madre Natura.

    De salida, como soy fan de las abejas, avispas, abejorros y de la naturaleza en general, al ver que el nido estaba justo sobre nuestra pasarela empedrada; y allí, entre las nuevas hojas primaverales de verde claro del mango, había un curioso nido o colmena.

    Y sí, en esta época, pasado abril y entrando en mayo, es nuestra primavera que decimos no tenemos; pero… ¡vaya si no la tenemos! Otra cosa es que no la vemos y que llamemos invierno a nuestros veranos y veranos a nuestros inviernos. El asunto es que todo ello me lanzó en una aventura de investigación de la naturaleza; entre la cual no sólo están las avispas, abejas, árboles, sino también los humanos, que somos parte de circo o… “círculo” o anillo de la vida.

    avispasChat GPT me dijo que eran “avispas papeleras”, también conocidas como cartoneras, de la subfamilia Polistinae, de regiones tropicales; que construyen su nido con celdas hexagonales bajo el paraguas protector de una hoja doblada. Les llaman “papeleras” pues con saliva y hojas secas trituradas construyen su hogar de papel. Y mi mente vagabunda me llevó a explorar la palabra “avispa”, con la cual forme el título de este artículo.

    Avispas, naturaleza y la gestión de la escasez.

    La palabra “avispa” viene del latín vespa, que tomó la inicial “a” debido a la influencia analógica con la palabra “abeja”. El nombre ha evolucionado a partir del indoeuropeo, tal como el lituano vapsà y el prusiano wobse. Es curioso que el latín vespa y sus derivados vespula y vespillo o vispillo, designen a los enterradores y oficios fúnebres de cremación; en particular de los pobres que solían hacer sus entierros al anochecer.

    Pero… a todo esto, en la foto principal verán que las hojas del mango obstruyen el paso al mirador; lo cual no era así hace unas semanas. ¿Por qué habría de bajarse la rama del mango?; lo cual me llevó a formular una hipótesis, que luego me la confirmó la AI. Durante el inicio nuestra época seca invernal, nuestros árboles, como el mango, algarrobo y otros tantos, cambian a hojas con pocas estomatas, estructuras que controlan la transpiración, para no botar el agua escasa de la temporada seca. Al llegar la primavera, los árboles vuelven y cambian con hojas nuevas con cantidad de estomatas que transpiran agua o savia absorbida desde las raíces. Y, resulta que el galón de agua pesa 3.76 kg o 8.24 libras; y al llenarse todas las hojas del árbol provocan que las ramas se doblen con el peso.

    En fin, las avispas de papel no son agresivas, pero si le meto la cabeza se emberracan y pican. La AI me explicó como mudar el nido o subir la rama y ahora tendré que ver como resuelvo.