Etiqueta: deuda pública

  • ¿Qué tan endeudados están los países de Centroamérica?

    Los países suelen pedir prestado dinero a organismos internacionales cuando lo recaudado en impuestos no es suficiente para el pago de proyectos o gastos del Estado.

    En Centroamérica, el país que menos ha recurrido a esta práctica es Guatemala, cuya deuda pública es la más baja de la región con 22.593 millones de dólares, lo que equivale a un aproximado del 30 % del Producto Interno Bruto (PIB), según cálculos del Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales (ICEFI).

    Mientras que los países con la mayor deuda pública son El Salvador, con el 76 % de su PIB comprometido y Costa Rica con el 63 %.

    “Históricamente Guatemala ha sido un país muy conservador. No ha estado en la situación de Honduras o Nicaragua en los años 80’s, países pobres altamente endeudados. Tampoco hemos llegado a tener dependencia de la deuda como la tiene El Salvador y Costa Rica, y eso de alguna manera genera un blindaje macroeconómico”, dijo a la Voz de América el economista Hugo Maul, investigador del Centro de Investigaciones Económicas Nacionales (CIEN).

    El Fondo Monetario Internacional (FMI), en su evaluación del Artículo IV 2023, dijo que la deuda de El Salvador es “elevada y se encuentra en una senda insostenible”. Por lo que recomendó, en febrero de este año, “el desarrollo de un plan fiscal y de financiamiento completo y ambicioso, destinado a reconducir la deuda a una senda sostenible y a facilitar el acceso al mercado internacional de capitales».

    Mientras que para Costa Rica dijo que “la orientación general de las políticas debe seguir centrada en hacer que la inflación regrese a la meta y que la deuda pública se mantenga en una firme trayectoria descendente”.

    ¿La deuda es funcional?

    Una de las maneras utilizadas por las entidades financieras para medir si un nivel de deuda es correcto o excesivo es comparando lo que se debe con el PIB de cada país, es decir, comparando el monto de la deuda con el valor de los bienes y servicios finales que produce ese país.

    Por ejemplo, si un país debe 80 millones de dólares y su PIB es de 100 millones, de lo producido, ya debe la mayor parte y su capacidad de riqueza queda reducida.

    Según el ICEFI, en 2020, varios países del mundo registraron un aumento del nivel de endeudamiento público debido a la disminución del PIB por la poca actividad económica. En el caso de Centroamérica, el nivel promedio de endeudamiento en la región era del 48,5 %. Luego de la pandemia, el promedio de deuda se elevó al 60,6 %.

    “Con las cifras consideradas en los presupuestos de ingresos y gastos del Estado para cada uno de los países de la región, se estima que, al cierre de 2023, la deuda pública regional media se reducirá́ hasta 54 % del PIB”, señala ICEFI.

  • El FMI es una verdadera vergüenza

    Una vez más el Fondo Monetario Internacional (FMI) otorga facilidades al gobierno argentino que se caracteriza por endeudarse para luego instalarse en su condición de incumplidor serial. Siempre un explosivo para el próximo gobierno y así sucesivamente en una calesita macabra que se va cayendo a pedazos pero en todos los casos el derrumbe lo sufre la gente de a pie que sistemáticamente ve encogidas sus perspectivas.

    En un país en el que se vienen repitiendo medidas empobrecedoras con una monotonía exasperante no hay más remedio que reiterar las alarmas y sugerir medidas que reviertan los graves problemas que suscita el estatismo que venimos sufriendo desde hace largas décadas a contramano de valores alberdianos que hicieron de nuestro país la admiración del mundo hasta que irrumpió el siempre devastador estatismo.

    Nuestros gobiernos mendigan préstamos para financiar un aparato estatal elefantiásico que carcome todo vestigio de productividad en el contexto de cargas tributarias insoportables, déficit crónicos, inflaciones astronómicas, regulaciones asfixiantes, economía cerrada y mercado laboral anti-trabajo, y henos aquí que en una segunda ronda alardean con que no hay que “pagar con el hambre del pueblo” (que los mismos gobernantes provocan) sin percatarse que los acreedores no pretenden cobrase con hambrunas sino con dólares.

    Henry Hazlitt el economista estrella de Newsweek durante décadas y el célebre autor de La economía en una lección y del detallado y voluminoso análisis de la teoría keynesiana titulada Los errores de la nueva economía, escribió una columna el 11 de noviembre de 1963 que parece preparada para las instancias que corren. Se titulaba “Deshagan el FMI” donde explica que esa institución se estableció en reemplazo de la disciplina monetaria que establecía el patrón oro clásico al efecto, en su lugar, de dar rienda suelta a los procesos inflacionarios. Una vez establecidos los Acuerdos de Génova y Bruselas de los años 20 que permitieron abrir los grifos de la inflación a través de las bancas centrales, se instaló este “banco central de bancos centrales” que luego se transformó en prestamista de gobiernos fallidos. Hazlitt recuerda que “los padres de la entidad fueron Harry Dexter White por los Estados Unidos y Lord Keynes por Inglaterra. White sirvió como director ejecutivo del FMI quien en 1945 fue denunciado por el FBI como espía ruso lo cual fue ratificado por la Justicia en Estados Unidos […] Y Keynes -el mayor apóstol de la inflación de todos los tiempos- en el Parlamento británico el 23 de mayo de 1944 aseguró:”Si tengo alguna autoridad para decir en que es y que no es la esencia del patrón oro, diría que este plan es su exacto opuesto es decir el derrumbe de la moneda independiente del poder político”.

    En esta línea argumental es pertinente recordar que en su prólogo a la edición alemana de la Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, en 1936, en plena época nazi, Keynes escribió que “la teoría de la producción global que es la meta del presente libro, puede aplicarse mucho más fácilmente a las condiciones de un Estado totalitario que a la producción y distribución de un determinado volumen de bienes obtenido en condiciones de libre concurrencia”.

    En este contexto Hazlitt concluye que “la solución real consiste en desmantelar el Fondo Monetario Internacional […] ya que es una gigantesca máquina de inflación mundial” y más adelante subraya que “es realmente asombroso que este sistema fabricado en Breton Woods en 1944 es no solo tolerado sino considerado sacrosanto”.

    Por su parte el cuatro veces candidato a la presidencia en Estados Unidos y ex congresista Ron Paul en el Ron Paul Institute, el 24 de marzo de 2015, en una columna titulada “Eliminen, no reformen al FMI” reitera que esa institución es coactivamente financiada por los contribuyentes de distintos países para dar sustento a gobiernos corruptos y quebrados como consecuencia de aplicar medidas estatistas, y cuando están por renunciar o reconocer sus fracasos reciben carradas de dólares a tasas de interés menores a las de mercado y con repetidos períodos de refinanciación y perdones de diversa envergadura. A título de ejemplo muestra la financiación que recibía del FMI Saddam Hussein y al último apoyo escandaloso a Grecia.

    Al decir de economistas de la talla de Peter Bauer, Doug Bandow, Robert Barro, Karl Brunner, Ronald Vauvel y Raymond Mickesell esta institución sirve para financiar a gobernantes ineptos empujados por la realidad de sus desaciertos, en lugar de permitir que se reviertan sus fracasadas políticas estatistas reciben cuantiosos recursos del Fondo. Sostienen estos profesionales que ese ha sido el caso repetidamente en Argentina, México, Bolivia, República Dominicana, Haití, Indonesia, Irak, Pakistán, Tanzania, la ex Camboya, Filipinas, Ghana, Nigeria, Sri Lanka, Zambia, Uganda, Turquía, El Salvador, Egipto y Etiopía.

    En su visita a Buenos Aires, Yuri Yarim Agaev, enviado por Vladimir Bukouvsky -uno de los más destacados disidentes de la ex Unión Soviética junto con Alexander Solzhenistin- informó que luego del derrumbe del Muro de la Vergüenza liberales rusos estuvieron a punto de acceder al gobierno “si no fuera por la apresurada irrupción del FMI que dotó de millones de dólares a miembros de la nomenclatura de donde finalmente surgió el actual gobierno”.

    Fue muy difundido el caso del general Mobutu Sese Seko que usurpó el poder en Zaire que fue el mayor receptor de ayuda por parte del FMI en relación a su población. El poder de Mobutu fue absoluto condenando a la gente a los suplicios más horripilantes en un contexto de saqueo permanente que permitió que ese sátrapa acumulara una fortuna de ocho mil millones de dólares de esa época.

    A lo consignado debe agregarse el jugoso ensayo de Anna Schwartz (la coautora con el premio Nobel en Economía Milton Friedman de la muy difundida historia monetaria estadounidense) titulado “Es tiempo de terminar con el FMI y el Departamento de Estabilización del Tesoro” y el libro de la doctora en economía por la Universidad de Oxford Dambisa Moyo titulado Cuando la ayuda es el problema, en donde se detallan innumerables casos patéticos de países que reciben cuantiosos recursos en medio de corrupciones alarmantes y dislates económicos fomentados por la ayuda que proviene coercitivamente de bolsillos ajenos.

    En el contexto de la deuda pública externa, es de interés recordar que cuando Thomas Jefferson siendo embajador en París recibió la flamante Constitución norteamericana escribió que “si hubiera podido agregar una cláusula adicional la concretaría en la prohibición al gobierno de contraer deuda” que como lo expresó otro premio Nobel de Economía, James M. Buchanan, “significa comprometer coactivamente patrimonios de futuras generaciones que ni siquiera han participado en el proceso electoral para elegir al gobierno que contrajo la deuda.”

    Entonces el Fondo Monetario Internacional alimenta a burócratas que son remunerados con honorarios colosales a costa de los contribuyentes para en definitiva incentivar el despilfarro y, por ende, el empobrecimiento de todos pero muy especialmente de los más vulnerables cuyos salarios se ven reducidos por el creciente estatismo.

    En este escenario, los gobiernos que se encuentren en serias dificultades por sus mayúsculos desaciertos tendrán dos opciones: rectificar sus errores abriendo el mercado y fortaleciendo marcos institucionales civilizados o, de lo contrario, continuar con los desatinos pero financiados por Corea del Norte, Cuba o similares…si es que allí encontraran dólares, pero no de parte de Washington y sus aliados. Entonces, el fondo del Fondo estriba en terminar cuanto antes con esta entidad que tanto daño ha causado y lo sigue haciendo.

    Recomiendo a los lectores interesados en este tema que consulten los muchos textos recopilados en el Ludwig von Mises Institute donde múltiples autores coinciden en base a muy diversas documentaciones que el FMI debe liquidarse a la brevedad para bien del mundo libre. En ese escenario, como queda dicho, las pesadas burocracias desaparecerían y la banca privada dirigirá sus recursos donde predominen marcos institucionales serios y, por ende, una economía exenta de estatismo crónico y de corrupciones alarmantes.

    En Britannica se lee que “El impacto de los préstamos del FMI ha sido ampliamente debatido. Oponentes al FMI argumentan que sus préstamos incentivan a que los estados miembros apliquen muy malas políticas económicas domésticas, sabiendo que si lo necesitan el FMI los sacarán del apuro. Esta red de contención, sostienen los críticos, demoran las necesarias reformas y crean dependencias de largo plazo. Los oponentes también apuntan que los rescates del FMI se extienden a la banca que ha realizado préstamos a insolventes, por ende los alientan a que aprueben inversiones aun más riesgosas.”

    Se podrá preguntar y repreguntar cómo es posible que el FMI insista en prestar una y otra vez a gobiernos espantosamente irresponsables pero debe advertirse que a diferencia de los que prestan asumiendo riesgos con recursos propios, los burócratas de esta entidad internacional lo hacen coactivamente con el fruto del trabajo ajeno y -vuelvo a remarcar- percibiendo ellos salarios monumentales. No es para hacer algo ad hominem sino al solo efecto ilustrativo pero es preciso subrayar que a esta altura necesitamos una política cristalina y no Kristalina.

  • Deuda nacional de EE. UU. supera los 30 billones de dólares por primera vez en la historia

    Los 30 billones de dólares en deuda pendiente se deben a una amplia variedad de acreedores, incluido el propio gobierno federal.

    El Departamento del Tesoro informó la semana pasada que la deuda nacional total de Estados Unidos superó los 30 billones de dólares por primera vez en la historia, una cantidad equivalente a casi el 130 % de la producción económica anual de Estados Unidos, conocida como producto interno bruto. La cifra convierte a Estados Unidos en una de las naciones más endeudadas del mundo.

    La deuda federal ha sido alta y en aumento durante décadas, pero la respuesta del gobierno federal a la pandemia de coronavirus, que implicó inyecciones masivas de efectivo en la economía de EE. UU., aceleró en gran medida su crecimiento.

    A finales de 2019, antes de la pandemia, la deuda nacional era de 22,7 billones de dólares. Un año después, había aumentado 5 billones de dólares adicionales, a 27,7 billones de dólares. Desde entonces, la nación ha agregado más de 2 billones de dólares en deuda adicional.

    Un recordatorio sombrío

    Si bien la cifra de 30 billones de dólares, por sí sola, no tiene un significado significativo, puede servir para centrar la atención en lo que algunos ven como una preocupación importante para la salud futura del país.

    «Alcanzar la marca de 30 billones es un recordatorio de cuán alta es nuestra deuda y cuánto hemos estado pidiendo prestado», dijo Marc Goldwein, vicepresidente senior y director de políticas senior del Comité para un Presupuesto Federal Responsable.

    “La deuda del público, que es la medida que preferimos usar, es casi tan grande como la economía”, dijo Goldwein a VOA. «En una década, será más grande que en cualquier otro momento desde la Segunda Guerra Mundial. Mientras tanto, tenemos la tasa de inflación más alta que hemos tenido en 40 años, y no parece haber ninguna señal de que los préstamos vayan a disminuir».

    Diferentes deudores

    Los 30 billones de dólares en deuda pendiente se deben a una amplia variedad de acreedores, incluido el propio gobierno federal.

    Según el Departamento del Tesoro, al 31 de enero, 6,5 billones de dólares de la deuda nacional se clasificaron como «tenencias intragubernamentales». Esto incluye valores del Tesoro en poder de varias agencias del gobierno federal, principalmente la Administración del Seguro Social, que mantiene un fondo fiduciario para proporcionar ingresos a las personas mayores.

    La porción mucho más grande de la deuda se clasifica como deuda en poder del público, que asciende a 23,5 billones de dólares. El término «público» puede ser algo engañoso porque la categoría incluye no solo los instrumentos de deuda en poder de inversores individuales, sino también las deudas en poder de la Reserva Federal, los grandes fondos de inversión y los gobiernos extranjeros.

    Según el Departamento del Tesoro, los gobiernos extranjeros tienen alrededor de 7,7 billones de dólares en deuda estadounidense, aunque ningún país tiene más del 5% del total. A finales de noviembre, según los datos más recientes disponibles, Japón era el mayor tenedor extranjero de deuda estadounidense, con 1,3 billones de dólares. China fue el segundo mayor tenedor de deuda estadounidense, con 1,1 billones de dólares, mientras que el Reino Unido ocupó un distante tercer lugar, con 622.000 millones de dólares.

    El costo de la deuda

    El costo del servicio de la deuda pendiente del país se ha convertido en una parte importante del presupuesto federal a medida que ha crecido la deuda pendiente. En 2021, el gobierno realizó 562.000 millones de dólares en pagos de intereses sobre la deuda pendiente. Eso es más que el presupuesto anual de cada agencia federal individual, excepto el Tesoro, el Departamento de Salud y Servicios Humanos (que administra los programas gubernamentales de seguro de salud de Medicare y Medicaid) y el Departamento de Defensa.

    Sorprendentemente, durante la primera parte de la pandemia, los pagos de intereses del gobierno federal cayeron incluso cuando la deuda aumentó, debido a una amplia disminución de las tasas de interés.

    Sin embargo, con la Reserva Federal a punto de comenzar a aumentar las tasas de interés en un intento por evitar el aumento de la inflación, la tasa que el Tesoro tiene que pagar por la deuda recién emitida probablemente aumentará, lo que significa que el costo total del servicio de la deuda federal probablemente aumentará en un futuro relativamente cercano.

    Comparación con otros países

    La relación deuda/PIB de Estados Unidos, la medida más utilizada para medir el nivel de endeudamiento de un país, lo ubica entre los países más endeudados del mundo.

    Según los datos recopilados por el Banco Mundial en octubre, el país con la relación deuda/PIB más alta del mundo es Japón, que tiene una deuda equivalente al 257% de su producción económica. Otras economías desarrolladas con relaciones deuda/PIB muy altas son Grecia, con un 207 %, e Italia, con un 155 %.

    Con una proporción del 133%, EE. UU. es el duodécimo país más endeudado en general y el cuarto más endeudado entre las economías desarrolladas que conforman la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos. El promedio de la OCDE es una relación deuda-PIB del 80%.

    Ambos partidos aumentaron la deuda

    La deuda nacional es el total acumulado de los déficits federales anuales. Estados Unidos ha visto superávits federales en solo cuatro de los últimos 50 años, de 1998 a 2001, que abarcan los últimos tres años de la administración de Bill Clinton, demócrata, y el primer año de la administración de George W. Bush, republicano.

    En las últimas décadas, tanto los demócratas como los republicanos han contribuido al aumento de los niveles de endeudamiento federal, con un aumento regular de la deuda, independientemente del partido que controle el Congreso y la Casa Blanca.

    Es un hecho que hace que algunos miembros del Congreso expresen frustración con sus colegas por una aparente falta de preocupación por el problema.

    “Treinta billones de dólares en deuda es una cifra obscena, pero lo que es aún más deprimente es el hecho de que a la mayoría de los políticos de ambos partidos realmente no les importa”, dijo el senador Ben Sasse, republicano de Nebraska, en un comunicado. «Alguien tendrá que pagar ese dinero cuando estos políticos se hayan ido y no lo pagarán ellos, sino nuestros hijos».

  • 5 formas en que incumplimiento de deuda de EE. UU. repercutiría en la economía global

    El daño de un incumplimiento de deuda de EE. UU. no se limitaría solo al país. Los valores emitidos por EE. UU. han sido tan confiables durante tanto tiempo que se tratan como esencialmente libres de riesgo en los mercados financieros.

    Los legisladores estadounidenses tienen menos de tres semanas para evitar un incumplimiento de la deuda soberana del país elevando el límite a la cantidad de dinero que el Departamento del Tesoro puede pedir prestado. De no hacerlo, Estados Unidos incumpliría intencionalmente sus deudas por primera vez en la historia.

    A estas alturas, se ha informado ampliamente sobre el alcance del daño que los economistas predicen que sufriría la economía estadounidense en caso de incumplimiento provocado por un amargo conflicto entre los demócratas y los republicanos en el Congreso.

    Una estimación de Moody’s Analytics a principios de este mes predijo que en un escenario de incumplimiento prolongado, Estados Unidos entraría en recesión, con una caída del Producto Interno Bruto de casi un 4%. Se perderían unos seis millones de puestos de trabajo, lo que elevaría la tasa de desempleo al 9%. La venta masiva resultante del mercado de valores borraría 15 billones de dólares en riqueza familiar. A corto plazo, las tasas de interés se dispararían y, a largo plazo, nunca volverían a caer a los mínimos previos al incumplimiento.

    Pero el daño de un incumplimiento de deuda de EE. UU. no se limitaría solo a la nación. Los valores emitidos por EE. UU. han sido tan confiables durante tanto tiempo que se tratan como esencialmente libres de riesgo en los mercados financieros y se utilizan para respaldar una gran cantidad de contratos financieros globales.

    «El mercado del Tesoro de Estados Unidos es el activo ancla del mundo», dijo Jacob Kirkegaard, investigador principal del Peterson Institute for International Economics. «Si resulta que ese activo en realidad no está libre de riesgos, pero que en realidad puede incumplir, eso básicamente detonaría una bomba en el medio del sistema financiero global. Y eso será extremadamente complicado».

    Secuelas inmediatas

    En caso de incumplimiento, generalmente se asume que habría una venta masiva de valores del Tesoro, conocidos como bonos del Tesoro. Esto sucedería por múltiples razones, desde inversionistas individuales asustados por el incumplimiento, hasta compañías que tenían préstamos garantizados con bonos del Tesoro obligados a reemplazarlos con algo que el prestamista considera más seguro.

    La venta masiva haría que a Estados Unidos le resulte más caro pedir prestado en el futuro, lo que haría subir las tasas de interés en Estados Unidos y reduciría el valor del dólar frente a otras monedas del mundo.

    A continuación cinco formas en que esos efectos se harían eco en la economía global:

    Reducción del comercio mundial

    Si un incumplimiento llevara a Estados Unidos a la recesión, los consumidores y las empresas estadounidenses reducirían la cantidad de bienes y servicios que compran fuera del país.

    Si bien esto afectaría prácticamente a todos los países hasta cierto punto, los países de mercados emergentes que dependen de las exportaciones a Estados Unidos para obtener gran parte de sus ingresos se verían particularmente afectados.

    La devaluación esperada del dólar tendría un impacto similar, lo que haría más costoso para las empresas estadounidenses comprar suministros en el extranjero, lo que haría que el comercio se redujera aún más.

    Las economías dolarizadas sufrirían

    El dólar estadounidense es una moneda común en gran parte del mundo. Algunos países lo han adoptado como moneda oficial, mientras que en otros existe al lado de una moneda local que a menudo está «vinculada» al dólar para mantener estable su valor.

    En el caso de que un incumplimiento redujera el valor del dólar, los países con economías altamente dolarizadas verían disminuido el poder adquisitivo de las existencias de divisas existentes.

    «Los mercados emergentes sufrirían mucho por esto, porque no tendrían una moneda nacional que fuera muy creíble», dijo Kirkegaard.

    Contratos comerciales afectados

    En todo el mundo, muchas transacciones transfronterizas conllevan requisitos de liquidación en dólares estadounidenses. En tiempos normales, esto se considera una forma práctica de asegurarse de que los cambios repentinos en el valor de una moneda local no perjudiquen dramáticamente a una de las partes en una transacción que se liquidará en el futuro.

    Una caída repentina y pronunciada en el valor del dólar significaría que las personas y las empresas que anticipan el pago de los contratos existentes en dólares, de hecho recibirían menos de lo que esperaban por sus bienes y servicios.

    Los contratos comerciales más sofisticados pueden contener cláusulas anti-incumplimiento que requieren que los acuerdos sean renegociados en caso de incumplimiento que reduzca el valor de una moneda de reserva. Si bien esto mantendría a ambas partes en un contrato completo, también complicaría y probablemente ralentizaría muchas transacciones.

    El capital fluye fuera de EE. UU.

    Una de las ventajas económicas que ha disfrutado Estados Unidos durante mucho tiempo es que es un imán para el capital mundial. Cuando la economía global es fuerte, los inversores que buscan crecimiento canalizan dinero a empresas estadounidenses. Cuando los tiempos son malos, los inversores buscan refugio en los bonos del Tesoro de Estados Unidos. De cualquier manera, los mercados globales están dirigiendo capital a EE. UU.

    Pero cuando las tasas de interés suben por una razón equivocada, porque los inversores no confían en que el gobierno de Estados Unidos pague sus deudas, ese sistema se rompe.

    El resultado es que, hasta cierto punto, los inversores que buscan refugio serían más cautelosos al asumir que los valores del Tesoro son la inversión a la que recurrir para proteger el valor de sus activos. El movimiento lógico sería que comenzaran a dirigir al menos parte de sus inversiones a valores emitidos por otros gobiernos y denominados en diferentes monedas.

    Nueva moneda de reserva

    Un efecto secundario de esos nuevos flujos de capital podría ser un desafío para el dólar como «moneda de reserva» mundial.

    Una moneda de reserva es el dinero en poder del banco central de un país y de las grandes instituciones financieras para facilitar el comercio mundial de las empresas nacionales, cumplir con las obligaciones de la deuda internacional e influir en los tipos de cambio de la moneda nacional, entre otras razones.

    La estabilidad del dólar lo ha convertido en la moneda de reserva global dominante desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Esto ha generado una demanda mundial constante de dólares, lo que ha hecho posible que el gobierno de Estados Unidos pida préstamos a tasas de interés más bajas que otras naciones grandes.

    Los competidores globales de Estados Unidos, incluidos China y Rusia, pero incluso aliados, como la Unión Europea, han sugerido durante años que sería mejor si el dominio del dólar no fuera tan completo como es.

    Ha habido pocos movimientos para desbancar al dólar en las últimas décadas, pero una conmoción como un incumplimiento de la deuda estadounidense podría persuadir a algunos países de cubrir sus apuestas tomando otras monedas, como el euro o el renminbi, como adiciones a sus tenencias de reservas.

    «Si eres China o, en realidad, la zona del euro, has querido reemplazar o suplantar el papel dominante del dólar en la economía global con el renminbi o el euro», dijo Kirkegaard. «No se puede pedir nada mejor».

  • Una economía en UCI en dos tiempos

    Una economía en UCI en dos tiempos: este artículo toma una radiografía de algunos resultados económicos que comienzan y terminan con un denominador común: el mismo Ministro de Economía en Panamá.

    El mismo nos dejó un legado financiero sano (2009) y recibió una herencia financiera enferma (2019) luego de transcurridos sólo 10 años. ¿Podrá repetir la hazaña? Parecería que el camino tomado no deja mucho entusiasmo por ahora.

    economía en UCI

    El PIB desde el año 2003 hasta el 2019 se mantuvo en crecimiento sostenido. Con ciertas altas y bajas, alcanzó un promedio de 10.51% anual, ubicándose como uno de los más altos de América y del mundo, a pesar de haber sufrido los efectos de la crisis económica mundial del 2008 y el ataque exterior indiscriminado de los Panama Papers.

    economía en UCI

    Sin embargo, estas oscilaciones en el crecimiento, se iban a manifestar crudamente a partir del primer trimestre del año 2020, cuando comienza la pandemia del COVID 19, que desata una feroz “guerra” para controlar, minimizar y tratar de neutralizar los efectos devastadores en la salud, que bajo una falsa dicotomía entre salud o economía, dejó a un lado esta última, con los resultados que veremos a continuación.

    En la “batalla sanitaria” que nos encontramos desde hace más de un año se logró, hasta ahora, pudiera decirse que por ahora, se ha logrado controlar al virus;  con un costo altísimo, no solo sopesado en vidas, sino  también a nivel social y económico, reflejado en las cuentas estatales como privadas, tal y como ocurre en cualquier guerra bélica.

    Tan solo viendo estos gráficos se puede apreciar que la “Guerra COVID 19” desencadenó otras nuevas batallas; la “Batalla Económica” y la “Batalla Social”, ya declaradas, pero que aún no son asumidas conscientemente como tal. La que me ocupa hoy, la batalla económica, ya se venía librando silenciosamente, pero se expuso con toda su crudeza en este escenario post Covid en la economía que comienza a despuntarse.

    El siguiente gráfico reseña desde el año 2003 a la fecha, estos cambios que se iban gestando, en especial, respecto al uso de  la herramienta del endeudamiento estatal . Dicho endeudamiento,  ahora se esgrime como la única posibilidad frente a los daños en la economía que se produjeron debido a las medidas de contención del virus tomadas por el gobierno,  que básicamente generaron un corte del flujo de caja real de la economía.

    A partir de aquí cabe analizar los resultados de cada periodo de gobierno, con la finalidad de observar el impacto de las políticas públicas ejecutadas en la utilización del endeudamiento como motor del crecimiento en una economía.

    En el período presidencial de Martín Torrijos (2004/2009), el actual Ministro de Economía recibe como herencia una deuda de $10,026 millones en el año 2004, en una gestión compartida con el periodo de M. Moscoso, teniendo un crecimiento de 15.08%  respecto al 2003.

    En esta gestión se logra estabilizar la deuda, congelándola alrededor de los $10,500 millones, pasando de un valor diferencial de $1,314 millones a -33 millones en el 2008, representando un aumento promedio anual de tan solo 1.84%. Es decir, congelar y rebajar deuda, no implicó sacrificar el crecimiento del país,  ya que el PIB aumentó a un promedio anual de 12.63%, pasando de $15,013 millones en el 2004 a $27,117 en el 2009.

    Esto significó una disminución sostenida de la Relación Deuda Vs. PIB, siendo de 0.668 en el año 2004 a 0.415 en el 2009, con un diferencial de 0.253. Dicho de otra manera, por cada dólar de crecimiento del PIB, logra ahorrar $0,25 dólares.

    Estos resultados ponen de manifiesto que las políticas publicas ejecutadas fueron de carácter austero aplicando una filosofía de crecimiento en base al ahorro.

    Este legado económico influyó positivamente para que Panamá alcanzara en el 2010 el Grado de Inversión BBB-, otorgada por Fitch Ratings y ratificada por Standard & Poors y Moody’s, asumiéndose que las Calificadoras de Riesgo establecieron una relación límite de 0.40.

    En el periodo R. Martinelli (2009/2014) la deuda pasó de $10,972 millones a $18,231 millones, aumentando $7,259 millones, a un promedio anual de 10.74% sufriendo una fuerte aceleración (en valor porcentual), con respecto al período anterior (8.9% mayor).

    Así mismo el PIB aumentó a un promedio anual de 13.04%, sufriendo una leve aceleración (en valor porcentual), con respecto al período anterior (0,41% mayor).

    En cuanto a la Relación Deuda Vs. PIB pasó de 0.415 en el año 2009 a 0.365 en el 2014, continuando con una disminución sostenida hasta llegar a 0.344 en el año 2013 marcando el punto de inflexión de mínima logrado en el periodo total analizado.

    Estos resultados contribuyeron a la sostenibilidad y afianzamiento del Grado de Inversión, aunque refleja un cambio filosófico en las políticas públicas ejecutadas, poniendo en evidencia que se pasó de un crecimiento de la economía en base al ahorro a un crecimiento en base al endeudamiento.

    En el periodo J. C. Varela (2014/2019) la deuda pasó de $18,231 millones a $31,018 millones, aumentando $12,787 millones, a un promedio anual de 11.32%, sufriendo una leve aceleración (en valor porcentual), con respecto al periodo anterior (0.6% mayor).

    Así mismo el PIB aumentó a un promedio anual de 6.02%, marcando una acentuada desaceleración (en valor porcentual), con respecto al periodo anterior (7.02% menor).

    En cuanto a la Relación Deuda Vs. PIB paso de 0.365 en el año 2014 a 0.464 en el 2019, continuando con un aumento sostenido iniciado en año 2014.

    Estos resultados muestran una continuidad en las políticas públicas ejecutadas, basadas en la filosofía de «crecimiento» en base al endeudamiento, con resultados deficientes y exacerbados dado que, por un lado, la deuda continuó en aumento, pero el crecimiento (PIB) sufrió una disminución porcentual progresiva y, por otro lado, pone en riesgo la Calificación de Grado de Inversión, dado que la tendencia en continuo aumento de la relación Deuda Vs. PIB sobrepasó el límite sostenido por las calificadoras (0,40) en el 2019 para la economía panameña.

    En el año 2019 se inicia el periodo de Laurentino Cortizo, en donde el Ministro de Economía recibe una herencia de $31,018 millones de deuda (2.8 veces más de lo que dejó 10 años antes), un PIB de $66,801 (2.4 veces de lo que dejó en el 2009) y una relación Deuda Vs. PIB creciente (habiéndola dejado con tendencia decreciente). A esta herencia con indicadores que presentan tendencias desfavorables, a los nueve meses de gestión se le suma la paralización económica como consecuencia de la “Guerra COVID 19” provocando el inicio de una “Batalla Económica” que apenas está comenzando.

    La “Batalla Sanitaria” dejó como consecuencia en el 2020 una abrupta caída del PIB de 20.75% en tan solo 9 meses, equivalente a $13,863 millones (valor mayor al PIB total del 2003). El año cierra con un valor absoluto de $52,938 millones, cifra similar al resultado del primer trimestre del 2015, o sea que retrocedió 5 años, situación que se mantendría proporcional en el 2021, si se diera la proyección de crecimiento pronosticada por el Banco Mundial de 9.0%.

    En cuanto a la deuda, el 2020 cerró en $36,960 millones, acusando un aumento porcentual de 19.15%, equivalente a una variación diferencial de $5,941 millones con respecto año anterior (sin pandemia). Esta situación también se mantendría en el 2021 al aumentar la deuda en $6,000 millones (según lo expresado por el Ministro de Economía en estos días), para llegar a los $42,961 millones.

    Además, en el 2020 la relación Deuda Vs. PIB creció abruptamente escalando de 0.464 (en el 2019) a 0.698, representando un diferencial de 0.234 y sobrepasando en 0,268 el límite sostenido por las calificadoras (0,40), pudiendo llegar a 0,745 en el 2021 de darse los pronósticos ya mencionados, sobrepasando el límite del Grado de Inversión por 0.345.

    De acuerdo a los indicadores del PIB y la Deuda, la situación no cambiaría sustancialmente para el año 2021, aunque sí se agravaría- aún más- y llegaría a niveles insostenibles para mantener el Grado de Inversión actual.

    Por otra parte, los Ingresos Corrientes percibidos por el Gobierno Central se mantuvieron en crecimiento sostenido desde el 2003 hasta el 2013 (durante 10 años). En el año 2014 (gestión compartida entre el Gobierno de R. Martinelli y J. C. Varela) se produjo una disminución significativa  de los ingresos de 7.86%, equivalentes a $591 millones, para cerrar el año en $6,927 millones.

    Desde este punto, retoma en alza, tardando 2 años (2016) para equiparar en valor absoluto el máximo logrado en el 2013 que fue de $7,517, para alcanza otro pico máximo de recaudación en el 2018 con $9,011 millones.

    En el año 2019 (sin pandemia) en una gestión compartida entre J. C. Varela y N. Cortizo, los Ingresos disminuyen significativamente un 8.34% (casi medio punto más que la caída del 2014) seguido de una nueva abrupta caída de 19.77% en el 2020, año de la pandemia (un 11.91% más que la caída del 2014) equivalente a $1,633 millones (cifra casi similar al total de ingresos percibidos en el 2003), para lograr cerrar el año con un valor de $6,626 millones.

    Los Ingresos Corrientes en el 2020 se retrotraen en valor absoluto a la cifra alcanzada a mediados del año 2014 (o sea 6 años de retroceso).

    Si se compara la experiencia del 2014, en donde se perdieron 2 años, para recuperarse de una caída de 7.86%, en el caso de repetirse la historia, recuperar la caída del 2019/20 de 28.11%, llevaría por lo menos 7 años, o sea que en el 2027 se equipararía (a valor constante) con la cifra pico del año 2018 (en esta estimación no se contempla la inflación).

    Según lo estimado por el Ministro de Economía, los Ingresos Corrientes en el 2021 podrían aumentar a $7,489 millones logrando una recuperación de 13.02%, con lo que se equipararía a lo percibido en el 2016, achicando la brecha en un año (o sea 5 años). De acuerdo a ello, se debería suponer que los Gastos corrientes también se tendrían que retrotraer al año 2016 para estar en una situación similar, pero como se verá a continuación los gastos solo se retrotraerían al valor de 2019 (esto no se ve nada bien).

    En cuanto a los Gastos Corrientes efectuados por el Gobierno Central desde el 2003 hasta el 2019 se mantuvieron con una tendencia al alza, con ciertas altas y bajas, alcanzando un crecimiento promedio de 9.25% anual.

    Para el periodo 2014 al 2019 el Gasto aumentó en promedio un 9.84%, pasando de $5,737 millones a $9,091 millones, representando un diferencial de $3,354 millones.

    Y respecto al año 2020 los Gastos disminuyeron significativamente un 12.09%, equivalente a $1,099 millones con respecto al año anterior, para cerrar en $7,992 millones, cifra similar a los Gastos Corrientes efectuados a inicios del 2018.

    Según lo estimado por el Ministro de Economía, los Gastos Corrientes en el 2021 podrían aumentar a $8,833 millones lo que implica una cifra cercana al pico del 2019 (año pre pandemia).

    Al considerar la relación de Gastos Corrientes Vs. Ingresos Corrientes durante 8 años (periodo 2010 al 2018 se mantuvo por debajo del punto de equilibrio (por cada dólar ingresado se gastó menos de 1 dólar).

    En el 2019 (año sin pandemia) la relación pasó a ser de 1,10, (por cada dólar ingresado se gastó $1,10), sobrepasando el punto de equilibrio en un 10,0% y aumentando un 20.02% respecto al año anterior. Es decir, que se pasó del superávit al déficit.

    En el 2020 (año de pandemia), la relación continúa en aumento (9,58% más) pasando a ser de 1,21 (por cada dólar ingresado se gastó $1,21), sobrepasando aún más el punto de equilibrio en un 21% (por cada dólar ingresado se gastó $1,21), quedando a un nivel superior del pico alcanzado en el 2009.

    Según los Ingresos Corrientes y Gastos Corrientes previstos por el ministro para el 2021, la relación daría como resultado 1.18, por lo que indicaría que la situación no cambiaría sustancialmente. Cabe aclarar que este diferencial (Ingresos Corrientes menos Gastos Corrientes) se refiere al flujo de caja generado en Operaciones. Por lo tanto, sólo a ese renglón puedo estimar el déficit o superávit correspondiente.

    Sector privado, su endeudamiento.

    En cuanto al Sector Privado, la deuda reflejada por los saldos de créditos locales del Sistema Bancario, reflejan un continuo crecimiento desde el año 2003 al 2019 a un promedio anual de 10.45%, disminuyendo levemente en el 2020 en 1.66%, reflejando las consecuencias de las restricciones impuestas en la “Batalla Sanitaria”.

    El año 2020 cerró con un saldo de $54,292 millones, superando en $1,354 millones al alicaído PIB y en $17,332 millones a la Deuda del Sector Público. Si la Deuda Pública asusta, la Deuda Privada con los Bancos asusta mucho más, eso sin contar los otros tipos de deudas que mantienen los privados.

    Al comparar los saldos del 2010 y los del 2020, de los cuatro principales sectores que aglutinan alrededor del 86% del saldo total, se observa a nivel general que este porcentaje no varió sustancialmente en los últimos 10 años. A nivel especifico, la composición del saldo destinado al Comercio sufrió una caída de 7.1%, pasando de 26.6% en el 2010 a 19.5% en el 2020, mientras que el Hipotecario subió un 5.7% pasando del 27.5 al 33.2%, al igual que el Consumo Personal lo hizo en un 1.6% pasando de 21.2% al 22.8% y la Construcción que pasó de 10.2% al 10.7% incrementándose 0.5%. El resto de los sectores en conjunto disminuyó su saldo en 0.7% pasando de 14.6% al 13.9%.

    Si se asocian los sectores con cierto grado de dependencia, la Construcción creció casi el doble que las Hipotecas, mientras que el Consumo Personal casi se quintuplicó frente al Comercio. Y  creció 2,4  veces en los últimos 10 años, o sea, un diferencial de $7,162 millones más respecto a los iniciales $ 5,207 millones en el 2010. El problema con este gasto (consumo personal) es que el mismo, mayormente, no tiene un activo que lo respalde, es un gasto de una sola vez sin generación de activo alguno.  En otras palabras, en el caso de endeudarse para la compra de una propiedad (hipotecario), siempre existirá esa propiedad o inversión. Un gasto efectuado con tarjeta de crédito, normalmente, es de un solo uso y se extingue al momento sin generar activo alguno.

    Una alerta muy importante que surge a raíz de este análisis, es que generalmente, el crédito personal está respaldado por el trabajo (la ficha de la CSS que se solicita por ejemplo); al haberse al menos duplicado la tasa de desocupación según diversas estimaciones, quiere decir que posiblemente la mitad de los saldos de los créditos al consumo, personales, tengan dificultades para ser honrados, a menos que hubiera suficiente capacidad de ahorro que no estarían demostrando los números a priori.

    Posiblemente, tomando en cuenta esta situación, se explique que el sector bancario, que siempre toma recaudos para mantener mas o menos estable la salud del sistema mediante la provisión de fondos para préstamos (incobrables por ejemplo), haya ido en constante aumento en los últimos años. La provisión  es un buen indicador para observar el nivel de confianza e incertidumbre en el fiel cumplimiento de las obligaciones crediticias asumidas.

    Desde el 2003 al 2015 las provisiones fluctuaron entre un valor mínimo de $404 millones a un máximo de $642 millones, marcando una franja de oscilación de $238 millones. En el 2016 comienzan a subir desde $662 millones a $2,033 millones marcando un diferencial de $1,371 millones.

    Esto refleja que durante 12 años el Sistema Bancario se mantuvo medianamente estable hasta el 2015.  En el año 2016 y 2017 comienza a mostrar cierto grado de endurecimiento puesto de manifiesto al provisionar $282 millones más que en el 2015. Endurecimiento que se acentúa en el 2018 y 2019 al provisionar $623 millones más que en el 2017 (más del doble que los dos años anteriores) para llegar al 2020 provisionando $638 millones (en un solo año superó la cantidad de los dos años anteriores juntos).

    Para terminar, aplicando términos sanitarios, tan de moda en estos tiempos: esta radiografía da algunos indicios, entre otro tantos, del estado de gravedad en que se encuentra la economía y, por ende, la amenaza que recaerá en la situación social al sufrir las consecuencias. Esta situación amerita una urgente internación directa en la unidad de cuidados intensivos (UCI). El resultado dependerá si se afronta la enfermedad con el diagnóstico correcto y del tipo de tratamiento que se le dé. Lo que queda claro, que ni el sector privado ni mucho menos el sector público, tienen comodidad ni capacidad para seguir endeudándose. Ese no es el camino, tal como quedó demostrado en el primer tiempo, cuando la base del crecimiento fue el ahorro y no la deuda.